El Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) es una de las principales instituciones del sector salud que ha sido y es un orgullo nacional. La creación de este Instituto -inaugurado en 1964- se debió a un gran personaje de la neurocirugía mundial: el maestro don Manuel Velasco Suárez, cuya mente visionaria concibió esta obra para ser única en el mundo, pues reuniría en un mismo espacio a las tres grandes ramas de las neurociencias: la neurocirugía, la neurología y la psiquiatría; proyecto sin precedentes, ya que no existía una institución de esta naturaleza.
Mostrando una amplia visión, capacidad e inteligencia, el Dr. Velasco Suárez logró conjuntar en el Instituto a expertos de diversas especialidades, todos ellos con entrenamientos completos en los mejores centros del extranjero en aquel momento. En los años previos a la constitución del Instituto, el Dr. Velasco Suárez incorporó al Dr. Gregorio González Mariscal -médico militar formado en Boston, en uno de los hospitales más importantes del mundo-, como jefe del servicio de neurocirugía; bajo la supervisión del Dr. Poppen, lo consiguió después de convencerlo de que saliera del Hospital Central Militar para unirse a él en esta gran empresa.
En el área de neurología, el primero en integrarse fue el Dr. Recaredo Rodríguez, quien contaba con un entrenamiento completo en la Unión Americana, y era un especialista cuidadoso y minucioso con vasta experiencia en trastornos de lenguaje. También resulta relevante la incorporación del Dr. Dionisio Nieto, neurólogo psiquiatra español exiliado en nuestro país, cuyo entrenamiento en Alemania lo convertía en una de las principales figuras de la neurología a nivel mundial. El Dr. Nieto aceptó unirse al Instituto por invitación del Dr. Velasco y estableció en él una escuela de psiquiatría excepcional.
Asimismo, el buen criterio del Dr. Velasco se hizo notar cuando contrató al Dr. Jesús Rodríguez Carbajal, quien acababa de terminar su entrenamiento en neuro-radiología, y que en los próximos años sería el creador de la famosa escuela de neuro-radiología que todos conocemos. Otros grandes aciertos fueron tener en el staff al primer neuropatólogo del país, el Dr. Juan Olvera Raviela, así como al Dr. David Lozano Elizondo, a su vez, pionero en la neuro-oftalmología en México; este último ha formado una gran escuela y afortunadamente aún nos acompaña. De igual forma, el Dr. Velasco le otorgó la jefatura del servicio de otoneurología al Dr. Andrés Bustamante B., quien fue no solo un dirigente destacado, sino un visionario extraordinario: bajo su jefatura se inició en el Instituto el uso del microscopio, el trabajo de laboratorio del hueso temporal, el tratamiento de espasmo hemifacial, entre otros. Legó el maestro Bustamante un reconocido servicio con prestigio tanto nacional como internacional y fue formador de nuevos especialistas.
El área de investigación estuvo a cargo de otra estrella, el Dr. Augusto Fernández Guardiola, quien fue por muchos años su director. A la fecha, esta área sigue siendo altamente productiva y ha tenido grandes logros en beneficio del Instituto y los pacientes. Los integrantes de esta “baraja de estrellas” forjaron lazos de amistad -algunos incluso se hicieron socios-, al tiempo que brindaban a los pacientes una atención de excelencia y a los jóvenes médicos un gran aprendizaje. Ellos fueron los fundadores de las múltiples especialidades que en la actualidad ofrece el Instituto, con el aval de la Universidad Nacional Autónoma de México. Solo alguien con la personalidad del Dr. Manuel Velasco lograría la integración de especialistas de este calibre y promovería su desarrollo. En suma, esto consolida al INNN como la cuna de las neurociencias en México y Latinoamérica.
Un punto importante desde la creación del Instituto -que no solo se focaliza en el estudio y la atención del enfermo neuro-psiquiátrico- es la formación de recursos humanos, expertos en la materia. Es así que desde entonces, en el INNN se han entrenado especialistas, no solo para el país, sino también para Latinoamérica. Personalmente, tuve el honor, suerte y gusto de conocer y trabajar con los pioneros del Instituto: eran un grupo extraordinario, cada uno con personalidad y características propias, pero todos comprometidos a ayudar a los enfermos, enseñar a los alumnos y, en algunos casos, promover la investigación.
Mención especial merece el maestro Francisco Escobedo Ríos, también fundador del Instituto, quien fue discípulo directo del Dr. Velasco, y se formó en el Hospital Juárez de México y en un posgrado en los Estados Unidos. El Dr. Escobedo fue el segundo director general y el más longevo -duró en el cargo trece años, hasta su renuncia-, y de él quisiera recordar una frase con respecto al Instituto: somos una gran familia. Por azares del destino, muchos de los fundadores se fueron del Instituto, y al tiempo, se fue diluyendo el ánimo fraterno entre los miembros, basado en el respeto, afecto y deseo de colaboración, así como en la búsqueda de lo mejor para el paciente y la enseñanza de los jóvenes. Desafortunadamente nos fuimos distanciando y con ello nuestra esencia también se disipó. De igual modo, el desarrollo de las especialidades, subespecialidades y el vasto desarrollo tecnológico con el que contamos actualmente intensificó nuestros egos, lo cual también contribuyó a alejarnos cada vez más.
Llego el momento en que todos los que conocimos y disfrutamos de esa gran época recuperemos lo que teníamos, para ello debemos hacer un análisis profundo de nuestras acciones y volver a pensar de modo plural y no individualista. Aprendamos a conjugar en nos y no en yo y logremos reactivar nuestra esencia para compartirla con nuestros pacientes y compañeros; eso hará que el Instituto siga creciendo en relevancia y sea motivo de orgullo, lo que contribuirá, a su vez, a la honra de nuestro México.
El Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía es un formador de recursos humanos y de investigación; no está diseñado para el manejo de grandes volúmenes de pacientes, pero sí para generar normas y directrices en beneficio de la atención de los enfermos del sistema nervioso.
En el futuro, el entrenamiento de nuevas generaciones deberá intensificarse, así como la investigación, publicaciones, y presencia del Instituto en foros nacionales e internacionales, esto lo afianzará como centro formador de neuroespecialistas, reconocimiento que desde siempre ha tenido.
Nuestro reto actual es el de recuperar la esencia del Instituto en beneficio de todos y cada uno de sus integrantes. ¿Cómo hacerlo? Yo creo que con el trabajo conjunto de todos, respeto y un incondicional deseo de colaboración que haga de lado toda diferencia, lo podemos lograr y con ello volver a sentir intensamente el orgullo de pertenecer a esta gran casa.









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