Esta voluminosa obra, producto de la investigación y el análisis rigurosos de Enrique Guerra Manzo, está configurada por una Introducción y dos grandes bloques. La Parte I se titula “Raíces de la violencia y tradiciones de vigilantismo” y contiene los primeros cinco capítulos: 1. “La violencia en México: Interpretaciones y experiencias regionales”. 2. “Territorios indomables en Michoacán (1910-1940)”. 3. “Factores y formas de la violencia en Tierra Caliente (c. 1940-1980)”. 4. “Los ‘salvajes de la pistola’ en la sierra y costa (c. 1940-1980)”. 5. “Rostros del habitus agresivo en Tierra Caliente, sierra y costa (1930-1980)”. La Parte II se denomina “La violencia contemporánea y el movimiento de autodefensas” y su estructura se desarrolla entre el capítulo 6 y el 11 de la siguiente manera: 6. “Crimen organizado en Michoacán (1985-2012)”. 7. “Surgimiento y expansión del movimiento de autodefensas (2013-2014)”. 8. “El destino de los grupos de autodefensa (2014-2020)”. 9. “Reacomodos en el crimen organizado y testimonios de la barbarie (2014-2020)”. 10. “Mercados ilegales y habitus agresivos”. 11. “Situaciones de violencia y derechos humanos en Michoacán”. En las últimas páginas del libro se encuentran las “Conclusiones”, “Agradecimientos”, y “Fuentes y bibliografía”. Sobre estas últimas, es necesario mencionar que el autor se allegó un corpus bibliográfico y documental que procesó y tamizó con vastedad y calidad analítica. Y con notable acierto realizó trabajo de campo etnográfico -siendo esto muy relevante porque no siempre los especialistas en el estudio de las violencias en Michoacán se acercan directamente a las distintas localidades para recabar in situ testimonios valiosos y, a la vez, confrontarse personalmente con condiciones de violencia extrema.
Los sesudos estudios previos realizados por Enrique Guerra Manzo en torno a la posrevolución en Michoacán, sobre todo en lo concerniente al ejercicio del poder regional, la urdimbre del caciquismo y el intermediarismo, la agencia carismática del cardenismo político, la incidencia social de la Iglesia católica y el clero político, la religiosidad de las comunidades, la construcción del capitalismo estructural de sarro llis ta y sus sempiternas desigualdades e injusticias sociales, etcétera, le han proporcionado un sólido bagaje sociohistórico para acometer una verdadera hazaña intelectual precedida por una obra colectiva bajo su coordinación junto con Eduardo N. Mijangos Díaz,1 en la cual ya se apuntan varias de las hipótesis y constataciones que Guerra Manzo desarrollará en este nuevo volumen.
La obra inicia con un diálogo y un debate necesarios que actualmente se desarrollan en el campo de la historia y las ciencias sociales para el abordaje del fenómeno de las violencias que aquejan a la humanidad entera. De tal manera que con lupa crítica pone en valor los estudios interpretativos sobre las relaciones convergentes entre Estado y crimen organizado en México, evaluando su pertinencia “para explorar las raíces y la evolución de esas relaciones” (p. 27). Al decantarse por una indagación complejizada del fenómeno del quebrantamiento violento de la sociedad mexicana, el autor, mediante una perspectiva histórica de larga duración, aprecia que: “sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, se estructura una zona gris (de clientelismo y corrupción) en la cual parecen darse algunas expresiones de ‘captura del Estado’ por parte del crimen organizado” (p. 27). A partir de este eje conductor categorial, Guerra Manzo explica que:
En una primera fase, las autoridades estatales lograron regular y mantener bajo control al crimen organizado, pero luego de la crisis de la década de 1980 esas relaciones transitaron hacia una mayor autonomía del segundo con respecto al campo político. Es en ese escenario donde debe situarse la explicación de las peculiaridades de la violencia que padece actualmente el país (p. 27).
Con esta visión crítica sobre la violencia en México, que es dialécticamente a la vez holística y compartimentada (pues pone en el proscenio el caso michoacano sin dejar de lado todas sus interconexiones nacionales y transnacionales), el libro desarrolla en su Parte I la crudeza de las genealogías de la violencia en Michoacán durante la primera mitad del siglo XX, que ya se apuntaban en el libro colectivo previo. Y profundiza en ellas con un enfoque regional desmenuzando las virulencias locales, para lo cual añade en el tiempo de la revolución y la posrevolución los ingredientes de las conmociones agrarias, políticas, ideológicas y culturales. Sin dejar de lado otros factores fundamentales, como la erección de una economía capitalista agroexportadora que impactó negativamente en la constante conflictividad de las áreas rurales de la entidad michoacana, especialmente en Tierra Caliente.
También con rigurosidad la Parte II del libro adentra a las y los lectores en las realidades lacerantes y violentas del Michoacán del siglo XXI, es decir, de nuestro día a día. Si bien Territorios violentos en México explicita en su subtítulo El caso de Tierra Caliente, Michoacán, la cartografía de las violencias regionales terracalentanas -incluyendo a la sierra y la costa- trazada por el autor resulta un espejo reflejante que muestra ineludiblemente las catastróficas crisis de violencia que padece actualmente la sociedad michoacana en todo el territorio de la entidad. De igual manera, el contenido de esta obra es una muestra más que contundente de los filos violentos de la navaja en los que se debate toda la nación mexicana, pues simplemente Michoacán no es una isla, y los circuitos y las redes que tutelan las violencias están interconectados en el territorio nacional y con el exterior a todo el planeta.
En la explicación problematizada de las violencias en Michoacán, pasadas y presentes, que con tanta enjundia y conocimiento certero nos ofrece el autor, se aprecia fehacientemente cómo, durante siglos, a la vera de la destrucción del tejido social, se ha incubado -en los marcos de poca o nula gobernanza y la falta persistente de programas sociales- un imaginario hostil y de contiendas armadas, y una muy arraigada cultura violenta que vulnera repetidamente a las niñas y a las mujeres.2 En esta tesitura es menester mencionar que el libro contiene algunos testimonios de la conflictividad en la que se encuentran las mujeres terracalentanas, aunque no profundiza en el impacto que suponen las expresiones de dominación violentas contra las niñas y las mujeres michoacanas desde una perspectiva interdisciplinaria de género. En la historia y en el presente de los conglomerados michoacanos femeniles (en todos sus estratos sociales) permanece una cultura de las violencias muy naturalizada y ejercida tradicionalmente por la sociedad patriarcal, que las oprime, las martiriza y las destruye física y mentalmente. Desde la academia es urgente advertir e informar sobre la dimensión instrumentalizada de las violencias contra las mujeres en Michoacán.3
También las tragedias que conlleva la desaparición de personas en todos los puntos de la geografía michoacana, son resultado de las violencias exacerbadas por los altos índices de criminalidad y de inacción o corrupción y complicidad de las autoridades de los tres niveles de gobierno. El propio Guerra Manzo se apropió intelectualmente de la experiencia de la desaparición en Michoacán al incorporarse como observador participante en la Cuarta Caravana Internacional en Búsqueda de Personas Desaparecidas en noviembre de 2018. Esto implica que su materia de investigación lo ha sensibilizado con su realidad concreta y le ha dado instrumental solidario para con la sociedad michoacana. El fenómeno de la desaparición de personas realizado por agentes del Estado o por los grupos del crimen organizado que campan a sus anchas se viene investigando por especialistas que han puesto el acento en la crisis y violación de los derechos humanos en México.
Para el caso michoacano, se focaliza y se discute la genealogía y las prácticas de generización de la memoria en los trabajos de búsqueda de desaparecidas y desaparecidos en el tiempo presente, a la luz del campo epistémico con perspectiva de género.4 No está por demás recordar tristemente que desde 2020 a la actualidad, se han acrecentado dramáticamente los casos de desaparición en todo el territorio michoacano.5
Con su puntualidad analítica acerca de las violencias en los territorios terracalentanos michoacanos, este libro resulta un ejemplo local, pero poderoso por la magnitud de las calamidades brutales que asedian a la población, y cuyos fundamentos nos obligan a voltear la mirada al pasado siglo XX. Asimismo, Territorios violentos en México ratifica al siglo XXI como la centuria de las violencias. Podríamos asegurar que la pandemia real del siglo XXI -acompañada por la mundialización de la debacle sanitaria del covid 19- es precisamente la catástrofe universal que anuncia la crisis generalizada de la era del antropoceno, basada en la destrucción y la barbarie.
Recientemente, Nancy Fraser se pregunta: “¿Qué clase de animal es el capitalismo y cuál es su dieta para mantenerse con vida? Si respondemos esta pregunta, dice Nancy Fraser, entenderemos de verdad la crisis de nuestro tiempo y descubriremos el modo de matar de hambre a la bestia”,6 que ha cebado en la humanidad su intrínseco trasegar violento.
Hasta ahora no han llegado a buen puerto en los organismos internacionales las propuestas para que las nuevas generaciones de la infancia y la juventud del mundo globalizado se sumerjan en una educación por una cultura de paz.7 Por ahora, las innumerables guerras violentas sumergen al planeta en la desolación y la oscuridad, pues las formas de la violencia son múltiples y sobrecogedoras. El caso terracalentano presentado en este volumen ilustra tristemente que:
El fenómeno de la violencia en Tierra Caliente no se puede reducir a causas únicas, como presencia del crimen organizado, pobreza o desigualdad social. Tiene múltiples motores (o detonantes) entrelazados y se manifiesta en diversos espacios sociales (relaciones domésticas e íntimas, entre vecinos, amigos y entre diversos grupos sociales y el Estado). Es una violencia ubicua y crónica, impregna todo el tejido social (p. 423).
La reflexión crítica que nos deja Guerra Manzo con la lectura de su obra es si, como especie homo sapiens, deberíamos emprender prontamente la revolución mundial por la implantación de una nueva era que destruya (con qué armas paradójicamente) los cimientos de todo tipo de violencias que aquejan a la humanidad.










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