Introducción: nociones fundamentales
En esta investigación proponemos un estudio de la relación entre la praxis y la realidad histórica, categorías clave en la filosofía de Ignacio Ellacuría (1930-1989), las cuales no pueden visualizarse de manera separada. Este vínculo es fundamental para comprender una propuesta de pensamiento original, desarrollada desde América Latina, sobre la plataforma metafísica de su maestro Xavier Zubiri y enriquecida en un fructuoso diálogo con autores como Hegel, Marx y Bloch, entre otros.2
Para la debida asimilación del pensamiento de Ellacuría en torno a estas categorías es necesario realizar un rodeo por algunas nociones fundamentales de raigambre zubiriana. Nos referimos de manera particular a la inteligencia sentiente, la persona, la historia y la apertura propia del trascendental. El estudio de estas temáticas nos abrirá paso a la profundización de los principales elementos que conforman la realidad histórica y, así, adquirir los fundamentos básicos para una recta comprensión de la praxis en este autor.
La inteligencia sentiente
Al igual que Zubiri, Ellacuría parte del presupuesto de que en el ser humano no hay espacio para dicotomías entre sentir e inteligir, de modo que “sensibilidad e inteligencia constituyen, en su irreductible diferencia, una estructura aprehensiva, metafísicamente una, en virtud de la cual el acto aprehensivo es único: la aprehensión sentiente de lo real”,3 por lo que sentir es intelectivo, e inteligir es sentiente. Esto significa que, ante los estímulos, el ser humano no se limita a responder con acciones previamente establecidas; gracias a su inteligencia, fruto de un proceso biológico de formalización, alcanza “una instalación física, primaria y primigenia en el campo entero de lo real”.4
Con ello experimenta un enfrentamiento directo con la realidad, donde el animal humano se ve obligado a elegir en función de la realidad que se le presenta, es decir, intelige para seguir viviendo.5 De este modo, gracias a la inteligencia, el hombre se enfrenta con la realidad y con su realidad misma, tal como se expresa en el dinamismo de la suidad personal.
La persona
De la mano de Zubiri, Ellacuría afirma que la persona expresa un dinamismo particular, debido a que “todas las demás realidades tienen de suyo las propiedades que tienen, pero su realidad no es formal y explícitamente suya. En cambio el hombre es formalmente suyo, es suidad”.6 Se concibe al hombre como una esencia abierta, cuya apertura se realiza no solamente hacia la realidad, sino también a su propia realidad, en una constante autoposesión. La clave radica en que “el hombre, por estar abierto a su propio carácter de realidad, se comporta respecto de él. En su virtud no sólo se hace a sí mismo, sino que hace su propio carácter de realidad. Y esto es en lo que consiste realizarse”.7
Este dinamismo de la suidad se comprende bajo las nociones de personeidad y personalidad, las cuales expresan la apertura propia de la persona. “La personeidad es inexorablemente el carácter de una realidad subsistente en la medida que esta realidad es suya”,8 perdura a lo largo de la existencia y le permite una colocación particular entre las cosas. Mientras que la personalidad hace referencia directa a un modo concreto de la personeidad, “personalidad es así un modo de ser, es la figura de lo que la realidad humana va haciendo de sí misma a lo largo de la vida humana”.9 Según Ellacuría, este dinamismo personal expresa la apertura propia de la persona como esencia abierta. Para comprender este aspecto, resulta necesario explicitar lo que se comprende como apertura trascendental.
La apertura trascendental
Ellacuría distingue entre el ámbito talitativo y el trascendental, no como nociones dicotómicas, sino íntimamente relacionadas. El primero se refiere a las notas constitutivas de las cosas reales, en virtud de su exigencia constitutiva, de modo que “es realidad todo y sólo aquello que actúa sobre las demás cosas o sobre sí mismo en virtud, formalmente, de las notas que posee”.10 La unidad le compete al sistema entero, el cual es anterior a las notas.11
Por su parte, el segundo no alude a un ámbito ajeno al talitativo, sino que corresponde al carácter de realidad de las cosas reales, es decir a su función trascendental,12 la cual radica fundamentalmente en la instauración de la realidad como algo de suyo, aspecto que expresa su apertura. En este sentido, afirma Ellacuría, “La esencia que talitativamente es un constructo de unidad y notas, trascendentalmente es un constructo de realidad, en que el término absoluto y principiante es el constructo talitativo, al que le compete la función trascendental. Las cosas reales tendrán un grado de realidad, según la talidad con que cuenten, un grado metafísico”.13
Estas categorías permiten comprender la diferencia entre las esencias cerradas y las abiertas. En las primeras, toda su realidad se agota en ser suyo, además de que la actualidad de sus potencias pende de la relación con otras realidades;14 mientras que a las segundas les compete de suyo pertenecerse en acto segundo, según sus notas talitativas y carácter propio de realidad. Esta apertura lleva a la esencia abierta a ser formal y reduplicativamente suya, lo cual significa poseerse en su formal carácter de realidad, en su propio ser suyo.15 Este elemento de apertura es de fundamental importancia para comprender la historia.
La historia
La noción de historia trazada por Zubiri es clave en la filosofía de Ellacuría. Desde Naturaleza, historia, Dios el filósofo vasco la relacionaba directamente con la elección humana ante un conjunto de posibilidades, por ello afirma que: “somos el pasado, porque somos el conjunto de posibilidades de ser que se nos otorgó al pasar de la realidad a la no realidad”.16 Posteriormente, en textos como “Dimensión histórica del ser humano”, afirmará que, en el proceso histórico, el hombre se encuentra abierto a diversas formas de estar en la realidad, recibidas por tradición, donde la historia es simplemente su vector. Por tanto, tradición es “entrega de modos de estar en la realidad como principios de suceso, esto es como principios de posibilitación de estar de alguna manera en la realidad”.17
En esta línea, Ellacuría concibe la historia como transmisión tradente, en la cual se entregan las diversas formas de estar en la realidad a un cuerpo social.18 Además, en el proceso histórico se adquieren las dotes, las cuales se desarrollan en el proceso de apertura u obturación de posibilidades. Es necesario enfatizar que “las dotes no son las potencias o facultades sino que éstas tienen de más por incorporación de posibilidades y por convertirse en principio de posibilitación”.19
Cuando las dotes son asumidas por las potencias y facultades humanas en un orden constitutivo, se conciben como capacidades, se refieren “a la cualidad misma de su propia realidad en cuanto principio de posibilitación”.20 Éstas facilitan el avance histórico, le permiten a Ellacuría visualizar la historia como un proceso físico y metafísico de capacitación en clara apertura, donde cada estadio encuentra su apoyo en el anterior. Esta apertura metafísica de la historia incidirá, de manera directa, en la construcción de la noción de realidad histórica.
Realidad histórica
Una vez revisadas las nociones de inteligencia sentiente, persona y los elementos metafísicos con los que Ellacuría visualiza los ámbitos talitativos-trascendentales y el proceso de capacitación en la historia, es posible dar el paso hacia el estudio de la realidad histórica, como criterio orientador para la comprensión de la praxis.
De acuerdo con Ellacuría, la realidad histórica es la totalidad de la realidad intramundana, concebida de manera dinámica, estructural y dialéctica, que se ha ido haciendo de manera gradual en lo que podría denominarse un incremento de realidad. De modo que “a ese último estadio de la realidad, en el cual se hacen presentes todos los demás, es al que llamamos realidad histórica”.21 Forma una unidad física y se comprende como un proceso de realización, en el cual las formas más altas retienen y elevan a las anteriores, así, lo que ya era elevado, eleva a nuevas formas de realidad. Esta categoría alude a una visión plena e integral de la realidad, engloba aspectos que van desde los componentes materiales, temporales, personales y sociales hasta los formales.22
Ellacuría afirma que la realidad histórica engloba tanto la realidad como la historia, desde una perspectiva eminentemente metafísica, por ello es donde la realidad es más suya y abierta,23 no se limita a la historia, sino que expresa su abordaje metafísico, haciendo alusión directa a lo que pasa en la realidad al entrar en contacto con el hombre, la sociedad y la historia misma. Desde este horizonte, la historia se convierte en el campo abierto de las máximas posibilidades de la realidad, “no la historia simplemente sino la realidad histórica, lo cual significa que se toma lo histórico como ámbito más que como contenidos históricos”;24 un ámbito eminentemente metafísico, el cual no elimina lo talitativo sino que lo asume e integra.
Debemos enfatizar que uno de los rasgos más relevantes de la realidad histórica es su pertenencia al orden trascendental, pues la historia es el lugar metafísico por excelencia, en donde el orden trascendental se constituye y va dando más de sí.25 Por lo tanto, es el espacio de realización de la realidad, donde ésta no sólo se manifiesta, sino donde se hace, donde se realiza mientras se manifiesta y se manifiesta haciéndose.26 Así, la realidad histórica puede comprenderse también como proceso trascendental de capacitación, ya que “nunca es más absoluto el hombre que cuando no sólo determina su ser propio frente al todo de la realidad, sino que de una u otra forma crea sus propias capacidades en referencia a las posibilidades que le son ofrecidas”.27
Para efectos de nuestra investigación, es necesario enfatizar que en el pensamiento de Ellacuría la realidad histórica se encuentra en relación directa con la praxis, ya que lleva a la búsqueda de la verdad de la realidad. Se trata de “hacer aquella realidad que, en juego de praxis y teoría, se muestre como verdadera”.28 Podemos afirmar, entonces, que la realidad histórica tiene carácter de praxis, al ser esta categoría su principal dinamismo, “la actividad de la realidad histórica es la praxis, entendida como totalidad dinámica”.29
La praxis
Tal como hemos introducido en el segmento anterior, la praxis debe comprenderse en su relación directa con la realidad histórica y sus elementos fundamentales. A tenor de este presupuesto, estructuramos el siguiente apartado en cuatro momentos claves: primero, a manera de status quaestionis, una sistematización del aporte de los principales comentaristas de Ellacuría en torno a esta categoría. Luego, una aproximación conceptual, la cual nos permitirá explorar tres de sus principales características, para posteriormente analizar los tipos de praxis y finalizar con la profundización de su momento teórico.
Principales interpretaciones en torno a la praxis
Antonio González visualiza la praxis en relación directa con la realidad histórica, como criterio fundamental para comprender la filosofía liberadora de Ellacuría, “ésta consistiría ante todo en una reflexión sobre la praxis histórica, porque es justamente en la historia donde se actualizan las máximas posibilidades de lo real, en concreto la posibilidad de una progresiva liberación integral de la humanidad”.30
De acuerdo a esta posición, Filosofía de la realidad histórica sería un intento por fundamentar el concepto de praxis, a partir del estudio de los elementos que la integran: materia, persona, individuo y sociedad. Sería el punto de partida para elaborar una filosofía original con una clara intención liberadora.31 Posteriormente, González critica la noción de praxis planteada por Ellacuría, la cuestiona como punto de partida de la realidad histórica. Desde su perspectiva, la propuesta ellacuriana se encuentra más ligada a la transformación marxista, a partir de una apropiación de elementos zubirianos.32 Además, afirma que no puede comprenderse como un hacer real de realidad, pues los actos no se actualizan igual que las cosas, sino que son más bien actualizaciones de ellas.
Las tesis de González son criticadas por Marcela Brito, para quien “la lectura de González resulta forzada, porque obliga al trabajo metafísico de Ellacuría a calzar en su propio proyecto, esto es, en la consideración de la praxis como horizonte metafísico que González denomina praxeología”.33 Esta crítica cumplirá un papel clave en nuestra investigación, ya que permite una aproximación más objetiva a la categoría de praxis.
Por su parte, Héctor Samour profundiza más en esta categoría, al señalar que Ellacuría se propone explotar la veta práctica abierta por Zubiri, desde la cual podrían enriquecerse algunos de los postulados marxistas relacionados con la praxis. “Para Ellacuría, la praxis histórica hay que entenderla en el conjunto del todo dinámico de la realidad”,34 de forma que la realidad se dinamiza por la praxis, cuyas formas y contenidos talitativos no se encuentran determinados de antemano.35 Señala, además, la importancia de considerar que toda praxis cuenta con un momento teórico, por ende, la filosofía es el momento teórico de la praxis histórica;36 de ahí la crítica de Ellacuría a las propuestas de filosofía de la liberación en Latinoamérica, que no se han insertado en la praxis adecuada.
Finalmente, Juan Antonio Nicolás afirma que en Ellacuría la praxis debe relacionarse con las nociones filosóficas, en principio con las atinentes al método, con miras a evitar todo tipo de ideologización. En esta línea, la praxis histórica fuerza la realidad para su transformación y manifestación, ésta sería la clave para comprender la verdad como tarea.37
Las interpretaciones desarrolladas por estos especialistas presentan una valiosa aproximación a la praxis ellacuriana. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, resulta imperativo profundizar en otros rasgos clave de esta noción, tal como lo proponemos a continuación.
Definición de praxis
Las aproximaciones anteriores nos han permitido comprender que la realidad en su mayor ultimidad y totalidad se visualiza desde la realidad histórica. Ahora nos corresponde analizar cómo su dinamismo y concreción visualizan su carácter de praxis.38 Llama enormemente la atención que en los textos más utilizados por los comentaristas de Ellacuría para analizar su noción de praxis -El objeto de la filosofía, Función liberadora de la filosofía y la misma Filosofía de la realidad histórica- no se presenta una profundización teórica y precisa de esta categoría.
Conceptualmente sólo se encuentran dos afirmaciones explícitas: primero, que se trata de un hacer real de realidad;39 segundo, que alude a la totalidad del proceso social como transformador de la realidad, tanto natural como histórica.40 Por ello partimos del presupuesto de que el estudio de sus principales características, presentes en otros textos del corpus ellacuriano, nos permitirán ahondar en su significado.
Vinculación directa con la inteligencia sentiente y la historicidad humana
El punto de partida para orientar la reflexión sobre la praxis debe ser el elemento histórico, pues se trata, como afirma Ellacuría en su “Curso de Ética”, de un factor vinculado directamente con el hacer humano, por la tarea y el oficio de ser un hombre situado históricamente.41 Por tal razón, el ser humano se ve forzado ineludiblemente a hacerse cargo, a cargar y a encargarse de la realidad, aspectos que cumplen un papel práxico fundamental, pues aluden a hacer algo respecto a la propia realidad y el resto de ella, más allá de lo meramente contemplativo.42
En este sentido, Ellacuría recuerda que la inteligencia humana es una actividad biológica, desde la cual, en conjunto con otras notas, el hombre realiza su acción de inteligir y entender, por tanto, su función es aprehender la realidad y enfrentarse con ella, lo cual permite que el hombre se enfrente consigo mismo y los demás. Al encargarse de la realidad, la persona toma a su cargo un hacer real para cumplir con lo que realmente es la inteligencia.43 La historicidad pertenece a la estructura de la inteligencia, por lo que conocer posee una función práxica, para estar en la realidad de un modo activo y dinámico, ya que “el conocer humano, según el tipo que sea y con una u otra referencia, necesita de la praxis no sólo para su comprobación científica, sino también para ponerse en contacto con la fuente de muchos de sus contenidos”.44
Esto nos permite comprender la afirmación presente en Filosofía de la realidad histórica, en la cual se concibe la praxis como un hacer real de realidad, en el marco de la actividad humana y que conlleva, por tanto, una transformación del entorno. “Si se quiere hablar de transformación, la transformación que definiría a la praxis sería la intromisión de la actividad humana, como creación de capacidades y apropiación de posibilidades, en el curso dinámico de la historia”.45 Aquí puede verse cómo Ellacuría elabora su noción de praxis que, sin apartar el diálogo con Hegel y Marx, integra los elementos propios de la inteligencia sentiente y de la historicidad humana, donde cobra un sentido clave su visión de la historia como apropiación de posibilidades y proceso de capacitación. Esto permite apreciar la originalidad de Ellacuría al explotar la veta práxica esbozada por Zubiri.46 Con esto se facilita la comprensión de que la praxis se ubica en el dinamismo de la historia y la persona.
Inserción en el dinamismo de la historia y de la persona
Para Ellacuría el dinamismo de la historia se concibe como creador de posibilitación y capacitación, integrando así todos los demás dinamismos47 y convirtiéndose en praxis histórica. Por ello, la praxis ha de comprenderse en el conjunto de dinamismos de la realidad, en íntima conexión con sus particulares dinamismos reales.
La praxis es dinamismo histórico, a la vez que dinamismo de personalización, pues en este gran marco “sólo el hombre realiza formalmente aquello que hace y realiza realizándose y es en este ámbito de la realización formal donde ha de situarse la praxis”.48 Aquí radica uno de los principales aportes de la visión ellacuriana: esta categoría no solamente es histórica y por ende social, sino que también es personal, porque hay espacio para la praxis biográfica. En la historia, además de una transformación, se desarrolla una verdadera realización personal, del hombre inserto en un cuerpo social, situado de manera histórica en una coyuntura concreta. Significa que la biografía le pertenece a un individuo que de suyo se encuentra vertido a los demás, no puede comprenderse desde una visión meramente espiritual, ya que afecta no sólo formal, sino también materialmente a la realidad histórica.
Podemos elucidar que para Ellacuría la realidad humana es histórica, su estructura lanza al hombre a una praxis opcional, a experimentar un proceso de impersonalización para objetivarse en la praxis social.49 Desde esta perspectiva dinámica, la praxis sería entonces el campo de realización opcional que conlleva acciones tanto individuales como grupales, realizadas como parte de un grupo social y dirigidas a la transformación de la realidad desde sus goznes estructurales.50 La realidad histórica es actividad debido a los dinamismos de la praxis, de forma que los contenidos penden de las opciones y de la actualización de lo real en su condición de posibilidad.51
En este marco del dinamismo de la praxis hay espacio para las dimensiones sociales e individuales, por lo que “la praxis se identifica así con el proceso histórico mismo, en cuanto este proceso es productivo y transformativo”.52 No se reduce a la simple transformación de estructuras sociales, sino que se relaciona de manera directa con el cuadro de opciones y apropiaciones propias de la historicidad. Con ello, Ellacuría apela, según nuestra perspectiva, a no incurrir en un olvido de la dimensión personal de cualquier tipo de praxis, con miras a evitar todo tipo de alienación y tener presente que, en la praxis histórica, como se ha especificado, el hombre asume formalmente el hacerse cargo de la realidad, en todas sus expresiones.
Apertura trascendental
Todo lo dicho anteriormente nos facilita comprender por qué en la filosofía de Ellacuría el orden trascendental es considerado un orden histórico, ya que existe una reduplicación de la apertura trascendental en la historia, de modo que sus límites no pueden ser determinables de antemano, por tratarse de un proceso indefinido de capacitación, donde las posibilidades son cada vez mayores y diversas. De la misma manera, hemos analizado que la apertura del dinamismo personal es un dinamismo fundamental, tanto de la historia como de la praxis, “la realidad abierta de la persona fundamenta la realidad abierta de la historia”.53
Esto nos conduce a que, en la filosofía de Ellacuría, la praxis histórica se introyecta directamente en el orden trascendental, dada su constante apertura y dinamismo, “Un dinamismo creacional o cuasicreacional, que lleva a la realización de la persona en tanto que persona y, por tanto, a una plenificación de la realidad, de la verdad, de la bondad y de la belleza, que sólo se actualizan formalmente en la praxis fundamental que es la vida humana”.54
Tanto el dinamismo de la realidad como el dinamismo personal cobran un carácter particular y especial en la praxis histórica, pues el enriquecimiento de capacidades en la historia permite una mayor realización de las personas. Dicho en otras palabras, las progresivas actualizaciones de la realidad generadas en el proceso histórico conducen a la construcción de la realidad personal, social e histórica, abriendo paso una verdadera praxis real.55
Tipos de praxis
En el pensamiento de Ellacuría la noción de praxis no se utiliza de manera unívoca, ya que se habla de praxis biográfica, praxis social, praxis económica, entre otras.56 Para evitar confusiones, es necesario aclarar que desde su perspectiva debe hablarse de una gran praxis histórica, de carácter totalizante y unitario, la cual expresa el dinamismo de la realidad histórica. Dicha praxis posee diferentes tipos, los cuales pueden concebirse como momentos relativamente autónomos, pero estructuralmente vinculados.
La importancia e incidencia de cada tipo praxis depende de la altura procesual de la realidad histórica;57 en determinados momentos algunas praxis serán más determinantes que otras. Es de vital importancia que cada una se encuentre correctamente en la gran praxis histórica, a su servicio. Además, cada tipo de praxis posee un momento teórico específico de iluminación.
El momento teórico de la praxis
A partir de lo anterior, es necesario expresar que toda praxis, comprendida en este marco de totalidad histórica, posee un momento teórico de iluminación, al existir una clara relación de determinación entre la praxis y la teoría,58 a fin de que la praxis sea lo que debe ser, en orden al principio de historización.59 El progreso y la transformación se alcanzan realmente cuando la praxis es la adecuada y sus potencialidades teóricas, suficientes y sólidas. De ahí que Ellacuría afirme que “toda pregunta real debe tener en cuenta la permanente referencia de la teoría a la praxis y de la praxis a la teoría”.60
Desde estas coordenadas debe comprenderse la función crítica y creadora de la filosofía planteada por Ellacuría, al afirmar la necesidad de nuevas formulaciones teóricas que relacionen la ultimidad de la metafísica con las realidades sociales, políticas y sociales, con el fin de desarrollar planteamientos que no sean fijos, sino procesuales, como respaldo y justificación de la praxis.61 Esto significa que, en la totalidad de la praxis histórica, la filosofía se convierte en un momento iluminador de una praxis concreta, llamada a incidir y determinar de algún modo esta ultimidad.
No es posible hablar de neutralidad en el plano de la praxis,62 debido a que siempre debe estar acompañada de un momento teórico de reflexión. En este punto Ellacuría presenta otro de sus aportes fundamentales: desde su pensamiento el momento teórico de la praxis es más que estudio y análisis, implica un vínculo directo con realidad y la inteligencia. “Desde esta perspectiva se abre un campo propio a la labor estrictamente filosófica como forma teórica de enfrentarse con la realidad, para iluminarla, interpretarla y transformarla”.63 De esta manera, propone una función crítica y creativa de la labor filosófica, en íntima conexión con la praxis, pero también con una sólida teoría de la inteligencia, de la realidad, del hombre y de los fundamentos metafísicos de la ultimidad y trascendencia de la realidad histórica.
Esto implica coadyuvar a que el hombre se enfrente con la realidad, al hacer uso de su inteligencia para comprender cada uno de los aspectos que la conforman, por medio de las categorías adecuadas que le permitan acercarse de forma correcta a los elementos naturales, históricos, sociales, personales e incluso objetivos y subjetivos.64 En este sentido, coincidimos con Samour en su apreciación de que los presupuestos esbozados por Ellacuría le permiten concretar una filosofía de la praxis, en la cual se da razón de sus diversas formas y dinamismos.65
Conclusiones
El estudio en torno a la relación entre realidad histórica y praxis en la filosofía de Ellacuría nos permite elucidar las siguientes conclusiones.
Por su apertura trascendental, propia del proceso de capacitación, la realidad histórica es praxis, aspecto expresado en sus múltiples dinamismos. Por consiguiente, uno de los principales aportes de Ellacuría es ubicar esta categoría dentro del orden trascendental, pues en ella se reduplica lo trascendental y se da pie a una refluencia de enriquecimiento.
En este sentido, si bien es cierto que la noción de praxis se encuentra presente en muchas propuestas filosóficas, ninguna de ellas posee un referente como la realidad histórica. Ellacuría ofrece una contribución significativa al establecer un vínculo profundo entre estas dos ideas. Para él, la praxis se concibe como un hacer real de realidad, el cual nos remite a la totalidad del proceso social como elemento transformador de la sociedad. En su planteamiento se evidencia la influencia de los presupuestos de la inteligencia sentiente, de modo que el hombre se ve forzado a cargar y encargarse de la realidad. Este encargarse posee un papel práxico, pues conocer involucra de manera directa a la praxis y su hacer real, como intromisión de la actividad humana en la creación de capacidades y apropiación de posibilidades, por lo que podemos identificarla con el proceso histórico mismo.
Esta noción de praxis es dinámica y posee una dimensión social y personal; al realizarla, el hombre también se realiza a sí mismo, de modo que Ellacuría no sólo abre espacio a la praxis personal, también le concede una importancia particular. En otras palabras, es la misma estructura humana la que lanza al individuo a una praxis opcional, en la que hay espacio tanto para lo social como para lo individual. Para Ellacuría la realidad histórica es praxis y su dinamismo expresa la apertura transcendental, aspecto que no se encuentra en otras filosofías de la praxis. Esta apertura permite hablar de un dinamismo cuasi-creacional, que involucra la realidad en su totalidad, por lo que podemos visualizarla como una categoría histórica, individual y social; no es solamente transformación, sino también realización personal.
De acuerdo con Ellacuría, hablamos de una gran praxis histórica, unitaria y totalizante, estructurada en momentos relativamente autónomos, algunos más determinantes que otros, según la edad y situacionalidad de la realidad histórica. Éste es un aspecto en el que muchas filosofías de la praxis presentan debilidades, al identificar sus nociones particulares con la praxis histórica, o al ligarse a acciones poco incidentes en esta praxis totalizante. Es importante mencionar que cada una de estas pequeñas praxis posee su propio momento teórico, el cual corresponde a la iluminación necesaria para que la praxis sea realmente lo que debe ser, permitiendo que sus planteamientos no sean fijos, sino procesuales, por lo que podemos afirmar que ésta nunca será neutral.
Este momento teórico comporta ir más allá del simple estudio y análisis académico, para ubicarnos en el plano de la teoría de la inteligencia sentiente, con la finalidad de que el hombre en su enfrentamiento comprenda lo que es la realidad, por esta razón en la reflexión hay espacio para aspectos de orden natural, histórico, social y personal, tanto objetivos como subjetivos.
Desde esta apertura y estructura de la praxis debe comprenderse la función crítica y creativa de la filosofía trazada por Ellacuría, entendida como enfrentamiento, iluminación, interpretación y transformación. En consecuencia, la teoría de la inteligencia como fundamentación del momento teórico de la praxis es uno de los principales aportes de Ellacuría a las filosofías de la liberación. Consideramos que una interpretación que limite la filosofía de Ellacuría a una justificación de la noción de praxis es insuficiente, pues si bien es cierto que hay elementos para construir una filosofía de la praxis desde sus ideas, no compartimos la tesis de que sus intenciones intelectuales se orienten solamente a este objetivo.
En tiempos donde la metafísica es cuestionada por su poca vinculación con los desafíos y problemas actuales, los presupuestos con los que Ellacuría construye las categorías de realidad histórica y de praxis permiten visualizar una perspectiva diferente de este ámbito filosófico. En este horizonte metafísico, la categoría de realidad histórica presenta un matiz particular, al integrar las nociones de historia y realidad en un esfuerzo de radicalización de las tesis de su maestro. Al ser una noción dinámica, facilita la construcción de una filosofía estructurada de manera procesual. Desde este punto de vista, ofrece luz al afirmar que se reflexiona de cara a la realidad histórica, no de forma unidireccional, sino a partir de sus dinamismos, pero sin limitarse a sus contenidos, los cuales talitativamente pueden ser problemáticos, a tenor de su formalidad.
En este sentido, la reflexión de Ellacuría en torno a la praxis es sumamente enriquecedora, su inserción en el plano metafísico trascendental conlleva comprender su apertura, en íntima relación con la realidad histórica. Este hacer real se relaciona de manera particular con la apropiación de posibilidades, por lo que ofrece a las filosofías de la liberación un nuevo escenario de reflexión sobre este tema, al abrir espacio para analizar las condiciones reales en las que se realizan las opciones. Muchas poblaciones carecen de las condiciones mínimas para vincularse de manera directa al poder de lo real y organizar los esfuerzos por su transformación.
Esto facilita reflexionar sobre lo que Ellacuría catalogaba como la praxis adecuada: de cara a la realidad histórica, la filosofía en general y las de la liberación en particular, deben analizar críticamente los procesos de transformación y lucha en las cuales se han visto envueltos. En no pocas ocasiones, buenas propuestas filosóficas se han vinculado a praxis con poca incidencia en la realidad.










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