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Academia XXII

versión On-line ISSN 2594-083Xversión impresa ISSN 2007-252X

Academia XXII vol.12 no.24 Ciudad de México dic. 2021  Epub 26-Ago-2023

https://doi.org/10.22201/fa.2007252xp.2021.24.81590 

Dossier

Familia y comunidad determinantes de la vida cotidiana en el diseño participativo de la vivienda

Family and community as determinants of everyday life in participatory housing design

Irving Vázquez Cruz* 

* Escuela Nacional de Trabajo Social. Universidad Nacional Autónoma de México. irvingvcruz@gmail.com


Resumen

Presentar el diseño participativo requiere profundizar en los procesos sociales, es decir posicionar a la narrativa que expresa las necesidades sentidas y reales de quienes habitan viviendas como espacios que contienen dinámicas cotidianas distintas, las cuales generan rupturas epistemológicas en el imaginario y representación tácita de la reproducción social de la vivienda. Las necesidades de habitabilidad se deben adecuar a las inquietudes de la vida cotidiana, más aún en contextos de desigualdad social urbana. Por lo anterior, se presenta una aproximación al estudio de la importancia de la cotidianidad en el diseño participativo de la vivienda, el cual, a través de una metodología cualitativa, rescata la narrativa cotidiana en las expresiones que hay en la dinámica familiar, en el uso y habitabilidad rutinaria de la vivienda y las relaciones sistémicas con el espacio público que integran a la comunidad.

Palabras claves: diseño participativo; cotidianidad; familia y comunidad

Abstract

Engaging in participatory design means conducting an in-depth exploration of social processes, that is, positioning a narrative that expresses the felt and real needs of those who inhabit residences as spaces sheltering a variety of everyday dynamics that provoke epistemological ruptures in the imaginary and tacit representation of the social reproduction of housing. Dwelling needs must be adapted to the concerns of everyday life, especially in contexts of urban inequality. This article presents an approach to the study of the importance of everyday life in participatory housing design, using a qualitative methodology to recover everyday narratives in the expressions found in family dynamics, the use and routine habitation of the residence and the systematic relationships with public space that bind the community together.

Keywords: participatory design; everyday life; family and community

Introducción

La vivienda es el escenario social donde se explicitan los distintos modos de vida cotidiana y se suscitan dinámicas familiares que trascienden en las interrelaciones comunitarias, con otras familias, con otros grupos sociales y actores comunitarios que dan identidad a los territorios, expresando polifonías narrativas que describen su memoria histórica de los hábitats, no como objetos inanimados sino como marcos habidos de vida, de experiencias de rutinas que configuran necesidades heterogéneas de cada comunidad.

El acceso a la vivienda ha estado en discusión por más de 50 años; ha generado coyunturas para que el ser humano pueda gozar de una vivienda digna en cualquier parte del mundo. En las últimas décadas, se ha discutido sobre la gravedad del acceso a la vivienda digna. El Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS) Indicadores de Vivienda1 enfatiza la importancia que tiene la vivienda en el análisis y representación de la pobreza en nuestro país y expone el porcentaje de la población con carencia de calidad y espacios de la vivienda, la cual, en el ámbito nacional, es del 11.1%. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI),2 en México hay alrededor de 35.3 millones de viviendas, de las cuales el 72.9% cuenta con certeza jurídica; el 65.4% de las viviendas particulares fueron construidas con recursos propios, mientras que el 18% con crédito INFONAVIT y el 9.1% con créditos de institución financiera privada.

Respecto a las viviendas particulares, la ENVI3 señala que, dado el impacto por la COVID-19, el 26.6% requiere adaptar, remodelar o construir algún espacio. De acuerdo con el mismo estudio, las principales necesidades se conforman de la siguiente manera: 59.4% requiere construir su propia vivienda, 37.9% comprarla, y 7.7% rentar.

Los indicadores anteriores dan cuenta de un panorama de acceso a la vivienda como un derecho social básico, el cual se debe de trabajar en conjunto para brindar los satisfactores necesarios que permitan poseer, en el ámbito nacional, viviendas que sean soporte y hagan frente a las crisis emergentes que demandan hábitats dignos.

Por lo anterior, es necesario presentar una aproximación al estudio de la cotidianidad comunitaria, la cual, en este texto, apunta a comprender la importancia del rescate de la narrativa en el plano familiar y comunitario, en la búsqueda de hacer valer su voz mediante la participación en el diseño de su propia vivienda. A partir de la investigación llevada a cabo en la alcaldía Iztapalapa,4 se presenta la importancia de la cotidianidad bajo dos categorías de estudio: la familia y la comunidad, que hoy han sido consideradas, para las disciplinas y profesiones que estudian e intervienen en la vivienda, elementos sustanciales de análisis de la narrativa de los distintos grupos que habitan los escenarios emergentes pero cotidianos en el diseño de hábitats que mitiguen la vulnerabilidad social de las familias-comunidad.

El rescate de la cotidianidad

La cotidianidad es una categoría que implica reconocer al otro como un sujeto social que participa en diferentes modos de vida, desde el familiar hasta los procesos de toma de decisiones que impactan la gobernanza. La vida cotidiana es cultura, identidad, reconocimiento de las potencialidades de los sujetos sociales involucrados, con sentido comunitario de apoyo, solidaridad, autogestivos, propositivos y críticos de su contexto.

Para describir el rescate de la cotidianidad como proceso de involucramiento disciplinar y profesional, la promoción social5 reconoce a la cotidianidad como el vínculo metodológico para dinamizar la participación social de los habitantes de la comunidad y los distintos actores involucrados que convergen en la necesidad de mejora de condiciones de habitabilidad y desarrollo social.

Es importante poder “identificar las características socioculturales de los diversos grupos sociales que permitan el potenciamiento de las formas y estructuras de organización social generadas en la vida diaria de los pobladores”,6 las cuales configuran la identidad, los valores, la cultura, los lazos de cooperación y cohesión social, pues la comunidad es tomada como una totalidad compuesta por la heterogeneidad de relaciones dinámicas.

La promoción social ayuda a posicionar al profesional como actor fundamental en el rescate de aspectos que permiten intervenir en situaciones individuales, grupales y comunitarias; a partir de sus saberes, es posible generar estrategias de satisfacción de demandas de derechos sociales en la vida cotidiana.

Para estar en condiciones de intervenir en la vida cotidiana, “es de especial importancia conocer el contexto en el que se desenvuelven las estructuras institucionales, la historia política de la comunidad, el grado de participación de ésta, la influencia de la política en su vida diaria, las formas de migración, la procedencia de los habitantes y su comportamiento ante determinados hechos o fenómenos”.7 La comprensión de las relaciones estructurales, coyunturales y, a su vez, sistémicas que conforman la cotidianidad de los escenarios donde se lleva a cabo la rutina, así como el día a día que tienen los distintos grupos sociales que dan sentido a la vida diaria, permiten generar dispositivos de intervención en el hábitat que respondan a la necesidades reales y no impuestas.

Así, la cotidianidad se entiende como una estructura de relación sistémica, conformada por “la participación de la población, las costumbres, las tradiciones, la vida política los valores cívicos, morales y religiosos, las relaciones familiares, vecinales y de amistad, los estereotipos de comportamiento, las formas de migración, las normas éticas, morales y sociales y el intercambio de bienes y servicios, entre otros”.8 También, “las intervenciones que surjan de la organización disciplinaria deben apuntar al reconocimiento de ‘sujetos sociales’”9 capaces de autoreconocerse como actores fundamentales en procesos de cambio social; estos sujetos tendrán la capacidad de resolver y buscar alternativas para sus problemáticas sin necesidad de un agente externo.

Para dar cuenta de los procesos cotidianos que se sugieren prioritarios en la construcción de la autogestión comunitaria y el diseño participativo, se requiere exponer la dinámica familiar, describir la configuración que tienen el espacio social como resultante de la cuestión urbana y la desigualdad social, reflejada en el acceso a la vivienda adecuada, así como analizar la narrativa de la unidad doméstica, la rutina familiar y cotidianidad comunitaria.

Proceso metodológico de estudio de la cotidianidad

El presente texto emana del proceso de investigación10 llevado a cabo dentro de las actividades que se delegan como parte de las funciones como profesor de carrera en la Escuela Nacional de Trabajo Social, las cuales, en conjunto con profesores de carrera y de asignatura de la Facultad de Arquitectura, se llevaron a cabo en distintos procesos de enseñanza y aprendizaje, así como de investigación en la comunidad Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, en la alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México.

En tanto, el diseño del proyecto investigativo -como parte de la coherencia metodológica de la investigación cualitativa que permitió adentrarse a la cotidianidad de las y los habitantes- es narrativo, con el objetivo de “entender la sucesión de hechos, situaciones, fenómenos, procesos y eventos donde se involucran pensamientos, sentimientos, emociones e interacciones, a través de las vivencias contadas por quienes los experimentaron”.11 Las narrativas son el producto central de esta investigación que, a partir del relato, sugiere persuadir la planificación en el diseño de la vivienda.

Se realizó un corte de tiempo transversal, entre 2020 y principios de 2021, en la comunidad Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, con alcance de investigación descriptivo, con el diseño participativo de vivienda como estrategia emanada de la promoción social, que a su vez rescata a la cotidianidad como eje de análisis.

Las técnicas e instrumentos se basaron en la metodología de estudio de la promoción social, tales como la Guía de entrevista para el rescate de la cotidianidad, Crónicas de talleres y la Encuesta tipo Likert. Sin embargo, para fines de este artículo, se hará énfasis solo en las narrativas emanadas de la guía de entrevista aplicada en visitas domiciliarias y crónicas resultantes de talleres participativos, cuya muestra de estudio fueron siete familias, habitantes de viviendas afectadas por sismos.

El estudio12 aborda seis categorías de análisis: cotidianidad, organización comunitaria, participación comunitaria, desigualdad urbana, riesgo y confinamiento. Para fines de profundización se expondrá la cotidianidad como eje categórico, el cual está compuesto de análisis de la narrativa familiar y comunitaria en la importancia del diseño participativo de la vivienda.

La familia, actor clave en el diseño participativo

El vínculo de los miembros de la familia, los intereses, metas y dinámicas construyen lazos afectivos y emotivos que ponen a este grupo como el espacio social primordial donde se producen dinámicas cotidianas ante lo ya dado y lo que, desde posicionamientos de hegemonía, se insita a seguir reproduciendo. La familia es el sistema social que parte del afecto para la consolidación de sujetos sociales participativos que hacen frente a procesos de gestión de la vivienda y que no consideran que dentro de ellas confluyen emociones, dinámicas, rutinas, contrastes de la vida cotidiana.

Para los habitantes de la comunidad Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, la familia es un espacio que resalta, sin duda alguna, el desenvolvimiento y dinamización del sentido de pertenencia con afecto y emotividad: “La familia es confianza, amor, amistad”.13

La familia tiende a ser el espacio de confianza, de generación de impulso para enfrentar los distintos modos de vida cotidiana; dota de referencia para que los roles familiares se afiancen para poder subsistir en su hábitat y hace que todos sus miembros puedan gozar de bienestar, como lo establece la familia Camacho: “Son mi motor siempre que me voy a trabajar; así me vaya muy temprano, noche, siempre he visto por mis hijos”.14

Para las familias de la comunidad de estudio, el apoyo en la distribución de roles es indicio de que hay consolidación como la principal red de apoyo social, de cuidado, respeto y enseñanza de recursos sociales para insertarse a la vida cotidiana en el contexto urbano: “Los pocos que somos o los muchos que somos nos tenemos que estar apoyando unos a los otros y estarnos cuidando, dedicarnos tiempo unos a otros. Eso es mi familia”.15

De acuerdo con Ortega y Sainz: “La familia es el grupo primario básico en torno al cual se organizan las tareas más importantes de la vida social y constituye una institución creada y configurada por la cultura para regular las conductas conectadas con la generación”.16 Organizar tareas, asignar roles en el cuidado familiar, en la aportación socioeconómica, trasciende la dinámica interna y es el esbozo de cómo se van construyendo la asignación de espacios en la estructura de la vivienda, habitaciones que serán parte de la trayectoria de vida de cada integrante, en las que se establece un vínculo socioemocional con los espacios y la asignación de roles.

El estudio de las familias requiere del seguimiento puntual de las distintas formas en las que se constituyen las unidades cotidianas de vinculación; como consecuencia de la dinámica social y normativa, se analizan las distintas composiciones familiares, las cuales, en cuanto a la dinámica, como refiere Galeana, son solo “diferentes en cuanto a su estructura”,17 ya que, para que una familia sea considerada como tal, tanto en la estructura tradicional como emergente o moderna, debe cumplir con lazos emotivos y de corresponsabilidad afectiva: “Para que funcione una pareja, pues yo creo que lo importante es el amor, el respeto y la igualdad”.18

Sin embargo, para consolidar la vida familiar en la vivienda, en las familias cuyos entrevistados tienen mayor trayectoria de vida, se debe celebrar el contrato de matrimonio, pues se cree que este solidifica la unidad familiar. Esto es relevante para evaluar cuál podría ser la composición de la estructura de una vivienda, ya que se requiere de espacios que permitan desarrollar esa dinámica: “No, el papel no importa, pero pues sí es necesario para que el hombre pase el resto de su vida con ella y ella con él”.19

Es importante precisar la unidad doméstica, la cual se trata de “núcleos de familias extensas o conjuntas. Grupo social integrado por todas las personas que viven en una misma casa y cuyo acceso a la vivienda es a través de una entrada común”.20 Con tal argumento, hay familias que poseen un saber influenciado por la dinámica de la cotidianidad urbana y moderna, que trastoca la cultura religiosa con una idea liberal, pero que la carga axiológica es fundamental en la unidad familiar: “Existen diferentes tipos de familia que, lo que más importa es el amor; bueno, yo no soy religiosa ni nada, o sea no creo en los estándares de la sociedad, pero pues yo creo que si hay amor y si hay cariño y si hay felicidad… bueno el amor es algo utópico”.21

Las distintas formas de concebir a la familiar convergen en que esta debe de dotar de una red de apoyo social: afecto y acompañamiento, elementos que circundan en la dinámica familiar para que los hogares puedan hacer frente a las desigualdades fuera de su control; la desigualdad urbana que se refleja en el modo de vida dentro de las viviendas en las comunidades no permite satisfacer sus principales necesidades, de tal forma que deben de manufacturar estrategias para emanciparse de la vida en condiciones de precariedad:

Fui una madre soltera y yo creo que cuando no hay amor y respeto en una pareja, pues lo mejor es estar sola, porque cuando tratan de forzar las situaciones es hasta contraproducente para los hijos. Yo creo que es lo peor que se le puede hacer a los hijos.22

Tampoco es malo porque no sabes en qué momento alguien se puede quedar así. Tener un hijo, pero pues puedes sobresalir, ¿no? No necesitaría tener otra pareja para que te pueda apoyar, por eso no está mal.23

La condición de género y la perspectiva que tienen respecto a los roles que se deben asumir en la familia trasciende lo aprendido en generaciones sobre las tareas de la mujer; si bien hay ciertos elementos que continúan, hay otros hechos sociales en la vida cotidiana que son necesarios para poder subsistir, además las familias saben la importancia del apoyo social e institucional para reducir las condicionantes de las brechas de desigualdad urbana, que, por la condición de género, se incrementa la vulnerabilidad dada la composición de la familia uniparental a cargo de una jefa de familia: “No pueden quedarse paradas ‹‹mujeres››; deben informarse en gubernamentales, en estudiar, en la educación”.24

En los roles de las familias extensas, hay distintas dinámicas que se cruzan entre generaciones, como la perspectiva de género, que cuestiona el trato a la mujer por parte de los adultos mayores, quienes son propietarios de la vivienda y cohabitan con dos o tres generaciones menores que ellos; asimismo, imponen normas familiares y cuestionan las rutinas de los jóvenes, cuyo fundamento es el título de la propiedad:

Mi abuelito es muy machista en primer lugar, entonces mi abuelita también se quedó con esas ideas. […] Me rapé, mi abuelito me vio y me dijo: “eso no llevan las niñas”. Una vez traía una falda muy larga y me dijo: “¡ay! ahora si pareces niña”.25

En cuanto a la toma de decisiones, el poseer una vivienda y ser el principal proveedor económico reafirma el rol como jefe de familia. Este escenario predomina en hogares uniparentales lideradas por la mujer, quienes afirman tener el poder, por lo que son quienes deciden cómo se distribuyen las habitaciones y su uso. Así, la gestión de la reproducción de la vivienda, principalmente en procesos de autoconstrucción, responde a cuestiones de género y de poder, como se muestra en la familia Nishimura, donde la nieta es condescendiente con las normas del hombre adulto mayor, propietario de la vivienda: “Pero la mayoría de las ocasiones, ella me dice que pues es tu casa y ahora sí que tú”.26

Cuando la vivienda queda sin seguridad jurídica e intestada, las familias suelen tomar las decisiones de forma horizontal para dar cuenta de la trayectoria cotidiana que se llevará a cabo en la vivienda. De forma reiterada, las decisiones sobre la certeza jurídica y gestión de la vivienda quedan en manos de los adultos mayores, hombre y mujeres: “Las decisiones se toman entre hermanos. Lo platicamos los hermanos pues ya no están mis papás; ‘ora sí que aquí entre hermanos somos los que las tomamos”.27

La rutina diaria y de la vida privada se suscribe en la vida cotidiana de lo urbano; las primeras están determinadas por “los hábitos; suele llamarse hábitos a la forma de conducta que ha sido mecanizada a veces incluso automatizada que se pone en práctica y sigue repitiéndose en una especie de movimiento de inercia”.28 Dichos hábitos son los roles de actividades de cuidado de la vivienda y de los utensilios necesarios en la vida cotidiana para sobrevivir y que son determinantes, como otro indicio del uso y cuidado de la vivienda.

Se dividen los trabajos; a veces, una lavatrastes, a veces la otra y, a veces, la otra trapea y se dividen ellas dos el trabajo, porque, pues, el muchacho que vive aquí tampoco, pues… nunca está. Ese nada más llega a dormir y ya; se va al otro día al kínder y luego a la universidad. 29

La rutina diaria es estructurada en los roles que se asignan dependiendo la jerarquía familiar, pero con mayor carga a los miembros que pasan más tiempo dentro de la vivienda, donde la crianza de los menores se ha destinado a las primeras y terceras generaciones, es decir para que abuelas y abuelos realicen cuidados y pasen mayor tiempo de convivencia con los nietos. Así, se identificaron viviendas que requieren espacios de ocio y cuidado de, entre dos grupos prioritarios, adultos mayores e infantes:

Por lo regular, en la tarde, por decir en la mañana está mi hija y yo y ya en la tardecita llega mi hija, mi nietecita y, pues, ya estamos las tres, o sea ‘ora sí que la mayoría del tiempo la pasamos juntas. Preparamos comida y si ya hay comida comemos o nos ponemos a ver televisión, o cuando vienen mis otros nietecitos jugamos pirinola o jugamos así, juegos así con ellos.30

Mi abuelita es como muy todavía nos ponemos a lavar. A mí me tocaba lavar aquí y a mi hermano le tocaba lavar el baño, a mi mamá los trastes y a mi abuelita blanca la cocina.31

La condición de género compromete las actividades domésticas de la vivienda, construcción de roles que por historicidad le corresponden a la mujer; por ejemplo, el hombre, si realiza una actividad del cuidado del hogar es porque está ayudando y no asumiendo una corresponsabilidad:

Aquí, yo soy el único que no lavo trastes, pero de ahí en fuera, lo demás sí. De repente me toca barrer el patio o regar el jardín para ayudar a mi hermana y a sus hijas.32

Las mujeres somos las que más nos dividimos las labores y, pues, mi hermano ahorita no hace, de hecho, me paga por hacerle su quehacer. De ahí saco un dinero ¿no? Pero, pues, me dice “tiende mi cama” y ya le doy esto, o le digo “te lavo tu ropa”.33

En suma, al contexto de desigualdad urbana es exacerbada con la asignación de labores de limpieza en la vivienda; probablemente el contribuir a modificar estructuras de pensamiento respecto a la equidad podría consolidarse en el diseño participativo con mayor contraste, como una propuesta subversiva que requiere deconstruir la masculinidad y la responsabilidad del cuidado; esta situación comienza a hacer eco en la familia Chávez: “Yo tomé la decisión porque a veces es una carga para ella, parte de guisar, hacer la tarea y labores de lavar y planchar son pesadas, entonces yo tomé la decisión de apoyarla en ese aspecto”.34

Las actividades destinadas al cuidado de la vivienda, roles, dinámica familiar, condicionantes de género en las interrelaciones familiares y comunitarias son parte del estilo de vida, el cual “tiene una estrecha relación con los ingresos económicos, ocupación […], régimen de propiedad de vivienda, pertenencias materiales, aspiraciones y planes de población”,35 además de las condiciones de desigualdad urbana en las que están insertas las familias de la comunidad Desarrollo Urbano, como el hacinamiento. El escaso espacio para llevar a cabo actividades individuales y poder desenvolverse dentro de la propia vivienda, y en otros modos de vida social y privada cotidiana, subrayan la necesidad de diseños de vivienda que respondan a las dinámicas familiares cotidianas:

Si meto las cosas en mi recamara no caben, o sea realmente no hay mucho espacio […]. No tenemos un espacio propio. El querer estar solos, el querer nuestro propio espacio, pero... somos muy unidos, siempre que comemos nos sentamos a la mesa y hablamos. Mis papás viven en un cuarto, en el cuarto de allá, y mi hermana y yo dormimos aquí; antes dormíamos los tres, así como hace unos meses aquí los tres, dormíamos en ese cuarto, y mis abuelos rompieron la pared de un cuarto y se hicieron… o sea, se unieron los cuartos donde ellos duermen.36

Pues ni para los niños es sano porque la niña es muy alta, entonces a veces nos quedamos los tres en una literita y el niño arriba, entonces imagínate como estamos, porque solo tenemos la litera, televisión y un ropero pa’la ropa.37

La intimidad no es un tema prioritario en condiciones de hacinamiento. Los miembros de las familias, en su estilo de vida y por las condiciones de desigualdad social urbana, tienen que tomar la privacidad como un tema que no es primordial dentro de sus necesidades de sobrevivencia: “Para la convivencia sí, pero para otra cosa no [risas]”.38

Las viviendas donde se decide habitar pertenecen a padres, madres, abuelas o abuelas, o viviendas heredadas donde cohabitan con otros miembros de una familia extensa; además, los vínculos de la familia nuclear suelen ser estrechos por la decisión de la o el jefe de familia, sin considerar, por ejemplo, las condicionantes que traería el cohabitar en una vivienda con familia extensa y su impacto en la rutina diaria:

De hecho, tenemos planeado irnos, pero mi mamá no quiere dejar a mis abuelitos porque son como sus papás y, pues, mi mamá siempre está con mis abuelos.39

Mi mamá sí quería tener su propia casa en donde cada quien tuviera su espacio, pero mi papá está muy pegado a sus papás, entonces no, nunca los quiso dejar.40

Siempre he tratado de que mis hijos siempre estemos juntos.41

Así, la cotidianidad, las rutinas, los modos de vida diaria fungen como referentes en la construcción de escenarios emancipatorios ante la desigualdad urbana. Si bien hay elementos familiares con los cuales se tiene que trabajar (como la dinámica familiar, la comunicación, los roles, la equidad de género), la necesidad de habitar espacios dignos donde puedan dotarse recursos sociales debe impactar la estructura comunitaria en la búsqueda de espacios participativos e incluyentes.

Estas viviendas deben incluir la narrativa de quienes las habitan, para responder a necesidades reales, no emanadas de un contexto ajeno a las dinámicas rutinarias que se dan en territorios, resultado de la desigualdad urbana y que, en la brecha de desigualdad, buscan la sobrevivencia en espacios complejos de habitabilidad, que sobrepasa el hacinamiento como un problema social detectado, cuando el hacinamiento solo es el indicador de la dinámica familiar. Dicha dinámica tiene que ser analizada a fondo para el diseño de viviendas, con el objetivo de mitigar otros problemas sociales, en los roles familiares, en la noción no solo de la adecuación cultural, como lo refieren los elementos de la vivienda adecuada,42 sino además conllevar a la vida cotidiana como sui géneris de procesos de gestión y autogestión del hábitat, de viviendas y comunidades resilientes.

Vida comunitaria

Para fines del análisis de la narrativa de los habitantes, desde la posición de habitante de una comunidad que demanda la intervención social para reducir las brechas de desigualdad social, la comunidad es definida “como un sistema social abierto y dinámico, implica por una parte, conocer su evolución en el tiempo, dando pauta a una comprensión objetiva del comportamiento de sus elementos, su nivel de organización e interdependencia, así como las influencias y efectos de las interrelaciones del medio significante en el cual está inserta, lo que propicia un conocimiento objetivo”.43 Así, es imperante acudir a la memoria histórica de los habitantes de la comunidad; afortunadamente, al ser una comunidad relativamente joven, se puede analizar cómo surge la dinámica cotidiana comunitaria:

Esta colonia se ha ido formado de gente de diferentes lugares. Cuando nosotros llegamos aquí todo eran milpas; a nosotros nos trajeron de este, de un eje vial, a esta casa, y hay mucha gente que les llamaban reacomodos. En ese tiempo así les llamaban.44

Esta comunidad se formó el 10 de mayo de 1979. Como 100 familias fuimos los primeros que llegamos. A partir de que hicieron los ejes viales, ahora sí que para acá nos mandaron, sufrieron mucho mis hijos al principio; sufrimos mucho.45

[Llevo] más de 40 años. Llegué en 1979. No había nada y vinimos por parte del gobierno, pero era pura tierra y era más para el cultivo. La vivienda la compró el gobierno y nos la vendieron a muchas familias y a nosotros.46

La sobrepoblación y la mancha urbana orilla a las personas a buscar nuevos espacios donde puedan llevar a cabo su vida cotidiana; sin embargo, estos están marcados por carencias en cuanto a políticas públicas que acompañan a las de la vivienda y a las del uso del suelo, principalmente servicios públicos básicos como agua potable, corriente eléctrica, drenaje y seguridad pública:

Mi mamá, que en paz descanse, fue la primera que habitó ese espacio; lo que es la sala, era un cuarto de madera que mis hermanos le improvisaron. Así que había muchas casitas aquí, improvisadas; no teníamos agua, no teníamos luz; la luz la jalaba por un alambre. Haz de cuenta un foquito, pero alumbraban más las velas que los foquitos que teníamos.47

Cuando vieron que se empezó a poblar, se empezó a venir la gente, pues pensaron que iba a haber más servicios, porque el agua nos las traíamos desde allá desde ermita, la luz.48

“La cohabitación sin posibilidad de expansión real desemboca en el salvajismo individual (para evitar el control social) y, por consiguiente, en la agresividad”.49 La búsqueda de espacios que pueden ser apropiados mediante la invasión o el desplazamiento forzado de la habitación por parte de grupos que desean el control del suelo son consecuencia de poder gozar de un aparato de protección social que garantice el acceso a la vivienda:

Muchos se quedaron con los terrenos, entonces mi abuelito no podía irse porque se lo robaban y él se tenía que quedar aquí. Mi tío compró ese terreno, o algo así ¿no? Algo así, que ellos compraron el terreno y, pues, mi abuelito tenía que quedarse aquí a dormir porque se lo robaban ¿no? O sea, de hecho, mucha gente que vive aquí se robó los terrenos.50

“En el sector de la vivienda actúa un mecanismo fuertemente selectivo que se basa: a) en el nivel de renta que condiciona los chances de acceso al mercado privado; b) en un conjunto de criterios, a menudo de naturaleza corporativa, que jerarquiza el grupo denso a causa de los incumplimientos de índole política en el sector de los aspirantes a una vivienda popular”.51 La desigualdad de las condiciones del hábitat se debe enfocar desde su génesis en el asentamiento comunitario, conocer cómo se adquirió la vivienda, cuáles eran sus condiciones y las comunitarias en la vida cotidiana y su historia:

Todo lo del alrededor fueron compras-ventas y, pues, las unidades igual, pues hicieron las unidades y alguna inmobiliaria se las vendieron.52

Casi todos los pagamos en pagos, tardaron para cobrar, pero aquí la hizo como pudo, por sus propios medios, no había préstamos, no había nada de lo que hay ahora.53

La vivienda en México no es muy barata, que digo tampoco me salió tan barata, pero al menos fue dentro de mis posibilidades el poder adquirirla.54

“En la medida en que el Estado es su principal agente responsable, lo que significa, por un lado, que el consumo colectivo en vez de ser tratado en términos económicos se someterá directamente a la coyuntura político-ideológica; por otro lado, que las reivindicaciones denominadas urbanas serán fuertemente correlacionadas con la cuestión del poder”.55

La ideología política, la representación del poder del Estado de otorgar protección social por medio de la vivienda, puede ser un límite difuso en la narrativa de la historia de la comunidad y la adquisición de la vivienda, donde existen preguntas sobre quiénes no pagarán el derecho del suelo; el poseerlo fue consecuente de ser parte de una política de estado o fue a partir de la invasión, en la narrativa es que fue una acción gubernamental: “Yo creo que se las otorgó el gobierno. Estos son terrenos que les dieron”.56

La comunidad es la representación simbólica del conjunto de viviendas que se conjugan con el espacio público, cuyas interrelaciones comunitarias son lo que le da sentido a cada nivel de hábitat; además, los habitantes le dan identidad superflua a las viviendas que no tienen remodelaciones, mejoras en su estructura y no le dan una imagen urbana adecuada a su comunidad:

Era una casa de planta baja y uno no y ahorita está muy grande, está muy bonita; es la que está aquí una naranjada. […] En el 2003 llegaron estos vecinos de aquí y empezaron a construir [...] y está bonita su casa, de hecho, mi papá les hizo las escaleras que están ahí. En la avenida tiraron una casa completa ¿no? Y la ex novia de mi hermano igual se hizo su casa como que chueca e igual la remodelaron.57

Demolieron y las volvieron a hacer […] porque si te das cuenta aquí casi todos tienen el tabique pelón, nadie tiene aplanado, es raro […]. Una de acá atrás, de por acá atrás, está muy bonita. Hay algunas casas que sí están muy bonitas, las arreglaron muy bien.58

La influencia de la imagen urbana impacta sin duda en el estado de ánimo de los habitantes de la comunidad. En el panorama de desigualdad y marginación social, las viviendas no pueden proyectar una imagen satisfactoria que sea apreciada en la movilidad de los habitantes; la imagen urbana de los espacios públicos, las vías de comunicación y el estado de las viviendas moldean la percepción comunitaria del espacio que impacta en la salud mental de los habitantes:

No me gusta nada mi colonia. Cuando salgo me da la depre; vengo y veo bien fea mi casa. Yo siempre soñé con una casa muy bonita con su fachada, siempre la dibujé en la escuela, roja, con una ventanita, pero pues no se pudo.59

Modificar las viviendas requiere acceso a niveles de vida más altos, los cuales se dan a través del aumento del ingreso y empleo formalizado que ayude a obtener beneficios de políticas de protección social, además de contar con redes de apoyo que les permita a las personas apoyarse en gastos, actos de cuidado y seguimiento de los miembros de la familia. Así, la carencia de acceso a la política de seguridad social se da en un escenario permeado de obstáculos y procesos engorrosos burocráticos para poder hacer modificaciones a la vivienda, lo cual lleva a estrategias para poder hacer frente a los eventos de riesgo que ponen en vulnerabilidad a las familias, a las viviendas y medios de comunicación, como ocurre con la familia Camacho:

Nada más pintarla y así, las paredes están súper feas, de que, pues, por lo mismo no sé cuánto tiempo, pero ya lleva mucho tiempo que no las remodelan, pues también es un gasto; de hecho también se mete el agua por allá, o sea llueve y se me cae el agua por acá y las escaleras y se inunda todo por donde está mi cuarto, [...] ahí subí el módem… no, la caja del cpu para que no se mojara cuando lloviera.60

En el mundo social, la vida cotidiana urbana es el resultado de las interacciones y del significado que le dan a su vivienda, a su espacio público, desarrollando su sentido de pertenencia, identificando inseguridad pública pero también mejoras para reproducir estrategias de cuidado comunitario y fortalecer el sentido identitario a partir de la crítica de la cohesión comunitaria, como lo hace la familia Nishimura:

No le veo ningún desperfecto, yo me siento segura porque siempre estamos encerradas. A veces somos tan apáticos que dejamos la puerta de la reja abierta [habita en edificio›]. Yo, dentro de mi casa, me siento segura, pero sí se han metido a robar, pero ya saliendo de la puerta para afuera, yo ya no me siento segura; entonces, pus afuera no siento como la seguridad y, de hecho, me comentaba una vecina, porque el otro día escuchamos mucho ruido y nos enteramos que una chica llevaba una plasma que se había robado y que se quiso brincar, como estaba cerrado se le cayó la plasma, y yo le decía a la vecina, y por qué no hay un alarma vecinal y pa’qué salgamos, y me dijo: nadie sale, usted ni salga porque nadie sale, así los pueden ver que tengan algún problema o algún enfermo y no sale nadie.61

El tomar en cuenta las mejoras en las vías de comunicación, sentirse parte de las transformaciones de sus entornos, son contribuciones a la evaluación de impacto de las obras públicas que pueden recuperarse en intervenciones de diseño participativo del espacio público:

Aquí nada más cambió la construcción de la bodega. El metro fue también otra cosa. Eso y que cada administración se puso a arreglar lámparas y todo, pero ahorita en esta ciudad he visto mucho mejor y con más iluminación, las banquetas más arregladas, más rampas.62

La comunidad es entonces el contexto donde se desarrollan los habitantes, cuya historia es referente para comprender las finalidades de la participación, comprender además las aspiraciones, intereses, conformarlos para llevarlos a retomar la familia y la comunidad como parte de la cotidianidad, la cual es relevante integrar para la implementación del diseño participativo, además de tomar en cuenta las relaciones vecinales, la reciprocidad, las formas de migración, la organización comunitaria.

A partir de la construcción teórico-metodológica del análisis del discurso, se obtuvo que en la cotidianidad las familias interaccionan con la comunidad a partir de la demanda de sus necesidades e intereses, ya que, al estar en constante construcción y remodelación de la vivienda, se requiere de la ayuda del otro en la realización de estas actividades, donde se revela el uso del diseño participativo y que, a su vez, en su vida diaria, se refleja en las relaciones vecinales, la reciprocidad, la migración y la organización comunitaria.

Reflexiones finales

La cotidianidad debe tomar un poder enfático en el diagnóstico, programación y diseño de las viviendas, y dar seguimiento a los procesos de evaluación del impacto y adecuación de estrategias de acción en la gestión del hábitat, para considerar que no basta con consultas censales, sino conocer la subjetividad de las familias, planear desde la cotidianidad y no desde lo impuesto y dominante.

Al tener un panorama estructurado, pero flexible en su relación teórica epistemológica, entre categorías y subcategorías, se logró analizar la relación del rescate de la cotidianidad en el diseño participativo de vivienda con la desigualdad urbana.

Para fines de este texto, se analizó la cotidianidad, la cual está estructurada por familia y comunidad. En lo que respecta a la familia, se concluye que es necesario para el rescate de la cotidianidad porque, de acuerdo con los testimonios de los habitantes de la comunidad Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, esta conforma un espacio en la que se desenvuelve el sentido de pertenencia con afecto y emotividad; asimismo, es en este núcleo donde los sujetos se ven inmersos en el apoyo en la distribución de roles, las distintas redes de apoyo social, así como de cuidado, respeto y enseñanza que permitan el desenvolvimiento de la vida cotidiana en su contexto urbano, son necesarios.

No obstante, para lograr un mejor entendimiento del papel que tiene la familia en la cotidianidad, se debe tomar en cuenta su composición, debido a que permite comprender cómo dentro de la familia permea la cultura, la cual se ve reflejada por medio de ritos que consolidan la unidad familiar, y desde donde se desprenden condiciones de género que, en caso de la falta de algún jefe a jefa de familia, se recurre a instituciones o dependencias gubernamentales.

Se da por hecho que, cuando se habla de la vida cotidiana y su entendimiento a través de la familia, se debe tomar en cuenta el contexto (el cual, en este caso, está directamente posicionado a lo urbano), seguido por los hábitos que cada individuo pone en práctica y repite a manera de rutina, cuyos elementos son determinantes en el abordamiento de la vida cotidiana y el hacer multi y transdisciplinar en la inclusión participativa del diseño de hábitats.

En tanto la comunidad, los vecinos de la alcaldía Iztapalapa de la Colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl históricamente han estado en una constante lucha por la construcción de sus viviendas, así como otros territorios donde pregona la desigualdad social urbana. Las acciones comunitarias aún no son suficientes, ya que la mala planeación, la autoconstrucción y la falta de asesoramiento y una participación colectiva han ocasionado problemas de salud, condiciones de hacinamiento, inseguridad pública, violencia y una mala imagen pública. No obstante, resulta fundamental establecer que la percepción del propio problema, que responde no solo a condiciones estructurales si no a la cultura vista desde los saberes prácticos, cuestiones de género, educación y empleo, se enmarca dependiendo del contexto donde se desarrollen los actores sociales.

Donde las configuraciones sociales en el diseño participativo de la vivienda se centran es en la cotidianidad, la organización comunitaria, la participación comunitaria, la desigualdad urbana y el riesgo. Se ha evidenciado que existen habitantes que perciben lo anterior de acuerdo con sus carencias y necesidades, pero cobra importancia al ser un problema colectivo y que, de acuerdo con los habitantes de esta comunidad, merece atención primordial.

En cuanto a los sujetos, se puede referir que existe una cooperación entre los habitantes y una iniciativa de trabajo en equipo con sus semejantes, lo que podría facilitar la implementación de acciones con respecto a la participación comunitaria y promoción social.

Finalmente, se hace la recomendación que profesionales en el estudio de la vivienda de disciplinas como arquitectura, diseño, geografía, política social, trabajo social, urbanismo, fortalezcan los esfuerzos multidisciplinarios y transdisciplinarios de acción en los planos académicos y profesionales, para mejorar las prácticas, y construyan referentes que retomen a la narrativa para la construcción empírica y metodológica de nuevas formas de hacer intervención social en la desigualdad urbana y la cotidianidad.

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1 CONEVAL, “Medición de pobreza. Sistema de Derechos Sociales”, disponible en: https://www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/Sistema-de-informacion-de-derechos-sociales.aspx [consulta: 10 de agosto 2021].

2 INEGI, “Encuesta Nacional de Vivienda 2020”, disponible en https://www.inegi.org.mx/programas/envi/2020/ [consulta: 10 de agosto 2021].

3INEGI, “Encuesta Nacional de Vivienda 2020”, disponible en: https://www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/Sistema-de-informacion-de-derechos-sociales.aspx [consulta: 10 de agosto 2021].

4 Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano (proyecto de investigación, Escuela Nacional de Trabajo Social, UNAM, 2021), 26-36.

5 Silvia Galeana de la O. (comp.), Promoción Social, una opción metodológica (México: Plaza, 1999), 30-38.

6Silvia Galeana de la O., Laura Ortega García, y Esther Zúñiga Macías, “Estudio-Diagnóstico de la comunidad”, en: Silvia Galeana de la O. (comp.), Promoción Social, una opción metodológica (México: Plaza, 1999), 62.

7Laura Ortega García y José Luis Sainz Villanueva, “Importancia del rescate de la cotidianidad en los programas de promoción social”, en: Silvia Galeana de la O. (comp.), Promoción Social, una opción metodológica, 76.

8Laura Ortega García, José Luis Sainz Villanueva, “Importancia del rescate de la cotidianidad en los programas de promoción social”, 81.

9 Nelia Tello, Apuntes de Trabajo Social. Trabajo Social, disciplina del conocimiento (México: Escuela Nacional de Trabajo Social, UNAM), disponible en: http://neliatello.com/docs/apuntes-sobre-intervencion-social_nelia-tello.pdf [consulta: 10 de agosto 2021].

10Irving Vázquez Cruz. La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano.

11 Roberto Hernández-Sampieri y Christian Pauilina Mendoza Torres, Metodología de la investigación. Las rutas cuantitativa, cualitativa y mixta (México: McGraw Hill Education, 2018), 542.

12Irving Vázquez Cruz. La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 21-23.

13Familia Camacho, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 26.

14Familia Galván, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 27.

15Familia Sánchez, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 27.

16Laura Ortega García y José Luis Sainz Villanueva, “Importancia del rescate de la cotidianidad en los programas de promoción social”, 98.

17Laura Ortega García y José Luis Sainz Villanueva, “Importancia del rescate de la cotidianidad en los programas de promoción social”, 98.

18Familia Nishimura, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 27.

19Familia Hernández, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 27.

20Laura Ortega García y José Luis Sainz Villanueva, “Importancia del rescate de la cotidianidad en los programas de promoción social”, 98.

21Familia Camacho, “Testimonio”, 28.

22Familia Nishimura, “Testimonio”, 28.

23Familia Chávez, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 28.

24Familia Hernández, “Testimonio”, 28.

25Familia Camacho, “Testimonio”, 29.

26Familia Nishimura, “Testimonio”, 29.

27Familia Nishimura, “Testimonio”, 29.

28Laura Ortega García y José Luis Sainz Villanueva, “Importancia del rescate de la cotidianidad en los programas de promoción social”, 99.

29Familia Sánchez, “Testimonio”, 29.

30Familia Nishimura, “Testimonio”, 30.

31Familia Camacho, “Testimonio”, 30.

32Familia Sánchez, “Testimonio”, 30.

33Familia Camacho, “Testimonio”, 30.

34Familia Chávez, “Testimonio”, 30.

35Laura Ortega García y José Luis Sainz Villanueva, “Importancia del rescate de la cotidianidad en los programas de promoción social”, 99.

36Familia Camacho, “Testimonio”, 30.

37Familia Chávez, “Testimonio, 30.

38Familia Chávez, “Testimonio”, 30.

39Familia Camacho, “Testimonio”, 31.

40Familia Camacho, “Testimonio”, 32.

41Familia Nishimura, “Testimonio”, 32.

42 ONU HABITAT, “Elementos de una vivienda adecuada”, disponible en https://onuhabitat.org.mx/index.php/elementos-de-una-vivienda-adecuada [consulta: 15 de agosto 2021].

43Silvia Galeana de la O., Laura Ortega García y Esther Zúñiga Macías, “Estudio-Diagnóstico de la comunidad”, 67.

44Familia Nishimura, “Testimonio”, 32.

45Familia Hernández, “Testimonio”, 32.

46Familia Trujillo, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como es-trategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 33.

47Familia Nishimura, “Testimonio”, 33.

48Familia Sánchez, “Testimonio”, 33.

49 Manuel Castells, La cuestión urbana (México: Siglo XXI, 1988), 98.

50Familia Camacho, “Testimonio”, 33.

51Gianfranco Bettin, Los Sociólogos de la Ciudad (España: Editorial Gustavo Gili, 1982), 198.

52Familia Nishimura, “Testimonio”, 34.

53Familia Hernández, “Testimonio”, 34.

54Familia Chávez, “Testimonio, 34.

55Manuel Castells, La cuestión urbana, 31.

56Familia Chávez, “Testimonio”, 34.

57Familia Camacho, “Testimonio”, 35.

58Familia Sánchez, “Testimonio, 35.

59Familia Hernández, “Testimonio”, 35.

60Familia Camacho, “Testimonio”, 35.

61Familia Nishimura, “Testimonio”, 36.

62Familia Gutiérrez, “Testimonio”, en: Irving Vázquez Cruz, La promoción social como estrategia de acción en el diseño participativo de vivienda en la comunidad Desarrollo Urbano, 36.

Recibido: 30 de Agosto de 2021; Aprobado: 24 de Noviembre de 2021

Irving Vázquez Cruz

Escuela Nacional de Trabajo Social

irvingvcruz@gmail.com

Licenciado y maestro con mención honorífica en Trabajo Social por la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM. Profesor asociado “C” de tiempo completo de la ENTS, UNAM. Responsable del proyecto PAPIME “Laboratorio Social de Estudio en Vivienda”. Ha sido docente de varias instituciones en Trabajo Social en México: CECyTEM, UAEMex e Instituto Stephen Hawking. Colaborador en proyectos multidisciplinarios con la Facultad de Arquitectura en la asignatura de Extensión Universitaria.

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