Ricardo Valero ha escrito una obra crítica y testimonial sobre Contadora, la célebre fórmula de pacificación diplomática dispuesta por países próximos a Centroamérica en el curso de la crisis insurreccional que se propagó en esa subregión entre finales de la década de 1970 y principios de la de 1980. Han pasado cuarenta años desde que el autor y diplomático diera a conocer a través de la revista Foro Internacional de El Colegio de México su análisis “Contadora: la búsqueda de la pacificación en Centroamérica”;1 y cuatro años de la publicación de un estudio acotado a la queja jurídica depositada por Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).2 En lo general, Valero se ha reservado hasta ahora al margen de estos bien valorados antecedentes de estudio. El proceso de Contadora: una mirada crítica al que nos referimos aquí fue publicado a finales de 2024, bajo los sellos editoriales esperados del Fondo de Cultura Económica (FCE) y el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El formato de libro es el más adecuado para lo que se ha propuesto explicar y aclarar el autor sobre las condiciones, conducción y límites reales de incursión de México en la figura de negociación diplomática reconocida por historiadores e internacionalistas como Contadora.
El nombre y desempeño diplomático personal de Valero en sus años de mayor actividad dentro y fuera del país, así como de la región y distintas partes del mundo, fueron determinantes para normar su actuación y formar su criterio respecto de la cuestión centroamericana, motivo por el que esta obra ha sido esperada por sus colegas, familia y quienes hemos tenido interés en comprender este riesgoso episodio revolucionario al sur de nuestro país y en el centro continental americano.
El estudio de la Guerra Fría disfruta de un momento acentuado de revelaciones documentales y testimoniales, por ejemplo, los relacionados con el asesinato del presidente Kennedy y, desde luego, esta nueva obra de Valero, un diplomático reconocido con una trayectoria académica en El Colegio de México y la UNAM.
Valero ha escrito con contundencia este trabajo, determinado a contrarrestar exaltaciones y equívocos de apreciación sobre la empresa de paz -de mediana duración- en Centroamérica que asoció a México, Colombia, Venezuela y Panamá. Frente a un escenario de descomposición de un autoritarismo añejo y sofocante, la incidencia del conflicto global propio de la Guerra Fría, y una intención de amortiguamiento y alejamiento de parte de Contadora frente a potencias de la talla de Estados Unidos y poderosamente ideológicas como Cuba, Contadora es un proceso por demás interesante. Como uno de los esfuerzos de concertación política y mediación en una época de compleja posibilidad, tiene un significado histórico no sólo para sus protagonistas sino para un continente que se había alejado de esa práctica usual y legítima desde la posguerra. El autor de El proceso de Contadora: una mirada crítica precisa muy bien esta importancia inmediata para las naciones mencionadas, sin negar el temor de intervención estadounidense en América Central, observando el malestar estadounidense ante los buenos oficios extranjeros en general y su proceder inmediato frente a Granada.
Contadora o la creación del Grupo de Contadora ha logrado un eco historiográfico en lo que respecta a la historia de las relaciones exteriores de México, pero esto no implica una comprensión adecuada ni entendidos acertados. Advierte el autor:
Así se hace parecer Contadora como el intento más consistente de la política exterior de México en la segunda mitad del siglo XX. Si se ha de medir el éxito de una gestión por el reconocimiento expreso de la sociedad internacional, es probable que ese lugar lo ocupe el hasta ahora único Premio Nobel de la Paz que ha obtenido un mexicano debido a su perseverante y lúcido empeño en favor del desarme, y por convertir a América Latina en una región libre de armamentos nucleares, que ha servido, además, como modelo para otras zonas geográficas del planeta (p. 14).
Líneas como las anteriores anticipan el propósito autocrítico y no de exaltación que pretende Valero con este trabajo. También desde sus primeras páginas se disfruta una prosa apropiada y comprensible que contribuye a una colocación en contexto y a hacerse una idea clara de la pertinencia y el lugar que corresponde a este título entre la historiografía que podríamos llamar clásica y la de más reciente data en torno al desempeño de México como mediador multilateral. Es importante para el autor ubicar a su lector y darle una idea oportuna de cuánto pretende matizar y contrapesar respecto de nuestras nociones o entendidos comunes sobre las interpretaciones del desempeño internacional de México en el exterior a lo largo del siglo XX, antes de adentrarse en sus últimas décadas.
Ricardo Valero explica Contadora como la articulación histórico-diplomática frente a tres azarosos episodios sucesivos de insurrección en Centroamérica, en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, si bien deja muy en claro, para evitar la repetición de malentendidos, que “La gestión se centró en los diferendos de Nicaragua con sus vecinos, Honduras y El Salvador, e inclusive Costa Rica, y todo ello bajo la mirada atenta y prepotente del gobierno de Estados Unidos” (p. 21). Esencialmente se trata aquí de las implicaciones regionales e internacionales de la segunda revolución nicaragüense y el reducido espacio de actuación para una diplomacia ajena al conflicto mundial entre bloques y al restablecimiento del autoritarismo en el centro del continente americano. El deseo histórico de una transformación profunda tenía que chocar de manera inevitable con el interés de continuidad defendido por sectores selectos de estas sociedades, en tanto que principales beneficiarios de tales regímenes. En este contexto de crispación ideológica y profunda desigualdad social, la noción de cambio o revolución no podía sino verse como un desencadenante seguro de inestabilidad en un área que la primera potencia capitalista estimaba demasiado próxima.
Podemos hacernos una idea general de esta crisis gracias a la bibliografía sobre el tema, pero no es común encontrarse con una historia de conjunto sobre el proceso histórico diplomático en cuestión, bien acotada temporalmente y atenta a cuestiones poco conocidas como el recurso jurídico internacional presentado por Nicaragua contra Estados Unidos en la CIJ. Un contenido no menos importante es el testimonio en torno a la Secretaría de Asuntos Internacionales del Partido Revolucionario Institucional (PRI, de México), entonces a cargo de Ricardo Valero. Esta Secretaría fue creada para definir mejor una política o intención gubernamental respecto a Centroamérica, claramente expuesta para favorecer su continuidad entre los mandatos de los presidentes José López Portillo y Miguel de la Madrid; ésta debía entenderse “como una prioridad en las relaciones de nuestro país con el exterior” (p. 25). Tal criterio, por supuesto, nos ayuda acomprender la permanencia de Contadora en la transición, una gestión que supuso conversaciones con Colombia, Panamá y Venezuela. Ahora lo sabemos y tenemos detalles sobre las condiciones del cabildeo político interno y diplomático exterior para que el grupo de Contadora mantuviera su presencia y conservara su figura ante una insurrección sostenida en la subregión.
El lector de El proceso de Contadora: una mirada crítica podrá beneficiarse de ésta y entender mejor el espíritu positivo de concertación de las naciones intermediarias, independientemente de la inclinación ideológico-política de los gobernantes involucrados y de los procesos de sucesión presidencial coincidentes con el proceso en cuestión. Desde luego que la “piedra angular” de este trabajo es México, respecto al cual el embajador Valero plantea interrogantes muy bien definidas y sugerentes; por ejemplo: “¿Contadora fue continuación de la política exterior de México y de sus mejores tradiciones, o un punto de ruptura, o por lo menos un puente, entre esas tradiciones y la ruptura que se dio más adelante, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari?” (p. 30). La respuesta, claro está, se encuentra entre las páginas de este muy esperado y valioso libro.En suma, la obra demuestra la relevancia de la concertación en beneficio de la cooperación y el entendimiento regionales en el siglo XX. Se desarrolla en más de 300 páginas, que comprenden seis capítulos, recuadros con síntesis de indicadores, una sección de anexos documentales, y una final de referencias y fuentes. La primera parte de la obra comprende los primeros momentos de inestabilidad e insurrección, y las primeras iniciativas y planteamientos diplómáticos de operación de naturaleza bilateral y multilateral. Esto antecede a la reunión en la célebre isla de Contadora con el propósito de normar criterios entre sus integrantes, de cara a dinamizar el plano diplomático de resolución. La llegada al poder de Ronald Reagan y los trabajos e implicaciones de la Comisión Kissinger se tratan en ambos apartados, junto con la decidida y preocupante invasión de Granada. La tercera parte está escrita con los papeles y testimonios personales del proceso de Contadora, pasando por los acuerdos de Esquipulas y otras formas de apoyo y respaldo diplomático, hasta su disolución tras los desaciertos y limitaciones ajenos a su común tratamiento laudatorio.









nueva página del texto (beta)



