El soporte documental que se presenta en esta ocasión se trata de una nota de felicitaciones enviada por el Arq. Frank Lloyd Wright al Arq. Carlos Lazo Barreiro quien, a su vez, la hizo llegar al Arq. Augusto Pérez Palacios a modo de reconocimiento al estadio. Se encuentra dentro del gran expediente que conforma las diversas etapas de diseño y ejecución del mismo, hasta su transformación en el Estadio Olímpico Universitario.
Frank Lloyd Wright fue invitado al VIII Congreso Panamericano de Arquitectos, inaugurado en Ciudad de México durante el mes de octubre de 1952. Durante aquel año, Carlos Lazo Barreiro, además de ser el gerente de proyectos para la construcción de la Ciudad Universitaria, también fungía como presidente de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos (1950-1953), organizadora del evento.
Según las crónicas de la época, y tomando aquella narrada por Ricardo Flores Marini en la revista Archipiélago, la invitación realizada a los arquitectos internacionales más importantes de la época fue con la intención de que ellos reconocieran la magna labor y la entrada de México a una modernidad arquitectónica de orden mundial. Frank Lloyd Wright, según la leyenda popular, se habría referido al conjunto de la C.U. en forma despectiva y sería obligado a cambiar su declaratoria, firmándola.1 Es elocuente, pues, que poco menos de un año después Frank Lloyd Wright hiciera llegar esta nota firmada, afirmando que el estadio es el caso más representativo de la modernización de las tradiciones ancestrales, como un ejemplo único y augurándole eternidad arquitectónica.
Este documento es una invitación a la reflexión desde la visión de un Estado que quiso entrar en el mundo internacional de la arquitectura del Movimiento Moderno mediante el crisol y las fuerzas conjuntas de sus más destacados arquitectos trabajando para la universidad de la nación. La visión moderna; sin embargo, contrasta con la postura de reconocimiento de una inspiración prehispánica, carente en el lenguaje arquitectónico y teórico de Augusto Pérez Palacios. ¿Fue, tal vez, esta analogía de la tradición ancestral modernizada la que construyó todo un discurso de identidad nacional que en el proyecto de Ciudad Universitaria, en su principio, no figuraba?










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