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Estudios sociológicos

versión On-line ISSN 2448-6442versión impresa ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.43  Ciudad de México  2025  Epub 23-Mayo-2025

https://doi.org/10.24201/es.2025v43.e2770 

Reseñas

Les structures fondamentales des sociétés humaines

1Universidad de Guadalajara Zapopan, Jalisco ducange.medor@cucea.udg.mx

Lahire, Bernard. 2023. Les structures fondamentales des sociétés humaines. París: Editions La Découverte, 972p.


Resumen:

Lahire enfrentó el reto de sintetizar los conocimientos esenciales construidos en torno a lo social desde el siglo XIX con el ambicioso objetivo de colocar la sociología sobre bases realmente científicas. Esto lo llevó a dialogar con las ciencias de la vida y a practicar la comparación entre las sociedades humanas, y entre estas y las no humanas. El resultado es una obra monumental que busca hacer de la ciencia de lo social una ciencia como cualquier otra: una basada en hechos objetivos universales y orientada a formular principios generales de funcionamiento de lo social.

Palabras clave: sociología; leyes sociológicas; comparatismo; interdisciplinariedad; altricialidad secundaria

Abstract:

Lahire took on the challenge of synthesizing the essential knowledge built since the nineteenth century about social structures with the ambitious goal of rebuiling sociology on truly scientific bases. He dialogues with the life sciences and elaborates a comparison between human societies and between these and non-human societies. The result is a monumental work which goal is to make social science a science like any other: one based on universal objective facts and aimed at formulating general principles of social functioning.

Keywords: sociology; sociological laws; comparatism; interdisciplinarity; secondary altriciality

Las ciencias sociales, tal como las practican un gran número de investigadores actuales, parecen tener más en común con la teología que con la verdadera ciencia. Leer los textos de numerosos sociólogos y antropólogos hace pensar en que están más preocupados por la leyenda bíblica del reflejo de dios en los humanos que por la filiación de estos con la suricata o con el chimpancé. Al afirmar esto no busco provocar, sino destacar la primera gran enseñanza de la lectura de este magistral y ambicioso libro de Bernard Lahire.

El objetivo central del autor en esta obra es colocar las ciencias sociales sobre nuevas bases y contribuir a hacerles ganar en cientificidad mediante un enfoque diferente, más realista, del objeto de dichas ciencias, por un lado, y proponer otra metodología y epistemología para pensar y trabajar en ciencia social, por el otro. Esas nuevas bases conciernen al “modo de reproducción (en el doble sentido de reproducción biológica y cultural) y de desarrollo ontogénico de la especie” (Lahire, 2023). Abordo esta cuestión más adelante.

Esta obra nació de las insatisfacciones y del desencanto del autor ante los devaneos y renuncias de los investigadores en ciencias sociales por hacer de estas unas verdaderas ciencias, así como por su desacuerdo con ciertas posiciones epistemológicas hoy dominantes en estas disciplinas. De ahí que, tras exponer una crítica sin concesión a relativistas, constructivistas y particularistas culturales, el sociólogo acomete la empresa encomiable de establecer un nuevo horizonte para las ciencias sociales caracterizado por la interdisciplinariedad y el comparatismo entre sapiens y otras especies sociales, y entre las diversas sociedades humanas. Las ciencias de la vida son así movilizadas para proponer una necesaria y, a mi parecer, muy lograda y estimulante síntesis de los saberes en ciencias sociales en un esfuerzo por establecer un amplio marco teórico (principios o leyes) que pueda servir de referente para sus practicantes. Destaco aquí tres elementos (correspondientes a sendos grandes apartados del libro): la crítica del relativismo, del particularismo y de la dispersión del conocimiento en ciencias sociales y la defensa de la síntesis nomológica como urgencia en estas disciplinas; el impulso de la interdisciplinariedad y el comparatismo; y la necesidad de situar a las sociedades humanas en la larga evolución darwiniana.

El autor expone su convicción que hacer ciencia pasa por volver a lo real y rechaza la peregrina idea según la cual toda realidad sería una simple construcción cultural y toda ciencia un punto de vista particular sobre esa realidad construida. En otras palabras, esa mitología o, en palabra de Lahire, “teología” con pretensión de ciencia social que propala la creencia que toda realidad es culturalmente construida y el individuo humano es racional, libre, ajeno a todo constreñimiento y forjador de sí, constituye un obstáculo que es necesario vencer en aras de hacer de las ciencias sociales verdaderas ciencias y no simples remedos.

Si la ciencia de lo social quiere convertirse en una ciencia de verdad (como la biología, la física, etc.) tiene que asumir racionalmente la existencia de una realidad común a todas las sociedades humanas, de la que es posible construir un conocimiento general al destacar los principios o leyes generales que den cuenta de “estructuras fundamentales” comunes a todas y que sirvan de referencia teórica compartida por el colectivo de los investigadores de estas disciplinas.

Lahire sostiene que dicha realidad común a todas las sociedades humanas actuales y pasadas se manifiesta en cinco “hechos y metahechos” antropológicos, entre los que se destaca la “altricialidad secundaria”. Estos grandes hechos están vinculados a 10 “líneas de fuerza” o “fuertes tendencias que se imponen a las sociedades humanas”. De ellas, solo menciono las relaciones de dominación, la expresividad simbólica y las disposiciones mágico-religiosas. Constatar los hechos, metahechos y líneas de fuerza que se imponen a las sociedades y condicionan su organización lleva al autor a pensar en la posibilidad de formular leyes sociales generales.

Lahire observa que, durante el primer medio siglo de las ciencias sociales, los investigadores no tenían empacho en hablar de leyes o principios generales para explicar los grandes fenómenos sociales humanos que estudiaban. No fue sino a partir de la década de 1930 cuando el compromiso de explicar lo social humano mediante leyes generales (ciencia nomotética) fue abandonado a favor de una epistemología orientada hacia la interpretación (ciencia ideográfica), con el consiguiente recelo de la existencia de una realidad objetiva, transhistórica y transcultural y de toda idea de verdad; esta tendencia se ha radicalizado en décadas recientes. Los escasos investigadores que aún se aventuran a hablar de leyes o invariantes, suelen hacerlo con reserva y precisando que se trataría de tendencias sociohistóricas (no universales) que no tendrían nada en común con las leyes de la física o de la biología. Estas precauciones corresponden al temor de ser repudiados o ignorados por sus colegas aficionados a la hermenéutica, a los particularismos culturales y a la agencia de los individuos.

No obstante el riesgo de ser blanco del desdén y la incomprensión de muchos de sus colegas, Lahire está convencido de que las ciencias sociales tienen todo para ganar en cientificidad y, por lo tanto, en legitimidad si sus practicantes se esfuerzan por fundarlas sobre hechos o propiedades que atañen a todas las sociedades humanas y, desde ahí, trabajar para establecer leyes sociales universales. Así, abre el camino a la transformación epistemológica de dichas disciplinas al formular un conjunto de 17 leyes sociológicas susceptibles de ampliarse o condensarse.

El sociólogo distingue lo social de lo cultural por cuanto “los animales no humanos son tan sociales como los humanos, pero no son o son muy poco culturales, mientras que los humanos son a la vez sociales y culturales”. Por social entiende “las relaciones de asociación entre los organismos individuales”, mientras que lo cultural concierne a la capacidad humana, enraizada en su evolución biológica, de simbolizar, de aprender, de transmitir, de crear y usar artefactos y de acumular objetos y técnicas. Así, está claro que lo social es una propiedad que los humanos comparten con una gran cantidad de especies no humanas. Y al ser la sociabilidad una característica que homo sapiens comparte con otras especies (insectos, aves, mamíferos), los investigadores en ciencias sociales tienen mucho que aprender de las investigaciones concernientes a las maneras de hacer sociedad en tales especies, además de las relativas a las numerosas sociedades humanas prehistóricas e históricas. Sin embargo, fuerza es constatar que

Sociólogos, antropólogos e historiadores hacen como si todo, o en todo caso, lo esencial de lo que les interesa […] iniciara con el Hombre. Ignoran el hecho que muchas propiedades sociales (estructurales, comportamentales y cognitivas) han precedido por mucho la aparición del Homo sapiens. Y, al basar todo su trabajo en esta ignorancia, pueden atribuir a la cultura y a la historia lo que es del dominio más amplio de lo social, ya que la vida social no se reduce a la vida social humana (Lahire, 2023).

Una profunda convicción de Lahire que recorre las casi mil páginas (esta reseña está basada en la versión ePub) de su libro es la necesidad de situar al ser humano en la larga trayectoria evolutiva de la vida a fin de prestar atención a la ineluctable relación de interdependencia que mantiene sapiens con su entorno biótico y abiótico, para así hacer visibles las grandes fuerzas estructurantes de las sociedades humanas. El gesto del autor consiste en una socialización de la biología en oposición a la biologización de lo social (sociobiología). Por eso hace una enfática defensa de la comparación intraespecífica (las sociedades humanas entre sí, tanto las modernas complejas como las tradicionales simples) e interespecífica (las sociedades humanas versus las sociedades animales no humanas). Esta epistemología de las ciencias sociales posibilita, por un lado, revelar las profundas raíces biológicas de la sociabilidad humana y, por el otro, distinguir lo específico de las sociedades humanas. Para el sociólogo, todo intento de explicar las estructuras elementales de las sociedades humanas que ignore homo sapiens es una especie más de una cadena evolutiva de millones de años, y que lo que lo hace particular entre todas las especies es resultado del mismo proceso de presión selectiva y adaptativa por la que han pasado todas, está condenado a ser científicamente irrelevante o a equivocarse. Querer conocer al homo sapiens y las estructuras sociales de las que depende su viabilidad como especie desdeñando su larga filiación evolutiva, a la vez biológica y social, lleva a elaborar monografías quizá de cierto interés, pero desconectadas y dispersas al no descansar en lo que constituye el cimiento común de toda la humanidad.

La mayoría de los investigadores en ciencias sociales ignoran los logros de arqueólogos, prehistoriadores y paleoantropólogos, indispensables para conocer de verdad los inicios, la trayectoria, el desarrollo y, tal vez, los posibles horizontes de la humanidad. Nacidas estas disciplinas en el siglo XIX y coincidentes en sus comienzos con un salto espectacular de la humanidad en lo que hace a las técnicas de fabricación de artefactos de los más diversos, a menudo sus integrantes, principalmente los sociólogos, parecen reducir la historia de la humanidad a los últimos 200 o 500 años de acumulación cultural vertiginosa (material y simbólica), como si los otros casi 299 500 años de existencia de sapiens, marcados por una muy lenta acumulación cultural (sobre todo los cientos de miles de años en que era cazador-recolector y sus miembros vivían en grupos pequeños y muy aislados), para no hablar de los cerca de tres millones de años del género homo, no tuvieran ninguna importancia para la comprensión cabal de la especie como animal social y cultural.

Es posible que la afición por los particularismos históricos y culturales haya llevado a descartar toda posibilidad de pensar la humanidad como realidad regida por leyes generales a la vez biológicas y sociales. Por esta razón, “la revolución darwiniana está lejos de haber terminado y debe continuarse en las ciencias sociales, no mediante la aplicación de la teoría darwiniana a las realidades históricas humanas […], sino vinculando las estructuras sociales y los comportamientos sociales humanos a la larga historia de las estructuras y comportamientos sociales no humanos” (Lahire, 2023). Practicar la interdisciplinariedad, como la que magistralmente despliega el autor en esta obra, se impone como condición sine qua non para producir este conocimiento de lo social y cultural humano.

Las estructuras profundas y el modo de organización de las sociedades humanas son resultado de los constreñimientos biológicos a los que homo sapiens ha tenido que hacer frente. Muchos de estos constreñimientos derivan de la necesidad de asegurar la sobrevivencia de una especie cuyos integrantes nacen muy prematuramente y, por consiguiente, la mayor parte de su maduración y capacidad para valerse por sí mismos, dentro de ciertos límites, se construyen fuera del útero. Lahire utiliza el concepto de “altricialidad”, que en zoología sirve para caracterizar a las especies cuyas crías nacen de modo prematuro y para cuya viabilidad se requiere de los padres cierto tiempo, variable según la especie, para amamantarlas, protegerlas y cuidarlas.

Una cadena de fenómenos biológicos, como la bipedestación, la reducción de la pelvis de las mujeres y el proceso de encefalización, condujeron al nacimiento precoz de los bebés humanos y a su largo desarrollo extrauterino, lo que a su vez obligó a sus progenitores a dedicar varios años de su vida a cuidarlos, protegerlos, educarlos, etc. De ahí que se hable de “altricialidad secundaria” (Lahire habla también de “altricialidad terciaria”) como característica de una especie cuyos individuos viven en dependencia total al inicio y final de su vida (improductivos por años) y relativa durante el resto (una relación de dependencia/interdependencia a lo largo de la vida).

La “altricialidad secundaria”, que es una condición biológica o, más específicamente, una propiedad ontogenética de Homo sapiens, tiene una influencia considerable en la manera como se estructuran las sociedades humanas y como se perfilan las múltiples relaciones entre individuos, categorías sociales, grupos, etc., en su interior. A modo de ejemplo, Lahire muestra que en ella echa sus raíces la dominación padres-hijos que, a su vez, funciona como una matriz de muchas otras formas de dominación.

En palabras del autor, este trabajo nació, entre otras causas, de una profunda insatisfacción frente a la notable dispersión de los trabajos en ciencias sociales originada en la ausencia de un marco científico integrador. Otro motivo de su desagrado es el ya aludido predominio de una ciencia social exclusivamente eidética y el abandono o la exclusión de todo esfuerzo por una ciencia nomotética de las sociedades humanas. Al trabajar para superar ambos vicios, Lahire actualiza una ambición que fue la de grandes nombres de las ciencias sociales, como Marx, Durkheim, Testart, etc.: la de unas ciencias sociales basadas en leyes; también renueva, al materializarlo, el interés ya presente en Marx (1963) de fundar las ciencias sociales en las ciencias naturales, y de crear una ciencia abarcadora de todos los mecanismos, manifestaciones o propiedades de lo social. Y, como afirmó en una entrevista reciente, en esta obra quería “decir cosas realmente fundamentales sobre el mundo social y ofrecer una imagen global de la humanidad” (Lahire, 2025). En esto me ha resultado bastante convincente y estimulante para pensar nuestro ser social de otro modo. Las ciencias de lo social han establecido algunos principios que se verifican en todas las sociedades, pero han estado en un estado disperso que exigía un trabajo de síntesis y articulación como la que contiene este libro.

Los investigadores deberían acoger este libro con curiosidad, admiración y gratitud. El sociólogo dedicó un esfuerzo considerable a elaborar una síntesis ejemplar de los logros de las ciencias sociales, misma que constituye un notable servicio a estas disciplinas por cuanto, según el anhelo del autor, ahorrará a estudiosos actuales y futuros la pena de siempre iniciar desde cero. Así y todo, es dudoso que una obra de esta calidad y ambición obtenga la recepción crítica que se merece: someter a prueba sus proposiciones generales a través de estudios empíricos específicos o, al menos, discutir sus tesis con base en una atenta y paciente lectura de su prolija argumentación. Me temo que muchos lectores, sobre todo los adeptos al dogma del constructivismo y del relativismo, con solo leer algunas páginas, cederán a las facilidades de la crítica superficial o al desdén propio de quienes se oponen a toda ambición nomológica de las ciencias sociales o a todo intento por conectar y hacer dialogar ciencias sociales y ciencias de la vida. De ocurrir esto, sería otro perjuicio para aquellas disciplinas y sus practicantes.

Referencias

Lahire, Bernard (2023). Les structures fondamentales des sociétés humaines [ePub]. París: La Découverte. [ Links ]

Lahire, Bernard (2025). Vers une science sociale du vivant (questions et avant-propos de Laure Flandrin et Francis Sanseigne) [ePub]. París: La Découverte. [ Links ]

Marx, Karl (1963). Economie et philosophie (Manuscrits parisiens, 1944). París: Gallimard. [ Links ]

Recibido: 20 de Enero de 2025; Aprobado: 14 de Febrero de 2025; Publicado: 31 de Marzo de 2025

Acerca del autor

Ducange Medor es profesor-investigador del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad de Guadalajara (CUCEA-UdeG). Es doctor en Ciencias Sociales por el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Sus investigaciones versan sobre sentido y lugar del trabajo en la vida de los individuos, educación superior y trabajo, procesos sociales de construcción de los individuos, políticas y representaciones en torno a los jóvenes. Dos de sus más recientes publicaciones son:

1. Medor, Ducange (2023). La (im)pertinente permanencia de los vagos. Estudio sobre el trabajo, la vida y lo que de verdad importa. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

2. Medor, Ducange (2024). ¿Alguien ha visto a algún joven “NiNi”? Reflexiones sobre un caso de “eficacia simbólica” y de dominación. Revista de Sociología, Nº 39, pp. 89 - 103. DOI: https://doi.org/10.15381/rsoc.n39.28558

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