El 19 de noviembre de 1970 la Academia Potosina de Ciencias y Artes distinguía a Francisco de la Maza, nacido en San Luis Potosí, con la Medalla de Oro de la institución.1 El reconocimiento remitía a una vida de estudio y defensa de la cultura nacional.2 La notoriedad alcanzada en vida por Paco de la Maza, como a él le gustaba ser nombrado, y que lo situaba en el panorama académico como uno de los más importantes historiadores del México de su tiempo, había acarreado un nutrido número de honores y distinciones corporativos previos. Recordemos que desde 1965 ocupaba uno de los sitiales de número de la Academia de la Historia.3 Poco antes del homenaje en San Luis Potosí, el polifacético Antonio Castro Leal, potosino también, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), publicó la obra: Francisco de la Maza. Historiador y crítico de arte,4 pocos colegas en el centro de trabajo de De la Maza (el Instituto de Investigaciones Estéticas) podían presumir de situación igual: contar en vida con un estudio biobibliográfico.

1 Francisco de la Maza (niño a la derecha) con su familia. Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, IIE, UNAM.
Sin embargo, la obra de Castro Leal -a quien De la Maza agradeció al final del discurso en la ceremonia medallista, la publicación y el gesto-, no fue muy bien recibida por todos y Jorge Alberto Manrique la reseñó furibundo en la Revista de la Universidad. Le achacaba “haberse quedado en las buenas intenciones” y cuya virtud sólo parecía permitir que nos asomásemos a la gran variedad de temas que habían ocupado “los desvelos de De la Maza”. Criticaba, asimismo, que la obra contara con una introducción deslucida y “una biografía, excesivamente superficial”.5 Al sopesar los resortes de aquello, llama la atención que nadie del entorno académico pareció subsanar de forma mediata las deficiencias de esa biografía, ni siquiera el propio Manrique.
Es por demás curioso que el discurso que Francisco de la Maza dio en la Academia potosina abordara, precisamente, aspectos de esa biografía que a todas luces era superficial en la obra de Castro Leal, y que el año siguiente se publicara la disertación en la revista Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas con el título “Niñez potosina”;6 un artículo de memorias que nos ilustraba sobre su discurrir temprano en los espacios domésticos, urbanos, educacionales y del afecto, y recordaba con ello el inicio de una vocación. Sobra decir que el artículo se usaría, andando el tiempo, para recrear las pocas pinceladas biográficas existentes de Francisco de la Maza, como veremos (fig. 1).7
Poco más de un año después de aquella medalla, Francisco de la Maza falleció a las 14:45 horas del 7 de febrero de 1972, contaba tan sólo con 58 años. El deceso ocurrió en una de las habitaciones del Centro Médico de la Ciudad de México.8 La escueta información del acta de defunción reportaba que la causa de la muerte la había propiciado una insuficiencia hepática que lo había llevado a un coma hepático. Su cuerpo, tal como recoge el documento, fue inhumado en el Panteón Jardín.
Tras su muerte, la avalancha de notas de prensa, publicaciones conmemorativas y testimonios de los colegas no se hicieron esperar. El Instituto de Investigaciones Estéticas dedicó el número 41 de la revista Anales a su impronta en el arte, con escritos de muchos de sus compañeros,9 como: Clementina Díaz y de Ovando, Justino Fernández, José Rojas Garcidueñas, Pedro Rojas, Jorge Alberto Manrique, Elisa Vargaslugo, Manuel González Galván, Xavier Moyssén, Eduardo Báez Macías, Elisa García Barragán, Marta Foncerrada de Molina, Luz Gorráez Arcaute, e incluso aparecía un trabajo del propio Francisco de la Maza sobre Juan de Herrera. En la lectura de todos ellos, los artículos de Manuel González Galván10 y Clementina Díaz de Ovando11 me propiciaron reflexiones para este ejercicio.
Manuel González Galván, consciente de que la biografía de De la Maza era asunto pendiente, escribió:
Hablando, pues, de Paco, si él no escribió su autobiografía, su biografía oficial, la que todos sus allegados buscamos estructurar como homenaje a él, será como un rompecabezas en el que cada uno pondrá una pieza para reconstruir su imagen, aunque constituyan, necesariamente, visiones parciales de su rica y polifacética personalidad.12
Párrafos adelante, al describir la personalidad de De la Maza entendí que el artículo “Niñez potosina” estaba en consonancia con el retrato que González Galván daba de Paco y lo que había hecho era “rebatir y corregir”, precisamente, la biografía de la autoría de Castro Leal, por estar falta de contexto y personajes circundantes.
Acorde con ese deseo de biografiar al amigo desaparecido, en 1974 un nutrido grupo de historiadores del arte mexicanos y extranjeros, escritores y colegas participaron en el libro homenaje Retablo barroco a la memoria de Francisco de la Maza.13 Jorge Alberto Manrique, Manuel González Galván y Clementina Díaz de Ovando estuvieron tras bambalinas de aquel libro, en cuya segunda parte se anunciaban colaboraciones que abordaban la vida y obra de Francisco de la Maza.
Por su parte, Clementina Díaz de Ovando, en un vivencial testimonio de aquel número monográfico de Anales, narraba los constantes dimes y diretes que De la Maza, en actitud de rebate y corrección, solía sostener con José Rojas Garcidueñas, y dejó escrito de don Paco un retrato para quienes no lo conocimos.
Fue Francisco de la Maza de mediana estatura, complexión delgada, de color blanco como corresponde al “criollo purísimo” que a voces afirmaba ser; de ojos vivaces y, según escribió el malicioso José Rojas Garcidueñas, de nariz “casi hebraica”.14
La descripción era un interrogante perfecto para una investigación de reconstrucción familiar. ¿Qué tan criollo era realmente Francisco de la Maza? Recordemos que la definición básica de un criollo es aquel hijo de europeos nacido en territorio americano. Contestar la pregunta suponía un reto-divertimento para adentrarme en la conformación del árbol genealógico y analizarlo. No podía yo dejar de pensar en lo que José Ignacio Conde y Díaz Rubín, mi maestro en las artes genealógicas, siempre que podía me aleccionaba: “Javier, familia que lleve en México varias generaciones, no es difícil que tenga su porcentaje de indígena o negro”. Y tras averiguar raíces, quizá podríamos indagar si hubo relaciones de parentesco con sus contemporáneos en el Instituto de Investigaciones Estéticas.
En aquel discurso “Niñez potosina”, De la Maza había hilvanado alguna información familiar de entre sus recuerdos; desfilaba, así, un padre que había construido una casa; una madre llamada Lola Cuadra, que además de poner un evocador nacimiento, la menciona como compañera de excursiones; unas hermanas y una nana con las que asistía a las funciones religiosas, un abuelo que se había casado en segundas nupcias “con la tía Esther”; dos tíos de la familia de los Cuadra llamados Vicente y David, e incluso un par de retratos de abuelos que eran parte de la escenografía doméstica. Eso era todo.
Al seguir el andamiaje que el propio De la Maza utilizaba en sus estudios biográficos, cabe analizar qué habían dicho al respecto quienes me precedían en la tarea; sobre todo pensando que desde 1973, cuando González Galván detecta el vacío biográfico; éste podía haberse subsanado, y en las biografías pudo abordarse tanto su entorno familiar como la condición criolla del personaje.
Desde el libro homenaje de 1974, y durante dos décadas, Francisco de la Maza apenas encontró cabida en los diccionarios biográficos de México. Así, no es extraño que el Diccionario biográfico de Miguel Ángel Peral15 no lo contemplase, ni la Enciclopedia de México en su edición corregida y ampliada de 1987,16 o la reciente Enciclopedia de México.17 Ello, a pesar de que Rafael Montejano y Aguiñaga presentase desde 1979 una extensa nota de su producción en Biobibliografía de los escritores de San Luis Potosí.18 Obra que daba también entra- da a las fichas de algunos parientes como Gregorio de la Maza y Antonio de la Maza Cuadra (hermano de Paco).
Según mis pesquisas, Juan López de Escalera Sánchez fue de los primeros en incorporarlo en un diccionario en la edición de 1981,19 poco después el Diccionario Porrúa de historia, biografía y geografía de México, lo integró hasta la quinta edición en 1986,20 Humberto Musacchio lo hizo en septiembre de 1989 en el Diccionario enciclopédico de México ilustrado, y se mantuvo la entrada en su edición de 2006.21
Por fin, en enero de 1996 Leticia Gamboa Ojeda publicaba su libro Francisco de la Maza. Breve historia de una pasión por el arte,22 obra que obtuvo el premio único en el certamen biográfico “Francisco de la Maza” convocado por el Gobierno del Estado de Puebla, por medio de la Secretaría de Cultura. Veinte años después del llamado de Rojas Garcidueñas, Paco de la Maza contaba con una biografía.
Leticia Gamboa abordó la infancia de la página 9 a la 13, con pocas fuentes documentales, pero supo hábilmente utilizar lo hasta entonces publicado. Así informaba que: “Vino al mundo en el seno de una familia acomodada, pues fue descendiente de mineros que hicieron fortuna en el ubérrimo y barroco Real de Catorce”.23 Es curioso notar que esta vinculación con Real de Catorce propiciase que Jorge Alberto Manrique llegara a escribir que ahí había nacido Paco de la Maza [!].24
También escribió Leticia Gamboa:
Se preciaba de ser un “criollo purísimo” y así lo era, si se tiene en cuenta que el fundador de la familia De la Maza en México había nacido en un pueblo de España llamado Ogarrio. Este pionero llamado Santos de la Maza llegó a San Luis Potosí en 1822 y se asentó efectivamente en Catorce, donde cobró fama de intrépido minero por el impulso que dio a la explotación de los yacimientos de plata, cobre y plomo de dicho mineral. Ya viudo regresó a España en 1865, donde murió. Al frente de los negocios dejó a su hermano Francisco, y se dice que eran tan prósperos que cubrían una región considerable, desde Zacatecas hasta Matamoros.25
Dos párrafos adelante, sin que sepamos si ese Francisco era el antepasado de nuestro Paco de la Maza, continúa la biografía: “El padre de Francisco debe haber muerto cuando éste era niño porque al evocar su infancia sólo lo menciona de paso”. Sí habla en cambio de su madre, Lola Cuadra, quien tuvo el mérito de haber sido la “eficaz despertadora de su vocación de historiador”.26
Y con ello se acaba en el capítulo la información sobre su familia. Al reconstruir
No es de extrañarse que, con estos antecedentes, Wikipedia, en donde se encuentra la más reciente biografía, toda vez que está siempre en construcción, tampoco mencione el entorno familiar.
Al analizar lo producido, me sorprendió que, salvo lo mencionado por Gamboa, nadie reportaba cómo se llamaban los progenitores de Paco de la Maza. Parecía que era un ejemplo de generación espontánea.
Francisco de la Maza, al construir sus investigaciones sobre Rodríguez Alconedo,27 o fray Diego Valadés, señaló la importancia de que el andamiaje biográfico contara con una documentada filiación, que se estableciera un diálogo con los registros vitales (bautismo, matrimonio y defunción) que dejaban los personajes abordados. Así, al biografiar a fray Diego Valadés no es de extrañar que aparecieran en el texto hasta los abuelos del fraile28 y que se recrease el entorno familiar, con hermanos y parientes. Era evidente que para don Paco el grupo familiar permitía contextualizar al individuo, y si bien no profundizaba en ello, como hacemos los genealogistas, era asunto necesario de abordar.
La familia nuclear
El acta de defunción de Francisco de la Maza Cuadra reportaba de manera escueta que los padres del occiso eran Joaquín de la Maza y Dolores Cuadra, finados.
Al contar con la fecha de nacimiento en las obras mencionadas y, gracias a la puesta en línea de los registros sacramentales católicos y los del Registro Civil por parte de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (vulgo “los mormones”) en su portal www.familysearch.org, no era complicado localizar los documentos registrales que su paso por este mundo generó en las esferas civil y religiosa; algo, no obstante, que no era sencillo hacer cuando Leticia Gamboa escribió su biografía.
Para mi fortuna contaba, además, con un esquema genealógico que sobre los De la Maza, Óscar G. Chávez, miembro del Seminario de Genealogía Mexicana, había trabajado y compartido en el portal de Geneanet.29 Chávez había comenzado sus pesquisas para dar explicación a los nexos familiares que existían entre varios personajes del mundo ilustrado potosino como Ricardo B. Anaya, Francisco Javier Cossío y Francisco de la Maza. Partía su análisis de una curiosa fotografía familiar sobrepintada y conservada en una colección particular. Con esos antecedentes, y sus sabias y eruditas orientaciones, me dediqué a documentar a la familia.
El bautismo fue localizado el día 19 de mayo (según la inscripción, tenía 14 días por lo que no coincidían las fechas proporcionadas en los diccionarios). El sacramento fue administrado en la Parroquia del Sagrario potosino, cuando se le impuso el nombre de José Francisco.30 Los padrinos escogidos fueron Enrique y Virginia de la Maza, por lo que cabría pensar en una elección dentro del grupo familiar paterno (fig. 2).

2 Acta de bautismo de José Francisco de la Maza, “México, San Luis Potosí, registros parroquiales, 1586-1970”, base de datos con imágenes, FamilySearch, San Luis Potosí > Sagrario > Bautismos 1912-1913 > image 453 of 597.
Ante la falta de mayor información en el ámbito religioso, las fuentes civiles fueron más generosas. El nacimiento quedó registrado en el volumen 358 correspondiente a 1913. En dicha inscripción constaba la fecha que ya conocíamos del 7 de mayo de 1913, también que Francisco Maza y Cuadra había nacido en la casa número 44 de la cuarta calle del Apartado. Según refiere el acta, el día 14 el juez se desplazó al domicilio para recibir las particularidades del alumbramiento, el asunto no es banal, pues al revisar las actas anteriores y posteriores, los interesados iban a la oficina del Registro Civil, no era el juez el que se desplazaba, por lo que algo de distinción había en la familia para propiciar tal deferencia. El padre se registró como el señor Joaquín Maza Gómez, casado, empleado, de 38 años, originario de Catorce en este estado y vecino de San Luis Potosí. La madre, la señora Dolores Cuadra García de Maza, de 30 años, del mismo origen y vecindad que su esposo.31
El acta proporcionaba, asimismo, el nombre de los abuelos tanto paternos como maternos: Joaquín Sáinz de la Maza y María Gómez Cossío, los primeros, y Agapito Cuadra y Dolores García Garibay, los segundos.
La familia se había constituido con el matrimonio de Joaquín de la Maza y Dolores Cuadra, celebrado en Real de Catorce el 3 de mayo de 1900, después de casi un mes de preparar la boda.32 La localización de las informaciones matrimoniales realizadas el 6 de abril son harto elocuentes respecto a la trayectoria vital de los novios antes de casar.
Joaquín informó “que es natural de Catorce, [donde estuvo] hasta la edad de seis años, vecino de la villa de Madrid (España) ocho años; vuelto a Catorce, donde permaneció seis meses, y en dos [años] enseguida para Estados Unidos (a un colegio católico de Nueva York) y vuelto al lugar de origen hace nueve años, soltero de veinticinco de edad, hijo legítimo del señor don Joaquín Maza y de la señora doña María Gómez Cossío, ya difuntos”.
Ausente del terruño desde los seis años, se educó en Madrid (1880-1888) y Nueva York (1889-1890), una exquisita formación similar a la de la novia que, si bien era del mismo origen, Catorce, se había educado en San Luis Potosí, en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, y acababa de regresar a la localidad un año antes de concertarse el matrimonio. Contaba sólo 17 años por lo que requirió el consentimiento paterno de don Agapito Cuadra, ya que su madre Dolores García Garibay, ya había fallecido.
Además de la educación en colegios tradicionales católicos, el ser ambos de Catorce y haber vivido fuera, a los novios los unía una característica común: sus respectivos padres habían quedado viudos y contraído nuevas nupcias. En el caso de Joaquín, él había sido hijo único del primer matrimonio de su padre, su madre había fallecido pocos días después de haberlo dado a luz, en septiembre de 1874; y su padre casó año y medio después con Refugio Bouvi Sismondi, y tuvieron nueve hijos. Una interesante conversación sostenida con Óscar G. Chávez en junio de este año me develaba que parecía que Joaquín encontró cobijo afectivo en el grupo familiar materno, y la abuela Ysabel Cossío Aramberri fungió como madre sustituta, frente a la madrastra (fig. 3).

3 L. Kirck, Joaquín de la Maza y su abuela Ysabel Cossío (ca. 1886), Colección particular. Foto: Óscar G.
Joaquín y Dolores tuvieron seis hijos: María Dolores (1901-1988), Victoria (1902-1987), Joaquín (1904-), José Antonio (1905-1956), María (1909-1995) y Francisco, el último de la familia (1913-1972). Los intervalos entre los nacimientos de los hermanos son también interesantes de analizar pues 12 años de diferencia con la mayor y cuatro con la hermana anterior, marcan una distancia generacional, acusada en el periodo formativo.
Los padrinos escogidos para los niños muestran, salvo en el caso de la primera de las hijas, un dirigismo paterno y la preferencia de individuos del grupo familiar de los De la Maza.33
Cuando Francisco contaba con tres años de edad y 19 días, el 26 de mayo de 1916, quedó huérfano de padre. Joaquín de la Maza falleció en San Luis Potosí, de cirrosis hepática atrófica.34 Si recordamos que Paco de la Maza falleció de coma hepático, quizá pudo haber una susceptibilidad genética en ello.
Su madre, Dolores Cuadra García (fig. 4), sobrevivió a su marido 34 años, sin haberse vuelto a casar, al parecer mantuvo el luto en la ropa y se constituyó como el pilar de su familia, falleció a los 67 años, el 15 de marzo de 1950 en San Luis Potosí.35

4 Lola Cuadra y su hijo Paco de la Maza. Archivo Fotográfico “Manuel Toussaint”, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.
La prematura orfandad paterna explicaría gran parte de la pérdida de tradición oral del grupo familiar de los De la Maza, traducida en la ausencia de recuerdos de su niñez. Asimismo, si consideramos que, a principios del siglo XX, la viudedad acarreaba, por lo general, un distanciamiento de la familia política, cabe pensar que Dolores Cuadra de la Maza no frecuentó mucho a la familia De la Maza, y el dirigismo paterno a la hora de escoger padrinos quedó en un esfuerzo truncado.
En una mirada a su núcleo familiar quedan interrogantes abiertas sobre la relación de Paco de la Maza con sus hermanos, al no estar mencionados en sus notas sobre la infancia. ¿Habrá influido en ello la percepción que éstos tuvieron de los afectos desarrollados por Francisco en su vida adulta? Óscar G. Chávez es de la opinión que vivir en la Ciudad de México le permitía escapar de una rígida moral que algunos miembros de las “buenas familias de San Luis” querían imponer a sus integrantes.36
De los hermanos, todos contrajeron matrimonio y queda descendencia, al parecer, sólo de Victoria y José Antonio, en las líneas Reyes de la Maza y Villasuso Maza, por lo cual el De la Maza, en esta línea, ha quedado como apellido endémico (véase esquema genealógico 1).

Esquema genealógico 1 Descendencia del matrimonio De la Maza-Cuadra. Joaquín Maza Gómez 1874-1916 & Dolores Cuadra García 1883-1950.
Conscientes de la responsabilidad tribal, las sobrinas, Gabriela Oliva Maza y Leonor Maza Sánchez, presidirían la ceremonia en la que Manuel González Galván llevó a San Luis Potosí los restos de Francisco de la Maza, al no haber podido ser enterrados junto a Sor Juana, como dispuso en su última voluntad (fig. 5).
La búsqueda de varias raíces
Desde el punto de vista cultural, el peso del primer apellido ha condicionado el análisis familiar en los estudios biográficos de los sujetos. Como veremos, no es extraño que al atender al De la Maza, se hablara de un marcado origen español de la familia.37 Sin embargo, cuando se analiza la interacción de los individuos con su entorno familiar y se profundiza en las vidas de éstos y en su genealogía no es extraño encontrar que son otros los grupos familiares que más influyen en el desarrollo de los integrantes de la familia y donde suelen volcarse los afectos tribales y su memoria.
Ni qué decir se tiene en cuanto a que la casuística (muerte de uno de los progenitores, emigraciones forzadas, pluralidades étnicas y raciales, o religiosas entre muchas otras) puede alterar el patrón y, al tratarse de familias mexicanas es importante atender, sobre todo, a las líneas femeninas del árbol genealógico y no limitarse a los dos apellidos del sujeto. Los cuatro apellidos sobre los cuales se deben indagar las raíces de Francisco de la Maza para comprobar su criollismo, son: Maza, Cuadra, Gómez y García. Veamos a grandes rasgos lo localizado de cada uno.
1. Maza
El primer apellido de Francisco aparece en la documentación como Maza, De la Maza y Sáinz de la Maza. Diversos tratadistas genealógicos y heráldicos como Pedro Lezcano38 y Julio de Atienza y Navajas39 consideran que se trata de distintos apellidos. Respecto al Sáinz de la Maza, dicen ser originario de las montañas de Santander, y respecto al apellido Maza, si bien identifican tres diferentes asentamientos en la Península Ibérica, uno de ellos corresponde, asimismo, a la actual comunidad autonómica de Cantabria. Acerca de la familia que nos ocupa el análisis de la documentación indica que, si bien la forma originaria fue Sáinz de la Maza, se simplificó por el De la Maza.
Fernando Muñoz Altea constata la hidalguía del linaje en el siglo XVIII en diferentes localidades de la geografía cántabra tras la consulta del Catastro del Marqués de la Ensenada. La presencia del apellido Maza en Nueva España es profusa, asimismo, durante el siglo XVIII y está disperso en numerosas localidades de estados tan variados como Coahuila, Puebla, Jalisco, Yucatán, Ciudad de México, Chiapas, Oaxaca, Veracruz, y un largo etcétera, sin que se puedan establecer vínculos y conexiones parentales entre todos ellos.40
Respecto a la línea familiar de los De la Maza de nuestro investigado, el origen español peninsular se localiza en la persona del abuelo paterno: don Joaquín Adriano de la Maza Porres, quien nació en Cañedo, lugar de la provincia y diócesis de Santander, partido judicial de Ramales y que pertenece al Valle de Soba. Fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa María el 8 de septiembre de 1841,41 y, por la sucesiva documentación sacramental localizada, debe haber llegado a México en torno a 1864, y se estableció como comerciante en Matehuala y con posterioridad en Catorce.
El acta del bautismo mencionado permite, a su vez, corroborar el cambio de apellido y el trasiego de localidades en la zona de origen, pues su padre, Juan de la Maza, fue originario de Ogarrio, y el abuelo, Joaquín “Sáinz de la Maza”, había sido natural del referido Cañedo.
Comerciante el abuelo español, comerciante el padre mexicano y ¿dónde quedaban las actividades mineras de su familia patronímica y el asentamiento por generaciones en el Real de Catorce que se desprendía de las escasas notas publicadas sobre Paco de la Maza? Leticia Gamboa nos había mencionado la importancia ejercida en el grupo por Santos de la Maza, quien había llegado a San Luis en la segunda década del siglo XX, y que tuvo fama de intrépido minero.
La investigación genealógica permitió trazar el correcto parentesco (véase el esquema genealógico 2): el abuelo Joaquín llegó a México, muy probablemente siguiendo el llamado de parientes que lo precedieron en la aventura migratoria, los nexos con los famosos mineros Sáinz de la Maza establecidos en San Luis Potosí pueden apreciarse en el esquema y permiten intuir que Joaquín llega, quizá atraído por la fortuna que adquiere el tío (Santos Sáinz de la Maza Ezquerra), pero éste, que había ejercido una actividad monopólica en la minería y era para 1861 el minero más acaudalado de Catorce,42 para 1865, había abandonado México y se había instalado en Sevilla con sus hijos. Su descendencia establecida en Andalucía trazó una selectiva política matrimonial, su hija acabaría casándose con el marqués de San Marcial y su nieto Leopoldo Sáinz de la Maza obtendría el título de Conde de la Maza. Estas precisiones son importantes de tener en cuenta, pues las pocas referencias de los De la Maza en San Luis Potosí, parecieran confundir las dos líneas familiares.
Testimonios orales afirman que Paco de la Maza conocía perfectamente estos nexos familiares y en sus viajes a Europa estrechó lazos con ellos,43 esta familiaridad puede también haber fomentado las referencias a los parientes que hiciese Leticia Gamboa.
2. Cuadra
Lola Cuadra, como fue conocida la madre de Paco de la Maza, había nacido en Real de Catorce, y como ya escribí párrafos atrás era hija de Agapito Cuadra Diego y de María Dolores García Garibay. Era la mayor de los hijos del matrimonio.
El ya mencionado tratadista Fernando Muñoz Altea considera a los del apellido Cuadra, de la Cuadra o Quadra, como originarios del barrio de la Cuadra, perteneciente al ayuntamiento de Musques, en el partido judicial de Balmaseda,44 en las Encartaciones de Vizcaya, y refiere que de allí pasaron diferentes líneas al resto de la Península. No es así extraño que, de ser cierto lo anterior, en las zonas limítrofes al País Vasco se localicen familias apellidadas Cuadra. El abuelo materno de Francisco de la Maza, Agapito Cuadra Diego, nació en Ampuero, asimismo provincia de Santander,45 distante 50 kilómetros de las Encartaciones y llegó a México hacia 1868. Sus ascendientes por varias generaciones eran, asimismo, originarios de Ampuero. Agapito se estableció en Catorce, sin que por el momento se halla detectado alguna red familiar dentro de su patronímico que implicase una corriente migratoria. Fue asimismo comerciante, y desde el Mineral de Catorce se trasladó a la capital del estado en donde alcanzó relativa presencia y notoriedad social (fig. 6).46
Al reconstruir el grupo familiar de los Cuadra vemos aparecer en escena a cuatro de las personas mencionadas en el texto de “Niñez potosina”: su madre, la segunda esposa del abuelo, y los tíos Vicente y David. Ni qué decir se tiene respecto de que, según los testimonios de Francisco de la Maza, la familia materna pesaba más en la balanza de los recuerdos mediatos (esquema genealógico 3).
Agapito, de acuerdo con las informaciones matrimoniales de 1881, había llegado a México en 1870, desde Santander, cuando contaba con 13 años de edad.47 Celebró su enlace a los 24 años con la hija de un abogado, y nacieron de dicho enlace seis hijos, y sólo la mitad llegó a edad adulta. Viudo desde 1890 (año en el que su esposa falleció a consecuencia de parto), casó en segundas nupcias en 1892 con María Esther Suárez Báez, quince años menor que él.48 Ese año anunciaba estar dedicado al comercio.
Toda la ascendencia por parte de los Cuadra estaba, asimismo, afincada en Cantabria, por lo que tampoco por ahí parecía asomar el carácter novohispano de Paco de la Maza.
Es curioso notar que, además de los padres de Francisco de la Maza, hubo en el grupo familiar otro enlace con el cual quedaron unidos estos apellidos, al casar Enrique de la Cuadra Gibaja con Marciala Sáinz de la Maza y Gómez de la Puente, esta última prima hermana del abuelo paterno de Paco de la Maza, y ya aludidos. No obstante, se trataba de familias Cuadra de diferente procedencia, si bien todos ellos de la cornisa cantábrica. Recuérdese que a Enrique de la Cuadra le fue concedido el título de marqués de San Marcial por la reina regente el 6 de mayo de 1892,49 y téngase presente que parte de su descendencia llegaría a San Luis Potosí a atender intereses familiares,50 por lo que pudo existir conocimiento entre ella y Paco de la Maza.
3. Gómez
La tercera raíz/apellido de Francisco de la Maza a inquirir era Gómez, y correspondía al primer apellido de la abuela paterna María Virginia Gómez Cossío, nacida en Matehuala, San Luis Potosí en 1854, y de quien ya informé falleció al dar a luz a Joaquín Sáinz de la Maza.
El árbol de ascendencia (esquema genealógico 4) nos muestra que la abuela debió apellidarse Gómez y Gómez Cossío, quizá por ello cuando las fuentes se refieren a ellos usan el Cossío que, al parecer identificaba mucho más a la familia.
Gómez es apellido que procede del nombre propio de Gome, muy utilizado en la antigüedad, y por tanto constituye uno más de los denominados apellidos patronímicos “hijo de Gome” y, al igual que los demás de su género (García, Rodríguez, Fernández, etc.), por nacer de manera independiente en diversos puntos de España y sus posesiones, no suelen tener vinculación entre sí las numerosísimas familias así apellidadas.
La antepasados Gómez de Francisco de la Maza llegaron a México en la generación del bisabuelo, y Felipe Gómez y Gómez, que así se llamaba, procedía asimismo de la cornisa cantábrica, en concreto de la localidad de Orejo, un pequeño núcleo contenido en la Junta de Cudeyo que, a su vez, era una de las cinco de las que se componía la antigua merindad de Trasmiera en la provincia de Santander.51 Felipe Gómez había nacido el 1 de abril de 1818 y llegó a territorio mexicano en la primera mitad del siglo XIX, se dedicó al comercio en la ciudad de Matehuala, ciudad cabecera del municipio de su nombre y que se situaba a 50 leguas de la capital del estado, y en donde la mayoría de la población se dedicaba a la agricultura. Es importante detenernos brevemente en la familia de la esposa: Ysabel Gómez Cossío Aramberri, quien, si bien había nacido en Cádiz, Andalucía, tenía ascendencia en México.
El padre de ella, no obstante, tampoco permitía encontrar antepasados en la Nueva España y repetía el esquema conocido de español peninsular que se casa con criolla; Rafael Gómez Cossío Pérez resultó ser, asimismo, cántabro de Santa María de Cayón. No pude localizar su acta de bautismo en Cantabria, que debió ocurrir en torno a 1799. Por la documentación para casarse formalizada en 1825, sabemos que llegó a México hacia 1814 y trabajó en la hacienda de las Lajas, en la Nueva Galicia. El 6 de abril de 1825 se casó en Matehuala52 con María del Refugio Aramberri, apellido de origen vasco pero que llevaba algunas generaciones en el Nuevo Reino de León, y había proliferado en el paraje de Rioblanco, lugar que, andando el tiempo, acabaría precisamente recibiendo el nombre del apellido de los antepasados de Ysabel: Aramberri. Aunque la investigación de ascendientes por este lado no permitió grandes avances, queda abierta la posibilidad de una antigüedad mayor en el territorio (esquema genealógico 5).
4. García
La abuela materna María Dolores García Garibay, con apellidos tan poco orientativos, era ya la única oportunidad de localizar raíces en México. Representaba, desde luego, el patrón común en la historia del mestizaje hispanomexicano arriba mencionado: el nexo con México se daba, de manera predominante, en las líneas femeninas, al ser los peninsulares recién llegados, comerciantes que entraban a familias nicho novohispanas (esquema genealógico 6).
Al investigar a María Dolores, resultó ser, hablando en términos genealógicos, una caja de sorpresas, y gracias a la información matrimonial realizada por Antonio García para casar con María Lugarda Aranda Franco, sus abuelos paternos, pudimos saber que él era “hijo adoptivo”; por lo que hasta ahí llegaba nuestra posibilidad de conocer los orígenes; pero pequeños matices en la información sobre la novia, María Lugarda Aranda, eran esperanzadores. Era originaria de Lagos, obispado de Guadalajara y, por tanto, de los Altos de Jalisco. Había salido de allí cuando contaba con tres años, y sus padres aparecían mencionados con el tratamiento de don y doña.
Al procesar la información de ella en la base de datos que nutrimos en el Seminario de Genealogía Mexicana, el programa nos avisó que María Lugarda Aranda Franco ya se encontraba en el sistema.
María Lugarda estaba conectada en nuestra base de datos y al trazar sus líneas ascendentes, tanto esfuerzo nos era recompensado con un guiño histórico: era descendiente de Pedro Pacho y María Ana Temiño de Bañuelos quienes, procedentes de la Península Ibérica (Extremadura y Andalucía, respectivamente), se habían casado en Guadalajara hacia 1541. El bautismo de su hija Ángela se encuentra en los primeros libros conservados del Sagrario de la Ciudad de México.
Con toda propiedad, podíamos ya decir que no era del todo correcto, como escribiesen Clementina Díaz de Ovando o Leticia Gamboa, que Francisco de la Maza fuese criollo en la acepción de descendiente de europeos nacido en un país hispanoamericano, ya que tenía ascendencia novohispana por 13 generaciones, por lo que en su paleta de ADN ancestral, junto a un predominante porcentaje de ibérico (y entre ellos de cántabro como hemos visto), no sería raro encontrar quizá los aportes que mencionaba José Ignacio Conde; pues pensemos que la línea localizada había llegado al territorio desde el siglo XVI.
Pero he aquí que ese Pedro Pacho, en estos últimos años, ha trascendido no por la antigüedad en llegar al país y la cantidad enorme de descendientes que tuvo, sino por las características de su pase a Indias, al tratarse de población excluida para hacerlo por ser judeoconverso. Y con el descubrimiento no puede uno dejar de pensar en aquella descripción que hiciese Clementina Díaz y de Ovando y de la nariz “casi hebraica” que alegaba José Rojas Garcidueñas que tenía Francisco de la Maza (esquema genealógico 7).
Origen de los Pacho53
Pedro Pacho, 12° abuelo de Francisco de la Maza y Cuadra, aparece mencionado en el manuscrito [Informes] verídicos de las personas que se hallaron en la conquista de la Nueva España y ciudad de México que pasaron con el Marqués del Valle, en los siguientes términos:
[Al margen: Pedro Pacho. Muerto]. Dize en efecto, que es vecino de esta ciudad y natural de la villa de Fregenal, e hijo legítimo de Diego Pacho y de Beatriz Rodríguez, vecinos que fueron de Sevilla, y que ha trece años que pasó a esta Nueva España, y a la continua ha residido en ella y tenido armas y caballos, y que ha seis años que se casó con doña Ana de Velasco de Temiño, hija del Alcaide de Temiño.54
Y si bien Pedro Pacho es mencionado en diversas obras de la emigración a Indias, no aparece en las listas que se conservan de los pasajeros en la Casa de Contratación, por lo que debió cruzar el charco encubierto o aprovechando alguna composición. La anterior información fue recogida por Francisco A. de Icaza en el Diccionario autobiográfico de conquistadores y pobladores de Nueva España y, acorde al testimonio anterior, constaba ser originario de Fregenal e hijo de Diego Pacho y Beatriz Rodríguez.55
García Pacho, hijo de ellos y, por tanto, hermano de Pedro, sí aparece en los registros de Pasajeros a Indias realizados ante la Casa de Contratación en 1537.56 Era vecino de Fregenal y, al pasar a Indias, juraron en su favor que “no es de los prohibidos” Cristóbal Rodríguez de Ávila y Hernando Pacho. Ese mismo día, Cristóbal Rodríguez de Ávila también fue registrado para el viaje, declaró ser natural de Fregenal, y presentó por testigos a García Pacho y Hernando Pacho.
Cuarenta años después de aquellas testificaciones, en 1577, Hernando Pacho, vecino de Fregenal, y que aparecía como testigo en las dos inscripciones anteriores, fue reprehendido y condenado por la Inquisición por haber perjurado en favor de “muchas personas que son de generación de judíos” para que pasaran a Indias. El grueso expediente de la causa se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid en el Ramo Inquisición.57
El origen converso de todos los implicados se confirmaba con la lista de reconciliados por la Inquisición de Fregenal de 1491, conservada, asimismo, en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, en la cual aparecía: “106-Diego Pacho tintor hijo de García González Pacho jubetero vecino de Fregenal hereje judaizante reconciliado año 1491” (padre de Pedro y García Pacho).58
Alcaldes, escribanos, testigos y mucha población estaba coludida, alegaban algunos vecinos de Fregenal, que los descendientes de los judíos estaban ya en Indias “con oficios de justicia y gobernación muy principales”.
Conseguir entroncar con Pedro Pacho supuso para muchos mexicanos obtener pasaporte español y/o portugués en los últimos años en atención a las leyes de nacionalidad de ambos países que atendían la memoria histórica. Por eso, muchas de sus líneas estaban ya en nuestra base; pues el seminario se ha visto desbordado en consultas de “saben Uds. si descendemos de algún judeoconverso”.
La mirada al grupo familiar de Paco de la Maza permitió ver que sí podía considerarse criollo en lo que respecta a tres de sus cuatro líneas ascendentes. Pero vimos que, al estirar la cuerda documental, don Francisco de la Maza era resultado del variopinto mosaico cultural que de forma intrínseca conlleva nacer en México de familias asentadas aquí varias generaciones, como apuntaba José Ignacio Conde. Pudimos constatar que sus antepasados no fueron mineros, sino comerciantes cántabros asentados en zona minera, que además de Catorce, San Luis Potosí, Matehuala, Zamora, Guadalajara, Nueva Galicia y Nuevo León, fueron los escenarios vitales del grupo familiar ascendente. Vimos que deficiencias hepáticas manifiestas en el deceso de su padre se repitieron en él, como respuesta quizá a un probable patrón genético. Y en respuesta al llamado que hace 50 años lanzó Manuel González Galván para construir su biografía, hoy contamos con algunos nombres y fechas bien trazados que contextualizan su entorno familiar; aspecto que el propio Francisco de la Maza consideraba importante al esbozar una biografía.
Con todo ello, no obstante, había quedado pendiente uno de los objetivos planteados en la propuesta de esta investigación, ver si había nexos parentales con otros miembros del Instituto de Investigaciones Estéticas. Para cumplir con este objetivo secundario hice el ejercicio con uno de los académicos emblemáticos del Instituto de Investigaciones Estéticas, Manuel Romero de Terreros y Vinent (investigador desde 1944), y a quien vemos en la fotografía presidiendo la sesión de recepción de Francisco de la Maza en la Academia de la Historia (fig. 7).

7 Manuel Romero de Terreros y Vinent preside la recepción de Francisco de la Maza en la Academia de la Historia. Archivo Fotográfico “Manuel Toussaint”, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.
Así que, como parte del divertimento implícito en las investigaciones genealógicas, lancé la pregunta a la base de datos generada: ¿Hay alguna relación de parentesco entre Francisco de la Maza Cuadra y Manuel Romero de Terreros y Vinent?, y el asombro tardó sólo unos segundos en aparecer. Una sorpresa que -si hubiesen vivido ambos implicados- de seguro quedaban perplejos.
Los dos descendían de Moctezuma Xocoyotzin… El parentesco era tan lejano que no lo alcanzaba un galgo, pero comprobaba que, como decía José Ignacio Conde, en este país, y aun cuando no somos conscientes de ello, de población autóctona americana, esclavitud africana y emigrantes europeos casi todos tenemos un poco (esquema genealógico 8).










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