1. Introducción
El crecimiento demográfico y la urbanización se reconocen como megatendencias demográficas con importantes implicaciones para la sostenibilidad económica, social y ambiental en todo el mundo (Keesstra et al., 2016; McDonald et al., 2013; Dixon et al., 2018; Mosquera et al., 2021). Los cambios destructivos por fenómenos naturales se están convirtiendo en una nueva normalidad, su frecuencia y drasticidad se ha visto incrementada en la actualidad (Oliveret al., 2017; Érdi & Szvetelszky; 2022, Upadhyay, 2020). Además, se está produciendo una urbanización no planificada a medida que el cambio climático aumenta la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos que afectan a los centros urbanos (Dorling, 2021; Othman et al., 2023; Salcedo et al., 2022). De ahí que, la urbanización ha emergido como un factor clave del riesgo de desastres (Joshi et al., 2022); Li et al., 2021; Toulkeridis et al., 2020).
Los países en desarrollo son particularmente vulnerables porque todavía sufren enormes pérdidas económicas y daños ambientales debido a la tenencia informal de viviendas frágiles que en su mayoría están asentadas en sitios degradados con riesgos y limitaciones importantes (Mallma, 2021; Zhang et al., 2022). En América Latina suceden inundaciones y deslizamientos de tierras (Poveda et al., 2020; Valdes et al., 2021). De hecho, según es la segunda región más propensa a los desastres en el mundo siendo el más común las inundaciones (González et al., 2021; Ccopi et al., 2023; Orejuela & Toulkeridis, 2020).
El Ecuador, este es un país que se encuentra en una zona de alto riesgo por sismicidad, movimientos en masas e inundaciones (Toulkeridis & Zach, 2016; Toulkeridis et al., 2022; Mora et al., 2022). De hecho, en los últimos años el país ha estado sujeto a amenazas hidrometeorológicas, ya que la región es de convergencia intertropical (Salazar et al., 2020; Montenegro et al., 2022; Arias et al., 2021). En efecto los desastres en el Ecuador de acuerdo con el Plan de Desarrollo 2021-2025 contabiliza: 1.461 inundaciones, 11.336 incendios forestales, 4.157 deslizamientos y 113 actividades volcánicas, desde el 2017 al 2020. Eventos que se originan como consecuencia del crecimiento urbano desorganizado (Mera et al., 2023; Marcillo & Toulkeridis, 2023).
La débil atención institucional a través de la creación de políticas públicas, tiene como resultado el incremento prominente de índices de vulnerabilidad frente a las amenazas (Márquez y Zambrano, 2020, Bakkensen et al., 2016, Torres et al., 2022). La ineficaz e ineficiente gestión del riesgo impide la construcción y ejecución de verdaderos proyectos integrales que tiendan a mejorar la calidad de vida de los habitantes (Salazar et al., 2020). Si bien el enfoque de desarrollo y ordenamiento territorial está justificado en la legislación ecuatoriana, se puede decir que no está armonizado con las estrategias o políticas de gestión de riesgos y desastres, sobre todo en el proceso de diagnóstico de desarrollo y ordenamiento territorial, y está ausente en el modelo de propuesta y gestión (Guerrero & Luque, 2021; Cevallos y Montufar, 2022; Marcillo et al., 2021; Marcillo et al., 2022).
Lograr la resiliencia ante desastres implica la identificación y reducción del riesgo a través de medidas como mejorar la infraestructura, planificación del uso de la tierra y protección financiera (Ishiwatari et al., 2024). Para ello se requiere de medidas integradas e inclusivas que abarcan diferentes aspectos como lo económico, estructural, jurídico, social, sanitario, cultural, educativo, ambiental, tecnológico, político e institucional (Ballesteros et al., 2022). Estas medidas deben reducir la exposición a las amenazas, la vulnerabilidad a los desastres y aumentar la preparación para la respuesta y la recuperación para mejorar la resiliencia (Bello et al., 2020; Sandifer & Walker, 2018; Hernantes et al., 2017).
En referencia a lo anterior, la zona norte urbana del cantón Quevedo no es inmune a este problema. Como resultado de una gestión inadecuada del suelo se está provocando numerosos riesgos para la salud y la economía de la población. Las tres causas principales son la falta de organización, el control de la habitación humana y los cambios climáticos. Por ello el uso de prácticas sostenibles de gestión del suelo es esencial para reducir las zonas de riesgo, evitar daños a la salud de la población a lo largo del tiempo, perder diversidad, dañar los cultivos y frenar el crecimiento económico.
Es necesario profundizar en el análisis de las causas subyacentes del problema y proponer soluciones efectivas y sostenibles para lograr un manejo adecuado del suelo en la zona norte urbana de la ciudad. Por lo tanto, se propone el manejo sostenible del uso y gestión del suelo que contribuyan a reducir las áreas de riesgos en la zona norte urbana del cantón Quevedo.
2. Metodología
2.1 Localización del sitio de estudio
El estudio se desarrolló en la zona norte del cantón Quevedo, integrada por las parroquias urbanas: Venus del Río Quevedo, Nicolás Infante Díaz, 24 de Mayo, San Cristóbal y la parroquia matriz (cabecera cantonal) (Figura 1).
2.2 Tipo y enfoque de la investigación
La investigación fue de tipo descriptiva-explicativa, con un enfoque basado en el conocimiento y análisis de los riesgos de deslizamientos de tierra e inundaciones; así como la propuesta de prácticas de manejo sostenible del suelo para la minimización de riesgos territoriales.
2.3 Población y muestra
Según el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial del GAD Municipal de Quevedo, la población global de las parroquias en estudio, correspondiente al censo poblacional del año 2022, fue de 106.200 habitantes (Tabla 1).
Tabla 1 Población de la zona norte urbana de Quevedo
| Parroquias | Habitantes por año | ||||
| 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | 2023 | |
| Venus de río Quevedo | 27765 | 28509 | 29152 | 29809 | 30482 |
| 24 de Mayo | 19510 | 20033 | 20485 | 20947 | 21419 |
| Nicolás Infante Díaz | 10733 | 11021 | 11270 | 11524 | 11784 |
| San Cristóbal | 25533 | 26217 | 26808 | 27413 | 28031 |
| Quevedo | 15375 | 15787 | 16143 | 16507 | 16879 |
| Total | 98917 | 101567 | 103858 | 106200 | 108595 |
El cálculo de la muestra poblacional se realizó aplicando una fórmula matemática, con un nivel de confianza del 95% (Assuah et al., 2022). Ecuación 1:
Dónde:
n = Muestra (¿?)
Z2 = Confiabilidad (95%)
P = Probabilidad de que ocurra (50%)
Q = Probabilidad de que no ocurra (50%)
N = Población (106.200 habitantes)
e2 = Error de la muestra (5%)
2.4 Recopilación de datos
Se acudió al Departamento de Planeamiento Urbano y Unidad de Gestión de Riesgos del GAD Municipal de Quevedo, para recopilar información referente a la gestión de riesgos, entre ellos el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial enfocado al componente Biofísico, de donde se extrajo datos relativos al clima, uso del suelo, agua y aire. También se obtuvo datos sobre el componente de asentamientos humanos: densidad poblacional e infraestructura. Además, se realizó un levantamiento de datos en los sitios de deslizamientos de tierra e inundaciones. Para este procedimiento se utilizó un equipo tecnológico equipado con un Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) para la georreferenciación de los sitios levantados. Los datos levantados fueron: nombre de los sectores, coordenadas en sistema Universal Transversal de Mercator (UTM), tipo de afectación y nombre de la parroquia. Esta información fue gestionada a través del uso de un Sistema de Información Geográfica (SIG).
También se realizó el levantamiento de las encuestas a los habitantes de cada una de las parroquias, mediante el uso de un cuestionario de Google Form. Este instrumento fue remitido a cada habitante a través del uso de canales digitales.
2.5 Análisis de datos
La gestión eficiente de datos se llevó a cabo mediante el empleo de herramientas informáticas de código abierto. Se utilizaron softwares para el procesamiento de texto (Office Word), tabulación de datos (Office Excel), análisis estadísticos (IBM SPSS Statistics 25). También se incorporó tecnologías geoespaciales (ArcGIS 10.5 y Google Earth), para la exploración y visualización de datos en contextos geográficos, proporcionando una perspectiva espacial a la investigación. Para determinar la fiabilidad del cuestionario se calculó el coeficiente Alpha de Cronbach (Tavakol & Dennick, 2011; Rodríguez & Reguant, 2020), en el software IBM SPSS Statistics, de acuerdo con la Ecuación 2:
Siendo así, k el número de ítems del instrumento, la varianza de las puntuaciones en el ítem i, y la varianza de las puntuaciones totales del cuestionario.
3. Resultados
3.1 Uso, gestión y vulnerabilidad de suelos a deslizamientos de tierra
Las áreas afectadas por deslizamientos de tierra en la parroquia urbana 24 de Mayo, fueron los sectores: Cementerio, Loreto y San Rafael, con una población vulnerable de 226 habitantes, en un área de 3 ha (Figura 2). En la parroquia San Cristóbal la vulnerabilidad fue superior en: Baldramina, Fabela, Ciudad del Sol y El mirador; con 120 habitantes expuestos a esta amenaza, y 12 ha de afectación (Figura 3). En la Venus del Río Quevedo, se observan cinco sectores con vulnerabilidad por deslizamientos: Ciudad del Norte, Bienestar Social, El Grito y Paquisha, con una población expuesta de 680 habitantes, y 1 ha de afectación (Figura 4). En la parroquia Nicolás Infante Díaz, se detectaron cinco sectores afectados: La Huecada, La Chanchera, 24 de Mayo, Playa Grande y Los Rosales, con 430 habitantes afectados y una superficie de 2 ha (Figura 5). En la zona matriz de Quevedo se detectó afectaciones por deslizamientos en el sector: centro, ladera del cementerio, Bellavista, atrás de la planta de agua potable, Hotel del Río y Concha Acústica, con una afectación de 357 personas y 5 ha (Figura 6) (Tabla 2).
Tabla 2 Zonas propensas a deslizamientos y número de manzanas afectadas
| N° | Parroquias | Superficie (ha) | Superficie susceptible a deslizamientos | Número de manzanas afectadas directamente |
| 1 | Quevedo Centro | 150,60 | 5 | 5 |
| 2 | San Cristóbal | 1215,61 | 12 | 12 |
| 3 | 24 de mayo | 488,78 | 3 | 3 |
| 4 | Venus del Río | 550,45 | 1 | 1 |
| 5 | Nicolás Infante Díaz | 495,71 | 2 | 4 |
| Total | 2901,15 | 23 | 25 |
En torno a las mingas de limpieza, el 32% de las encuestas revelan que rara vez se efectúa el saneamiento de canales, canaletas, esteros y de zonas propensas a inundación; seguido del 31%, que muestra la no realización de esta actividad de limpieza; además, el 29% de los ciudadanos manifestó tener un escaso conocimiento sobre realización de estas mingas; por otro lado, el 8% de las encuestan indican que estas labores se realizan frecuentemente. Respecto a las prácticas de manejo sostenible del suelo, el 38,9% de la población menciona que rara vez han sido instruidos sobre alguna práctica de manejo sostenible del suelo que contribuya a reducir las áreas de riesgo; mientras que el 38,6% nunca ha conocido alguna práctica similar; por otra parte, el 15% de los residentes mantienen una condición neutral sobre el conocimiento de este tipo de prácticas, seguido por el 6% que con frecuencia adquiere conocimiento sobre alguna práctica de manejo del suelo, y apenas el 2% manifestó tener conocimientos consolidados sobre tales prácticas.
En lo relacionado a la competencia de ordenamiento territorial, el 33% de los ciudadanos indicó que rara vez el gobierno descentralizado ha puesto en práctica sus competencias de ordenamiento territorial y gestión de riesgos; en cambio, el 28% reveló que el municipio nunca ha ejecutado las competencias en esta materia, seguido por el 25% que desconoce sobre este particular; a diferencia del 10% de los residentes que consideran que el GAD toma competencia sobre este aspecto a menudo, y por último, el 4% de los encuestados indicó que el gobierno descentralizado siempre toma competencias sobre este asunto. En razón al uso, gestión y vulnerabilidad del suelo en la zona norte urbana de Quevedo, se observó que el nivel bajo prevalece con un 63%, seguido por el nivel medio con un total del 29%, y por último el nivel alto con el 8%.
3.2 Vulnerabilidad del suelo a inundaciones en base a niveles de riesgos naturales, antrópicos y sociales
La parroquia San Cristóbal se sitúa al margen derecho del río Quevedo, por tanto, se observa que las áreas afectadas por inundación se encuentran colindantes al cauce del río. La población y territorio expuestos a esta amenaza es de 7.067 habitantes y 105 ha, en orden (Figura 7). Por su parte, la parroquia Venus del Río Quevedo presenta zonas de alto riesgo a inundaciones en los sectores: Comunidad Sucre, La Floresta, El Grito, Las Luces y Nuevo Amanecer. La población expuesta a inundaciones en esta parroquia es de 1.394 habitantes, y una extensión territorial afectada de 40 ha (Figura 8). En cambio, la parroquia 24 de Mayo evidencia zonas de alta afectación por inundaciones en los sectores: San Rafael, Luis Noboa, Juan de Dios, 21 de enero, Loreto, y atrás del terminal terrestre, con una población expuesta de 6,695 habitantes y 8 ha anegadas (Figura 9). La parroquia Nicolás Infante Díaz, presenta varios sitios de afectación por inundaciones, entre los sectores más perjudicados están: las Brisas, el estero a la bajada a Playa Grande desde la falda de la loma y la cancha del Dr. Pincay, hasta el nuevo acceso a playa Grande. En estos sitios la población expuesta corresponde a 62 habitantes, y una extensión de 10 ha (Figura 10) (Tabla 3).
Tabla 3 Zonas propensas a inundaciones y número de manzanas afectadas
| N° | Parroquias | Superficie (ha) | Superficie susceptible a inundaciones (ha) | Número de manzanas afectadas |
| 1 | Quevedo Centro | 150,60 | 0 | 0 |
| 2 | San Cristóbal | 1215,61 | 105 | 140 |
| 3 | 24 de Mayo | 488,78 | 8 | 86 |
| 4 | Venus del Río | 550,45 | 40 | 118 |
| 5 | Nicolás Infante Díaz | 495,71 | 10 | 17 |
| Total | 2901,15 | 163 | 361 |
La labor realizada por el GAD Municipal respecto a la legalización de terrenos en zonas de riesgo es muy deficiente, dado que el 41% de los residentes de estas áreas nunca han recibido alguna capacitación o información por parte de esta entidad pública, mientras que apenas un 30% indican haber recibido alguna vez algún tipo de instrucción al respecto. En la preparación de los habitantes sobre atención de emergencias, se observó que el 70% de los residentes de estas zonas nunca han sido informados sobre los mecanismos de acción a considerar para enfrentar riesgos. De igual forma, se evidenció que el 43% de los habitantes nunca han recibido información sobre los tipos de riesgos predominantes en su sector. Además, se consultó a los habitantes de estas zonas de riesgo sobre la posibilidad de acogerse a una reubicación en caso de emergencias, a lo cual el 43% indicó que rara vez considerarían la opción de reubicación; por otra parte, un 29% estimó como nula dicha posibilidad. En cuanto al uso de suelo a niveles de riesgos, se obtuvo que el 72% de los habitantes consultados consideran un riesgo bajo por estas causas, seguido de un 20% para riesgo alto y el 9% para riesgo medio.
3.3 Alternativa de remediación para disminuir los riesgos ambientales en suelos vulnerables
El 48% de los individuos consultados indicó que nunca se han realizado proyectos de infraestructura para reducir los riesgos, seguido de un 42% que indicó que rara vez han ejecutado este tipo de proyectos. Por su parte, nunca (64%) se han desarrollo de programas informativos con plantas vetiver para la prevención de riesgos en estas zonas, y apenas un 24% de los habitantes indican que rara vez se ha promovido este tipo de iniciativas. El nivel de organización de la población para la aplicación de proyectos de remediación es muy deficiente, al punto que el 61% de los habitantes mencionan nunca haberse organizados para este tipo de proyectos, mientras que apenas el 25% indica haber tenido algún tipo de organización al respecto. También se identificó que es necesario aplicar alternativas de remediación para disminuir los riesgos ambientales en suelos vulnerables, dado que el nivel de aplicación en sectores de alto riesgo es muy bajo (89%).
El proyecto de remediación y fortalecimiento mediante el uso de plantas vetiver se hace necesario de acuerdo a la encuesta realizada a la población de las parroquias afectadas (Figura 11). Al mismo tiempo que se debe dotar de una herramienta de planificación local para la Reducción de Riesgos de Desastres (RRD) de una manera transversal para el Gobierno Autónomo Descentralizado de Quevedo, que articule políticas públicas eficientes, de acuerdo a sus competencias. Los instrumentos de planificación local como el: Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT) y el Plan de Uso y Gestión de Suelo (PUGS), incluyendo lineamientos y directrices del ente rector en la materia, como es el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (SNGRE).
3.4 Relación de la densidad poblacional de las parroquias urbanas de la zona norte y la problemática de deslizamientos e inundaciones
Las áreas afectadas por inundaciones corresponden a las parroquias urbanas: San Cristóbal, Nicolás Infante Díaz, Venus del Río Quevedo y 24 de Mayo. La población expuesta a esta amenaza es de 15.218 habitantes, en un área total de 163 ha, según datos generados por el geoprocesamiento (Figura 12).
Las zonas afectadas por los deslizamientos de tierra atañen a las diferentes zonas urbanas de las parroquias: San Cristóbal, Nicolás Infante Díaz, Venus del Río Quevedo, 24 de Mayo y Quevedo Centro (cabecera cantonal). En estos sectores la población expuesta a esta amenaza corresponde a 1.706 habitantes, que residen en un espacio territorial de 23 ha (Figura 13).
4. Discusión
La vulnerabilidad del suelo a los deslizamientos de tierra en la zona norte urbana del cantón Quevedo se extiende en un total de 23 ha, distribuidas principalmente en la parroquia San Cristóbal (52,17%), en la margen derecha del afluente principal. En esta área del territorio existen viviendas localizadas en terrenos con pendientes superiores al 25%, sin ninguna planificación previa. Por otra parte, se observa la presencia de afluentes y mínima presencia de árboles, que sumado a la débil estructura y permeabilidad del suelo acrecientan aún más el riesgo de los deslizamientos. De ahí, que la distribución espacial y los patrones temporales de inestabilidad de laderas pueden relacionarse con un conjunto complejo de factores naturales y antropogénicos responsables de generar daños (Pereira et al., 2020). La vulnerabilidad humana a riesgo de deslizamientos de tierra también depende del comportamiento humano, incluidos factores que son difíciles de medir, como el conocimiento previo de los peligros, la conciencia de la situación y la capacidad de toma de decisiones (Pollock y Wartman, 2020). Es necesario mencionar que la cubierta forestal protege la ladera montañosa de los procesos de erosión y desgaste en masa, ya que las raíces sostienen el suelo subyacente y mantienen la pendiente estable (Baque, 2023). El aumento del crecimiento demográfico ha aumentado la demanda de madera y tierra para alimentos, lo que ha perturbado la pendiente de casi todas las regiones del mundo y ha provocado la inestabilidad de las pendientes (Rahman et al., 2022).
Evadir y reducir los impactos de los peligros de deslizamientos de tierra es posible con la educación y la concienciación de las personas de la comunidad, mirando la historia del peligro para evitar tales áreas propensas (González y Flórez, 2022). La planificación del uso de la tierra, las políticas y la implementación de la regulación a través del gobierno local pueden reducir el riesgo de tales peligros, y la intervención del gobierno a este respecto (Rahman et al., 2022).
La susceptibilidad a los deslizamientos de tierra tiene efectos negativos directos en la población residente en esta zona urbana (1.813 habitantes), siendo la parroquia Venus del Río Quevedo la de mayor población afectada (37,50%). Los habitantes de estas zonas de la urbe a menudo están expuestos al deterioro de sus viviendas por desprendimientos inusuales del terreno, especialmente en las zonas más empinadas y con escasa o nula vegetación. Esto se relaciona con el bajo nivel de servicios básicos de estos barrios, y el nivel de pobreza generalizada existente, sumado a los altos niveles de delincuencia. El riesgo de deslizamientos de tierra está influenciado por varios sistemas geofísicos dinámicos (por ejemplo, procesos de deslizamiento de tierra, magnitud de deslizamiento de tierra, condiciones desencadenantes, entornos geológicos y geomorfológicos) (Alcántara-Ayala, 2020) y sociales (por ejemplo, población, ingresos, educación, vulnerabilidad social) (Aversa et al., 2020), cuyas relaciones deben abordarse cuidadosamente tanto en el espacio como en el tiempo, para contribuir a una planificación urbana eficaz (Pereira et al., 2020), que incorpore a más de la protección civil de infraestructuras, el uso de la tierra y la resistencia de las edificaciones; también utilice una zonificación adecuada, que integre aspectos geográficas, geológicas, geomorfológicas e hidrográficas del territorio (Rivera, 2023). Esto permitirá reducir el número de personas afectadas, muertes, y pérdidas económicas (Castillo, 2023).
La gestión de esta amenaza por parte de la autoridad municipal de turno ha sido muy baja (63%) a nivel urbano, en comparación con el sector rural, en donde la intervención del gobierno provincial ha sido fundamental para la prevención de deslizamientos en zonas de alta pendiente: barrancos, orillas de esteros y ríos. Por tanto, es esencial desarrollar nuevas metodologías para sintetizar las dimensiones del riesgo y contribuir a la gestión del riesgo de deslizamientos de tierra a nivel municipal (Puente et al., 2023). Además, es importante que dentro del desarrollo urbanístico se considere la planificación de gestión de la vulnerabilidad de los suelos (Bello et al., 2020), sobre todo en zonas con características de alta densidad poblacional, presencia de terrenos escarpados y ausencia de vegetación (Mora et al., 2020). En un sentido similar, (Chaparro et al., 2023) confirma que la ocupación de zonas de alto riesgo se debe a la informalidad urbana y a la falta de lineamientos de planeación urbana. La informalidad es un problema inherente a La Quebrada del Diablo y una de las barreras para la gestión del riesgo de desastres, a lo que se suma la baja participación ciudadana y la falta de planes y programas para la prevención y reducción del riesgo de desastres.
La vulnerabilidad a inundaciones en el territorio de la zona norte de Quevedo abarca alrededor de 163 ha, que comprenden en gran parte a la parroquia San Cristóbal, con un 64,42% del total. Las zonas inundables en esta parroquia de la urbe guardan una estrecha relación con la presencia del afluente principal, que atraviesa el territorio en sentido sur-noroeste, sitio en el que se ha asentado una considerable proporción de la población. Esto se debe a que la urbanización y la expansión urbana que inducen el desarrollo de llanuras aluviales son inevitables (Burgos et al., 2019). Algunas investigaciones han enfatizado que los cambios en la cobertura vegetal causan un mayor riesgo de inundaciones, particularmente los efectos de la deforestación sobre los caudales máximos (Jaraba et al., 2021), la descarga de escorrentía de las inundaciones (Cajigal y Maldonado, 2019), la magnitud y frecuencia de las inundaciones (Alburquerque et al., 2022). Por su parte, los asentamientos y comunidades de La Quebrada del Diablo están construidos a orillas de un arroyo, lo que no es adecuado para una zona residencial. Este proceso es el resultado de la pobreza, la informalidad y la falta de regulación de los programas de ordenamiento territorial (Neva et al., 2020). Como resultado de esta zona inestable, aumentan los impactos de diferentes eventos, principalmente las inundaciones (Chaparro et al., 2023).
La población afectada por las inundaciones en esta zona de Quevedo corresponde a un total de 15.218 habitantes, distribuidos mayoritariamente (90,43%) en las parroquias San Cristóbal y 24 de mayo. Dado que el conocimiento sobre el riesgo de inundaciones es necesario para que una planificación resiliente a los desastres (Chang et al., 2017), abordar el riesgo de inundaciones adecuadamente es un requisito previo a la planificación urbana (Atencia et al., 2022), pero aún no se ha realizado adecuadamente, por lo que aún se pueden observar diversas afectaciones por esta amenaza, caracterizadas por un débil capacidad de respuesta de la ciudadanía y las autoridades. Esto deja entrever la imperante necesidad de buscar un modelo de desarrollo sostenible, que busque planificar una ciudad organizada, previendo este tipo de desastres en el mediano y largo plazo.
Las inundaciones en áreas urbanas son un desastre frecuente, natural o provocado por el hombre. Una de las formas más comunes en que la actividad humana causa desastres por inundaciones es a través del proceso de crecimiento urbano dentro de las llanuras de inundación (Chang et al., 2017). Esto se asemeja mucho a la realidad de la zona norte de Quevedo, en donde la población durante la última década se ha incrementado abruptamente. La rápida urbanización y la carente planificación en las llanuras de inundación tienden a aumentar el número de personas expuestas con mayor frecuencia a los peligros de inundación (Miladan et al., 2019), lo que requiere la integración de la gestión del riesgo de inundaciones en la planificación urbana regular (Sánchez, 2021).
La mayor parte de la población local (72%) evidencia un bajo conocimiento en cuanto al uso del suelo en base a los riesgos existentes. Esto explica por qué muchas de las viviendas de los sectores vulnerables a inundaciones han sido asentadas en sitios de alto riesgo: al margen de ríos y esteros, y en áreas contiguas a acequias o pantanos. En contraste, las experiencias con intervenciones estructurales de control de inundaciones han dado paso a nuevos conocimientos (Márquez y Zambrano, 2020), que son una combinación de medidas estructurales y no estructurales de mitigación del riesgo de inundaciones dependiendo de las necesidades locales o regionales específicas (Baky et al., 2020). Por otra parte, la mayoría de la población es consciente de que vive en una zona de riesgo (Chaparro et al., 2023). En el Asentamiento Humano El Mirador (AHEM), el 78,8% era consciente de la realidad de la zona, mientras que en la Asociación La Florida (ALF) el porcentaje era superior, del 82,7%. Con esta afirmación se preguntó si la población estaba preparada para los riesgos asociados a vivir en la zona, y se comprobó que sólo la mitad de la población había recibido algún tipo de formación por parte de las autoridades (Cutipa et al., 2024).
5. Conclusiones
Los deslizamientos de tierra en la zona norte del cantón Quevedo se manifiestan dentro de un área de 23 ha de territorio urbano, afectando de forma directa a una población de 1.706 residentes. Entre los sectores más afectados por este riesgo, están: Baldramina, La Fabela, Ciudad del Sol y El mirador de la parroquia San Cristóbal. En esta zona es común observar la presencia de asentamientos humanos en laderas inestables y terrenos con pendiente pronunciada. La inestabilidad de las laderas ocasionada por la modificación de la estructura del suelo, a causa de las edificaciones y la tala de árboles, sumado a la incidencia de altas precipitaciones, ocasionan que el riesgo de deslizamiento de tierra en esta sección del territorio de Quevedo se manifieste con mayor frecuencia e intensidad. Esta situación se agrava aún más debido a la ausencia de políticas públicas de planificación territorial sostenibles, que garanticen la preservación de las zonas de laderas, como áreas sensibles y libres de asentamientos humanos, y al mismo tiempo que sostengan su protección.
El riesgo de inundaciones en la zona norte de Quevedo se presenta en un área urbana de 163 ha, con afectación directa a 15.218 habitantes, siendo los sectores más perjudicados: La Playita de Jaime, Ruta del Río, Pital y Playa Grande, pertenecientes a la parroquia San Cristóbal y Nicolás Infante Díaz. La presencia de viviendas en zonas ribereñas (en una franja >200 metros), cercanas a las márgenes del río principal ha ocasionado que el riesgo por inundación se mantenga a lo largo del tiempo, y genere efectos perjudiciales en la población local, principalmente pérdidas de bienes materiales, vidas humanas y animales, así como el brote de enfermedades. Las actividades extractivas de material pétreo aguas arriba del cauce y la deforestación de las zonas ribereñas del río, así como la modificación de las áreas inmediatas al afluente por las infraestructuras de viviendas y zonas comerciales han generado que el alcance del flujo y la corriente de agua sea aún mayor, dando paso a eventos de inundación en épocas de intensa lluvia.
Otra de las áreas propensas a inundación se localiza en el sector El Pantano de la parroquia San Cristóbal, en dónde el desarrollo de asentamientos humanos en una zona pantanosa y anegada por lagunas de oxidación (abandonadas), han dado lugar a la presencia de fuertes eventos de inundación durante la época de lluvias, lo cual es causante de innumerables malestares en la población residente, entre ellos: la producción de enfermedades virales debido a la proliferación de vectores, el deterioro de la estructura de viviendas y comercios. La existencia de esta zona de alto riesgo tuvo lugar debido a un débil control regulatorio por parte de la autoridad municipal en lo que respecta al otorgamiento de permisos de construcción en esta zona, y la carencia de un ordenamiento territorial oportuno.
La presencia de área sensibles a inundaciones y deslizamientos de tierra en la zona norte de Quevedo demuestra la preexistencia de un modelo de ordenamiento territorial inadecuado, que no prioriza el bienestar humano, la capacidad de uso de la tierra y la conservación de los recursos naturales; generando así presiones en el territorio debido a un cúmulo de actividades antropogénicas, factores sociales y ambientales débilmente gestionados. Por consiguiente, es crucial considerar en estas zonas, una planificación del territorio que considere las aptitudes y capacidad del uso actual del suelo, el uso de prácticas de manejo sostenible, y la definición de políticas de planificación urbana y agrícola que tomen en cuenta la fragilidad de los suelos ante factores ambientales y antropogénicos. Esto resalta la necesidad de una colaboración interdisciplinaria y la participación de la comunidad residente, que garantice un enfoque equilibrado, que proteja los recursos naturales del territorio, preserve las diferentes formas de vida y promueva la resiliencia a largo plazo.
Las políticas públicas implementadas hasta la fecha han contribuido en cierta medida a abordar la vulnerabilidad del sector urbano del norte de Quevedo; sin embargo, queda claro que la complejidad de los desafíos ambientales y la necesidad de una remediación efectiva de suelos vulnerables requieren un enfoque multidisciplinario y colaborativo. Ante esta situación, la alternativa de remediación basada en la repotenciación y fortalecimiento de las laderas con siembra de plantas vetiver, y la reforestación de las riberas del río con vegetación nativa, ofrece un enfoque prometedor para mitigar los riesgos por inundación y deslizamientos de tierra. La colaboración de expertos en ciencias del suelo, ecología, ingeniería ambiental y gestión de riesgos es vital para garantizar el éxito de esta estrategia. Además, es esencial involucrar activamente a la comunidad para asegurar que la alternativa sea socialmente aceptable y sostenible a largo plazo.










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