Introducción
Los diferentes estudios relacionados con la memoria del conflicto armado colombiano se han concentrado en tres grandes temas: los acuerdos de paz; los marcos jurídicos que la pueden garantizar y sus instituciones, y por último y no menos importante, la necesidad de extender al sistema escolar una serie de reflexiones sobre la memoria histórica desde lo que se ha conocido como la pedagogía de la memoria (Castro Sánchez,, Merchán, Gónzalez, Quintana, Ortega, 2020; Villafañe, 2012; Llano y Silva (2021); Arias, 2018). Uno de los grandes vacíos en estas discusiones, que están fuertemente influenciadas por lo político y lo jurídico, está en la relación entre cultura y memoria. Esto se explica por el auge y el posicionamiento de la justicia transicional en Colombia, que tiene como uno de sus antecedentes las posdictaduras en el Cono Sur y Centroamérica.
En el primer gran tema se encuentra que los estudios sobre el conflicto armado se han convertido en una tendencia que agrupa la relación de la violencia, la ideología y la memoria como campo de estudio reciente (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013; Centro de Investigación y Educación Popular, 2017; Pecaut, 2013; Sánchez, 2006; Romero, 2008; Rappaport, 2021; Fals, Umaña y Guzmán, 2016; Giraldo, 2000; Medina y García, 1994; Blair, 2005). La mayoría de estos estudios expresan las motivaciones y causas del conflicto social armado desde una perspectiva política que postula una memoria en términos de la reivindicación de las trayectorias de vida de las víctimas del conflicto. De ahí que sea importante la creación de instituciones como la Comisión Nacional por la Reparación y la Reconciliación, el Centro Nacional de Memoria Histórica y el Centro Bicentenario. Todas estas iniciativas apuntaron a la posterior desmovilización de los grupos paramilitares y a garantizar los derechos que les fueron negados a las víctimas de la violencia sociopolítica.
El segundo gran tema de los estudios sobre memoria y conflicto armado en Colombia se asocia a la dimensión jurídica y política. Durante los últimos veinte años estos estudios han contribuido a la comprensión del fenómeno de la memoria para resarcir los daños causados por la violencia en un país donde esta es estructural (Galeano, 2017). Estas elaboraciones de tipo académico e investigativo sobre las producciones y sentidos de las memorias se han centrado en categorías como “conflicto armado, violencia política, crímenes de lesa humanidad, desplazamiento forzado, despojo de tierras, desaparición forzada, paramilitarismo” (Díaz, Giraldo, Gómez, Cadavid, Gónzalez, 2011, p. 113); lo que muestra la incorporación de los marcos de la justicia transicional para evidenciar la necesidad de superar la impunidad y garantizar los derechos de las víctimas.
Es necesario reconocer que los estudios del conflicto han sido importantes para aplicar un marco estructural en el abordaje del conflicto en Colombia; también hay que señalar que se dispuso de un encuadre institucional que facilitó la creación de políticas públicas para la atención inmediata a las víctimas del conflicto y el avance progresivo hacia la satisfacción de sus derechos. También se generaron las condiciones institucionales para promover la formalización de la Cátedra de Paz y la promoción de las pedagogías de la memoria, un andamiaje pedagógico que posibilitó la apropiación de la cultura de paz en la escuela y la preparación de las comunidades educativas para la firma del acuerdo de paz. Sin embargo, desde estas perspectivas, poco se ha explorado la dimensión cultural del conflicto.
Las escasas referencias sobre la relación entre memoria y cultura para explicar el recuerdo cultural vinculado al conflicto armado dificultan la indagación de una dimensión simbólica y cotidiana que explique la violencia en Colombia (Serna, 2020 y Rodríguez, 2020). Mediante esta dimensión cultural de la memoria, se logra captar contenidos, formas, medios, estructuras temporales y portadores de unos hechos del pasado que se asocian con los mitos culturales que, como afirma Serna (2020), hacen referencia a los inconscientes colectivos que reproducen miradas sesgadas de la realidad y abstraen las prácticas, las arrancan de la historia y las sustraen de sus contextos.
Cabe destacar que las investigaciones de tipo histórico y antropológico relacionadas con la emergencia de las expresiones culturales y simbólicas de la memoria han permitido comprender la relación profunda del conflicto armado, para descentrarlo de un presente mediado por lo ideológico y político (Serna, 2020; Acevedo, 2012). En este sentido, la mediación de una memoria desde la vida cotidiana puede contribuir a visibilizar a los excombatientes y evidenciar recuerdos y olvidos ligados a emociones, narraciones y prácticas que forman parte de los recuerdos espontáneos de los exguerrilleros. Las formas ritualizadas alimentarias, las prácticas culinarias en la guerra, las preparaciones y el consumo de alimentos en cocinas efímeras y los recuerdos culturales asociados a los sabores, olores, texturas y colores, resultan modos de explicación asociados a formas de hacer la comida que proporcionan nuevas explicaciones al fenómeno de la violencia en Colombia.
El análisis de las prácticas culinarias que se sitúan en el nivel más elemental de la vida cotidiana resulta un objeto de estudio atractivo en la medida en que en la guerra la elaboración de los alimentos exige otros cálculos, otras preparaciones y otras memorias múltiples que se reinventaban en el itinerario de la guerra. Por lo tanto, la indagación sobre las prácticas culinarias en la guerra y después del conflicto requiere ser comprendida desde una dimensión sociocultural del recuerdo con la reivindicación de la experiencia en el quehacer diario y las formas de memoria que se han establecido en la confrontación y después del cese al fuego. En concordancia, esta investigación busca explicar cómo las dimensiones experienciales de la memoria y las expresiones culturales de una cocina itinerante son relevantes y pertinentes para revelar un sentido cotidiano de la guerra y las resistencias de rituales culinarios adaptados al cambio constante de un lugar de combate a otro.
Estas luchas simbólicas desde unas prácticas culturales arraigadas en la ciudad frente a unas cocinas errantes y nómadas requieren ser rastreadas por medio del recuerdo cultural. Como lo señala Erll (2012), la comprensión de procesos históricos de transformación, el análisis sobre los desarrollos. tecnológicos y los medios de comunicación y las dimensiones históricas de las letras y las ciencias, entre otros aspectos, permiten profundizar en las relaciones entre memoria y cultura, y la diferenciación que Assman (1988) establece entre la memoria colectiva, la cual se basa en la comunicación cotidiana del grupo o la comunidad y la memoria que se basa en objetivaciones culturales con evidentes expresiones simbólicas y semánticas.
Tal y como lo señala Assman (1988), la memoria cultural surge por la interacción cotidiana, su contenido son las historias de los contemporáneos, y por eso, siempre se refiere a un horizonte temporal limitado. Esta investigación intenta visibilizar memorias silenciadas, lo no dicho, desde las voces de sujetos que, desde los recuerdos asociados a las experiencias de la guerra y la reincorporación, permiten reconocer las memorias que se esconden en formas politizadas del recuerdo y referenciar sus miradas desde su cotidianidad, las cuales están asociadas a una semántica que asocia y expresa símbolos y prácticas identitarias cambiantes.
Metodología
La necesidad de explorar el vínculo entre memoria y cultura a propósito del conflicto armado colombiano llevó a la realización de una revisión documental. Esta consistió en la consulta sistemática de la literatura y producción académica sobre el tema de los estudios sociales de la memoria del conflicto armado colombiano, con el fin de analizar las lagunas y vacíos para trazar nuevas líneas de trabajo. Para ello se avanzó en la revisión de la literatura existente para dar respuesta a la pregunta: ¿de qué manera los excombatientes en proceso de reincorporación han producido unos modos de recuerdo y olvido asociados a las cocinas de la guerra, que se concretan en prácticas culinarias de la vida cotidiana en Bogotá? El criterio de selección y búsqueda de información documental respondió a la búsqueda de la relación entre las categorías: memoriaexcombatientes y excombatientes-vida cotidiana1. La secuencia del proceso de revisión documental se presenta en la siguiente figura:
La búsqueda sistemática de la literatura alusiva al tema abarcó las producciones bibliográficas sobre las tres categorías señaladas de los años 2016 a 2023, criterio que permitió clasificar y seleccionar los artículos y producciones académicas para el proceso de codificación de información y extracción de datos necesarios para el análisis y la definición del objeto de estudio. De este modo, se estructuró una estrategia de indagación delimitada por tres ejes conceptuales fundamentales: 1) las expresiones de las memorias de los excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la ciudad de Bogotá, entre 2016 y 2023; 2) la relación entre estas memorias y la vida cotidiana de los excombatientes de las FARC en el periodo señalado, y 3) la relación entre estas memorias, la vida cotidiana y la construcción de horizontes que resignifican sus experiencias.
El proceso de construcción del estado del arte fue un ejercicio reflexivo que permitió identificar 35 registros, de los cuales 5 corresponden a artículos de análisis o presentación de resultados de investigación y 12 presentan estudios relacionados con tesis de maestría y doctorado que abordan desde distintas tendencias y corrientes epistemológicas las memorias de la población excombatiente de las FARC.
Se revisaron y consultaron 32 fuentes bibliográficas alusivas a las corrientes y tendencias mediante las cuales se han abordado los estudios sociales sobre la memoria en el conflicto armado en Colombia desde distintas perspectivas. En el ámbito internacional se realizó la consulta sobre procesos de investigación que incorporan estas categorías para el análisis de los casos de los excombatientes en contextos como Perú, El Salvador, Sudáfrica y El Congo, específicamente en regiones como Kivu del Norte y Kivu del Sur. Los criterios de selección de información documental se señalan en el siguiente cuadro:
Memoria y vida cotidiana: hacia la comprensión del conflicto armado colombiano desde la dimensión cultural
La producción académica sobre las relaciones entre las memorias y la vida cotidiana de los excombatientes desde el ámbito internacional no ha sido muy profusa, por lo que se tomó como referente la producción más importante en relación con las intencionalidades de la investigación. En primera instancia se exploró la tesis doctoral Políticas internacionales de construcción de la paz y de desarme, desmovilización y reintegración en Kivu del Norte y Kivu del Sur, República Democrática del Congo. Un análisis basado en el enfoque de género y las masculinidades (2004-2015), presentada por Ike Zirion, quien plantea un análisis crítico a los procesos de Desarme, Desmovilización (DDR) y la reintegración de excombatientes en contextos de conflicto y postconflicto (Zirion 2016 , p. 22).
Esta investigación aborda los procesos de DDR implementados en la República Democrática del Congo (RDC) del año 2004 al 2015 y su desarrollo e impacto en las Provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur. El autor cuestiona las políticas de reintegración y reincorporación en los contextos de postconflicto, fundamentadas en enfoques de género que son implementados desde perspectivas que no responden a las cotidianidades de la guerra ni tienen en cuenta las masculinidades militarizadas que devienen de esta. Dichas masculinidades, a juicio del autor, deben transformarse por otras que rompan la dominación, agresividad y trato desigual de los excombatientes hombres con las mujeres, para garantizar una efectiva superación de la violencia y la resolución de los conflictos armados en ámbitos públicos y privados (2020, p. 516).
Por otra parte, Alejandro Castillejo, en su investigación Entre los intersticios de las palabras, Memoria, Posguerra y Educación para La Paz en Sudáfrica (2006), refiere algunas claves para reivindicar la necesidad de permitir que las memorias cotidianas de los excombatientes emerjan como mediaciones para entender el pasado traumático de la guerra y comprender la realidad sudafricana de hoy. La importancia de recuperar las memorias de los excombatientes del Congreso Nacional Africano (ANC) en Sudáfrica se sustenta en el reconocimiento de la precariedad económica y social de posguerra y la elección de Mandela como mandatario del país en 1994. A finales de los años noventa, miles de jóvenes que se enlistaron en la lucha anticolonialista sudafricana se enfrentaron a un futuro incierto en medio de condiciones adversas, para lo cual fue necesario generar espacios institucionales que permitieran reconocer sus experiencias y traumas de la guerra mediante iniciativas como el Western Cape Action Tours Project, un proyecto de tours históricos a través de Ciudad del Cabo.
Estos espacios históricos son para el autor escenarios de un proceso de memorialización, donde los problemas de la voz, la experiencia y la historia se integran de tal manera que los dos ejes identificados, el reconocimiento y la subsistencia, pueden ser afrontados (Castillejo, A. 2006, p. 21). En su análisis, Castillejo cuestiona la industria del turismo que se ha generado durante el postconflicto en Sudáfrica, y señala cómo la falta de reconocimiento de la identidad de los pueblos negros ha contribuido a una industria del consumo que deja de lado la vida y la cotidianidad de los excombatientes. En el ámbito latinoamericano se exploraron los procesos de construcción de memoria de los excombatientes de la guerrilla de Sendero Luminoso, en Perú, y las relaciones memoria-excombatientes y vida cotidiana en el conflicto en El Salvador, con militantes del frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
En el primer caso se retomaron los resultados del proceso de investigación de la tesis doctoral de Antropología Social de Lucía Rojas Rodríguez (2018), quien en el estudio Memorias de la vida cotidiana en las zonas liberadas de Sendero Luminoso: el caso de las retiradas de Chungui y Oreja de Perro, analizó las dinámicas de los recuerdos y olvidos que son parte de la cotidianidad de las personas que habitaron en los territorios declarados como zonas liberadas por dicho grupo insurgente. Bajo un abordaje de la guerra como condición social que retoma a Lubckemman (2008), la autora estudia la transformación de las relaciones sociales y las prácticas culturales mediante un análisis que busca superar la categorización reduccionista de quienes han sido parte de la guerra, como víctimas o perpetradores.
El estudio hace explicita la transformación de los modos de vida de las comunidades campesinas e indígenas de las zonas liberadas del Ayacucho y evidencia la relación memoria-vida cotidiana, a partir de prácticas ligadas a la cocina y la alimentación comunal que tuvieron un impacto duradero en la memoria y las narrativas, particularmente de las mujeres. Para las comunidades de La Retirada, comer era una actividad que expresaba la intimidad de la familia o el establecimiento de relaciones de intercambio recíproco, ya que dar y recibir alimentos indicaba el lugar donde se ubica el sujeto en el espectro étnico-político (Weismantel, 1988; Orr, 2013; Rodríguez-Alegría, 2005).
Los vínculos entre el alimento y las relaciones sociales, las prácticas colectivas de crianza y reproducción, las condiciones de pobreza y migración ante la persecución estatal y la sobrevivencia que se recuerda como un retorno a la naturaleza, son los principales ejes de análisis que la autora plantea para comprender lo cotidiano, junto con los desafíos nuevos y desesperados del conflicto, en los que las personas recrean las relaciones sociales y les dan sentido a sus proyectos de vida.
Por otra parte, la investigación de López (2017) sobre las memorias de la guerra civil salvadoreña, menciona los recuerdos autobiográficos con contenido ideológico de las comunidades afectadas por el conflicto, así como los relatos de militantes y excombatientes que expresan y justifican ideológicamente las acciones de guerra. Para el autor, la eclosión de memorias sobre la guerra implica prolongar la confrontación a una dimensión simbólica y de memorias del conflicto, en la cual recurrentemente se hace un uso político del pasado.
A partir de categorías como memoria martirial, López (2017) señala cómo las memorias del FMLN transitan entre representaciones martiriales con otras de carácter heroico, que estuvieron muy en boga en la época del conflicto, justamente para crear figuras modélicas a imitar por parte de los combatientes y militantes de la izquierda en armas. En contraposición a estas memorias, se evidencia cómo la guerra, asociada generalmente a la tragedia, puede adquirir una connotación festiva ya que marca ciertos puntos de inflexión o un momento de pausa en la confrontación, intervalos que denomina memoria festiva.
En las memorias de los combatientes son recurrentes las narraciones de las fiestas y bailes que se organizaban en los campamentos y zonas de control, las fiestas en las repoblaciones y la celebración del Acuerdo de Paz en 1992 (López, 2017). Finalmente, emerge la memoria oficial del FMLN, que expresa un sentido teleológico en el que todas las experiencias de luchas libertarias previas conducen al proyecto revolucionario que fue liderado por el frente. Los abordajes investigativos de la relación entre memoria y vida cotidiana de los excombatientes en Colombia se han realizado en un periodo relativamente reciente. Como punto de partida se retoman los principales hallazgos de producciones académicas de maestría y doctorado que refieren la relación memoria-excombatientes-vida cotidiana.
Al respecto se refiere la investigación realizada por Fuertes y Corredor (2021): la memoria transformadora como estrategia de intervención profesional en los procesos de reconciliación social: comprensión a partir de mujeres campesinas, excombatientes y jóvenes en Manizales, Colombia donde se identificaron las narrativas y experiencias de sobrevivencia de mujeres campesinas y excombatientes en proceso de reincorporación. El análisis sobre las prácticas de cuidado y restauración de relaciones fragmentadas por la violencia armada, desarrolladas en la huerta y en la cocina, como escenarios de ejercicio político, de resistencia y reconocimiento de la vida es uno de los ejes centrales de esta investigación (Fuertes y Corredor, 2021).
La autora plantea la noción de memoria transformadora para evidenciar los actos cotidianos donde se conectan la dimensión de la experiencia (aquello que ha sucedido a alguien y de lo que es posible dar cuenta, por ejemplo, narrativamente) con la dimensión de la expectativa (lo que aún no es, pero que se presenta como guía de acción).
La tesis reconoce las prácticas que constituyen la identidad de las mujeres, las cuales se hacen evidentes en escenarios donde se recuperan distintos saberes del campo y se fortalecen las relaciones de quienes sobreviven en medio del conflicto. Al respecto, tanto la cocina como la huerta son la expresión de representaciones de la memoria transformadora. Además de las prácticas cotidianas que permiten potenciar los recuerdos, se reconoce el olvido como una perspectiva constitutiva de la memoria, clave para potenciar sus significados y engranajes con los recuerdos de los hechos vividos antes y durante la guerra.
La compilación Entre fusiles y acordeones: cancionero de música fariana-vida cotidiana, realizada por Rafael Quishpe en alianza con la Universidad del Rosario y la Frei Universitat de Berlín (Quishpe et al. 2019) presenta el proceso de sistematización realizado por docentes y estudiantes de varias universidades bogotanas para recopilar las expresiones musicales de la anterior guerrilla de las FARC EP desde 1988, en una obra que se compiló bajo el nombre Mensaje fariano. Esta producción visibiliza aspectos de la cotidianidad de los excombatientes que retoman las costumbres de la organización guerrillera y dialogan constantemente con prácticas culturales regionales y campesinas donde operaron. Por ello no es extraño encontrar a la cancharina, (plato de harina dulce frita, característico de la dieta básica de la guerrilla), acompañada de agua de panela como desayuno para los combatientes, ni tampoco una fiesta ambientada por música fariana y música tropical.
La vida cotidiana de las personas que dejaron las armas para plantear un nuevo proyecto de vida se resalta en esta investigación desde las relaciones afectivas que se tejen a partir de la música y las rememoraciones y añoranzas de las relaciones familiares con las madres e hijos. Además de los instrumentos musicales, la caleta o lugar de descanso y las actividades recreativas de las horas culturales, son descritos en el proceso de sistematización, junto con las canciones que resaltan las fechas conmemorativas del grupo guerrillero. Por otro lado, la tesis doctoral Temporalidades en las narrativas de los excombatientes, experiencia humana de infancia y educación, realizada por Elizabeth Puentes (2019), busca comprender las temporalidades de la experiencia presentes en las narrativas de un grupo de personas adultas vinculadas a la insurgencia siendo niños y que se encuentran en procesos formativos en su reincorporación (Puentes, 2019).
La autora explora las estructuras lingüísticas a partir de formas temporales que retoma de Ricoeur (1995). Entre estas se refiere al tiempo vulgar, que corresponde a la sucesión lineal de instantes: “y el tiempo del relato que supera esta representación, pues da cuenta del estar en el tiempo, el cual activa la memoria para traer al presente y al futuro acontecimientos del pasado” (Puentes, 2019, p. 12). Sobre la relación entre memoria y vida cotidiana, se resaltan las narrativas de quienes hoy se reincorporan a la vida civil en un tiempo particular de la experiencia, lo que permite identificar las temporalidades construidas en el espacio de la escuela, la vida cotidiana y la infancia.
Puentes (2019) concluye que la temporalidad es concomitante a la experiencia humana y se convierte en el vínculo entre la experiencia vivida y la narrativa. La memoria es mediadora entre el tiempo vivido y la narración. La investigación de Santamaría (2019), Memorias corporales de mujeres indígenas excombatientes de las FARC en Colombia: de guerreras a princesas en los espacios territoriales de formación y de capacitación (ETCR) de Tierra Grata y Pondores, aborda las memorias de las mujeres indígenas partícipes de la guerra y como estas se recrean a partir de las huellas de sucesos pasados, deseos y desfallecimientos por medio de prácticas, expresiones y emociones que emergen a través del cuerpo.
Para Santamaría (2019), el cuerpo de las exguerrilleras indígenas en contextos de guerra es lugar de construcción de identidades ya que expresa sentidos y símbolos cambiantes. Las excombatientes participan en una estructura de poder donde se les endilga una narrativa de violencia y agencia; no obstante, sus identidades como mujeres indígenas expresan memorias corporales donde emergen las tensiones del disciplinamiento corporal y la autonomía individual indígena y guerrillera, que deconstruyen la identidad guerrera y las identidades de género y étnicas (Jiménez, 2017). De acuerdo con la perspectiva anterior, resulta indispensable considerar la relación memoria-cuerpo para establecer los vínculos entre los procesos de transformación permanentes de identidades y la relación recuerdo/olvido en las prácticas de la vida cotidiana de las excombatientes de las FARC.
La producción académica revisada permitió delinear los horizontes de la investigación, la cual espera contribuir al debate teórico que se ha desarrollado en relación a los estudios sobre la memoria y el conflicto armado, así como las transiciones entre la guerra y la paz, a partir de la comprensión de las memorias de los excombatientes de las FARC y las interacciones entre lo corporal, los sentidos, las prácticas políticas, las prácticas culinarias y algunas ayudas de la memoria como los rituales que funcionan como mnemotécnica cultural y ritual, al estilo de escenificaciones simbólicas.
Memorias y vida cotidiana de los excombatientes de las FARC en Bogotá de los años 2016 al 2021
El estado del arte de la investigación tomó como uno de sus principales ejes de referencia el reconocimiento de las memorias de los excombatientes de las FARC a partir de las prácticas que constituyen sus cotidianidades en la ciudad de Bogotá, para lo que se retomaron producciones académicas e investigativas realizadas en el periodo posterior a la firma del Acuerdo de 2016.
Entre ellas destaca el artículo: Los excombatientes y la memoria: tensiones y retos de la memoria colectiva construida por las FARC en el posconflicto colombiano, realizado por Rafael Quishpe (2018). Esta investigación alude a las memorias de los excombatientes que se expresan como campo de disputa, mediante un sentido del pasado que orienta la acción política del presente, a partir de tres escenarios: 1) las expresiones artísticas; 2) las fechas conmemorativas, y 3) los lugares del recuerdo. Quishpe propone el estudio de la memoria de los excombatientes, potenciando su participación como sujetos transicionales, en tanto sus historias expresan marcos de sentido y enunciación y se plasman en lo cotidiano y en las consideraciones sobre la verdad, a partir de narrativas que posibilitan conocer públicamente sus versiones sobre lo sucedido en el conflicto, trascendiendo las relaciones de causa y consecuencia para dar lugar al surgimiento de memorias reservadas (Acevedo, 2012).
Sobre las características de las memorias de los excombatientes se analizan dos aspectos centrales: su perspectiva reexplicativa al plantear una disputa frente a la interpretación común de los hechos sucedidos en el conflicto armado sobre la violencia, y la paz en Colombia (contenido), y reivindicativa (política), que exalta los principales referentes fundadores de la guerrilla como personajes heroicos, cuyo alzamiento en armas fue necesario ante las causas estructurales que condujeron al conflicto. Finalmente, el autor señala un último escenario denominado los lugares de la memoria guerrillera, conformados por espacios como museos y medios rurales que se han constituido luego de la firma del Acuerdo de paz para evocar las vivencias de la guerra, como escenificaciones simbólicas hacia la construcción de la paz.
Algunas memorias y expresiones de la vida cotidiana de los excombatientes en la ciudad de Bogotá se exponen en la producción investigativa titulada Naturaleza común: relatos de no ficción de excombatientes para la reconciliación (Ministerio de Cultura, Instituto Caro y Cuervo Centro Memoria Paz y Reconciliación, 2021), la cual presenta los resultados de un proceso de encuentro e investigación con 11 mujeres excombatientes de las FARC y once relatos que dan cuenta de formas y sensibilidades diferentes.
Los recuerdos y olvidos que integran sus memorias evidencian las posibilidades de ampliar las comprensiones y expresiones diversas de la vida cotidiana, poniendo en tensión las construcciones hegemónicas de la memoria histórica. Los temores, incertidumbres, reflexiones y sentires sobre el presente y el futuro, las problemáticas sobre las transformaciones en los modos de vida del campo y la ciudad, entre otros factores, forman parte de las prácticas de la vida cotidiana que revisten una importancia clave de esta producción para el proceso de investigación sobre memoria y vida cotidiana.
Finalmente, Lorena Castillo (2017), en su artículo Allá nos pillamos, el tránsito de las FARC a las FARC en Bogotá y los retos para su participación política, analiza la expresión allá nos pillamos y lo que esta implicó para los excombatientes en el contexto de la firma del Acuerdo de Paz. Esta expresión fue pronunciada el 27 de agosto de 2017 en el centro de convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, durante la instalación del Congreso en el que la guerrilla de las FARC-EP se constituía como partido político, poniendo de manifiesto la importancia de la ciudad de Bogotá como lugar idóneo del proyecto político de los excombatientes para la construcción de la paz.
Los excombatientes como categoría de análisis en el marco de la memoria cultural
Antes de proponer un itinerario conceptual para abordar la relación entre memoria y cultura, conviene abordar la categoría de excombatiente. Esta categoría tiene su origen en los marcos de la justicia trasnacional, para caracterizar a aquellos sujetos que han tomado las armas para ser parte directa del conflicto armado y posteriormente las dejan o son desarmados (Nussio, 2012). Estas consideraciones han marcado la generación de políticas públicas para la reintegración y reincorporación a la vida civil en el marco de los procesos de DDR y han sido interpeladas por las personas que fueron parte de los grupos armados y se encuentran en proceso de reincorporación y por varios académicos que han focalizado sus análisis en la resignificación de los ideales e identidades cambiantes de quienes transitan de la guerra a la reincorporación.
Es precisamente esta última concepción la que se toma como referente, mientras las limitaciones que lleva consigo la implementación de una política pública que garantice la dignificación de las personas vinculadas a la guerra y la transición a la vida civil, son parte del entramado de relaciones socioculturales y la memoria de una tragedia que tiende a olvidarse y cuyas raíces se profundizan cada día.
Al indagar sobre los modos de recuerdo y olvido de los excombatientes en Bogotá, se enfatizan los procesos de exploración e investigación mediante los cuales es posible conceptualizar y reconocer nuevas formas de conocer los vestigios de la memoria y los entramados culturales que generan procesos de interacción y comunicación. En este sentido, el acercamiento a las prácticas culinarias de los excombatientes desde una memoria cultural supone el cuestionamiento a las políticas públicas de la memoria en tanto se analizan a profundidad las formas mediante las cuales estas se asumen, apropian o cuestionan desde lo cotidiano, reconociendo sus potencialidades y limitaciones.
Memoria cultural y prácticas culinarias: un puente hacia la comprensión de dimensiones culturales de la guerra en Colombia
Al concentrarse el conflicto armado en la gestión técnica de proyectos de memoria y de dispositivos jurídicos internacionales, se ha dejado de lado la dimensión cultural donde son posibles los silencios, los recuerdos y los olvidos. Desde las discusiones que se han presentado en el balance realizado hasta el momento, se pone de manifiesto que la búsqueda de explicaciones sobre el conflicto armado colombiano ya ha superado la dimensión política y jurídica y se ha expandido a otros escenarios de producción cultural, como por ejemplo el cine, el teatro y la música, entre otras expresiones culturales. Otro de los escenarios propicios para la búsqueda de respuestas sobre la relación memoria-conflicto armado procede de la comprensión de las prácticas culturales que se producen en la guerra. En este sentido es necesaria una reflexión epistemológica que permita la construcción de nuevos conocimientos situados.
Los afectos y la experiencia que potencian las relaciones con el pasado, son otro aspecto que vale la pena analizar a profundidad. Hay en estas consideraciones una mirada que permite situar los modos de recuerdo y olvido identificados con unas geografías de los olores y sabores en lugares concretos, en permanente transformación, desde una lógica que transita por los vestigios y saberes que emanan de la vida cotidiana.
En la coyuntura política y cultural del país, sugiere especial atención la aproximación y comprensión del mundo a través de los sentidos como el gusto y el olfato. Los olores y sabores específicos pueden inducir recuerdos del pasado, especialmente aquéllos asociados con la memoria autobiográfica y episódica. Los olores asociados con los recuerdos autobiográficos evocan y resignifican experiencias pasadas, posibilitando que emerjan recuerdos acompañados por la sensación de retroceder en el tiempo, como lo señalan Masaoka et al. (2021). La fuerza mediante la cual la memoria se activa a través de los sentidos expresa cómo estos juegan un papel importante en la vida cotidiana generando afectaciones emocionales, psicológicas y físicas que influyen en la forma como se generan relaciones con la historia (Bembribre y Strlic, 2017).
Esta intencionalidad parte de la relación entre memoria y cultura, específicamente de la potencia de una categoría como la memoria cultural para comprender las prácticas cotidianas de los excombatientes de las FARC, los recuerdos asociados a sus saberes culinarios y los diferentes itinerarios de una cocina errante, deslocalizada y nómada. En relación con las memorias de los sabores y olores, las cuales están directamente ligadas a prácticas culinarias que trascienden las dinámicas de la guerra, es importante retomar los aportes de Voß y Guggenheim (2019), quienes señalan cómo la degustación de alimentos es un asunto de prácticas colectivas que se ha desarrollado históricamente desde las prácticas culturales y el uso de artefactos. Esta relación entre la memoria, los sentidos, la experiencia y las cosas es narrada por Stepanova en su obra En memoria de la memoria (2021).
También es posible poner en valor los lugares por los que transitan los recuerdos sensoriales asociados al gusto, el oído, el tacto y el olfato en plena guerra o después de la dejación de armas, con el propósito de reconocer una perspectiva territorial, con itinerarios y experiencias que pueden ser considerados como una cocina errante, una cocina descalza, una cocina de guerra que es efímera y al mismo tiempo perdurable en el recuerdo de una práctica que se transmite.
De ahí que sea relevante acudir a las conceptualizaciones de Pierre Bourdieu (2008) sobre la práctica cultural y los habitus experimentados para poder comprender este fenómeno de difícil discernimiento. Desde los términos de Bourdieu, la práctica cultural requiere indagarse de manera reflexiva desde una historia social, donde se expliciten los principios de visión y de división del mundo social. Como refiere Bourdieu, las prácticas culturales culinarias pueden comprenderse como parte de principios de diferenciación frente a las cocinas tradicionales y también de las formas de hacer las comidas diferentes a las formas de la ciudad en la forma de habitus experimentados, como lo refiere un excombatiente de la región del Guaviare en su testimonio
(…) dentro del comando estaba el jefe de medicina (…) que era el que decía, metámosles menos proteína porque estamos quietos o metámosles más proteína porque estamos en movimiento, más azúcar, bueno. Porque digamos el enfermero también tenía capacidad de nutricionista, los formaban en el bloque para eso, insisto, para la guerra (Fuenmayor, 2020, p. 39).
Al respecto, la investigación realizada por Fuenmayor (2020) da cuenta de la creación de un sistema de producción alimentaria propio de las FARC-EP que constituyó una cocina itinerante en medio de la guerra, el cual se caracterizó por basarse en la agricultura, ganadería, pesca y caza. Este sistema se soportaba por actores clave dentro y fuera de la organización, cuyas funciones aseguraban la supervivencia de los combatientes (p. 22). Las prácticas culturales asociadas a lo alimentario y culinario, al ser consideradas saberes encarnados en el cuerpo y que proceden en los rituales culturales de la guerra, requieren un complemento conceptual que amplíe la comprensión de los modos del recuerdo y el olvido. Por esto es necesario que tales formas de producción cultural puedan proceder desde la memoria cultural, para fortalecer el vínculo entre el conflicto armado y su dimensión cultural.
En esta perspectiva, dichas prácticas son entendidas como un conjunto de experiencias relativas a la alimentación humana y se componen de imaginarios, creencias, ritos, costumbres, valores y representaciones que se dan al acto de alimentarse (Aguilar, 2014). Las prácticas culinarias en el contexto de la guerra se caracterizan por los procesos de organización militar jerarquizada que permiten garantizar la financiación y producción de alimentos para un numeroso grupo de personas y la capacidad de disponer de los insumos y herramientas para su preparación.
Fuenmayor (2020), citando a Davis (2011), señala que la cultura alimentaria de cada sociedad que cobija a los soldados está reflejada en la alimentación que reciben, aunque está sujeta a la logística y a las necesidades operativas de la guerra. En estos términos, la memoria cultural de la guerra y de las prácticas culinarias del conflicto se relaciona con objetivaciones que se representan en ceremonias temporales y culturales de las celebraciones del botín de guerra o de la huida de un territorio provisional.
De ahí que uno de los objetos de estudio para este cometido sean esos acontecimientos míticos de un pasado lejano, de un éxito de guerra que pueden ser comprendidos como fundantes (Erll, 2012, p. 56). Así, la investigación intenta a visibilizar memorias silenciadas, lo no dicho, voces de sujetos que desde los recuerdos y olvidos asociados a las experiencias de la guerra y de reinserción, se expresan en formas politizadas del recuerdo y referencian las miradas de los excombatientes desde su cotidianidad.
Indagar sobre los entramados mediante los cuales se tejen la memoria y la historia cultural, implica ahondar sobre un sinfín de formas como los órdenes sensoriales están entrelazados con los ordenamientos sociales (Howes, 2014). Para ello es clave reconocer las formas mediante las cuales se apropia el mundo a través de los sentidos, descentrando la hegemonía de la observación en la representación del mundo social. Este giro sensorial es clave para los estudios sociales de la memoria, en tanto los sentidos median en la relación entre la idea y el objeto, la mente y el cuerpo, el yo y la sociedad, la cultura y el medio ambiente. Cada cultura elabora sus propias formas de entender y usar los sentidos, por lo que estas connotaciones de la experiencia se materializan a través de prácticas específicas de la vida cotidiana.
Conclusiones
Memoria cultural y prácticas culinarias. Caminos hacia la reconciliación culinaria
Las nuevas líneas de trabajo que pueden establecerse en los estudios sociales de la memoria del conflicto armado en un país como Colombia, pueden aportar a la reparación simbólica del conflicto y a los procesos de reconciliación desde la reconstrucción de las relaciones sociales, que tras un proceso conflictivo, implican el restablecimiento de los vínculos entre los diferentes grupos sociales con base en la reconstrucción y resignificación del pasado, con el objetivo de llegar a acuerdos frente a un futuro común. Tras un conflicto de carácter violento, como el caso de Colombia, la reconciliación constituye un proceso que debe afrontarse con el fin de superar las consecuencias que este conlleva.
El reconocimiento de las cocinas regionales, las cocinas de guerra y las prácticas culinarias de los territorios más alejados del país pueden quebrar la lógica amigo-enemigo y la ideologización excesiva del mismo, con miras a potenciar los procesos de reconciliación. El acto de comer y las formas de cocinar de la guerra demandan un nuevo redimensionamiento que permita que las dinámicas y relaciones socioculturales que se han tejido en el marco de la guerra se hagan explícitas y resignifiquen los marcos de producción de verdad desde lo simbólico. En tales prácticas culinarias, esta lógica reconoce diferentes subjetividades y prácticas de la cotidianidad como apuestas para la reconstrucción de los proyectos de vida y el restablecimiento de los vínculos identitarios y simbólicos que van más allá del consumo del alimento para la sobrevivencia y conjugan métodos de aprendizaje que evidencian el valor de la cocina y la producción alimentaria en medio del conflicto, proyectándose como un factor potencial del turismo alimentario y el desarrollo territorial.
La reincorporación a la vida civil de los excombatientes que se acogieron a la firma del Acuerdo de Paz de 2016 transita entre la posibilidad de reestructurar sus proyectos de vida hacia la generación de proyectos colectivos desde los territorios donde habitan y apuestas de tipo individual que reivindican la garantía de derechos fundamentales como la educación y la salud. Por esta razón se insiste en reflexionar desde la perspectiva de la memoria cultural, en las posibilidades de recuperar recuerdos y olvidos desde los mismos portadores del dolor, la incertidumbre y la complejidad que supone la reivindicación y la lucha armada en Colombia.
La reconciliación culinaria constituye un propósito irrenunciable pues supone que quienes se asumen como enemigos en el marco de la guerra, puedan reconocer en las cocinas regionales nuevos procesos para lograr el respeto y la mutua aceptación como miembros de una misma sociedad. De este modo, la reconciliación constituye un proceso por medio del cual las partes enfrentadas deponen una forma de relación polarizada y asumen otra constructiva, a través de memorias aportan a los procesos de comprensión del pasado en contextos situados, en tanto los recuerdos y olvidos no ocurren a través del objeto, sino del proceso que se produce a través del objeto (como en el caso de las escenificaciones simbólicas y los rituales de la preparación del alimento y los legados que las cocinas de guerra aportan para la construcción de paz territorial en Colombia).










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