Introducción
Así acabó la batalla. El campo presentaba por todas partes las huellas del incendio, sembrado de cadáveres ahumados y con las ropas consumidas; esparcidos aquí y allá los cañones, los trenes, los equipajes, y huyendo en precipitada fuga por las barrancas y el camino la inmensa muchedumbre de los mexicanos. Los españoles de cansados no los persiguieron, y solo Flon con algunos dragones siguió el alcance, separándose a la larga distancia del ejército: pagó bien cara su temeridad; su cadáver sangriento y desfigurado, con multitud de heridas y de contusiones, fue llevado al real de Calleja y puesto a la vista de las atónitas tropas. (Alamán, 1853, p. 38)
El presente artículo tiene la finalidad de reflexionar sobre cuántos, quiénes, cómo y dónde murieron los combatientes de la batalla de Puente de Calderón, ocurrida el jueves 17 de enero de 1811 en las cercanías del poblado de Zapotlanejo, después de la salida de los insurgentes de Guadalajara. Enfrentamiento que ha sido uno de los pasajes de la guerra de independencia más narrados, documentados y revisados por distintos historiadores, cronistas y escritores a lo largo de las dos centurias siguientes a su desenlace.1 Lo anterior, se debe fundamentalmente a que tras la derrota de las tropas insurgentes, encabezadas por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, a manos del Ejército del Centro, bajo el mando del brigadier Félix María Calleja del Rey, el movimiento independentista perdió fuerza y se fragmentó, mientras que las armas realistas avanzaron en la recuperación de los territorios ocupados por los rebeldes (Ortiz, 2010, pp. 133-34).
Al acercarnos a los diferentes escritos sobre la referida contienda militar, encontramos distintos comentarios y variadas cifras respecto del número de tropas, así como las tácticas y tipos de armamento utilizados por ambos bandos en la accidentada topografía del campo de batalla. Un asunto sobre el que también ha corrido bastante tinta es el relacionado con la cantidad de muertes acaecidas, tanto en las huestes insurgentes como en las realistas, durante la batalla de Puente de Calderón. Sin embargo, sobre este último punto, consideramos que existen elementos historiográficos y documentales que hacen pertinente llevar a cabo un estudio más detallado en torno al posible número de beligerantes fallecidos, y en la medida de la disponibilidad de fuentes, sus nombres, así como la forma y sitio en que perdieron la vida como resultado de su participación en este renombrado combate; sin por supuesto dejar de lado la historiografía y literatura que sobre el particular consultamos, además de la información recabada en las actas de defunción de parroquias aledañas a este espacio bélico.
El puente sobre el río: escenario del enfrentamiento
Existe consenso en que esta celebre batalla se llevó a cabo en el Puente de Calderón y sus alrededores; sin embargo, hay algunos aspectos que aclarar en torno a esta estructura de piedra construida sobre el río del mismo nombre. Acerca de su supuesta construcción originaria, Navarrete (1872) señaló que el Dr. don Francisco Romero Calderón tomó posesión en 1677 como “presidente de la Audiencia de Nueva Galicia y gobernador del reino … [y] que en su tiempo construyó el puente llamado de Calderón” (pp. 22-23). Por su parte, Pérez Verdía (1951) refirió que el mismo funcionario, nombrado en 1677 presidente de la Audiencia de Guadalajara y gobernador de la Nueva Galicia, “dejó el puente que en su honor se llamó de Calderón sobre el río Colorado cerca de Zapotlanejo y que se hizo célebre por la batalla que allí libraron años después las huestes independientes” (p. 354). Décadas más tarde, en 1948, Iguíniz (1981) mencionó:
Don Francisco Calderón y Romero … Designado presidente de la Audiencia de Guadalajara y Gobernador de la Nueva Galicia en calidad de interino, partió para aquella ciudad el 9 de noviembre de 1670. Fue un hombre de carácter y de acción, según lo demostró en los hechos de su vida, y aun cuando su gobierno fue corto, dejó … la construcción del puente que en su memoria se llama hasta la fecha de Calderón, sobre el río Colorado, cerca de Zapotlanejo, que facilitó el comercio con México, y andando el tiempo se hizo famoso por la derrota que en sus contornos sufrió el ejército insurgente en enero de 1811. Falleció el 19 de mayo de 1672. (pp. 74-75)
En ese contexto, Páez (1985) publicó que el Dr. Francisco Calderón y Romero
dejó el puente que en su honor se llamó “de Calderón”, sobre el río Colorado, cerca de Zapotlanejo, que facilitó el comercio con México y fue teatro de la tremenda derrota que sufriera el cura Hidalgo el jueves 17 de enero de 1811. (p. 135)
En la misma línea, Rubio (1992) señaló que al
licenciado Francisco Calderón Romero … el 2 de marzo de 1670 se le honró con la presidencia interina de la Audiencia de Guadalajara, iniciando su administración en el último trimestre de ese año. Dejó … el puente que se llamó en su honor “Puente de Calderón”, sobre el Río Colorado, cerca de Zapotlanejo, que facilitó el comercio entre la capital de Nueva Galicia y la de Nueva España. (p. 33)
Por último, Toscano (2010) también avaló esta postura al indicar:
el Puente de Calderón fue construido durante el gobierno del Dr. Don Francisco Calderón y Romero, presidente de la Real Audiencia de Guadalajara y Gobernador General de la Nueva Galicia (1670-1671). El puente es de tres arcos y contrafuertes de corte diamante se construyó sobre el río Colorado que andando el tiempo cambió su nombre por el de Calderón. (p. 70)
Como ha quedado claro, en esta primera postura, los estudiosos del pasado aludidos platean que el Puente de Calderón, donde ocurrió la célebre batalla, fue edificado sobre el río Colorado en la década de 1670 durante la gestión de don Francisco Romero Calderón o de don Francisco Calderón Romero, como también lo llaman, y que, por ende, el puente fue nombrado en su honor.
Ahora bien, existe un segundo grupo de historiadores que sostiene la hipótesis basada en que, en efecto, el puente de Calderón fue construido en el decenio de 1670 durante la gestión del presidente de la Audiencia de Guadalajara, D. Francisco Romero Calderón, pero reconstruido en la década de 1800 a instancias del Consulado de Comerciantes de Guadalajara; tal como lo publicó en Ramírez (1952) al mencionar que en 1801
por una mera casualidad, durante el priorato de D. Antonio Pacheco Calderón, se iniciaron los trabajos de reconstrucción del puente de este nombre, puesto en honor de su constructor, el Presidente de la Nueva Galicia D. Francisco Romero Calderón, quien lo ejecutó durante su efímero gobierno, comprendido entre 1677 a 1679. (pp. 53-54)
En mayo de 1803 “quedaba concluido el trabajo … Esta región alcanzó justa celebridad, por la infortunada batalla librada en sus inmediaciones, el 17 de enero de 1811” (Ramírez, 1952, p. 55). En este mismo sentido, Castañeda (2006) mencionó:
entre 1677 y 1679, cuando gobernaba la Nueva Galicia don Francisco Romero Calderón, se construyó un puente sobre el río, cerca de Zapotlanejo. Tendría que pasar más de un siglo para que este puente fuera reconstruido y recibiera el nombre de su primer constructor. (p. 267)
A su vez, Boils (2009) publicó:
Este sólido puente se construyó en un periodo relativamente corto, de casi tres años, entre 1670 y 1672. Aunque fue reforzado y ampliado en el acho de su vía hacia mediados del siglo XVIII. Su nombre se debe a don Francisco Calderón y Romero, entonces máxima autoridad civil en la provincia de la Nueva Galicia y también presidente de la Audiencia de Guadalajara. (p. 159)
Además, este mismo autor añadió que “de por sí el puente se había reforzado a finales del siglo XVIII, principalmente con el patrocinio de los comerciantes de Guadalajara, agrupados en el Real Consulado de aquella ciudad” (p. 161). Por nuestra parte, sostenemos que el puente de Calderón, construcción de tres arcos, fue una obra nueva erigida en la década de 1800 por iniciativa del Consulado de Comerciantes de Guadalajara en el río del mismo nombre. La primera referencia directa que tenemos sobre el particular proviene de López Cotilla (1983), quien publicó en 1843 que el puente de Calderón fue “construido por el Tribunal del Consulado en 1807 [sic], y célebre en los anales de la revolución por la batalla que el general Calleja dio al Cura Hidalgo el 17 de enero de 1811” (p. 25).
Consideramos que los puentes son edificaciones importantes, por lo que al revisar el informe de Menéndez (1980) realizado sobre la intendencia de Guadalajara, de diciembre de 1791 a mayo de 1793, en relación con Tepatitlán, jurisdicción a la que pertenecía Zapotlanejo, encontramos lo siguiente:
hay varios ríos; pero los que se mantienen perennes todo el año, son: El Grande, el Verde, Calderón y la Alhaja [sic] aunque estos dos últimos suelen a veces secarse … Calderón nace en los cerros del Carnicero y Aguacate, y corriendo Oriente Poniente, muere en el Grande por el paso de Salsipuedes. (p. 105)
Menéndez (1980) no hace referencia a ningún puente sobre el río Calderón, pero sí menciona al puente de Tololotlán, también conocido como Puente Grande, al señalar:
con estos caudales de agua se hace respetable este río [Grande, Tololotlán, Santiago], especialmente en tiempo de aguas. Por cuyo motivo en el tránsito a Guadalajara se halla un puente que seguramente puede ser uno de los mejores del reino. (pp. 105-106)
Postulamos la hipótesis de que sí hubiese existido el puente de Calderón lo habría referido. En ese mismo sentido, al revisar el padrón de la feligresía de Tzapotlán -Zapotlán de los Tecuexes de 1770 - elaborado por el cura José Joaquín De Leiva y Carrillo, se menciona la existencia de un puente de madera que utilizaban los habitantes del poblado de Matatán para cruzar el río Calderón, pero no hay referencia a ningún puente de piedra en el mencionado río. Se encuentra el señalamiento de la existencia de un rancho denominado Calderón, conformado por nueve familias con 32 personas, por lo que está claro que el río se llamaba Calderón antes de que se construyese el puente sobre su lecho.2
Todavía, en relación con el puente en donde se llevó a cabo la célebre batalla entre insurgentes y realistas, Vázquez (2010) complicó aún más el asunto al plantear que el puente de Calderón, de tres arcos, donde se realizó el combate, tal vez no fue el sitio del enfrentamiento, ya que este
el 31 de marzo de 1932 fue declarado monumento colonial. El historiador del arte Francisco de la Maza hizo, a fines del decenio de los cincuenta, una descripción pormenorizada de la estructura, de sus tres arcos “magníficamente dovelados” y de sus materiales de construcción. En cuanto a los arcos, escribió que el central era el mayor, casi del doble del tamaño de los laterales, y señalo también que “no tenía indicios ningunos de proyectiles”. Agregó dubitativo que esto se entendía porque “la batalla en realidad fue en la barranca”. (pp. 52-53)
Sobre la ausencia de daños en la estructura del puente causados por balas que detectó a finales de la década de 1950 el estudioso del pasado Francisco De la Maza, podemos suponer que se debió a que el puente de tres arcos fue remozado antes de declararlo monumento colonial, ya que en fotografías tomadas antes de la guerra cristera son evidentes los daños con contaba dicha estructura de piedra (ver Figura 1).

Fuente: Archivo Histórico del Estado de Jalisco (AHEJ). Documento sin clasificar.
Figura 1 Fotografías de los daños presentes en la estructura del puente de Calderón, ca. 1920
Asimismo, Vázquez (2010) fue enfática al señalar sobre el puente:
ahora está totalmente reconstruido, aunque sin la lápida - que pasó a formar parte de un monumento que está junto a la carretera libre que va de Zapotlanejo a Tepatitlán y que da entrada a un parque turístico que se ha desarrollado ahí con motivo de los festejos del bicentenario de la independencia -. El agua que se observa debajo del puente … es artificial, puesta ahí con objeto de promover paseos en pequeñas barcas. La construcción y su entorno se han convertido oficialmente en el sitio donde tuvo lugar el enfrentamiento militar de 1811. (p. 52)
Esta afirmación generó debate entre algunos investigadores, pues Thiébaut (2011) publicó:
La ubicación exacta de la contienda es otro punto de discusión para los historiadores contemporáneos. Mientras hasta ahora los historiadores habían considerado al puente de Calderón como el escenario de la batalla, la historiadora María del Carmen Vázquez Mantecón lo cuestiona. Relata que el puente que está actualmente en el centro de todas las atenciones se construyó después de la independencia y que existen dos puentes más sobre el río Calderón. El puente escenario de la batalla podría ser otro, situado a 200 metros del primero, y que corresponde a las descripciones de la arquitectura y del río profundo que hizo Mariano Otero. (p. 672)
Ante tal polémica, la historiadora Terán (2014) señaló:
la batalla más emblemática de la independencia de la Nueva España, el enfrentamiento multitudinario en el que perdieron abrumadoramente los insurgentes y ganaron los realistas, sucedió el 17 de enero de 1811 en torno al puente de Calderón, el monumento de tres arcos que construyó el Consulado de Comerciantes de Guadalajara entre 1802 y 1804. (p. 54)
Aclarado este asunto, pasemos al tema de los contingentes en conflicto.
Las huestes en contienda
La cantidad de combatientes, de ambos bandos, que participaron en la batalla de Puente de Calderón ha sido un rubro tocado por estudiosos del pasado a la largo de más de dos siglos. Se han señalado cifras con distintos intereses y fundamentos. Respecto del ejército rebelde, se han mencionado cantidades que van más allá de los 100 000 hombres, disminuyendo a 93 000, 80 000, 30 000 hasta llegar a cifras de entre 15 000 a 18 000. En relación con las tropas realistas los números oscilan entre los 11 000 y hasta los 4 500 soldados, con un consenso en la cifra de 6 000. Para observar la diversidad y/o coincidencia en el número de combatientes, tanto del ejército insurgente como del realista, hemos preparado la Tabla 1.
Tabla 1 Cantidad de combatientes de los ejércitos insurgente y realista expresados durante el periodo 1811-2018
| Ejército Insurgente | Ejército Realista | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Cantidad | Fuente | Año del testimonio | Cantidad | Fuente | Año del testimonio |
| “ochenta mil hombres” | José María Zavalza, en por Hernández y Dávalos (2007) | 1811 | |||
| “cien mil hombres” | Gazeta Extraordinaria del Gobierno de México | 1811 | |||
| “más de cien mil hombres” | Félix María Calleja | 1811 | |||
| “100,000 hombres” | Gaceta de la Regencia de España e Indias | 1811 | |||
| “ciento y tres mil hombres” | Juan Bautista Díaz Calvillo | 1811 | “cuatro mil y quinientos” | Juan Bautista Díaz Calvillo | 1811 |
| “cien mil combatientes” | Manuel Ignacio González del Campillo | 1812 | “ejército pequeño del Rey” | ||
| “noventa y tres mil hombres” | Félix María Calleja, en Rubio Mañé (1948) | 1816 | “pequeño ejército a mi mando, compuesto de cuatro mil caballos, dos mil infantes” | Félix María Calleja, en Rubio Mañé (1948) | 1816 |
| “93 mil hombres” | Mariano Torrente | 1829 | “dos mil infantes, cuatro mil caballos” | Mariano Torrente | 1829 |
| “cerca de cien mil hombres sin armas ni disciplina parecieron a Hidalgo el ejército más formidable capaz de conquistar a la misma Francia” | José María Luis Mora | 1836 | “poco más de seis mil hombres, casí la mitad de ellos de caballería” | José María Luis Mora | 1836 |
| “15 000 a 18 000 indios insurrectos” | Isidore Löwenstern | 1838 | “tropas disciplinadas que ascendían a 11 000 hombres” | Isidore Löwenstern | 1838 |
| “un ejército con cien mil hombres” | Mariano Otero | Ca. 1840 | “seis mil hombres perfectamente disciplinados” | Mariano Otero | Ca. 1840 |
| “el ejército era harto numeroso” | Carlos María De Bustamante | 1843 | |||
| “más de cien mil combatientes” | Tomas De Comyn | 1843 | “siete mil hombres” | Tomas De Comyn | 1843 |
| “cien mil hombres” | Lucas Alamán | 1850 | 1850 | ||
| “100, 000 mil hombres, unos 20,000 eran jinetes” | Lucas Alamán | 1853 | |||
| “cien mil mexicanos” | Gabriel Ferry (Louis de Bellemare) | 1858 | “seis mil españoles” | Gabriel Ferry (Louis de Bellemare) | 1858 |
| “cien mil combatientes” | Ignacio Navarrete | 1872 | “doce mil hombres” | Ignacio Navarrete | 1872 |
| “cien mil hombres de infantería y caballería” | Niceto De Zamacois | 1878 | “seis mil soldados” | Niceto de Zamacois | 1878 |
| “noventa y tres mil hombres” | Julio Zárate | 1880 | “ocho mil hombres” | Julio Zárate | 1880 |
| “ochenta y tantos mil hombres” | Luis Pérez Verdía | 1883 | “cerca de siete mil hombres” | Luis Pérez Verdía | 188 |
| “numeroso ejército” | Ireneo Paz | 1883 | |||
| “30,000 hombres” | Luis Pérez Verdía | 1886 | |||
| “80,000 infantes, 20,000 caballos” | Antonio García Cubas | 1885 | |||
| “veinte mil caballos, ochenta mil infantes” | Joaquín Romo de Vivar y Torres | 1888 | |||
| “una turbamulta de cosa de 93,000 indios con groseras armas e indisciplinados” | Agustín Rivera | 1910 | “un ejército de cosa de 8,000 hombres bien armados i disciplinados” | Agustín Rivera | 1910 |
| “30,000 infantes, 5 o 6,000 jinetes” | Luis Pérez Verdía | 1910 | “más de seis mil hombres” | Luis Pérez Verdía | 1910 |
| “80 mil hombres, aunque bien podían rebajarse 7 u 8 mil que no estaban todavía a propósito para batirse; pero siempre quedaban 70 mil” | Pedro García | 1928 | “6 mil hombres” | Pedro García | 1928 |
| “cerca de cien mil hombres, la mayoría de ellos indios” | Rafael García Pérez | 2000 | |||
| “gran número de rebeldes que calleja estimó muy liberalmente en cerca de 100 000 hombres” | Christian I. Archer | 2002 | “ejército realista de 6 000 tropas” | Christian I. Archer | 2002 |
| “40 000 y, más aún, si se acepta que eran 100 000 elementos” | Jaime Olveda | 2011 | “6 000” | Jaime Olveda | 2011 |
| “cerca de cien mil hombres” | Jaime Olveda | 2016 | |||
| “la mayor fuerza de los rebeldes” | Juan José Benavides Martínez | 2018 | “el pie de fuerza del Ejército del Centro no superó los seis mil efectivos” | Juan José Benavides Martínez | 2018 |
Fuente: Elaboración propia con base en Alamán (1850, p. 119); Alamán (1853, p. 35); Archer (2002, p. 431); Benavides (2018, pp. 246, 258); Calleja (1811, pp. 16-17); De Bustamante (1843, p. 187); De Comyn (1843, p. 317); De Zamacois (1878, pp. 231, 241); Díaz Calvillo (1811, p. 138); Ferry (1858, p. 7); Gaceta de la Regencia de España e Indias, sábado 4 de mayo de 1811, núm. 59, p. 465; García (1928, p. 65) García Cubas (1885, p. 415); García Pérez (2000, p. 26); Gazeta Extraordinaria del Gobierno de México, miércoles 23 de enero de 1811, núm. 11, p. 71; González del Campillo (1812, p. 55); Hernández y Dávalos (2007, doc. 157); Löwenstern (2012, p. 194); Mora (1836, pp. 129, 132); Navarrete (1872, p. 75); Olveda (2011a, p. 21; 2016, p. 776); Otero (1840/2010, pp. 210, 238); Paz (1883, p. X); Pérez Verdía (1883, p. 240; 1886, p. 38; 1951, pp. 84, 91); Rivera (1910, p. 73); Romo (1964, p. 20); Rubio Mañé (1948, p. 482); Torrente (1829, pp. 230-31); Zárate (1880, p. 195-96).
Después de revisar la información de la Tabla 1, queda claro que los realistas, y en particular Calleja, fueron los más interesados en referir y difundir lo copioso del ejército insurgente, además de lo bien equipado del mismo. El general español señaló días después de la batalla que el contingente rebelde se conformaba de más de 100 000 hombres, mientras que alrededor de 1816, a su regreso a España, mencionó:
Los residuos de los ejércitos de Aculco y Guanajuato, se reunieron al de Guadalajara, y formaron un total de noventa y tres mil hombres, comprendido 7 batallones y 16 escuadrones de los Regimientos de Infantería de Celaya, Valladolid, Guadalajara y Guanajuato; y de los de dragones de la Reina, Príncipe, Pátzcuaro y Nueva Galicia, que seguían sus banderas; ocho batallones de su creación y veinte mil caballos diestramente manejados por hombres de campo, acostumbrados al uso de la lanza, con un tren de cien piezas de todos calibres, conducidas del Departamento de San Blas, y servidas por artilleros y marineros del mismo, colocadas en la cabeza de un puente y sus lomas laterales. (Rubio Mañé, 1948, p. 482)
Por otra parte, Agustín Rivera (1910) con una visión más crítica, aunque retoma una cantidade alta de hombres rebeldes, indicó que Hidalgo estuvo “a la cabeza de una turbamulta de cosa de 93,000 indios con groseras armas e indisciplinados” (p. 73). En ese mismo sentido, Alamán (1853) se refirió de esta manera al contingente rebelde:
mientras los insurgentes permanecieron en Guadalajara, Abasolo se ocupó de organizar algunas tropas para dar forma en cuanto fuera posible a las turbas que seguían el estandarte independiente; al efecto formó siete batallones de infantería, seis escuadrones de caballería y dos compañías de artillería, todo con 3,400 hombres, con unos 1,200 fusiles viejos o recompuestos, y sin más oficiales instruidos que los pocos que quedaban de los regimientos de la Reina y de Celaya. (p. 34)
En el mismo sentido de describir al ejército insurgente como un contingente conformado en su mayoría por hombres sin instrucción ni disciplina miliciana, se sumó Pérez Verdía (1886); sin embargo, este estudioso del pasado fue muy crítico respecto de las cifras, pues señaló:
Mucho se ha ponderado el número del ejército independiente que libró la batalla de Calderón, fijándolo en cien mil los Sres. Orozco y Berra y Alamán, y en noventa y tres mil el Dr. Mora, D. Julio Zárate y otros historiadores a quienes no puede tacharse de enemigos de esta causa para suponer que al aumentar el número lo hacían para darle mayor importancia al triunfo. Calleja y los citados escritores aseguran que sólo la caballería de Hidalgo se componía de 20,000 soldados, mas no obstante el respeto que se merecen autoridades tan competentes, no puedo menos de disentir de su opinión, fijando un número excesivamente menor … Si a esta consideración se agrega la dificultad de conseguir forrajes para 20,000 caballos y víveres para 100,000 hombres cuando la población apenas llegaba a 45,000 habitantes, se tendrá como un hecho que no llegó a contarse tan numeroso ejército. (pp. 35-37)
Por su parte, el viajero austriaco Löwenstern (2012) fue quien indicó la cifra más baja de las huestes insurgentes y la más alta del ejército español, al señalar en 1838:
crucé el puente de Calderón, que atraviesa un rápido torrente, lugar famoso por la batalla que perdió Hidalgo frente a Calleja el 17 de enero de 1811 y decidió la suerte de la primera insurrección mexicana. En las montañas que se encuentran al oeste del puente Hidalgo había reunido un ejército formado por 15 000 a 18 000 indios insurrectos y apoyado por un numeroso parque de artillería. En la orilla opuesta se encontraba el general Calleja con sus tropas disciplinadas que ascendían a 11 000 hombres. (p. 194)
Las estimaciones de Löwenstern sobre las cantidades de hombres que conformaban los dos contingentes en disputa, sin duda que colocarían a la batalla de Puente Calderón en un plano más equilibrado; sin embargo, sigue quedando clara la diferencia de preparación y adiestramientos de ambos ejércitos. En 1816, Calleja se refirió a su fuerza bélica como un “pequeño ejército a mi mando, compuesto de cuatro mil caballos, dos mil infantes” (Rubio Mañé, 1948, p. 482). Al parecer esta cifra de 6 000 soldados es consistente, pues estudios recientes indican que
el Ejército del Centro reunido en Dolores a finales de octubre de 1810, que luchó y derrotó a los insurgentes en Aculco, Guanajuato y Puente Calderón, estaba formado por tropas de once cuerpos, ocho milicianos y tres veteranos, procedentes de cuatro regiones (San Luis, Querétaro, México y Puebla). La mayoría de las plazas eran montadas (unos 3,450 hombres), aunque había un componente importante de infantería y, si bien contaba con unos 1,550 militares, era una fuerza mayoritariamente miliciana (74%), es decir, formada por hombres con cierta instrucción militar pero que no eran profesionales. (Benavides, 2018, p. 258)
En suma, podemos señalar que, aunque las tropas del contingente realista no eran precisamente en su mayoría militares profesionales, sí fueron superiores en orden y disciplina a las huestes rebeldes, como quedó demostrado en la batalla de Puente de Calderón, “en la que perdió la vida Manuel Flon [y] dejó a la insurgencia herida de muerte, a pesar de que los cabecillas lograron escapar” (Benavides, 2018, p. 258). Después de estudiar la diversidad de cifras sobre las huestes realistas e insurgentes confrontadas en el puente de Calderón, pasemos ahora a referir cuántos, quiénes y cómo murieron en dicho enfrentamiento.
Los muertos realistas de la batalla
El general Félix María Calleja (1811), ya en Guadalajara, después de su victoria en Puente de Calderón, mencionó en relación con las bajas de su ejército, que “mi pérdida parecerá increíble atendida la inmensa muchedumbre de los enemigos …, pues no excede de cincuenta muertos y ciento y veinte y cinco heridos” (pp. 12-13). Lo anterior “indica que las armas utilizadas en el enfrentamiento eran poco efectivas, es decir, de limitado alcance, y que las piedras, las lanzas, las flechas y otros artefactos de hechura doméstica, desempeñaron un papel importante” (Olveda, 2011a, p. 22). Asimismo, aunque sus muertos fueron relativamente pocos, Calleja (1811, pp. 12-13) lamentó el fallecimiento de su segundo al mando del Ejército del Centro, de Manuel Flon, conde de la Cadena, de quien abordaremos más adelante las distintas versiones de su muerte, pero antes veamos los óbitos no tan ilustres e inclusive anónimos del contingente realista (ver Tabla 2).
Tabla 2 Combatientes del ejército realista muertos en la batalla de Puente de Calderón reportados en el Detall de Calleja
| Número | Nombre | Regimiento |
|---|---|---|
| 1 | Teniente don Juan Pinto [de Toluca] | Regimiento de la Corona |
| 2 | Soldado Juan Rocha | Regimiento de la Corona |
| 3 | Soldado José Delgado | Regimiento de la Corona |
| 4 | Soldado José Bulnes | Regimiento de la Corona |
| 5 | Soldado Felipe Martínez | Regimiento de la Corona |
| 6 | Soldado Juan Castillo | Batallón de Patriotas |
| 7 | Soldado José María Isidro | Batallón de Patriotas |
| 8 | Soldado Juan Inostroso Estrada | Batallón de Patriotas |
| 9 | Anónimo | Batallón de Patriotas |
| 10 | Anónimo | Batallón de Patriotas |
| 11 | Anónimo | Batallón de Patriotas |
| 12 | Dragón ultramarino José Carreras | Regimiento de México |
| 13 | Dragón José González | Regimiento de México |
| 14 | Dragón José Jiménez | Regimiento de México |
| 15 | Dragón José Linares | Regimiento de México |
| 16 | Anónimo | Regimiento de México |
| 17 | Anónimo | Regimiento de México |
| 18 | Anónimo | Regimiento de México |
| 19 | Anónimo | Regimiento de México |
| 20 | Anónimo | Regimiento de México |
| 21 | Anónimo | Regimiento de México |
| 22 | Anónimo | Regimiento de México |
| 23 | Anónimo | Regimiento de México |
| 24 | Dragón ultramarino Manuel Suárez | Regimiento de México |
| 25 | Dragón Francisco Ramírez | Regimiento de México |
| 26 | Dragón Bruno Rodríguez | Regimiento de Querétaro |
| 27 | Dragón Vicente Lara | Regimiento de Querétaro |
| 28 | Alférez don Gervasio De la Cuesta, de una bala de cañón | Regimiento de Puebla |
| 29 | Sargento José Choperena | Regimiento de Puebla |
| 30 | Sargento Manuel Munibe | Regimiento de Puebla |
| 31 | Sargento Manuel González | Regimiento de Puebla |
| 32 | Cabo José Ureña | Regimiento de Puebla |
| 33 | Cabo José Bonilla | Regimiento de Puebla |
| 34 | Cabo Cayetano Durán | Regimiento de Puebla |
| 35 | Soldado José María Ortiz | Regimiento de Puebla |
| 36 | Soldado Juan Castañeda | Regimiento de Puebla |
| 37 | Soldado Juan Blanco | Regimiento de Puebla |
| 38 | Soldado Francisco Serrano | Regimiento de Puebla |
| 39 | Soldado Ramón Carrasco | Regimiento de Puebla |
| 40 | Soldado José Losada | Regimiento de Puebla |
| 41 | Soldado José Ignacio Moreno | Regimiento de Puebla |
| 42 | Soldado José Sánchez | Regimiento de Puebla |
| 43 | Soldado José Ortiz | Regimiento de Puebla |
| 44 | Soldado José Silva | Regimiento de Puebla |
| 45 | Soldado José Rivera | Regimiento de Puebla |
| 46 | Soldado Rafael Fernández | Regimiento de Puebla |
| 47 | Soldado Manuel Góngora | Regimiento de Puebla |
| 48 | Cabo Remigio Palencia | Regimiento de San Luis |
| 49 | Cabo Juan Del Puerto | Regimiento de San Carlos |
| 50 | Cabo Francisco Torres | Regimiento de San Carlos |
| 51 | Portaestandarte don José Tiburcio Moctezuma | Cuerpo de Frontera |
| 52 | Cabo José Ignacio Rendón | Cuerpo de Frontera |
| 53 | Soldado Matías Molina | Cuerpo de Frontera |
| 54 | Soldado Victorio Solano | Cuerpo de Frontera |
| 55 | Soldado Marcos Bustamante | Cuerpo de Frontera |
| 56 | Soldado Ignacio Zúñiga | Cuerpo de Frontera |
| 57 | Soldado Antonio Guerrero | Cuerpo de Frontera |
| 58 | Soldado Cipriano Hernández | Cuerpo de Frontera |
| 59 | José María Hernández | Cuerpo de Frontera |
| 60 | Aniceto Araujo | Compañía de la guardia del general Calleja |
| 61 | Voluntario don Francisco Méndez | Compañía de Guanajuato |
| 62 | “Señor conde de la Cadena comandante en segundo de este exército, y lleno todo de heridas se cubrió de una gloria inmortal por el mejor servicio del rey y de la patria” | Regimiento de Puebla |
Fuente: Calleja (1811, pp. 24, 26-30).
La primera imprecisión que encontramos en la cantidad de muertes realistas que refirió Calleja (1811) en su Detall, es que sus bajas sí excedieron el medio centenar de fallecimientos, pues una revisión minuciosa del referido informe nos da la cantidad de 62 hombres caídos en el enfrentamiento; es decir, 21 óbitos más que los 41 fallecidos aceptados en el informe de guerra, a saber: “Oficiales 002, Sargentos 003, Cabos 008, Soldados 027 y Voluntarios 001, para un total de 041 muertos” (p. 30). Cifra que tampoco se acerca al cálculo de Mora (1836, p. 136), quien estimó una cantidad de 500 muertos.
En tal contexto, vayamos ahora con las distintas versiones de la muerte del segundo comandante del Ejército del Centro e intendente de Puebla, Manuel Flon, conde de la Cadena, quien “murió también lleno de heridas el día de la función” (Calleja, 1811, p. 26). El propio Calleja (1811) se refirió en su Detall a esta víctima mortal de la siguiente manera:
no puedo dejar de hablar con mucho sentimiento de la lamentable pérdida de mi segundo el Sr. Conde de la Cadena, quien, habiéndome acompañado hasta tomar la batería del centro, se separó de mí llevado de su gran valor y entusiasmo a seguir el alcance de los enemigos en que pereció con algunos pocos que lo acompañaron, llenando de luto todo el ejército por la grande estimación y confianza que inspiraban su persona y virtudes militares. (p. 13)
En el mismo sentido, Félix María Calleja en su carta fechada el 22 de febrero de 1811 y enviada al obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas, quien se hallaba fuera de Guadalajara, señaló lo siguiente:
Muy Señor mío y de toda mi estimación y respeto: Por conducto del Señor [José María] Gómez y Villaseñor [gobernador y vicario general del Obispado de Guadalajara] he recibido la apreciable carta de Vuestra Señoría Ilustrísima de 6 de este mes [febrero] en que me felicita el feliz suceso de las armas del Rey a mis órdenes en Puente Calderón. Ella nos fue costosa, pues perdimos a nuestro amado amigo el Señor Conde de la Cadena y algunos otros valientes; pero siempre fue una pérdida muy inferior al tamaño de la empresa que creo nos ha dado la seguridad de que carecíamos.3
Existen distintas versiones y algunos matices sobre el fallecimiento de Manuel Flon, conde de la Cadena, en las que su valor, ímpetu, crueldad y odio contra los insurgentes, según varios autores, fueron la causa de su trágica muerte. Torrente (1829) mencionó que este noble militar:
arrebatado de su ardor se introdujo con 20 dragones por uno de aquellos grupos más peligrosos, halló una muerte cruel, que llenó de aflicción a aquel ejército, que tantas veces había sido testigo de su inimitable valor i distinguidas hazañas. (p. 233)
García (1928) escribió que, en medio de la batalla, una caballería insurgente “que serían 800 hombres mandados por Marroquín, se echó encima del enemigo con tal furia, que se revolvieron unos y otros: el fin de este choque, fue sacarse a Flon, lazado y arrastrado” (p. 66). Mora (1836) narró que entre los realistas fallecidos en la refriega se encontraba “el segundo jefe del ejército conde de la Cadena cuyo cadáver se halló al día siguiente traspasado de muchísimas heridas” (p. 136). Löwenstern (2012) refirió al respecto que “perdió la vida el conde de la Cadena: al ir a atacarlo se adelantó con exceso y cayó en una emboscada de los indios; atrapado por sus lazos, pereció atravesado por 100 armas diferentes” (pp. 194-195). De Bustamante (1843) señaló que
los americanos emboscados, le echaron lazo, lo arrastraron y se cebaron en él, dándole muchas heridas y contusiones; de modo que en su cuerpo se notaron no pocas hechas con varios instrumentos. Se ha averiguado que un mulato llamado Lino fue el que le dio muerte. (p. 189)
Mientras que Lucas Alamán (1850) refirió sobre este suceso que, al fragor de la contienda, el conde de la Cadena
se adelantó tan indiscriminadamente que vino a hallarse solo: dióle muerte un soldado del regimiento provincial de Valladolid, y su cadáver se encontró a alguna distancia del camino, cubierto de multitud de heridas y contusiones de toda clase de armas. (p. 130)
Por su parte, Castillo Negrete (1875) mencionó que se había visto a Manuel Flon ir en persecución de los rebeldes, pero no regresar; por lo que Calleja comisionó a algunos de sus hombres a ir en su búsqueda, quienes regresaron con
el cadáver del conde horriblemente desfigurado, multitud de heridas y de toda clase de armas se veían en su cara y cuerpo, el conde no había muerto en el campo de batalla, sus heridas indicaban que había caído en poder de sus enemigos y que éstos le dieron muerte haciendo uso de toda clase de armas. (p. 16)
Pérez Verdía (1951) enfatizó que en la persecución de insurgentes que efectuó el conde de la Cadena “fue lazado por un ranchero, arrastrado y herido con diversas armas” (p. 91). A su vez, Gómez (1910) publicó que el intendente Flon “perdió la vida, debido a que imprudentemente y dejándose llevar de su carácter arrebatado, separóse del resto del ejército después de haber quitado a los independientes su gran batería, quedando solo y a disposición de sus enemigos” (p. 68). Por su parte, León (1902) hizo hincapié en el ímpetu sanguinario del conde la Cadena, quien en su sed de venganza se fue
en persecución de los vencidos, sembrando el campo de cadáveres. Detuviénronse los vencidos, protegidos por una columna que aún hacia fuego sobre los realistas, y descargando sobre el Conde sus armas cayó acribillado de balas, con lo que se suspendió aquella tenaz persecución. (p. 409)
Hasta aquí hemos compartido diferentes referencias sobre la muerte del noble militar peninsular Manuel Flon, pero enseguida mostraremos una versión que fue llevada al extremo, la cual inició con el profesor Guevara (2000), quien publicó en 1919 que el conde de la Cadena en su persecución de insurgentes llegó a Zapotlanejo
a un puente que se encuentra allí, puente colosal de mampostería y de gran fortaleza y junto a él a orilla del agua un añoso tronco de sabino y de gran gruesor, donde se afortinó un indio vecino prominente de este lugar, llamado Juan Terríquez, toma su flecha, mete puntería y da un certero pinchazo al Conde de la Cadena, que hizo en pocos instantes, cayera de su caballo hecho ya cadáver. (p. 27)
En el mismo sentido, Sánchez (1986), en su participación en un libro colectivo,4 retomó la propuesta de Guevara al señalar:
un vecino de Zapotlanejo … tuvo la feliz idea de inmolar a Flon … preparó su arma, una flecha que escogió, templó su arco, … se dirigió a un sabino que como centinela se encontraba a la orilla del río, a tres metros del puente, del lado oriente de este monumento, … cuando divisó a Flon que venía montado en su brioso corcel, uniformado impecablemente a la usanza del ejército español, sintió este indio que su corazón latía aceleradamente, su mente serena y con la seguridad de que todo le iba a salir bien, templó su arco, apuntó al corazón de Manuel Flon, soltó la flecha sostenida con la mano derecha, ésta salió disparada, silbando al mismo tiempo que rompía el aire y fue a incrustarse al corazón del Conde de la Cadena, quien presa del dolor y de la desesperación previas a la muerte, con un hilo de sangre que manaba de la comisura de sus labios, perdió el equilibrio … y cayó al suelo golpeándose y con la expresión en su rostro de aparente calma, pues la muerte fue inmediatamente después del impacto de la flecha de Juan Terríquez. (pp. 176-77)
Con la finalidad de dar mayor peso y contundencia documental a esta versión se presentó como evidencia irrefutable la supuesta acta de defunción del conde de la Cadena, en la cual el cura de la parroquia de Zapotlanejo, Dr. D. José Ignacio Pérez registró que mandó
dar sepultura eclesiástica a Manuel Flon, español, que murió de un flechazo en el pecho como a las seis de la tarde por un indio llamado Juan Terríquez. Se llevaron a cabo las exequias y se sepultó en el templo mientras se trasladaba a Guadalajara. (Castañeda, 1986, p. 182)
A su vez, Venegas (1991) publicó un artículo en el cual indica que “únicamente en Zapotlanejo, en las historias populares, se oye hablar de un indígena local llamado Juan Terríquez que mató al conde de la Cadena con su arco y flecha” (p. 26); desde esta perspectiva,
historias locales basadas en relatos orales de los habitantes del pueblo; refuerzan la narrativa ya establecida de Juan Terríquez como el indígena responsable de la muerte del Conde. No hay pruebas suficientes para establecer definitivamente cuál de estas narrativas es la verdadera. Pero las afirmaciones de los documentos oficiales y las historias formales no son necesariamente más fuertes que el peso de la historia popular y la tradición. (p. 27)
Es posible considerar que “los habitantes de Zapotlanejo tienen su propia versión de lo ocurrido en la Batalla de Calderón. Su historia popular es una mezcla de historia oral y escrita. Toma hechos históricos bien conocidos y los complementa con información local” (Venegas, 1991, p. 28). Sin embargo, desde nuestra perspectiva, intentar respaldar los relatos orales populares con “documentos formales” no es una decisión exenta de riesgos, pues se llegó a sugerir que
durante muchos años, biógrafos e historiadores de la insurgencia mexicana coincidieron en gran parte de sus apreciaciones en torno a la batalla del puente de Calderón y sus participantes, ya que acudían a las mismas fuentes. Hoy, después de los estudios de Jesús Sánchez Carrillo, muchas páginas deberán corregirse. (Fregoso, 1986, p. 13)
Empecemos entonces con las correcciones, pues Casas (1997) señaló:
no se puede cerrar este capítulo de la historia de Zapotlanejo sin antes hablar del papel que jugó Juan Terríquez, un personaje de Zapotlanejo que se cubrió de gloria al dar muerte a Manuel Flon … Lo anterior lleva a desmentir lo afirmado por Calleja en el sentido de que una partida de sus hombres encontró acuchillado a Flon. (pp. 147-48)
Según este autor, y con base en la ya referida acta de fallecimiento del conde de la Cadena, Manuel Flon murió a causa de una flecha que le acertó Juan Terríquez. Lamentablemente, para esta versión de los hechos, Casas (1997) informó la primera corrección, al mencionar:
la foja donde se asienta la muerte del Conde de la Cadena fue arrancada del libro de Entierros correspondiente … Dada que es notoria la falta de actas de defunción de enero y gran parte de febrero, yo analicé el libro y tiene cortada por navaja muy fina esa hoja. (p. 157)
A pesar de la mutilación de dicho documento parroquial, Báez (2000) mantuvo esta narrativa al publicar:
Don Manuel Flon, Conde de la Cadena, cuando se dio cuenta de la victoria persiguió a los insurgentes y fue cazado de un flechazo, lanzado desde un sabino, junto al puente que se ubica a la entrada norte de Zapotlanejo, por el zapotlanense Juan Terríquez. (p. 82)
Por su parte, Meyer (2010) coincide con esta versión, pero no en una obra histórica propiamente dicha, sino en su novela Camino a Baján, en la que nos comparte:
Cuando los insurgentes se desbandaron en Calderón, Flon se puso a perseguirlos y a matarlos por la espalda con sablazos. Poco a poco se fue alejando del ejército, quemando los jacales que encontraba a su paso y asesinando todo lo que se movía. Al final sus soldados, incapaces de hacerlo razonar optaron por regresar y lo dejaron solo. Sólo llegó a Zapotlanejo, que se había llenado de insurgentes fugitivos, entre éstos el Amo Torres. El flechero Juan Terríquez estaba escondido en un sabino, a tres metros del puente, cuando divisó a Flon, que venía a caballo, uniformado a la usanza española. Terríquez templó su arco, apuntó, disparó. Flon flechado en el corazón, perdió el equilibrio y su corcel espantado corrió con el jinete prendido del estribo con la espuela izquierda, hasta que se desprendió del cuerpo y cayó al suelo. Juan Terríquez desapareció en la noche. (p. 173)5
Ahora sabemos que “la muerte de Flon no se debió al supuesto indio flechero Terríquez, una invención más que ofende al rigor histórico” (Toscano, 2010, p. 62). Sin embargo, debido a la importancia del personaje fallecido, los integrantes del Cabildo Catedralicio de Guadalajara, ante la ausencia en la ciudad del obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas, reunidos el 24 de enero de 1811, en la urbe tapatía decidieron que
se trajese de cuenta de este Venerable Cabildo el Cuerpo del Señor Coronel de los Reales Ejércitos, Gobernador Intendente de la Ciudad de Puebla, que murió en la última batalla, y se halla sepultado en la Iglesia de Zapotlanejo, para que sepultándose en esta Catedral, se le hagan las correspondientes exequias funerales.6
El cadáver del intendente de Puebla en efecto “fue trasladado a la catedral de Guadalajara” (Alamán, 1850, p. 130), donde le realizaron solemnes honras fúnebres (Pérez Verdía, 1951, p. 93) y fue sepultado “junto a la puerta mayor, donde hoy ninguna lápida lo señala” (Villaseñor, 1975, p. 35). Además, en la Ciudad de México se realizó una colecta el 5 de febrero
para gratificar a los militares que más se distinguieran, y auxiliar a las familias de los que habían muerto. Se reunieron en pocos días más de cincuenta mil pesos, de cuya suma se dieron seis mil a la señora Condesa, viuda de la Cadena. (Arrangoiz, 1968, p. 69)
Mientras que en la ciudad de Puebla la muerte de Manuel Flon fue notificada a las autoridades poblanas “el día veintinueve de enero por el hijo de aquel funcionario, don José de Flon” (Gómez, 1910, p. 69). Además, debido al linaje e importancia del militar
El día doce [de febrero] hubo en el tempo de San Agustín solemnes honras fúnebres por el finado Sr. Flon, y tres días después iguales ceremonias con el mismo fin en la Compañía, Espíritu Santo, organizadas por la familia del ilustre muerto. (pp. 69-70)
Estas se anunciaron de la siguiente manera:
El apreciable Sr. Conde de la Cadena, Don Manuel de Flon y Texada, que en esta ciudad obtuvo los decorosos empleos de la magistratura: que en el reino desempeñó el título de jefe de una de las brigadas de milicias: que en nuestro ejército fue General segundo; y que sosteniendo con el mayor denuedo y bizarría la justa común causa de la religión y de la patria, murió a manos del enemigo después del glorioso ataque del Puente de Calderón; merece ser honrado como nuestros estrechos vínculos lo piden, y como su heroicidad lo demanda.7
Para cerrar este apartado, es importante señalar que tras revisar el original del Libro de entierros de la parroquia de La Purísima Concepción de Zapotlanejo,8 correspondiente al periodo 1793-1815, pudimos constatar que lamentablemente la foja 217 y 217 vuelta, la cual contenía la alteración del acta apócrifa de Manuel Flon, había sido cortada; por fortuna este volumen de registros de defunciones había sido microfilmado el 1 de diciembre de 1956 por indicaciones de la Iglesia de Jesucristo de Todos los Santos de los Últimos días, por lo que estamos en posibilidad de realizar una corrección más, pues según se afirmó en 1986:
considerable fue la pérdida de los independientes en esta infortunada batalla, y aunque no hay documentos oficiales que nos digan el número exacto de muertos y heridos, en el libro de entierros de la parroquia de Zapotlanejo apenas sí aparecen trece actas correspondientes a trece cadáveres que llevaron a enterrar al panteón de esa población. (Sánchez, 1986, p. 162)
En realidad, las actas de defunción relacionadas con las bajas en la batalla, solo fueron de tres hombres realistas (ver Tabla 3), pero ninguna corresponde al conde de la Cadena.
Tabla 3 Milicianos realistas participantes en la batalla de Puente de Calderón y registrados en el libro de defunciones de la parroquia de la Purísima Concepción de Zapotlanejo
| Número | Nombre | Fecha del registro de defunción | Datos personales |
|---|---|---|---|
| 63 | Basilio Almaras | 26 de enero de 1811 | Español del Monte de Madrigales que murió en la guerra de un balazo, dejó viuda a Manuela Díaz |
| 64 | Bautista Torres | 26 de enero de 1811 | Español, soltero de las Fuentes, que murió el día diez y siete en la guerra como a las once del día, hijo legítimo de Juan José Torres y de Felipa Morales |
| 65 | D. Francisco Vilchis | 9 de febrero de 1811 | Se encontró degollado en el Puesto de Corralillo. Dejó viuda a Doña María Isabel de Miranda y este cadáver lo trajo su hijo D. Manuel de Vilchis asegurando ser del enunciado D. Francisco Vilchis comandante de la División Segunda del Sur |
Fuente: APPCZ, Libro de entierros 1793-1815, s. n., fols. 217v-218. https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:9392-V19G-48?wc=3J8W-JWL%3A173950701%2C17193380 2%2C174794001%26cc%3D1874591&cc=1874591&lang=es&i=280
De Basilio Almaras y de Bautista Torres no contamos con mayor información, pero de Francisco Vilchis, comandante de la División del Sur, sabemos que antes de la batalla de Puente de Calderón, según reportes del intendente de Guadalajara, Roque Abarca,
se fue cuatro veces a México sin licencia mía. Y no solo se desatendió mi justo reclamo, sino que habiendo desertado un hijo suyo (Nicolás) que servía de teniente de milicias, con nombre supuesto, di parte de sus delitos, y la respuesta fue hacerlo Capitán Veterano. (Ramírez, 1980, p. 41)
Francisco Vilchis dejó huérfanos a sus hijos Nicolás, Manuel y Joaquina, quien tenía 18 años de edad y era “española, natural del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias” (Ramírez, 1980, p. 125). De esta manera, debemos agregar a la cantidad de 62 realistas muertos en el campo de la batalla de Puente de Calderón registrados en el Detall de Calleja, a los tres hombres fieles a la Corona que murieron en dicha contienda y fueron registrados en el Libro de defunciones de la Purísima Concepción de Zapotlanejo, como quedó asentado en la Tabla 3; para obtener una suma, hasta el momento, de 65 realistas víctimas de la contienda. Dicho lo anterior, pasemos ahora a los fallecidos de las huestes insurgentes en el campo de batalla.
Las bajas del ejército insurgente
Las cifras sobre el número de muertes ocurridas en el contingente rebelde durante la batalla del 17 de enero de 1811 son variadas e inclusive contradictorias. El general Calleja (1811) en su Detall9 indicó que el campo de batalla estaba “cubierto de cadáveres, de cañones, municiones y todos los despojos que en tales casos ofrece la derrota de un ejército tan considerable” (p. 12). Además, refirió no poder
calcular el número de muertos del enemigo; pero por las noticias que se han recibido hasta ahora es muy considerable el de los encontrados tendidos en el campo, siendo inaveriguable el número de los heridos que habrá muerto en las barrancas y fragosidades por donde se dispersaban. (p. 12)
Aunque Calleja no precisó una cifra sobre el número de víctimas rebeldes en el enfrentamiento registrado el 17 de enero de 1811, su comandante de la columna de granaderos, don José María Jalón, señaló que “tuvo aviso por la que fue a forrajear al lugar de la función que habían contado más de 1200 muertos y que aun había muchos más” (Calleja, 1811, p. 18). Zavala (1831) publicó que en el ejército insurgente hubo “más de 18 000 muertos y doble número de heridos” (p. 62); mientras que Alamán (1853) mencionó que “los insurgentes perdieron en esa batalla 500 hombres, según unos, y 1200 según el parte de Calleja, que sin duda abulta el desastre de los mexicanos” (p. 38); Arróniz (1858) estableció que “más de mil hombres perdieron los independientes” (p. 179); en tanto que Peréz Verdía (1951) indicó que “los insurgentes tuvieron de quinientos a mil muertos” (p. 91). También están los historiadores que no ofrecieron cifras de muertos, pero sí sus impresiones sobre el particular, a saber: Torrente (1829), quien comentó que “fue inmenso el número de sus muertos [insurgentes]” (p. 233). Mora (1836) señaló:
es imposible saber ni aun calcular la pérdida de los insurgentes, pues ni ellos se hallaban en estado de evaluarla; pero no habiendo sufrido gran cosa del alcance y habiendo solo entrado en acción cerca de ocho mil hombres es de presumir que no sería muy notable. (p. 136)
Alamán (1850) refirió que “la pérdida de los insurgentes fue muy considerable, aunque no encuentro expreso en ningún documento el número de muertos” (p. 129); por último, Zaragoza (1880) expresó que “no ha llegado a saberse la pérdida que experimentaron los insurgentes” (p. 199). Desde la perspectiva de Agustín Rivera (1910):
se ignora el número de muertos i de los heridos en la turba de Hidalgo … en parte porque los jefes no los contaron, sino que luego que terminó la acción se separaron del campo de batalla dejando insepultos los cadáveres, y en parte, porque los primeros historiadores De Bustamante y Alamán no escribieron con imparcialidad. (pp. 74-75)
En tal contexto, veamos enseguida qué información tenemos sobre los rebeldes caídos en la refriega (ver Tabla 4).
Tabla 4 Combatientes del ejército rebelde muertos en la batalla de Puente de Calderón
| Número | Nombre | Descripción de la muerte |
|---|---|---|
| 1 | Anónimo | El dragón José Ordaz mató a un enemigo portador de una bandera |
| 2 | Anónimo | “El dragón Eusebio Balcazar se apoderó de una bandera con la imagen de nuestra Señora de Guadalupe, dando muerte al que con obstinación la defendía” |
| 3 | Anónimo | El dragón del regimiento de México Eusebio García mató a tres insurgentes |
| 4 | Anónimo | |
| 5 | Anónimo | |
| 6 | Anónimo | “El dragón José Domínguez mató cinco insurgentes para recobrar un estandarte” |
| 7 | Anónimo | |
| 8 | Anónimo | |
| 9 | Anónimo | |
| 10 | Anónimo | |
| 11 | El cabo veterano Mariano Salgado dio muerte a un insurgente | |
| 12 | Artillero anónimo | Los dragones Gil Vázquez y José Ceballos mataron “a un artillero y a un indio” |
| 13 | Indio anónimo | |
| 14 | Capitán Sánchez | “El dragón Sixto Zabala mató al capitán Sánchez de los insurgentes” |
| 15 | Anónimo | El alférez don Francisco Mayorga mató dos enemigos primero y luego otros cuatro |
| 16 | Anónimo | |
| 17 | Anónimo | |
| 18 | Anónimo | |
| 19 | Anónimo | |
| 20 | Anónimo | |
| 21 | Anónimo | El sargento Agustín Rivera mató a cuatro enemigos |
| 22 | Anónimo | |
| 23 | Anónimo | |
| 24 | Anónimo | |
| 25 | Anónimo | El alférez D. Cenón Fernández mató a un enemigo |
| 26 | Anónimo | El soldado Ponciano de Arcos mató a un insurgente |
| 27 | Anónimo | El portaestandarte don Macario Guerrero mató de un balazo a un insurgente |
| 28 | Capitán anónimo | “El 19 pasó nuestro ejército el puente, y se aprehendieron algunos dispersos y un capitán que llevaba pliegos para el cura de Iriarte, y fue a poco rato pasado por las armas” |
| 29 | Miguel Gómez Portugal | “Jefe revolucionario quien con otros entusiastas de la región favoreció la insurrección en los pueblos aledaños a Río Grande. Después de la batalla de Calderón, se desconoce su paradero, por lo que se infiere que ahí perdió la vida” |
| 30 | Pbro. D. Joaquín Carrasco | “Antes de la batalla del 17 de enero encontraron al P. D. Joaquín, con quien desayunaron chocolate y no lo volvieron a ver” |
| 31 | José Nieves | “Mulato de Valladolid, soltero, lo único que se averiguó: Se le administraron los sacramentos de penitencia eucarística y Extremaunción, murió en esta Feligresía de quemado en la guerra y se sepultó de limosna” |
Fuente: Archivo de la Parroquia de Santo Santiago de Tonalá (APSST), Libro de entierros 1798-1814, s. n., fol. 34; Espinosa (1811, pp. 31-33); Gaceta de la Regencia de España e Indias, sábado 4 de mayo de 1811, núm. 59, p. 465; Muriá y Peregrina (2009, p. 78); Ramírez (1969, p. 132).
Tras revisar la información de los 31 rebeldes fallecidos registrados en la Tabla 4, queda claro que los insurgentes muertos en el campo de batalla eran en su mayoría simpatizantes de la causa de origen humilde, quienes después de su fallecimiento, y más en el contexto de la derrota, fuga y dispersión de las tropas vencidas, difícilmente se podían identificar con nombre y apellido. La excepción de este segmento popular de rebeldes es José Nieves, mulato y soltero de Valladolid, quien posterior a su participación en la batalla de Puente de Calderón, quedó registrado el 27 de enero, por el señor cura don Manuel Moreno, en el Libro de entierros del curato de Santo Santiago de Tonalá, donde murió “de quemado en la guerra y se sepultó de limosna”.10 Esta causa de muerte, de un insurgente que participó en la contienda, nos da la pauta, para también señalar que un siniestro en el campo de batalla fue el posible motivo del fallecimiento de una importante cantidad de rebeldes caídos en acción.
El 17 de enero de 1811, día de la “función” de Calderón, “ambos ejércitos estaban situados sobre un plano, cubierto de un zacate bastante crecido a la altura de más de media vara. El día amaneció con un aire fuertísimo de noroeste, y llegaba impetuoso sobre el ejército mejicano” (García, 1928, p. 65). Durante el transcurso de la batalla, el matorral seco se incendió y el fuerte viento prevaleciente trasladó las brasas a un cajón de municiones, “lo cual contribuyó a aumentar el pavor y el desorden entre los insurgentes, quienes ya solo trataban de salvarse del incendio, en medio de la oscuridad producida por el humo” (Navarrete, 1872, p. 76). Con esta versión coincide De Bustamante, quien es citado por Alamán.
La explosión del carro no sólo produjo un gran daño en los americanos que llevó consigo, sino que además incendió un área inmensa de terreno de pajón alto y muy seco, cuyo humo daba excitado por un recio viento y ventisca que hubo en aquel día, humo que hería de cara al ejército de Hidalgo. (De Bustamante, 1843, p. 188)
Alamán (1850) señala:
Dícese que la dispersión de Calderón la causó en gran parte una granada de a cuatro, que cayendo en un carro de municiones, lo hizo volar e incendió la grama seca que cubría el campo, llevando el aire el humo y el fuego contra los insurgentes. (p. 132)
Entre los más afectados por la propagación del fuego y la explosión del parque, estaban “los miserables artilleros, que los que no quedaban muertos en el acto, quedaban asados, formando sus cuerpos el aspecto más horrible” (García, 1928, p. 69). Entre los quemados, hubo un artillero, a quien se le dio un trato especial, ya que para atenderlo fuera del campo de batalla se le subió a un quitrín, la figura y el aspecto del calcinado
eran horribles: sus lamentos no podían oírse sin angustia: todo esto unido infundió lástima, y no se libraba la vista de un terror espantoso. Como el enfermo no podía sufrir cobija alguna iba descubierta, y por donde caminaba, (que era donde estaba más tropa acumulada) derramaba en ella el espanto y desaliento. (García, 1928, p. 69)
Así, al final de la contienda “el campo presentaba por todas partes las huellas del incendio, sembrado de cadáveres ahumados y con las ropas consumidas” (Alamán, 1853, p. 38). De esta manera era muy complejo identificar a los quemados y caídos insurgentes derrotados en el campo de batalla; además de que Calleja, el general vencedor de la contienda, el viernes 18 de enero dio instrucciones al doctor José Ignacio Pérez, párroco de Zapotlanejo, quien señaló que tuvo
la satisfacción de cumplimentar al día siguiente al Señor General en la inmediación a mí Feligresía, quien posteriormente se sirvió encargarme la solicitud e incendio de los cadáveres que quedaron en el campo de Batalla y otras comisiones que desempeñé a su satisfacción, y la primera verifiqué poniéndome al frente de doscientos hombres con peligro de contagio que era forzoso por su corrupción.11
Al parecer los ayudantes del sacerdote Pérez apilaron los cuerpos y procedieron a calcinarlos para posteriormente cubrir los restos con tierra y piedras. “Quince días fueron necesarios para incinerar los cuerpos de los indios muertos en la batalla y en la desastrosa retirada” (Löwenstern, 2012, p. 196). En su visita al sitio de la contienda, Mariano Otero (2010) señaló que observó
una multitud de piedras sobre las que en otro tiempo se levantaban unas pequeñas cruces de palo, y en las cuales el vulgo creía que se habían recogido las osamentas dispersas de los cadáveres que quedaron insepultos en aquellos sitios. (p. 376)
Agustín Rivera (1910) refirió que en sus múltiples traslados a Guadalajara durante los años de 1837 y siguientes “pasé por el campo donde fue la acción, vi allí diez o doce montones de huesos, cubiertos con tierra, piedras i ramas de huizache” (p. 75). Con el paso de los años se convirtió en
una especie de túmulo grosero, a cuyo lado se elevaba un mezquite, excesivamente viejo. En el túmulo y en las mismas raíces del árbol, se hallaban plantadas muchas cruces pequeñas, en memoria de las numerosas víctimas de la crueldad española. (Ferry, 1858, p. 6)
Un poco más de siete décadas después de la batalla, Ireneo Paz (1883) señalaba que Hidalgo
formó un numeroso ejército, pero las desavenencias en que se encontraba ya de tiempo atrás con Allende produjeron la memorable derrota del puente de Calderón acaecida el 17 de enero de 1811, de la cual existe aún en aquel como fúnebre vestigio un promontorio de huesos. (p. X)
Estos corresponden, en su mayor parte, a los hombres insurgentes que lucharon por la independencia y muy pronto encontraron, por impericia en la guerra, una trágica muerte anónima.
Los muertos en Guadalajara a consecuencia de la batalla
Concluida la jornada bélica, y
después de haber descansado el ejército en Zapotlanejo, continuó al siguiente día la marcha hacia Guadalajara, distante doce leguas del sitio en que se había dado la batalla. Calleja dispuso que las jornadas fuesen cortas para poder conducir con comodidad a los heridos. (Zamacois, 1878, p. 248)
También trasladaron a los prisioneros enemigos, entre los que se encontraba “el comandante de artillería Mr. Flecher” (Navarrete, 1872, p. 76). El lunes 21 llegaron a Guadalajara las tropas realistas encabezadas por Calleja (Zamacois, 1878, p. 249); tras su entrada a la ciudad, los heridos del ejército vencedor fueron atendidos en el hospital de San Miguel de Belén, mientras que los prisioneros fueron llevados a la cárcel. Entre los soldados realistas que recibieron atención médica y murieron durante su estancia hospitalaria detectamos a cuatro, mismos que aparecen en la Tabla 5.
Tabla 5 Soldados del ejército realista participantes en la batalla de Puente de Calderón y muertos en el Hospital San Miguel de Belén
| Número | Nombre | Datos personales |
|---|---|---|
| 66 | Victoriano García, hijo de Mariano García y Dolores | Soldado de la Corona, español, soltero, de 26 años de edad y originario de Las Llaves. Ingresó al Hospital de San Miguel de Belén el 20 de enero y falleció el 28 de febrero |
| 67 | Victoriano García (homónimo del anterior) | Soldado de la Frontera, español, soltero, de 36 años de edad y originario del Valle del Maíz. Ingresó al Hospital de San Miguel de Belén el 01 de febrero y falleció el 25 del mismo mes |
| 68 | Mariano Sánchez | Dragón de España, español, hijo de padres, de 30 años de edad y originario de Guadalajara. Ingresó al Hospital de San Miguel de Belén el 01 de febrero y falleció el 08 de marzo |
| 69 | Manuel Estrada | Soldado del Regimiento de San Carlos, español, soltero, de 35 años de edad y originario de Charcas. Ingresó al Hospital de San Miguel de Belén el 02 de febrero y falleció el 22 del mismo mes |
Fuente: AHEJ, Libro de entradas y salidas del Hospital de San Miguel de Belén, núm. 32, 1811.
Con estos cuatro soldados del rey que murieron a causa de sus heridas en la contienda, después de ser atendidos en el hospital de San Miguel de Belén, llegamos a la suma total de 69 realistas muertos en el campo de la batalla, o como consecuencia de su participación en el enfrentamiento de Puente de Calderón; cifra que consideramos baja, y que posiblemente incrementará en la medida en que se encuentren más datos sobre el particular.
Mientras tanto, en relación con los prisioneros rebeldes presos en Guadalajara, Calleja dio la indicación a don Ramón Soto de que el 11 de febrero se fusilase a 10 de ellos. Después de cumplida la orden, el virrey Francisco Xavier Venegas recibió la “lista de los individuos que por falta de horca y verdugo fueron pasados por las armas por detrás en esta ciudad” (De Bustamante, 1828, p. 104). En la Tabla 6 aparecen los nombres de los ejecutados.
Tabla 6 Prisioneros rebeldes participantes en la batalla de Puente de Calderón y fusilados en Guadalajara
| Número | Nombre |
|---|---|
| 32 | José Dionisio Rodríguez |
| 33 | José Nasario García |
| 34 | Juan José Dionisio Pérez |
| 35 | Rafael Martínez |
| 36 | José María Vega |
| 37 | José Padilla |
| 38 | José María Romero |
| 39 | José María Castañeda |
| 40 | Quirino Fuentes |
| 41 | Simon Flecher |
Fuente: De Bustamante (1828, p. 104).
Sobre los insurgentes de la lista anterior, no tenemos más información, salvo que Simon Flecher, era un experimentado artillero “anglo-americano, quien había abrazado la causa de los mejicanos” (García, 1928, p. 70) y que tuvo una importante participación en la contienda, pues manejaba tan bien su artillería que ocasionó algunos daños a los realistas. Además, era “director de la maestranza del ejército de Hidalgo [y] capitán de artillería” (De Bustamante, 1828, p. 104), y “el 17 de enero de 1811 comandaba un batallón insurgente” (Muría y Peregrina, 2009, p. 76), hasta que, como hemos mencionado, tras la victoria realista fue hecho prisionero, recluido en la cárcel tapatía y finalmente pasado por las armas.
Conclusión
A manera de conclusión, consideramos que sumados los 31 insurgentes caídos en la batalla de Puente de Calderón (Tabla 4), junto con los 10 rebeldes fusilados por orden de Calleja (Tabla 6), nos da un total de 41 óbitos del ejército independentista; cifra a la que debemos agregar a los “más de 1200 muertos y que aun había muchos más” (Calleja, 1811, p. 18), que fueron calculados por realistas en el campo de batalla, y entre los que seguramente se hallaban algunos de los insurgentes fallecidos que contabilizamos en nuestras tablas. Difícilmente accederemos a una estimación precisa sobre las bajas de las huestes rebeldes, pero si tomamos en cuenta que el párroco de Zapotlanejo, doctor José Ignacio Pérez, concluida la contienda dirigió los trabajos de calcinación de los cadáveres esparcidos en el campo de guerra, al frente de 200 hombres; tal vez, podamos señalar que alrededor de dos millares de insurgentes fallecieron en el sitio del enfrentamiento y a consecuencia de la batalla. Por el bando vencedor, si sumamos las 62 tropas realistas que contabilizamos murieron en combate y fueron referidos por Calleja (1811) en el Detall (Tabla 2), más los 3 militares muertos que quedaron registrados en el Libro de entierros parroquial de Zapotlanejo (Tabla 3), y adjuntamos a los 4 soldados realistas que murieron a causa de sus heridas en la contienda, después de ser atendidos en el hospital de San Miguel de Belén de Guadalajara, llegamos a la suma total de 69 realistas fallecidos, tanto en la batalla como por consecuencia de la misma. Si recordamos a Calleja, en su Detall después de la batalla solo reconoció la mínima cantidad de 41 bajas en su ejército, mientras que en 1816, ya en España, cuando hizo referencia al momento de la contienda en que perdió la vida su segundo al mando, Manuel Flon, el general brigadier señaló que ese ataque “en que con otros muchos murió el Conde de la Cadena decidió una acción que ya contaba nueve horas, siempre oprimido mi pequeño ejército por el formidable del enemigo que huyó en desorden” (Rubio Mañé, 1948, pp. 484-85). En tal contexto, si se plantease que por parte del ejército realista murieron alrededor de 200 soldados y que de las huestes insurgentes perdieron la vida 2 000 hombres; la proporción sería de 1 óbito del rey por 20 fallecidos rebeldes; porcentaje de muertes no desproporcionado por las diferencias de adiestramiento, equipamiento, manejo de armas y número de soldados de ambos ejércitos, así como por el incendio en el campo de batalla y los vientos favorables a la causa realista. Sin embargo, habrá que esperar en este punto, la multiplicación de estudios y revisión de diversas fuentes para tener una visión más cercana a lo sucedido aquel jueves 17 de enero en el puente de Calderón - construido con recursos del Consulado de Comerciantes de Guadalajara en la década de 1800 - y sus alrededores; es decir, una perspectiva histórica alejada de la alteración de documentos, que nos permita acercarnos cada vez más a la mayoría de soldados anónimos de ambos bandos, que en cumplimiento de su deber - o con el anhelo de un cambio en su cotidianidad - dejaron su vida en un campo de batalla, sin poder ser recordados, hasta ahora, con nombre y apellido.










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