Desde al menos la mitad del siglo XX se observó la presencia de elementos teotihuacanos en muchas partes de Mesoamérica, especialmente en el área maya (Braswell 2003; Berlo 1984). Han pasado más de 70 años y las evidencias de presencia teotihuacana en regiones cercanas y lejanas de la gran urbe, se han multiplicado enormemente a la par de la complejidad de modelos para explicar estas relaciones. Tal es el tema que en volumen abordan los autores Claudia García Des Lauriers , y Tatsuya Murakami, ambos estudiosos conocidos del fenómeno teotihuacano desde distintas regiones y problemáticas. Este nuevo volumen reúne once colaboraciones que aportan nuevas perspectivas sobre la naturaleza de la influencia teotihuacana, y se suman a otras publicaciones recientes sobre el tema de las el tema de las relaciones interregionales desde el ámbito de la arqueología (Englehardt y Carrasco 2019; Hirth y Pillsbury 2013; Stark y Garraty 2010; Rosenwig 2010).
El capítulo 1, la introducción de los autores, es una revisión muy completa acerca del Clásico Temprano y la presencia teotihuacana en Mesoamérica, que resulta muy útil para cualquier especialista que quiera ubicar y actualizar este tema. Los problemas de la cronología, historia de las investigaciones, los modelos y los acercamientos teóricos y sus aplicaciones son evaluados de acuerdo a su pertinencia. Así, en el origen del debate, los modelos "externalistas" e "internalistas", para explicar la presencia teotihuacana en regiones muy distantes, ponían el énfasis ya sea en la fuerza del estado teotihuacano y sus capacidades de dominio, o bien, en las decisiones de los agentes locales, élites o especialistas, en seleccionar y adaptar a sus necesidades algunos objetos y símbolos teotihuacanos.
Como muestran los autores en varios ejemplos de esta reseña, los distintos modelos derivan de estas posiciones extremas, pero tienen muchos problemas para explicar la presencia o ausencia de ciertos materiales, la escala, y la logística en el caso de las distancias, y sobre todo la diversidad de contextos. Por lo tanto, es necesario continuar evaluando la pertinencia de los distintos modelos desde una visión más matizada para cada caso. Por lo anterior, las colaboraciones de este volumen proponen considerar múltiples escalas de interacción o una perspectiva "multiescalar" que considere los diferentes niveles de interacción social posibles. Las materias primas, artefactos, y estilos relacionados con Teotihuacán son el punto de partida para la elaboración de modelos explicativos que son presentados en tres niveles: local, regional y macro regional, y por último el interregional. Los capítulos y su contenido son reseñados en este orden de exposición que no se enfocan a las conocidas relaciones entre Teotihuacán y área maya, sino a otras regiones de centro y occidente de México, más cercanas a la gran urbe.
El capítulo 2, "Political dinamics and nonlocal resources at Teotihuacan: Early Classic interaction viewed from the metrópolis", es la oportunidad para que Tatsuya Murakami ponga a prueba las posibilidades de la perspectiva multiescalar. Empleando cuatro tipos de materiales con los cuales se elaboraron objetos: las piedras verdes, la pizarra, los bloques de piedra andesítica, y la cal para diversos aplanados, el autor explora sus fuentes de origen, así como sus formas de control y posesión de acuerdo a su presencia y distribución en la ciudad. Estos ejemplos resultan en distinto tipo de acceso (tributo, comercio), así como relaciones diferentes relaciones tanto políticas como sociales, según las posibilidades de obtención y consumo. Algunos materiales como la pizarra parece ser de más libre acceso, mientras que otros como las piedras andesíticas empleadas en escalinatas o pórticos indican una distribución más restringida y exclusiva, igual que los objetos de piedra verde. En el caso de la cal, posiblemente fue producida por grupos especializados en el área de Tula, relacionados al gobierno teotihuacano y conseguirla dependió del nivel de riqueza social de cada grupo, por lo menos al inicio del desarrollo de la ciudad. Por lo tanto, estamos frente a indicadores de identidades sociales diversas que pueden representar a grupos corporativos, o elites dominantes. Esto tiene implicaciones para el desarrollo de la gran ciudad que no era un bloque monolítico sino que debió estar constituida por grupos sociales muy distintos, sobre todo en sus primeras etapas.
En el capítulo 3, "Interaction, ethnnicity, and subsistence strategies among the minority groups of the ancient city of Teotihuacan", se presenta una revisión de la presencia de etnias distintas dentro de la traza urbana de Teotihuacán. Derivado de sus investigaciones de años anteriores, sobre todo en el área del Tlailotlacan, Sergio Gómez y Julie Gazzola examinan las posibilidades de formación de identidades étnicas y su desarrollo al interior de una sociedad compleja como Teotihuacán. Luego señalar los elementos diagnósticos de la presencia de grupos foráneos en Teotihuacán, los autores señalan al llamado barrio zapoteca, y el barrio de mercaderes con influencia del golfo de México y área maya. Pero mayormente indican la presencia de rasgos del Occidente de México y de Oaxaca, presentes en la estructura 19, localizada en el cuadrante N1W5, del mapa de Rene Millon. En este conjunto departamental múltiple, del cual se presentan mapas en detalle, existen tumbas con material del Occidente de México, en particular de figurillas femeninas y vasijas que se ha identificado como procedentes de la región de Queréndaro, Michoacán, al suroeste del lago de Cuitzeo, mismas que se muestran en el artículo. Igualmente, en este complejo habitacional están presentes una tumba de estilo zapoteco, y cerámica gris producida localmente, junto con cerámica claramente teotihuacana. Estos hallazgos son comparados con las evidencias teotihuacanas en otras zonas del occidente, y se propone que estos grupos foráneos siempre mantuvieron contacto con sus regiones de origen como sugieren los estudios sobre los enterramientos. Concluyen indicando que los extranjeros en Teotihuacán estuvieron principalmente dedicados al comercio, y que probablemente regresaron a sus lugares de origen inmediatamente antes de que la ciudad colapsara.
El capítulo 4, "Beyond the city: a regional perspective on Teotihuacan's growth in the Basin of Mexico", es de la autoría de Sara C. Clayton, quien en años anteriores ha llevado a cabo recorridos y excavaciones arqueológicas en San Vicente Chicoloapan, específicamente en el sitio de Cerro Portezuelo, que fue objeto de estudio desde la década de los 50 en el siglo XX. Igual que en otros trabajos, previos, la autora aporta datos de campo sobre la naturaleza de las relaciones entre esta región, y la ciudad de Teotihuacán ubicada a escasos 30 km más al norte. Se muestran aquí los resultados del análisis cerámico hecho en siete localidades cercanas a Cerro Portezuelo, poniendo especial énfasis en el periodo Clásico Temprano. Los resultados indican que la comunidad de Chicoloapan tenía relaciones más directas con regiones hacia el sur y al Occidente, desde periodos más tempranos, y que durante el desarrollo de la metrópoli teotihuacana tuvo relaciones con esta, pero no fue absorbida por los usos domésticos de este lugar, sino que mantuvo su identidad, a diferencia de otros lugares como Axotlan, al norte de la cuenca, que sí adoptaron un patrón teotihuacano. Estos resultados son muestra de las diferencias en las relaciones políticas que subsistieron desde el surgimiento hasta la decadencia de Teotihuacán.
El capítulo 5, "Creolization and ethnogenesis in Teotihuacan's hinterland: Zapo-Teotihuacanos at El Tesoro, southern Hidalgo", presenta el estudio sobre el sitio de El Tesoro, en la zona cercana a Tula, Hidalgo, donde es conocido desde hace años la presencia de materiales de filiación zapoteca, que datan de la época teotihuacana. El autor, Haley Holt Metha hace la propuesta de una posible población en proceso de "creolización", esto es, que manifiesta rasgos híbridos de origen teotihuacano y zapoteca, en un nuevo contexto donde la producción y comercio de la cal pudo ser una actividad muy importante ante la creciente demanda de este material en la metrópoli. El autor presenta un resumen de sus exploraciones poniendo énfasis en la presencia de tipos de cerámica gris, e igualmente tiestos teotihuacanos. Estos son además contrastados con contextos funerarios, y en ambos casos se observa un patrón combinado que es similar a lo que existe en el barrio oaxaqueño de Teotihuacán. Por lo anterior, se concluye que los pobladores de este lugar alternaban las mismas prácticas del Tlailotlacan y que este asentamiento debió ser de zapo-teotihuacanos, mostrando así que la simple identificación de los rasgos provenientes de Oaxaca, no son sino una parte de la compleja historia de este asentamiento.
En el capítulo 6 titulado "The Cholula-Teotihuacan relation revisited", las autoras Patricia Plunket y Gabriela Uruñuela regresan a un tema que han tratado por lo menos en tres trabajos anteriores. Este se refiere a las semejanzas y diferencias entre Cholula y Teotihuacán como centro urbanos de primer orden. Siguiendo las conclusiones de sus primeros trabajos, las autoras señalan los problemas de comparación arqueológica que siempre han existido en el aspecto comparativo, ya que Teotihuacán tiene un historial de exploraciones mucho mayor que la primera urbe, en la cual hay muchos problemas de visibilidad sobre todo para los periodos más tempranos entre el Formativo Terminal y el Clásico Temprano. Más adelante, presentan nuevamente una comparación entre los indicadores arquitectónicos, iconográficos, cerámicos, y de uso de obsidiana, de cada uno de estos centros urbanos, para mostrar que ambas ciudades tuvieron patrones paralelos, pero distintos en respecto a sus identidades y preferencias. Las autoras concluyen que Cholula no siguió los patrones teotihuacanos más que en mínima parte, pero tampoco fue conquistada, sino que tuvo relaciones amistosas con Teotihuacán. Posiblemente esto se debió a que Cholula se constituyó desde tiempos tempranos como un importante santuario, y el peregrinaje desde muchas regiones lejanas fue un factor de distinción y permanencia en el tiempo.
El siguiente capítulo 7, "Identity, material, culture, and Teotihuacan hegemony in the Toluca Valley", es presentado por la Dra. Yoko Sugiura y trata de sus investigaciones en el valle de Toluca. Aquí se enfoca al problema de la definición de identidad a través de la cultura material, indicando que la cerámica del periodo Clásico en esta región, y sus variaciones de forma y decoración, son un indicador de las diferencias de identidad respecto a Teotihuacán. Enseguida nos presenta un resumen del desarrollo cultural antiguo del valle de Toluca, haciendo énfasis en que esta región fue básicamente proveedora de materias primas para Teotihuacán durante el periodo Clásico. Finalmente, sin hacer referencia a sus métodos, o algún modelo de relaciones, la autora muestra algunos materiales cerámicos que, en su opinión, indican una incipiente manifestación local de identidad hacia el Clásico Tardío, lo cual, no ocurrió en el Clásico Temprano donde toda la cultura material local, arquitectura, cerámica, etc., es teotihuacana. Para apoyar su propuesta de diferenciación local describe algunos detalles entre el Anaranjado Delgado "teotihuacano" y el del valle de Toluca, así como la cerámica monocroma incisa, y termina insistiendo en la importancia de las diferencias "sutiles" que existen en la cerámica, para el estudio de los procesos de formación de identidad.
El capítulo 8, "Burning to forget: Teotihuacan ideology through termination rituals at El Rosario, Querétaro", hace un extenso repaso de las exploraciones realizadas desde 1995 en el sitio de El Rosario, cerca de San Juan del Río, Querétaro, donde la presencia teotihuacana ha sido reportada desde hace años. La exposición de los autores Juan Carlos Saint-Charles, y Fiorella Fenoglio, comienza por un resumen de esta región y las rutas que se cree siguieron los teotihuacanos hacia el occidente, al menos hasta la región del Bajío. Luego sigue una descripción detallada de las exploraciones en el sitio de El Rosario, y particularmente en el cerrito de la Cruz, donde se encuentra el basamento y edificios que han sido objeto de intervenciones en distintos años. Al entrar finalmente en los detalles de los hallazgos, especialmente en los restos de lo que parece ser la primera época del edificio principal, se indica que los materiales recuperados en los saqueos y rellenos son de manufactura teotihuacana, por lo cual este sitio debió ser fundado por gente que llegó aquí desde la metrópoli. Esto se refuerza con la descripción de los algunos detalles de los murales que muestran iconografía de cuchillos, corazones sangrantes trilobulados, posibles guerreros, y montañas, relacionados con la fundación del sitio. Pero el objetivo del capítulo es mostrar que en una fecha cercana a 600 dC, durante la presencia de la tercera etapa constructiva, tuvo aquí lugar un ritual de terminación con uso intenso de fuego, que dejó en el registro arqueológico cantidades significativas de carbón. Para los autores esto indica usos propios de Teotihuacán, ya que anteriormente, en el Formativo Tardío, no hay registro del uso de fuego durante el abandono de este sitio y otros cercanos. No hay datos acerca de las manifestaciones arqueológicas de los posibles habitantes locales en esta discusión. También cabe señalar que existen descuidos en el orden de los mapas en las figuras 8.1 y 8.2, además que la figura 8.10 no aporta la información a que se refiere el texto.
En el capítulo 9, "Teotihuacan and West Mexico: ritual, exchange, and interdependence", Agapi Filini presenta un resumen de sus investigaciones sobre la presencia estilística teotihuacana en la región del lago de Cuitzeo, publicada en 2004, con algunas observaciones adicionales. En este caso la autora intenta responder a la pregunta sobre las vías de transmisión de símbolos hacia la región de Guanajuato y Michoacán, a través de una posible red de intercambios durante el periodo Clásico. Filini observa que ciertos temas iconográficos son seleccionados en la cuenca de Cuitzeo, principalmente algunos relacionados con el militarismo como cuchillos curvos, vasijas con estuco y pintadas con motivos de mariposas, y el complejo del dios del trueno, principalmente. De estos elementos que se pueden considerar como importados, se indican las diferencias de representación en estilo, rostros, y materiales. El capítulo termina con una discusión acerca de las maneras en que las elites locales adaptan y transforman la visión teotihuacana del mundo a través del intercambio de bienes de prestigio, como una forma de tomar distancia hacia sus sujetos, indicando que es necesario investigar más sobre estos procesos.
En el capítulo 10, "A multiscalar view of Los Horcones, Chiapas: intermediate regions and networks of interaction during the Early Classic", Claudia García-Des Lauriers hace una reevaluación de las relaciones en distintas escalas, desde la perspectiva del sitio de Los Horcones, en la costa de Chiapas, que ella ha venido trabajando desde hace más de 10 años. En este caso, la autora hace una interesante exposición sobre los temas del poder y la identidad local, en este sitio considerado un importante puesto de intercambios regionales, pero sobre todo interregionales entre el centro de México y el sureste de Mesoamérica. La discusión sobre la importancia comercial y cultural de las regiones intermedias es muy completa y perspicaz, enfatizando que cada región toma los elementos que les resultan significativos de acuerdo a su visión del mundo. Ella observa una paradoja interesante entre las expresiones artísticas de estilo teotihuacano en regiones alejadas de este centro: estas semejanzas estilísticas se expresan comúnmente en medios que no son comunes en Teotihuacán. Tal es el caso de las estelas mayas, en Tikal o Monte Albán, donde ocurre que las representaciones de personajes y elementos asociados, están talladas alrededor de estelas de modo que es preciso caminar en torno a ellas para leer el mensaje. Esto sería el traslado de las formas de representación desplegadas en los murales teotihuacanos a un medio que es más común con los intereses políticos y religiosos de otras regiones del sureste de Mesoamérica. Estas observaciones son desarrolladas en el caso de las estelas 3 y 4 de Los Horcones, pertenecientes al Clásico Temprano y talladas para satisfacer la identidad política de las elites locales. García-Des Lauriers también se plantea por qué en Teotihuacán no hay estelas como medio de expresión política. Su opinión es que en la tradición teotihuacana, los retratos de personajes y su historia escrita, como ocurre en el área maya, estaba fuera de proporción, (o fuera de escala), con los objetivos de la religión y política locales que privilegiaban la celebración de dioses, diosas, sacerdotes y guerreros, de manera emblemática donde la individualización de los agentes era de poca o ninguna importancia. Considerar estas diferencias ayudaría mucho a comprender las adaptaciones, innovaciones, réplicas y demás manifestaciones materiales y culturales que se observan a lo largo de las rutas entre el centro de México y el mundo maya, donde Los Horcones jugó un papel principal.
El capítulo final 11, "A ojo de pájaro, a ojo de hormiga: perspectives on Teotihuacan and Early Classic interactions in Mesoamerica", es también presentado por Claudia García-Des Lauriers como colofón de este volumen. Aquí, la autora reflexiona sobre los temas de los distintos capítulos de este volumen, a la luz de los problemas más relevantes sobre la interacción interregional en este periodo, principalmente los que se refieren a poder y la identidad. El título "a ojo de pájaro, a ojo de hormiga" refiere de manera metafórica las distintas miradas, escalas y perspectivas que convierten a las relaciones entre Teotihuacán y otras unidades políticas del Clásico Temprano en escenarios complejos y ricos a la vez. A partir de los modelos que se han empleado en las últimas tres décadas, contrastados con aportaciones más recientes, se plantea el crecimiento de la metrópoli a partir de la atracción de distintos bienes de consumo e intercambio. Por ejemplo, la cal de la región de Tula, o el maíz y otras cosechas importantes desde el valle de Toluca. También se evalúa sobre el desarrollo de redes de intercambio o la consolidación de otras más antiguas, y el efecto de esta actividad en el desarrollo o conservación de identidades en la cuenca de México y regiones más lejanas, como un complejo proceso de negociación. El estado teotihuacano debió afrontar las relaciones desiguales tanto en su entorno inmediato como en sitios más lejanos, y algunas unidades políticas como Cholula, consolidaron su poder a través de estas relaciones, mientras que otras comunidades más lejanas seleccionaron los símbolos más adecuados a sus tradiciones para crear expresiones híbridas, pero dando a la vez impulso al prestigio de expresiones teotihuacanas hasta regiones tan alejadas como el área maya. Estos son algunos de los temas que García Des Lauriers pone de relieve como parte de las contribuciones de este libro, complementando con las aportaciones de muchos otros investigadores. El objetivo en todo caso es, como dice ella, "tener una visión matizada y más exacta de estas negociaciones sobre poder e identidad, en el contexto de la interacción interregional durante el Clásico Temprano".
Este volumen sin duda es una buena oportunidad para estimular la discusión sobre la complejidad que reviste interpretar la "presencia teotihuacana", a través de los ejemplos que presenta, ya conocidos por artículos anteriores. La ventaja aquí es que son presentados en un mismo libro con nuevos datos y evaluaciones. Pero sobre todo constituyen estudios con valor comparativo que pueden servir de punto de partida para nuevas investigaciones en regiones donde los contactos con la gran urbe del Clásico Temprano existieron, pero no son aun suficientemente estudiados, ni han sido todavía valorados en sus dimensiones sociales, políticas y económicas.










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