
Para este número especial de INTER disciplina en torno a las sexualidades, la Dra. Siobhan Guerrero llevó a cabo una entrevista con Bryan Cárdenas, conocido en la escena vogue y drag como Zebra DragQueen y actual madre de House of Drag. Tanto el vogue, como el drag, son ejemplos de subculturas asociadas a la diversidad sexual, en especial a ciertas manifestaciones culturales propias de lo gay. En ambos casos, nos encontramos con grupos o casas dirigidas por “madres” o “padres” que suelen ser personas con más experiencia en dichos ámbitos y suelen guiar a los demás miembros tanto en la actividad concreta llevada a cabo, sea ésta vogue o drag, como en aspectos más generales de la vida. Por esto último, estas casas funcionan como redes de apoyo solidario entre personas LGBT.
Vogue es un tipo de danza urbana nacida en los barrios negros y latinos del Nueva York de los años 60 del siglo xx. Originalmente, fue impulsado por mujeres trans y hombres gays que llevaban a cabo Ballrooms o competencias de baile inspiradas en las pasarelas de modelaje y que, con el tiempo, dieron lugar a diversos estilos conocidos hoy en día como old way, new way y femme.1 En la Ciudad de México, hay actualmente seis casas: House of Machos, House of Apocalipstick, House of Drag, House of Shiva, House of Queens y House of Mamis.
Por su parte, el drag es otra manifestación cultural en la cual hombres o mujeres, aunque generalmente lo hacen hombres gay cisgénero, se travisten y emulan formas exaltadas de feminidad o masculinidad con objetivos que abarcan desde la parodia, la comedia, el entretenimiento o diversas variedades de performance. Hoy en día en la Ciudad de México se vive una ola de entusiasmo en torno al drag, quizás por el éxito mundial del programa RuPaul’s Drag Race y por la multiplicación de espacios en la propia ciudad en los cuales encontramos muy diversas variedades de drag.
Por todo lo anterior, nos ha parecido importante incluir un testimonio de cómo las sexualidades se engarzan con dinámicas de construcción de subculturas en las cuales el cuerpo, el deseo y la identidad se entremezclan en la generación de formas artísticas que evidencia la complejidad antropológica de las variantes sexogenéricas.
Bryan, primero que nada, muchas gracias por aceptar la entrevista. Nuestra intención es conocer un poco más acerca de las experiencias de una persona que participa tanto de la escena vogue como de la escena drag. En relación con esto último, tengo entendido que realizas drag y que te haces llamar La Zebra o Zebra DragQueen. ¿Dirías tú que La Zebra es un alter ego, un personaje o es simplemente otra parte de ti?, ¿cómo describirías a Zebra?
Zebra es definitivamente otra parte de mí. No es ni un alter ego ni un personaje. Zebra soy yo aunque es un “yo” que solo sale en algunas ocasiones. No siempre sale a relucir.
¿A través de Zebra expresas aspectos de tu sexualidad que no expresas como Bryan?
Sí. La feminidad, por ejemplo, es algo que comencé expresando a través de Zebra aunque ahora ya la muestro más como Bryan. También eso que podríamos llamar “la perrez”,2 sin que sea por debajo del agua, es decir, sin que sea hipocresía. Con Zebra me muestro más, digo las cosas. Con Bryan me reservo más que con Zebra.
¿Sientes que a través de Zebra logras una autoestima más sólida o te sientes más seguro y encuentras formas de expresarte más amplias y versátiles?
Sí, mucho.
Cuéntanos por favor quién es Zebra en la escena drag mexicana y también en la escena vogue.
Zebra inició como un personaje drag, pretendía ser un personaje drag y terminó por ser… pues yo. En el vogue me conocen así, vaya o no en drag, y también esto ocurre en la escena drag pues incluso si no voy en drag me dicen Zebra. En la escena drag suelo dar shows y la gente me ubica porque participé en un concurso de drag. Y puedo decir que Zebra y House of Drag lograron inaugurar un lazo, una relación entre el drag y el vogue en México y creo que esto ha sido importante porque ha hecho crecer la escena vogue ya que mediante el drag exploramos nuestra feminidad y el bailar ayuda porque el drag sirve como un referente o como un ejercicio en el que previamente ya exploraste esa feminidad.
Para ti, qué significan el vogue y el drag, no tanto como performance o danza sino como un espacio de encuentro para la comunidad LGBT.
Quizás podríamos decir que es un espacio de validación o uno para tomar fuerzas. Un espacio en el que puedes evitar el ser juzgado incluso si dentro de un Ballroom te expones justo a eso, a un juicio sobre tu desempeño, pero este juicio no es sobre ti. Aquí, más que danza, encuentro amigos, fuerza, poder, seguridad y menos timidez. Y con el drag pasa algo similar, le tengo menos miedo a mi feminidad, al escenario. Allí también encontré compañerismo y muy buenos amigos.
Cuéntanos cómo es que llega Bryan tanto al vogue como al drag.
Al vogue llegué gracias a Any Funk, madre de House of Machos. Any fue mi maestro y con él tomé clases sobre vogue y de allí comencé y fui investigando cada vez más. Y al drag llego gracias a Mika Ehla y por Sebastián, la Sabritosca,3 ellos dos, en especial por Mika Ehla, pues ellos ya hacían drag. En el caso de Mika era casi una necesidad travestirse, algo que a mí, al principio, me costaba mucho trabajo. Una vez intentaron draguearme, y al sentir el pegamento para ocultar la ceja sentí horrible y dije que no, que sentía horrible tener cosas en la cara. Pero cuando ves el resultado te sorprendes. Así conocí a Zebra y eso me gustó, me gustó esa sensación de seguridad, de lo bien que me veía.
¿Sientes que, al comienzo, te detenía un miedo a explorar otras variantes de tu identidad o de tu sexualidad?
Quizás más que un miedo a explorar, lo que tenía era un miedo al juicio, a mi familia y lo que pudiera pensar. Lo que pudiera pensar la gente en la calle. Y es que, desde que tengo memoria, yo siempre bailé de forma muy femenina y nunca le tuve miedo a eso. Aunque quizás sí, al principio, ya que en algunos estudios de danza me decían que no podía bailar así, que ese estilo no funcionaba, que no se podía vender. Por ejemplo, en shows de quinceañeras tienes que gustarle a la quinceañera y eso requiere que seas más masculino. Y yo siempre fui femenino. Entonces no es que tuviera miedo de mi feminidad sino de que me criticaran y de que pudieran decir algo sobre mí.
Dices que actualmente eres madre de House of Drag. Cuéntanos cómo nace y qué significa para ti.
House of Drag es mi vida, mi sueño, lo que quiero hacer. Y nació porque unos amigos y yo nos juntamos, Mika, Sebastián, Emilio y, posteriormente, Begonia. Nace porque nos damos cuenta de que tenemos cosas en común, de que podemos crecer juntos. Vimos, en algún punto Paris is burning y esto fue un referente. Empezamos a relacionar el drag y el vogue en parte porque Mika y otros integrantes ya hacían drag, y gracias a esto y al vogue pudimos empezar a explorar nuestra feminidad. Travestirnos fue una forma de descifrar al vogue, así aprendimos a sentirlo, eso nos dio una manera de sentirlo más allá de las coreografías o de los pasos. Pero así descubrimos nuestra feminidad, aprendimos a movernos, a saber qué hacer cuando estás en el tacón o comprender por qué te tocas de cierta manera o por qué tus manos se mueven de cierta forma.
¿Dirías que el vogue y el drag han cambiado tanto la forma en la que te sientes deseado como la forma en la que deseas?
Esta es una pregunta complicada porque mi gusto sexual suele asociarse a la masculinidad, a la masculinidad del otro y en el otro. Pero, tras entrar al vogue y al drag, llego a tener dudas, temo que yo no les guste. Mi cuerpo ha cambiado, la forma en que me paro, la forma en que camino, quiera yo o no, es ahora diferente. Hablo diferente. Y todo eso me ha llevado a desear de una forma diferente. Ya no busco sólo machos, hombres muy varoniles, porque sé que puede que ya no funcione. No tanto porque no les guste sino porque ya no me gusta cómo piensan, qué dicen, cómo se comportan, cómo me quieren someter. Ahora me gusta la gente que no le tiene miedo a su feminidad pero no dejo de disfrutar ser el femenino de la relación, el pasivo, aunque ahora, insisto, me gusta la gente que no le tiene miedo a ser femenino y que tampoco busca someterme.
Hay gente que ha criticado al drag por misógino, consideran que parodia a las mujeres. Por otro lado, hay quienes consideran que es un ejercicio político. Tú qué le dirías a aquellas personas que creen que el drag es misógino. ¿Reivindicas que este es político?
Sí, sin duda reivindico esto último. No creo que el drag sea misógino. Resalta con orgullo las expresiones femeninas. Lo hace con respeto. Las ve como un arte que no es fácil de lograr. Aunque sí reconozco que muchas expresiones de feminidad que emulamos pueden ser el resultado de que a las mujeres cis se les obliga a expresarlas. Y creo que eso mismo pasa también con mujeres trans, mujeres que, por ejemplo, trabajan en un salón de belleza y son obligadas a usar tacones e ir a trabajar con cierto estilo. Reconocemos cómo se imponen muchas de estas normas y cómo dificultan la vida de las mujeres. No es misoginia, al contrario, es hacer ver la forma en la cual la feminidad es un performance. En el drag puedes tomar una posición femenina. Es difícil hacer esto. Buscamos el respeto, no tanto la aceptación, sino el respeto por parte de otros. Y siempre es difícil obtener esto.
Hace rato mencionabas cómo fuiste descubriendo el vogue, cómo llegaste a él, la importancia que ha tenido en tu vida. Qué tendrías que decir del hecho de que el vogue, en tanto subcultura, comenzó siendo parte de periferias culturales y hoy se ha vuelto muy popular, se ha vuelto mainstream. Parece volverse incluso un producto de consumo de clases medias, clases medias que no necesariamente son LGBT.
El vogue es para todos, está abierto para todos. Nuestra lucha seguirá siendo bailar, seguir bailando. Admito que es complicado. Nace en ese contexto y hoy se le toma como un producto que se vende como si fuera un show, vaciándolo de su historia, dejando de lado sus orígenes en las vidas de chicos precarizados. Así lo descubrimos en House of Drag y, desde luego, no digo que nosotros lo hayamos inventado sino que llegó a nosotros siendo eso, un baile y una experiencia de personas precarizadas. Personas que, por ejemplo, se travestían juntas en la noche y buscaban -buscábamos- formas de contestar las agresiones con gestos, con actos, que no nos pusieran en riesgo. Quizás al mover el cabello o movernos de cierta forma. Pero buscábamos contestar esas agresiones que vivíamos al ser gays y travestis. Y recordar eso es importante. Pero el vogue no es de nadie, quien quiera practicarlo puede hacerlo sin pedir aprobación de nadie.

¿Sientes que las redes que se construyen en el vogue y en el drag sirven para combatir o mitigar la violencia que sufren los chicos gays o, en general, las personas que se travisten?
Sí, sin duda. Te da la sensación de estar con tus iguales, en un espacio donde hay otros como tú. En el cual puedes encajar. En ese sentido sí hay una red de apoyo, una red de apoyo muy fuerte. No quiero hablar de aceptación. Quizás quiero hablar de visibilidad, de que la gente nos vea diferente, que cuando nos vea no nos vea mal, no nos juzgue. Que aprenda a ver que estamos allí y que eso se vuelva simplemente cotidiano.










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