Introducción
La investigación sobre estratificación y movilidad social en México ha documentado la importancia de las características socioeconómicas de la familia de origen como determinante de los destinos socioeconómicos y la movilidad social (Solís, 2007, 2018; Solís, & Boado, 2016; Campos-Vázquez et al., 2021; Vélez Grajales et al., 2015). Estudios más recientes destacan también la contribución de las características étnicas y físicas racializadas de las personas, en especial del tono de piel, a la desigualdad de oportunidades (Martínez Casas et al., 2014; Solís et al., 2019; Campos-Vázquez, & Medina-Cortina, 2019; Solís et al., 2024). Por su parte, los estudios de género reportan de manera recurrente y sistemática las condiciones de desventaja socioeconómica que enfrentan las mujeres en términos de sus posiciones en el mercado de trabajo (Oliveira, & Ariza, 2000), y sus ingresos (Arceo, & Campos-Vázquez, 2014; Martínez Jasso, & Acevedo Flores, 2004).
Estos estudios forman parte de una corriente más amplia de investigaciones sobre movilidad social y desigualdad de oportunidades, la cual ha renovado el interés por el análisis de los factores estructurales que condicionan la persistencia de las desigualdades. Aunque se ha logrado destacar el papel de las principales características adscriptivas de origen, como la clase o el nivel socioeconómico de la familia, las características etnorraciales y el género, en la reproducción de las desigualdades sociales sus avances han sido más modestos en la identificación de los mecanismos y procesos que explican tal asociación. En este sentido, la investigación sobre movilidad social y desigualdad de oportunidades en México se encuentra en una situación de estrechez teórica y empírica, tal como la describieron Ganzeboom et al. (1991), pues mantiene un desproporcionado interés en medir la asociación estadística entre orígenes y destinos sociales, sin proponer modelos explicativos que permitan entender la forma en que se materializa esta asociación en distintos ámbitos sociales.
Un paso importante para avanzar en modelos explicativos es identificar las variables intervinientes en la asociación entre orígenes y destinos sociales. El desarrollo de estas propuestas, que se remonta al modelo clásico de Blau y Duncan (1967) sobre el logro de estatus, permite obtener una perspectiva más comprensiva al incorporar un conjunto más amplio de determinantes e identificar el lugar en que se insertan en la cadena causal que vincula orígenes y destinos. Por ejemplo, desde el modelo original de Blau y Duncan se comprende mejor el papel fundamental de la escolaridad como factor explicativo independiente y como mediadora de la asociación entre orígenes y destinos. Análisis recientes realizados en México con base en este modelo han permitido ratificar la persistencia de este doble papel de la escolaridad (Blanco et al., 2014; Solís, & Dalle, 2019). No obstante, en México la investigación sobre otros posibles determinantes, más allá de la escolaridad, es escasa.
El capital social ha destacado en diversas propuestas analíticas como factor influyente en la movilidad y estratificación social. Su carácter de “sospechoso habitual” se debe a que el acceso a contactos y redes sociales es uno de los principales mecanismos a través de los cuales las personas obtienen recursos que favorecen la movilidad social, entre ellos oportunidades laborales y económicas (Bourdieu, 1980, 1986; Lin y Dumin, 1986; Lin, 1999; Portes, 1998). Aunque en otros países de América Latina, como Uruguay y Chile, se han realizado estudios recientes sobre el papel del capital social en la estratificación social (Rey, 2017; Puga, & Soto, 2018; Contreras et al., 2019; Espinoza et al., 2021), en México aún no se ha avanzado significativamente en esta área.
El propósito de este trabajo es analizar el papel del capital social en la relación entre las características sociales de origen y los destinos socioeconómicos en México. Para ello, uso datos sobre la disponibilidad de contactos con diversos estatus ocupacionales de las personas entrevistadas obtenidos a través de una encuesta. Enfatizo dos aspectos clave de la intervención del capital social en el proceso de estratificación social: los determinantes de su acceso y su asociación a los destinos socioeconómicos.
El resto del trabajo se organiza de la siguiente manera: primero discuto los aspectos conceptuales relacionados con el capital social y su relación con la estratificación social y presento las hipótesis de este trabajo. Luego describo la fuente de datos y la metodología para la construcción de las principales variables. Posteriormente, presento los resultados más relevantes del análisis empírico. Por último, en la sección de discusión y conclusiones, evalúo estos resultados en función de las hipótesis planteadas inicialmente, discuto las principales limitaciones metodológicas del trabajo y propongo líneas futuras de investigación.
El capital social y el proceso de estratificación social
Hay dos aproximaciones al capital social. La primera lo concibe como un recurso instrumental que se expresa en el acceso individual a redes de contactos y redes sociales y en los beneficios que se obtienen a través de ellas (Bourdieu 2000); Coleman, 1988; Lin, 2002; Portes, 1998). La segunda conceptualiza el capital social como un recurso colectivo, vinculado a la participación cívica y comunitaria y a la cohesión social (Putnam, 2000). En este trabajo adopto la primera perspectiva, pues es justamente este enfoque el que permite analizar el papel instrumental de las redes sociales y los recursos que fluyen a través de ellas en la estratificación social.
En una de las primeras discusiones sistemáticas sobre el capital social, Bourdieu lo definió como
el conjunto de recursos actuales o potenciales vinculados a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de interconocimiento e interreconocimiento; o, en otras palabras, a la pertenencia a un grupo como un conjunto de agentes que no solo están dotados de propiedades comunes (capaces de ser percibidas por el observador, por otros o por ellos mismos) sino que también están unidos por conexiones permanentes y útiles (Bourdieu, 1980, p. 2, traducción propia).
En esta definición se identifican ya los dos componentes clave del capital social: la pertenencia a una red social de contactos y conexiones y los recursos que fluyen a través de ellas. Estos dos elementos los reconocen como parte esencial de la definición de capital social todos los autores que han contribuido a la discusión teórica en este ámbito (Coleman, 1988; Portes, 1998; Lin 2001). Es también Bourdieu quien plantea, a través de la noción de convertibilidad entre el capital económico y el capital social, la contribución del capital social como parte de las estrategias “dirigidas a asegurar la reproducción del capital (y de la posición ocupada en el espacio social)” (Bourdieu, 1986, p. 89, traducción propia).
Una de las principales contribuciones a la conceptualización y operacionalización empírica es el trabajo de Lin (1999, 2000, 2001) con su teoría del capital social basado en las redes. Para Lin, se define como “los recursos accesibles a través de lazos sociales que se ubican en posiciones estratégicas en las redes sociales y/o en posiciones organizacionales significativas” (Lin, 2001, p. 24 cap. 2). Lin también propone un andamiaje conceptual para analizar el capital social, construido sobre la base del modelo de logro de estatus de Blau y Duncan. De acuerdo con esta propuesta, la relación entre el capital social y el logro de estatus implica el examen de dos procesos. El primero se enfoca en el acceso al capital social, en el que intervienen las posiciones sociales de origen, la educación, las experiencias de vida y la cantidad y el estatus de los lazos sociales que las personas logren alcanzar. El segundo se centra en la movilización del capital social en el logro de estatus (Lin, 1999, p. 471).1
Al analizar la relación entre capital social y estratificación, un tema crucial es identificar el papel del primero en la movilidad social. ¿Contribuye el capital social a acentuar las desigualdades sociales de origen en el acceso a oportunidades de movilidad social? o ¿es el capital social un recurso que ayuda a compensar las desventajas sociales de origen? Puga y Soto (2018) destacan esta contraposición al clasificar las teorías sobre capital social en dos campos: una teoría crítica que enfatiza un vínculo indisoluble entre capital social y las posiciones sociales de origen y, por tanto, su tendencia definitiva a reproducir las desigualdades (Bourdieu, 1980, 1986), y una teoría liberal que destaca su papel como recurso alternativo que le brinda oportunidades a las personas que carecen de otras formas de capital (Coleman, 1988).
Esta discusión tiene un claro paralelo con el debate sobre el papel de la escolaridad en la estratificación social, en el que se contraponen las perspectivas teóricas que enfatizan su contribución a la reproducción de las desigualdades con aquellas que la conciben como un vehículo para la movilidad social. Como sugerimos en ese caso (Solís y Dalle, 2019), es difícil discernir la cuestión a priori, a partir de la discusión teórica, ya que la distribución del capital social y sus rendimientos en términos del acceso a oportunidades socioeconómicas varía sustantivamente en distintas sociedades. Por ello es necesario plantear el problema desde una perspectiva situada, con el apoyo de investigación empírica.
Para avanzar empíricamente en esta cuestión, adopto la propuesta de Lin de analizar la contribución del capital a la estratificación social a través del examen de dos procesos: los determinantes del acceso al capital social, y la asociación entre este y los destinos socioeconómicos (Lin, 1999; Contreras et al., 2019). Respecto al primer proceso, diversos estudios han destacado la importancia de las condiciones socioeconómicas de origen como determinantes del acceso al capital social (Lin, 1999, 2000; Rey, 2017; Espinoza et al., 2021). Es esperable que el nivel socioeconómico de la familia de origen incida en el acceso al capital social, no solo porque una de las principales fuentes de capital social son las redes familiares y no familiares de los padres, sino también porque un nivel socioeconómico alto coloca a las personas desde temprano en su curso de vida en espacios favorables para formar sus propias redes sociales, además de que facilita la formación de lazos sociales de alta jerarquía a través de la homofilia.
Por su parte, la bibliografía sobre desigualdades étnicas y raciales en otros países también ha identificado una asociación entre capital social y características étnicas. En Estados Unidos, el trabajo de Loury (1977) apuntó tempranamente a las diferencias en el acceso a contactos y redes como un factor importante al explicar las brechas ocupacionales y salariales entre blancos, negros y latinos (Loury, 1977; Smith, 2000). También Lin (1999) ha señalado que es esperable una menor acumulación de capital social para los grupos étnicos por su posición de desventaja social.
En contraposición con este enfoque centrado en el déficit de capital social, una parte importante de la discusión en Estados Unidos se ha centrado en el papel de los enclaves étnicos como fuente de capital social que proporcionan canales de movilidad social y protección contra la discriminación a los inmigrantes de ciertas comunidades latinas en Estados Unidos (Wilson, & Portes, 1980; Portes, & Rumbaut, 2014), aunque también puede asociarse a salarios más bajos y limitar el acceso a escuelas de calidad y apoyo gubernamental (Gold, 2015).
En México, la investigación acerca de las características etnorraciales y el acceso al capital social es limitada. Debido a la asociación entre estas características y la estratificación social, se esperaría una relación negativa entre rasgos étnicos y físicos racializados afines a los orígenes indígenas y afro, y el acceso al capital social. Difícilmente podría argumentarse que, como ocurre en algunos enclaves étnicos en Estados Unidos, las personas con características etnorraciales cercanas a orígenes indígenas o afro sean una minoría limitada a un espacio geográfico que ejerza un “cierre social” para protegerse de la discriminación y generar oportunidades de movilidad social. Por el contrario, se trata de una mayoría de la población, cuyas características etnorraciales tienden a oponerse a las de una minoría con rasgos étnicos o físicos racializados más afines a orígenes europeos que, en virtud de su condición de privilegio, restringe el acceso a sus círculos sociales, ya sea a través de la segregación espacial o de la homofilia. En este sentido, es probable que la asociación entre las características etnorraciales y el capital social se refleje en la restricción en el acceso a contactos de mayor jerarquía, más que en la extensión de las redes sociales.
Por su parte, las investigaciones previas sobre género y capital social han mostrado que las mujeres tienen menor acceso al capital social que los hombres. Esto se ha atribuido a las relaciones asimétricas de poder entre géneros que las colocan a ellas en situación de desventaja al asignarles una posición más cercana al trabajo reproductivo y de cuidados, en contraste con los hombres, vinculados más al trabajo productivo. Esto llevaría a una situación en la que las mujeres cuentan con un acceso más limitado a contactos y relaciones sociales orientadas al mercado de trabajo, enfrentan un déficit en el acceso a contactos de alto estatus y tienen mayores dificultades para materializarlos en beneficios tangibles en diversos espacios, por ejemplo, en el mercado laboral (Espinoza et al., 2021; Puga y Soto, 2018; Lin, 1999)
Lo anterior nos lleva a formular tres hipótesis sobre el papel de los orígenes socioeconómicos, las características etnorraciales y el género en la acumulación de capital social en México:
H1. Esperamos una asociación positiva entre el nivel socioeconómico de la familia de origen y la disponibilidad de capital social. H2. Las características étnicas y físicas racializadas asociadas a la ascendencia europea se vinculan positivamente al capital social. Esta asociación se expresa fundamentalmente a través del acceso a contactos de mayor jerarquía social. H3. Comparadas con los hombres, las mujeres tienen menor acceso al capital social.
Estas tres hipótesis abonan a las perspectivas reproduccionistas del capital social vinculadas al enfoque original de Bourdieu, en tanto lo conciben como recurso distribuido de manera desigual en función de los ejes principales de la estratificación social, que replica o incluso amplifica las desigualdades sociales (Bonoli, & Turtschi, 2015). Sin embargo, la acumulación de capital social no está determinada únicamente por las características adscriptivas de origen, sino también por otros factores asociados solo parcialmente a estas y, por tanto, relativamente independientes de los orígenes.
Uno de los factores más asociados a la acumulación de capital social es el acceso a la escolaridad. Diversos estudios, algunos realizados en países latinoamericanos, muestran que las personas con mayor escolaridad alcanzan mayor acceso a contactos y redes sociales (Contreras et al., 2019; Bonoli, & Turtschi, 2015; Van Tubergen y Volker 2015). La escuela es un espacio de sociabilidad en el que se desarrollan relaciones sociales a partir de la convivencia y la homofilia. Aunque el nivel de escolaridad se asocia parcialmente a las características adscriptivas de origen, también depende de otros factores, como la cobertura del sistema educativo y la disponibilidad de becas y otros programas sociales. Por lo tanto, es previsible que se asocie a la acumulación de capital social no solo como variable mediadora de las características adscriptivas, sino también como variable independiente.
Esto lleva a formular dos hipótesis adicionales sobre el papel de la escolaridad en la acumulación de capital social en México:
H4. Esperamos una asociación positiva entre escolaridad y capital social. H5. La escolaridad es un mediador importante de los efectos de las circunstancias sociales de origen en la acumulación de capital social.
Respecto al segundo proceso de interés, la asociación entre capital social y destinos socioeconómicos, investigaciones previas en Chile y Uruguay (Contreras et al., 2019; Espinoza et al., 2021) han mostrado que el capital social tiene una asociación positiva con el logro ocupacional de las personas, lo que lleva a adelantar la hipótesis de una relación similar en el caso de México. Además, es conveniente preguntarse en qué medida el capital social constituye un mediador en la asociación entre las circunstancias sociales de origen, la escolaridad y los destinos socioeconómicos. A partir de lo anterior, formulamos dos hipótesis adicionales:
H6. Independientemente del origen socioeconómico, las características etnorraciales, el género y la escolaridad, el capital social tiene una asociación positiva con la posición socioeconómica de destino de las personas. H7. El capital social es un mediador importante de la asociación entre las características adscriptivas de origen y los destinos socioeconómicos.
Datos, variables y métodos
La fuente de datos de este trabajo es la Encuesta sobre Discriminación Étnico-Racial en México (Proder), realizada en la segunda mitad de 2019. Esta encuesta (N = 7 187) se diseñó para analizar temas de racismo, discriminación etnorracial y desigualdad social. Se levantó una muestra aleatoria representativa a escala nacional en 714 áreas geoestadísticas básicas (AGEB) urbanas y rurales del país, a adultos residentes en viviendas particulares. La población muestreada fue de individuos de 25 a 64 años. Las entrevistas cara a cara las efectuaron encuestadores profesionales con apoyo de dispositivos electrónicos.2 Las características metodológicas de la muestra permiten hacer inferencias estadísticas para el conjunto de la población nacional entre 25 y 64 años.
El cuestionario incluyó información económica, educativa y ocupacional de las personas entrevistadas, así como preguntas sobre la condición socioeconómica de los padres (o la persona principal proveedora de ingresos del hogar) y las características de la vivienda de residencia cuando la persona entrevistada tenía 14 años. Como la encuesta se especializa en cuestiones étnicas, racismo y discriminación, también profundiza en las características étnicas y físicas racializadas de las personas entrevistadas.
Medidas de capital social
Las medidas de capital social provienen de una sección diseñada para tal efecto, el “generador de posiciones” (Lin, 2001; Lin, & Dumin, 1986; Van der Gaag et al., 2008). Este instrumento obtiene información sobre la red de relaciones sociales de la persona entrevistada a través de preguntas acerca de si tiene amigos o conocidos en una lista de “posiciones” que representan títulos ocupacionales con distinto estatus socioeconómico. Se incluyeron 12 ocupaciones (tabla 2) que representan un amplio rango de estatus socioeconómicos, de acuerdo con el índice internacional socioeconómico de ocupaciones (ISEI) (Ganzeboom et al., 1992; Ganzeboom, 2010).
Las preguntas que respondieron las personas entrevistadas fueron: 1) “Ahora le voy a preguntar sobre algunos de sus familiares, amigos o conocidos. Pensando solo en sus FAMILIARES que viven en México, hombres o mujeres, ¿cuántos trabajan como…?”. 2) “Sin contar a sus familiares, ¿cuántos AMIGOS o CONOCIDOS tiene en esa ocupación? Una persona es conocida si usted al menos sabe su nombre y podría platicar si se encontrara con él o ella en la calle.” Para cada posición, las personas podían responder si no tenían contactos, si tenían un contacto o si tenían dos o más. Como se preguntó por separado por familiares y no familiares, fue posible obtener medidas independientes para el capital social familiar y no familiar.
A partir de esta información, construí varios indicadores de capital social, basados en estudios previos (Van der Gaag et al., 2008; Contreras et al., 2019; Espinoza et al., 2021), que agrupé en tres dimensiones: extensión, jerarquía y diversidad. En cuanto a la extensión, utilizo el tamaño de la red de contactos, medido por la suma de la cantidad de contactos identificados por las personas en el generador de posiciones. Además, incluí un indicador alternativo de extensión para medir el aislamiento, un aspecto poco explorado en el análisis de la relación entre estratificación y capital social. La medida de aislamiento es una variable dicotómica que distingue a quienes no reportaron ningún contacto de quienes reportaron al menos uno. La jerarquía de los contactos se mide a través del valor del ISEI correspondiente al contacto de mayor estatus ocupacional, medido por el valor del ISEI ligado a cada posición. Finalmente, la diversidad de la red de contactos se evalúa por el rango entre el ISEI de los contactos de mayor y menor rango reportados.
Nivel socioeconómico actual
Para explorar la asociación entre capital social y los resultados socioeconómicos, la mayor parte de los trabajos previos utilizó medidas de logro ocupacional. Aquí uso una medida alternativa, basada en el nivel socioeconómico actual del hogar de residencia de las personas entrevistadas. Esto implica evaluar los rendimientos del capital social directamente en función de las posiciones en la distribución de recursos socioeconómicos, y no indirectamente a través del estatus ocupacional. Además, permite incorporar al análisis a personas previamente excluidas por no tener un trabajo remunerado, entre ellas muchas mujeres que se dedican exclusivamente a los trabajos de cuidados, pero que obtienen retornos del capital social por medios distintos al mercado de trabajo, por ejemplo, a través del mercado matrimonial.
Para explorar la asociación entre capital social y destinos socioeconómicos, utilizo un índice compuesto, llamado índice socioeconómico (ISE), estimado a partir de los activos, bienes y servicios del hogar. 3 El índice se construyó con los tres primeros componentes de un análisis factorial policórico por componentes principales, los cuales absorben 59% de la varianza total. Los componentes fueron ponderados según su contribución a la varianza total (29, 20 y 10%, respectivamente) y luego sumados para obtener el índice final. Estos índices compuestos son un proxy válido del nivel de ingresos permanente y la riqueza (Filmer, & Pritchett, 2001; Smits, & Steendijk, 2015).
Antecedentes socioeconómicos y perfil etnorracial
El origen socioeconómico se calcula mediante el índice de orígenes sociales (IOS), medida basada en un análisis factorial que sintetiza la posición de la familia de origen en la estratificación social (Solís, & Puga, 2011; Solís, 2012; Solís et al., 2019, 2024). En la Encuesta Proder, el IOS incluye el estatus ocupacional (ISEI) y los años de escolaridad de la persona identificada como principal proveedora económica del hogar (PPEH) cuando el o la entrevistada tenía 14 años. Además, el IOS incluye un índice construido a partir de datos sobre el acceso a bienes y servicios en la vivienda, también a los 14 años. Esta información fue resumida mediante un análisis factorial por componentes principales en un índice que capta 68% de la varianza total. Por último, el IOS se estandariza por cohortes quinquenales de nacimiento con el fin de neutralizar los efectos de los incrementos históricos en la escolaridad, y el equipamiento de las viviendas. De este modo, el IOS refleja la posición socioeconómica de origen de cada persona entrevistada respecto a su propia cohorte de nacimiento.
En cuanto a la dimensión etnorracial, hemos señalado en trabajos recientes la necesidad de desarrollar enfoques conceptuales y mediciones que consideren las características étnicas y los rasgos físicos racializados en su conjunto (Solís et al., 2019, 2024). Por su énfasis en el tema, la Encuesta Proder incluye una amplia variedad de medidas de pertenencia étnica y de rasgos físicos racializados. Para sintetizarlas, utilizo un índice al que llamo “perfil etnorracial”, que clasifica a las personas en una escala según las siguientes características: autoadscripción étnica (indígena, negro, mestizo, blanco); condición de hablante de lenguas indígenas (hablante, no hablante pero con padres hablantes, no hablante ni con padres hablantes); claridad en el tono de la piel medida a través del índice ITA (Solís et al., 2024; Roth et al., 2022); color del cabello (negro, castaño, rubio teñido, rubio natural, otro); y color de ojos (negros, cafés, verdes o azules). Para calcular este índice, usé la técnica de análisis factorial policórico, a partir de la cual obtengo un índice que resume la variabilidad común de este conjunto de características.
En la tabla 1 presento los valores promedio de las variables que integran el IOS y el perfil etnorracial según quintiles de estos índices para validar descriptivamente su robustez como medidas resumen. Se observa que, a medida que se incrementa el valor del IOS, aumenta sustancialmente el promedio de los años de escolaridad y el estatus ocupacional de la persona (PPEH), así como el valor del índice de activos y el porcentaje de los activos y servicios de la vivienda. También se observa que el índice del perfil etnorracial se correlaciona positivamente con rasgos étnicos y físicos racializados afines a la ascendencia europea y negativamente con la ascendencia indígena o negra. Así, a medida que se incrementa el valor del perfil etnorracial, aumenta la proporción de personas no hablantes de lenguas indígenas, adscritas como mestizas o blancas, con piel clara, ojos cafés, verdes o azules, y cabello castaño o rubio.
Tabla 1 Valores promedio de las variables que integran el índice de orígenes sociales y el perfil etnorracial, según quintiles de estos índices
| Quintiles del índice de orígenes sociales (IOS) | ||||||
| Quintil 1 | Quintil 2 | Quintil 3 | Quintil 4 | Quintil 5 | Total | |
| Años promedio de escolaridad PPEH* | 0.85 | 2.99 | 5.56 | 7.60 | 11.88 | 5.77 |
| Estatus ocupacional promedio PPEH* | 24.21 | 27.81 | 30.91 | 35.75 | 50.62 | 33.86 |
| Hacinamiento** | 3.99 | 3.54 | 3.05 | 2.77 | 2.39 | 3.15 |
| Promedio del índice de activos y servicios | –1.24 | –0.46 | 0.19 | 0.57 | 0.94 | 0.00 |
| Agua entubada dentro de la vivienda (%) | 29.7 | 52.6 | 79.4 | 89.8 | 97.5 | 69.8 |
| Estufa de gas o electricidad (%) | 26.6 | 62.1 | 87.2 | 94.6 | 98.1 | 73.7 |
| Televisión (%) | 14.7 | 52.9 | 79.4 | 90.5 | 96.2 | 66.7 |
| Refrigerador (%) | 12.0 | 50.2 | 75.6 | 88.6 | 95.9 | 64.4 |
| Lavadora de ropa (%) | 1.4 | 13.5 | 39.0 | 59.6 | 79.1 | 38.5 |
| Licuadora (%) | 9.5 | 42.9 | 73.3 | 86.0 | 94.5 | 61.3 |
| Radio, grabadora, reproductor de cd (%) | 23.6 | 55.8 | 68.7 | 79.1 | 89.4 | 63.3 |
| Tostador eléctrico o de pan (%) | 0.3 | 1.9 | 5.2 | 15.6 | 33.2 | 11.2 |
| Teléfono fijo (%) | 0.6 | 4.7 | 15.5 | 32.4 | 62.2 | 23.1 |
| Autoadscripción indígena (%) | 60.8 | 26.2 | 23.3 | 15.8 | 10.0 | 27.2 |
| Autoadscripción negra (%) | 11.3 | 2.3 | 0.5 | 0.0 | 0.0 | 2.8 |
| Autoadscripción mestiza (%) | 37.3 | 64.0 | 68.2 | 64.8 | 53.4 | 57.5 |
| Autoadscripción blanca (%) | 0.5 | 2.2 | 3.7 | 7.2 | 34.5 | 9.6 |
| No hablante, con padres hablantes de lenguas indígenas (%) | 47.1 | 82.5 | 88.0 | 94.6 | 97.5 | 82.0 |
| No hablante, con padres hablantes de lenguas indígenas (%) | 15.5 | 8.0 | 7.3 | 3.9 | 1.9 | 7.3 |
| Hablante de lenguas indígenas (%) | 37.4 | 9.4 | 4.7 | 1.5 | 0.6 | 10.7 |
| Claridad en el tono de piel (ita estandarizado) | –0.88 | –0.36 | –0.06 | 0.32 | 1.00 | 0.00 |
| Ojos negros (%) | 82.1 | 70.3 | 36.8 | 12.0 | 3.1 | 40.9 |
| Ojos cafés (%) | 17.8 | 29.4 | 62.4 | 86.5 | 77.8 | 54.7 |
| Ojos verdes o azules (%) | 0.1 | 0.3 | 0.8 | 1.5 | 19.2 | 4.4 |
| Cabello negro (%) | 88.1 | 73.8 | 48.0 | 18.0 | 2.8 | 46.2 |
| Cabello castaño (%) | 7.1 | 16.7 | 38.3 | 63.8 | 57.1 | 36.5 |
| Cabello rubio teñido (%) | 0.1 | 0.6 | 3.9 | 8.1 | 23.1 | 7.1 |
| Cabello rubio natural (%) | 0.0 | 0.1 | 0.2 | 0.5 | 12.7 | 2.7 |
* PPEH = Persona principal proveedora del hogar a los 14 años de edad.
** Razón de número de residentes entre número de cuartos para dormir en la vivienda a los 14 años de edad. Fuente: Estimaciones propias a partir de la Encuesta Proder 2019.
El capital social a través del generador de posiciones: resultados descriptivos
La tabla 2 muestra las distribuciones para cada una de las ocupaciones incluidas en el generador de posiciones, dependiendo de si los contactos identificados eran familiares o no familiares. Para cada posición, se presenta entre paréntesis el valor de su ISEI promedio, que se usará posteriormente para realizar los cálculos de las medidas sintéticas de capital social.
Tabla 2 Distribución de respuestas para el generador de posiciones
| Familiares | ||||
| Ninguno | Uno | Dos o más | Total | |
| Gerente, director o directora en alguna empresa o en el gobierno (68.1) | 80.0 | 14.4 | 5.6 | 100 |
| Vendedor o vendedora ambulante (25.2) | 62.8 | 22.6 | 14.7 | 100 |
| Secretaria o asistente administrativo (44.9) | 74.8 | 18.4 | 6.8 | 100 |
| Trabajador o trabajadora de limpieza (14.2) | 68.9 | 20.8 | 10.4 | 100 |
| Vendedor o vendedora en una tienda o almacén (28.5) | 64.6 | 24.5 | 10.9 | 100 |
| Mecánico, soldador, electricista o tornero (31.1) | 60.4 | 27.9 | 11.7 | 100 |
| Vigilante, guardia de seguridad privado o velador (23.8) | 73.3 | 19.4 | 7.3 | 100 |
| Dueño o dueña de un pequeño comercio o tienda (28.8) | 58.3 | 28.1 | 13.6 | 100 |
| Taxista o chofer de pesero o autobús (30.3) | 66.2 | 23.7 | 10.1 | 100 |
| Obrero u obrera en una fábrica (22.8) | 59.2 | 21.3 | 19.5 | 100 |
| Médico (doctor o doctora), abogado o contadora (84.0) | 72.1 | 17.8 | 10.1 | 100 |
| Maestro o maestra de primaria o secundaria (79.5) | 70.5 | 17.8 | 11.7 | 100 |
| Gerente, director o directora en alguna empresa o en el gobierno (68.1) | 71.5 | 16.0 | 12.5 | 100 |
| Vendedor o vendedora ambulante (25.2) | 52.7 | 18.4 | 29.0 | 100 |
| Secretaria o asistente administrativo (44.9) | 66.3 | 16.9 | 16.8 | 100 |
| Trabajador o trabajadora de limpieza (14.2) | 54.1 | 21.5 | 24.4 | 100 |
| Vendedor o vendedora en una tienda o almacén (28.5) | 55.1 | 21.2 | 23.7 | 100 |
| Mecánico, soldador, electricista o tornero (31.1) | 49.2 | 21.9 | 29.0 | 100 |
| Vigilante, guardia de seguridad privado o velador (23.8) | 61.3 | 18.9 | 19.9 | 100 |
| Dueño o dueña de un pequeño comercio o tienda (28.8) | 50.3 | 23.4 | 26.3 | 100 |
| Taxista o chofer de pesero o autobús (30.3) | 51.3 | 20.5 | 28.2 | 100 |
| Obrero u obrera en una fábrica (22.8) | 48.5 | 18.3 | 33.2 | 100 |
| Médico (doctor o doctora), abogado o contadora (84.0) | 60.5 | 18.2 | 21.2 | 100 |
| Maestro o maestra de primaria o secundaria (79.5) | 58.5 | 17.3 | 24.2 | 100 |
Nota: Entre paréntesis se muestran los valores del ISEI promedio correspondientes a cada posición. Fuente: Estimación propia a partir de la Encuesta Proder 2019.
Como expliqué, las respuestas permiten distinguir entre las personas con un solo contacto y aquellas con dos o más. Entre los contactos familiares, el más frecuente es “Dueño o dueña de un pequeño comercio o tienda”, con 28.1% que reportan un contacto y 13.6% dos o más. El menos frecuente es “Gerente, director o directora en alguna empresa o en el gobierno”, con solo 14.4% que reportan un contacto y 5.6% dos o más. Entre los contactos no familiares, los más frecuentes son “Obrero u obrera en una fábrica” y “Mecánico, soldador, electricista o tornero”, con más de 50%. El contacto no familiar menos reportado también fue “Gerente, director o directora en alguna empresa o en el gobierno”, con más de 70% de personas sin contactos en esta posición.
Además, se observa que la frecuencia de personas que reportan dos o más contactos es relativamente alta, en especial para los contactos no familiares. En 9 de las 12 posiciones, 20% o más de las personas reportan dos o más contactos. Esto destaca la importancia de considerar en las medidas de extensión del capital social no solo la presencia o ausencia de contactos como una variable dicotómica, sino también el número de contactos en cada posición.
La tabla 3 muestra las medidas resumen del capital social. En cuanto a los indicadores de extensión, el promedio de contactos es 5.2 para familiares y 8.1 para no familiares, para un total de 13.3. El indicador de aislamiento revela que 5.2% no reportó ningún contacto. El contacto de mayor jerarquía tiene un ISEI promedio de 51.3 para familiares, 57.8 para no familiares y 63.6 en general. Respecto a la diversidad de la red, el rango promedio de valores ISEI entre el contacto de mayor y menor jerarquía es 45.6. Estas medidas son similares a las de trabajos previos en otros países de América Latina (Espinoza et al., 2021), aunque no por completo comparables debido a diferencias en la lista de contactos y en la forma de construir los indicadores.
Tabla 3 Medidas de capital social según origen socioeconómico (IOS), perfil etnorracial, y sexo
| Índice de Orígenes Sociales (IOS) | Sexo | ||||||||
| Quintil 1 | Quintil 2 | Quintil 3 | Quintil 4 | Quintil 5 | Total | Hombre | Mujer | Total | |
| Extensión | |||||||||
| Promedio de número de familiares | 3.7 | 4.5 | 5.4 | 5.8 | 6.7 | 5.2 | 5.5 | 4.9 | 5.2 |
| Promedio de número de no familiares | 5.6 | 7.0 | 8.3 | 9.2 | 10.3 | 8.1 | 8.7 | 7.5 | 8.1 |
| Promedio de número total de contactos | 9.3 | 11.5 | 13.7 | 15.0 | 17.0 | 13.3 | 14.2 | 12.5 | 13.3 |
| Aislamiento (%) | 17.1 | 5.0 | 2.0 | 1.2 | 0.6 | 5.2 | 5.1 | 5.3 | 5.2 |
| Jerarquía | |||||||||
| ISEI promedio de familiar de mayor jerarquía | 35.8 | 44.7 | 51.5 | 56.5 | 68.0 | 51.3 | 52.0 | 50.7 | 51.3 |
| ISEI promedio de familiar de mayor jerarquía promedio de no familiar de mayor jerarquía | 42.6 | 52.4 | 57.6 | 64.8 | 71.7 | 57.8 | 59.4 | 56.4 | 57.8 |
| ISEI promedio de contacto de mayor jerarquía | 48.5 | 58.5 | 64.4 | 70.2 | 76.5 | 63.6 | 64.6 | 62.7 | 63.6 |
| Diversidad | |||||||||
| Rango de valores ISEI de red de contactos | 32.0 | 40.7 | 46.2 | 52.3 | 56.8 | 45.6 | 46.9 | 44.4 | 45.6 |
| Índice de capital social | –0.6 | –0.2 | 0.1 | 0.3 | 0.5 | 0.0 | 0.1 | –0.1 | 0.0 |
| Perfiletnorracial | |||||||||
| Quintil 1 | Quintil 2 | Quintil 3 | Quintil 4 | Quintil 5 | Total | ||||
| Extensión | |||||||||
| Promedio de número de familiares | 4.4 | 4.7 | 5.3 | 5.8 | 5.8 | 5.2 | |||
| Promedio de número de no familiares | 7.0 | 8.0 | 8.1 | 8.5 | 8.8 | 8.1 | |||
| Promedio de número total de contactos | 11.4 | 12.8 | 13.4 | 14.2 | 14.6 | 13.3 | |||
| Aislamiento (%) | 8.5 | 7.0 | 5.3 | 2.9 | 2.2 | 5.2 | |||
| Jerarquía | |||||||||
| ISEI promedio de familiar de mayor jerarquía | 42.8 | 45.1 | 52.9 | 55.9 | 59.9 | 51.3 | |||
| ISEI promedio de no familiar de mayor jerarquía | 50.9 | 55.2 | 57.5 | 61.2 | 64.5 | 57.8 | |||
| ISEI promedio de contacto de mayor jerarquía | 56.5 | 60.6 | 64.4 | 66.7 | 69.9 | 63.6 | |||
| Diversidad | |||||||||
| Rango de valores ISEI de red de contactos | 39.0 | 43.0 | 46.5 | 48.8 | 50.6 | 45.6 | |||
| Índice de capital social | –0.3 | –0.1 | 0.0 | 0.1 | 0.2 | 0.0 | |||
Fuente: Estimación propia a partir de la Encuesta Proder 2019.
Todas las medidas de extensión, jerarquía y diversidad se vinculan al nivel socioeconómico de la familia de origen. Quienes provienen de familias con mayores recursos reportan redes de contacto más amplias, así como menor propensión al aislamiento. Por ejemplo, aquellos del quintil superior del IOS reportan en promedio 17 contactos y un aislamiento de 0.6%, en contraste con 9.3 contactos y 17.1% de aislamiento para los del quintil inferior. Esta disparidad también se refleja en el promedio del ISEI del contacto de mayor jerarquía (76.5 vs. 48.5, respectivamente), así como en el rango de valores del ISEI en la red de contactos (56.8 vs. 32.0, respectivamente).
También hay una asociación entre el perfil etnorracial y las medidas de capital social, aunque menos marcada. Aquellos en el quintil superior del perfil etnorracial, es decir, personas con rasgos étnicos y físicos más cercanos a la ascendencia europea, muestran los mayores niveles de capital social en todas las dimensiones. Por ejemplo, el ISEI promedio del contacto de mayor jerarquía para este grupo es 69.9, comparado con 56.5 para el quintil inferior, integrado por aquellos con rasgos más próximos a los orígenes indígenas o afro.
Por otro lado, no hay diferencias significativas por género en los indicadores de capital social. A lo sumo, se observa una leve disparidad en los indicadores de extensión de la red de contactos, tanto familiares como no familiares, donde las mujeres muestran una ligera desventaja. Sin embargo, estas brechas son mínimas en comparación con las observadas en el IOS y en el perfil etnorracial.
En resumen, los indicadores descriptivos sugieren que el acceso al capital social en México está principalmente condicionado por los orígenes socioeconómicos familiares, en cierta medida por el perfil etnorracial, y en menor grado por el género. No obstante, estos resultados deben ser examinados a través de modelos estadísticos de regresión múltiple que permiten introducir controles estadísticos simultáneos. En la próxima sección analizaré los resultados de estos modelos.
Características adscriptivas, escolaridad y acceso al capital social
El conjunto inicial de hipótesis se centra en la asociación entre las características adscriptivas (origen socioeconómico, perfil etnorracial y sexo), la escolaridad y el capital social. Para poner a prueba estas hipótesis, ajusté varios modelos de regresión lineal y logística binomial con los diferentes indicadores de capital social como variables dependientes.
Para cada indicador, ajusté dos modelos. El primero excluye la escolaridad como variable independiente, lo que permite evaluar la asociación total entre las características adscriptivas y cada indicador de capital social. El segundo modelo incluye la escolaridad. Al comparar este modelo con el inicial, es posible evaluar tanto el efecto independiente de la escolaridad como su papel como variable interviniente entre las características adscriptivas y el capital social.
Los resultados de estos modelos se presentan en la tabla 4. En los modelos que no incluyen la escolaridad, se observa una asociación positiva significativa entre el índice de orígenes socioeconómicos y todos los indicadores de capital social. El coeficiente de regresión para el IOS en el modelo del promedio de contactos (modelo 1) es 2.32, lo que significa que por cada desviación estándar en el IOS el promedio estimado de contactos aumenta en 2.32 personas. En el modelo de aislamiento (modelo 3), el coeficiente de regresión logística es -1.55, lo que indica una reducción significativa en la probabilidad de no reportar contactos para aquellos de familias con mayores ventajas socioeconómicas. Asimismo, se observa un coeficiente estadísticamente significativo y sustancial en el modelo del contacto de mayor jerarquía (modelo 5): por cada desviación estándar de aumento en el IOS, el valor estimado del ISEI para el contacto de mayor jerarquía aumenta en 8.68 unidades. Además, la diversidad de la red de contactos también se relaciona positivamente con el nivel socioeconómico de origen (modelo 7). El rango promedio de valores del ISEI entre el contacto de mayor y menor jerarquía aumenta 7.75 unidades por cada desviación estándar de aumento en el índice de orígenes socioeconómicos.
Tabla 4 Modelos de regresión para las distintas dimensiones del capital social
| Promedio del número de contactos /1 | Aislamiento/2 | Rango de jerarquía de contactos /1 | Rango de jerarquía de contactos /1 | |||||
| Modelo 1 | Modelo 2 | Modelo 3 | Modelo 4 | Modelo 5 | Modelo 6 | Modelo 7 | Modelo 8 | |
| Índice de orígenes socioeconómicos (ios) | 2.32*** | 1.13*** | –1.55*** | –1.30*** | 8.68*** | 5.36*** | 7.75*** | 4.50*** |
| Perfil etnorracial | 0.23 | 0.10 | –0.05 | –0.03 | 1.57*** | 1.20* | 1.37** | 1.00* |
| Sexo | ||||||||
| Hombre (referencia) | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- |
| Mujer | –1.77*** | –1.51*** | 0.07 | 0.06 | –2.32** | –1.60 | –2.87*** | –2.17* |
| Edad | 0.01 | 0.05*** | 0.00 | –0.01 | 0.07 | 0.18*** | 0.07 | 0.18*** |
| Situación conyugal | ||||||||
| Casado(a) o Unido(a) (referencia) | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- |
| Divorciado(a) o separado(a) | –0.50 | –0.35 | –0.06 | –0.12 | 2.61 | 3.01 | 2.69 | 3.08 |
| Viudo(a) | –1.46** | –0.65 | –0.39 | –0.59 | –0.53 | 1.73 | –1.27 | 0.94 |
| Soltero(a) | –1.31*** | –1.47*** | –0.06 | –0.04 | –0.09 | –0.53 | –1.18 | –1.61 |
| Residencia rural o urbana | ||||||||
| Urbana (referencia) | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- | ----- |
| Rural | –2.14*** | –1.52*** | 0.46** | 0.42* | –3.33** | –1.60 | –3.30** | –1.60 |
| Años de escolaridad | ----- | 2.38*** | ----- | –0.48*** | ----- | 6.60*** | ----- | 6.46*** |
| Constante | 14.72*** | 12.64*** | –3.94*** | –3.61*** | 62.88*** | 57.10*** | 45.26*** | 39.61*** |
| Tamaño de muestra | 7136 | 7136 | 7136 | 7136 | 7136 | 7136 | 7136 | 7136 |
| R2 | 0.12 | 0.16 | 0.14 | 0.17 | 0.12 | 0.15 | ||
| Pseudo R2 (Mcfadden) | 0.18 | 0.19 | ||||||
/1 Modelo de regresión lineal; /2 Modelo de regresión logística
* p < 0.05, ** p < 0.01, *** p < 0.001.
Fuente: Estimación propia a partir de la Encuesta Proder 2019.
En cuanto al perfil etnorracial, no muestra asociación estadísticamente significativa ni con el número promedio de contactos reportados ni con la probabilidad de no reportar contactos. Esto sugiere que las ventajas en extensión del capital social identificadas en los resultados descriptivos de la tabla 3 son atribuibles a la asociación entre las características etnorraciales y otras variables incluidas en el modelo, como los orígenes socioeconómicos, mientras que los efectos directos del perfil etnorracial no son relevantes estadísticamente.
En contraste, los coeficientes para el contacto de mayor ISEI (modelo 5) y la diversidad de contactos (modelo 7) son estadísticamente significativos, aunque con una magnitud menor (1.57 y 1.37, respectivamente) que los coeficientes correspondientes al IOS. En conjunto, estos resultados sugieren que, como se preveía en la hipótesis 2, las características etnorraciales tienen asociación significativa con la jerarquía y diversidad del capital social, aunque no son un determinante tan importante como el origen socioeconómico.
En todos los modelos, excepto en el de aislamiento, las mujeres muestran una desventaja en comparación con los hombres. Los coeficientes estiman que, controlando por todas las otras características incluidas en los modelos, las mujeres reportan en promedio 1.77 contactos menos (modelo 1), un ISEI para el contacto de mayor jerarquía 2.33 unidades menor (modelo 5), y un rango entre los contactos de mayor y menor jerarquía 2.87 unidades más estrecho (modelo 7).
En los modelos que incluyen la escolaridad como variable independiente (modelos 2, 4, 6 y 8), se observa una asociación estadísticamente positiva y de magnitud significativa entre la escolaridad y la extensión, jerarquía y diversidad del capital social. En promedio, por cada desviación estándar en la escolaridad, el número de contactos reportados aumenta en 2.38 personas (modelo 2), el log odds de no reportar contactos se reduce en -0.48 unidades (modelo 4), el ISEI del contacto de mayor jerarquía aumenta 6.60 unidades, y el rango entre el ISEI del contacto de menor y mayor jerarquía se amplía en 6.46 unidades. Estos resultados evidencian que, independientemente de las características adscriptivas y otras variables sociodemográficas, el acceso a mayores niveles de escolaridad facilita el acceso al capital social
¿En qué medida la escolaridad actúa como mediador de las características adscriptivas y el capital social? Al comparar los coeficientes con los modelos sin escolaridad, se observa una sustancial reducción en los coeficientes asociados al IOS. Por ejemplo, en el modelo sin años de escolaridad, el coeficiente del IOS para el número promedio de contactos es 2.32, mientras que en el modelo que incluye la escolaridad se reduce a 1.13, prácticamente a la mitad. Esto indica que una fracción significativa del efecto positivo del IOS es canalizado a través de una mayor escolaridad. Por lo tanto, se respalda la hipótesis de que la escolaridad es uno de los vehículos que llevan a una mayor acumulación de capital social entre las personas provenientes de familias con mayores recursos socioeconómicos.
Aunque los coeficientes asociados al perfil etnorracial y al sexo también se reducen en los modelos que incluyen la escolaridad, estas reducciones son menores. Esto indica que, para estas variables, el papel mediador de la escolaridad es menor. Por último, destaca que la escolaridad es también un mediador importante en la asociación entre la residencia rural vs. urbana y el déficit en los indicadores de capital social. De hecho, en los modelos 6 y 8, los coeficientes negativos asociados a la residencia rural pierden significancia estadística una vez que se incluye la escolaridad.
El papel del capital social en los destinos socioeconómicos: un análisis exploratorio
Las últimas dos hipótesis se refieren a la asociación entre el capital social y el nivel socioeconómico. Específicamente, me pregunté si, independientemente de otras variables, el capital social se asocia significativamente al nivel socioeconómico alcanzado por las personas. Además, propongo investigar el papel del capital social como mediador de los efectos del origen socioeconómico, el perfil etnorracial, el sexo y la escolaridad.
Los datos de la encuesta Proder registran simultáneamente el capital social y el nivel socioeconómico. Por tanto, no es posible descartar que haya una relación recursiva entre el capital social y el nivel socioeconómico, es decir, que la relación causal fluya en ambos sentidos. No obstante, es posible avanzar en un análisis exploratorio del grado de asociación estadística entre el capital social y el nivel socioeconómico de las personas, así como de su papel como mediador.
En la sección previa, analicé cada una de las dimensiones e indicadores del capital social por separado. Como lo han señalado varios autores (Contreras et al., 2019; Espinoza et al., 2021), estos indicadores están correlacionados entre sí, por lo que es posible construir un índice resumen de la disponibilidad de capital social. Llamo a esta variable “índice de capital social”. Para obtenerlo, ajusté un análisis factorial por componentes principales con el número total de contactos reportados, el indicador dicotómico de aislamiento, el ISEI del contacto reportado de mayor jerarquía, y el rango de valores ISEI del contacto de mayor y menor jerarquía. Este análisis produce una solución de factor único, que explica el 69.9% de la varianza conjunta de estos cuatro indicadores. A partir de este factor único construí el índice de capital social.
Para analizar las asociaciones conjuntas entre las características adscriptivas, la escolaridad, el capital social y los destinos socioeconómicos, recurrí a un análisis de senderos (path analysis). Esta técnica estadística permite examinar comparativamente la magnitud de las asociaciones directas e indirectas entre un conjunto de variables exógenas, endógenas y una o varias variables dependientes, en este caso, el nivel socioeconómico (Lleras, 2005). El análisis de senderos propuesto evalúa empíricamente todas las asociaciones directas e indirectas en la siguiente secuencia: características adscriptivas → escolaridad → capital social → nivel socioeconómico, incluyendo controles adicionales por lugar de residencia (rural vs. urbano), edad y situación conyugal.
El esquema del análisis de senderos y los resultados del modelo se presentan en la figura1, que muestra senderos y coeficientes de regresión que suponen relaciones directas e indirectas entre el IOS, perfil etnorracial, sexo, años de escolaridad, índice de capital social y nivel socioeconómico. La mayoría de los coeficientes, incluidos los de principal interés, son estadísticamente significativos con p < 0.05. Los coeficientes asociados a las variables continuas están estandarizados, lo que permite compararlos para evaluar la magnitud de las asociaciones.

Nota: Los coeficientes no estadísticamente significativos (p<0.05) se presentan en color rojo. Todos los coeficientes de variables continuas están estandarizados. SRMR= 0.039. Coeficiente de determinación = 0.529.
Figura 1 Análisis de Senderos de factores adscriptivos, escolaridad, capital social, y destinos socioeconómicos
A partir de esta figura, se pueden estimar las asociaciones directas e indirectas de cada variable con el nivel socioeconómico. Me concentraré en las asociaciones totales, su descomposición en asociaciones directas e indirectas, y en el porcentaje de la asociación indirecta atribuible a la escolaridad y el capital social. La tabla 5 muestra estos cálculos.
Destaca la asociación entre el índice de capital social y la posición socioeconómica, con un coeficiente de 0.157, comparable al del perfil etnorracial (0.161) y un poco menor que el de la escolaridad (0.224). Por otra parte, al evaluar este modelo en conjunto con la bondad de ajuste de los modelos de la tabla 4, se concluye que la variación en el índice de capital social se explica solo parcialmente por las características adscriptivas y la escolaridad (lo cual se refleja en el alto valor de ε2: 0.82). Esto implica que si bien las características adscriptivas y la escolaridad influyen en la disponibilidad de capital social, hay un amplio margen de variación en el acceso al capital social que es independiente de estos condicionantes. En resumen, esto sugiere que el capital social tiene una influencia relevante, por derecho propio y no solo como mediador en los destinos socioeconómicos.
Tabla 5 Asociación directa, indirecta y total de los factores adscriptivos, la escolaridad y el capital social con los destinos socioeconómicos
| Análisis de asociación indirecta | ||||||
| Asociación directa | Asociación indirecta | Asociación total | Porcentajede la asociación total | Porcentaje a través de capital social | Porcentajea través de escolaridad | |
| Índice de orígenes socioeconómicos | 0.302 | 0.156 | 0.458 | 34.0 | 7.6 | 26.4 |
| Perfil etnorracial | 0.136 | 0.025 | 0.161 | 15.6 | 3.2 | 12.5 |
| Sexo (mujer vs. hombre) | –0.120 | –0.043 | –0.163 | 26.5 | 9.6 | 16.9 |
| Escolaridad | 0.187 | 0.037 | 0.224 | 16.6 | ---- | ---- |
| Índice de capital social | 0.157 | ---- | 0.157 | ---- | ---- | ---- |
Fuente: Estimación propia a partir de los coeficientes del modelo presentado en la figura 1.
Como era previsible, debido a los amplios antecedentes en la investigación empírica realizada en México y en otros países, hay una fuerte asociación entre los orígenes y destinos socioeconómicos. La suma de la asociación directa e indirecta del IOS con el índice socioeconómico alcanza un coeficiente de 0.458. Por su parte, el modelo también registra las desventajas de las mujeres, con un coeficiente total de -0.163, en comparación con los hombres.
Respecto a la descomposición entre efectos directos e indirectos, se observa que, en términos generales, la escolaridad y el capital social tienen un nivel de mediación de moderado a bajo de los efectos de las circunstancias sociales de origen. La asociación indirecta más importante es la que se produce entre el IOS, la escolaridad, el capital social y los destinos socioeconómicos. Un 34.0% de la asociación total entre el IOS y el índice socioeconómico es mediada por las desigualdades en escolaridad y capital social. No obstante, como lo muestran las últimas dos columnas, la mayor parte de esta mediación (26.4%) es atribuible a la escolaridad, mientras que apenas una fracción menor (7.6%) corresponde al capital social.
En el caso del sexo y el perfil etnorracial, la proporción de la asociación total que es canalizada por la escolaridad y el capital social es incluso menor (26.5% y 15.6%) y, como ocurre en el caso del IOS, la mayor parte de esta mediación es atribuible a la escolaridad. Tampoco hay una amplia mediación del capital social con el efecto de la escolaridad (16.6%). En conjunto, esto indica que, al menos con la evidencia presentada por el generador de posiciones, el papel del capital social como mediador de la asociación entre las características adscriptivas, la escolaridad y los destinos socioeconómicos es de moderado a bajo.
Discusión y conclusiones
En este trabajo parto de una conceptualización del capital social como recursos incorporados a redes sociales integradas por familiares, amigos y contactos con distintos niveles de estatus social. Propongo obtener medidas del capital social a través de la extensión, jerarquía y diversidad de estas redes, así como examinar empíricamente la contribución del capital al proceso de estratificación social.
Esto implica, como lo ha propuesto Lin (1999) y lo han ejemplificado otros autores (Contreras et al., 2019; Espinoza et al., 2021), dos momentos analíticos. El primero corresponde al análisis de los determinantes de la adquisición del capital social, y específicamente a la influencia de las características adscriptivas de origen y escolaridad. Para este momento planteé cinco hipótesis. El segundo momento evalúa la asociación del capital social con los destinos socioeconómicos, ya sea como un recurso independiente o como mediador de la relación entre orígenes y destinos sociales. A este segundo momento corresponden las últimas tres hipótesis.
Las hipótesis 1, 2 y 3 se refieren a la asociación entre el origen socioeconómico, las características etnorraciales y el género en el acceso al capital social. Estas hipótesis son centrales para el enfoque crítico del capital social como vehículo de reproducción intergeneracional de las desigualdades sociales. Si el capital social se considera un recurso valioso para la movilidad y el logro socioeconómico, las personas en posiciones privilegiadas generarán estrategias para materializar sus ventajas iniciales en el acceso a redes sociales. Así, se esperaría que las personas provenientes de familias con mayor nivel socioeconómico, con características etnorraciales más cercanas a los orígenes europeos y del sexo masculino posean mayor capital social.
Los resultados confirman estas hipótesis, aunque con matices importantes. La asociación entre el nivel socioeconómico de origen y el capital social, tanto en los resultados descriptivos como en los modelos estadísticos de la tabla 4, muestra una asociación positiva en todas las dimensiones del capital social. Las personas de familias con mayor nivel socioeconómico tienen más contactos, menor probabilidad de aislamiento, contactos de mayor jerarquía y diversidad en el estatus social de su red de contactos. Así, se confirma ampliamente la hipótesis que vincula el origen socioeconómico con la adquisición de capital social.
Las características etnorraciales, aproximadas a través de un “perfil etnorracial” que integra rasgos étnicos y físicos racializados, muestran una asociación parcial con el capital social. Una vez controlado estadísticamente el origen socioeconómico, el sexo y otras características socioeconómicas, no hay una asociación significativa con la extensión del capital social, pero sí con su jerarquía y diversidad, tal como lo plantea la hipótesis 2. También se observa que esta asociación es menor que la observada con el origen socioeconómico, lo cual coincide con los resultados de investigaciones previas sobre la preeminencia de lo socioeconómico sobre lo etnorracial en el proceso de estratificación social (Solís et al., 2016, 2024).
Respecto a la influencia del género, las mujeres presentan, en los modelos estadísticos, un menor número de contactos, una jerarquía menor en los reportados y una menor diversidad de contactos. Esto apoya la hipótesis de un sesgo de género a favor de los hombres en el acceso al capital social. Es probable que estas diferencias se expliquen en gran medida por que la baja participación de las mujeres en el trabajo remunerado implica también un acceso más restringido a redes y vínculos sociales, particularmente si se definen, como lo hacemos en este artículo, por su posición en el mercado de trabajo. En este sentido, las brechas de género en el acceso al capital social serían un resultado colateral y, a la vez, un factor contribuyente a la segregación de roles de género y su expresión en la participación en trabajo remunerado.
Las hipótesis 4 y 5 se refieren a la asociación entre escolaridad y capital social. Debido a la importancia de la escuela como espacio de socialización y adquisición de redes sociales, planteo que la escolaridad debería tener no solo una asociación positiva con el capital social, sino también un efecto importante de mediación de la influencia de las características adscriptivas de origen.
El análisis empírico confirma una fuerte asociación positiva entre la escolaridad y la extensión, jerarquía y diversidad del capital social. Los resultados de los modelos de la tabla 4 muestran que esta asociación es independiente del origen socioeconómico, las características etnorraciales y el sexo, y tiene una magnitud superior a estas características adscriptivas. Además, la escolaridad desempeña un papel mediador importante en la asociación entre el nivel socioeconómico de la familia de origen y los distintos indicadores de capital social. Estos resultados destacan la importancia del acceso a la escolaridad como vehículo de adquisición del capital social en México.
La hipótesis 6 postula una asociación positiva e independiente entre el capital social y los destinos socioeconómicos. Nuestro análisis empírico, basado en un modelo de análisis de senderos, respalda esta hipótesis al mostrar una importante asociación estadística positiva entre el índice de capital social, que resume las medidas de extensión, jerarquía y diversidad previamente desarrolladas, y el nivel socioeconómico de las personas entrevistadas en la encuesta Proder. Por su parte, la hipótesis 7 se refiere al papel del capital social como mediador de la asociación entre las características adscriptivas, la escolaridad y los destinos socioeconómicos. En este caso, los resultados del análisis de senderos permiten descartar esta hipótesis al revelar un escaso efecto de mediación, es decir, que la influencia de las características adscriptivas y la escolaridad sobre los destinos socioeconómicos fluye en su mayor parte por cauces diferentes a la acumulación de capital social.
En conjunto, estos resultados permiten avanzar en la discusión sobre el papel del capital social en el proceso de estratificación social en México y América Latina. Como señalamos en la sección introductoria, el capital social ha sido un “sospechoso habitual” cuando se trata de analizar los mecanismos específicos que vinculan los orígenes y destinos sociales en los estudios sobre estratificación y movilidad social. No obstante, la investigación empírica que nos permita obtener evidencia en torno a este mecanismo ha sido limitada, especialmente cuando se compara con los estudios sobre el papel de la escolaridad. Al realizar este trabajo contribuyo con dos resultados que son esclarecedores y permiten avanzar hacia nuevas líneas de investigación.
El primer resultado relevante es que el acceso al capital social se asocia significativamente a las características adscriptivas de las personas, especialmente con el nivel socioeconómico de la familia de origen, aunque también está condicionado en menor medida por las características etnorraciales y el género. Esto respalda los argumentos de los enfoques reproduccionistas, en tanto la acumulación de capital social se vincula con la posición social de origen de las personas. Contribuyen también a nuestro conocimiento sobre el papel de distintas características adscriptivas y adquiridas en el proceso de estratificación social.
No obstante, el análisis más detallado de los resultados empíricos lleva a matizar esta interpretación. El capital social, en sus múltiples dimensiones, también tiene una fuerte asociación con la escolaridad. Si bien en México la escolaridad está también estrechamente vinculada a las características sociales de origen, particularmente el nivel socioeconómico de la familia, esta relación se encuentra lejos de ser determinística. Esto implica que el sistema educativo también abre canales para la movilidad social. En estas condiciones, la escolaridad puede ser un vehículo de acceso al capital social para aquellas personas que, en ausencia de oportunidades educativas, tendrían mayores restricciones para integrarse a redes de contactos más extensas, de mayor jerarquía y diversidad.
El segundo resultado relevante es que los modelos de análisis de senderos muestran que el capital social tiene una asociación independiente y positiva con los resultados socioeconómicos. La magnitud del efecto del capital social es equivalente al de las características etnorraciales, ligeramente inferior a la de la escolaridad y considerablemente menor a la del nivel socioeconómico de la familia de origen. Además, el capital social no es un mediador importante de los efectos de las características adscriptivas de origen o la escolaridad. Esto lleva a concluir que el capital social debe ser considerado como un posible factor vinculado a las desigualdades en los resultados socioeconómicos, con un efecto que parece, en cierta medida, independiente de la posición social de origen de las personas y la escolaridad, aunque de una magnitud menor que estos dos determinantes de primer orden.
Por último, este trabajo presenta algunas limitaciones metodológicas que llevan a matizar sus resultados e invitan a desarrollar enfoques empíricos alternativos para avanzar en la agenda de estudios sobre capital social y estratificación. También abren las puertas a nuevas preguntas sobre el papel del capital social en la estratificación social que podrían responderse en estudios posteriores.
Una de las principales limitaciones proviene de la metodología del generador de posiciones para obtener medidas del capital social. Este método sirve para aproximarse a la extensión y estatus ocupacional de las redes sociales e inferir a partir de estas la disponibilidad de capital social. No obstante, puede resultar insuficiente para captar la extensión, jerarquía y diversidad de estas redes, ya que las posiciones incluidas en el instrumento representan solo una muestra limitada de la diversidad de posiciones ocupacionales y no incluyen otras posiciones cuyo estatus no está necesariamente definido por la ocupación (por ejemplo, líderes políticos y religiosos, personas influyentes en el barrio, etc.). Sería importante, en futuros estudios dedicados específicamente al análisis de las redes sociales, incorporar una gama más amplia de posiciones ocupacionales y no ocupacionales, para así garantizar que se cuenta con una cobertura más completa del espectro de posiciones en la estratificación social, trascendiendo el enfoque centrado solo en la dimensión ocupacional.
Además, el generador de posiciones no mide directamente los recursos que fluyen o están disponibles a través de las redes, como lo hacen otros métodos, entre ellos el llamado “generador de recursos” (Van der Gaag et al., 2008). Esto implica que nuestras medidas del capital social son solo una representación incompleta del potencial de recursos disponibles a través de las redes de contactos.
Futuros estudios, basados en encuestas o en aproximaciones cualitativas, podrían profundizar en medidas más completas de las redes de contactos, así como de los recursos que fluyen a través de ellas en distintas situaciones y ámbitos sociales.
Otra limitante metodológica es que las medidas de capital social que se obtienen en nuestra fuente de datos son simultáneas a las medidas socioeconómicas, por lo que no puede descartarse que la causalidad fluya en ambos sentidos, y no solo del capital social a los destinos socioeconómicos. Por ello, la segunda parte del trabajo, en la que se analiza la asociación entre el capital social y el nivel socioeconómico de las personas, tiene un carácter exploratorio. Futuros estudios deberán también concentrarse en medidas longitudinales y diseños más apropiados para realizar inferencias causales más robustas sobre el efecto del capital social en los resultados socioeconómicos.
Respecto a las preguntas pendientes, un tema que podría profundizarse en estudios futuros es la distinción entre los vínculos “fuertes” y “débiles” en las redes sociales y sus rendimientos sociales. Una de las hipótesis más discutidas en los estudios sobre redes sociales y estratificación es la propuesta de Granovetter (1983) sobre la fuerza de los vínculos débiles. Según esta hipótesis, los vínculos débiles, es decir, las relaciones más alejadas y casuales, pueden ser más valiosos que los lazos fuertes para la movilidad social, ya que conectan círculos sociales diferentes al propio y proveen de información única que puede dar mayor acceso a oportunidades. La Encuesta Proder distingue entre vínculos familiares y no familiares, pero los límites de extensión y temáticos de este trabajo no nos han permitido avanzar en esta dirección. En trabajos posteriores sería posible, a partir de esta distinción entre vínculos familiares y no familiares, evaluar si hay diferencias sustantivas en la extensión y estatus social de los lazos fuertes y débiles asociados al género, la clase, y las características etnorraciales, y además contrastar los efectos de estos dos tipos de vínculos en los resultados socioeconómicos.
Por último, aunque este trabajo evidencia la clara asociación entre los años de escolaridad y el acceso al capital social, convendría estudiar más detalladamente esta relación. Sería importante identificar si la adquisición de contactos y redes sociales está condicionada no solo por el acceso a la escuela, sino también por el tipo de escuela a la que se asiste, por ejemplo, escuelas privadas frente a públicas, o por otras distinciones importantes, como la carrera universitaria que se estudia. También sería útil tener una perspectiva más sistemática del grado y la forma en que los contactos sociales adquiridos en la escuela se usan posteriormente en la trayectoria ocupacional. Esto permitiría obtener una idea más clara del papel del capital social adquirido en la escuela en el proceso de estratificación social.










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