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Connotas. Revista de crítica y teoría literarias

versión On-line ISSN 2448-6019versión impresa ISSN 1870-6630

Connotas. Rev. crit. teór. lit.  no.30 Hermosillo ene./jun. 2025  Epub 25-Ago-2025

https://doi.org/10.36798/critlit.i30.526 

Artículos

El monstruo que nos habita: una aproximación al concepto de paternidad en la obra de Rita Indiana Hernández y María Fernanda Ampuero

The monster within us: an approach to the concept of fatherhood in the work of Rita Indiana Hernández and María Fernanda Ampuero

Silvia Beatriz Fernández1 
http://orcid.org/0000-0002-9117-0835

1Universidad Autónoma de Querétaro, silvia.beatriz.fernandez.22@gmail.com


Resumen:

En este trabajo se analiza el concepto de paternidad que aparece deconstruido en una selección de obras de la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero y la dominicana Rita Indiana Hernández, ambas impulsoras de nuevos estilos literarios a través de cuentos, novelas y textos híbridos con diversas estéticas. A su vez, se aborda la percepción desmitificada de la institución familiar en las narraciones de estas escritoras y se contrasta con las imágenes idealizadas de estos conceptos en la literatura canónica previa al último y reciente surgimiento de los feminismos en Latinoamérica. La mirada renovada de las obras analizadas señala un cambio epistemológico necesario e importante en las diversas áreas del conocimiento. Empleando la filosofía, el psicoanálisis y los estudios de género, este artículo discute y cuestiona de manera crítica el paso hacia los nuevos paradigmas epistemológicos en torno a las paternidades, cuya fuerza y relevancia ha destacado dejando un claro mensaje de innovación y una mirada transformadora en la cultura.

Palabras clave: deconstrucción; literatura latinoamericana; feminismo; epistemología

Abstract:

This work analyses the deconstructed concept of fatherhood as it appears in a selection of works by the Ecuadorian writer María Fernanda Ampuero and the Dominican writer Rita Indiana Hernández, both promoters of new literary styles through short stories, novels and hybrid texts with different aesthetics. It also addresses the demystified perception of the family institution in these authors’ narratives and contrasts it with the idealized images of these concepts in canonical literature prior to the most recent emergence of feminisms in Latin America. The renewed perspective of the works analyzed points to a necessary and important epistemological shift in different fields of knowledge. Drawing on philosophy, psychoanalysis and gender studies, this article discusses and critically questions the move towards new epistemological paradigms around fatherhood, whose strength and relevance have stood out, leaving a clear message of innovation and a transformative view of culture.

Keywords: deconstruction; Latin American literature; feminism; epistemology

Introducción

En este trabajo se analizará la obra de dos autoras que han cobrado relevancia en la literatura contemporánea: la dominicana Rita Indiana (1977) y la ecuatoriana María Fernanda Ampuero (1977). De la primera se estudiará la novela Papi (2011) y de la segunda, dos de sus cuentos: “Silba” y “Monstruos”, presentes en sus libros Sacrificios humanos (2023) y Pelea de gallos (2018), respectivamente. Los textos seleccionados presentan una crítica en torno a la figura paterna vista como objeto de inseguridad o temor y cuya mirada resulta novedosa en la literatura de Latinoamérica. En la narrativa de estas escritoras encontramos una clara referencia al concepto de paternidad masculina, que es descrito como parte del engranaje de la institución familiar. En estas obras literarias, dicho concepto se presenta deconstruido, esto quiere decir, atravesado por diferentes categorías epistemológicas.

El término deconstrucción fue acuñado por algunos filósofos alemanes y retomado por el teórico Jacques Derrida quien afirma que: “Hay que entender este término, ‘deconstrucción’, no en el sentido de disolver o de destruir, sino en el de analizar las estructuras sedimentadas que forman el elemento discursivo” (1). Así, el concepto deconstrucción se basa en un retorno a las bases del lenguaje para reconocer cómo ha sido fundado históricamente. Para precisar el término, Borges de Meneses dirá que debe entenderse el concepto como: “El intento de reorganizar de cierto modo el pensamiento occidental” (178). Partiendo de esta premisa se realizará el análisis del proceso que las autoras tienen ya integrado en su trabajo y que se puede identificar en algunos pasajes de sus obras, en los cuales ciertos personajes aparecen como referentes de la paternidad en el entorno familiar contemporáneo.

El análisis se realizará de manera interdisciplinaria. Abordaremos algunas definiciones propias de la teoría psicoanalítica planteada por Jacques Lacan que se relacionan con realidades inconscientes, así como el concepto tecnologías del yo, acuñado por Michel Foucault. Ambos autores emplean la técnica psicoanalítica en sus respectivas propuestas epistemológicas, por lo que se encuentran conectados por finas líneas teóricas. Este abordaje es importante para nuestro ejercicio en tanto que la tesis planteada por Indiana y Ampuero pone en palabras temas tabús y prohibiciones instalados en la sociedad, situaciones en donde lo reprimido brota a manera de ficción. El psicoanálisis cuestiona las intencionalidades ocultas detrás de mandatos y costumbres de los pueblos, remite a un desvelamiento de las verdades inconscientes reprimidas, en este caso en torno a la figura paterna y a lo que la sociedad ha callado sobre este rol.

Jacques Lacan se propone: “preguntar si la mira del cuento y el interés que tomamos en él, en la medida en que coincidan, no se hallan en otro lugar” (28). Así, a partir de la ficción nos sumergimos en un hecho verdadero, que según Aníbal Paz responde a una toma de responsabilidad: “El precio que el sujeto debe pagar para decir la verdad, y la del efecto que tiene sobre él el hecho de que haya dicho, que pueda decir y haya dicho la verdad sobre sí mismo” (2). El desvelamiento de lo reprimido representa en esta literatura un parteaguas entre las figuras que formaban parte de las obras más leídas en el mundo occidental en los siglos XX y XXI, que concebían el tratamiento de la paternidad en torno a una figura ausente o no deseable, como puede ser el caso de la novela Rayuela (1968) de Julio Cortázar o de Los detectives Salvajes (1998) de Roberto Bolaño, textos en los que no se menciona el rol del padre como algo relevante en la formación del individuo.

El concepto tecnologías del yo acuñado por el filósofo francés Michel Foucault plantea que: “El punto principal no consiste en aceptar este saber cómo un valor dado, sino […] como ‘juegos de verdad’ específicos, relacionados con técnicas específicas que los hombres utilizan para entenderse a sí mismos” (48). Así, tanto la perspectiva psicoanalítica como la filosófica serán fundamentales para encontrar rasgos comunes entre la novela de Indiana y los cuentos de Ampuero, destacando a su vez la alusión a posibles interpretaciones psicoanalíticas en los textos de ambas autoras. A su vez mencionaremos la importancia de la teoría de género, pues esta revolución literaria ha surgido con fuerza impulsada por los nuevos feminismos a finales del siglo XX como lo expresan Endika Basáñez y María Luisa Rodríguez:

El interés social ha suscitado, por su parte, una mayor difusión de textos de temática exclusivamente femenina animando así a las escritoras latinoamericanas, incluso aquellas con menor reconocimiento hasta la fecha, a narrar su experiencia dando lugar al origen de una posible tradición que en la actualidad se halla aún en examen de un mayor número de pioneras. (3)

Los textos analizados operan desde esta perspectiva, anunciando que la mirada femenina, pero también de infancias, cuidadoras, diversidades sexuales, marginalidades, entre tantas otras, hallarán representatividad en la ficción. Basáñez y Rodríguez ven en estos nuevos grupos literarios una manera de expresar en la literatura las vivencias que van desde la violencia que se vive en el propio país de origen hasta las exclusiones sociales que hacen que la mujer se perciba ajena o distante a su entorno: “Este corpus se ha nutrido de las experiencias de cuerpos desterritorializados procedentes de Latinoamérica en toda su extensión y heterogeneidad cultural y con muy diversos contextos biográficos y artísticos a sus espaldas” (1). Así, la hostilidad que se percibe desde una realidad heteronormativa se traslada a la ficción apoyada por las tecnologías y la globalización, permitiendo la difusión de los trabajos de autoras latinoamericanas, ya sea desde sus países de origen o inclusive desde países receptores que las reciben como migrantes.

Los conceptos “padre”, “madre” y “familia”, que antes aparecían como modelos a seguir o edulcorados mediante la idealización, se verán trastocados en las nuevas propuestas literarias, lo cual permitirá que nuevas autoras expresen sus puntos de vista a partir de nuevos tratamientos de la ficción: “Hallamos así autoras que cuentan con una trayectoria textual significativa […] pero también mujeres sin apenas preparación literaria en su pasado que ven en su nuevo medio la posibilidad de testimoniar sus vivencias en primera persona” (Basáñez y Rodríguez 1). En estas narrativas se vislumbra el cambio y la importancia del mensaje que transmiten dichas obras: el hecho de narrar la realidad desde la perspectiva de los grupos violentados como lo son las mujeres o las infancias, para quienes las figuras de apego se presentan como lugares inseguros en donde puede existir maldad, indiferencia y caos.

Con respecto a las nuevas maneras de denuncia en torno al contexto familiar, Rita Segato afirma que: “La presión desatada en todo el continente por demonizar […] ‘la ideología de género’ y el énfasis en la defensa del ideal de la familia como sujeto de derechos a cualquier costo […] [comprueba que] la cuestión de género es la piedra angular y eje de gravedad del edificio de todos los poderes” (La guerra contra las mujeres 15-16). Así, tenemos que la problematización del concepto de “familia” se está dando en todos los ámbitos, incluyendo los textos literarios escritos por mujeres, que son objeto de este análisis, y los estudios de género, disciplina que nos servirá para llegar al objetivo planteado en la hipótesis inicial.

Las temáticas del fantasma de lo cotidiano, el maltrato familiar, el abuso y la violencia son plasmadas en los textos estudiados desde una óptica donde lo negado opera como un discurso estético que narra la realidad de las familias en Latinoamérica. En este sentido, tanto la breve novela de Rita Indiana, como lo cuentos de María Fernanda Ampuero tienen una propuesta ética de desarticulación de los conceptos del bien y el mal, y de cualquier otra categoría dicotómica arbitraria (hombre-mujer, negro-blanco, homosexual-heterosexual). A partir de estos dispositivos que reconstruyen los textos de ficción se pretende llegar a puerto seguro: demostrar que las figuras de apego, en este caso paternas, hacen muchas veces de entidades fantasmagóricas y que el miedo que antes creíamos foráneo nos habita en el día a día como el monstruo que se oculta debajo de la cama.

Según Rita Segato y siguiendo la teoría de género, este control y dominio provienen de una cultura colonial jerárquica y se replica a microescalas en el plano familiar: “El feminismo y la lucha indígena […] me permitieron percibir cómo las relaciones de género se ven modificadas históricamente por el colonialismo y por la episteme de la colonialidad cristalizada y reproducida permanentemente por la matriz estatal republicana” (“Género y colonialidad” 1). De esta manera, la figura paterna como la conocíamos se origina en un entramado cultural de factores socioculturales replicados a través de los años y que están directamente relacionados con el uso del poder (la institución familiar se conformaba de la misma manera). Así, el rol de gobernante, terrateniente, jefe o institución estaban atravesados por un mismo eje, cuyo resultado implicará abusos de poder sobre los otros miembros de la comunidad.

Diremos que la literatura actual se instaura como una respuesta deconstructiva a ese colonialismo que comienza con la lucha territorial, para luego replicarse en el contexto familiar, poniendo a la esposa y los hijos como un objeto de la propiedad del padre. En este sentido, quien ostenta el poder puede ejercerlo sobre su territorio. Los textos que nos disponemos a analizar explicitarán de qué manera se da esa relación de las esposas, hijas, hijos, con respecto a la figura paterna, cómo se concibe actualmente el rol paterno y sus implicaciones en la literatura.

La novela Papi de Rita Indiana Hernández: en el caribe no todo es color de rosa

La escritora dominicana Rita Indiana Hernández se ha posicionado fuertemente en el ámbito literario, pero también en el mundo de la música y, aunque escribe desde que era muy joven, su imagen se ha popularizado más que nada por lo transgresor de los géneros musicales que realiza, en los que mezcla diversos estilos novedosos en su combinación, como el merengue con ritmos urbanos o electrónicos. Esa musicalidad no se escapa de sus textos, permanece como postura estética y política en sus cuentos, novelas y poemas: “La crítica ha coincidido en valorar a su obra por su contradiscursividad, por su resistencia a las relaciones hegemónicas del poder, por su ruptura con la heteronormatividad, el patriarcado, el antihaitianismo y por su problematización de la frontera” (Bustamante Escalona 816). Rita Indiana Hernández se presenta a sí misma como disidente, como parte de un colectivo discriminado, por ser hija de padres divorciados, por ser mujer, por ser lesbiana. En este sentido su experiencia personal ha servido como eje catalizador de un discurso crítico hacia la ausencia paterna. Su novela Papi (2011) es una muestra de ello.

A diferencia de la histórica normalización de la ausencia del significante de la figura paterna en la literatura hispana, Rita Indiana Hernández plantea en su novela Papi un juego de hiperbolización de esta figura. La pone como centro de la novela, la enaltece y la exalta. Pero este no es un ejercicio más de admiración hacia el padre, sino que es una crítica a la falta: “Si lo que Freud descubrió y redescubre de manera cada vez más abrupta tiene un sentido, es que el desplazamiento del significante determina a los sujetos en sus actos, en su destino, en sus rechazos, en sus cegueras, en sus éxitos y en su suerte” (Lacan 40). Así, lo que antes creíamos determinado por el azar permanecía oculto tras las justificaciones de algo que desconocemos. Rita Indiana, por el contrario, hace frente a esa falta, a esa cadena de hechos que la atraviesan.

El precio que el personaje debe pagar es el conocimiento de una verdad muchas veces negada por aquella niña de ocho años. La protagonista espera la llegada de su padre, un personaje que ella admira, que le hace regalos, que la lleva de vacaciones. Su padre es la persona más importante en su vida y a la vez la más ausente. El discurso infantil que se presenta en esta obra es un claro ejemplo de un desmontaje de la figura paterna todopoderosa que hasta hace muy poco se había manejado en la literatura:

Ya todo el mundo sabe que estás volviendo, que vas a regresar, que vuelves triunfante, con más cadenas de oro y más carros que el diablo. Ya todo el mundo lo sabe. Ya están imaginándose cómo regresas a ellos, a cada uno de ellos y cómo cada uno te ha estado esperando y ha estado fantasmeando y ha estado anunciando en la casa, en el barrio, por teléfono: vuelve. (Hernández 8)

Esta poética de la ausencia que realiza la autora es presentada con un vocabulario hiperbólico, con tonos profundos; es una oda al sujeto masculino hegemónico y a la vez su condena. Papi siempre falla, siempre llega tarde, siempre miente, siempre cambia a su hija por la novia de turno. Papi es la ausencia del rol paterno en todo su esplendor, es la falta que da nombre a la novela: “Papi está a la vuelta de cualquier esquina, pero una no puede sentarse a esperarlo porque esa muerte es más larga y dolorosa” (Hernández 6). En este sentido se destaca la novela de la escritora dominicana como una ruptura que promete abrir un camino profundo hacia la toma de consciencia de su realidad: “Papi es como Jason, el de viernes trece, o como Freddy Krueger” (5). La falta aparece como objeto central del afianzamiento de las verdades inconscientes, como fantasma que ronda pero que no termina de afianzarse en la conciencia. La novela es un homenaje a la espera de una niña:

Te estoy esperando en el balcón de la casa de tu mamá, en casa de Cilí. Te espero con los puños cerrados y la boquita pegada a la barandilla fría del balcón, imaginando cómo vas a saltar del carro hasta el balcón (que está en el tercer piso) y cómo vas a cargarme y a decir que estoy más grande y que ya casi no puedes cargarme, pero que [sic] va, tú vas a poder cargarme siempre. (7)

En la sociedad latinoamericana existen creencias diversas que sostienen la presencia del padre como una elección materna muchas veces reemplazable o innecesaria, incluso dentro de algunas corrientes feministas este discurso se ha popularizado en torno al concepto de “empoderamiento” femenino. Para Lacan, sin embargo, la psique del sujeto se construye en torno a una falta originaria, que no tiene que ser necesariamente la del padre, pero que puede serlo; por lo que la subjetividad del individuo se construirá en relación con ella. Según Mariano Aníbal Paz y siguiendo una teoría dialógica entre Foucault y Lacan: “esa forma de la ausencia, de la laguna, del abandono […] en la psicosis, concierne ante todo a la imagen del Padre y a las armas de la virilidad” (13). Así, la figura del padre excluida configura un universo de significaciones y tendrá repercusión en aquel discurso hiperbólico que parece enaltecer la ausencia en un intento de superarla.

El psicoanálisis concibe al sujeto como un todo atravesado por diversas intencionalidades, por lo que el abandono paterno configura la estructura subjetiva provocando cortes insalvables en la experiencia. Papi es la historia de las secuelas del personaje creado por Rita Indiana Hernández, quien más de una vez aseguró que su novela tiene mucho de autobiográfica. Así, la autora: “Presentó y problematizó un hecho de la actualidad bajo un tenor testimonial, por lo que puso en escena a su ‘yo’ no solo como narradora-autora, sino también, en gran parte de las ocasiones, como protagonista” (Bustamante Escalona 823). En este ejercicio catártico, la dominicana propone un viaje sin escalas hacia su historia personal, hacia sus raíces y su crianza en una isla marcada por el racismo, el colonialismo y el clasismo; pero más que nada hacia sí misma como resultado de una familia disfuncional.

Hay un estatuto de verdad implícito en la novela Papi. El lenguaje infantil que la autora emplea lleva también a identificarse con el personaje, quien a pesar de su corta edad es capaz de sentir la falta y de ponerla en palabras. Ante la ausencia del padre, la niña piensa: “Lo mejor es hacer otros planes […] o incluso salir a pasear, que es un juego que se inventó mami y que se llama: si Papi te quiere que te encuentre” (6). Aquí también recibimos información de la figura materna como resultado de la tensión familiar. Así, es el vacío el que va constituyendo al personaje de la novela, las carencias por medio de las cuales se forja la personalidad de la niña. Esto puede estructurarse en torno a diferentes tipos de vacío, pero en este caso hablaremos de la ausencia paterna. La figura materna, que se propone como la organizadora de un sistema de creencias ofrece a su hija un juego en el que pone a prueba la función paterna, sabiendo de antemano que la batalla estará perdida.

El análisis de la novela Papi puede llevar a la elaboración de diversas conclusiones, pero también puede ser abordado desde el concepto foucaultiano como un despliegue de las tecnologías del yo. Según el filósofo francés, estas tecnologías “permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos” (48). Rita Indiana Hernández se adentra a definir y resignificar un acto de regreso o retorno de lo reprimido, en el que hace uso de un lenguaje festivo hiperbólico para narrar un hecho trágico. Aquí identificamos claramente un punto en común entre la narración autobiográfica y la puesta en palabras de una posible verdad inconsciente. En este caso, la literatura opera como un dispositivo revelador de una información que no podría aparecer de otra manera más que como discurso ficcional.

Si bien Rita Indiana Hernández promueve un mensaje mucho más amplio de corte político, feminista, antirracista y ecologista, en este trabajo nos enfocamos en señalar un proceso de deconstrucción del término padre y madre, una resignificación histórica de lo que implica la ausencia paterna. En palabras de Derrida: “Yo no he renunciado a la palabra ‘deconstrucción’, porque implica la necesidad de la memoria, de la reconexión” (2). La autora realiza un ejercicio de memoria, se asume en falta, pero en lugar de ocultarla la evidencia, la cuestiona como un hecho paradigmático en la vida del personaje principal. En relación con la carga autobiográfica del texto Ciencia succión (2001), Rita Indiana Hernández expresa:

Mi padre murió en 1989, en el Bronx, por un Mercedes color champagne que no quiso devolverle a tiempo a su dueño, un narco dominican que estaba preso y que cuando salió de la cárcel peguntó por su carro, fulano de tal, le dijeron, el fulano era mi padre. Yo tenía 12 años y todavía no manejo. (58)

Este mensaje expresa la necesidad de comunicar la muerte y no ya la conocida ausencia del padre. Ofrece una salida a la frustración en la que se ha acostumbrado a transitar de manera casi natural.

Al igual que ocurre ya con otras obras protagonizadas por personajes disidentes y en apariencia secundarios, el abandono paterno posee una voz y una entidad. A esto se refiere Foucault, siguiendo a Lacan, cuando habla de la carga de verdad de la tecnología del yo: a que en la cultura exista un discurso que se permita nombrar y poner en palabras los silencios a los que están sometidas las diversas minorías en los contextos. Bustamante Escalona, haciendo referencia a la obra de Rita Indiana, comenta: “La autora, consciente de lo mediático de sus palabras, apela por visibilizar el dolor (ajeno y propio(, y así transformar el dolor en un recurso político” (826). En la actual literatura caribeña se van desentrañando de a poco los nudos y las omisiones que antaño plagaban las hojas de las novelas más leídas. Este proceso de cambio y evolución, aunque a paso lento, nos lleva a concebir estas historias despojadas ya de un proceso arbitrario de roles impuestos y, hasta cierto punto, caducos.

Cuentos de terror paterno en María Fernanda Ampuero: el monstruo invisible

La ecuatoriana María Fernanda Ampuero (1976) se posiciona como una de las autoras escogidas para dar voz a las disidencias y colectivos dispersos en la sociedad. Personajes de niños, niñas, mujeres, personas marginadas, entre otros, aparecen, desde el recurso del terror gótico,1 para quitar de los reflectores al sujeto masculino blanco heterosexual, que históricamente se había situado como protagonista. En su lugar, los demás colectivos que habían representado la otredad plasman su propia esencia frente al mundo. Se abre un escenario doméstico desconocido: “La casa se vuelve un sitio claustrofóbico que confronta la subjetividad femenina en términos de cautiverio” (Sánchez Mejía 114). Esta mirada deconstruida se presenta a partir de una experiencia inmediata con el cuerpo, está conectada con el dolor y el deseo de los personajes.

Adentrarse a estos textos puede resultar muchas veces incómodo pero necesario: “La narrativa de Ampuero suele hacer uso de un estilo descarnado para dar cuenta de una cotidianeidad latinoamericana atravesada por la violencia, particularmente contra los sujetos femeninos” (Sánchez Mejía 108). Aquí ya no existe una discusión acerca del tema de la violencia, o del bien y el mal, no hay controversia, la mirada es ya desde un estado puro: las figuras masculinas desmitificadas y desprovistas de ese halo de perfección innato. Los progenitores son expuestos como seres frecuentemente capaces de ocasionar daño a sus hijos e hijas. En “Edith”, cuento del libro Sacrificios humanos (2021), el personaje, esposa y madre, expresa: “Sí, podía estar ahí para consolar a sus hijas, pero ella ya no tenía opción: mientras su marido estuviera entretenido toqueteando a la grande y haciendo que la pequeña los observara, no pensaría en dónde estaba ella” (126). La autora no pretende abordar estas temáticas desde un victimismo que apele a la emocionalidad del lector, sino desde la más fría descripción de los hechos.

Es importante mencionar que para la escritora ecuatoriana la figura masculina está en gran medida posicionada como quien ostenta el poder dentro del núcleo familiar, por lo que hay una fuerte crítica al sistema mismo de la familia, no únicamente a la figura paterna, lo que lleva a la pregunta que se plantea Foucault: “¿De qué forma han requerido algunas prohibiciones el precio de cierto conocimiento de sí mismo?” (47). Así, todos los elementos están conectados por medio de una realidad turbia y hasta cierto punto abierta, de corte simbólico: “Es esta verdad, observémoslo, la que hace posible la existencia misma de la ficción. Desde ese momento una fábula es tan propia como otra historia para sacarla a la luz” (Lacan 24) . Se concibe esta estructura vincular como viciada, trastocada y deformada por la violencia que uno ejerce sobre el otro o los otros miembros. En una entrevista del canal France 24 Español, María Fernanda Ampuero afirma al respecto, que: “Esto es muy políticamente incorrecto de decir porque la familia sigue siendo el último bastión de cosas intocables que hay, de cosas irreprochables y de cosas incuestionables […] se acerca mucho al fascismo” (1:03-1:21). En este sentido, la autora enfrenta un reto central: comprobar que ese ideal de la familia en donde los integrantes están “completos” también puede ser disfuncional. Esta hipótesis va de la mano con la noción de deconstrucción, planteada anteriormente con Derrida, que la autora posee de facto en sus cuentos. En ellos se deja ver la falibilidad e imperfección del padre, que trastoca todo el núcleo familiar y a la vez permite localizar la falta sobre la que éste se constituye.

En “Silba”, relato parte del libro Sacrificios humanos, se hace alusión a una figura monstruosa de la que la abuela advierte a la madre de la narradora y de la que debe cuidarse: “Aunque le prometan el oro y el moro, aunque digan tu nombre una y otra vez. Por favor, prométame que no se va a asomar nunca, prométame” (53). Al final de la historia, la madre de la protagonista conoce a su futuro esposo, con quien se casa más adelante para llevar una vida llena de infelicidad y martirio, ya que debe cuidarlo hasta el final en condiciones de pobreza y miseria. Sufre abusos de todo tipo por parte de él y termina descubriendo que el pecho moribundo de su marido emite un silbido tan terrorífico como aquel que su abuela le advirtiese años atrás. Nuevamente nos encontramos ante el terror paterno, un hombre maltratador que ha apresado a su víctima, la madre de la niña.

En el cuento “Monstruos” que se encuentra en el libro Pelea de gallos (2018), las protagonistas son dos hermanas que viven con un padre y madre ausentes, y se refugian en las películas de terror que alquilan en un videoclub de la zona. Existe también una criada, de nombre Narcisa, que las acompaña en sus momentos de terror nocturnos: “Narcisa siempre decía hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos, pero nosotras no le creíamos porque en todas las películas de terror los que daban miedo eran los muertos, los regresados, los poseídos” (25). Hasta este punto el cuento narra una infancia en donde las figuras de apego no aparecen por motivos laborales, hecho que pudiera considerarse normal. Cuando las protagonistas tienen miedo, acuden al cuarto de Narcisa, quien les da apoyo y cobijo ante la ausencia familiar:

A papá no le gustaba que Narcisa (la llamaba el servicio( durmiera en nuestro cuarto, pero era inevitable […] Narcisa, tendría unos catorce años […] Y nos parecía una estupidez porque cómo le puedes tener más miedo, por ejemplo, a Narcisa que, a Reagan, la niña de El exorcista o a Don Pepe, el jardinero, que al vampiro de Salem o a Demian, el hijo del diablo, o a mi papá que al Hombre Lobo. Absurdo. (28)

Sin embargo, la historia se ve trastocada cuando las dos hermanas sufren un inminente cambio, que la autora presenta como el principio de algo inevitable y fatal: ser mujer. La narradora-personaje dice: “Esas vacaciones nos vino la regla. Primero a Mercedes, luego a mí. Narcisa fue quien nos explicó lo que había que hacer con la compresa porque mamá no estaba […] dijo que ahora sí que teníamos que cuidarnos más de los vivos que de los muertos” (29). Esta advertencia tiene que ver con la hipótesis central que planteamos al principio. El peligro acechante de la condición de mujer es ya un hecho, no pasa por una explicación racional o sociológica, sencillamente se presenta como dada por naturaleza y es una de las aportaciones de la autora ecuatoriana.

Al final de la historia, las hermanas se encuentran atemorizadas por las películas que ven y corren al cuarto de Narcisa, en busca de consuelo. Pero la situación que ocurre es la que nos alerta del verdadero peligro:

Cuando por fin se abrió la puerta nos abalanzamos sobre ella, necesitábamos tanto su abrazo, sus manos siempre con olor a cebolla y a cilantro […] A unos centímetros de su cuerpo nos dimos cuenta de que no era ella. Paramos aterrorizadas, mudas, inmóviles […] Había algo ajeno y propio en esa silueta que hizo que nos invadiera una sensación física de asco y horror. Tardé en reaccionar, no pude taparle la boca a Mercedes. Gritó. Papá nos dio una bofetada a cada una y subió las escaleras con calma. Ni Narcisa ni sus cosas amanecieron en casa. (30)

La autora sugiere, pero a la vez afirma la infalibilidad de la hipótesis del padre-monstruo que acecha en la oscuridad, y que, como decía Narcisa “es más temible que un muerto”. La figura paterna nuevamente existe sin el tabú y sin la condescendencia de antaño, cuando las escenas de violaciones eran apenas un detalle más en la historia. En este caso, lo inconsciente que suele ser reprimido en el entorno familiar no solamente existe y es narrado, sino que es el centro de la escena. Este mecanismo inverso de temor ante lo desconocido familiar, muchas veces puesto en palabras en los cuentos de la autora, responde sencillamente a la naturalidad de confiar en una figura de apego; no existe esa duda, pero se intuye, en este caso en el miedo de las hermanas ante la aparición de una entidad fantasmagórica. En todo el cuento, sucede que: “La empleada, apenas un par de años mayor que las niñas, es deshumanizada al punto de ser referida por el padre como ‘el servicio’, reduciéndola por completo a un objeto servil” (Sánchez Mejía 112). Esta información aparece velada en un primer momento como representación del inconsciente, pero luego se detona como una bomba que todo el tiempo estuvo a punto de estallar, a modo de sorpresa.

La figura del padre violador, acechador de noche y paternal de día, es uno de los elementos que se ha venido trabajando en la literatura latinoamericana. En el inicio de Pelea de gallos, María Fernanda Ampuero, citando a Fabián Casas, afirma: “Todo lo que se pudre forma una familia” (9). En este sentido, esta autora es un gran referente del terror gótico latinoamericano como parte de una literatura de denuncia; pero no es el único, la obra de Mónica Ojeda, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Liliana Colanzi, Fernanda Trías, entre otras, viene a anunciar el desmoronamiento voluntario de aquello aceptado socialmente y que ya no puede sostenerse a causa de la fuerte controversia que ha dado la lucha feminista. Esto no es casualidad, sino que responde a un discurso contrahegemónico que ataca los cimientos de la cultura, es un proceso de deconstrucción que opera en el lenguaje. En la entrevista tan vigente La metáfora arquitectónica (1984), Jacques Derrida define este proceso:

El propio concepto de deconstrucción resulta asimilable a una metáfora arquitectónica. Se dice, con frecuencia, que desarrolla una actividad negativa. Hay algo que ha sido construido, un sistema filosófico, una tradición, una cultura, y entonces llega un deconstructor y destruye la construcción piedra a piedra. Analiza la estructura y la deshace. Esto se corresponde a menudo con la verdad. (11)

La hipótesis que plantea Derrida nos lleva a una postura que se entrelaza con el posicionamiento psicoanalítico al develar el trasfondo que posibilitó la instauración de ciertos códigos, leyes, roles o mandatos sociales, derivados del poder dominante, el heteropatriarcado, como eje de un estatuto de verdad. Si estos se desmoronan por sí mismos no queda más que analizar sus cimientos y, más tarde, sus ruinas, sus despojos. La literatura, a modo de ejercicio deconstructivo, suma esfuerzos a este análisis poniendo en jaque, cuestionando y desbaratando estas ideas prefijadas que presenta la institución familiar. La literatura de María Fernanda Ampuero se posiciona en el lugar de crisis de ese edificio aparentemente inaccesible, pero ya no desde el alejamiento o la contemplación, sino desde el centro mismo de la pulsión que lo gesta.

Conclusiones en torno al desencanto paterno

Después de analizar los textos seleccionados como parte de una literatura novedosa en el ámbito latinoamericano contemporáneo, corroboramos que efectivamente la figura del padre en torno a la relación con los hijos e hijas se presenta ambigua en las nuevas producciones literarias. Rita Indiana Hernández realiza una narración autobiográfica en la que se asume como un sujeto en falta debido a la ambigüedad de la figura paterna, hecho que destaca en la cultura caribeña que ella describe. A su vez, María Fernanda Ampuero se enfoca en situar a la figura paterna como objeto de terror, en el que se ven reflejadas algunas de las problemáticas propias de nuestra era, como la denuncia del abuso infantil intrafamiliar. Así, los textos de ficción nos llevan a indagar aún más sobre el tratamiento de los personajes femeninos, infancias y disidencias en la literatura, pero también en otras disciplinas como la filosofía, los estudios de género y el psicoanálisis, espacios donde se comienza a vislumbrar una necesidad de apertura a temáticas relacionadas con la experiencia de los grupos más vulnerables. En los nuevos aportes teóricos se advierte un movimiento epistemológico deconstructivista que se erige a partir de la difusión y protagonismo de algunos personajes relevantes.

“¿Quién es el padre?”, nos preguntamos. Puede ser el padre ausente, amoroso, controlador, furioso, puede ser una figura ambigua. En el caso de estos textos es quien arropa y a la vez quien acecha detrás de la puerta. Lo que sí está claro es que la literatura está proponiendo escenarios cada vez más volcados hacia la realidad, en los que el padre se transforma de bondadoso y protector a frívolo, cruel y abusivo. Una posible respuesta a esta cuestión también radica en la ausencia misma: la falta, el error, el vacío. La ausencia paterna, antes vista como un tema secundario que no requería mayor profundización, ahora se aborda de manera más explícita. El abuso intrafamiliar, un tema largamente silenciado en la literatura, ha cobrado fuerza, revelando la importancia del trabajo personal. De hecho, a menudo lleva a lo que Michel Foucault denominó tecnologías del yo: el simple acto de enfrentarse a uno mismo y contar la verdad como un ejercicio de sanación. Este proceso también remite a la teoría psicoanalítica, al señalar que lo bloqueado sale a la luz para ofrecer al sujeto una información que creía perdida u olvidada.

El repaso de estas prácticas literarias y su posterior análisis nos lleva a la inminente afirmación de que existe un proceso de deconstrucción, desmitificación y sobre todo de autoconocimiento con respecto a la historia colectiva de las familias latinoamericanas; pero también un proceso de cuestionamiento y crítica hacia las prácticas que históricamente habíamos considerados normales. Gracias a las nuevas narrativas y al planteamiento de estas escritoras es posible aportar nuevas hipótesis con respecto a temas que muchas veces la sociedad prefiere callar. Sin embargo, apelando a la famosa cura a través del discurso, aquello que se presenta abierto nos da la posibilidad de nombrarlo, comprenderlo, analizarlo para llegar a un estado mucho más pleno de salud y felicidad.

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1El terror gótico latinoamericano es una adaptación geográfica, contextual, social, estética del gótico europeo. En él se reflejan problemáticas como la pobreza, la discriminación, la violencia por género, entre otros conflictos propios de estos países. Para Sánchez Mejía, “[e]l gótico es un género que a fechas recientes ha cobrado mayor relevancia para los estudios literarios latinoamericanos […] La narrativa de Ampuero suele hacer uso de un estilo descarnado para dar cuenta de una cotidianeidad latinoamericana atravesada por la violencia, particularmente contra los sujetos femeninos” (106).

Recibido: 09 de Julio de 2024; Aprobado: 11 de Abril de 2025; Publicado: 22 de Abril de 2025

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