Las últimas décadas del siglo XVIII estuvieron marcadas por profundos cambios en la configuración social de Europa y por nuevos parámetros en cuanto a la concepción del mundo y del hombre. La Revolución francesa fue el acontecimiento más simbólico pues, de forma radical, puso fin al Ancien Régime e instauró -al menos en la bandera de los deseos revolucionarios- los nuevos paradigmas de libertad, igualdad y fraternidad. A estos acontecimientos políticos se sumaron las transformaciones sociales que la Revolución Industrial favoreció dentro de la sociedad burguesa y en la cre ciente masificación de la sociedad. La razón instrumental, promovida por la filosofía moderna, estaba afianzada en la idea de un progreso ilimitado bajo el poder de la razón y el dominio de las fuerzas de la naturaleza. El universo de la filosofía, tan disímil en sus orientaciones ideológicas: empirismo en Inglaterra, liberalismo en Francia y racionalismo en Alemania, resultaba, no obstante, coincidente en la búsqueda casi obsesiva de un parámetro “científico” y en el rechazo de la metafísica como lastre histórico para ese nuevo paradigma.
Es en este contexto de transformaciones en donde se sitúa el movimiento romántico de Jena, durante la última década del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX. Magníficos rebeldes de Andrea Wulf hace un minucioso recorrido de este periodo, destacando la interesante red de vínculos, amistades y desencuentros que sucedieron dentro del grupo que fue formándose bajo el cobijo intelectual de Schiller y Goethe, en el ambiente universitario de Jena. Con una adecuada contextualización de las circunstancias políticas de Alemania y al detenerse en los detalles de la configuración geográfica de la pequeña ciudad de Jena, el libro se adentra en el papel que cada uno de los integrantes del grupo fue tomando: la vertiente literaria de Schiller y Goethe; la importante presencia inicial de Fichte en el aspecto filosófico; la crítica literaria de los hermanos Schlegel; la traducción de las obras de Shakespeare al alemán del matrimonio de Carolina y August Schlegel; los intereses científicos de Goethe y Alexander von Humboldt; el espíritu poético de Novalis y Tieck; todo el grupo, además, con un fuerte interés por el arte y las teorías estéticas.
El movimiento romántico en Jena mostró muchas circunstancias que, aun al parecer fortuitas, fueron tejiendo su historia. La primera de ellas fue la llegada de Schiller a la Universidad de Jena en 1789, el poeta venía de un largo periodo de inconvenientes provocados por su drama Los bandidos (Die Räuber), pues, si bien tuvo éxito en su estreno en 1782 en el Nationaltheater Mannheim, fue censurado por el duque de Wurtemberg y Schiller fue encarcelado durante dos semanas. No obstante, este acontecimiento propició un entusiasmo general por el poeta y su obra, incluso algunos grupos de jóvenes formaron “bandas de bandidos” para promover la libertad de expresión estética. Schiller fue sometido a un disfrazado destierro profesional e intelectual durante varios años.
Otra importante circunstancia en el origen del grupo fue la privilegiada situación de Jena como ciudad universitaria. Andrea Wulf detalla bien este punto: a diferencia de otros países como Inglaterra y Francia, que estaban más unificados y concentraban la educación en muy pocas universidades, en los territorios alemanes era distinto, pues se trataba de un mosaico de más de mil principados y algunos grandes estados como Prusia y Austria, por esta razón en todo el territorio había cincuenta universidades. En concreto, la Universidad de Jena dependía de cuatro duques sajones, lo que en la práctica difuminaba el control y la censura. Tanto estudiantes como profesores conformaron un ambiente de mayor libertad intelectual y, por consiguiente, un contexto de interés y discusión de ideas en las aulas, bares, calzadas y casas de esa pequeña ciudad. Gracias a este ambiente y tales circunstancias políticas, Schiller llegó a Jena y trabajó en algunas importantes iniciativas.
Una de ellas fue la creación de la revista Die Horen, gracias a la cual pudo reunir como colaboradores a varios de los que formarían el grupo. También la revista fue la ocasión para el inicio de una muy buena amistad entre Schiller y Goethe. Johann Wolfgang von Goethe vivía en Weimar, a diecinueve kilómetros, pero pasaba temporadas en Jena pues administraba ahí un jardín botánico. A lo largo del libro de Wulf el lector percibe el importante papel que Goethe tuvo en la conformación del grupo: supo valorar los talentos de cada uno de sus miembros, movió sus influencias para atraer a nuevos reclutas a Jena y varias veces fue el mediador entre los conflictos que resultaron dentro del grupo.
Otra feliz circunstancia que se sumó a las anteriores fue la llegada de Fichte a la Universidad de Jena. Con el deseo de presentarse ante Kant de manera digna, el joven y desconocido Fichte escribió el Ensayo de una crítica de toda revelación y se la dio a leer a Kant en Königsberg en 1791. Kant quedó gratamente sorprendido de aquel texto e intervino para que su editor lo publicara. “El editor vio la oportunidad de obtener beneficios económicos e imprimió dos cubiertas, una con el nombre de Fichte para comercializarla en Königsberg y otra sin él para el resto de Alemania. Incluso el prefacio, fechado en ‘Königsberg, en diciembre de 1791’, era engañoso: aunque Fichte había escrito el libro allí, la ciudad estaba, por supuesto, para los lectores, profundamente ligada a Kant”.1 Como resultado de esta confusión, muchas personas pensaron que se trataba de otra genial crítica de Kant. Cuando se conoció la historia detrás de la publicación, Fichte cobró gran notoriedad en muchos ambientes intelectuales de Alemania. Fue entonces que Schiller y Goethe movieron sus influencias para llevarlo a Jena como profesor en 1794. Entre otras cosas, inició su estancia con un ciclo de conferencias abiertas sobre el destino del sabio, las cuales causaron un gran impacto y su pensamiento sobre el yo (Ich) se convirtió en un concepto clave y fundamental para el romanticismo.
De entre las mujeres intelectuales asociadas al grupo romántico, la presencia de Caroline Böhmer-Schlegel-Schelling (apellidos de sus tres maridos) es una de las columnas vertebrales del libro: mujer culta, políglota, liberal, con simpatías revolucionarias, pero rechazada en diversos ambientes sociales. Ante estas circunstancias adversas, Caroline aceptó la propuesta de matrimonio de August Schlegel y la de trasladarse juntos a Jena, pues August había recibido un ofrecimiento de Schiller como editor de su revista. Ya en Jena, el matrimonio trabajó arduamente en la traducción de Shakespeare al alemán. Caroline tenía una privilegiada agudeza irónica, sus comentarios críticos sobre distintos autores y obras eran bien recibidos por el grupo. Existen muchos testimonios en su correspondencia que dan cuenta de esta importancia.
Magníficos rebeldes muestra otros cuadros de la diversidad de ideas planteadas; por ejemplo, Alexander von Humboldt y Goethe investigaban el concepto de materia orgánica e inorgánica, y experimentaban con animales la energía eléctrica cerebro-nervios asociada al galvanismo. El libro también nos introduce al espíritu rebelde de Friedrich Schlegel tras su rompimiento con Schiller y cómo, a consecuencia de éste, los hermanos Schlegel y Ludwig Tieck fundaron la revista Athenaeum publicada entre 1798 y 1800, de gran importancia para el movimiento romántico. También se narra la rivalidad entre las dos cuñadas: Dorothea Veit, esposa de Friedrich, y Caroline esposa de August. En sus páginas puede seguirse la tragedia de la joven Sophie von Kühn, prometida de Novalis, así como los sentimientos melancólicos y la poesía llena de lirismo de este poeta.
Aunque de manera secundaria, el libro de Andrea Wulf refiere la expansión del movimiento romántico fuera de Alemania, la forma en que, llenos de admiración, Samuel Taylor Coleridge y su colega William Wordsworth viajaron en 1798 desde Inglaterra, con el deseo de conocer más de cerca las ideas románticas. Algo similar sucedió con Madame de Staël, influyente intelectual francesa que se trasladó a Alemania para tener una mejor información sobre las ideas románticas, lo cual escribió en su amplia obra De l’Allemagne (1810).
Si el romanticismo era, entre otras cosas, el mundo de la ironía, en cierta medida el grupo de Jena llegó a su fin, irónicamente, poco después de uno de sus mejores encuentros. En el verano de 1798 varios integrantes se reunieron para pasar una temporada de vacaciones en Dresde, capital de Sajonia, ciudad que era y es un importante referente en Alemania por sus museos y oferta cultural. En esas vacaciones estuvieron Caroline y su hija Auguste, los hermanos Schlegel, Novalis, Fichte; hacia el final también se unió, por primera vez, el joven Friedrich Schelling. De entre las múltiples visitas a los museos, admiraron especialmente la Madonna Sixtina de Rafael, “Aquella obra maestra se convirtió en la predilecta del grupo. Embriagados por la belleza de la Virgen, los jóvenes románticos veían en este cuadro el ejemplo perfecto de la fusión de la sensualidad, la religión y el arte”.2 La convivencia de ese periodo vacacional fue tan agradable y rica intelectualmente que, unas semanas después, Fichte escribió desde Berlín que había encontrado un lugar allí que podría acoger a todo el grupo si se trasladaban a aquella ciudad. En cualquier caso y por diversos motivos, Jena dejó de ser el centro de aquel grupo y sus integrantes comenzaron a tomar caminos distintos. Dio inicio otra época de ideas filosóficas, Schelling había llegado como un joven y prometedor profesor, pero su arribo también estuvo acompañado del escándalo amoroso con Caroline Schlegel, con quien se casó en 1803; a ello se sumó la acusación de Fichte de que ese joven profesor estaba tomando sus ideas como propias. Con ocasión de esta acusación Hegel, aún poco conocido y con trabajos menores, redactó uno de sus primeros escritos para defender a Schelling: Diferencia entre los sistemas de filosofía de Fichte y Schelling (1800), éste marcó en buena medida la animadversión que Hegel tuvo toda su vida contra los románticos. A excepción de Schiller, que estaba en el último periodo productivo de su creación literaria, no quedaron integrantes del grupo en Jena. Los historiadores señalan que el fin del grupo aconteció en 1802.
El trabajo de Andrea Wulf en Magníficos rebeldes es una prueba de las actuales posibilidades de investigación del mundo virtual, pues su autora investigó y redactó casi la totalidad del libro desde el encierro en su casa, en Inglaterra, provocado por la pandemia del Covid-19. A través de muy buenos recursos bibliográficos especializados accesibles por internet, de peticiones específicas por medio de correo electrónico, Wulf documentó su libro con 1 470 referencias específicas y una muy interesante colección de imágenes. El libro es de muy ágil lectura, sin caer en concesiones noveladas. Sin ser un estudio filosófico, tiene suficiente profundidad de ideas acerca de las distintas vetas del movimiento romántico de Jena. Este libro se suma al otro magnífico volumen de la autora, La invención de la naturaleza: El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt.









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