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Debate feminista

versión On-line ISSN 2594-066Xversión impresa ISSN 0188-9478

Debate fem. vol.69  Ciudad de México  2025  Epub 13-Mayo-2025

https://doi.org/10.22201/cieg.2594066xe.2025.69.2514 

Reseñas

Mujer de Palabras. Artículos Rescatados de Rosario Castellanos

Brenda Margarita Macías Sánchez1 
http://orcid.org/0000-0002-1941-8525

*Centro de Investigaciones y Estudios de Género, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México. maggie_macias@cieg.unam.mx

Castellanos, Rosario. 2024. Mujer de palabras. Artículos rescatados de Rosario Castellanos. v. I, Reyes, Andrea H.. Ciudad de México: Centro de Investigaciones y Estudios de Género, Universidad Nacional Autónoma de México,


Mujer de palabras es una compilación de Andrea H. Reyes, una clase magistral sobre las sutilezas del oficio de la escritura de artículos de opinión y una reflexión crítica de la sociedad mexicana del siglo XX desde un pensamiento feminista interseccional al estilo Castellanos.

Este libro nos da algunos parámetros para profundizar en el pensamiento de una de las escritoras más importantes del siglo XX en México. Desde sus primeras páginas, este material de consulta se convierte en una guía imprescindible para quienes desean comprender la evolución literaria, social y política de un país atravesado por tensiones, luchas y un anhelo de justicia para mujeres, menores, indígenas y estudiantes.

Al tenerlo entre mis manos, aspirar su aroma y leer sus letras durante cinco días de manera obsesiva hasta terminar las 688 páginas y entregar esta reseña, atestigüé cómo Rosario Castellanos tomó lo cotidiano para transformarlo en materia prima de la crítica feminista literaria y social. Su enfoque minucioso y comprometido me recordó la importancia de leer y releer no solo periodismo y textos académicos, sino poesía, narrativa, dramaturgia, ensayo y, sobre todo, la realidad, porque la realidad también se lee. Con estas claves podemos formarnos un criterio sólido sobre los recorridos de la literatura mexicana y universal, la sociedad y las costumbres del México del siglo XX, y comprender el terreno en el que seguimos andando.

Los textos se disfrutan como si fueran conversaciones con la escritora, quien nos invita a observar y a narrar cada momento de nuestras vidas, porque cada uno merece ser contado. El conjunto ofrece, entre otros tópicos, un panorama integral del quehacer literario del México del siglo pasado y sus principales representantes en la poesía, la narrativa y el teatro. En especial, me quedo con una lista de pendientes de lectura: Concha Urquiza, Margarita Michelena, Guadalupe Amor, Dolores Castro, Gabriela Mistral...

Rosario Castellanos aborda en este primer volumen (1947-1969) temas como el impacto del colonialismo en Chiapas y en Nuestra América, la herida punzante que dejó la represión política del 68 o la problemática de la deserción escolar en la universidad pública.

El libro que nos ocupa es un alegato poderoso a favor de la atención a la niñez, un elogio de la amistad, y una crítica mordaz al patrioterismo y a los medios de comunicación como medios de confusión. El discurso sitúa a las mujeres -con cada texto y pretexto- en el corazón del diálogo y en la conversación pública. Con este ejercicio de escritura regular -un artículo semanal o a veces quincenal en revistas y medios, pero principalmente en el periódico Excélsior, de circulación nacional y que en marzo de 2024 cumplió 107 años- nos muestra un camino para poner en marcha el feminismo personal.Y, por si fuera poco, este es un libro para quienes sienten nostalgia por la correspondencia escrita a mano, pero también por conocer a la escritora de viva pluma y arraigado sentimiento de soledad.

De este universo, me gustaría resaltar tres ejes: Chiapas y el teatro guiñol, feminismos y el problema de reeditar Mujer de palabras.

Chiapas y El Teatro Guiñol

A Rosario Castellanos le irritaba sobremanera el maltrato que se le daba a las y los indígenas de Chiapas, a quienes se les pisoteaba su dignidad personal a la menor provocación, a quienes se subestimaba y no se les reconocía como semejantes, como nuestras interlocutoras, competidoras posibles, y en cambio se les veía como sirvientes. Rosario Castellanos, como fray Bartolomé de las Casas, dedicó su vida a que se reconociera la igualdad humana. Este deseo estuvo por encima de sus intereses personales, de clase y de raza.

Chiapas fue su entidad de crecimiento, el lugar donde era feliz y siempre que podía regresaba para cuidar su salud, o como profesora, funcionaria o teatrera. Con su trabajo buscaba quitarle el exotismo a la cultura chiapaneca y usaba el teatro como herramienta política y social para la transformación de las comunidades. En su afán por dignificar al “indio”, a la “india”, o, si usamos el eufemismo, a la persona indígena, dirigió el Teatro Guiñol del Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil, auspiciado por el Instituto Nacional Indigenista. Desde ahí, con el teatro didáctico para guiñol y títeres, buscó ganar la confianza de la niñez y de personas adultas que hablaban una lengua distinta del español, que tenían otras costumbres y símbolos para expresarse y que vivían en comunidades alejadas de Tuxtla Gutiérrez y del centro de México.

En este contexto, puso el teatro al servicio de la gente, porque el teatro le permitió divulgar, aconsejar y convencer sobre salud, educación y agricultura. Montó obras de teatro guiñol para que indígenas comerciantes no se dejaran embaucar por gente sin escrúpulos que regateaban sus artesanías. Su mensaje se diseminó mediante el personaje de Petul, un muñeco avezado e inteligente, protagonista de aventuras. Petul representaba el triunfo de la inteligencia sobre las supersticiones y de la civilización sobre la barbarie. Con el muñeco Petul, Rosario recorrió las sierras de Chiapas y se internó en lo más profundo de las comunidades para conocer sus problemas y encontrar soluciones por medio de situaciones dramáticas y parlamentos entre muñecos, títeres y la comunidad.

Feminismos

Rosario Castellanos era crítica de los feminismos mexicanos y en especial de la llamada mujer abnegada. El feminismo que ella criticó tenía características “larvarias y vergonzantes” por el “masoquismo” y el “temor al ridículo”. Desde su perspectiva, en la década de 1960, la protesta feminista no había sido descarada ni franca porque no había proclamas rebeldes que hicieran estallar al sistema, sino leves gemidos. Rosario Castellanos fue contundente al expresar que en los años sesenta, en México, la protesta más audaz seguía siendo “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón” de sor Juana Inés de la Cruz.

La también autora de Balún Canán fue dura al decir que las mujeres eran enemigas unas de otras al oponerse a y alarmarse por la igualdad entre hombres y mujeres, y en su lugar preferían someterse a su destino manifiesto, el matrimonio, porque la soltería significaba haber fracasado en lo esencial: la vida en pareja y la reproducción de la familia nuclear. El matrimonio, visto por Rosario Castellanos, era esa institución en donde la mujer predicaba la abnegación, la humildad y la paciencia. Castellanos se indignaba al comprobar que las mujeres no eran capaces de elegir su destino; en cambio, los hombres siempre se daban el lujo de descubrir el suyo. Porque en México, desde su mirada, la mujer era un mueble decorativo en la familia; la esposa, una empleada del marido, quien, mientras la mujer trabajaba todo el día en los quehaceres domésticos y en el cuidado de la descendencia, sin remuneración, se daba el lujo de tener a “otra” y resolver asuntos burocráticos para llegar a casa y encontrar a la mujer “desgreñada”. “El ama de casa es como una amortajada”, dice. Pero la paciencia le proporciona a la esposa quedarse con el marido, con el premio mayor, cuando este se cansa de “la otra” o cuando “la otra” pierde su belleza. No tenía compasión al criticar los problemas que sobrevenían con el matrimonio.

Por fortuna, las feministas de hoy, creo, hemos tomado en cuenta estos apuntes y las marchas feministas han estado rebosantes de consignas más allá de “hombres necios que acusáis” y de proclamas de hartazgo que exigen justicia. Estas manifestaciones han provocado “cierto” cambio. Al menos, mayor visibilidad para las mujeres en el espacio público, en la protesta, y que las desigualdades en el núcleo familiar dejen de ocultarse.

El Problema de Reeditar Mujer de Palabras

Para cerrar mi reseña, me gustaría contarles la anécdota de cómo se logró el rescate de estos textos. Aquí les va. Andrea H. Reyes, la mexicanista de la Universidad de California en Los Ángeles, advirtió a Marta Lamas, investigadora del CIEG de la UNAM, que la primera edición de Mujer de palabras. Artículos rescatados de Rosario Castellanos, publicada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (Conaculta, hoy Secretaría de Cultura) estaba agotada y no había rastro ni huella ni pista alguna de dónde podrían estar los archivos finales de aquellos tres tomos de 2004, 2006 y 2007.

Esto prendió las alertas en la UNAM, institución que -mediante su Coordinación de Humanidades, su Centro de Investigaciones y Estudios de Género, con el apoyo del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD, por sus siglas en inglés) y el Fondo de Cultura Económica- intercedió para salvaguardar 400 textos periodísticos, ensayísticos y de opinión escritos entre 1947 y 1974 por Rosario Castellanos -egresada de la Facultad de Filosofía y Letras y de quien conmemoramos, en 2024, 50 años de su fallecimiento- en suplementos culturales, revistas literarias, publicaciones del Instituto Nacional Indigenista y el periódico Excélsior.

Pero, al no existir archivos editables de la primera edición, Marta Lamas pidió el apoyo a la directora del CIEG, Marisa Belausteguigoitia, y a la coordinadora de la Biblioteca “Rosario Castellanos”, Cintia Ordaz, para transcribir -palabra por palabra- y cotejar -palabra por palabra- aquello que parecía perdido. Cintia pidió el apoyo de Alba Jiménez, técnica académica de la Biblioteca “Rosario Castellanos”, y de un prestador de servicio social del centro, José Morales, para llevar a cabo la extenuante tarea que tardó alrededor de tres meses de 2022. 1755 páginas fueron trasladadas a un documento editable que facilitara el trabajo de la editora en jefe de las publicaciones del CIEG, Modesta García, y del editor del Fondo de Cultura Económica, Eduardo Matías.

Recordemos que este esfuerzo titánico, trabajo de minería, de archivo y de revisión exhaustiva de papel periódico y de microfilms, fue la tesis de doctorado de Andrea H. Reyes, quien reveló -y sigue revelando- que los editores de las antologías Juicios sumarios (1966), Mujer que sabe latín (1973), El uso de la palabra (1974), El mar y sus pescaditos (1975), y más adelante en sus Obras completas, decidieron no publicar estos textos como parte sustantiva de su obra intelectual porque el periodismo de Castellanos se consideraba “arte menor”. Yo digo que ese “arte menor” es el más crítico, el que evidencia las desigualdades, los machismos, la discriminación, el autoritarismo del poder, la necesaria reinvindicación de las mujeres que de a poco hemos tomado el espacio público en una sociedad de costumbres arraigadas y arcaicas; pero sobre todo su preocupación por la Universidad pública, la Nacional, de la que fue profesora y jefa de difusión y prensa, y a la que renunció luego de que derrocaran al rector Ignacio Chávez.

Debe subrayarse que esta edición de Mujer de palabras. Artículos rescatados de Rosario Castellanos (volumen I) no es una reimpresión; además, contiene un artículo de opinión que se creía perdido y que encontró en los archivos del periódico Excélsior la investigadora Claudia Domínguez Miranda, de la Universidad Autónoma Metropolitana, quien se lo entregó a Andrea H. Reyes para que lo incluyera en esta entrega que me atrevo a reseñar. Este texto se publicó el 16 noviembre de 1968, a pocas semanas de la masacre de estudiantes en Tlatelolco. Lleva por título “El mundo de los jóvenes: entre la tolerancia y la fuerza” y apareció en las páginas 6A y 8A de la sección editorial del periódico Excélsior. No me quedé con las ganas y le pedí a Andrea H. Reyes que me compartiera una copia digitalizada de la plana donde aparece el artículo. Aquí van mis impresiones.

La columna de opinión de Rosario Castellanos se encuentra en el centro, justo debajo de un cartón de Merino que dice “Odontología, un dolor de muelas”, y entre análisis periodísticos que dan cuenta de una necesaria reforma fiscal para resarcir las lagunas que permitían la evasión de impuestos; la reflexión sobre cómo la influencia norteamericana en la Organización de las Naciones Unidas cerró la puerta a China, gobernada por Mao Tse Tung; el anuncio de la muerte de don Ramón Menéndez Pidal, presidente de la Real Academia de la Lengua Española; el encono entre la Organización del Atlántico Norte y los rusos; los problemas diplomáticos y su resolución con una eficiente comunicación social; y un recuerdo: los 58 años de la Revolución Mexicana.

En medio del ruido geopolítico y la Guerra Fría, las heridas de la Revolución Mexicana, la creación de instituciones fiscales, sin olvidar la publicidad de los números ganadores del la Lotería Nacional, el reloj marca Steelco, y los lentes de contacto de la Óptica Económica, el texto de Rosario Castellanos “El mundo de los jóvenes: entre la tolerancia y la fuerza” es un clamor que intentó emular la “Égloga” que el poeta Miguel Hernández escribió a Garcilaso de la Vega.

Con este llamado, la periodista Rosario Castellanos expuso los porqués y los cómos del problema de ese microcosmos llamado Universidad Nacional1 y aprovechó el espacio para admitir que a la juventud se le había negado un futuro o, en su caso, “el mejor de los mundos posibles” por los rumores de un complot que desestabilizaba a la Universidad y la poca atención que se le daba al reclamo de los jóvenes que exigían un cambio de fondo en las estructuras políticas y sociales de México. En este texto, Castellanos deja ver que las instituciones políticas, como los partidos, no estaban a la altura de las necesidades de la juventud.

Definió al Partido Revolucionario Institucional (PRI) como un partido que no se hacía cargo de sus errores y era capaz de sacrificar sus ideales revolucionarios a cambio del éxito inmediato. Al Partido Acción Nacional (PAN), como una organización al amparo del clero y la iniciativa privada; y al Partido Comunista, como la vía directa a la cárcel.

La juventud universitaria, en ese entonces -como ahora- pedía un cambio urgente en las estructuras políticas y económicas del país. La comunidad estudiantil a la que se refería Castellanos estaba marcada por la masacre de Tlatelolco de 1968 y buscaba que la academia fuera crítica de la vida pública y abierta a la participación directa y responsable de la juventud en el cambio estructural.

En “El mundo de los jóvenes: entre la tolerancia y la fuerza”, Rosario Castellanos hace una crítica al Instituto Nacional de la Juventud que en ese entonces enfocó su acercamiento a su población objetivo mediante el deporte, en específico el ciclismo; pero, como bien lo señalaba don Daniel Cosío Villegas, el deporte no era suficiente. Rosario Castellanos se preguntaba qué otros espacios podrían satisfacer las necesidades políticas de una juventud activa, crítica y capaz de generar un cambio.

Rosario Castellanos, con un tono escéptico, propuso como solución la creación de un nuevo partido político, pero veía ese cambio lejano, porque la clase política de esa época carecía -y aún carece- de liderazgos con prestigio moral e intelectual, y quien se erigiera al mando de esta nueva fuerza debería tener “la candidez de la paloma y la malicia de la serpiente”.

Despedida

Después de esta lectura, Mujer de palabras ha sido más que una compilación de artículos; ha sido un viaje por el pensamiento crítico y comprometido de Rosario Castellanos (Antígona, como firmaba en sus reseñas teatrales), una invitación a leer la realidad con la misma pasión que leemos la literatura. La palabra de Rosario Castellanos es un recordatorio de que cada injusticia debe ser narrada y analizada; de que quienes nos dedicamos al periodismo y a la investigación tenemos la impronta de cuestionar las estructuras del poder y ayudar a construir un mundo justo e igualitario. Este libro es una herencia para comprender nuestro pasado y proyectar nuestro futuro.

1Cabe aclarar que en el movimiento estudiantil del 68 no solo participaron estudiantes de la UNAM y de otras instituciones educativas de la Ciudad de México (como el Instituto Politécnico Nacional), sino incluso de otras entidades federativas.

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