El pasado 1 de febrero recibimos la noticia de la muerte de Marcello Carmagnani. De Madrid a Italia, Francia, México, Estados Unidos, Chile, Perú, Colombia y Argentina se intercambiaron mensajes con los consabidos sentimientos de sorpresa y dolor por la muerte del profesor. En los últimos años había fijado su residencia en Madrid, pero en la medida que su condición de salud se lo permitió no abandonó su espíritu viajero y mantuvo activa su producción académica, como lo demuestra su último libro sobre Pietro Verri. Acerca de la producción académica de Marcello Carmagnani se han escrito varios textos, sus alumnos hemos hecho esfuerzos por situar historiográficamente los puntos de referencia en la construcción de una agenda de investigación que ha discurrido por temáticas variadas y por espacios temporales y territoriales distantes, que en principio parecen desconectados si leemos sus trabajos sobre el salariado minero, federalismo, las finanzas liberales, las comunidades en Oaxaca o la expansión del consumo.1 Pero como él mismo lo reconoció en una de sus obras, en sus años de historiador siempre se ocupó de comprender la trayectoria de la economía latinoamericana y los problemas históricos de su atraso.2
En las siguientes líneas mi objetivo es presentar una lectura de la agenda historiográfica de Marcello Carmagnani desde sus aportaciones a la economía en su dimensión histórica.3 Y para ello, el punto de partida es asumir que la obra historiográfica de Carmagnani construyó una propuesta metodológica en la que hablar y escribir sobre economía no era posible desconociendo la dimensión política, social y cultural del hecho económico y por lo tanto era la historia en su carácter de ciencia la encargada de articular las múltiples dimensiones en el comportamiento y trayectoria de la economía. Ese es el principio de selección de algunas de las obras del profesor. De ahí la importancia que también concederé al acucioso trabajo de fuentes que da cuenta de la capacidad de un historiador para articular datos, registros y hechos que sólo en su conjunto permitían explicar y sostener procesos sujetos a historizarse en un tiempo largo.
Al mediar el siglo XX, la historiografía experimentaba una renovación intelectual y analítica en la explicación del pasado. Para los historiadores era cada vez más evidente que las complejas realidades del presente constituían referentes obligados para la comprensión del pasado. Sin embargo, no se trataba de estudiar el pasado para justificar el presente, por el contrario, se buscaba en el pasado la comprensión de las trayectorias, identificar los cambios y reconocer las continuidades en la estructura y sus coyunturas que daban sentido a las realidades actuales. Desde esta perspectiva, el estudio del pasado ampliaba sus posibilidades analíticas y rompía con la tradición decimonónica de estudiar sólo los grandes acontecimientos, la historia política o militar. La historiografía que se desarrolla a partir de los sesenta es consciente de los diálogos interdisciplinarios, de la necesidad de los historiadores de incorporar un instrumental teórico y metodológico que permita superar la recopilación y sistematización de datos de archivo. En esta generación, los datos se acumulaban, ordenaban y sistematizaban, por ejemplo, sobre acuñaciones monetarias como una base para explicar la circulación de metales preciosos. Ruggiero Romano sostuvo que tanto la historia serial como la historia cuantitativa constituían un preámbulo para estudiar el problema de investigación. De esta forma, en Francia y en Estados Unidos, por señalar dos referentes en la formación de historiadores, la historiografía se nutría de un intenso diálogo disciplinario en el que el instrumental de la economía, sociología y geografía se incorporaban al conocimiento del pasado para explicar la producción agrícola, la mentalidad de los campesinos, el comercio intercontinental, las formas de propiedad, la religión, entre otros.
Pero como bien señala Peter Burke, en el siglo XX es posible encontrar fenómenos de desplazamiento de centros de gravedad en la producción académica de Europa a América.4 Y en este sentido, en América Latina los historiadores también desarrollaban sus propios referentes anclados en las complejas realidades políticas, económicas y sociales de la década de los sesenta. La teoría marxista se incorporaba al estudio del pasado por su capacidad para explorar y explicar la naturaleza económica de los sistemas políticos, al permitir identificar la estructura, coyunturas y trayectorias que sostenían el presente. El debate marxista permitía explorar desde la perspectiva histórica agendas temáticas sobre producción, feudalismo, desarrollo y subdesarrollo. Para autores como Ciro Cardoso, el marxismo les permitía dotar a la teoría de otras realidades que Marx no había considerado como por ejemplo la América colonial. En esta misma línea, los historiadores latinoamericanos se incorporaron a los debates sobre las teorías del desarrollo y subdesarrollo precisamente para dotar de historicidad a la trayectoria de la estructura capitalista, reconociendo sus contradicciones a la luz del estudio de realidades y momentos concretos. Autores como Carlos Sempat Assadourian, Ciro Cardoso y Marcello Carmagnani sostenían que el papel de los historiadores en el debate teórico y político marxista era la incorporación de la realidad histórica para comprender y explicar las raíces históricas de las áreas latinoamericanas.5
La agenda de investigación de Marcello Carmagnani participa de estos debates teóricos tanto de los desarrollados en Europa y Estados Unidos como del que está presente en América Latina. Sus primeras obras en el estudio de Chile lo posicionan como un historiador que buscaba dotar de contenido heurístico conceptos como subdesarrollo, salario, feudalismo, entre otros. En su obra pionera, El salariado minero en Chile colonial. Su desarro llo en una sociedad provincial: el Norte Chico 1690-1800, publicado en 1963, es posible advertir al menos tres contribuciones que marcarán el rumbo de su agenda académica. Al plantearse una investigación en la que el trabajador minero como objeto de estudio debía ser visto desde la perspectiva económica como una estrategia metodológica para comprender las condiciones sociales de la fuerza de trabajo, la primera contribución fue la definición de una territorialidad regional del Chile colonial, donde la geografía de una serranía favorecía el desarrollo de la minería, al mismo tiempo que la agricultura se establecía en las partes bajas. El norte del Chile colonial poseía una estructura geográfica que dotaba a la región de condiciones distintas al núcleo central.
Esta especificidad geográfica del norte también permitía la construcción de una investigación con una temporalidad que se alejaba de la historia nacional. Una investigación que se ocupara de un tiempo largo del último decenio del siglo XVII y recorriera todo el siglo XVIII era la segunda contribución de esta investigación. De esta forma, Carmagnani sostenía que el dinamismo de la región minera era un signo de un proceso de transformación y diferenciación de la economía colonial chilena como resultado de un incremento de población blanca y mestiza y una disminución de la población bajo el sistema de encomiendas. En este planteamiento, Carmagnani introducía una categoría que desarrollará en otros trabajos, por ejemplo, en su estudio sobre Oaxaca; me refiero a la idea de transformación como categoría analítica para explicar cómo cambian instituciones más allá de las disposiciones de un régimen político. En otras palabras, ubicaba el surgimiento del salariado minero como institución laboral dentro de un sistema social producto de las transformaciones demográficas y económicas que por un lado habían debilitado el sistema de control de la encomienda y por lo tanto el acceso a mano de obra que ésta ofrecía para el encomendero, sin que otras formas de acceso a mano de obra como indios alquilados evitaran una crisis laboral. En estas condiciones de cambio demográfico ubicaba el surgimiento de nuevas instituciones laborales que incorporaban a mestizos, blancos amestizados e indios amestizados a que conformaran un nuevo grupo laboral. El forjamiento de un estatuto laboral diferente del que poseían sus antecesores en las faenas mineras dará paso eventualmente a la formación de una colectividad dentro de la estructura social chilena, un paso previo a la conciencia de grupo, aunque no de clase, al menos hasta el siglo XIX. En estas dos primeras contribuciones, la investigación daba cuenta de una atenta lectura de la sociología estadounidense, de Talcott Parsons y Robert Ezra Park para dotar de historicidad categorías como marginado, colectividad, estructura laboral y sistema social.
Una tercera contribución de esta obra fue sin duda su trabajo de archivo. Una lectura atenta de sus fuentes permite descubrir que una investigación que inscriba sus preocupaciones en el surgimiento de una estructura laboral, no tiene que sostenerse necesariamente en registros de contratación, sobre todo considerando las dificultades de encontrar información de esta naturaleza en archivos coloniales. De ahí que el camino seguido por Carmagnani fuese los archivos de los tribunales de justicia para encontrar en procesos de disputa por la propiedad de minas, entre otro tipo de conflictos, a un sinnúmero de testigos, sus ocupaciones, grupo racial, tiempo laboral, entre otros. Los archivos de naturaleza judicial también le permitieron reconstruir la presencia de marginados sociales denunciados como vagos y excluidos del sistema de encomiendas que eventualmente se incorporaron al sistema laboral minero. Aunque esto no supuso desconocer registros de salarios, precio o niveles de producción.
Como lo señalaba Carmagnani en la introducción de su obra, la investigación tenía como objeto explicar la formación del asalariado reconociendo la dimensión económica para lograr una explicación social de una región minera y la transformación y construcción de un estrato laboral en el siglo XVIII, que sin negar las necesidades y demanda del sistema de producción, su construcción como grupo social, como colectivo laboral era resultado de la conjunción de factores demográficos, condiciones geográficas para la explotación minera y la presencia de nuevas formas de organización laboral que daban cuenta de la naturaleza y condiciones y significados del debilitamiento del sistema de encomiendas. Esta idea es, sin duda, clave en la agenda de investigación de Carmagnani al poner en el centro de la explicación el comprender los mecanismos que dieron pie a la formación de una nueva colectividad laboral, distinta al indio encomendado, y sus significados en la sociedad del siglo XVIII.
Esta agenda de investigación se mantuvo en su siguiente obra: Les mécanismes de la vie économique dans une société coloniale: le Chili (1680-1830), inicialmente presentada como tesis doctoral y publicada en español en 1973. La investigación hizo evidente el diálogo con la historiografía francesa, par ticu lar men te con Fernand Braudel y Ruggiero Romano. Si bien desde la tesis de licenciatura la comprensión del espacio como objeto de problematización ya estaba, lo que incorpora con la historiografía francesa es el debate político de su presente y pensarlo en términos históricos. Pero, sobre todo, fortalece la perspectiva económica como el punto de partida de una problematización. Para explicar los mecanismos, Carmagnani hace un mayor uso de una metodología cuantitativa para registrar el comportamiento de tres unidades de análisis: comercio exterior, interior y producción. El fortalecimiento de la dimensión económica como punto de partida en su agenda de investigación en este periodo lo llevará a sus siguientes dos obras: Desarrollo industrial y subdesarrollo económico. El caso chileno (1860-1920) y Formación y crisis de un sistema feudal: América Latina del siglo XVI hasta nuestros días.6 Ambas se van a inscribir en una línea de investigación que por un lado reconoce la importancia de estudios de larga duración, pero por otra parte que el estudio de las trayectorias latinoamericanas debe hacerse con la incorporación de la dimensión comparativa al interior, pero también con las economías europeas. El recurso de la comparación permitía a Carmagnani superar los paradigmas nacionalistas, pero sobre todo explicar el papel de América en la historia mundial dotándola de su propia especificidad para incorporarse en los asuntos mundiales. Esta agenda va a desarrollarse más adelante en su obra El otro Occidente. América Latina desde la invasión europea hasta la globalización.
Al término de los estudios doctorales, Marcello Carmagnani permaneció en Francia y posteriormente se incorporó como profesor a la Universidad de Turín. De esta etapa me interesa destacar su interés desde la docencia y la investigación para que en Italia se promoviese el conocimiento de la realidad americana. En co labo ra ción con Ruggiero Romano publicaron el anuario Nova Americana, por la casa editora Luigi Einaudi. El anuario fue un espacio privilegiado para la difusión de in ves ti gacio nes que tuvieran como objeto América Latina. El profesor mantuvo una relación estrecha con la fundación Einaudi, llegó a presidir el Comité Científico (2006-2012), y siempre promovió que la biblioteca de la Fundación contase con un acervo de obras sobre América Latina. Es decir, si bien desde América se ocupó por la comprensión y difusión del conocimiento de la realidad europea, el mismo ejercicio lo realizó desde Italia. Como lo señaló en una entrevista con el profesor Carlos Marichal, la enseñanza de América Latina en las universidades italianas era un campo fértil en un contexto de inquietud intelectual para comprender problemas históricos extraeuropeos. Su estancia en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Turín le permitió conjugar sus intereses históricos con economistas y politólogos, pero también la importancia de extender su docencia e investigación al siglo XX. Desde Italia, en su producción historiográfica paulatinamente va señalando la dimensión continental como objeto de estudio; algunos títulos de este periodo son: La America Latina dal 1880 ad oggi (1974); L’America Latina dal 500 a oggi. Nascita, espansione e crisi di un sistema feudale (1975) y La grande illusione dell’oligarchia. Stato e società in America Latina (1850-1930) (1981).
Sin abandonar del todo sus intereses de investigación sobre la realidad chilena, Carmagnani participa de la producción historiográfica mexicana con un estudio sobre Oaxaca. El regreso de los dioses. El proceso de reconstitución de la identidad étnica en Oaxaca, siglos XVII y XVIII (1998), es el punto de partida de una agenda de investigación que se consolidará en 1991 con su incorporación al Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.7
En el recorrido de su agenda historiográfica durante la década de los setenta y ochenta, sin duda el estudio de Oaxaca le permite recuperar sus intereses en el mundo colonial. Para explicar estos procesos, Carmagnani elige como objeto de estudio las sociedades indias durante el periodo colonial. En la introducción al libro explicó que el estudio de la racionalidad económica presente en la etnicidad india le permitió expandir sus intereses académicos y recuperar un debate sobre cómo las comunidades indias percibieron y ejercieron procesos de continuidad y discontinuidad entre el pasado prehispánico y el colonial y por lo tanto encontraron mecanismos para hacer compatible la dominación colonial sin perder su identidad étnica.
En el estudio sobre Oaxaca también vuelve sobre un problema que advirtió en su trabajo sobre el salariado minero, las fuentes y el problema de no comprender en ellas que tales registros tuvieron un fin utilitario en el sistema administrativo o político colonial y por lo tanto aquella información que pudieran ofrecer al historiador podría estar mediada por un sistema coercitivo o por intereses de la autoridad y de la misma comunidad. Carmagnani partía del principio de que en el estudio de los grupos étnicos durante la dominación colonial las fuentes disponibles estaban enmarcadas en la relación institucional y económica de los pueblos con el sistema colonial. Por lo que el reto metodológico que presentó en ese libro fue realizar un análisis intersticial que permitiera “descomponer en una multitud de partes la documentación, valorizar cada una de ellas en la formulación y en la elaboración de hipótesis histórico-antropológicas y recuperar una pluralidad de niveles informativos”. Este ejercicio, sostenía Carmagnani, permitiría salir de una lectura estructural de los grupos indios. En otras palabras, proponía tomar distancia de un análisis desde el estamento o de clase que impedía reconstruir diacrónicamente el proceso de formación de la identidad étnica. Y con ello explicar cómo, dónde y en qué campo se logra el mecanismo de reconstitución étnica de las sociedades indias con la conquista y sobre todo ofrecer marcos analíticos y temporales en respuesta precisamente al estudio de las comunidades.
Desde sus primeros trabajos, un tema recurrente en su agenda de investigación fue construir marcos temporales acordes a sus objetos de problematización. Para su estudio sobre las comunidades en Oaxaca situaba un proceso de reconstrucción posconquista entre 1620-1630, una consolidación de esta identidad en el siglo XVIII que se sostenía hasta una nueva conquista destinada a destruir la identidad india entre 1847 y 1853. En esta larga duración, la investigación de Carmagnani daba cuenta de un proceso dinámico de reconstitución de la identidad étnica con capacidad para reelaborarse y proyectarse en el desarrollo de una nueva racionalidad, una lógica diferente a la prehispánica, pero no por ello menos india. Un proceso de reconstitución resultado de la voluntad colectiva, lo que significó una caracterización que superara la visión idílica e inmóvil de las sociedades indias.
En la trayectoria de la producción historiográfica que Carmagnani desarrollaba desde Italia, un estudio sobre la etnicidad puede suponer un viraje drástico en su agenda de investigación. Sin embargo, es en su análisis de cuándo y cómo la convivencia plural étnica que había sostenido la vida política, económica y social en Oaxaca se ve amenazada por una nacionalidad que deja de ser plural y destruye la capacidad de interacción entre las sociedades indias, donde introduce el siguiente tema que será objeto de una agenda historiográfica que se extenderá por el siguiente decenio y desarrollará en el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.
En su estudio sobre Oaxaca advierte un proceso de transformación del poder político desde las instituciones estatales dedicadas a reorganizar las finanzas públicas, la justicia, la administración y el ejército. Este avance del estado nación, sus élites liberales y el papel de las instituciones financieras como expresión de la gobernabilidad en México en la segunda mitad del siglo XIX fueron objeto de estudio en su obra Estado y mercado. La economía pública del liberalismo mexicano, 1850-1911, publicado en 1994. Desde el campo de la economía política, Estado y mercado constituye un punto de quiebre en la historiografía referente al estudio del liberalismo, porque sin desconocer los componentes doctrinarios y teóricos que hasta ese momento habían explicado la transformación del Estado liberal, Carmagnani utiliza las finanzas para comprender los mecanismos institucionales, políticos y culturales para el avance del poder federal sobre las regiones. La construcción del Estado visto a la luz de sus élites ya había sido abordada en sus investigaciones realizadas desde Italia, pero en el caso mexicano Estado y mercado se incorporó a una agenda de investigación en la que el estudio del fisco, particularmente el fiscus hispánico, se estudiaba como fuente para la explicación de la estructura de mercado interno y había desarrollado una sólida historiografía interesada en la Hacienda colonial, pero el siglo XIX era un campo escasamente explorado. Sin negar la importancia de los debates sobre la Hacienda colonial desde el estudio de impuestos como la alcabala, la propuesta de Carmagnani para el periodo liberal fue estudiar la trayectoria de las finanzas como una expresión de la naturaleza del Estado y por lo tanto su comprensión a luz de los procesos económicos y sociales. Al situarse en el siglo XIX, la investigación incorporó el debate sobre el federalismo, la naturaleza política del liberalismo y la formación de un mercado nacional. Y estos debates se expresaron en la definición y consolidación del presupuesto. Carmagnani sostuvo que en su carácter de instrumento de gobierno público, el presupuesto daba cuenta de la redefinición del federalismo en tanto que explicaba los siguientes procesos: 1) la tensión entre el ámbito federal y el de los estados; 2) producto de la revolución liberal que formó ciudadanos dispuestos a pagar impuestos para sostener al Estado; 3) el triunfo del liberalismo que permitió una nueva relación entre Estado y mercado al establecer la condición jurídica del individuo; y por último, 4) la presencia de un individuo con su capacidad económica de consumidor para construir un mercado y con capacidad política de ciudadano para definir la forma y funciones del Estado.
En el uso de fuentes, Estado y mercado también hizo evidente que el gasto público podía ser estudiado y comprendido desde el presupuesto como expresión de la institucionalidad política, de la distribución y oferta de bienes, de la negociación política en el Congreso, de la iniciativa del Ejecutivo y de la acción de diferentes cuerpos administrativos de la federación, y por lo tanto desplegó su capacidad para gobernar toda la economía pública. En su carácter de fuente, el presupuesto era una suma de diferentes documentos contables, administrativos y políticos y la tarea del historiador era identificar la trayectoria de su formación y explicar que su existencia y consolidación en el periodo liberal reflejaba una nueva relación entre Estado y sociedad.
La publicación de Estado y mercado también se enmarcaba en el debate sobre las formas políticas del Estado federal y lo inscribía en sus preocupaciones de la perspectiva continental y sobre todo comparativa que se publicó en el volumen bajo su coordinación Federalismos latinoamericanos: México/Brasil/Argentina. De la importancia de comprender las experiencias federales americanas y sus transformaciones desde el siglo XIX, Carmagnani sostenía en las conclusiones de ese volumen que el estudio del federalismo en América Latina debía considerar la capacidad de un sistema de gobierno que se sustentaba en dos esferas dotadas de cierta autonomía con niveles de tensión y colaboración para mantener un sistema de gobierno. Es precisamente por esta capacidad de articulación entre las dos esferas que la perspectiva comparativa permite al lector comprender la presencia de modelos doctrinarios e institucionales con capacidad para adecuar y reinventar el federalismo. Este ejercicio también permitió destacar los elementos de naturaleza social y económica en las distintas experiencias federales y por último ver a esas experiencias como resultado de la transformación de la política y de la cultura política. Y precisamente para la comprensión de esa cultura política, Carmagnani sostenía que había que partir de la naturaleza confederal de la organización política a finales del siglo XVIII, es ahí donde se habían configurado mecanismos y tendencias autonomistas que habían dado pie a un proceso de regionalización del poder. De esta propuesta sin duda vale la pena no perder de vista las llamadas de atención de Carmagnani por construir marcos analíticos y temporales que superen las disposiciones o marcos normativos voluntaristas que definieron la presencia o ausencia federal, en México, por ejemplo, 1824. Al superar estos hitos fundacionales, el federalismo como sistema de gobierno y experiencia política podría estar sujeto a historizarse desde las prácticas y por lo tanto las realidades sociales y económicas que condicionaron y transformaron el federalismo en América Latina.
Dos últimas obras con las que cierro esta breve reseña de la historiografía de Marcello Carmagnani: Las islas del lujo. Productos exóticos, nuevos consumos y cultura económica europea, 1650-1800 y Economia politica e morale pubblica. Pietro Verri e la cultura economica europea.8 En el primer caso, Las islas del lujo fue un ejercicio analítico y metodológico en el que utiliza la transformación del consumo como pieza clave de la temprana globalización y expresión de la modernización de las sociedades y economías de su tiempo. Para el desarrollo de su argumento, Carmagnani hace uso del concepto revolución comercial propuesto por el historiador Ralph Davis que en su momento explicó que en el centro de la revolución industrial estaba el comercio. La propuesta de Carmagnani fue recuperar la idea de revolución comercial e incorporar los cambios en la organización mercantil, en las pautas del consumo, en los orígenes del pensamiento moderno de la economía; todos ellos atributos de la revolución comercial en la que nace la economía política.
En su lectura de las transformaciones del consumo europeo fue necesario recuperar fuentes que le permitieran identificar cómo determinados bienes, café, té, algodón, tabaco y azúcar, que en principio se asumieron como suntuarios, se generalizaron en las clases populares. De nueva cuenta, volvía a sus temas sobre la racionalidad económica de familias e individuos en la transformación de sus deseos y necesidades.9
La propuesta metodológica y analítica desarrollada en Las islas del lujo fue vincular esta transformación del consumo con el debate sobre la economía moderna en tempranos tratadistas o economistas. Si bien no fue la primera vez que tratadistas y economistas estaban presentes en la investigación de Carmagnani, desde el estudio del consumo propone que al despojarse de atributos morales pasará a encarnar la nueva virtud económica. Es decir, el consumo es el motor de la producción y este debate fue ampliamente discutido por economistas como Melon, Gournay, Forbonnais, Uztariz, Genovesi, Quesnay, Turgot, Verri y Smith, en todos ellos es posible advertir un proceso cultural de reflexión acerca de las condiciones materiales en la nueva cultura económica. La convergencia en los debates de economistas y tratadistas desde el siglo XVII en torno al consumo y su papel en la conceptualización de determinados bienes no europeos permitió a Carmagnani explicar cómo las prácticas económicas son resultado de un proceso de aprendizaje que dan paso a nuevos comportamientos en la preferencia del consumidor.
En Las islas del lujo los capítulos dos y tres presentan un recorrido por distintos tratadistas que se ocuparon de las prácticas económicas, de los procesos de aprendizaje del consumidor, de la relación entre valores económicos, sociales y simbólicos y por supuesto de la correlación entre consumo, demanda, producción, circulación y del papel que los bienes americanos tuvieron en estos procesos. De ahí que su libro sobre Pietro Verri le permitiera ampliar la discusión sobre una interrelación entre procesos económicos y vida intelectual. Al enfocarse en Verri, Carmagnani hace evidente que la transformación de las ideas económicas debe explicarse desde la realidad cultural y económica de cada autor y por lo tanto su capacidad para elaborar sus propias propuestas en diálogo con otros y con su realidad económica y social. Esta perspectiva suponía reconocer en todo momento a las ideas económicas como un fenómeno cultural y por lo tanto estudiar a los autores y sus propuestas no exentos de juicios y subjetividad. Esto explica la elección de Pietro Verri pues sus distintas facetas permitieron a Carmagnani detenerse en las interrelaciones entre pensamiento moral y económico. Desde su carácter de administrador comprometido con el orden institucional en Lombardía hasta sus escritos sobre economía, finanzas y administración, Verri ejemplificó para Carmagnani las numerosas relaciones intelectuales entre escritores europeos en la construcción de un círculo cultural que le permitieron al funcionario ofrecer nuevos significados y reinterpretaciones de las ideas de sus contemporáneos y de éstos dar un nuevo sentido al comportamiento individual y colectivo y sus explicaciones de las transformaciones del orden político y económico.
La historiografía de Marcello Carmagnani es posible datarla en poco más de 60 años. En este largo periodo, sus investigaciones permiten seguir un proceso de consolidación de sus intereses académicos en el que sus preocupaciones por la estructura y producción material, Estado, federalismo, ciudadanía, comunidades, producción, circulación, consumo y círculo cultural se convirtieron en ejes analíticos para explicar las múltiples interacciones entre Europa y América. Estas interacciones no fueron explicadas en campos o ejes analíticos separados, en todo momento los procesos sociales, económicos, políticos y culturales se articulaban para dar cuenta de la historicidad de los problemas de investigación que desarrolló a lo largo de su vida académica. Es evidente que en su calidad de autor con una obra publicada desde 1963 transformó sus intereses académicos en diálogo con la historiografía, pero sobre todo con su presente. Siempre sostuvo la condición de una economía dinámica que tuviera en cuenta la interacción entre productores, comerciantes, consumidores, precios, garantías institucionales, la libertad de circulación de personas y mercancías, libertad de derechos de propiedad, la existencia de una fiscalidad capaz de proporcionar bienes públicos y de una política económica destinada a la construcción de un mercado interior; todos estos vectores, sostenía Carmagnani, no podían ser exclusivos o segmentados para unas u otras economías. Por el contrario, se encontraban presentes de forma diferencial en distintos lugares, entonces lo que había que explicar era la capacidad de los actores para potenciar estos vectores y con ello comprender las diferenciaciones, las razones del atraso en la trayectoria de las economías. En la historiografía de Marcello Carmagnani es evidente que su campo de discusión teórica y metodológica se ocupó del estudio de la dimensión económica como parte de las ciencias sociales y en su reconocimiento como tal sus aportaciones debían partir de la realidad concreta a estudiar. Este planteamiento explica la personalidad del profesor Carmagnani, su constante capacidad de bilocación entre Europa y América como parte de los procesos analíticos y de reflexión de un historiador interesado en vivir sus realidades, comprender su pasado y explicar su presente.










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