05 Diciembre 2025
Sep-Dec 2025
¿Me puedes decir tu nombre? Lo que estudiaste, y qué estás haciendo actualmente.
Sí, me llamo Alejandra Contreras. Estudié antropología física en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), y eso fue hace bastantes años. Actualmente, tengo un proyecto llamado Cannafilia, Sexualidad y Cannabis, y me dedico a dar educación sobre la sexualidad y el uso de la cannabis en la vida sexual. Eso.
¿Hace cuánto inició ese proyecto y qué impactos ha tenido? ¿Por qué consideras que es importante este tipo de proyectos dentro del conocimiento de las plantas medicinales?
El proyecto nació en el 2017, como una idea. Bueno, fui a Estados Unidos, a California, en 2015, y ahí, visitando muchas tiendas, pues… ya la cannabis era legal. Creo que en ese momento había la medical cannabis card, y dejaban usar la cannabis de manera medicinal. Entonces visité varios dispensarios, y también sex shops, como turista. Ahí me di cuenta de la cantidad y variedad de productos para la sexualidad en existencia, como los lubricantes. Y, pues yo ya era una amante de la cannabis. Entonces… se me hizo muy interesante. Regresando acá, como a los seis meses, conocí a un amigo, quien estaba organizando un club cannábico en aquel tiempo, Jaziel,… bueno… ya falleció. Nos invitó a formar parte del club, y desde esos días comencé a trabajar con él.
En aquella época, recién había parido a mi último hijo y tuve depresión posparto. Pues bueno, él iba a mi casa, trabajábamos juntos. En ese momento, me invitó a participar en organizar la primera copa cannábica en México, la cual se llevó a cabo en la playa; yo era su asistente, y para mí él era una compañía.
Conforme fue avanzando el tiempo, y una vez habiendo estudiado educación de la sexualidad, me dije: ¿qué puedo hacer aquí? Me acordé de mi experiencia en California y del trabajo que estaba haciendo con Jaziel, y pensé en hacer algo relacionado con la sexualidad y el uso de la cannabis. Es ahí cuando empecé a trabajar más a fondo con la cannabis. En aquel tiempo tenía al niño, así como un trabajo de oficina, entonces no podía dedicarle tanto espacio al proyecto.
Conforme empezó a avanzar la cuestión de la cannabis, pues hubo una apertura en el 2017, es cuando surge la idea de Cannafilia. Todo empezó queriendo hacer un lubricante, y nace el nombre Cannafilia, canna de cannabis y filia, amor a la cannabis, también tiene que ver el amor erótico, el amor de, en fin… todos los amores, las filias en realidad.
En el 2018, se detuvo un poco, y es ya hasta 2019 cuando lo retomo, conectándose y haciendo un lubricante. También tengo estudios en la cuestión de la herbolaria. Estuve participando en el laboratorio de etnobotánica, y en el uso de la flora en temas medicinales. Ese conocimiento también me llevó a crear un lubricante. En 2019, se concreta lo del lubricante, hacemos la primera exposición en una feria grande de cannabis.
En el 2020, cuando llega la pandemia, también viene el encierro en casa; eso me dio más tiempo de trabajar y de sentar las bases de Cannafilia; vi que había un vacío, bueno, en general, en la sociedad en general, pero en la industria cannábica en particular, pues aunque ha habido un boom de productos, y también de lubricantes, no había mucha educación sexual. También he observado que no lo hacen de la mejor manera o desde la ética, entonces solo es por vender.
En ese momento es cuando decido impartir educación sexual para los usuarios de cannabis. Este proyecto me ha llevado a muchos lugares, a muchos lugares con muchas personas. Y pues… eso… así es como nació Cannafilia. Y bueno, pues, también un tanto que ese soporte lo dio el club, el club cannábico Xochipilli, estando allí íbamos a muchos lugares, donde me presentaba, y mostraba el lubricante, y así es como hemos avanzado hasta hoy 2024.
Digamos que esta planta te ha llevado a abrir, y a conocer y a explorar otros espacios, y seguramente has tenido retroalimentación de las personas con las cuales has trabajado el tema de la sexualidad vinculada con la cannabis. Me gustaría saber qué te dicen las mujeres al respecto, por ejemplo, ¿qué te dicen las mujeres que se han involucrado en los talleres, utilizando los productos?, ¿cómo han impactado en su salud sexual?
Claro. Las mujeres son las más interesadas siempre. Ajá, sí, siempre, siempre me ha tocado que son las más interesadas. Y bueno… eh… también hay que decirlo, ¿no?, hay una segmentación. No es lo mismo una mujer rural, una mujer de ciudad, una mujer universitaria, etc. Eh… he notado que las mujeres jóvenes, digamos, como de la preparatoria, universitarias, tienen muchísimo más interés y más apertura en aprender acerca de ellas mismas, de su erotismo, de cómo relacionarse, y pues eso es a lo que se acercan, a buscar productos, justamente para incrementar el placer o buscar el placer. Y, pues, siempre he tenido comentarios positivos en cuanto al uso de la cannabis y la vida sexual, en concreto a las relaciones sexuales. Muchos llegan por curiosidad, como para probar algo nuevo. Siempre les ayuda mucho, hablan de tener orgasmos más intensos, hay mayor relajación. Me han llegado a consulta pacientes mujeres con vaginismo, por ejemplo. La vagina se cierra, no pueden tener relaciones sexuales. Hay que descartar siempre las cuestiones biológicas, pero la mayoría de los casos son cuestiones psicológicas, de educación; y se acercan, buscando esta solución. Y la cannabis ha ayudado, ¿por qué?, porque relaja músculos, relaja la vulva, entonces les ayuda mucho, junto con otros ejercicios y la terapia. Justo, siempre indican que les va muy bien con el lubricante. Eso es lo que nos dicen las mujeres.
¿Y en tu experiencia individual, cómo ha mejorado o cómo ha impactado?
Sí, a mí me ha mejorado, en muchos sentidos. No solo en la cuestión del coito, sino también en las relaciones con otras personas, porque la sexualidad no solo es el coito, es cómo te relacionas, cómo te vinculas afectivamente, y a eso me ha ayudado. Justo también a entender, va acompañado también de la experiencia en los estudios, y comprendo mejor cómo nos relacionamos, qué vinculaciones hay, si hay manipulaciones, cosas de ese tipo. A mí me ha ayudado, me ha hecho mejor persona, me ha llevado a lugares donde yo nunca imaginé estar, y creo que eso es en lo que la planta ha abonado a mi vida.
He convivido con personas con las cuales tampoco imaginé en algún momento convivir. Me ha llevado muy lejos, y en eso justo se ha visto beneficiada mi vida, alivia mis dolores, alivia mi mente, me da calma, me da paz, aunque también ha habido ocasiones en las cuales no ha sido mi mejor compañera. Pues… ah… no sé, en algún momento, pues, cuando consumo me da más tristeza o lloro mucho, entonces decido que no es mi mejor compañera. Pero también lo ha sido, por ejemplo, en el posparto. Cuando el posparto de mi último hijo, no sabía realmente qué hacer. Iba a terapia, pero justo conozco a este chico, el del club, y él me dice: “oye, consume cannabis”. Y dije: “claro, claro”, pues yo ya era consumidora, y dije: “claro, por su puesto”, así. Y empecé a consumir de nuevo cannabis, y justo me ayudó junto con la terapia, o sea, siempre fue acompañado de terapia, y bueno, pues ahí también conocí las gomitas, los chocolates, eso también me ayudó, me alivió un poco esa cuestión de posparto, a nivelar ese tema mental que uno tiene con la terapia. Y ha sido muy buena compañera, me alivia los dolores, eh… me relaja, no sé, eso.
La cannabis te ha llevado a otros espacios, y ahora inicia otra etapa. En cuestiones de vivencia laboral transnacional, ¿cómo fue tu experiencia? Como Alejandra, como mujer, participando en un contexto cannábico de los más productivos del mundo, el caso de California.
Bueno, pues yo nunca imaginé que iba a estar ahí, no estaba dentro de mis planes. Pero bueno, me invitó una amiga, y acepté ir. Como turista, me había dado cuenta de que algo sucedía allá diferente, y llegar a un contexto donde es legal, sí te pone en otra situación. Es totalmente distinto, la vida es de una manera distinta. Acá, después de haber pasado el tiempo, y habiendo estado allá, la verdad es que los latinos siempre estamos trabajando mucho. Digo los latinos porque es como, pues sí, es algo común platicar con otras personas de Latinoamérica, te abre la visión de que somos muy trabajadores.
Llegué allá justo buscando mejorar mi vida económica, y saber qué onda, porque acá en México pues hay mucha incertidumbre en la cuestión legal, y no solo lo legal, sino también del crimen organizado. Entonces creo que también llega un momento en México, en el cual ya no puedes hacer más, justo por el miedo, por la incertidumbre existente, y pues no merecemos vivir así. Sobre todo, porque mi proyecto es serio, ético, científico, y da miedo. Sabemos la situación en la cual vivimos, gente que tiene todo, y bien arreglado, pues también los han detenido. Y dije: “bueno, es una oportunidad para ver qué está sucediendo allá, y si es posible, hacer lo que estamos haciendo aquí, allá de una manera legal”. Eso me lleva a trabajar allá, y, claro, también la cuestión económica. Uno aquí trabaja un montón, trabajo mucho, pero a veces no alcanza. También el ser madre, tener dos hijos. Me asumo feminista, entonces una debe ser autónoma, independiente, y pues generar su propio dinero. Me dije: “bueno, es una muy buena oportunidad”. He estado en trabajos de oficina, he estado en cualquier tipo de trabajos, pues, haciendo cuentas, diciendo: “eso nunca va a pasar aquí”. Esa cantidad de dinero que tú puedes ganar allá no lo vas a ganar acá. Entonces decido irme a trabajar, y bueno, ese es el contexto que me lleva a trabajar a California.
¿Qué es lo más difícil o lo más complicado para mí? Pues justo, dejar a los hijos, eso fue lo más difícil para mí. La cuestión económica no fue tan complicada, pero aun así, me pregunté: “¿cómo voy a hacerle para irme y juntar el dinero que necesito?”. Porque yo no tenía ese dinero. Estábamos hablando de 15 o 20 mil pesos lo que implicaba hacer un viaje de ese tipo. Pensé: “yo no tengo eso en mi cuenta, ¿qué voy a hacer?”. Entonces, como ya había trabajado, pues ya había cotizado semanas en el IMSS, y recapacité: “voy a agarrar el fondo de retiro, voy a pedir mi fondo de desempleo”. Lo pedí, me lo dieron, y finalmente ya tenía el dinero para irme. Se solucionó la ida. Lo más complicado fue dejar a mis hijos, a mi esposo también. Eso fue lo más difícil, lo que más sufría, lloraba y extrañaba, porque de un día para otro dejé de ser la mamá o la cuidadora, para irme sola a trabajar. Yo nunca había estado, desde hace 17 años, que es la edad de mi hijo mayor, tanto tiempo sola, y tanto tiempo así, sin ellos, sin ser esa mamá. Eso fue impactante.
En cuestión de trabajo, no me costó nada, pues soy una mujer muy trabajadora. Mi linaje es de mujeres trabajadoras, todas, no hay una sola mujer de mi familia que no trabaje, que no sea exitosa, y bueno, de las dos partes, materna y paterna. Son mujeres súper independientes, trabajadoras, auto proveedoras, que ayudan, que resuelven. Entonces, la cuestión laboral nunca me ha costado trabajo, y bueno, aunque es un trabajo de campo, sin nada que ver con mis estudios, no se me hizo nada difícil ni complicado. Además, pues el gusto de conocer la cannabis, cómo se trabaja, cómo se maneja, eso era para mí un aliciente. Todos los días me levantaba muy contenta. Y bueno, obviamente los dólares, estando allá es lo que te anima.
Considero que para mí sí fue un poco estresante, o de shock, porque, además, tengo estos estudios sociales y de humanidades, y siempre estamos viendo la realidad, la desigualdad. Así, enfrentarte a una situación en la cual tú sabes que están vulnerando tus derechos humanos es complicado. Sí dices: “hoy me voy a quedar aquí, o no”, pues sí, no tengo de otra porque ya gasté mi dinero, ya gasté todos mis fondos en esto, tengo que seguir, aunque mis derechos no se respeten. Por ejemplo, a veces puede ser un poco engañoso, porque sí, ganas en dólares, pero las condiciones en las cuales vives allá no son las mejores. A mí me tocó acampar, estar en lugares donde no había baños. Y dices: “¿qué onda?”, también el acceso al agua es complicado, aunque estés en la montaña, pues a veces no hay agua. Se descomponen las bombas, si hace demasiado frío se congelan. Entonces no hay agua. Para nosotras, por ejemplo, en el periodo menstrual, cuando estás menstruando es muy difícil cómo te bañas, cómo lo haces. También el conseguir comida. Si tú no vas preparado, ¡uf!, te quedas sin comida. Pero bueno, todo eso se soluciona, también tengo esa capacidad de resolver, y pues todo se resolvió.
También noté que te prestan sin pedirte permiso. Te dice el jefe: “oye, tienes que irte a la otra granja a trabajar”, no tienes opción, te prestan. Por lo mismo, también es un poco como de trata; también nosotros no estamos tan mal, hay otros grupos que vienen de Asia, en los cuales sí hay trata de personas. Tú mismo lo estás viendo, y, ¿qué haces con eso? Tú sabes de la desigualdad y de la trata, ¿qué haces con esa información? Creo que eso es lo más difícil por enfrentar uno allá.
El racismo existe entre propios, pues, entre latinos, también a eso te enfrentas, a comentarios racistas de mexicanos. También los güeros son racistas. A mí que me trataron como mexicana, y te tratan mal, son groseros. Eso es lo más difícil. Pero bueno, al final me decía: “ya estoy aquí.” Me llevó a eso, a soportar.
Claro, el dinero, pero también el conocimiento. Justo darme cuenta de estas cosas, las cuales tenemos a veces muy idealizadas.
Se cree que la industria californiana es muy ideal, es muy hippie, hay mucho Cumbayá, así le dicen, y entonces hay mucha hermandad. Pero la realidad, lo que verdaderamente sucede no se ve, y eso está sucediendo en las granjas. Condiciones nada humanas para vivir, en algunos sitios. Hay otros sitios en los cuales sí existen condiciones habitables, pero también hay explotación laboral. Supe de lugares donde había condiciones buenas, había baños, dormitorios, cocina, etc., pero al final del trabajo no les pagaban. Eso es explotación y esclavismo, porque también te tienen ahí aislado, hay aislamiento, pues estás en la montaña. Entonces sí, lo ves como una gran industria, están muy avanzados, y dependiendo del presupuesto que se tiene también, ¿no?, del empresario, el dueño de la granja. Pero también está esta cuestión que sí, la marihuana, y todo es legal, y bla, bla, bla. Pero tienes a trabajadores viniendo de otro lugar, con condiciones malas, y ese trabajo no lo quiere hacer nadie, o sea, ves a poca población estadounidense trabajando ahí, solo los dueños. Pero en realidad la gente no va a trabajar allá porque dicen que es muy poca la paga, y que ellos pueden ganar más lavando trastes, por ejemplo. Pero como latinos haces la conversión en dólares y dices: “claro, es muy bueno para mí”. Y eso es como la cuestión laboral.
Ahora pienso y corroboro, lo más difícil sigue siendo, pues de nuevo voy a ir este año, la cuestión de mis hijos. O sea, lo más difícil, lo que más sufro, lo que más lloro, lo más doloroso, y justo porque no los voy a ver, no voy a estar con ellos. Soy una mamá muy presente, una mamá que siempre está con ellos. Soy amigable, comprensiva, eso me duele mucho, me duele mucho dejarlos, solo me duele dejar a mis hijos. Pero también es beneficioso porque pues trae dólares, y entonces eso les alivia también ciertos temas necesarios. Por ejemplo, el adolescente, en ese sentido, pertenece a un grupo, no sé, y le anda por traer unos tenis. Y bueno, he platicado mucho con ellos acerca de que me voy a ir de nuevo, pero también es benéfico para ellos. Solo es un tiempo, y pues del primero ya regresé, y vieron que después estuve más tiempo con ellos, estuve más presente, no tenía que salirme a las 4 am a trabajar y regresar a las 8 y no verlos en todo el día, ¿no? Aunque también le tengo mucho miedo a lo que suceda cuando no estoy. Tengo un adolescente y ese adolescente está experimentando miles de cosas, entonces ese es uno de mis miedos, porque cuando llegué, regresé y había un desastre, a mí me asustó en ese sentido. El adolescente hacía lo que quería. Bueno, en esta ocasión van a quedar a cargo de mi mamá o de mi suegra, ellas son más controladoras, tienen otro estilo de crianza. Y bueno, como dije, eso es lo más difícil.
En cuanto al trabajo pues no, no me molestó, es un trabajo ameno. Si pasas mucho tiempo sentado hay que limpiar la marihuana, pero en realidad me gus taba porque además hay mucha variedad de marihuana; observar cómo crece, eso me gustó mucho, ver toda la cadena de producción, desde el campo hasta el dispensario. Y para mí resultó muy benéfico, y sí me abrió los ojos, en ese sentido, en decir: “oye, sí se puede hacer algo acá, con el conocimiento que tengo.” ¿Eh?..., legalmente también se puede hacer, y pues bueno, eso es como uno de los objetivos, ¿no?, que quizá Cannafilia se consolide allá. Sí observé un poco de parecido acá porque, pues como en todo, hay ligas chicas, hay ligas medianas, lugares donde tienen más presupuesto y es más elegante todo. Lo mismo sucede aquí, quien tiene dinero pues tiene el club más bonito, más arreglado, más elegante. También están los chidos que están en las calles, por ejemplo, con sus… son más tolerados aquí en México. Entonces allá sucede lo mismo y reflexioné: “bueno, hay como una oportunidad de crecimiento, y no solo en ese sentido, no solo en la cuestión comercial, de un producto, sino también, quizá, en los estudios, me gusta mucho estudiar, tengo cursofilia, en este sentido: siempre estoy estudiando algo, buscando algo nuevo, por eso hago esto, lo otro y aquello… y luego no hago nada”. Pero creo que es interesante ver, buscar la preparación profesional en cuestión de cannabis. Quizás allá, donde ya tienen un gran avance. Eso es algo que me parece interesante de la planta.
Tus compañeres con quienes trabajaste durante tu estancia en California vienen de distintos lugares con condiciones diversas, ¿qué llevan?, o, ¿el objetivo es el mismo? ¿Qué me puedes decir al respecto?
Sí. A mí me pareció, en verdad me gustaba mucho porque soy antropóloga, y en donde estaba había muchas personas de diversos lugares, ¿no?, españoles, argentinos, venezolanos. Me tocó esa gama, esa variedad de personas. Observé, quizá desde mis gafas de antropóloga, somos de países golpeados económicamente: Venezuela, Colombia, Argentina, España y México, son esas nacionalidades las que convivimos. Todos están buscando algo mejor, mejorar su economía. Hay quienes era su primera vez, como la mía, y hay quienes ya llevaban tres años, como unos argentinos, y una chica española que llevaba siete. Algo muy sorprendente para mí fue el ver a las mujeres andar solas, o sea, andan en su auto solas, y se mueven solas en la montaña; eso fue para mí como ¡guau!, en México eso no va a ocurrir, es inseguro, nos matan, y ahí andan solas. También me pareció interesante, justo, cómo de estos países golpeados económicamente, con crisis en muchos sentidos, habemos gente allá, trabajando, y todos buscando el trabajo.
Cada quien ve por sí mismo, sí hay compañerismo, sí te apoyan. A mí me ayudaron a aprender unos argentinos, una pareja, me dieron muchos tips, y logré muchas cosas gracias a ellos, también te ayuda, pero tampoco van a arriesgar nada por ayudarte. También se cuidan cosas, como, por ejemplo, tenía cierto número de cajas, entonces las apilan y tú vas tomando cajas para limpiar, y hacer todo lo que lleva ese proceso. Noté también que cuidaban mucho, aunque ellos fueran más veloces y ellos hicieran más, cuidaban que tú tuvieras trabajo aunque fueras más lenta, o sea, ellos hacían 5 y yo 3 libras. Garantizaban que yo no me quedara sin trabajo, o decían: “bueno, ustedes hicieron más, nosotros no porque nos fuimos”, y cuidaban, ¿no?, “ah, esta mota es de ellos, esta es de ustedes”. Respetaban como eso, como el cuidar, el cuidar a los otros también lo hacían, no era de: “¡ay!, toda es mía y yo lo voy a hacer, aunque tú seas una lenta”, o sea no, se preocupaban de repartir el trabajo.
También me tocó ir al trabajo de campo y eso también me pareció muy interesante, el cómo se cuidan las plantas, qué nutrientes les ponen, cuándo es el momento de cortar. Me tocó hacer más actividades como quitar mallas, porque ponen unas mallas, y en ese momento cayeron tormentas con mucho aire, y entonces las plantas estaban todas revueltas. Fue muy pesado, ¿no?, pero aprendimos a quitar las mallas. No sé, por ejemplo, cuando llega la hora del secado, pues también me tocó el secado. Y algo importante que también viví es el no sentir una diferencia de género, el “tú eres mujer y no puedes hacer eso”, no lo hay. Hombres y mujeres le entran por igual al trabajo de campo o al trabajo del trigo, y pues todos buscando buenas oportunidades. También me tocó trabajar con dos señoras venezolanas de 50 y 60 años más o menos. Pude observar que a pesar de haberme tocado trabajar con venezolanos, no eran unos venezolanos cualquiera. Estas señoras tenían cargos públicos en el gobierno, como secretarias de alguien muy importante, cosas de ese tipo. Entonces eran personas que sí podían costear, o sea, les costó trabajo financiarse el viaje pero lo pudieron hacer, y el chico de la granja, el dueño de una en donde trabajé, es venezolano y ya llevaba 10 años allá, y bueno, ya se consolidó allá, ahora es dueño de una granja, no muy grande, más bien mediana, pero es dueño de una granja. Él decía: “con esfuerzo y trabajo, lo puedes lograr todo”, eso me pareció también muy interesante.
Y bueno, la comida así, o sea, conocer sus costumbres, sus festividades, qué escuchas en las salas de trigo, justo eso, qué comen, cómo lo festejan, qué se come en Navidad, qué festejos son los importantes, ¿eh?…, cosas de la cultura. A mí me preguntaban mucho: “oye, platícanos, ¿no?” El Día de Muertos, ellos me preguntaban, y yo, pues como soy un periquito pues hablaba. Les platiqué del temazcal, de muchas costumbres de México, y a ellos les gustaba. Como vives ahí, no hay momentos de intimidad, o sea, no hay intimidad, y eso te hace ser cercano.
También hubo tiempos difíciles, por mencionar alguno, lloraban porque extrañaban a su familia, es muy común ver llorar ahí, entonces también hay mucho respeto. Si ven a alguien más le dan su espacio, lo respetan. A mí me pasaba, también yo lloraba mucho y guay. Lo respetaban y pues siempre te acompaña ban, yo recuerdo mucho una vez que estábamos, ya nos habíamos quedado cuatro personas nada más, dos se fueron y solo quedamos cuatro, una española, el venezolano, mi compañera y yo, y pues pusimos música, entonces sonó una canción que escucha mi hijo de Rels B, se me salieron las lágrimas, eso fue inevitable. Ellos se dieron cuenta, me dieron mi espacio y me dijeron: “vamos, vamos, tú puedes”. O sea, te acompañan también en esos dolores, porque ellos también los viven. Sí, ves a mucha gente quebrándose, en las salas de tream, y platicar sobre cierto grado de intimidad, platicar sus emociones, sus conflictos, sus problemas, cuestiones de la niñez, si tienen una pareja o no, y esas situaciones. Eso me pareció a mí muy interesante, a mí eso me gustó. Y justo, ¿qué nos lleva allá? Mejorar la calidad de vida. ¿Cuál es el estatus migratorio de las personas que laboran en las granjas de cannabis?
Sí, todas. Yo… sí, escuché que había empresas sin contratar a personas como nosotros, pero son muy pocas. La mayoría contrata, es una necesidad, ¿no? Sí, vamos muchísimos a trabajar de esa manera, entramos como turistas, justamente, y pues la realidad es que, además, California es un estado santuario, entonces es fácil, no es tan difícil, entonces sí, todos, muchos, entramos como turistas y ahí estamos. Pero muy pocas… yo no conocí ninguna empresa que nos quisiera contratar. La gente anda en la calle buscando trabajo, y si tienen suerte lo encuentran. Nosotras tuvimos mucha suerte, porque ya llevábamos un contacto, no anduvimos por ahí buscando un trabajo, sino que nos traspasaban de una granja a otra. También noté que las personas que viven allá no quieren trabajar. De hecho, refieren el ganar muy poco así, y de forma correspondiente con la granja es lo que te pagan, entre 60 y 85 dólares la libra, pero depende de la calidad de la marihuana el tiempo que te vas a tardar, y pues a veces, yo inexperta, me hacía dos libras, máximo tres, considero que no era tan malo. Ellos también decían que no estaba mal, que estaba muy bien, que era una muy buena meta, pero hay quienes hacen cinco o siete, tienen mucha experiencia en el manejo, y yo soy inexperta, ellos tienen muchísimos más trucos. Entonces, para mí era adecuado. Gente de allá me decía: “no, yo no trabajaría por eso, yo trabajo mis 8 horas y gano 200 dólares, o sea, no me interesa ir para allá”. Entonces, justo, como no hay trabajadores, pues los latinos llegamos y trabajamos.
Y bueno, también hay otra realidad, las personas que vienen de Asia, vienen subcontratadas por alguien, no hablan el idioma, ninguno de ellos lo habla. Creo que es hasta como parte de, pues de toda esta maraña que se crea, y se los traen, deben el viaje, y pues tienen que trabajar a fuerza, ¿no?, y les pagan entre 30 y 40 dólares, cuando al manager le pagan 60 dólares o hasta 85, dependiendo. También me pareció muy sugestivo, pero como ellos tampoco hablaban inglés, pero yo observaba… era muy interesante porque ves llegar familias, se ve que es como la mamá, la abuelita, las hijas, las tías, las primas, no sé… son familia y ellas están ahí trabajando. Justo, como muy de campo, yo deduje que las traían del campo, porque traían hasta sus instrumentos para cernir palma, o sea, claro, ellas son trabajadoras del campo, de donde vienen, pero es trata, deben todo y les pagan. Ese pago es, ¡uf!, dicen que es maravilloso, y los latinos, quienes ya han ido, los europeos, dicen: “no, yo no voy a trabajar por 40 dólares”, y entonces no trabajan por esa cantidad. Eso también me pareció como un aviso de: “¡oh!, ¿qué sucede aquí?”, porque tú ves a la manager y trae una camionetota. “¡Guau, no, yo quiero ser ella!”. Eso sí, les llevan mucha comida, los tienen muy bien alimentados, llegan con sus refrigeradores. Me tocó ver como… les dicen los monks… llegan con sus refrigeradores, con todo su equipo…, y son muy cerrados. Las chicas más jóvenes no tanto, son más abiertas, entonces sí, a veces había interacción. Platicábamos, medio nos entendíamos, pero las señoras más grandes eran muy cerradas, en realidad son muy cerradas. Ellos se apartan de donde tú estás trabajando, y bueno, el jefe de la granja no tiene problema porque sacan la producción, ¿no? Pero ya con el tiempo pues… pues uno también tiene las gafas de observación, entonces sí hacen trampa, bueno, trampa entre comillas, tienen sus trucos para hacer más, y pues eso me pareció interesante. Sí, también noté que entre los mismos latinos hay racismo, ah… y los mexicanos, ¿no?, un poco los argentinos nos ven raro. Yo sentí… yo iba como con cero expectativas, pero con la convivencia dije: “sí, claro. Sí existe esto, sí es verdad”.
Mencionas que es diferente el sentir, el estar en un lugar, en un estado donde la cannabis está regulada, y en México no. ¿Cuáles son estos “sentires” diferentes?
Pues que te da seguridad económica, ¿no? Sí hay una cuestión legal, la cual te brinda esa seguridad alrededor de la cual la gente se gana dignamente el dinero. Tú ves las granjas o al dueño, etc., es legal. Ah, bueno, eso también es un tema, hay granjas legales y hay granjas ilegales, algunas tienen todos sus permisos. Sí hay granjas que no los tienen. Yo trabajé en granjas que tenían permiso… ¿Qué sucede allá? Yo observé una especie de asociación, no sé, el cultivador con alguien con el permiso, porque este último tuvo dinero para comprarlo, pero pues él no cultiva, pero sí tiene el permiso, entonces se asocian y ya, sale una granja. Eso da seguridad cuando tienes permiso. Cuando no tienes permiso, pues tú como trabajador sabes que no hay permiso y algunos están corridos cuando llega la policía. Pero pagando tus permisos, que seguramente van a pasar, se tiene la seguridad de que no va a llegar la policía a extorsionar, o va a venir el crimen organizado, también buscando extorsionarte; eso sobre todo, está garantizado que eso no va a pasar porque es legal. Lo cual da certidumbre. Otra cuestión también es, por ejemplo, yo como mujer pues también vi muchos negocios de muje res. Tuve la oportunidad de ir a una feria que se llama Cannifest, es una feria como las que hacen aquí, como el Expoweed, pero allá en Europa, y para mí fue muy parecido, sumamente parecido, o sea, era prácticamente igual. Se nota que son granjeros que se conocen, es una comunidad consolidada, hay mucha amistad, se percibe.
Y hay muchísimas más mujeres en la cuestión de las granjas, eso también lo noté. Me percaté de que había muchísimas más mujeres en toda la cadena. Están los que cultivan, los que transportan y el dispensario, y tuve la oportunidad de conocer a muchas mujeres en toda la cadena. La mayoría eran mujeres, muchas, muchas. Por ejemplo, la que transportaba la marihuana, la que ya vendió la mota y hay que llevarla a Utah o a Florida, y van en sus camionetas. También conocí a otras mujeres propietarias de granjas, y pues también ya son señoras grandes. Y eso me da esperanza y digo: “ok, podemos hacerlo.” Y también advertí que hay un vacío en cuestión, por ejemplo, de lubricantes. Esta ocasión que fui no vi lubricantes, vi muy pocos, pero también vi otros productos más especializados, como para la disfunción eréctil, cosas de ese tipo. Entonces, me dije: “ok, hay un vacío en esa cuestión.” Y también hay un hueco en la cuestión de la sexualidad, porque a pesar de ser Estados Unidos tampoco existe una educación sexual, no la tienen. Fue para mí como una esperanza justo de seguridad, porque yo no quiero que en algún momento me agarre la policía y me tenga ahí, porque soy activista, y ya ha sucedido. Hay compañeros activistas que los han detenido y han tenido procesos legales. Yo no quiero eso, no quiero que llegue el crimen organizado a decirme: “oye, vas a trabajar para mí a la fuerza.” Lo que acabo de comentar me motiva, y también lo positivo de la industria allá; aunque también tiene muchos vericuetos, o sea, no debemos idealizarla, tiene muchas cosas que no están bien
Ya casi para concluir, ¿cuáles son las expectativas de la regularización en México? ¿Qué desea Alejandra para la industria cannábica en México?
¡Ay, ya no sé! Es difícil, ¿sabes?, porque hay muchas cosas que deben ser reguladas, en fin, unas de ellas serían el ser justa, digna, que podamos ganarnos la vida dignamente, quitarle esa connotación de violencia, aunque todo esto vaya a ser difícil. Ha sido complicado por esa cuestión, me parece a mí, porque llevamos muchos años con esta guerra contra las drogas. Y es una guerra, ¿no? La violencia… que no sea violento, y que no beneficie solo a empresarios, sino a las personas del campo, a las personas de la ciudad. O sea, ser justa, eso es lo único que podríamos pedir. Pero también que sea ética, y que tomen en cuenta las cuestiones científicas, no solo las cuestiones monetarias. Eso a mí me gustaría con la regularización, porque por donde quiera que lo mires hay temas por tratar, que si la semilla, que si cuántas plantas. Llevamos en México 500 años con semillas de cannabis. Sobre todo, que podamos ganarnos la vida de manera digna, sin violencia, eso deseo. Aún hay mucho por hacer y por trabajar, porque cada quien aporta algo. Un médico dirá de tal manera, sí, y a mí me parece que es algo multidisciplinario. Muchos discutiendo el tema, sin dejar a nadie fuera. Los más beneficiados deberían ser los campesinos, pues son los cultivadores, ellos son los que están ahí, quienes la sacan adelante, eso creo yo.
Finalmente, ¿qué esperas para esta segunda estancia de tu trabajo? ¿Tienes alguna expectativa para Cannafilia?
Tengo muchas expectativas. Sí, me gustaría que Cannafilia se hiciera ya, pues sí es más fácil en cuestión de papeleo, y cosas así. Eso también lo he investigado, y no es tan difícil montar una empresa ya productiva, porque ya no estamos en el cultivo, sino en la etapa de la producción, entonces no es tan complicado. Y mi expectativa es que me vaya muy bien y que se logren los objetivos. Y sí, una de mis metas es por lo menos dar un taller en alguna casa de cultura, hablar sobre los lubricantes. Uno de mis sueños también es hacer allá un lote pequeño, ir a los markets orgánicos. También tejemos redes con personas. Eso también es importante, el cómo tejes tus redes. Yo fui muy tranquila, muy pacífica. Pues ni modo, me tocó esto, entonces hice muchos amigos. Las redes se tejieron de manera linda, entonces pienso que es mi expectativa.
La comunidad latina es enorme, de tal forma, el idioma no es un impedimento, pues hay muchos hablantes de español aquí en California. Quiero hacer eso, esa es mi expectativa para esta temporada, y bueno, pues aprender más. Aunque el cultivo no me llama tanto la atención, me parece muy interesante. Justo vi muchas mujeres en el cultivo, dirigiendo el cultivo, y bueno, todo esto ha sido una muy buena forma de aprender y, además, es un trabajo más por el cual te pagan, como si limpiaras una casa o estuvieras en una oficina. Ese es mi deseo para esta temporada. Y definitivamente también conocer la cuestión académica, si pudiera tomar un curso, alguna especialización, algo en ese sentido en el cual ya tengas un papelito diciendo: “oye tú eres de manejo de la planta”, porque el papelito habla también.
Muchas gracias por tu tiempo Alejandra. ID