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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales
versão impressa ISSN 0185-1918
Rev. mex. cienc. polít. soc vol.69 no.252 Ciudad de México Set./Dez. 2024 Epub 08-Abr-2025
https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2024.252.89337
Reseñas
Trayecto teórico e histórico de la sociología en México
* Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, México. Correo electrónico: <jacpeschard@politicas.unam.mx>.
Nadie mejor que Gina Zabludovsky, una de las sociólogas más sólidas y reconocidas del país, para escribir este libro Sociology in Mexico. An Intellectual and Institutional History, editado por la prestigiada editorial Springer y que forma parte de la colección “Sociology Transformed”.
El libro se propone una empresa compleja y desafiante: hacer una revisión panorámica, pero concisa, innovadora y ampliamente documentada del desarrollo de la sociología en México desde mediados del siglo XIX -mucho antes de que se estableciera como una disciplina profesional y académica-, hasta nuestros días. Toma en consideración las influencias de la sociología occidental y los variados cruces e influencias entre las ciencias sociales, de cara al propósito de contribuir a crear una sociología nacional, o incluso latinoamericana.
El eje narrativo del texto entrelaza la historia de las ciencias sociales y de la sociología propiamente dicha, con los grandes acontecimientos históricos nacionales y extranjeros que han marcado la vida del país desde una óptica cultural e intelectual, es decir, combina historia y contexto. Su objetivo es mostrar el impacto que tuvieron las condiciones políticas y sociales concretas sobre los enfoques de estudio y las áreas temáticas que se privilegiaron durante las fases de construcción, consolidación y transformación de la disciplina.
El enfoque es innovador porque no solamente recoge las aportaciones de los pensadores e investigadores más relevantes de cada período, haciendo referencia a sus principales obras y a la manera cómo estas influyeron en el curso de la sociología, sino que abre un espacio especial a la participación intelectual de mujeres estudiosas y académicas en los distintos momentos, lo cual ha estado tradicionalmente invisibilizado, colmando con ello una laguna que hoy resulta inaceptable. La autora pone énfasis también en la relación que ha existido entre el trabajo sociológico y el poder para destacar las diferentes posturas que la comunidad intelectual fue desarrollando respecto del régimen político en turno. De otra parte, rescata las contribuciones de instituciones y universidades, así como de los grandes movimientos sociales que se sucedieron, para completar el cuadro de una verdadera historia intelectual, e institucional de la sociología mexicana, en un texto breve, pero cargado de referencias cultas, que ilustran los distintos momentos del trayecto, permitiendo una lectura ágil y didáctica.
El libro aborda cuatro grandes períodos históricos, organizados alrededor de dos grandes dimensiones: 1) los campos de investigación de la sociología y 2) los cambios sociales que influyeron en su desarrollo en México. Esta estructura permite abordar la relación entre los proyectos políticos impulsados por los distintos gobiernos y las posiciones político-ideológicas de los investigadores que analizan los problemas sociales y que buscan ofrecer soluciones bien sustentadas que, a veces son atendidas o no por los gobiernos. El libro nos muestra cómo el pensamiento sociológico no siempre tuvo como aspiración el desarrollo teórico y metodológico de la disciplina, pero sí tuvo el compromiso de comprender mejor los problemas sociales para ayudar a enfrentarlos.
I
El primer apartado, “Los precursores de la sociología (1856 a 1930)”, abarca el largo trayecto en el que el pensamiento sociológico estuvo comprometido con el “proyecto nacional”, en la fase de construcción del Estado mexicano, pre y posrevolucionario. Cubre desde la última mitad del siglo XIX, en que las ideas positivistas de Comte -el denominado padre de la sociología- se convirtieron en el discurso intelectual y gubernamental dominantes y los primeros veinte años después de la Revolución mexicana en los que la agenda nacional se centró en la búsqueda de una nueva identidad nacional.
La autora se detiene en los principales exponentes de las ideas positivistas y de la noción de progreso como Gabino Barreda y Justo Sierra, mostrando cómo su discurso respaldó los principios del Estado liberal -la secularización de la vida pública mexicana, la separación iglesia-Estado y la educación científica, pública y obligatoria-. Por su parte, Andrés Molina Enríquez, quien publicó el primer libro sociológico de autor, Los grandes problemas nacionales, recurrió a datos sobre la composición social, económica y racial de la población mexicana, reivindicando la fortaleza del mestizaje, en sintonía con el discurso del nuevo régimen de la Revolución mexicana.
Como parte de esta larga fase inicial, Zabludovsky incorpora el debate sobre el rol social de las mujeres, que fue destacado por Melchor Ocampo quien, adelantándose a su tiempo, defendió el ingreso de las mujeres a la educación superior, aunque más que como un derecho, como un instrumento necesario para combatir su inferioridad intelectual, que impedía el progreso de la humanidad, es decir, con una visión utilitaria. En este contexto, nos recuerda la figura de Lawreana Wright, una de las precursoras del feminismo en nuestro país.
Quizá el mayor impacto de la Revolución mexicana sobre el discurso sociológico fue, como dice la autora, el despliegue de una verdadera cruzada en contra del positivismo, en un esfuerzo por reflexionar sobre el carácter del mexicano, que estuvo encabezada por Antonio Caso y Manuel Gamio. En la misma lógica de la narrativa oficial posrevolucionaria, Gamio defendió la necesidad de integrar a los indígenas al desarrollo económico y social del país. Su obra principal “La población del Valle de Teotihuacán” es un estudio con una variedad de datos estadísticos que influyó en el pensamiento de José Vasconcelos, autor de lo que se consideró como el manifiesto de la identidad del mexicano del momento, resumida en la idea de la “raza cósmica”. Resulta encomiable el rescate que hace la autora del trabajo de Anita Brenner, una figura que promovió la nueva identidad mexicana fuera del país y que escribió un libro sobre las fases de la Revolución mexicana de 1910 a 1940 y que fue ignorada por los grupos de intelectuales del momento que le negaron el reconocimiento como pionera de las ciencias sociales. Sin embargo, ella compartía con sus colegas los objetivos culturales del trabajo intelectual. Seguramente, el hecho de ser mujer, judía y escribir en inglés fueron razones suficientes para que desdeñaran su obra, evidenciando sus visiones esteriotipadas y misóginas.
II
El segundo periodo, que va de 1930 a 1959, es el de la “Institucionalización de las ciencias sociales” y el primer foco se ubica en el gobierno de Lázaro Cárdenas, pero particularmente en su política de apoyo al exilio republicano español, el cual permitió que los intelectuales que migraron colaboraran con académicos mexicanos, tanto para darle un impulso teórico a las ciencias sociales, como para crear instituciones que fueron claves para dicho propósito, como La Casa de España que muy pronto se convirtió en El Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica (FCE) que fue una editorial clave para la diseminación en español de las grandes obras de las ciencias sociales. Para ilustrar la importancia de los transterrados, la autora habla de Manuel Pedrozo que enseñó teoría política en la Escuela de Derecho de la UNAM, que fue el lugar donde floreció la enseñanza de las ciencias sociales, antes de que se creara la licenciatura en sociología en los años cincuenta, aunque ya en la década de 1930 se había fundado el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) para fomentar el desarrollo de proyectos de investigación que hoy definiríamos como de política pública. Entre los exiliados, estuvo también José Medina Echavarría que tenía una declarada vocación académica y que tradujo a grandes autores clásicos como Max Weber, lo que llevó a que en 1944 se publicara Economía y Sociedad en español, veinte años antes de que apareciera en inglés.
El esfuerzo de Zabludovsky por reconstruir esta historia nos muestra que, en estos años de institucionalización de las ciencias sociales, el centro del debate estuvo en el papel que estas debían jugar. Mientras que para Daniel Cosío Villegas o Lucio Mendieta y Núñez, la formación de graduados debía orientarse a dotarlos de habilidades prácticas para insertarse en el servicio público, para Medina Echavarría, dichas habilidades debían centrarse en el desarrollo de la teoría y la metodología, es decir, eran imperantes sus propósitos estrictamente académicos. Esta confrontación llevó a que Medina Echavarría optara por abandonar el país.
Una idea que sólo está enunciada en el texto es que la relación entre el exilio español y la comunidad académica nacional no fue del todo tersa y colaborativa, ya que se trataba de tradiciones diferentes y de distintos momentos de desarrollo de las respectivas ciencias sociales, además de que seguramente había celos intelectuales que llevaron a que, al final persistiera la convicción de los académicos nacionales de vincularse con la administración gubernamental del momento. Esta tensión entre la función social y o académica de las ciencias sociales fue evolucionando y la académica fue ganando terreno con enfoques particulares de aplicación práctica para orientarse a la resolución de los problemas sociales.
Más tarde, en el contexto de los proyectos de modernización del país, iniciados por Miguel Alemán al inicio de los años cincuenta, surgió la necesidad de contar con nuevos profesionistas con capacidades tecnológicas y se fueron creando licenciaturas en ciencias diplomáticas, periodismo, sociología y ciencia política, lo que coincidió con la construcción de Ciudad Universitaria. En este segundo momento del período de institucionalización de la sociología que coincide con el llamado “milagro mexicano”, los docentes e investigadores combinaban su tarea académica con trabajos para el gobierno. Fue entonces cuando floreció la demografía, y cobró relevancia social por la utilización de datos y correlaciones estadísticas. El libro de Raúl Benítez Zenteno, del IIS, marcó esta nueva tendencia que permitió recabar datos de fertilidad, migración, mortalidad, ofreciendo una proyección del crecimiento de la población que serviría de insumo esencial para la planeación de las políticas de población, en un momento en que el país y el gobierno se enfrentaban a la necesidad de promover políticas de control de la natalidad.
La institucionalización de las ciencias sociales, que permitió el desarrollo de sus propias teorías y estrategias metodológicas, fue desvinculándolas del derecho y la filosofía, pero es cierto, como dice la autora, que, al mismo tiempo se puso en el centro la idea de la formación interdisciplinaria de quienes estudiaban sociología. Para Pablo González Casanova, director de la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales, había que enseñar historia, antropología y economía para hacer estudios de campo y emprender análisis cuantitativos. A diferencia de lo que había sucedido en períodos previos, la institucionalización de las ciencias sociales derivó en la publicación de revistas con posiciones críticas frente al gobierno, por ejemplo, El Trimestre Económico, o Problemas Agrícolas e Industriales de México.
III
El tercer periodo se corresponde con la expansión de la sociología en México (1959-1980). Como se menciona en esta sección, a partir de finales de la década de 1950, tres grandes acontecimientos nacionales y extranjeros tuvieron un fuerte impacto en la evolución de la sociología en México: 1) los movimientos sociales (ferrocarrileros, maestros, médicos) que cuestionaron el modelo de organización gremial y corporativa existente, fueron reprimidos; 2) La Revolución cubana que hizo que el marxismo y el interés por América Latina irrumpieran en los trabajos sociológicos y 3) el ascenso de regímenes militares en el sur del continente que provocó una nueva migración de intelectuales de izquierda a los departamentos de ciencias sociales en México que catapultó la expansión de las ciencias sociales críticas.
Fue en estos años que los académicos empezaron a subrayar la importancia del análisis cuantitativo, lo cual motivó estudios sobre la distribución del ingreso -como los de Ifigenia Martínez-, y reveló con datos que las políticas económicas habían beneficiado principalmente a los ricos, o como el libro de María Luisa Rodríguez Sala, El suicidio, que, utilizando datos del inegi, calculó tasas de suicidio por sexo, edad, estado civil, ocupación. También se publicaron libros sobre clases sociales y sobre testimonios de violencia como Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis, que mostraba la otra cara del discurso oficial de prosperidad y desarrollo económico. Esto provocó el enojo del gobierno que llevó a que se frenara su publicación, obligando al director del FCE a renunciar. Los gobiernos de la “Revolución institucionalizada” dejaron de ver a la crítica sociológica como colaborativa. Desde el gobierno de Miguel Alemán la represión se convirtió en la actitud oficial frente a posiciones críticas de las ciencias sociales, sin embargo, en ese contexto, surgieron nuevas editoriales, independientes del gobierno, como siglo XXI y fue entonces que se publicó en 1965 La democracia en México de Pablo González Casanova, que se convirtió en el texto icónico de la utilización de datos estadísticos e históricos para el análisis sociológico y que significó un salto en la institucionalización de la sociología en el país. González Casanova hizo una distinción entre la estructura jurídica, oficial, del país, y la estructura real de los grupos de poder de facto, introduciendo conceptos nuevos como “colonialismo interno”, o “sociedad dual” y, con ello, plantear el compromiso obligado del científico social con el fin de la explotación colonial, pero también con el desarrollo de las disciplinas científicas.
En este contexto y como reacción a la teoría de la modernización que ganó reconocimiento internacional, se desarrolló en América Latina la llamada teoría de la dependencia, la cual se convirtió en la interpretación más socorrida sobre la inequidad social de la región, en un momento de avance en la utilización de técnicas estadísticas para abordar los problemas sociales.
La posición crítica de las ciencias sociales frente a las políticas gubernamentales coincidió con la irrupción del movimiento estudiantil de 1968 que terminó en la represión de Tlatelolco y que provocó que, a las tradicionales demandas económicas y sociales de la población, se sumaran las de libertad de expresión y el derecho de manifestación.
Con el golpe de Estado de Pinochet en Chile, en 1973, cobró relevancia el estudio del Estado, de movimientos políticos, así como de instituciones y democracia y el marxismo se convirtió en el marco teórico dominante. La sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM sufrió cambios curriculares que no sólo cuestionaron el statu quo, sino que plantearon que las ciencias sociales se autonomizaran respecto del Estado.
Vale la pena señalar que el impacto de los grandes acontecimientos latinoamericanos y mexicanos no fue uniforme sobre el devenir de la sociología, como pudiera pensarse. De hecho, ocurrió una falta de concordancia entre el enfoque que dominaba en la docencia -el marxismo- y lo que sucedía en el terreno de la investigación, donde se realizaban estudios con enfoques cuantitativos sobre muy diversos campos especializados de la vida social, tales como la dinámica demográfica, la estratificación social, la migración. También se desarrollaron proyectos de historia regional de América Latina, de sociolingüística, sociología política, sociología del conocimiento, sociología del arte, sociología urbana, movimientos sociales, organizaciones empresariales y laborales, familia, educación, etnicidad, burocracia, mujeres, grupos de presión, autoritarismo, sindicalismo, desigualdad social, es decir, hubo una explosión de temas de investigación.
En consonancia con el propósito de Gina Zabludovsky de resaltar el trabajo de investigación de mujeres, el texto destaca el trabajo de profesoras de El Colegio de México que investigaron la situación de las mujeres en las zonas rurales, abordaron estudios de temas como los electorales, o la burocracia y las organizaciones sociales, justamente en el contexto del proceso de democratización en nuestro país.
Como parte de esa fiebre de expansión de la sociología, a mediados de la década de 1970, nació la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), se abrieron nuevos campus de la UNAM en las zonas colindantes a la Ciudad de México y se crearon centros de investigación especializada. Las ciencias sociales ganaron presencia nacional y la investigación se descentralizó, abriendo espacios universitarios, por ejemplo, en Oaxaca, Guadalajara y Veracruz. En este contexto, el Estado adoptó una política de respaldo a la ciencia y la tecnología -se creó el Conacyt-, pero también se crearon centros especializados para desarrollar docencia e investigación interdisciplinaria. Esta nueva fase implicó un mayor involucramiento del Estado en el desarrollo de las ciencias sociales; se creó el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO) para impulsar la profesionalización de las escuelas de ciencias sociales y se publicaron obras con interpretaciones críticas de la historia oficial de México y de los fenómenos sociales del momento. Uno de los libros más destacados fue el de Larissa A. Lomnitz, Cómo sobreviven los marginados, que dio un impulso a la teoría de la marginación social, relevando la importancia de la solidaridad entre los grupos precarios, desarrollando el concepto de “estrategias de supervivencia”.
IV
De las sociologías particulares a estudios interdisciplinarios (de 1980 a la actualidad) abarca el periodo en que la disciplina enfrentó nuevos retos teóricos y metodológicos, no sólo porque transitó por una creciente especialización, sino porque su agenda temática se robusteció con nuevos asuntos y enfoques, tales como identidades, subjetividades, instituciones, estudios sobre el Estado, la democracia, el poder, el sistema político.
Gina Zabludovsky identifica como el primer acontecimiento que marcó la ruta de la sociología en este último periodo a la caída del Muro de Berlín, estuvo acompañado de la globalización, lo cual se tradujo en la adopción de un pluralismo teórico y en cambios en los campos de conocimiento. Si bien la matrícula estudiantil cayó, debido a que creció el número de licenciaturas en ciencias sociales en varios estados de la República, cambió la composición del estudiantado y profesorado, ya que aumentó el número de mujeres y se fundaron nuevas revistas con criterios editoriales rigurosos, que abarcaron estudios empíricos, temas teóricos, reinterpretación de los clásicos, debates conceptuales sobre la sociedad de riesgo y se exploraron nuevas escuelas de interpretación.
En México, el sismo de 1985 despertó el interés de la sociología urbana no sólo para analizar situaciones específicas de vivienda, economía informal, efectos de la globalización en las ciudades, sino que se buscó proponer estrategias prácticas para mejorar las condiciones habitacionales, de transporte, de servicios, etc. Más tarde, el levantamiento zapatista hizo que la sociología se interesara en los derechos indígenas, el multiculturalismo, la autonomía regional y la democracia participativa, es decir, el desarrollo de la sociología hizo que esta pudiera reaccionar positivamente ante los distintos fenómenos sociales que iban surgiendo.
Ya en el curso del siglo XXI, después de la ola de la especialización, los fenómenos complejos nacionales y globales pusieron en el centro los problemas ecológicos, la creciente violencia, los nuevos tipos de migración que obligaron a la sociología a dar un giro para explicar los problemas de manera holística y con un enfoque interdisciplinario que llevó a la formación de grupos de trabajo con investigadores nacionales y extranjeros. Los trabajos sobre la escalada de la violencia mostraron que la fragmentación del conocimiento era un obstáculo para la comprensión cabal de los fenómenos. El crecimiento dramático de la violencia en contra de las mujeres exigió el desarrollo de estudios sobre tráfico sexual y feminicidios, lo cual ha erigido a los estudios de género en un campo esencial de la sociología mexicana y de la sociología mundial.
Es cierto, como dice la autora, que la sociología en México comparte hoy temas de investigación y énfasis con las sociologías que se desarrollan en otras partes del mundo. Quizá, es posible argumentar que no todas las distintas fases por las que ha atravesado la sociología en México han tenido orientaciones homogéneas, como resultado del impacto de los acontecimientos políticos y sociales. Puede ser que sí hayan generado pautas predominantes, pero no han estado reñidas con la producción de diferentes perspectivas y contenidos.
En el contexto actual de la existencia de problemas que rebasan las fronteras nacionales para convertirse en fenómenos globales como el cambio climático, la migración, la violencia contra las mujeres, la indiferencia social frente a la democracia entre otros, tal vez habría que replantear la idea de una sociología mexicana o latinoamericana y fomentar aún más los intercambios abiertos con investigadores de otros países para que el énfasis de las visiones locales más que particularizar, aliente los grandes debates sobre problemas sociales que son cada vez más globales y que, por ello, requieren de soluciones globales. Por supuesto que las dinámicas locales deben encontrar un espacio en dichas visiones.
Es difícil hacer un recuento de todas las dimensiones, temáticas y debates teóricos, con sus respectivos exponentes, incluidas las mujeres, además de los contextos específicos en los que aparecieron que aborda el libro de Gina Zabludovsky, en cada uno de los cuatro periodos que desarrolla. Lo que está claro es que todos los cambios que afectan a las sociedades en el mundo, tienen un impacto en la orientación y los compromisos de sociólogas y sociólogos que deben redundar en la consolidación de la disciplina científica. En todo caso, los nuevos problemas o la profundización de estos plantean el desafío no sólo para la sociología, sino para todas las ciencias sociales de fomentar la obligada colaboración entre las diferentes áreas de conocimiento en nuestro país y fuera de él.
Recibido: 07 de Agosto de 2024; Aprobado: 23 de Agosto de 2024









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