Introducción
Los seres humanos hemos construido nuestra historia evolutiva, tanto biológica como cultural a partir de la interacción con otros seres vivos, destacando principalmente la relación con los animales (Santos-Fita et al., 2012). Asimismo, los pobladores nativos de México se han caracterizado por poseer conocimiento tradicional y un vasto conocimiento sobre las especies de flora y fauna de los ambientes donde habitan, así como por sus prácticas de aprovechamiento (Monroy-Vilchis et al., 2008). En México se ha evidenciado que las especies silvestres de vertebrados no representan únicamente una fuente de alimento, sino que también son empleados con otros fines, tales como medicinales, religiosos, comerciales, entre otros (Pérez-Gil et al., 1996; Monroy-Vilchis et al., 2008). En Chiapas se manifiesta la importancia que los vertebrados tienen para abastecer a las comunidades de diferentes elementos como proteína animal, vestimenta, medicina tradicional, recursos económicos y piezas para ornato (March, 1987; Guerra & Naranjo, 2003; Vázquez et al., 2006; Lorenzo et al., 2017).
El estado de Chiapas es ampliamente reconocido como una de las regiones con mayor riqueza de mamíferos silvestres en México (Ceballos y Olivia, 2005; Naranjo et al., 2005), aunado a ello, posee una diversidad cultural conformada por un complejo mosaico étnico, principalmente de tzotziles, tzeltales, tojolabales, zoques, mames, choles y lacandones (Barragán, 2001; Lorenzo et al., 2007), los cuales, a través de los años han adquirido importantes conocimientos sobre el uso tradicional de los mamíferos silvestres, lo que representa un patrimonio cultural único (Barragán, 2001). Resulta innegable la relación y la importancia que tienen los mamíferos en las diferentes tradiciones de los distintos grupos étnicos. En el municipio de Venustiano Carranza, Chiapas, anualmente se realiza el Carnaval Tzotzil o Chu’ul Loil, el cual depende de la semana santa, por lo que no tiene una fecha establecida. Existen diversas versiones acerca de la razón por la cual esta tradición es llevada a cabo, pero la mayoría coincide que se trata de una representación acerca del origen del gentilicio Totikes (Dioses) para los tzotziles del municipio. Dentro de esta tradición hay dos personajes importantes, los cuales son el Chamo’ o también conocido como Chamula, y el ik’al, véase figura 1.

Figura 1 El personaje de pie representa al Chamo’ y es quien porta el Ts’i (N. narica), mientras que el personaje recostado en el suelo representa al Ik’al.
Desafortunadamente no se han realizado suficientes trabajos que se enfoquen en el uso e importancia de los recursos biológicos en las distintas tradiciones de la región Tzotzil; de manera similar, las investigaciones orientadas a describir la flora y fauna han sido explorados de manera muy superficial. El presente trabajo pretende ser el primero en su tipo, por lo cual busca identificar las especies de mamíferos empleados de manera tradicional durante la celebración del carnaval Tzotzil “Chu’ul Loil”, con la finalidad de realizar un listado preliminar de la diversidad de mamíferos presentes en la región de Venustiano Carranza, Chiapas.
Materiales y métodos
La cabecera municipal de Venustiano Carranza se ubica en la depresión central de Chiapas (Fig. 2), entre las coordenadas 16° 07’ N - 92° 20 W y 16° 30’ N - 92° 53’ W, a una elevación de 778 metros de altitud. El clima es cálido subhúmedo con lluvias en verano y la vegetación primaria es principalmente selva baja caducifolia, (INEGI, 2020) aunque hoy en día debido al aumento de las actividades agrícolas predominan los paisajes inducidos, siendo así que el uso de suelo sea la siguiente, agricultura (53.83%), pastizal cultivado (3.47%), zona urbana (0.58%), mientras que la vegetación se presenta en menor proporción, pastizal inducido (13.51%), selva (12.79%) y bosque (6.52%; INEGI, 2020). La población indígena del municipio consta de 13,326 personas (INEGI, 2020) y actualmente este el único asentamiento tzotzil en toda la depresión central.
Desde el año 2018 hasta el 2022 se registraron las especies de mamíferos utilizados a manera de indumentaria durante la tradición del carnaval Tzotzil o Chu’ul Loil en el municipio. Para ello se realizaron observaciones directas de los ejemplares utilizados y registro fotográfico mediante una cámara Réflex Canon EOS Rebel T6 para la identificación de las especies. Adicionalmente se realizaron 43 entrevistas a profundidad dirigidas a los participantes, las cuales fueron grabadas, con la finalidad de conocer el nombre vernáculo Tzotzil y castellano de cada especie de la región, además de identificar la procedencia y el uso principal de los animales. La información recabada fue analizada en una base de datos con el programa Microsoft Excel®. Para conocer el estado de conservación de cada especie, se consultó la NOM-059-SEMARNAT-2010 y la Lista Roja de Especies Amenazadas de la IUCN (2022). Por último, para identificar los registros históricos de presencia y corroborar la distribución de cada especie, se revisaron artículos científicos y bases de datos en línea como Enciclovida (2023), Naturalista (2023), Global Biodiversity Information Facility (GBIF, 2023) y VertNet (2023). Todos aquellos registros obtenidos fueron depurados, eliminando aquellos que se encontraban en sitios como zoológicos. Mediante el uso de sistemas de información geográfica (Qgis 3.22) se estimó la proximidad de los sitios donde se han registrado a las especies.
Resultados
Se identificaron seis órdenes, conformados por 10 familias y 14 especies, de las cuales el 28.57% (n=4) se encuentra dentro de alguna categoría de riesgo en la NOM-059-SEMARNAT-2010, estando el tigrillo (Leopardus wiedii Schinz, 1821) y el oso hormiguero (Tamandua mexicana Saussure, 1860) en peligro de extinción, la nutria de río (Lontra longicaudis Olfers, 1818) amenazada y el mico de noche (Potos flavus Schreber, 1774) en protección especial. Por su parte, en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la IUCN (2023) únicamente L. wiedii y L. longicaudis se encuentran en casi amenazado (NT, por sus siglas en inglés) representado el 14.28% (n=2), y las demás especies el 85.71% (n=12) en preocupación menor (LC, por sus siglas en inglés) (Cuadro 1).
Cuadro 1 Clasificación taxonómica de los mamíferos usados en el Carnaval Tzotzil o Chu´ul loil, se incluye el nombre en tzotzil, su categoría dentro de la NOM-059-SEMARNAT-2010. Acrónimos: Peligro de extinción (P), Protección especial (Pr) y Amenazada (A). y Dentro de la lista roja de especies amenazadas de la IUCN. Acrónimos: Preocupación menor (LC) y Casi amenazado (NT).
| Orden | Familia | Especie | Nombre común | Nombre en Tzotzil | NOM | IUCN |
| Artiodactyla | Tayassuidae | Dicotyles tajacu | Cochi de monte | Vomol-chitom | LC | |
| Cingulata | Dasypodidae | Dasypus novemcinctus | Armadillo | Mail chon | LC | |
| Carnívora | Canidae | Urocyon cinereoargenteus | Zorra gris | Mis yu´un jamal | LC | |
| Felidae | Leopardus wiedii | Tigrillo | Mis bolom | P | NT | |
| Mephitidae | Conepatus leuconotus | Zorillo | Poy | LC | ||
| Mephitis macroura | Zorillo | Poy | LC | |||
| Spilogale angustifrons | Zorrillo enano | Poy | LC | |||
| Mustelidae | Lontra longicaudis | Nutria | Ts´i´ yu´un jo´ | A | NT | |
| Procyonidae | Nasua narica | Andasolo | Kotom | LC | ||
| Potus flavus | Mico | Pr | LC | |||
| Procyon lotor | Mapache | Mapach | LC | |||
| Didelphimorphia | Didelphidae | Didelphis virginiana | Tlacuache | Uch | LC | |
| Pilosa | Myrmecophagidae | Tamandua mexicana | Oso hormiguero | Ts´u-ts´un cha´mb | P | LC |
| Rodentia | Sciuridae | Sciurus aureogaster | Ardilla | Chuch | LC |
Los mamíferos identificados suelen ser usados a manera de Ts’i’, lo que dentro de la interpretación cultural representa un símbolo de protección para el alma y la espiritualidad de los participantes durante esta tradición. El ejemplar portado consta de un animal disecado mediante técnicas rudimentarias de taxidermia, tratando de conservar la forma natural del organismo en la mayoría de los casos (Fig. 3). Además de ello, la piel también es utilizada para la elaboración de máscaras (Fig. 4). Cada una de estas indumentarias son elaboradas por artesanos, quienes son los únicos de la población que conocen estas técnicas de preservación. Actualmente las especies más utilizadas a manera de Ts’i’ son la ardilla (Sciurus aureogaster F. Cuvier, 1829) y el andasolo (Nasua narica Linnaeus, 1766), donde incluso se llegó a observar el uso de un individuo adulto de esta especie con leucismo (Fig. 5). Los participantes relatan que anteriormente una de las pieles más cotizadas y usadas con mayor frecuencia era la del oso hormiguero (T. mexicana). Sin embargo, en la actualidad una de las materias primas mayormente usadas es la piel vacuna (Figs. 4d, e, f).

Figura 3 Mamíferos silvestres usados a manera de Tsi’, donde, a: Dasypus novemcinctus, b: Urocyon cinereoargenteus, c: Leopardus wiedii, d: Conepatus leuconotus, e: Spilogale angustifrons, f: Lontra longicaudis, g: Potus flavus, h: Nasua narica, i: Didelphis virginiana, j: Sciurus aureogaster, k: Procyon lotor y l: Tamandua mexicana. Fotografías tomadas por Mendoza-Velázquez, O.M.

Figura 4 Mascaras usadas durante el carnaval, elaboradas con piel de mamíferos silvestres como a) Dicotyles tajacu, b) Tamandua mexicana y c) Mephitis macroura. Mientras que algunas como d, e y f corresponden a piel de ganado vacuno.

Figura 5 Individuo adulto de Andasolo (N. narica) que presenta leucismo. Fotografía tomada por Mendoza-Velázquez, O.M.
El 90.69% de las personas entrevistadas mencionaron que estos mamíferos silvestres suelen ser cazados por ellos mismos y principalmente son usados como recurso alimenticio, mientras que el aprovechamiento para la elaboración de máscaras y a manera de Ts’i’ es un uso secundario. Por otro lado, la cacería de estos organismos no suele ser frecuente, ya que estas indumentarias llegan a renovarse hasta después de seis años o hasta deteriorase en su totalidad (Fig. 3h). Durante los cinco años de muestreo no se reportó un aumento en la cantidad de individuos utilizados a manera de Ts’i’. Sin embargo, resulta importante señalar los registros de especies como L. wiedii, zorrillo (Spilogale angustifrons Howell, 1902), L. longicaudis y P. flavus, de los cuales se observó un individuo por especie, siendo estos los registros más raros.
Discusión
En este estudio se encuentran representados seis de los siete órdenes, 10 de las 17 familias, 14 de los 38 géneros y 14 de las 51 especies de mamíferos reportados por Lorenzo et al. (2017) para la depresión central de Chiapas. Durante poco más de 50 años los esfuerzos por describir la mastofauna de Chiapas se ha incrementado notablemente; a pesar de ello, especies como la zorra gris (Urocyon cinereoargenteus Schreber, 1775), el tigrillo (Leopardus wiedii Schinz, 1821), el pecarí de collar (Dicotyles tajacu Linnaeus,1758), N. narica y S. angustifrons no habían sido formalmente documentadas para la depresión central (Lorenzo et al., 2017). Los presentes registros pueden desempeñar un papel fundamental para generar planes de conservación.
Con base a la información disponible y a los resultados de este estudio, se obtuvo el primer registro de L. wiedii y D. tajacu para la depresión central de Chiapas. Además, se reporta el segundo avistamiento de S. angustifrons para Venustiano Carranza después de hace más de un siglo (1904) (Muñoz-Alonso & March-Mifsut, 2003). Asimismo, se tiene el segundo registro de P. flavus después de casi siete décadas, ya que el primero y único registro lo realizó Burnett del Museum of Comparative Zoology of Harvard University en 1956 (CONABIO, 2017). La actualización de estos registros resalta la necesidad de continuar realizando estudios destinados a conocer el estado y la riqueza faunística de una región, sobre todo cuando existe una estrecha relación con usos culturales.
Los registros más cercanos que se tienen corresponden a P. flavus, a 12 km del sureste de Venustiano carranza y corresponden a 1956, por otra parte, el registro más cercano de L. longicaudis ocurrió en 1989 a 30 km al suroeste. Pese a los cambios ocurridos en el paisaje y al periodo de tiempo ocurrido entre las observaciones, aún es necesario realizar más esfuerzos por conocer los efectos del cambio y uso de suelo de la región en la fauna local. Adicionalmente, dentro de las especies utilizadas se observó un individuo adulto de N. narica con leucismo, fenómeno que ya ha sido observado con anterioridad en algunos individuos de Quintana Roo, México (Silva-Caballero, 2014), siendo el presente el primer caso reportado para Chiapas. Se ha sugerido que esta condición de leucismo es una desventaja para los individuos, ya que puede ser un factor determinante para la supervivencia, pues los hace más visibles no solo a depredadores naturales, sino también para los cazadores (Chętnicki et al., 2007).
Se estima que actualmente en las selvas del sur de México se aprovechan cerca de 60 especies de animales, ofreciendo un valioso recurso renovable para diferentes propósitos, ya sea alimento, pieles, compañía, recreación, valores culturales y escénicos (Bodmer, 1995; Guerra et al., 2010). En Venustiano Carranza se registró el uso de 14 especies de mamíferos relacionados a aspectos culturales-ceremoniales, donde primeramente se aprovecha la carne con fines alimenticios y consecuentemente se realiza el tratamiento de la piel para poder ser utilizados a manera de Ts’i’ o en máscaras durante el carnaval. La mayoría de las especies registradas forman parte de los grupos más cazados con fines alimenticios en el sureste, como lo son las familias Cervidae, Dasypodidae, Didelphidae, Felidae, Procyonidae, Tayassuidae (Rosales et al., 2010).
La cacería es una práctica que puede proveer de múltiples beneficios para los habitantes de la región. Sin embargo, también es considerada una de las actividades extractivas que más afectan la fauna silvestre, principalmente cuando es realizada de forma continua y descontrolada (Robinson & Redford, 1991). A pesar de ello se considera que el uso cultural de estas especies no es el factor principal que impulse la disminución de sus poblaciones en la región de Venustiano Carranza, ya que los Ts’i’ son reemplazados cada seis o más años, e históricamente se ha demostrado que en gran medida la pérdida de hábitat es una de las amenazas principales (Santos & Tellería, 2006). Los participantes mencionaron que la presencia de L. wiedii y T. mexicana, se encuentra asociada a selvas conservadas, y han notado decremento de las poblaciones en los últimos años debido a los cambios de uso de suelo y los incendios anuales, pues es bien sabido que los procesos de degradación ambiental son ocasionados por la fragmentación de los ecosistemas y algunas especies como L. wiedii ocasionalmente llegan a ser encontrados en plantaciones (Pérez et al., 2005). Sin embargo, aún no se tienen datos sobre la frecuencia de otras prácticas como la cacería con fines peleteros o comerciales, por lo que aún se deben dirigir esfuerzos para conocer el estado del arte de esta actividad y así comprender mejor la presión que ejerce la cacería sobre la fauna silvestre local. De esta manera, se puede considerar que el uso de mamíferos con fines tradicionales no representa su principal amenaza.
Este tipo de estudios son apremiantes e importantes para conocer las interacciones entre pobladores con la fauna silvestre y de esta manera formular estrategias de conservación y desarrollo sustentable (Berkes, 1999; Centeno & Arriaga, 2010), ya que conocer el uso y aprovechamiento de los mamíferos silvestres constituye una herramienta para identificar la fauna presente en una región. Es importante tener en cuenta que el uso de la fauna silvestre con fines medicinales y culturales se han llevado a cabo en Mesoamérica desde tiempos inmemoriales, sin embargo, actualmente el uso artesanal es una práctica poco realizada (Guerra et al., 2010; Centeno & Arriaga, 2010). En el sitio de estudio se ha observado que el uso peletero tradicional de fauna silvestre está siendo sustituido por piel vacuna para la elaboración de las máscaras, lo que podría traer consecuencias negativas desde el punto de vista etnozoológico (Centeno & Arriaga, 2010). Si esta tendencia continúa o el uso tradicional deja de ser importante, en las generaciones venideras podría perderse por completo el significado del uso de las especies silvestres y con ello su valor cultural.
Los estudios que permiten comprender mejor la diversidad faunística generan herramientas importantes para el desarrollo de estrategias que favorezcan el uso sustentable y la conservación de las especies apreciadas por los pobladores de la región (Guerra et al., 2010), aunado a que es de vital importancia reconocer los nombres que las diferentes etnias le otorgan a la biodiversidad en su lengua materna, ya que durante las entrevistas se observó que las personas más jóvenes desconocen el nombre en Tzotzil para algunos mamíferos silvestres, principalmente para las especies poco comunes, y únicamente fueron reconocidos por las personas de mayor edad, lo que demuestra una grave pérdida de ese conocimiento. Un ejemplo claro es P. flavus, el cual fue nombrado exclusivamente en español a pesar de que reconocían a la especie e incluso mencionaron aspectos biológicos.
En el presente estudió no se aplicaron técnicas directas de monitoreo de mamíferos en campo, por lo que la riqueza del área de estudio es indudablemente mayor. A pesar de ello, estos resultados son parteaguas en el conocimiento de la diversidad local, demostrando la necesidad de realizar estudios dirigidos a este grupo taxonómico que coadyuven a conocer la riqueza y abundancia de la fauna. Finalmente, para poder generar planes de conservación no solo se tiene que analizar el estado de conservación de la biodiversidad, sino que también se debe incluir la diversidad cultural e involucrar los distintos asentamientos indígenas para así poder realizar un uso sustentable de los recursos naturales, sin llegar a generar confusión y controversia con dichos habitantes, quienes aún perciben al complejo “naturaleza” como algo místico y de respeto.










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