Introducción
La liberalización de los mercados agroalimentarios en México minimizó la intervención estatal en lo que respecta a los programas sectoriales de apoyo a los productores del campo y los destinados al desarrollo rural. Esto provocó que un gran número de campesinos abandonaran el campo para sumarse a la migración, algunos decidieron enajenar sus tierras y otros se han incorporado a trabajos asalariados en diversos sectores manufactureros y de servicios. Esta cuestión ha sido una de las problemáticas más recurrentes por las que han atravesado los Sistemas Agroalimentarios Localizados (SIAL) en el país, sobre todo en comunidades con una fuerte presencia de población indígena.
Ante estas adversidades, una respuesta ha sido la formación de mecanismos de asociación y cooperación como componentes esenciales en la gestión de los sistemas agroalimentarios a nivel local, que les ha permitido responder y adaptarse a los escenarios de riesgo en materia de producción, comercialización y seguridad alimentaria de productos derivados de este sector. En ese sentido, se configuran diferentes modelos productivos que se distinguen por los diferentes grados de participación de los productores como respuesta a la emergencia de encontrar alternativas de ingresos frente a la carencia de apoyos institucionales y los riesgos que implican mercados estrechos y volátiles.
La experiencia de Cuetzalan del Progreso, municipio con población mayormente indígena ubicado en la sierra norte de Puebla, puede considerarse como un referente en los procesos de gobernanza territorial para la gestión del SIAL cafetalero con base en una importante tradición cooperativa. De igual forma, resulta un territorio de interés en la investigación académica debido a la confluencia de diferentes grupos de productores con distintos grados de prácticas asociativas.
Autores como Massieu (2017) han reconocido que Cuetzalan representa un modelo organizativo por la innovación social productiva de sus organizaciones campesinas, lo que se traduce en la capacidad de construir alianzas y una visión común compartida en las comunidades y grupos que las integran. Destaca la Unión de Cooperativas Tosepan Titataniske que integra nueve cooperativas regionales y tres organizaciones civiles, cuya génesis gira en torno a la producción cafetalera y presenta relaciones de gobernanza maduras basadas en principios del cooperativismo. Si bien este actor colectivo tiene una centralidad y poder sobre las dinámicas económica, política y social del municipio, coexiste con organizaciones consolidadas a menor escala, que a la postre producen una competencia por acceso a diferentes mercados y espacios de vida en dicho territorio.
Esta condición de organizaciones afianzadas maduras y emergentes que está presente en la configuración del SIAL en la producción del café, es la centralidad del presente artículo, el cual tiene como objetivo determinar las capacidades disímiles de la organización de los productores en torno a dicha actividad. Se trata de comprender las ventajas o desventajas de la presencia/ausencia de mecanismos de gobernanza territorial que distinguen el SIAL en la producción de café en el municipio de Cuetzalan del Progreso, estado de Puebla. Para este fin se emplean como principal técnica las entrevistas semiestructuradas1 realizadas a productores, comercializadores e intermediarios, así como a tomadores de decisiones en el municipio, las cuales son complementadas mediante la observación participante y el análisis documental, tomando en consideración estudios previos realizados en el territorio, principalmente el Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial del Municipio de Cuetzalan (COTIC, 2023).
Los SIAL y la gobernanza territorial
En México, el espacio rural constituye una tarea pendiente por el corolario de pobreza, marginación, exclusión social de los pueblos originarios, éxodo de población, violencia, relaciones desiguales y condiciones precarias de producción, así como las disparidades entre territorios, acrecentadas por un devenir de políticas públicas truncas y bajo una supuesta “modernidad” que históricamente ha favorecido al capital transnacional. En ese contexto, de acuerdo con Gil-Méndez (2015), la mayoría de los actores económicos en el sector agrícola han enfrentado condiciones desventajosas en la producción y comercialización de sus productos, por lo que su dinámica económica se ha convertido en lucha por la sobrevivencia.
La producción especializada de café no es una excepción, por lo que, en algunos contextos con fuerte presencia de población indígena, resulta poco visible o verificable la existencia de sistemas productivos locales y/o SIAL, donde la emergencia por un sustento diario produce transacciones desiguales que difícilmente pueden interactuar como un sistema justo y equitativo de reglas, normas y beneficios para estas poblaciones. No obstante, los SIAL plantean presupuestos teóricos que, visto desde una mirada convencional, engloban los conceptos marshallianos de la concentración, competitividad y eficacia económica de la aglomeración de empresas (emprendimientos) con significativo nivel de especialización, que permite interpretar las relaciones entre el sistema productivo y la sociedad local.
Desde una mirada emergente, dicha interpretación debe visibilizar y problematizar sobre los factores que determinan el grado de madurez y/o consolidación de las iniciativas, tales como la importancia de los intercambios formales e informales entre actores locales y las redes de cooperación que definen las transacciones en el ámbito local en estos municipios. Estos procesos de construcción colectiva garantizan resistencia, adaptación y, en el mejor de los casos, transformación de las realidades complejas históricas del devenir de estas localidades.
El enfoque de los SIAL resulta pertinente como formas específicas de sistemas locales de producción que establecen vínculos centrales entre los territorios y los alimentos (en este caso el café), donde se valoran los bienes alimenticios, la producción y consumo (Del Valle y Tolentino, 2017). Tienen un punto de partida en la existencia de elementos, sociales y naturales, que hacen posible la transformación y apropiación de los productos locales para el beneficio de la comunidad. Para Gómez, Boucher y Requier-Desjardins (2006), el concepto de SIAL se utiliza para explicar las concentraciones agroindustriales de proximidad, diferenciándose de los Sistemas Productivos Locales (SPL) debido a su carácter agrícola y rural. En tanto, para Muchnik (2016), el SIAL como enfoque aborda el estudio de las actividades agrícolas y alimentarias, teniendo en cuenta sus interacciones sistémicas, trascendiendo lo meramente clasificable o determinable, hacia un cuestionamiento sobre su pertinencia o no para tratar procesos específicos en territorios concretos. En ese sentido, puede aplicarse tanto a los productos destinados a los mercados locales, como a aquéllos destinados a la exportación.
En el municipio de estudio, los SIAL forman parte de los procesos de asimilación productiva, donde confluyen tanto actividades orientadas al mercado, como aquéllas destinadas al autoconsumo con base en tradiciones milenarias alrededor de la milpa. Esto genera una importante simbiosis, donde esa identidad se construye o deconstruye a partir de la cosmovisión y procesos culturales indígenas. Por ende, además de la reducción de costes de transacciones por la proximidad, los SIAL se nutren de las capacidades relacionales inmersas en usos y costumbres que otorgan rasgos distintivos basados en la solidaridad, reciprocidad y las redes que produce, tanto a nivel local como regional, generando estructuras sociales, organizativas y/o territoriales que en teoría, deben producir las sinergias necesarias para lo que Paunero, Sánchez y Corona (2007) plantean como una retroalimentación que garantice la equidad social, la gestión de los recursos, el manejo adecuado del paisaje, el ambiente y la cohesión social territorial, entre otros.
En ese escenario, la población mayoritaria de origen náhuatl de la zona estudiada dota de un particular significado al territorio, por lo que su interpretación debe partir desde lo referido por Chevassus et al. (2008 en Muchnik, 2016), como la pertinencia de la integración de los actores, prácticas y usos, donde se articulan la producción y el consumo, la relación entre identidades alimentarias y los mecanismos de calificación de los productos o las técnicas de producción y la reproducción de la biodiversidad, dando más relevancia al proceso territorial y no al producto en sí. Esta cuestión no evita que se caiga en una percepción “romántica” de los sistemas de usos y costumbres de los pueblos originarios, obviando que estos procesos no quedan exentos de la competencia por acceso a mejores precios y mercados cafetaleros, que conlleva a un conflicto inherente de la participación de diversos actores con niveles de especialización hacia un producto “estrella” en ese mercado, donde las empresas transnacionales encuentran formas tácitas de control sobre los territorios y la vida cotidiana en ellos.
En estos contextos, se produce una dualidad entre competencia y colaboración, por lo que los actores que logran articularse están en mejores condiciones de resistir, adaptarse y/o transformar el contexto a partir de la capacidad de construcción colectiva de estrategias, mientras que en el opuesto, se encuentran aquéllos que actúan de forma individual o familiar, estando presentes tanto los productores con cierto nivel de precarización donde prima la emergencia de garantizar el sustento familiar, como otros que cuentan con el capital necesario para gestionar sus propios emprendimientos, que no ven en la creación colectiva una forma efectiva de garantizar mayor rentabilidad de sus productos, por lo que tratan de ocupar de forma individual cuotas de mercados.
Estas redes y esquemas de relaciones fortalecen la capacidad de los actores de hacerse sentir en el contexto neoliberal imperante, cuyo grado de madurez establece modelos territoriales que resignifican la construcción rizomática de las relaciones entre poder y función, entre formas de gestión y calidad democrática de las decisiones; por ello, le confiere particular relevancia a la gobernanza territorial, definida mediante el conjunto de acciones a través de las cuales los SIAL podrían alcanzar sus fines, desde el establecimiento de una práctica que guíe las interacciones entre los actores, sustentada en una visión compartida que cohesione territorios y grupos sociales. De igual manera, podría contribuir a la reducción de brechas en el acceso a mejores condiciones de vida y mayor resistencia en las comunidades indígenas, y a la postre, con esquemas más solidarios.
Un aspecto clave del desempeño de los SIAL es la capacidad de coordinación de los actores participantes, que cae en el terreno de la gobernanza territorial. Para Farinós (2008) la gobernanza territorial se entiende como una práctica/proceso de organización de las múltiples relaciones que caracterizan las interacciones entre actores e intereses diversos presentes en el territorio. El resultado de esta organización es la elaboración de una visión territorial compartida. En los SIAL la gobernanza queda reflejada en lo que Boucher (2016) plantea como un proceso de construcción territorial que activa los recursos locales y su eficiencia colectiva. Por su parte, Torres (2017) la identifica como imprescindible para disminuir costos de transacción y explicar la sucesión de transacciones que se realizan a lo largo de la cadena productiva.
En contextos emergentes, la gobernanza territorial y su grado de madurez conduce a mayor adaptación de los SIAL en los ámbitos rurales, mediante las cuales se realiza el aprovechamiento material de dichos recursos y se establecen normas y reglas para acceder a ellos, donde su distribución y sistema de propiedad, no pocas veces son regulados por instituciones, por derechos colectivos o históricos que a menudo entran en contradicción con las formas de tenencia instituidas de manera concreta y se necesitan de consensos sociales; es ahí donde se construyen las relaciones de gobernanza.
La emergencia y evolución de lógicas de asociación conllevan a que determinados miembros de una sociedad obtengan mayores ventajas si emprenden de forma colectiva, en lugar de los que tratan de hacerlo de forma independiente. Bajo esta lógica, la confianza, solidaridad y las redes de cooperación aparecen como procesos que forman parte de las estrategias asociativas y aún más en contextos indígenas con la prevalencia de una cultura del apoyo mutuo en formas de trabajo no asalariado, reciprocidad, solidaridad y el establecimiento de arreglos formales e informales que determinan las formas de toma de decisiones (Gasca, 2014). En el contexto de la sierra norte de Puebla, específicamente en Cuetzalan, donde cerca del 85% de la población es de origen indígena náhuatl (H. Ayuntamiento de Cuetzalan, 2021), parte de estos arreglos colectivos se basan en una tradición cooperativa que tiene como precursora la Unión de Cooperativas Tosepan. La cosmovisión de los náhuatl, su estructura organizativa y su propia visión acerca del trabajo y del lugar que cada persona tiene en la producción, refleja un gran respeto por la naturaleza.
Metodología
Se emplean como principal técnica las entrevistas semiestructuradas2 realizadas a productores, comercializadores e intermediarios, así como a tomadores de decisiones en el municipio en cuestión (Anexo). Estas constituyen la principal fuente de información sobre las que se construyen los análisis y suplen la carencia de información oficial (tanto estadística como cartográfica) en producción cafetalera que permita profundizar en las dinámicas de los principales actores involucrados. De igual forma se complementó con la observación participante y el análisis documental, tomando en consideración estudios previos realizados en el territorio, principalmente el Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial del Municipio de Cuetzalan de 2010, el cual se está actualizando en el momento actual. Para la organización de los resultados se emplearon las categorías analíticas de la gobernanza territorial del Gráfico 1, con énfasis en los esquemas de articulación y arreglos entre productores.
La estructura anterior se construyó considerando que la gobernanza está vinculada a la participación de los diversos actores en un conjunto de procesos territoriales, que a la postre, son acuciantes y estratégicos en la dinámica económica del municipio, demandando de los SIAL una mirada integradora y una visión participativa donde los actores del territorio son los principales promotores del proceso, al involucrarse y desarrollar en un plano ideal capacidades de gestión, empresariales y organizativas, así como mecanismos de concertación y resolución de conflictos que les permitan apropiarse de los procesos de cambio, siempre y cuando fortalezcan o construyan cohesión social ante las amenazas fragmentarias del contexto. En ese sentido se tomaron en cuenta cuatro niveles: toma de decisiones, defensa del territorio, relaciones multiactorales/multinivel y capacidad de adaptación. La toma de decisiones se trabaja de acuerdo con el grado de participación de los productores en el SIAL, sobre todo haciendo énfasis en las formas como esa gobernanza se manifiesta a partir de los tipos de mecanismos de coordinación para acceder a mercados, la solución de conflictos y la transparencia y rendición de cuenta de esas decisiones.
La defensa del territorio es una de las más importantes causas de la lucha indígena en el contexto mexicano, por lo que en el presente trabajo se recogen las principales características identificadas sobre este fenómeno, tanto en la conservación de los recursos naturales como de la preservación de la cultura mayoritariamente náhuatl. Por otro lado, las relaciones multiactorales/multinivel se componen de las relaciones con actores de gobiernos y otras organizaciones de similar índole, así como los intermediarios que participan en las producciones de café en el territorio. Por último, se identifican algunas ventajas y desventajas que les confiere la gobernanza territorial en cuanto a la capacidad de resistencia de esos productores ante el cambio climático y la incertidumbre del mercado y la variabilidad de los precios del café.
Resultados
La actividad cafetalera de Cuetzalan del Progreso, desde su introducción en 1870 (Comité de Ordenamiento Territorial integral de Cuetzalan del Progreso [COTIC], 2010), se ha erigido como el principal renglón económico de la región3. Hasta la década del 80 del pasado siglo, la actividad estuvo bajo la rectoría del Instituto Mexicano del Café (Inmecafé), cuyo objetivo principal era conformar unidades económicas de productores de café (UEPC) para la dotación de insumos necesarios y garantizar canales de comercialización. Esta política se aplicaba de forma universal con la entrega de paquetes tecnológicos, asesorías y acceso a créditos, imponiendo el monocultivo a través de la introducción de nuevas especies que requerían de un manejo bajo sombra, diferente a los esquemas tradicionales, con importantes repercusiones ambientales en la vegetación primaria, la contaminación y erosión de los suelos. De igual forma, no pocas veces estos programas limitaban la participación de los productores, generando fuerte dependencia y asistencialismo (Báez, 2004).
Dicho instituto financiaba la cosecha y acopio de las producciones de los campesinos mediante un anticipo de dinero (Renard, 2021). En la percepción actual de los productores, estos mecanismos de antaño cuentan con opiniones divididas: por una parte, sus principales detractores fundaron la Unión de Cooperativas de Tosepan como respuesta a las limitaciones de estos y para establecer los suyos propios, mientras que por otro lado, durante las entrevistas, se verificaron actores cuyos pronunciamientos positivos se enfocaban en la presencia de un mercado seguro y organizado como principal ventaja de esa época, ante lo variable e incierto del momento actual.
Con el período neoliberal, a finales de la década de los 80 del siglo XX, la fluctuación de los precios del café en el mercado mundial, tendiente a la baja; el incremento de los precios de la canasta básica, y la desregularización de los mercados, comenzaron a crear incertidumbre en los productores locales y los obligó a emprender un proceso de diversificación de las parcelas y de incursionar en cultivos complementarios como la pimienta (Piper nigrum), la canela (Cinnamomum verum), la vainilla (Vanilla planifolia), la miel y los frutales, entre otros. De acuerdo con Renard (2021), esta liberalización provocó tensiones en los sistemas de cuotas internacionales generándose importantes excedentes y provocando que los precios cayeran casi a la mitad, así como los financiamientos.
Las principales amenazas suscitadas, según señala esta misma autora, se centraron en la reorganización del sector bajo el dominio de las corporaciones transnacionales; el abandono de las parcelas por falta de recursos para trabajarlas; políticas públicas sin rectoría del Estado, y el fenómeno de migración creciente de los jóvenes que ya no ven en este cultivo una posibilidad de vida, entre otros. En Cuetzalan, los principales sistemas de cultivos de café son: el bajo sombra, de altura (en cotas superiores a 900 metros sobre el nivel medio del mar), así como la presencia de producciones orgánicas. Las variedades arábicas son las que priman por su mayor calidad (Typica, Caturra, Bourbon, Catimor, Geisha, Mundo Novo, Pacamara, Costa Rica y Oro Azteca, entre otras), sin desconocer la presencia de Robusta en pequeñas parcelas y también por la demanda de grandes consorcios para la elaboración y/o comercialización de diversos productos de venta en cadenas de supermercados. De igual forma, se constató que algunos productores incursionan en el café bajo sol como parte de la experimentación constante en la búsqueda de mejores rendimientos y mayor resistencia a plagas, suplantando además con la empiria, el bajo acceso a capacitaciones en estos temas.
Numerosos productores de café en Cuetzalan se organizan en cooperativas y asociaciones para fortalecer su posición en la cadena de suministro y obtener un mejor precio. Estas organizaciones también brindan apoyo técnico y social a los agricultores y propician la incursión en el café de especialidad mediante la evaluación de estándares de calidad requeridos para tal fin y que permita que los productores locales accedan a mercados internacionales y obtengan precios más altos de sus producciones. La fuerza de trabajo en la actividad, según resultados de las entrevistas realizadas, se garantiza esencialmente mediante redes solidarias y de reciprocidad entre productores y familias, producto de la alta migración y fluctuación de la fuerza de trabajo hacia otros renglones tanto dentro como fuera del municipio, donde se percibe mejor ingreso que en el sector café, como el jitomate (Lycopersicon esculentum) y el chile (Capsicum), entre otros. Este proceso migratorio, que prácticamente es una constante del medio rural con fuerte presencia indígena mexicano, provoca que los dueños de las tierras sean en su mayoría personas de edad avanzada que no pueden trabajar solos las mismas, ya que los jóvenes buscan mejores opciones como jornaleros en otros territorios.
Otra característica de la actividad en el municipio es la diversificación de ingresos a partir del manejo de agrosistemas que conllevan al desarrollo de especies de relevancia económica, tanto para el consumo familiar como para su comercialización. De acuerdo con Mogel (2015), desde finales de la década de los 60 del pasado siglo, los sistemas productivos cafetaleros se modificaron por la llegada de la roya, ante lo cual, la búsqueda de variedades más resistentes condujo a que se sustituyeran las tradicionales con mayor adaptabilidad y compatibilidad con los bosques del lugar, por otras que sí han sido más resistentes a plagas y enfermedades, pero cuyos requerimientos eliminaron especies nativas introduciendo sombra de una sola especie (chalahuites: Inga vera) o la eliminación completa de la misma, con el fin de exponer los cafetos al sol para aumentar el rendimiento. Estos esquemas han sido contraproducentes con la cosmovisión náhuatl del lugar, y en algunas entrevistas, sobre todo en los niveles donde los productores están mejor organizados como la Tosepan, son conscientes de que se incrementaron las producciones a costa del empleo de agroquímicos, pero a la larga estaban más expuestos a heladas y enfermedades, así como a mayor contaminación del suelo como valor que no se contabiliza a la hora de sacar los rendimientos de cosecha. Por lo tanto, con mayor o menor participación en los mercados, los sistemas tradicionales constituyen una base para las estrategias de fortalecimiento de los SIAL, ya que parten de los denominados bosques útiles o kuoujtakiloyan en náhuatl que, de acuerdo con Mogel (2015), combinan la agricultura, horticultura, cría de animales pequeños, ganadería, recolección de productos que proceden de los bosques y los hace menos vulnerables ante las condiciones del clima y las fluctuaciones de los precios de los cultivos comerciales.
Si bien la producción de café sigue siendo en extensión la más relevante4, cultivos como la pimienta, que procede de plantas que forman parte de los ecosistemas de la zona, principalmente en cotas altitudinales de menos de mil metros sobre el nivel medio del mar, así como la canela y vainilla, cultivadas principalmente en los traspatios como actividad con mano de obra de mujeres, han tenido un importante auge por su alta demanda y valores atractivos en los mercados nacionales e internacionales. Estos agrosistemas también contribuyen a garantizar ciertos niveles de seguridad alimentaria a partir de producciones para el autosustento. Durante varios años, se han aplicado programas o políticas públicas enfocadas al medio rural en Cuetzalan, lo cierto es que bajo esta compleja realidad los productores de café han tenido que buscar alternativas para lograr cierta competitividad en sus producciones, así como coexistir o complementarse con otras actividades económicas como el turismo con particular auge en la localidad, aprovechando la diversidad cultural y paisajística de la zona, que no solo compite por el acceso a políticas públicas o recursos naturales, sino por las dinámicas sobre la tenencia y uso de la tierra. Dentro de la actividad cafetalera que ha caracterizado la zona, las fluctuaciones en el mercado mundial y la influencia de la variabilidad climática, han producido una incertidumbre en el sustento económico fundamental de las familias del municipio.
Las estrategias asumidas han reconfigurado la territorialidad y es en este escenario donde se erige la gobernanza territorial como eje central de los SIAL cafetaleros en la zona, centralidad cuyos diferentes estadios confiere mayor o menor capacidad a los actores locales para resistir y salir adelante ante el complejo contexto. Se pudo constatar la existencia de cuatro escenarios de consolidación de organización de la producción cafetalera, cuyas transacciones reflejan el grado de madurez de los procesos del sistema de relaciones entre actores y la capacidad de resistencia colectiva (Gráfico 2).

Fuente: elaboración propia a partir de las entrevistas en profundidad a actores locales.
Gráfico 2 Esquemas organizativos de la producción en clave de gobernanza.
Los pequeños productores que componen el entramado de los SIAL analizados, son el eslabón menos estructurado del resto presentes en el municipio, con esquemas de gobernanza incipiente, basados en las transacciones que produce el propio ámbito familiar y las relaciones comerciales con el resto de los eslabones de la cadena productiva. Entre sus características fundamentales identificadas se encuentran:
Por lo general cuentan con menos de 1.5 hectáreas (ha.) de tierra dedicadas al cultivo de café fundamentalmente, donde además producen otros alimentos sobre todo para el autoconsumo familiar.
Escaso nivel de tecnificación y acceso a paquetes tecnológicos.
Limitado acceso a programas de apoyo del gobierno, incluso a los programas nacionales como Sembrando vida, ya que no cumplen con los requisitos mínimos de extensión de tierras, y por consiguiente, son los actores que más lo necesitan.
Poco valor añadido a sus producciones comercializando el café en la cereza, al no contar con capacidad de beneficio y/o procesamiento.
Fuerza de trabajo sustentada en la familia.
Importantes niveles de precarización de la vida cotidiana.
La estrategia de estos pobladores es tratar de producir otras mercancías distintas al café, como la canela, frutales y las artesanías. La forma de producir en estos sistemas hasta cierto punto es menos agresiva con el entorno físico-ambiental, pero por la falta de capacitación los rendimientos son bajos; no obstante, puede constituir un importante potencial para emprender desde la transición agroecológica a producciones que generen productos con mayor valor agregado, como el café orgánico, a pesar de que no hay suficiente sensibilización hacia esta forma de producir, porque en el fondo los precios a los cuales se les paga a los productores tienen poco margen de ganancia por encima del café tradicional. El grupo de productores catalogados en este trabajo como productor/vendedor se caracteriza por contar con mejor nivel adquisitivo y las características más significativas identificadas en las entrevistas fueron las siguientes:
Cuentan con extensiones de tierra dedicadas a las producciones de tres ha. o más, por lo que tienen sus propias producciones y ello les permite tener puntos de venta, marcas o comercialización resultante de la gestión propia o familiar.
En ocasiones rentan terrenos para diversificar las producciones o expandir los productos principales.
Cosecha, beneficia, procesa y comercializa de forma directa.
Compra productos a otros productores para diversificar la venta.
Las principales transacciones que generan estos actores poseen la ventaja que le ofrece contar con un negocio autogestionado con cierta solvencia económica, que les permite añadir valor e incursionar en producciones o participar como intermediarios de otros productores, lo que les garantiza adaptabilidad ante los precios cambiantes del mercado. Por otro lado, no tienen una cultura de articulación con otros actores locales y el sistema de relaciones gira en torno a un encadenamiento vertical donde prima la competencia antes que las redes de cooperación, es por ello que las relaciones de gobernanza territorial en este tipo de actores no trascienden las relaciones comerciales determinadas por el mercado. A pesar de que sus esquemas son menos solidarios, constituyen otro grupo de actores de relevancia para el municipio.
Organización de productores incipiente: a este grupo pertenecen diversos actores que forman parte de organizaciones con cierto grado de consolidación aunque no del todo maduras, ya sea como asociación de productores, grupos sociales, colectivos de mujeres o cooperativas de reciente constitución, cuyo funcionamiento no se encuentra lo suficientemente maduro, aunque establecen relaciones de gobernanza de los sistemas productivos con tendencia a la horizontalidad y esquemas de cooperación solidarios. En sentido general, las principales características identificadas a partir de las entrevistas fueron las siguientes:
Presencia de mecanismos de cooperación, así como coordinación con una intención de garantizar horizontalidad, pero no lo suficientemente madura aún.
Existencia de escepticismo e incertidumbre por parte de los miembros, lo que denota la insuficiente cultura asociativa más allá de la voluntad de sus miembros.
Mejor acceso a asesorías, tecnologías, programas de gobierno y fuentes de financiamiento, funcionando más como colectivo que como productores independientes.
Mayor intercambio de saberes entre productores.
Mejores condiciones de acceso a mercados.
Empleo de agroquímicos en las producciones cafetaleras, principalmente, con un importante escepticismo ante la transición agroecológica y la certificación orgánica, por lo que refieren baja productividad y alta demanda de mano de obra como dos limitantes por las cuales no incurren en este tipo de producciones.
Estos productores de manera individual u organizada tratan de incurrir en el cierre de ciclo desde el cultivo, el beneficio, la industrialización, comercialización e incluso evaluación de la calidad del producto para una mejor forma de añadir valor fortaleciendo sus capacidades de resiliencia ante lo cambiante de los precios. En el caso de algunos productores de San Andrés Tzicuilan, están vinculados a rutas turísticas donde les explican a los visitantes el proceso del café y comercializan parte de sus producciones en este circuito.
Organización de productores consolidada (maduras): este nivel se aproxima a un modelo de gobernanza con bases fundamentalmente en principios cooperativos. Gestionan gran parte de la cadena productiva de café y otros renglones, incurriendo en producciones orgánicas. Se destacan la Unión de Cooperativas Tosepan Titataniske y productores de la Asociación Mexicana de Bosques Comestibles (Amebosco). La primera ha sido una de las más estudiadas en el contexto mexicano, y es uno de los actores del sector agropecuario de Cuetzalan y de la región con mayor presencia en la vida económica, política y de defensa de los derechos sobre el territorio de la zona. Esta brinda a sus socios garantías de acopio, comercialización y venta de su producto, así como asesorías y acompañamiento para el mejoramiento de los sistemas productivos de la milpa, los bosques y traspatios de manera intensiva, con base en la diversificación de las plantas y productos que se obtengan.
Los principios cooperativos de Tosepan le confieren relaciones de gobernanza maduras con toma de decisiones democráticas y horizontales, así como mayor compromiso e impacto en el desenvolvimiento económico y social de las comunidades con acceso a programas sociales (salud, educación, cultura, vivienda, etc.) de ahorro y préstamo mediante su propia cooperativa de finanzas. Los mecanismos de coordinación de esta organización se acuerdan y concretan en la asamblea general de socios (as), apoyándose en el Consejo de Administración y Vigilancia. Sus miembros son propuestos en las cooperativas socias de cada comunidad. Por otra parte, cada cooperativa regional cuenta con sus propios mecanismos. En el caso de los productores orgánicos, estos se asocian a la Cooperativa Maseual Xicaualis-acopio, transformación y comercialización. En cada cooperativa comunitaria seleccionan a un integrante para que los represente en las reuniones que se lleven a cabo. Las decisiones, acuerdos y propuestas se establecen en estas reuniones regionales con los representantes; siempre y cuando sea necesario, se consulta a todos los socios en las reuniones mensuales de las comunidades. Además, mediante otro mecanismo, las principales problemáticas y propuestas de los socios por lo general se plantean en la comunidad y son transmitidas por los promotores orgánicos al consejo.
La presencia de la cooperativa se ha fortalecido gracias a que su radio de acción ha transcendido el ámbito productivo y ha incursionado en la política regional. En varias ocasiones algunos socios han ganado la presidencia municipal, logrando desplazar a los grupos que tradicionalmente han tenido el poder (Báez, 2004). Esta cuestión, persistente en la actualidad, convierte a Tosepan en un actor preponderante y omnipresente en la vida local, con una fuerza impresionante por su número de socios, pero de igual forma criticado por grupos de actores emergentes que no comparten los mecanismos con los que pacta sus relaciones comerciales y su insuficiente política de equidad de género, que produjo en el pasado un éxodo de mujeres hacia otros grupos o colectivos conformados específicamente por ellas. Uno de los renglones en los que incursiona este grupo, y donde se añade valor, es la exportación de café orgánico, donde, de acuerdo con las entrevistas realizadas, se evidencia que los productores deciden si entran o no a este programa que se promueve con la finalidad de contribuir de igual forma a la restauración de los daños ocasionados a la naturaleza.
Como sucede en otros niveles de productores, algunos socios no cuentan con el compromiso y la convicción necesaria para desarrollar este tipo de producciones y en ocasiones solo la asumen por los beneficios que obtienen en los precios. En los niveles con gobernanza más incipiente, no incurren en este tipo de renglón, porque perciben que no les genera las ganancias suficientes en correspondencia a la complejidad que conlleva la transición orgánica, siendo la diferencia solo cinco pesos entre los que paga la cooperativa el café orgánico y el convencional; esta cuestión es desestimulante y requiere de una política pública integral. En este grupo consolidado, los precios son establecidos entre los socios teniendo en cuenta el cierre de las campañas anteriores y en función de los contratos que se logren para la venta del café. Al final de la cosecha, entre los socios se decide y acuerda qué se hace con la diferencia entre ese precio final de venta y lo que se le anticipa al productor. Por lo general se le entrega una parte a este y el resto se utiliza como capital de trabajo para inversiones que se acuerden y/o compra de insumos necesarios para las producciones.
Una de las grandes ventajas de estos mecanismos es la seguridad de pagar los precios más justos posibles a los productores, limitando las transacciones con otros intermediarios que pueden resultar más abusivos. La unión de cooperativas Amebosco, desde las producciones orgánicas de diferentes renglones como la pimienta, la canela, la vainilla y el café, entre otros, garantiza a los más de 185 productores de Cuetzalan que forman parte de esta organización, asesorías, acceso a mercados, precios más competitivos y financiamiento mediante proyectos de cooperación internacional, etc. De manera pormenorizada, la gobernanza territorial en los diferentes niveles y con base a los criterios elaborados, puede describirse a continuación:
Toma de decisiones
Los principales mecanismos de coordinación entre los diversos actores en su esencia giran en torno a los mercados. En cada una de las categorías a partir de las entrevistas, se reiteró indistintamente que el precio y el acceso a los mercados son los elementos definitorios que conducen a la consolidación o no de los SIAL en Cuetzalan. Estas cuestiones determinan casi la totalidad de los mecanismos de concertación entre actores para la producción, beneficio y comercialización. Por lo tanto, se diferencian aquéllos cuyas transacciones son netamente comerciales de los que cuentan con una larga tradición cooperativa en el territorio, teniendo como paradigma a la mencionada Unión de Cooperativas Tosepan.
Este último nivel es el que confiere una estructura propicia para la construcción colectiva o la toma de decisiones con base en procesos asamblearios; de igual forma les permite establecer sus formas propias para dirimir conflictos y concertar reglas que permitan mejores accesos a mercados, así como mayor transparencia en las transacciones económicas. Por otra parte, se identificó una capacidad territorial de articulación para realizar propuestas o demandar soluciones a problemáticas de los productores ante autoridades estatales o federales, con una inducción desde la Dirección Municipal de Desarrollo Rural, principalmente.
En lo que se refiere al grupo que corresponde a las organizaciones de productores con una incipiente madurez en las relaciones de gobernanza, aun cuando se transita a establecer una cultura cooperativa, construyen sus mecanismos para acceder a capacitaciones y/o paquetes tecnológicos, a pesar de que se verifica una importante competencia entre los actores por acceso a mejores precios, insumos y tecnologías, entre otros aspectos. Como parte de la observación participante y de las entrevistas realizadas, uno de los procesos que caracteriza no tan positivamente las transacciones económicas, tiene su relación en los liderazgos y la preponderancia de un líder o figura central.
Tal es el caso de la Unión de Cooperativas Tosepan y de Amebosco, cuyos dirigentes tienen o han tenido papeles preponderantes, tanto en la toma de decisiones como en la capacidad de generar sinergias o acciones con agentes externos en beneficio de las organizaciones que representan. En otro sentido, los mecanismos de apoyo de los programas de gobierno o para el acceso a recursos e insumos para la producción cafetalera, según productores entrevistados, necesitan ser más transparentes. A pesar de que existen algunos instituidos para tal fin, muchas veces no corresponden a las necesidades o se otorgan equipamientos a las mismas personas o a quienes ni siquiera producen.
Defensa del territorio
Tosepan ha sido uno de los actores en Cuetzalan que más se ha involucrado en las acciones en defensa del territorio. En entrevistas con directivos y socios de la cooperativa, el origen se encuentra, por una parte, en la lucha iniciada por algunos habitantes y productores de la región en contra de proyectos de grandes transnacionales que atentan contra el cuidado y la relación más horizontal que existe con la naturaleza. Grandes proyectos que afectan sobre todo los ecosistemas existentes que son la base del sustento de los habitantes, donde el agua es el bien común más afectado, esencial tanto para las personas como para la producción. Esto es contrario a la cultura que mantienen estas comunidades en la conservación de sus tradiciones, produciéndose una radicalización en diversos actores sobre el tema y una lucha constante por preservar lo valioso de los paisajes de la territorialidad. Como un ejemplo en el contexto mexicano, lo constituye el ordenamiento territorial municipal realizado en Cuetzalan bajo la rectoría técnica del comité de ordenamiento territorial integral de Cuetzalan del Progreso (COTIC) y con representación de estas diferentes organizaciones de productores, como defensa ante las amenazas constantes de diversos proyectos transnacionales que sin duda generarían una fuerte presión sobre los recursos naturales.
De acuerdo con sus protagonistas, se establecieron mecanismos de coordinación y participación con personas de las diferentes instancias, organizaciones, comunidades, mediante las juntas auxiliares, estableciendo modelos de gestión y regulaciones que, por antonomasia o principios, se opone a las grandes obras propias del capital transnacional.
Esta es una de las cuestiones más interesantes y paradójicas identificadas. Si bien se llega a importantes arreglos o presiones con el gobierno local en diferentes temas que van desde mayor y mejor seguridad pública, hasta la preservación de los recursos naturales, la defensa del territorio y sus enfoques se centran sobre procesos que son extremadamente visibles, tales como la instauración de grandes cadenas de supermercados, minería y explotación de los recursos naturales, entre otros. No obstante, están tomando auge esquemas tácitos de ocupación del territorio y de gentrificación, asociados al desarrollo turístico que está compitiendo con fuerza por mercados de tierras. También, la incidencia de otros agentes por lo que uno de los entrevistados planteaba que
…hay intermediarios individuales que vienen a vender sus productos en el pueblo, pero también les venden a las grandes empresas, que en ocasiones dan dinero a las personas para que acopien el café y luego se lo vendan. Empresas de otros estados como Veracruz la mayoría.
Esto no es propio de Cuetzalan, y ya desde la instauración del modelo neoliberal en la producción cafetalera en México a inicios de los 90 del pasado siglo, diversos actores han estado asociados a agentes locales y externos que trabajan para consorcios transnacionales que penetran ya no como grandes proyectos, sino con el patrocinio o alianzas con emprendimientos más pequeños que sirven a sus intereses, sobre todo en los eslabones intermedios y de apoyo tecnológico. Estas cuestiones requieren mayor profundización ya que forman parte de los esquemas sumergidos y no tan visibles de las transacciones que atentan contra los SIAL. Otra cuestión fundamental en la defensa del territorio es la preservación de la cultura, lo cual representa uno de los motores impulsores del desarrollo de los SIAL, y en el caso de Cuetzalan, se verifican con mayor fuerza en las categorías donde las relaciones de gobernanza son maduras.
La fuerte tradición indígena le confiere un rasgo con base solidaria que parte del rescate de la cultura local. Para ello se instauró con el protagonismo de Tosepan, el Códice Macehual en 2018 donde se propone el deber ser de las relaciones que deben primar en los esquemas organizativos de las producciones y/o comunidades. Uno de los planteamientos que resume esta cuestión, alude que:
Los abuelos y las abuelas escuchan y sienten la voz de taltikpak (la tierra). Nuestra vida comunitaria es muy rica y nos juntamos cuando vamos a chapear los caminos, cuando hacemos faenas en las escuelas, en las iglesias, en el mantenimiento de los manantiales, tanques y tuberías para nuestra agua potable, cuando sembramos e intercambiamos nuestras semillas ancestrales para la milpa y cuando practicamos el trueque de los productos que nos da el kaffenta (cafetal), el rnilah (milpa), el kuojtakiloyan (bosque útil), kalsinta (traspatio) o aichicualrneh. Nos mantenemos organizados en asambleas porque es la mejor forma de pensar en colectivo y encontrar las maneras más adecuadas de resolver nuestras necesidades familiares y comunitarias.
Esto denota una relación simbiótica desde la cosmovisión indígena con la madre tierra y con sus iguales, así como el deber ser de los esquemas productivos.
Relaciones multiactorales/multinivel
Actores locales fundamentales en las relaciones con los esquemas productivos y que son los que más interactúan con los niveles analizados, son los intermediarios presentes en las producciones de café, sobre todo regionales. Se dificulta realizar una labor precisa de mapeo por la falta de un censo o estadísticas fidedignas, por lo que de forma somera se identificaron tres grupos con la presencia más relevante en el municipio (Gráfico 3). En primer lugar, los denominados coyotes, los cuales son personas que cuentan con el capital y la astucia para comprar a precios normalmente bajos a los distintos productores. Son vistos como un mal necesario por algunos actores locales, ya que es la vía más rápida para comercializar sus productos, donde el precio es la única norma que rige las transacciones y no pocas veces resulta injusto a los ojos de quienes sufren las vicisitudes del rigor de la labor que requieren los cultivos.

Fuente: elaboración propia a partir de las entrevistas en profundidad a actores locales.
Gráfico 3 Principales intermediarios.
Por otra parte, los emprendedores con marcas locales son por lo general jóvenes que compran producciones de café a productores individuales, procesan y comercializan bajo un sello propio. Dos ejemplos representativos son las marcas Cuezali y Quetzal, con experiencias totalmente distintas, donde el primero es un negocio familiar en crecimiento, que ya cuenta con un volumen importante de trabajadores, aunque el sistema de relaciones que establece con productores y consumidores finales es vertical mediante el precio. Por su parte, Quetzal es un negocio con una interesante alianza entre el emprendedor y los productores, garantizando confianza mediante el apoyo a estos últimos comprando siempre a precios por encima del mercado.
Las asociaciones de productores y/o cooperativas son otras formas más democráticas de intermediación, donde los productores por lo general tienen participación en la toma de decisiones. Otros actores relevantes son los entes gubernamentales o públicos que juegan un rol importante en las transacciones con los diferentes actores. En ese sentido, el gobierno estatal de Puebla incide sobre Cuetzalan con la implementación de políticas a través de su Secretaría de Desarrollo Rural, promoviendo 49 conceptos y 10 componentes, sobre lo que se denomina Programa de Recuperación del Campo Poblano5.
Dentro del componente uno se encuentra la recuperación de la caficultura poblana, con varios conceptos: entrega de insumos tales como fertilizantes, insecticidas, etc.; apoyo para el proceso de beneficio del café (despulpadoras, patios de secado de 10x5 y túneles de secado, entre otros); transformación del café (tostadores, molinos, bolsas, selladoras, clasificadora y kit para catar el café, entre otros). Estos programas benefician a productores con más de media hectárea y ya lleva cuatro años en ejecución.
Una de las fortalezas identificadas en la entrevista fue la formación de grupos de actores locales (productores, comercializadores, etc.) que se asocian con la finalidad de solicitar mayores financiamientos o recursos a las autoridades supramunicipales. Sin embargo, un importante número de entrevistados no están del todo seguros de los mecanismos para otorgar estos apoyos y demandan mayor transparencia. Otros apoyos en el territorio se otorgan desde el gobierno federal a través de la Secretaría de Desarrollo Rural (Sader) con alrededor 6,200 pesos (aproximadamente 330 dólares americanos) por hectárea, con un apoyo otorgado total de 5 millones 7 mil pesos (aproximadamente 270 mil dólares americanos) que han beneficiado a alrededor de 931 productores de café.
En cuanto a los esquemas de relaciones con las estructuras gubernamentales a nivel local, se parte de la presencia de un plan de desarrollo, que se renueva cada 3 años y se asegura que se construye con amplia participación ciudadana. En este se identifican los ejes estratégicos a trabajar, los cuales en el plan vigente desde 2021, fueron: infraestructura (eje transversal); seguridad y gobernanza; desarrollo integral; bienestar y salud; desarrollo económico, rural y turismo; interculturalidad, y sustentabilidad (H. Ayuntamiento de Cuetzalan, 2021).
El eje de desarrollo económico, rural y turismo centra su trabajo en promover el incremento de la productividad en las unidades económicas considerando central la promoción de la economía social y solidaria con enfoque de respeto a las costumbres, tradiciones y formas de vida, planteando el fomento cooperativo y la constitución de cooperativas como una de las principales líneas del territorio. No obstante, la percepción generalizada de los productores en las categorías con gobernanzas menos consolidadas es que tienen pocos apoyos del gobierno y de las políticas públicas que propicien estabilidad en la vida económica de la localidad.
Capacidad de adaptación
Entre las problemáticas más acuciantes identificadas estuvieron los fenómenos meteorológicos extremos, como heladas y huracanes, y la variabilidad climática que ha afectado con creces el cultivo del café en la región. En este sentido, las estructuras productivas con niveles de gobernanza maduras también tienen una conciencia ambiental más consolidada en la preservación de los recursos naturales, mejoramiento de suelos, etc., así como mejores condiciones para resistir a fenómenos extremos.
Desde mejor posibilidad para negociar fondos con programas de gobiernos u otras estructuras con la finalidad de resarcir daños, hasta para gestionar fondos propios que permitan solventar la recuperación. De igual forma, incursionan en nuevas variedades y producciones orgánicas que no solo garantizan mayor valor añadido o más atractivo para el mercado, sino que generan una recuperación del entorno y menores afectaciones al mismo. Además, las producciones orgánicas o mejor organización en las producciones propician mejor adaptación ante la volatilidad de los precios, eficiencia colectiva y mejor capacidad negociadora o para competir con otros actores individuales del mercado, y se controlan o pactan los precios en toda la cadena.
Si bien ambas problemáticas inciden de forma negativa en el municipio, en las entrevistas realizadas se constató que las formas productivas donde las relaciones de gobernanza están más maduras o consolidadas se encuentran en mejores condiciones para garantizar cierta seguridad en los productores, y por ende, mejor acceso a tecnologías, insumos, capacitaciones y hasta precios, aunque en el resto de los actores no siempre sea bien visto.
Conclusiones
Los procesos de gobernanza territorial en los SIAL cafetaleros de Cuetzalan del Progreso conducen a una interesante dicotomía entre colaboración y competencia, transversalizada por la cosmovisión y la cultura náhuatl de la región como rasgo distintivo y basamento de los diferentes estadios entre las estrategias que los actores trazan ante el escenario cambiante de los precios del mercado de café.
La larga data en la tradición del cultivo de este renglón y las formas de articulación de los productores han conformado un entramado de transacciones donde el empirismo y el acceso al conocimiento y/o capacitaciones forman parte esencial del éxito o resistencia ante las distintas adversidades del contexto.
Es en ese sentido, destaca la presencia de formas de organización de productores consolidadas con gobernanza madura con mayores ventajas ante actores emergentes por las siguientes cuestiones: a) otorga, genera y promueve mayores oportunidades de acceso a opciones de mercado a través de añadir valor a las producciones, así como ventajas para acceder a créditos, a la tierra, a infraestructuras, a paquetes tecnológicos, educación y salud, entre otros; b) garantiza mayor seguridad ante el mercado depredador y contribuye a reducir la marginación y discriminación a las que estos grupos sociales han estado históricamente sometidos; c) se verifica un mayor empoderamiento de los actores rurales a través de un proceso real de participación de las bases productivas y el establecimiento de mecanismos de amplia cobertura para la toma de decisiones, cogestión y consensos, así como para el del territorio; d) se fortalece la capacidad de los actores locales para el control, evaluación, renovación y desarrollo de los SPL con base en la tradición de la cultura indígena y campesina, y e) la presencia de un sistema de valores compartidos desde una cosmovisión náhuatl actúa como importante generador de resistencia comunitaria, favoreciendo la creación de sinergias que producen estabilidad en las actividades económicas y formas más sostenibles en las producciones, incursionando en producciones orgánicas que añaden mayor valor a los productos. En sentido opuesto, existe un mayor nivel de marginación en aquellos productores no organizados que cuentan con menores extensiones de tierra.










nueva página del texto (beta)




