Introducción
La protección de los derechos de los pueblos indígenas de México, en particular, a la libre autodeterminación, al territorio y al desarrollo, demanda abordajes teóricos metodológicos que logren identificar la especificidad de su problemática, de su agenda política contemporánea y, sobretodo, que visibilicen sus contribuciones en materia de seguridad alimentaria, hídrica y climática. En este sentido, la perspectiva biocultural ha sido reconocida por su capacidad de observar el complejo de cosmología, lengua, saberes y biodiversidad en el contexto contemporáneo de estas comunidades. Cabe señalar que la perspectiva biocultural ya es parte de la Constitución Política de México (Art. 4º), fue reconocida en el Plan Nacional de Desarrollo 20192024, lo que derivó en programas sectoriales y modificaciones legislativas. Importa señalar, que fue reconocida en los planes de justicia de los pueblos indígenas (INPI, 2024a; INPI, 2024b; INPI, 2024c).
Simultáneamente, se sigue documentando la relevancia de los humedales en el ciclo hidrológico, en la vitalidad de los ecosistemas, y su importancia para la economía y la seguridad climática (Ramsar, 2025). Asimismo, cada vez adquiere mayor importancia el rol que de los pueblos indígenas en la conservación de estos ecosistemas por lo que, en algunos casos, se habla de regiones de alta densidad biocultural (Luque y Ortiz-Espejel, 2019). Sin embargo, las comunidades, presentan rezagos graves de desarrollo y de marginación política, por lo que se requiere de propuestas de política pública con alto grado de especificidad (Luque y Ortiz-Espejel, 2019). México ya cuenta con iniciativas de política pública territorial denominada biocultural como el Corredor Biocultural del Centro Occidente de México, la Junta Intermunicipal Biocultural del Puuc entre otros (Bezaury-Creel, et al., 2023), que han tenido el apoyo científico de múltiples grupos de investigación intercultural e interdisciplinaria (Boege, 2024).
El Corredor Biocultural Estuarino de Sonora y Norte de Sinaloa (CBESS)1 integra seis complejos de humedales costeros con bosque de manglar, certificados como Sitios Ramsar. De los cuales cuatro son parte de los territorios de tres pueblos indígenas. El CBESS se propone como una alianza de distintos actores sociales, con el objetivo de elaborar una propuesta de política pública para el bienestar comunitario y la resiliencia climática. Ello implica un enfoque que reconozca las voces de los pueblos indígenas como sujetos de derecho, con el fin de entablar relaciones interculturales horizontales, con suficiente agencia para definir su propia agenda política (Pérez y Argueta, 2019).
El CBESS tiene como marco epistémico “Hant iti hayai quiij hapéte quih cmis”, que expresa las relaciones de parentesco y continuidad de sociedad y naturaleza. Está escrito en cmique iitom, la lenga materna de los comcaac (seri). Esta es la gran contribución de los pueblos indígenas del CBESS. Por ello, la pregunta de investigación es ¿Cuál es la percepción comunitaria sobre su problemática socioambiental en los territorios indígenas asociados al CBESS y cuáles son las propuestas desde su propia agenda, para generar una política pública?
El texto está organizado en seis apartados. En el primero, se expone el abordaje elaborado desde la ecología política y la biocultura y las propuestas del bienestar comunitario. El segundo, presenta los componentes socio-ambientales del Corredor Biocultural Estuarino de Sonora y norte de Sinaloa (CBESS); avanza sobre los antecedentes analíticos de los tres pueblos indígenas en estudio. En el tercer apartado, se presenta el método de investigación. En el cuarto, se exponen y discuten los resultados, para en el quinto, describir las propuestas preliminares de política pública del CBESS. Por último, se concluye que las comunidades en estudio perciben de manera favorable, una organización en Corredor como política de bienestar comunitario y de resiliencia climática, pero que debe ser tratada multisectorialmente y fundarse en el pleno respeto a los derechos de los pueblos indígenas.
Biocultura, ecología política y bienestar comunitario
La perspectiva biocultural se funda en el reconocimiento de la naturaleza como construcción social (Descola, 2012). Integra, conceptualmente, dimensiones de diversas matrices disciplinarias, como los estudios de la diversidad biológica y ecosistémica, y cómo son interpretadas y aprovechadas por gran variedad de comunidades, a través de sus cosmologías, lenguas, saberes y prácticas. En su conjunto, han sido denominados etnocienicas (Pérez y Argueta, 2019). Por ello, se reconoce el complejo de relaciones entre la diversidad biológica, la cultural y la lingüística, del cual se deriva el concepto de diversidad biocultural. Es decir, reconoce la gran variedad de modos de relación sociedad-naturaleza (Boege, 2021; Maffi y Woodley, 2012).
La perspectiva biocultural se centra, principalmente, en los pueblos indígenas y comunidades equiparables, ya que relativamente, el período de conformación del complejo biocultural es centenario y en algunos casos, el legado es milenario (Boege, 2008; Toledo y Barrera, 2008). De gran relevancia es la mediación lingüística, que le da vida a la singularidad cosmológica, la cual difiere sustancialmente del modelo civilizatorio hegemónico, industrial-capitalista (Descola, 2012). Importa señalar, que la biocultura emerge dentro del campo de reflexión de la crisis ambiental y climática (Maffi y Woodley, 2012).
En este sentido, se ha documentado que los territorios indígenas concentran biodiversidad y agro-biodiversidad, así como procesos críticos para el funcionamiento de los ecosistemas. Son reservorios fitogenéticos también y su estado de conservación es relativamente mejor que las zonas aledañas (Boege, 2008; Maffi y Woodley, 2012). La explicación a este fenómeno se atribuye a la singularidad del complejo que conforman, la cosmología, lenguas, saberes y prácticas (Luque y Robles, 2023). Sin embargo, también se ha relacionado con los altos grados de marginación y discriminación que padecen los pueblos indígenas de México (Luque et al., 2016).
Por ello, la enfoque de la ecología política adquiere relevancia, ya que se requiere identificar los procesos políticos y económicos que inciden en los complejos bioculturales, con la finalidad de garantizar la protección de los derechos humanos de los pueblos indígenas y a la vez, fortalecer la resiliencia climática, lo que otorga mayor complejidad y especificidad a la noción del bienestar comunitario.
El Corredor Biocultural Estuarino de Sonora y Norte de Sinaloa (CBESS)
El Corredor Biocultural Estuarino de Sonora y Norte de Sinaloa está compuesto por seis humedales costeros con bosque de manglar certificados como Sitios Ramsar (Ramsar, 1971) (ver Figura 1 y Cuadro 1 en Anexo). De norte a sur, se denominan: 1. Canal del Infiernillo (territorio seri), 2. Lagunas de la Cruz, 3. Estero del Soldado, 4. Gúasimas-Bahía de Lobos (territorio yaqui), 5. Yavaros-Moroncarit (territorio mayo) y 6. Agiabampo-Bacorehuis (territorio mayo). Importa señalar, que los humedales del CBSS están conectados, en términos de infraestructura, de hidrología, economía y cultura, con seis distritos de riego2: Costa de Hermosillo (DR 051), Guaymas (DR 084), Colonias Yaquis (DR 018), Valle del Río Yaqui (DR 041), Valle del Río Mayo (DR 038) y Valle del Carrizo (DR 076) (Conagua-SINA, 2025).

Fuente: elaboración propia.3
Figura 1 Mapa del Corredor Biocultural Estuarino de Sonora y Norte de Sinaloa (CBESS).
Los componentes socioambientales del CBESS abarcan ocho municipios en el estado de Sonora y uno, al norte de Sinaloa. En la zona costera se ubican un total de 23 localidades en Sonora y 14 en Sinaloa. La mayoría cuenta con poca población y se pueden considerar rurales, habitadas por un total de 40,551 personas (INEGI, 2020). En la zona se encuentran múltiples islas e islotes, que son parte del Área de Protección de Flora y Fauna Islas del Golfo de California (CONANP, 2023).
El CBESS es una propuesta de bienestar comunitario para los pobladores que habitan la región costera del centro y sur de Sonora y una pequeña parte de la costa norte del estado de Sinaloa. Se basa en las propuestas de política de bienestar para pueblos indígenas y comunidades equiparables en regiones de alta densidad biocultural (Luque y Ortiz-Espejel, 2019; INPI, 2024a; INPI, 2024b; INPI, 2024c). En el contexto regional, rescata lo que significa la presencia indígena para el Golfo de California ya que es el único sector social que reconoce a sus humedales costeros como parte de su territorialidad sagrada y que, además, desde su legado biocultural, contribuye con una ética para el cuidado de la biodiversidad en el Golfo de California (Luque y Gómez, 2007).
Importa señalar que el estado de Sonora presenta el clima del Desierto de Sonora, con temperaturas extremas de 40-50 °C durante seis meses y con muy escasa precipitación pluvial, lo cual tiende a incrementarse debido al cambio climático (WMO, 2024). Los humedales del CBESS, son conocidos como esteros y bahías, por la población local. Son zonas de importancia en el ciclo hidrológico ya que presentan vegetación que contribuye a los procesos de filtración del agua (Ramsar, 2005). Asimismo, concentran biodiversidad, conforman habitats estratégicos para especies migratorias, como aves, peces y tortugas marinas (Spalding y Leal, 2024). Los bosques de manglar, conforman barreras protectoras contra huracanes y finalmente, regulan el clima, creando condiciones de humedad y de temperatura favorables para la sobrevivencia de los ecosistemas y de las economías locales (Ten Brik et al., 2013; Díaz et al., 2019).
La principal característica de los complejos de humedales del CBESS, es que son lagunas someras inundadas por agua del mar, lo que genera, ecosistemas singulares, por su temperatura, pocas corrientes, presencia de nutrientes y de difícil acceso a predadores de gran tamaño, por lo que son ambientes que propician el desove y el crecimiento de larvas de innumerables especies marinas. Por ello, el Consejo de Ancianos Comcaac (seri) los consideran como los “cuneros del mar”. En zonas de mayor profundidad pueden florecer pastos, algas marinas y arrecifes. Es decir, los seis esteros que componen el CBESS están conectados bioculturalmente, por ello se habla de la existencia de un corredor. Se consideran ecosistemas de gran relevancia para la alimentación y economía de las comunidades locales (Díaz et al., 2019), y que contribuye, también, a la economía nacional. Por último, son ecosistemas fundamentales para mitigar la crisis climática por su alta capacidad para secuestrar gases de efecto invernadero y de almacenar carbono orgánico (Ramsar, 2025; Herrera-Silveira et al., 2020).
El legado biocultural de los pueblos indígenas seri, yaqui y mayo, ha sido ampliamente documentado (Felger y Moser, 1985; Nabhan, 2003; Haro, 2008; Yetman y Van Denver, 2002; Wilder, O'meara, Monti y Nabhan, 2016; Luque y Robles, 2023). A pesar de que los pueblos pertenecen a distintas familias lingüísticas, comparten la singularidad de sus cosmologías que reconocen relaciones de parentesco en los componentes de su territorio. La problemática socioambiental de las comunidades del CBESS es variada, como se verá a lo largo de este texto. Sin embargo, comparten ciertas características de su legado biocultural, que derivan en un relativo mejor estado de conservación de sus respectivos esteros (Luque, et al. 2024).
Pueblo indígena comcaac (seri)
Los comcaac, mejor conocidos como seris, habitan la zona costera e insular del centro del Golfo de California y del Desierto de Sonora, desde hace al menos 2000 años (Bowen, 1976). Se caracterizaron por un modo de vida transhumante con una organización socio-territorial de pequeños grupos ligados por el parentesco. La trashumancia se orientaba por su cosmología, por su organización socio-territorial y por los ciclos de la pesca, caza, recolección y del agua; así como por su relación con los demás pueblos de la región. Su lengua materna, el cmique iitom se considera una familia lingüística por sí sola y aún está viva. Su población y su territorio se redujeron drásticamente por efectos de la colonización europea y por la política de exterminio del gobierno mexicano en el siglo XIX. Para principios del siglo XX quedaban únicamente cien habitantes que se refugiaron en la Isla Tiburón. La trashumancia empezó a ser sustituida paulatinamente, desde mediados del siglo XX, por una organización sedentaria basada en la pesca ribereña comercial.
Actualmente su población alcanza alrededor de 1,100 personas. Su territorio se conforma por dos núcleos agrarios, Bienes comunales Isla Tiburón (118,951.73 ha) y el Ejido de Desemboque y su anexo Punta Chueca (86,935 ha) dentro de los municipios de Pitiquito y Hermosillo, en el estado de Sonora. Habitan en dos localidades costeras dentro del Sitio Ramsar Canal del Infiernillo y esteros del territorio comcaac (Figura 1 y Cuadro 1). El gobierno tradicional se conforma por los representantes de ambos núcleos agrarios, siendo el gobernador, el de la Isla Tiburón. El Consejo de Ancianos, de origen antiguo, es una institución de gran peso que constantemente interviene en la política comunitaria. El Canal del Infiernillo (70,000 ha) es una zona marina que se encuentra entre estos dos núcleos agrarios y está reconocido por decreto presidencial como Zona de Exclusividad Pesquera. Se compone de nueve esteros, cuatro en el litoral de la Isla y cinco en el continente. También prosperan pastos marinos y zonas con arrecifes (Ramsar, 2025). Mientras que la Isla es parte del Área de Protección de Flora y Fauna Islas del Golfo de California (Morales, 2009; Conanp-SIMEC, 2025).
La subsistencia actual está relacionada con su legado biocultural, ya que sigue ocurriendo en su territorio, la lengua materna sigue viva, aún se organizan por grupos familiares y se dedican principalmente a la pesca, a las artesanías del mar y del desierto, a la cacería cinegética y recientemente, al ecoturismo. Cabe señalar que su singularidad biocultural es única en el mundo (Nabham, 2003, Felger y Moser, 1985, Moser-Marlett, 2014; Narchi et al., 2015; Luque y Robles, 2023). El Canal del Infiernillo continúa siendo la principal fuente de la subsistencia comunitaria, de ingresos y de alimentación, ya que de ahí extraen la pesca comercial de la que derivan parte de su alimentación. Sin embargo, es una comunidad con una fuerte problemática de rezago en los temas de desarrollo los cuales fueron expuestos en su Plan de Justicia, en el que el tema del agua se identificó como su principal problema (INPI, 2024a).
Pueblo indígena yoeme (yaqui)
El pueblo yoeme, conocido como yaqui, habita los valles costeros del delta del Río Yaqui, desde tiempos prehispánicos. Pertenecen a la agrupación lingüística taracahita de la gran familia yutonahua, herederos de un asombroso legado biocultural (Moctezuma y López, 1991; Luque et al., 2016). A la llegada de los colonizadores europeos fueron descritos como agricultores, cazadores y pescadores, con una organización territorial semisedentaria en un formato de rancherías (Doolittle, 2015). Su organización política militar les valió para la defensa de su pueblo y territorio, que, sin embargo, también fueron reducidos dramáticamente (Padilla, 1995). Fueron evangelizados por los jesuitas, lo que marcó su subsistencia y su organización territorial en ocho pueblos: Belen, Huiviris, Rahum, Vicam, Potam, Torim, Bacum y Cocorit. Estos pueblos conforman su organización territorial contemporánea, sólo que las cabeceras de los dos últimos, fueron sustituidas por Loma de Bacum y Loma de Guamuchil, ya que las anteriores quedaron fuera del territorio agrario que les fue restituido. Este se ubica en parte de cinco municipios de Sonora: Guaymas, Empalme, Cajeme, Bacum y San Ignacio Río Muerto (Cuadro 1, Anexo). Se estima que su población actual es de aproximadamente 45 000 personas, bajo el criterio de autoadscripción (INEGI, 2020). Su territorio agrario abarca 456 000 ha, en formato de bienes comunales, ubicadas en el margen izquierdo del río Yaqui. Nunca aceptaron del todo el formato agrario, por ejemplo, su gobierno tradicional se base en los ocho pueblos, con una estructura religiosa y militar que sigue vigente.
El territorio agrario fue restituido en el año 1937 cuando se construyó la Presa Lázaro Cárdenas en la subcuenca superior del río, con la intención de derivar agua para el Distrito de Riego del Valle del Yaqui (041) uno de los más grandes y tecnificados de México, ubicado al margen derecho del río (Figura 1). Asimismo, les fue dotado la mitad del agua almacenada en esta presa, con la promesa de irrigar su propio distrito de riego Colonias del Yaqui (018) con 22 000 hectáreas dentro de su núcleo agrario, que debido al Plan de Justicia se amplió a 126,259 hectáreas, que se prevé irrigarán 61,223 hectáreas (INPI, 2024b).
El límite entre el territorio agrario yaqui y el Distrito de Riego del Río Yaqui (041) es el dren agrícola que desemboca en Bahía de Lobos, que es un humedal costero con bosque de manglar, certificado como Sitio Ramsar (Figura 1, Cuadro 1). Son cuatro las localidades yaquis costeras relacionadas con Bahía de Lobos. Cabe señalar que el Sitio Ramsar Guásimas-Bahía de Lobos abarca otras localidades del Municipio de San Ignacio Río Muerto que no se consideran yaquis. Isla Lobos, que le da forma a la bahía, está reconocida como Área de Protección de Flora y Fauna Islas del Golfo de California (Carrera, 2007; Conanp, 2023; Conanp-SIMEC, 2025). Aun cuando cierto porcentaje de la población yaqui ha emigrado, incluso a Estados Unidos, la gran mayoría sigue en su territorio en pequeños poblados a lo largo de la cuenca baja del río Yaqui.
El pueblo yaqui ha diversificado sus actividades productivas. Muchas familias trabajan de jornaleros en su Distrito de Riego Colonias del Yaqui (018) ya que sus parcelas las tienen rentadas casi en su totalidad a productores del Valle del Río Yaqui, en el cual, también son jornaleros. Su presencia en el sector secundario, construcción y maquiles, así como en el terciario es cada vez más evidente. La pesca continúa siendo una actividad importante, tanto como trabajadores de la industria, como en la pesca ribereña en Bahía de Lobos. Sin embargo, aún reportan graves niveles de pobreza y la problemática del agua se ha convertido en una lucha permanente.
El sistema de presas de la cuenca del río yaqui, va derivando el agua superficial para usos industriales y domésticos, pero sobretodo, para el Distrito del Valle del Yaqui. Así, dentro del territorio yaqui, el río prácticamente ya no lleva agua superficial y la poca que hay está contaminada. Bahía de Lobos se considera parte de la infraestructura de los Distritos de Riego 018 y 041, ya que sus drenes desembocan ahí. Asimismo, la calidad del agua va en deterioro, debido a las descargas municipales, industriales y sobretodo de la agroindustria del Valle del Yaqui. Este fue un tema prioritario en el Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui (2024) que se espera se resuelva con la construcción del Acueducto Yaqui. El tema de la seguridad pública es principal también, pues su territorio es ruta del crimen organizado, lo cual genera un ambiente de violencia estructural y en desapariciones sin precedente (Lerma, 2014; Lerma, 2021).
Pueblo indígena yoreme (mayo)
El pueblo yoreme, conocido como mayo, está altamente vinculado con el yaqui, en términos históricos, lingüísticos y culturales. Su territorio se ubica en la cuenca baja de los valles costeros del río Mayo y del río Fuerte, en Sonora y Sinaloa, respectivamente (Figura 1). Su lengua materna es similar a la yaqui, pero se considera otra variante de la agrupación taracahita. La influencia de la presencia de los jesuitas, durante el periodo colonial, transformó la organización política en ocho pueblos, a lo largo de la cuenca baja del Río Mayo: Conicarit, Navojoa, San Pedro, San Ignacio Cohuirimpo, Camoa, Tesia, Etchojoa y el Júpare.
Cada pueblo contaba con sus propias autoridades y jurisdicción territorial con múltiples rancherías. Acostumbraban la agricultura en pequeña escala, tipo milpa (maíz, calabaza y frijol) en las riberas del Río Mayo, así como la cacería, recolección y pesca en la Bahía Yavaros y el estero Moroncarit, hoy certificados como Sitio Ramsar (Villa, 2011).
El legado biocultural documentado es muy complejo (Gentry, 1942; German, 1987; Luque et al., 2016), en el que la centralidad del Río Mayo en su cosmología, sigue viva. Esto, a pesar de que lleva más de diez años casi sin agua superficial, debido a que se almacena en las presas Pilares y Mocuzarit, como parte de la infraestructura del Distrito de riego del Valle del Río Mayo (038) (120,000 ha), así como de la minería y de los centros de población. Actualmente, la población mayo se estima en 70,000 personas, aproximadamente, que siguen en Sonora (INEGI, 2020) con clara tendencia hacia la vida urbana.
El territorio agrario actual está compuesto por cerca de 90 núcleos, en los que la proporción de beneficiarios que se reconocen de la comunidad mayo, varía. Por ejemplo, aquellos ejidos que están dentro del distrito de riego, la proporción mayo es menor (40 %) que en aquellos que están fuera (90 %). Se estima que el territorio agrario suma 265,458 ha (Luque et al. 2016). Similar al caso yaqui, casi la totalidad de las parcelas ejidales están rentadas a los grandes agricultores del distrito, trabajando como jornaleros algunos de ellos (Rivera, Luque, Murphy y Jones, 2023; Torregrosa y Salgado, 2021). Así, los rezagos en materia de desarrollo, son evidentes, como quedó expuesto en su Plan de Justicia (INPI, 2024c).
Debido a la fragmentación del territorio agrario de los mayos, los Sitios Ramsar YavarosMoroncarit y Agiabampo-Bacorehuis, no están claramente reconocidos como parte de su territorio, como sucede en los casos seri y yaqui. Sin embargo, la pesca sí es una actividad importante para esta comunidad, sobretodo, en las localidades cercanas a la costa.
El estero Yavaros-Moroncarit, se puede decir que es parte de la infraestructura del Distrito de Riego del Río Mayo (038), ya que ahí descargan varios drenes agrícolas que también van sumando aguas residuales de centros urbanos y de pequeños poblados (González-Rivas et al., 2020). Se estiman 23 localidades costeras relacionadas con estos dos Sitios Ramsar con población de origen mayo, aunque la proporción con población mestiza y blanca varía de localidad a localidad. Esta investigación se enfocó en aquellas que corresponden a Yavaros-Moroncarit.
Metodología
El presente estudio es de diseño mixto, mayormente cualitativo y cuantitativo en menor medida (Creswell y Plano, 2018). La investigación es parte de un proyecto interdisciplinario e intercultural (ver pie de página de agradecimientos al principio del documento) y fue presentado ante las autoridades y las comunidades, en múltiples ocasiones. Para los objetivos presentes, lo que se pretende es escuchar las voces de las tres comunidades en estudio (seri, yaqui y mayo) en un formato estandarizado que permita la sistematización de la información recabada y poderla transmitir en el formato que requiere la planeación de las instituciones públicas (Pérez y Argueta, 2019). Por ello, se recurre a los estudios de percepción como parte de la Investigación Social Comunitaria, sistematizada mediante entrevistas semiestructuradas para su procesamiento estadístico (Canales, 2006).
Se diseñó el instrumento con preguntas abiertas y de opción múltiple: “Percepción de la Problemática de los Sitios Ramsar del Corredor Biocultural Estuarino de los territorios indígenas seri, yaqui y mayo”. Compuesto por 12 apartados: 1. Datos de identificación de la entrevista (ID); 2. Demografía (SD); 3. Ocupación (OC); 4. Etnicidad (ET); 5. Economía (E); 6. Seguridad Alimentaria (SA), 7. Seguridad Hídrica (SH); 8. Seguridad Energética (SE); 9. Seguridad Climática (SC); 10. Actividades productivas en los esteros; 11. Condiciones del estero (CE); 12. Manejo del Corredor Biocultural Estuarino (CB).
Previo al trabajo de campo, se tuvieron diálogos con autoridades de las tres comunidades, quienes no sólo dieron el aval, sino que también se sumaron al trabajo. Para su aplicación, se conformaron grupos de investigación intercultural, con académicos y personas que viven en las localidades en estudio, lo cual permitió, que se utilizara la lengua materna si era necesario, ya que la mayoría hablan el español. La entrevista fue anónima y se levantó de manera presencial, durante el día, siguiendo estrictos protocolos de seguridad, pública, sanitaria y climática. La selección de las y los entrevistados fue por conveniencia (Canales, 2006).
La recolección de información se realizó en el periodo de octubre y noviembre de 2023. Se levantaron 180 entrevistas, 60 por cada estero, distribuidas en 11 localidades (Cuadro 2, Anexo). Este tamaño de muestra permite para realizar inferencias estadísticas (Echevarría, 2019). Los datos recabados fueron sistematizados en archivos Excel y posteriormente se realizaron gráficos de estadística descriptiva, sin intención de generalizar. En las preguntas abiertas, se seleccionaron los comentarios más representativos de la realidad compartida sobre la comprensión de la problemática socio-ambiental y de las propuestas sobre bienestar.
Se entrevistaron personas con edades entre los 18 y los 80 años, que, en promedio, 45%, fueron mujeres y 55% de hombres; en el caso seri, 63% fueron mujeres. Su nivel educativo promedio, es relativamente bajo, ya que sólo el 33% completó la secundaria y únicamente el 6% logró concluir sus estudios universitarios.
Aún cuando en algunas de las localidades en estudio, ya cuentan con población mestiza, las personas entrevistadas mostraron una alta proporción de adscripción indígena, según el criterio de HPI (Hogares con población indígena): seris (92%), yaquis (77%) y mayos (68%). En estas comunidades, la ocupación de los hombres es mayoritariamente la pesca en sus respectivos esteros, ya sea de baja escala y/o ribereña, o trabajan para compañías de pesca industrial. Las artesanías son la 2ª actividad productiva, pero la realizan, generalmente, las mujeres, y le siguen, pequeños negocios de venta de alimentos, que prosperan principalmente en Yavaros, en temporadas vacacionales o de fin de semana.
Resultados
Economía y seguridad alimentaria
En las tres comunidades indígenas del CBESS las personas entrevistadas perciben carencias económicas asociadas a bajos ingresos, así como insuficiencia de alimentos disponibles. De las personas entrevistadas, en la comunidad seri (76 %), la comunidad mayo (67 %) y la comunidad yaqui (42 %), afirman que “el ingreso no es suficiente para cubrir sus necesidades básicas” (Gráfica 1). A pesar de que más del 65 % de los entrevistados reciben apoyos del gobierno, señalan que no les beneficia lo suficiente, ya que: “antes todo era más barato”, y que, además, “la pesca ahora es baja” que era de donde antes se alimentaban. Los yaquis presentaron relativas mejores condiciones pero que no tienen estabilidad, “porque otros trabajan en plantas como maquiladores, o en el campo, pero nosotros, los pescadores a veces hay y a veces no” (Pescadora, Guásimas, 2023).
En los tres casos, la seguridad alimentaria, tanto en cantidad como en calidad, depende de la productividad del estero, de que cuenten con el equipo adecuado para su aprovechamiento, y de la dinámica del mercado. Por ejemplo, los seris se han especializado en la pesca comercial del callo de hacha y de la jaiba, mientras que yaquis y mayos, están orientados al camarón que extraen en sus respectivas bahías. La obtención de pescado y mariscos para autoconsumo, se encuentra en conflicto debido a un aumento de competidores y al precio del producto. Los seris, a pesar de tener exclusividad pesquera en El Canal del Infiernillo, constantemente permiten que entren pescadores externos, ya que muchas veces, se les dificulta salir a pescar. Sin embargo, los externos, incrementan la presión sobre los recursos pesqueros (Basurto, 2005; Cinner et al., 2012). Además, por el bajo volumen del producto que venden, y la presión de múltiples gastos familiares, ellos reservan muy poco para el autoconsumo.
Las transformaciones en la dieta de estas comunidades, en los últimos cincuenta años, señalaba que una disminución de alimentos provenientes del territorio, es decir, el autoconsumo, por lo que se incrementaba la proporción que tenían que comprar, y también reportaron una tendencia en el aumento de carbohidratos en relación al consumo de proteína de especies que aprovechaban del territorio, cuyo descenso fue asociado a la problemática ambiental (Luque et al. 2016).
Antes había muchos alimentos del mar, ahora solo traemos para entregar y poder mantener a la familia (Pescador, Bahía de Lobos, 2023).
Las personas de la comunidad carecen de comida porque no tienen un trabajo fijo y luego todo es muy caro (Promotora INPI, Punta Chueca, 2023).
El desplazamiento de la dieta tradicional ha derivado en una problemática de malnutrición (Narchi, Marlett, y Hernández-Santana, 2020; Robles-Ordaz, 2018), con alarmantes índices de obesidad y diabetes, tanto en adultos (Castro-Juárez et al., 2020; Serna-Gutiérrez et al., 2022; Robles-Ordaz et al., 2018) como en niños (Dórame-López et al., 2024), lo cual genera múltiples gastos en medicamentos y discapacidad laboral. Por ello, ahora reportan que la alimentación de antes era de mejor calidad, lo cual no significa que era suficiente (Gráfica 1).
En las comunidades yaqui y mayo, la agricultura familiar está cada vez más ausente debido a variedad de factores, como el que la mano de obra de los jóvenes de las familias, generalmente están ocupados como estudiantes, en trabajos asalariados del sector secundario, o incluso han emigrado a zonas urbanas. Así, como a la escasez de agua y a los controles de los ciclos de riego que imponen los distritos de riego y las dificultades para pagar los recibos de la luz que bombea agua de los pozos. Así, las tres comunidades, a pesar de colindar con distritos de riego, dónde domina la producción de monocultivos como el trigo, las pocas frutas y hortalizas que ahí se producen, están fuera de su alcance alimentario.
Agua, Energía y Cambio Climático
Como se mencionó en un principio, el clima del CBESS es desértico, con altas temperaturas y escaza precipitación pluvial promedio, características que se han ido incrementando en las últimas décadas debido al evidente cambio climático (WMO, 2024).
Como se aprecia en la Gráfica 2, la seguridad hídrica en las comunidades indígenas del CBESS es baja, ya que únicamente el 18 % de las y los entrevistados en las localidades seris, respondieron tener agua suficiente en casa, siempre. Similar entre yaquis con el 27 %, así como con los mayos con solo el 20 %. La mayoría compra agua embotellada para el consumo humano, mientras que el servicio de agua potable en casa es sumamente inestable.
Cada rato nos volvemos a quedar sin agua, se descompone la desaladora de Punta Chueca. No hay luz para el pozo en Desemboque, a veces les llega a unas casas y otras no, y así seguimos batallando (Artesana seri, Punta Chueca, 2023).
Desde el siglo pasado se ha privilegiado el uso agrícola del agua para producción agroindustrial, principalmente en los respectivos distritos de riego, así como para el servicio municipal de los grandes centros de población, o para usos industriales. Estas comunidades tienen muy escasa participación en la gestión política del agua, lo que ha representado el principal obstáculo para garantizar su derecho humano al agua (Banister, 2011; Murphy, Luque, Martínez-Yrízar y Búrquez, 2022; Rivera, Luque, Murphy y Jones, 2023). El trasvase de la presa El Novillo, en el río Yaqui hacia la Cd. de Hermosillo, a través del Acueducto Independencia, así como la construcción de la presa Los Pilares, sobre el Río Mayo, derivó en serios conflictos políticos por el agua, cuyas resoluciones afectaron la seguridad hídrica de las comunidades indígenas (García, 2017; Moreno, 2015; Radonic, 2017).
Contrasta favorablemente el acceso a la energía eléctrica, ya que, en promedio, en las tres comunidades, el 88 % cuentan con este servicio. Por ello, en los respectivos Planes de Justicia implementados por el gobierno federal 2018-2024, el tema del agua fue prioritario, destinando inversión pública sin precedente en infraestructura (Acueducto Yaqui y Acueducto Seri) para el abastecimiento de agua potable, así como para el distrito de riego de los yaquis. Sin embargo, estas iniciativas enfrentan la sequía y las altas temperaturas del cambio climático, como lo expresaron casi la totalidad de las y los entrevistados (Gráfica 2).
Tenemos un descontrol ecológico con la falta de lluvia y exceso de calor: no se puede sembrar y el pescado se echa a perder (Cocinera, San Antonio, 2023).
Actividades productivas y condiciones de los esteros
Según las persona entrevistadas, la principal actividad productiva que se realiza en sus respectivos esteros, es la pesca ribereña (seris, 98 %, yaquis, 100 % y mayos, 93 %) Le llaman ribereña a la pesca que utiliza pequeñas embarcaciones con motores fuera de borda, conocidas como “pangas” y que es llevada a cabo, generalmente, por grupos familiares. Es una actividad primaria que se asocia al nivel educativo que se mencionó párrafos arriba. Los seris advierten con preocupación una disminución tangible de las pesquerías, por lo que buscan alternativas económicas. Así, sólo 39 % (Gráfica 3) afirma que el Canal se encuentra en buenas condiciones y que la pesca y el ecoturismo, requieren de mayor monitoreo ambiental y control de los pescadores externos:
No está igual a como estaba hace algunos años, y eso puede deberse al cambio climático. (Pescador, Punta Chueca, 2023)
En Bahía de Lobos, de los yaquis, la principal pesquería es el camarón, que se realiza cuando está abierta la veda, lo cual complementan con pesca de escama y bivalvos, en menor escala. También se contratan como trabajadores en la pesca y acuacultura industrial que prospera en zonas aledañas a la Bahía. Importa señalar, que la mayoría de Bahía de Lobos está dentro del territorio yaqui, quienes ejercen un relativo control y vigilancia de la pesca ya que por decreto presidencial es una Zona de Exclusividad Pesquera de la comunidad.
Sin embargo, parte del humedal costero, está fuera de su jurisdicción, y es evidente, que queda más expuesto a la sobre-explotación pesquera, la que es considerada como la principal causa de su deterioro. Un grave problema de contaminación proviene del dren agrícola del Distrito de Riego del Valle del Río Yaqui, que desemboca en la Bahía, así como el de su distrito Colonias yaquis (Rojas y Salazar, 2018; Martínez et al., 2016). Por lo que sólo el 22% de las y los entrevistados afirman que el estero se encuentra en buenas condiciones (Gráfica 3).
Poco mangle blanco, problema de extinción de mangle rojo en los esteros, necesita atención (Ama de casa, Potam, 2023).
En época de veda, se sigue trabajando por la necesidad que tienen los habitantes (Maestra y Pescadora, Guásimas 2023).
La Bahía de Yavaros-Moroncarit, debido a la fragmentación del territorio mayo expuesto en párrafos arriba, la comunidad mayo no ejerce el mismo control que tienen los seris y los yaquis en sus esteros. El camarón y la sardina son las principales pesquerías y han prosperado los pequeños restaurantes de mariscos y pescado. Mencionan que el deterioro del estero comenzó aproximadamente hace cuarenta años cuando se instaló la industria sardinera dentro de la bahía, a lo que se suma, la pesca furtiva por personas externas y también locales. La descarga de los drenes del Distrito de Riego del Valle del Río Mayo, es fuente de gran preocupación, pues no sólo contamina, sino también, azolva el estero de Moroncarit. Por ello, sólo el 32 % señala que está en buenas condiciones.
Por último, como parte del deterioro de las condiciones de los esteros, resalta la alta percepción de que se han vuelto zonas inseguras, en relación a la presencia de la delincuencia organizada: 40 % de los seris, 98 % de los yaquis y 75 % de los mayos (Gráfica 3). Se considera como responsables de la situación de los esteros al Gobierno Municipal (yaquis, 75 %), la misma comunidad (mayos, 58 %), mientras que el 95 % de los tres, afirma que la falta de financiamiento para su conservación, es el principal problema.
Manejo del Corredor Biocultural Estuarino de Sonora y Norte de Sinaloa: propuestas Comunitarias
Con el fin de avanzar hacia una propuesta de política pública que garantice el bienestar comunitario en regiones bioculturales, se preguntó a los pobladores, cuáles serían sus propuestas al respecto de un programa de manejo del CBESS. Cabe señalar, que menos de la mitad sabe que su estero está certificado como Sitio Ramsar. El 57 % propone una organización que incluya a todos los sectores involucrados en el ordenamiento de las actividades que aectan a los esteros, como los tres niveles de gobierno federal, los tradicionales de los pueblos indígenas, los productores (pesca ribereña, artesanías, turismo), sector educativo y científico. Proponen, además, que esta organización pueda apoyarse en instancias que hagan respetar la ley vigente y que se destinen fondos para lograrlo. No se tiene confianza en el gobierno como única instancia ordenadora. Asimismo, se considera que las actividades industriales, como la pesca, la agricultura y la acuacultura, no deben de incluirse en esta organización, ya que son la principal fuente del deterioro y no aceptan responsabilidad alguna, mientras que otros sugieren, que por el contrario, deben de ser incluidos para encontrar soluciones que beneficien a todos.
La propuesta de una organización que integre a varios esteros en un corredor, el 94 % lo considera favorable, pero aún tienen dudas:
Serviría para intercambiar información de casos exitosos. Ayudaría a convertirlo (el estero) en atracción turística y así, se disminuiría la extracción del producto pesquero (Desemboque, octubre, 2023)
Tendríamos más trabajo y podríamos ayudar a proteger los manglares (Bahía de Lobos, octubre 2023).
Tendríamos apoyo de grupos que están pasando por situaciones similares, y así podríamos cuidar nuestros esteros, humedales y bahías (Yavaros, octubre, 2023).
De las actividades que se deben promover, destacan las productivas en pequeña escala (65 %), como la pesca ribereña, las artesanías y el turismo, que son las actividades que ya se están llevando a cabo, pero que requieren de apoyo para que sean estables y sustentables. El turismo biocultural (Luque, 2022) recibió el 94 % de apoyo. En orden de prioridad, le siguen la educación ambiental y la planeación del estero que conlleve un programa de restauración. Es evidente, la búsqueda de una organización que fortalezca la autonomía en el manejo de los esteros como parte de los derechos territoriales de los pueblos indígenas.
Limitaciones
Las limitaciones del estudio son que solo se abordaron tres de los seis esteros por tiempo y presupuesto.
Conclusiones
El Corredor Biocultural Estuarino de Sonora y Norte de Sinaloa (CBESS) se considera una región de alta densidad biocultural debido a la presencia y vitalidad de los pueblos indígenas seri, yaqui y mayo, cuya relación con cuatro de los seis de los humedales costeros, guardan raíces preshispánicas. La gran contribución biocultural que ofrecen a la sociedad contemporánea es Hant iti hayai quiiij hapéte quih cmis. Hasta la fecha, son de gran importancia para su economía y seguridad alimentaria y se encuentran mejor conservados que las zonas aledañas.
El CBESS presenta conectividad biológica, cultural y económica. En el contexto del estado de Sonora, en el que predomina el clima del desierto y que el cambio climático avanza con mayores temperaturas y menos lluvias, la conservación de la vegetación del manglar y la biodiversidad costera, es estratégica, tanto como zonas de enfriamiento, como por su capacidad de absorber gases de efecto invernadero, como filtros en el ciclo hidrológico y por los procesos que se generan en estas zonas del ciclo de vida de la pesca comercial regional.
Las comunidades seri, yaqui y mayo, aún presentan rezagos de atraso de desarrollo graves, principalmente en los aspectos del agua, ingresos y alimentación, lo que afecta su salud y bienestar. Por ello, observan con gran preocupación que sus respectivos esteros se estén deteriorando. Proponen su restauración mediante actividades productivas que ellos conocen, como la pesca, la artesanía y el ecoturismo, para lo que requieren de apoyo del gobierno.
Una organización en torno al conjunto de los esteros en el formato del CBESS que incluya los seis complejos de humedales costeros con bosque de manglar que sea multisectorial, que garantice la participación de las comunidades indígenas y de comunidades equiparables, se visualiza como una estrategia favorable. Para el diseño de una política pública del CBESS, debe considerarse, la presencia de pobladores de otra matriz étnica como actores importantes del CBESS, como lo son los habitantes del Estero de la Cruz, el Soldado y Agiabampo-Bacorehuis que aún no fueron incluidos en este estudio.
De gran relevancia es la implementación de un enfoque integral que incluya a los 6 distritos de riego, ya que los esteros son parte de su infraestructura, pero, además, la vegetación de manglar, es parte del ciclo hidrológico. Los pobladores de los distritos de riego y de los esteros comparten economía y cultura. Lo anterior, requiere de formalidad en diversas instituciones públicas de los tres niveles de gobierno, que reconozca la atención específica que requieren las regiones bioculturales, como estrategias de seguridad alimentaria, hídrica y climática.










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