Este volumen reúne veintidós investigaciones elaboradas por veintiséis autores adscritos a universidades de Cuba, España, Estados Unidos, México y Noruega, diversidad significativa por las perspectivas múltiples con que todos ellos se acercan a sendos campos de estudio. Los trabajos se distribuyen en nueve líneas temáticas: fonética y fonología, morfología, sintaxis, lexicografía, creencias y actitudes lingüísticas, el Atlas lingüístico de Cuba, español coloquial, documentos del español de Cuba y marcadores discursivos. En conjunto, muestra un panorama del estado actual de los estudios lingüísticos y del español en Cuba. La colección a que pertenece este volumen, editada en la Universidade de Santiago de Compostela, se creó en el año 2000 y tiene como propósito documentar y difundir la producción académica relacionada con la cultura cubana e hispano-cubana respecto de temas en humanidades y ciencias sociales.
En la sección de “Estudios sobre fonética”, de Madeleyne Bermúdez Sánchez y Adriana Pedroza Ramírez, se presenta el capítulo “Panorama actual de la fonética y la fonología del español de Cuba” (pp. 35-74), que parte de la revisión crítica de los estudios de rasgos segmentales y prosódicos; en particular, se sopesa la atención que se ha puesto en los primeros y se argumenta sobre la necesidad de incrementar los segundos. Con estos enfoques se ofrece una perspectiva geolectal que indica las zonas en que aparecen rasgos tales como la elisión de la /d/ intervocálica, la asimilación de las líquidas /r/ y /l/ en coda con la consonante siguiente, la aspiración de /s/ final de sílaba, entre otros. Se trata también la pronunciación de /b/, /d/, /g/ y / ͡tʃ / desde el punto de vista sociolingüístico y se presenta un estudio de las consonantes /s/, /r/ y /l/ en posición distensiva. Por último, se realiza una encuesta de percepción de “logatomos”, es decir, “palabras” sin significado, para promover la concentración del oyente en el acento, y cuyo fin es determinar patrones de entonación y rasgos distintivos.
En cuanto a los “Estudios sobre morfología”, en el capítulo “Morfología del español de Cuba” (pp. 77-97), elaborado por Marisela del Carmen Pérez Rodríguez, se estudia tanto la variedad flexiva como la derivativa; aquí se presentan resultados que, además de considerar la estructura interna de la palabra, atienden al análisis de otros factores lingüísticos que modifican su forma mediante la morfotáctica, la morfofonología y la morfosemántica. Desde la perspectiva de la morfología flexiva, se hacen estudios tales como “El género de los sustantivos” en § 2.1, donde se encuentran casos que dejan ver la ambigüedad de género relacionada con el léxico de los hablantes de Cuba; por ejemplo, la variación entre la o el azúcar. En § 2.2, “El número de los sustantivos”, se hacen algunas reflexiones acerca de la preferencia por el singular sobre el plural en casos como tijera o tenaza. En § 2.3, “Verbos en -ear”, se trata la variación entre tutorear, tutorar y tutorizar, y la preferencia por la variante terminada en -ear ; en § 2.4, “Verbo haber concordado”, se observan los tipos de concordancias en las que aparece este verbo y los resultados estadísticos que se revelan en el análisis de las Muestras del habla culta de la Habana (González Mafud et al., Editorial UH, La Habana, 2010); en § 2.5, “Imperativo de segunda persona de plural y voseo”, que hace evidente la corrección lingüística, la autora reflexiona acerca de la paradoja del observador; en § 2.6, “Futuro morfológico contra el futuro perifrástico”, se tratan las respectivas variables sociolingüísticas; por último, en § 2.7, “Neutralización y el sincretismo en el paradigma verbal”, se teoriza acerca de si el habla cubana presenta dificultades para diferenciar la persona en las conjugaciones, a partir de la aspiración de la -s en coda de la sílaba; por ejemplo, si la ambigüedad entre la segunda persona del indicativo (canta[h]) y la tercera persona (canta) es característica de Cuba.
En cuanto a la morfología léxica, se trata la “Derivación: los diminutivos” (§ 3.1): en este caso, las condiciones que propician la aparición del sufijo -ico; en “Sufijos con sentido colectivo” (§ 3.2), se trata la productividad de diferentes sufijos y su representación en zonas urbanas y en zonas rurales; en la “Composición” de vocablos (§ 3.3) se estudian los casos más frecuentes en Cuba, y en “Remanentes de otras lenguas” (§ 3.4), las herencias bantúes.
En la siguiente sección, “Estudios sobre sintaxis”, el capítulo “La sintaxis del español de Cuba: aproximación al tema” (pp. 101-117), a cargo de Maritza Carrillo Guibert y Amalia Triana Orozco, ofrece un recorrido histórico que considera diversos trabajos sobre este ámbito de estudio. Su presentación es cronológica y parte del análisis de las gramáticas académicas, en donde se cuestionan algunos temas como la actitud impresionista de las gramáticas y el privilegio del registro culto de la lengua en ciertos estudios. Los períodos que se someten a análisis son tres. El primero, de 1970 a 1995, abunda en el nacimiento de instituciones, editoriales y revistas que fomentaron la divulgación de la lingüística; por ejemplo, el Instituto Cubano del Libro, la editorial de Pueblo y Educación y la revista Anuario L/L del Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo Valdor”. También en torno a este período, se explica la forma en que el estructuralismo y la gramática generativa y transformacional fueron tomando importancia en Cuba, el nacimiento de proyectos, v.gr. “Las relaciones socioculturales como reflejo en el habla de algunas comunidades de Santiago de Cuba”, y la incorporación de Cuba al “Proyecto de la norma lingüística culta Juan M. Lope Blanch”.
Posteriormente, a propósito del período de 2000 a 2015, se exponen algunos trabajos sobre la influencia del funcionalismo praguense, que en Cuba suscitó el interés por la pragmática, de manera que cobró relevancia situar el análisis lingüístico en una situación comunicativa, concepción que también tuvo repercusiones en la sintaxis; en esta medida, surgieron trabajos que involucraban el estudio del texto periodístico para el análisis de su caracterización sintáctica. Para el último período, que va de 2015 a 2021, se presentan trabajos sobre la deixis espacial en conversaciones de Santiago de Cuba, sus contextos y matices aspectuales, los intensificadores del verbo, el estudio de estructuras queístas y dequeístas. El capítulo cierra con distintas opiniones sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje y su incidencia en la competencia comunicativa de los estudiantes; en particular, se presentan dos trabajos: uno acerca de la madurez sintáctica en estudiantes de primaria y otro sobre el contenido gramatical en preuniversitarios. Por último, se comenta la tensión entre la enseñanza de la lengua y la gramática, pues, por una parte, hay postulados generativistas que promueven que se prescinda de las gramáticas y, por otra, propuestas que exploran la utilidad de las gramáticas para la enseñanza.
La sección “Estudios sobre lexicografía” consta de cuatro capítulos. El primero, “Panorama sobre los estudios de lexicografía monolingüe en Cuba” (pp. 121-160), de Yurelkys Palacio Piñeiro, presenta el estado actual de la lexicografía en Cuba a partir de un recorrido que abre un panorama al estudio de la producción lexicográfica y los aspectos teóricos, históricos y críticos que emergen de ella. Este repaso avanza por tres períodos. El primero comienza en 1836 con el Diccionario provincial de voces cubanas, de Esteban Pichardo, y termina en 1960. El siguiente período va de 1960 a 1999; aquí se ven casos de la producción lexicográfica cubana que exploran diccionarios relativos al español de Cuba en general, a su léxico popular, vulgar, regional y rural; también se presenta un diccionario ideográfico y semántico, otro de fraseología automatizado y otro de jurismática. El último período que trata Palacio Piñeiro gira en torno al siglo XXI, época en que surgieron nuevos proyectos: un diccionario escolar, uno infantil, de bantuismos, de expresiones y refranes en Cuba y en Canarias, de disponibilidad léxica y ortográfica en jóvenes, un diccionario geolectal y un tesoro lexicográfico. El trabajo cierra insistiendo en la importancia de continuar el Diccionario integral del español de Cuba, que quedó como un proyecto trunco iniciado por el Instituto de Literatura y Lingüística en 2013, y en la necesidad de confeccionar diccionarios de fraseología.
En el siguiente capítulo, “Rescatando fuentes cubanas decimonónicas para la lexicografía” (pp. 161-182), Aurora M. Camacho Barreiro y Yurelkys Palacio Piñeiro señalan la necesidad de enriquecer el Tesoro lexicográfico de Cuba, cuya primera edición apareció en 2013, bajo la dirección de Aurora M. Camacho Barreiro; uno de los principales objetivos del proyecto es añadir nuevas fuentes, para lo cual se realiza un escrutinio de diccionarios del siglo XIX.
En el capítulo “Lengua, cultura y sociedad en el Diccionario de provincialismos de la isla de Cuba de 1831” (pp. 183-197), de Armando Chávez Rivera, se explica brevemente la historia que subyace tras la creación del primer proyecto lexicográfico cubano y el trabajo que hay detrás del rescate de esta obra con un alto valor identitario para el pueblo cubano. Aquí se parte del estado material en el que se encontró la obra, su macro y microestructura, su contenido y el análisis del momento histórico en el que fue creada. En este mismo trabajo se toca el tema de las transcripciones de los pliegos y las decisiones paleográficas que estuvieron de por medio.
Cierra la sección de lexicografía el capítulo “La terminología del beisbol en el diccionario académico” (pp. 199-212), en el que Lydia A. Castro Odio, consciente del papel social y cultural de este deporte en Cuba, emprende el acopio y el estudio de las voces relativas al beisbol a partir de distintas ediciones del Diccionario de la lengua española. Este análisis comprende además el rastreo de la incorporación de los primeros términos del beisbol, su conteo total y una evaluación de su tratamiento.
En la sección de “Estudios sobre el Atlas lingüístico de Cuba”, Elisa García González presenta su trabajo “La variación del español en la geografía cubana y el Atlas lingüístico de Cuba” (pp. 215-222). Además de exponer el proceso de creación del Atlas, obra del Instituto de Literatura y Lingüística concluida en 2013, García González explica la intención de determinar posibles zonas lingüísticas en Cuba, donde, a pesar de tener otras influencias lingüísticas, como la africana, la asiática y la arauca, prevalece el español como la lengua dominante, pero no de manera homogénea, pues dentro del propio español hay variantes regionales en el país. A partir de esta observación, la autora hace un estudio metodológico para comprender las variantes cubanas respecto de su espacio geográfico.
En el capítulo “Diatopía y creatividad léxicas en el habla rural de Cuba” (pp. 223-235), a cargo de América Menéndez Pryce, se estudia el vocabulario relacionado con flora, insectos y aves silvestres con el propósito de observar su comportamiento diatópico, para lo que se precisan algunas observaciones geolingüísticas, como el reconocimiento de cuatro áreas léxicas y sus características. En función del vocabulario seleccionado, se muestran los principales procedimientos de creación léxica clasificados: “Neologismo de forma”, con fenómenos como composición, sufijación y variación formal (cambio de categoría gramatical, acortamientos y onomatopeyas); “Neologismo semántico” que contiene casos de metáfora, metonimia, elipsis, etimología popular y lexicalización de nombre propio, y “Préstamos”, todos con sus respectivos resultados, que son también muestra de la variedad neológica del habla rural en Cuba.
“El color de los ojos y del cabello en el español de Cuba: análisis léxico-semántico y geolectal a partir del Atlas lingüístico de Cuba (ALCu)” (pp. 237-253), de Ailyn Figueroa González, presenta un estudio sugerente acerca de la categoría conceptual del color, a partir de encuestas aplicadas en el Atlas. En este trabajo, se comprueba la vitalidad y distribución de las unidades léxicas que refieren al color de los ojos y el cabello; se hace una descripción de mecanismos de denominación formales y semánticos, y se estudia la variación geolectal desde la distinción entre lo rural y lo urbano, y, finalmente, por zona lingüística.
Esta sección concluye con otro capítulo a cargo de Elisa García González, “Sobre el uso de las preposiciones en el Atlas lingüístico de Cuba (ALCu)” (pp. 255-267), quien estudia el comportamiento de construcciones preposicionales como alternancias del tipo dónde, a dónde y en dónde; la omisión o uso de preposiciones; casos de ultracorrección ante el dequeísmo; usos preposicionales y variables sociodemográficas (sexo, distinción urbano/rural, grupo etario y nivel de escolaridad), y, por último, la diferenciación geolectal en el uso preposicional en Cuba; en este caso, respecto a las tres regiones del país (occidente, centro y oriente).
En la sección de “Estudios sobre el español coloquial” se presentan los análisis de un corpus de conversaciones espontáneas realizado en 2012 y recogido por el equipo de trabajo “Habana. Español coloquial”. En “Actualidad del estudio del español coloquial en Cuba: derroteros y provocaciones” (pp. 271-274), de Yohana Beatriz Martínez Abreu y Amanda de la Caridad García Roche, a manera de preámbulo, se explica la conformación del corpus, la importancia del tratamiento de la lengua en estado espontáneo y los alcances del corpus que ofrece información dialectal, oral con transcripciones, sincrónica y monolingüe, elementos que en conjunto dan pie al estudio de la realidad actual en el español en Cuba. En el capítulo “En torno al adjetivo con valor intensificador en una muestra del español coloquial de La Habana” (pp. 275-283), Danet Guerra Delgado documenta los intensificadores en el habla espontánea a partir de variables extralingüísticas. Para el estudio es importante, además del criterio semántico, el criterio pragmático, pues permite entender la situación comunicativa en que se enmarca el valor del intensificador.
Por lo demás, en el “Análisis de fenómenos de relación articulatoria en el español coloquial de La Habana” (pp. 285-296), de Daniela Pujol Coll, se estudian fenómenos de aspiración, neutralización y relajación en ese registro de habla. La investigación que Martínez Abreu lleva a cabo en torno a “El tema bioético de la medicina en la conversación coloquial de La Habana” (pp. 297-308) establece un puente comunicativo entre la bioética y el análisis del discurso a partir del estudio del corpus Habana, Español Coloquial (Hab.Es.Co). En la investigación de García Roche a propósito de “Los valores atenuantes de ¿eh? y ¿verdad? en la conversación coloquial habanera” (pp. 309-318), se analizan las funciones y los valores de dichas unidades respecto del uso que se les da en la conversación coloquial habanera en contraste con el Diccionario de partículas discursivas del español.
En la sección “Estudios sobre marcadores discursivos”, Marialys Perdomo Carmona presenta un panorama de “Los estudios sobre marcadores del discurso en el español de Cuba” (pp. 321-334), cuyo repaso se concentra en la evolución del tratamiento que se ha dado al tema en Cuba a partir de diversos enfoques lingüísticos y a través del tiempo. En esta sección hay otro capítulo de Perdomo Carmona acerca de “Por ejemplo: usos discursivos y distribución social en la comunidad de habla de La Habana” (pp. 335-351); el propósito, como se infiere del título, es abstraer y reconocer los usos de tal locución, estudiar su distribución según su posición en el discurso y según las variables sociales, en relación con las secuencias discursivas en que se encontró.
En el siguiente capítulo, “Los marcadores del discurso en diccionarios escolares cubanos: el caso de los conectores” (pp. 353-364), Kelly Linares Terry hace un análisis crítico de las características lexicográficas de marcadores discursivos en dos repertorios: el Breve diccionario de la lengua española del Instituto de Literatura y Lingüística, publicado en 2006, y el Diccionario básico escolar de Miyares Bermúdez, aparecido en 2014. A partir de su análisis, Linares Terry pone en tela de juicio el valor explicativo de las definiciones de ambos diccionarios en torno a los marcadores. Cierra esta sección el capítulo a cargo de Marialys Perdomo Carmona y Ana María González Mafud, titulado “Notas sobre el estudio de después como marcador discursivo en el habla culta de los habaneros” (pp. 365-374), en el que se analiza la capacidad de este adverbio, dadas sus características, como ordenador enumerativo, estructurador de información, partícula y conector temporal.
En “Para la documentación histórica de rasgos del español cubano” (pp. 377-414), correspondiente a la sección de “Estudios sobre documentos del español”, Marlen A. Domínguez Hernández, entre otros autores que colaboraron en la investigación, presenta la labor del Proyecto de estudios de historia de la lengua española en Cuba (HISDELE), donde se detectan los cambios en la lengua a lo largo del tiempo y a partir de diversas fuentes documentales. De este proyecto surgieron varios trabajos que exponen rasgos característicos, pero no exclusivos, del español de Cuba y sus cambios en el tiempo; para ello se toman en cuenta distintos niveles y planos de la lengua en estudios acerca de las alternancias del vocalismo átono, la preferencia por el posesivo tónico pospuesto o la frase preposicional con pronombre personal, los pronombres vos y vosotros, el cambio y formación de unidades en el ámbito léxico-semántico, entre otros.
En la sección “Estudios sobre creencias y actitudes lingüísticas”, el capítulo de Roxana Sobrino Triana sobre “Interdisciplinariedad en el estudio de la subjetividad lingüística de los cubanos” (pp. 417435) se detiene a observar las percepciones dialectales y actitudes lingüísticas de las personas a propósito de las variantes del español. Su estudio muestra la necesidad de tomar en cuenta el plano subjetivo de los hablantes respecto de su contexto social y cultural, además de destacar el valor de la interdisciplinariedad como procedimiento que contribuya a lograr una perspectiva amplia en las investigaciones de tal fenómeno. A partir de ello es posible advertir, entre otras cuestiones, una compleja autopercepción del cubano en lo que se refiere a su manejo del español, que por una parte considera el canon académico de España como el modelo a seguir, pero por otra acepta con orgullo su identidad, labrada en la historia y en la cultura de su país.
A modo de conclusión, respecto de su antecedente directo, el sexto volumen de la Biblioteca de la Cátedra de Cultura Cubana “Alejo Carpentier”, La lengua en Cuba, publicado en 2007, este libro ofrece algunos temas adicionales, entre otros: el estudio de la prosodia, la lexicografía y, como bien promete en su título, el español de Cuba en el presente siglo. Pese a la marcada propensión en ambos por el estudio de ciertas líneas temáticas como la sociolingüística, la geolingüística y la dialectología, en El español en Cuba se aprecia el interés por comprender y acometer los fenómenos lingüísticos a partir de diversos enfoques y por establecer vínculos con otras disciplinas, todo lo cual ofrece una amplia variedad de métodos para el estudio académico, no sólo encaminado a la dialectología, sino también a la lingüística en general.










nueva página del texto (beta)



