Introducción
El planeta se encuentra en una profunda crisis de civilización, compleja desde su origen al ser producto de la forma en que lo habitamos debido a que las distintas problemáticas; sociales, económicas, culturales, ambientales, políticas, entre otras, no se encuentran aisladas, por el contrario, brotan entrelazadas unas con otras como una especie de telaraña imposible de separar. Ejemplo de ello es la pobreza, ya que “no es casualidad que los índices de pobreza multidimensional se encuentren al alza en las zonas de tercer mundo, mismas que son las que presentan mayor riqueza biocultural” (Mares, 2021, p. 110). Según The 2019 Global Multidimensional Poverty Index (MPI), 1.3 billones de personas (23.1%) son pobres multidimensionales y en su mayoría viven en países de ingresos medios. Asimismo, se cree que las zonas con mayor pobreza son los escenarios de mayor impacto, sin embargo, el “IPBES Global Assessment Preview 2019 asevera que el 75% del medio ambiente terrestre y 66% del medio marino han sido alterados significativamente por la acción humana” (Mares, 2021, p. 110), particularmente por las industrias de primer mundo, mientras que estas tendencias han sido menos severas en áreas donde habitan pueblos indígenas y comunidades locales (Mares, 2021).
Lo anterior muestra la necesidad de un cambio de paradigmas tanto en la ciencia, como en las formas en que habitamos el planeta y las relaciones que construimos a través de él, precisando nuevas miradas, con una perspectiva más compleja, que permita articular distintos enfoques epistemológicos para comprender la realidad desde todas sus vertientes. Existen diferentes posibilidades para abordar la problemática socioambiental, mediante diversas dimensiones: económicas, sociales, ambientales, culturales, tecnológicas, entre otras (Reyes, Castro y Padilla, 2017).
Para este estudio nos basaremos en la comunicación ambiental, desde una visión interdisciplinar que permita comprender la relevancia de la investigación en comunicación como eje central para la mitigación de esta crisis. De manera que, se articulan reflexiones teóricas desde las disciplinas ambientales y comunicativas, generando un enramado entre la comunicación, la educación ambiental, la complejidad y la territorialidad. Esta perspectiva interdisciplinaria nos permite comprender a la sociedad como una cultura ambiental que habita al mundo adaptativamente desde la colaboración y la acción colectiva, ello a través de la comunicación ambiental, entendida como un campo emergente, central para un nuevo paradigma social (Aparicio y Castro, 2019).
El objetivo del presente trabajo es articular los distintos conceptos antes mencionados para construir una postura de la comunicación ambiental que responda a las necesidades contextuales de la sociedad ante esta crisis de civilización, donde la propia ciudadanía sea eje central de la toma de decisiones del espacio que habita. Para lograrlo se elaboró un análisis relacional deductivo, donde el campo de la comunicación y la educación ambiental se reflexionó mediante constructos teóricos que presentan postulados similares pero que pocas veces han dialogado con el otro campo de conocimiento.
Entre los hallazgos principales se identifica a la comunicación ambiental como un eje potenciador de cambio de paradigma social, siendo la investigación en comunicación y la educación ambiental campos dialogantes para la resignificación del planeta de formas más adaptativas, respetando la diversidad biocultural.
Estado del arte
La comunicación ambiental ha sido poco profundizada como un eje central para la transformación de la realidad, aunado a ello, estas reflexiones circulan más entre los propios investigadores o como una divulgación de la ciencia, pero no como una postura teórico-práctica donde cada sujeto es actor central de su contexto. Castillo (2015) expresa que se produce una alta cantidad de información científica, pero que la gran mayoría circula solo en la comunidad científica, misma que se encuentra encerrada en un círculo elitista y limitado a quienes puedan acceder a dichas producciones o quienes logren comprender el lenguaje técnico y especialista. Todo este bagaje de conocimientos pudiera ayudar en la resolución de problemas socioambientales, sin embargo, su acercamiento a los contextos y realidades es efímero.
Así, diversos estudios han abordado a la comunicación ambiental de manera interdisciplinar (Amador y Muñoz, 2018; Amico, Olivera y Zeler, 2020; Arias y Rosales; 2019; Barranquero, 2019; Billi, Urquiza y Feres; 2017; Teso-Alonso y Lozano, 2022). Unos desde la comunicación (Amico, Olivera y Zeler, 2020; Barranquero, 2019; Teso y Lozano, 2022) y otros desde la educación ambiental (Amador y Muñoz, 2018; Arias y Rosales; 2019; Billi, Urquiza y Feres; 2017).
La mayoría de los autores utiliza la comunicación ambiental para construir el análisis del discurso (Amico, Olivera y Zeler, 2020; Arias y Rosales; 2019; Billi, Urquiza y Feres; 2017; Teso-Alonso y Lozano, 2022). Mientras que, Barranquero (2019) diseña un modelo de análisis de la acción y participación relacionando a la comunicación ambienta con la comunicación, la ciudadanía y el cambio social. Por otro lado, pocos son los abordajes teóricos de la comunicación ambiental, ejemplo de ello son Amador y Muñoz (2018), quienes realizan aportes a la reconfiguración del campo mediante su relación con la cosmovisión del Abya Yala, la educación popular y la educomunicación.
Entre los resultados obtenidos en estos trabajos, se puede concluir que el campo de la comunicación ambiental suele ser construido desde uno de los dos campos, en la comunicación sus abordajes suelen ser en las redes sociales (Amico, Olivera y Zeler, 2020; Teso-Alonso y Lozano, 2022) o en las mediaciones (Barranquero, 2019). Por su parte, en la educación ambiental, es más diversa la aproximación de la comunicación ambiental, desde análisis del discurso en programas educativos (Arias y Rosales; 2019), hasta críticas a los medios masivos (Billi, Urquiza y Feres; 2017;) o aproximaciones teórico-prácticas (Amador y Muñoz, 2018).
Por otro lado, existen abordajes de la comunicación ambiental en medios de comunicación tradicionales, tales como Badillo-Mendoza, Vélez-Ortiz y Salgado-Quintero (2021), Cervantes (2015), González (2007) y Paláu (2019). Dichos autores ahondan el papel de los medios de comunicación masiva en la construcción de una cultura ambiental, mediante el análisis de los contenidos ambientales emitidos a las audiencias. Encontrando que, las empresas de medios de comunicación descalifican los problemas ambientales (Paláu, 2019); incluso se vive una ausencia de programas televisivos ambientales y en los pocos espacios con temática ambiental predomina el discurso reduccionista y simplista, sin explicar la complejidad de los problemas ambientales mencionados (González, 2007). Aunado a ello, los medios de comunicación no se utilizan para formar una cultura del cuidado del ambiente en las audiencias limitándose a informar sobre temas aislados o a concientizar a las personas, pero sin profundizar o acercar a la ciudadanía a responder con acciones y participación en defensa del medio ambiente donde habita (Cervantes, 2015). Por lo que, los medios de comunicación se han edificado en una comunicación hegemónica e instrumental, con estrategias de carácter difusional (Badillo-Mendoza, Vélez-Ortiz y Salgado-Quintero, 2021).
Marco teórico y contextual
Como antes se mencionó, en este estudio la comunicación ambiental se aborda como un eje interdisciplinar para abordar la complejidad de las distintas realidades. Para ello se analiza la interdisciplinariedad, entendida como la integración de conocimiento y modos de pensamiento de diversas disciplinas que permiten construir avances cognitivos para abordar las realidades desde diversas esferas. Por lo que, las disciplinas se encuentran íntimamente relacionadas, dialogando entre ellas desde sus principios. Tal como afirma García (2011), la realidad misma es interdisciplinaria, pues no presenta sus problemas clasificados según las disciplinas que se han construido en la historia de la ciencia. Así, abordamos la realidad de forma interdisciplinar, desde la perspectiva de la comunicación ambiental, a través de la integración de campos de conocimiento mediante la articulación de constructos que navegan entre éstas, abordando la comunicación estratégica (Massoni, 2007), la cibercultur@ (Mass, Amozurrutia, y González; 2015), la comunicación evolutiva (Lull, 2020), la pedagogía ambiental (Reyes, Castro y Padilla, 2017), el pensamiento ambiental complejo (Noguera y Pineda, 2011), la cultura ambiental (Aparicio y Castro, 2019), la territorialidad (Escobar, 2015) y la acción social (Caride, 2006).
Asimismo, es necesario precisar que la complejidad es abordada desde una perspectiva ambiental, ya que esta visión de la complejidad hace énfasis en que las formas de apropiación del mundo y de la naturaleza ha sido a través de las relaciones de poder que se han inscrito en las formas dominantes de conocimiento. Por lo que, el pensamiento ambiental complejo busca la reintegración del mundo a través de la conjunción de las disciplinas y saberes, no solo científicos, sino dándole la importancia que requieren los saberes locales (Leff, 2012).
Específicamente en el campo de la comunicación, Sandra Massoni (2007) afirma que las teorías clásicas:
“remiten inmediatamente a un recorte de lo comunicacional que se centra en lo comunicativo;
no abordan o descartan el espesor de lo comunicacional;
no captan lo fluido;
son dualistas, piensan en lo simbólico escindido de lo material;
operan en un registro de descripción de lo dado más que en el de una inteligibilidad que resolver” (p. 159).
Relacionando lo anterior, Mass, Amozurrutia, y González (2015) mencionan que el abordaje de producción científica, desde las perspectivas clásicas, ha fragmentado el oficio del comunicador al generar conocimiento que débilmente aporta a la resolución de problemas complejos de la realidad socioambiental, ya que se aborda de manera reduccionista y lineal. En cambio, desde la KC@ se inicia una cultura de investigación distinta, que implica convertir problemas prácticos en problemas de investigación, incorporando la epistemología genética, tocando el imaginario de nuevos interlocutores que abren posibilidades teórico-metodológicas para re velar e intervenir en procesos de transformación social desde una mirada interdisciplinaria, sistémica y compleja. De manera similar, la ce aborda las investigaciones desde una perspectiva no dualista, incorporando la complejidad de los fenómenos y la fluidez de las realidades para generar una transformación constante, lo que requiere una mirada transdisciplinaria, concentrada en lo situacional, que recupere a los actores como núcleo articulador del conocimiento (Massoni, 2007). Relacionado con estas teorías, la comunicación ambiental busca construir desde la participación colegiada de distintos sectores de la sociedad una cultura participativa y comunicativa que ayude a conformar una ciudadanía en pro del medio ambiente y de la propia sociedad (Carabaza, 2009).
Con ello podemos inferir que la incorporación de la capacidad constructiva de los diferentes sujetos sociales en su devenir implica la identificación de los actores de determinado contexto y las acciones que éstos realizan en torno a la problemática (Massoni, 2007). Esto se puede relacionar con los niveles de educación ambiental de Reyes y Castro (2018) quienes dicen que no basta con acercar la información a las personas, lo más relevante es que los sujetos se apropien del conocimiento y puedan aplicarlo a su realidad.
Estos niveles de educación ambiental permiten aterrizar las acciones que las y los investigadores en comunicación realizan con la sociedad, para reflexionar críticamente el papel que juegan en ello y el rol que les otorgan a los sujetos con los que se trabaja en las investigaciones. A manera de síntesis, son cuatro los niveles, construidos según el fin que se les da a los participantes, sus principios, pedagógicos y teleológicos y sus estilos didácticos (Reyes y Castro, 2018):
Formar colaboradores ambientales: el objetivo central es remedial, propiciando un cambio en la conducta, buscado lo bueno y correcto, más que una reflexión. Para ello el investigador da instrucciones con acciones puntuales, estableciendo una relación vertical al tener el poder de decidir lo que está bien o mal, por lo que los sujetos deben hacer lo que el investigador considere correcto. Esto hace que los participantes sean colaboradores de las iniciativas, pero no que intervengan en la problemática a abordar.
Formar gestores ambientales: el objetivo central es preventivo, manteniendo la instrucción, aunque con procesos de capacitación y generación de habilidades, propiciando comportamientos favorables que los impulsen generar acciones puntuales para resolver operacionalmente algún punto de la problemática, adema de ser capaz de reproducir la información obtenida, siendo así, gestores del conocimiento adquirido.
Formar actores ambientales: El objetivo central es formativo, mediante un aprendiza je mutuo entre el investigador y los sujetos, reforzando la capacitación de conocimientos técnicos y habilidades para propiciar una lectura profunda, desde lo global, de las problemáticas de su contexto local y todos sus escenarios intervinientes, generando un reposicionamiento frente a la sociedad, transformándose en un sujeto activo, que comparte una identidad y defiende intereses comunes a través acciones colectivas e interacción con otros.
Formar ciudadanos ambientales: El objetivo central es formativo crítico-reflexivo, buscando trascender a satisfacer necesidades reales, procurando la construcción de una ciudadanía que establece autónomamente sus agendas en la búsqueda de soluciones a los problemas, formando comunidad de actores sociales organizados con peso en la política y ética para fortalecer la democracia y empoderarse en la agencia social, con influencia y negociación en las políticas públicas.
Según Mares (2021, p. 370), para lograr los dos últimos niveles se precisa reconstruir en la ciudadanía el concepto de territorio, entendido como:
una manifestación de la relación continua, cambiante entre el ser humano y la tierra, donde cada territorio posee múltiples y diferentes concepciones, dependiendo del grupo social. Así, la identidad en un territorio comienza a partir de que un grupo social elige un espacio, se establece e inicia un proceso de interacción mutua, transformándolo a través de las acciones, tratando de adaptarlo a las necesidades sociales, buscando representaciones que determinen la manera de relacionarse con él, política, económica, social, y culturalmente, generando nuevas formas de organización del espacio (Félix, 2010).
Continuando con Mares (2021), mediante la construcción del binomio territorio-sujeto colectivo, se han logrado nuevas formas de organización que determinan las relaciones políticas, económicas y culturales, reivindicando el poder político y social (Finni, 2016), así como el reconocimiento y la valoración de lo propio, siempre y cuando se incite a la construcción de una identidad cultural y colectiva. De manera que, cada territorio “constituye como una condición necesaria para la existencia de la sociedad” (León, 2016, citado en Mares, 2021, p. 113), fortaleciendo identidades individuales y colectivas que propician el empoderamiento de los sujetos sociales (Velasco, 2016).
Metodología
Como antes se menciona, en este artículo se busca aproximarse a las reflexiones teóricas de la interdisciplinariedad presente en la comunicación ambiental. Para lograrlo, partimos la técnica de análisis relacional deductivo, donde primeramente se realizó una búsqueda de documentos actuales (artículos en revistas indexadas en ProQuest) sobre comunicación ambiental, desde dos campos de conocimiento que la han trabajado, aunque no necesariamente en vinculación, la educación ambiental y la comunicación.
Con ello se logró identificar el contexto y el estado del arte de la comunicación ambiental ante la crisis civilizatoria. Posteriormente se recopiló y articuló la conceptualización de la postura epistemológica de la que parte este trabajo en ambos campos. En los resultados encontrarán una tabla cuantitativa de los artículos que abordan estos conceptos y los relacionan con la comunicación ambiental.
De lo anterior partió la formulación de los resultados, donde constructos posiblemente relacionados fueron abordados con tres autores de la comunicación. De manera que, no necesariamente abordan el concepto analizado, pero sí presentan elementos que se encuentran en los conceptos de la educación ambiental, donde primero se muestra una matriz relacional de éstos, con la postura que presenta cada autor.
Logrando con ello, cerrar con un análisis de éstos que hace evidente la relación en ambos campos para aterrizar en la importancia de la investigación en comunicación desde una mirada ambiental, es decir, desde la visión de la comunicación ambiental.
Resultados
Para este estudio la comunicación ambiental es construida mediante cuatro disciplinas, mismas que articulan distintos conceptos que navegan entre ellas (Figura 1), para comprender a la comunicación ambiental como un eje central para la construcción de nuevos paradigmas en la sociedad, y dejar de limitarla a la divulgación de la ciencia.
Para ahondar en el análisis de la comunicación ambiental en estos campos de conocimiento se realizaron dos indagaciones. La primera (Tabla 1) cuantifica los productos académicos -libros y artículos científicos- a nivel global que abordan la comunicación ambiental en cada una de constructo, particularmente en los últimos 10 años, mediante el acervo digital de la Universidad Anáhuac de México. La segunda muestra el abordaje de la comunicación ambiental desde los constructos vistos en la Figura 1, mediante reflexiones teóricas de autores relevantes en cada campo de conocimiento (Tabla 2).
Tabla 1 Matriz cuantitativa de investigaciones en comunicación ambiental
| Campo de conocimiento | Núm. de publicaciones |
|---|---|
| Comunicación evolutiva | 502 |
| Pedagogía ambiental | 518 |
| Complejidad ambiental | 2107 |
| Cultura ambiental | 3894 |
| Territorialidad | 368 |
| Cibercultur@ | 109 |
| Acción social | 2741 |
| Comunicación estratégica | 1444 |
| TOTAL | 11,683 |
Fuente: Elaboración propia (2022).
Tabla 2 Matriz de la aproximación teórico interdisciplinar de la comunicación ambiental
| Campo de conocimiento | Comunicación | ||
|---|---|---|---|
| Lull | Massoni | Mass, Amozurrutia, y González | |
|
Comunicación evolutiva |
Interacción comunicativa | Encuentro sociocultural | Inteligencia colectiva |
|
Pedagogía ambiental |
Comunicación cooperativa humana | Operaciones de construcción/deconstrucción | Nodos semilla |
|
Complejidad ambiental |
Colaboración reflexiva | Proceso cognitivo de interacción a nivel sociocultural | Reflexividad de segundo orden |
|
Cultura ambiental |
Supracultura | Pluralidad sociocultural | Cultura de comunicación |
| Territorialidad | Desterritorialización | Espacio de encuentro de la heterogeneidad sociocultural | Nosotrificación |
| Cibercultur@ | Transformación comunicativa | Experimentación social | Sistemas sociales complejos |
| Acción social | Razonamiento cooperativo | Núcleo articulador | Comunidades emergentes de conocimiento |
|
Comunicación estratégica |
Supervivencia a través del lenguaje | Realidad comunicacional | Organización social compleja |
Fuente: Elaboración propia (2022).
Como se puede observar en la Tabla 2, no todos los constructos son abordados por los teóricos de la comunicación seleccionados (Lull, Massoni, Mass, Amozurrutia, y González). Sin embargo, se construye una interpretación de éstos en su acercamiento a los postulados de la educación ambiental. Cada uno de estos constructos es articulado en el apartado del análisis de la discusión.
Análisis y discusión
En este apartado retomamos los constructos antes mencionados y los retomamos en articulación para darle fuerza a la comunicación ambiental.
Complejidad del problema comunicativo
Edgar Morin (2004) afirma la coexistencia de una complejidad empírica y una epistemológica. La empírica se relaciona con la diversidad de elementos que conforman un fenómeno, mientras que la epistemológica aborda las relaciones entre un actor cognoscente, el cual no se encuentra fuera de lo que conoce, más bien está unido a ello, y de la pluralidad de objetos que son continuidad de la realidad del actor. Así, la comunicación estratégica se apoya en el campo epistemológico de la complejidad (Figura 2) para proponer a la comunicación como un fenómeno de segundo orden, pues al ser un campo de estudio complejo debe mirarse desde una perspectiva multiparadigmática y transdisciplinaria, respondiendo a los procesos dinámicos y evolutivos de la realidad de los actores. De manera que, es importante reconocer al espacio social como una realidad compleja y conflictiva en la habitan numerosos actores con diversos intereses y necesidades. Ante esto, Massoni (2013) replantea a la comunicación más allá de la producción de procesos para caminar hacia la creación de una trama ontológica que construye conocimientos, otorgándole sentido a la mediación como un concepto operativo para repensar el lugar de la comunicación en la transformación, para reconocer las relaciones, es decir, abordar la transformación desde las relaciones.
Abordar la realidad desde la dimensión comunicativa implica atenderla como un fenómeno complejo, fluido y multidimensional, comprendiendo que el cambio no es secuencial o lineal, que no está determinado por una causa-efecto, por el contrario es multideterminado; es decir, “la mirada comunicacional es un espacio de articulación de distintos dominios y perspectivas para abordar la complejidad sociocultural” (Massoni, 2007, p. 36), repensándola como una certeza para pensar lo mejor, más adecuado, flexible y fecundo, como un punto estratégico para indagar en los bloqueos y contradicciones que dinamizan a la sociedad y con ello generar espacios de encuentro sociocultural. De manera que, pensar las investigaciones comunicativas con una perspectiva fluida implica repensar a la comunicación más allá del análisis de las significaciones transmitidas caminando hacia un aporte para el cambio y/o la transformación, mediante un enfoque que supere categorías binarias de lo social, avanzando hacía perspectivas teórico-metodológicas integradoras, valorativas y críticas de la relevancia de la comunicación, emergentes del debate de la ciencia y la cultura.
Por ende, la pertinencia del abordaje de la comunicación como fenómeno complejo se correlaciona con el reconocimiento de sus multideterminantes y su proceder multiparadigmático a partir de confrontar las relaciones entre las relaciones mediante un análisis de lo material, lo simbólico y lo afectivo. Mediante esta mirada estratégica de la dimensión comunicativa se habilita un espacio de convergencia y articulación de múltiples visiones en el abordaje de las problemáticas, partiendo de requerir diversos saberes disciplinarios.
El papel de la comunicación en la territorialidad
Para abordar el tema y de acuerdo con Mares (2021, p. 370):
Con el concepto de territorio podemos repensar el espacio que habitamos de una manera distinta. Como sabemos, el territorio es una manifestación de la relación continua, cambiante entre el ser humano y la tierra, es decir que cada territorio posee múltiples y diferentes concepciones, dependiendo del grupo social. Es así como la concepción del territorio comienza a partir de que un grupo social elige un espacio, se establece e inicia un proceso de interacción mutua, transformándolo a través de las acciones, tratando de adaptarlo a las necesidades sociales. Y así, la sociedad busca representaciones que determinarán la manera en cómo se relacionarán con el territorio, política, económica, social y culturalmente, generando nuevas formas de organización del espacio.
Existen tres tipos de territorialidad que se basan en lo común, es decir, en el patrimonio natural, social y cultural:
Territorio heredado: la valoración del territorio está ligada a la historia familiar, comunitaria e incluso ancestral.
Territorio elegido: sectores de la sociedad que buscan una mejor calidad y estilo de vida diferente en el cual la relación con el medio ambiente juega un papel central.
Territorio originario: vinculado a la vida rural, a las comunidades indígenas y campesinas en su defensa del derecho de autodeterminación.
Los tres tipos convergen en situaciones de resistencia y asimetría de fuerzas, y en la disputa por el control y recuperación de territorios amenazados por el actual modelo de desarrollo. Por ende, los movimientos socioambientales son, a su vez, socioterritoriales al ser un espacio en el que la realidad se manifiesta no sólo a través de límites geográficos establecidos, además, tiene sentido (Caride, 2006) concibiéndose:
como un espacio vital que un grupo social elige y delimita, iniciando un proceso de interacción mutua, transformándolo a través de sus prácticas; procurando, siempre, adaptarlo a sus necesidades sociales. Lo anterior propicia la búsqueda de formas de organización para determinar las relaciones políticas, económicas y culturales que se establecen con el territorio, mediante la construcción de éste y la del sujeto colectivo; reivindicando el poder político y social (Finni, 2016), partiendo del reconocimiento y la valoración de lo propio, pero que incite a la construcción de una identidad cultural y colectiva (Mares, 2019, p. 38).
En resumen, cada territorio posee múltiples y diferentes concepciones, que dependen del grupo social que se conforma en un lugar, como dice Noguera (2004, p. 29): “cada uno escribe sobre la tierra sus formas de vivir”. El territorio, así se vuelve una condición necesaria para la existencia de las sociedades (Mares. 2021). Fortaleciendo así, identidades individuales y colectivas que propician el empoderamiento de los sujetos sociales (Velasco, 2016).
De tal manera que las urbes pueden ser concebidas y repensadas como un territorio elegido, donde la ciudadanía busque mejorar la calidad de vida de todos los habitantes, desde el propio ser humano hasta las otras especies, de una manera justa social y ambientalmente politizando nuestro espacio, es decir, reconstruirnos con el territorio urbano que habitamos (Mares, 2021, pp. 370-371).
Retomando la perspectiva de la comunicación evolutiva de James Lull (2020), nos muestra cómo la evolución de la vida ha sido cada vez más compleja gracias a la comunicación, pues ésta ha existido de forma natural y orgánica desde los primeros organismos unicelulares, mismos que presentaban una comunicación celular mediante filamentos que enviaban señales químicas de una célula a otra; esto permitió que las células evolucionaran hacia organismos más complejos (pluricelulares). Así, Lull (2020) hace un recorrido del desarrollo evolutivo y su relación con la supervivencia y evolución de los diversos organismos.
Aunado a ello, Lull (2020) analiza los procesos comunicativos de las plantas y animales, demostrando que la comunicación de estos grupos es compleja y dinámica, implicando procesos no solo entre la misma especie, también entre distintas especies que les permiten cooperar para lograr la supervivencia grupal. Por ejemplo, las plantas generan procesos comunicativos con el micelio de los hongos, logrando comunicarse de un árbol a otro a kilometros de distancia, lo que les permite identificar individuos enfermos o necesitados de algún nutriente, y con ello, ayudarlos en su recuperación al transmitirles los requerimientos a través de estos micelios. Asimismo, la planta le responde a los hongos con alimento mediante sus raíces, generando una simbiosis planta-hongo.
De igual manera, en el reino animal tenemos ejemplos de cooperación entre especies o entre distintas especies, las anémonas (animales marinos invertebrados) y los peces payaso viven comunitariamente, en donde por ejemplo, la anémona le ofrece al pez un hogar y protección al ser un organismo con veneno en sus pedipalpos (patas) al que el pez le lleva alimento. En cuanto a la comunicación entre la misma especie, las leonas son un ejemplo de cooperación para la caza de grandes hervíboros, en donde un solo individuo no tiene la fuerza suficiente para matar a un animal tan grande, pero en equipo las leonas se comunican para acechar a la presa conforme la hembra alfa genere la estrategia. Así, tenemos gran cantidad de ejemplos entre las especies no humanas, de procesos comunicativos para la adaptación y superviviencia a las condiciones del espacio físico en el que habitan (Lull, 2020).
Para Lull (2020) la comunicación ha sido el eje transformador de la evolución del ser humano, ya que la cooperación nació por necesidad de supervivencia, donde la comunicación mejorada condujo a esfuerzos colaborativos más sofisticados y formas más complejas de comunicarse, como en una espiral coevolutiva interminable, es decir, la comunicación evolucionó para facilitar el comportamiento cooperativo, donde el habla se volvió mediante el reconocimiento del otro, y este habla requirió de un desarrollo en el cerebro, lo que permitió la complejización de los procesos comunicativos y cooperativos. A este proceso James Lull (2020) lo llama cooperación comunicativa humana.
De manera que se ha generado una infraestructura cognitiva compartida, donde surgen normas de cooperación que permiten que los miembros se sientan conectados de manera significativa entre sí, compartiendo metas e intenciones comunicativas, beneficiándose de la cooperación para lograr una atención conjunta y terreno común para interpretar con confianza lo que cada individuo intenta comunicar en la interacción coordinada. Ello los llevó a un razonamiento cooperativo, desde el cual los individuos comparten la lógica que utilizan en sus acciones comunicativas colaborativas, determinando la razonabilidad general de lo que están haciendo y así, resolver las cosas juntos. Para lograrlo se necesitan construir convenciones comunicativas, es decir, requieren compartir una comprensión general de la naturaleza normativa de lo que están haciendo y por qué, lo cual representa una reflexión colectiva (Lull, 2020).
Investigación comunicativa para la transformación social
En este apartado nos aproximaremos al papel que la investigación en comunicación presenta en el actuar para la transformación social y ambiental que nos permita mitigar la problemática socioambiental antes vista. Para ello haremos un entretejido de tres abordajes teóricos, la cibercultur@ (Mass, Amozurrutia y González, 2015), la comunicación estratégica (Massoni, S., 2007) y la comunicación ambiental (Carabaza, 2009; Reyes y Castro, 2017). El pensamiento ambiental complejo, la cibercultur@ y la comunicación estratégica abordan aspectos que les permiten vincularse pues son áreas que buscan comprender la realidad desde la complejidad de los sistemas presentes en ellas. Razón por la cual en este apartado ahondaremos en estas teorías comunicativas resaltando sus similitudes y controversias con la educación ambiental latinoamericana.
Mass, Amozurrutia, y González (2015) mencionan que en el contexto de la globalización, las llamadas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) son las intérpretes de las nuevas revoluciones sociales en diferentes partes del mundo, empero presenta una serie de contradicciones, mismas que al analizarlas resalta que “no es el poder de la tecnología, sino de la organización social, lo que genera nuevas condiciones epistémicas para desear transformar los sistemas de clasificación social de comunicación e información” (Almaguer, 2015, p. 11). En la comunicación estratégica Sandra Massoni (2007) afirma que son los actores sociales son relevantes en torno a cualquier problema, sobre todo cuando buscamos comprender la problemática desde la comunicación, sus intereses y necesidades nos muestran la complejidad de la realidad social. En estas observaciones se conectan la cibercultur@ (KC@), la comunicación estratégica (CE) y la educación ambiental (EA), ya que buscan horizontes similares como el integrar al mundo social, en este caso nombrado socioambiental, local mediante sus actores y sus necesidades de información, comunicación y conocimiento que ayuden en la resolución de los problemas prácticos de sus contextos (Reyes y Castro, 2019). La diferencia entre estos campos radica en que la educación ambiental busca interpelar en las problemáticas socioambientales, por lo que de aquí en adelante y como respuesta a la vinculación de estas áreas de investigación al hablar de los aspectos sociales de la KC@ o socioculturales de la CE, lo nombraremos socioambiental(es).
Para reflexionar críticamente sobre el este vínculo y su incidencia en las formas de organización colectiva se promueve transitar de la teoría a la práctica y viceversa, nombrado en la KC@ nosotrificación, permitiendo aumentar la capacidad de procesar información del contexto que habitamos, plantear nuevos abordajes a problemas de conocimiento e intentar resolverlos colectivamente, lo que implica integrar a otros con la comunidad académica inter y transdisciplinaria. Así quienes sustentan su conocimiento práctico empíricamente, donde integran elementos de su contexto, creencias, cosmologías, historia e identidad, son también interlocutores en construcción de estas reflexiones (Mass, Amozurrutia, y González, 2015). De manera similar, en la ce se pretende transitar hacia la transdisciplina como nuevo paradigma de comunicación social donde su enfoque logre, a través de la revisión teórico epistémico, reavivar la investigación comunicacional en las prácticas socioculturales que respondan a las diversas realidades, donde los actores son vistos como agentes en acción individual y colectiva, lo que enriquece, pero a la vez complejiza las problemáticas a abordar (Massoni, 2007). La ea se relaciona con ambas teorías al ahondar en un nuevo paradigma de naturaleza compleja, histórica, holística, inter y transdisciplinaria en donde influye una pluralidad de interrelaciones como la cultura, el contexto, los sujetos, transcendiendo la vida cotidiana de la sociedad con el mundo natural (Terrón, 2017).
Ahora bien, en la KC@ la investigación significa cultivar, laborear:
el conocimiento, la información y la comunicación, por lo cual cada una de estas dimensiones se les denomina culturas, lo que implica asumir las TICS no como herramientas sino como plataformas generativas de conocimiento, redes para compartir el conocimiento y la información, formando redes de comunidades emergentes de conocimiento con investigación interdisciplinaria y conocimiento local (Almaguer, P., 2015, p. 14).
Es decir, vinculando espacios académicos y comunitarios, pues no se puede solo interpretar el mundo, se necesita colaborar y caminar hacia transformarlo (Mass, Amozurrutia, y González, 2015). A la par, en la ce la investigación comunicativa implica una centralidad en lo situacional como principio de inteligibilidad que aborde la complejidad de las diversas dimensiones del problema con una mirada comunicacional donde el encuentro sociocultural se analice a partir de sus manifestaciones como fenómeno complejo y fluido a través de la transdisciplinariedad de la comunicación (Massoni, 2007). De igual manera, la educación ambiental se relaciona con las teorías comunicativas expuestas ya que esboza a la investigación como holística de la realidad para integrar tanto lo social como lo ecológico que genere propuestas para enfrentar la problemática socioambiental (Castro y Reyes, 2015).
Importancia del investigador en comunicación para la crisis civilizatoria
Desde una perspectiva ambiental el investigador debe innovar hacia una nueva autorrepresentación de sus prácticas cuyo papel indagativo sea inherente a su función social para la transformación de la cultura (Castro y Reyes, 2015). En relación a ello, la KC@ y la ce proponen al investigador como observador de segundo orden -observador/investigador- para cuestionarse su posición y visión del mundo, y la manera en que se acerca a la realidad (Mass, Amozurrutia, y González, 2015), convirtiéndose en un viajero de la creación y la exploración que cambia, aprende y se modifica mediante la autobservación, reflexionando su papel (Galindo, 1998), lo que implica una absoluta responsabilidad que asume el investigador en la construcción de objetos de estudio y al mismo tiempo permite construir y enriquecer una estructura teórica como generadores de conocimiento local (Massoni, 2007).
Lo anterior evitaría que el investigador comunicativo caiga en los errores constantes que se cometen a la hora de abordar un problema, pues en ocasiones se identifican y tratan de resolver aquellos que no coindicen con las necesidades y prioridades de los sujetos que habitan o padecen dichas problemáticas (Castillo, 2015). De manera que el investigador debe partir de reformular la construcción de conocimiento mediante el diálogo con los sujetos, reconociéndolos como pensantes, poseedores de nociones de su condición y contexto. Esto permitirá un acercamiento a la realidad donde la horizontalidad, como eje central, buscando que la construcción de conocimiento sobre la realidad se logre mediante el diálogo de diversos sectores y sujetos, para construir procesos de apropiación y resignificación de saberes que transiten hacia la transformación de sus contextos. Así, el investigador comunicativo propiciará que distintos ámbitos y sujetos interactúen entre sí y en conjunto, donde éstos operen como focos democráticos para que la ciudadanía sea capaz de establecer diálogos y debates públicos encaminados hacia una mayor participación social (Carabaza, 2009).
Además, para construir este diálogo, el investigador comunicativo requiere abordar la complejidad de la realidad a intervenir. Ante ello el pensamiento ambiental complejo (Noguera y Pineda, 2013) afirma que pensar de manera compleja implica la resignificación sujeto/objeto, lo que supone la emergencia de una nueva forma de relación entre la propia humanidad y entre el mundo. Aportando al pensamiento ambiental complejo, la KC@ asevera que “la complejidad emerge del reto para establecer un consenso de las interacciones entre varios observadores que, desde sus propias perspectivas, describen y explican una ecología bajo diferentes disciplinas regidas por diferentes códigos” (Mass, Amozurrutia, y González, 2015, p. 64). Así podríamos expresar que la complejidad surge como emancipadora de la problemática socioambiental procurando la articulación de diversidad disciplinas -transdisciplina- para comprender que la realidad está íntimamente ligada con todos sus elementos y no puede ser fragmentada como la ciencia convencional lo ha hecho, por lo tanto, no existe una verdad absoluta y homogénea, por lo que nos invita a reformular la construcción del conocimiento, resaltando el valor de otros conocimientos no cientificistas.
Como dice Massoni (2011), la tarea de un investigador de la comunicación es reconocer la pluralidad socioculturambiental para indagar en los puntos de articulación de las similitudes, pero también de las diferencias en función de los intereses y las necesidades de los diversos actores y grupos sociales, mediante la ostentación de su diversidad para interpelar las dinámicas socioculturambientales operando crítica y valorativamente desde su dimensión comunicativa. Así el investigador en comunicación es capaz de “diseñar una acción de comunicación integrando todo el proceso, desde la idea a la realización, en función de un objetivo” (p. 73), usando los saberes teóricos como herramientas de trabajo. Con ello su investigación se transforma en un espacio de experimentación social en confluencia con la realidad comunicacional.
La investigación en comunicación para la construcción de una cultura ambiental
Con todo lo anterior podemos definir a la cultura ambiental como aquella con valores, prácticas, actitudes, héroes y símbolos en vínculo con la naturaleza, configurándose como una ciudadanía comunitaria en relación simbiótica con el territorio que habita, coexistiendo con las demás especies, reconociendo las diferencias y la diversidad de actores y contextos, es decir, una sociedad que actúa en pro del medio ambiente, mediante el accionar colectivo que permita la resignificación y reapropiación del espacio que habita entendido como territorio en coexistencia. O como bien señalan Meira, y Caride-Gómez (2006) una cultura ambiental implica recrear una nueva sociedad que exprese la diversidad de culturas como respuesta del contexto que habitan, para cambiar tendencias y valores que incidan en el bienestar de todos humanos y no humanos, que aborden la complejidad de la problemática socioambiental mediante la reflexión-acción para reconciliar a los individuos y a la sociedad con la naturaleza y con su propia especie.
Asimismo, Julia Carabaza (2008) aborda la cultura ambiental desde una perspectiva comunicativa, donde afirma que el papel de la comunicación para lograr en la ciudadanía una cultura ambiental debe tomar en cuenta “que en el núcleo del campo del medioambientalismo existe un sinfín de elementos que se articulan entre sí que determinan la construcción cultural en pro del medio ambiente” (p. 8). De manera que la comunicación es la base que detona la articulación y respuesta de los individuos hacia el actuar de la problemática socioambiental, pero no depende solo del canal por el que se transmite “la información, sino de la representación que con ella se elabora y su implicación en lo que acontece dentro de las sociedades donde la información circula” (p. 1).
Conclusiones
La comunicación ambiental contribuye repensar, redefinir y reconstruir la relevancia de la comunicación y la educación ambiental, sobre todo su papel articulador para que sea la propia sociedad un sujeto colectivo que respondan y resuelvan aquellas problemáticas en las que son participes en un determinado contexto.
Es indispensable abordar a la comunicación ambiental como un eje central, donde cada uno de los sujetos es contemplado y entendido como un sujeto activo, que destaca su importancia comunicativa para la comprensión de la realidad como un problema comunicativo social y ambiental.
Por lo anterior es indispensable abordar la problemática socioambiental como un asunto de carácter comunicativo ambiental que debe ser analizado desde su complejidad, considerando a cada uno de los sujetos que inciden en ella como actores clave, mismos que requieren ser caracterizados en sus diferentes dimensiones.
De manera que, comprender la realidad desde la visión interdisciplinar de la comunicación ambiental, nos permitirá ver a la sociedad como un sujeto colectivo que históricamente se ha transgredido entre la comunicación y la educación, siendo éstos los caracteres que le permitie ron evolucionar adaptativamente al territorio que habitan.










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