Introducción
La osteoartritis (OA) de rodilla se define como una enfermedad articular crónica de tipo degenerativo caracterizada por un componente inflamatorio, elongación de la cápsula articular con cambios en los tejidos blandos periarticulares, aumento de la remodelación ósea, pérdida progresiva de cartílago hialino y del hueso subcondral hasta la aparición de lesiones condrales, así como daño en el tejido sinovial, formación de osteofitos y envejecimiento de la matriz por causa de la senescencia de los condrocitos, secundario a productos de glicación avanzada.1,2,3,4,5
Se estima que 302 millones de personas en el mundo son afectadas por la osteoartritis, de las cuales entre 6 y 60% corresponden a osteoartritis de rodilla; en Estados Unidos la cifra llega a los 14 millones y en México destaca una prevalencia de 10.5%. La Encuesta Nacional de Salud 2021 refiere que 1.4% de la población mexicana utiliza los servicios de salud pública por problemas articulares. En el Instituto Mexicano del Seguro Social, en la población con 65 años y más, la OA de rodilla se encuentra dentro de las 10 primeras causas de atención en la consulta externa y atención hospitalaria, siendo la primera causa de reemplazo articular, además de disminuir hasta 2.3 años de vida saludable, que corresponden a 2.8% de años viviendo con discapacidad.6,7,8,9,10,11
Aunque el diagnóstico de osteoartritis epidemiológicamente se especifica por región, en los pacientes realmente se encuentra daño en algún compartimento de la articulación femorotibial medial, femorotibial lateral o patelofemoral, con dificultad para detectar síntomas tempranos de los cambios anatomopatológicos, encontrándolos cuando existe un impedimento funcional a la flexión, extensión y rotación lateral.12,13
Existen clasificaciones heterogéneas que describen factores biológicos, mecánicos, radiológicos y genéticos; sin embargo, la clasificación que se encuentra vigente es la de Kellgren. En más de 50% los síntomas no se correlacionan con las alteraciones radiológicas y cuando se diagnostica existe un daño estructural significativo.14,15,16
Desde el inicio y durante la progresión de la enfermedad, el hueso condal sufre cambios inflamatorios y degenerativos, que clínicamente se traduce en presencia del signo de digito-presión al producir dolor local, lo que puede apoyar al diagnóstico en etapa temprana. Lo anterior corresponde al contacto de la superficie con lesión cendrar, lo cual coincide con el grado 1 de la clasificación de Outerbridge.17,18
En relación con lo anterior, el presente estudio se planteó como objetivo determinar la presencia del signo de digito-presión, en pacientes con y sin diagnóstico previo de OA de rodilla en pacientes de una Unidad de Medicina Familiar y de un segundo nivel de atención durante el año 2022 en Querétaro, México.
Material y métodos
Se realizó un estudio observacional, transversal comparativo, en pacientes adscritos a la Unidad de Medicina Familiar No. 16, del Instituto Mexicano del seguro Social del estado de Querétaro, México, de Enero a Diciembre del año 2022. Se incluyeron pacientes con edades de 40 a 59 años, sin diagnóstico previo de OA de rodilla, divididos en dos grupos, con y sin OA de rodilla; para el caso del primer grupo, que al momento del estudio cumplieran por lo menos con tres criterios clínicos del Colegio Americano de Reumatología para establecer el diagnóstico de OA de rodilla; para el grupo de comparación, sujetos sin criterios de diagnóstico y que firmaran carta de consentimiento informado. Se excluyeron pacientes con diagnóstico previo de patología articular de rodilla. Se eliminaron sujetos que se retiraron del estudio. La muestra fue calculada con la fórmula para dos proporciones con un nivel de confianza de 95% y poder de la prueba de 80%, dando un total de 40 pacientes por grupo, los cuales se obtuvieron por medio de muestreo no probabilístico por conveniencia.
Las variables sociodemográficas incluyeron, edad, escolaridad y ocupación. La variable osteoartritis se determinó mediante los criterios clínicos que presentó el paciente en el momento del estudio según el Colegio Americano de Reumatología. Se consideró con osteoartritis si el paciente presentaba dolor de rodilla y al menos tres de los seis siguientes: 1) rigidez matutina < 30 minutos, 2) crepitación, 3) sensibilidad ósea, 4) ensanchamiento óseo y 5) sin aumento de temperatura local. Se consideró sin osteoartritis, en caso de no cumplir con los criterios antes mencionados. La determinación del signo de digito-presión fue mediante la exploración física; para tal fin, al paciente se le indicó descubrir ambas rodillas, permanecer sentado, con espalda recta y formando un ángulo de 90 grados con la rodilla, además de apoyar los pies en el piso; posteriormente, el explorador aplicó fuerza y presión con el pulgar de la mano dominante sobre la superficie articular de la rodilla, iniciando desde la línea medial articular hacia línea articular lateral; se consideró signo de digito-presión presente cuando el paciente refirió dolor a la digito-presión.19
El análisis de datos incluyó estadística descriptiva con estimación de frecuencias, porcentajes, medidas de tendencia central y dispersión. Para estimar la asociación entre OA de rodilla y la presencia del signo de digito-presión, se aplicó el estadístico χ2 y odds ratio (OR).
Este estudio se apegó a la normativa vigente de ética e investigación. Por sus características se considera una investigación con riesgo mínimo. Fue aprobado por el Comité de Ética en Investigación y Comité Local de Investigación en Salud del Hospital General Regional No. 1, IMSS, Querétaro con registro R-2022-2201-054.
Resultados
Este estudio incluyó a un total de 80 participantes, cuya mediana de edad se situó en 48.90 años (RIQ 46-53). En cuanto al sexo, 73.1% (38) correspondió al femenino. La escolaridad que predominó fue la secundaria en 42.4% (22), seguido de la educación primaria que representó 36.5% (19). Respecto a la ocupación, 46.2% (24) de los participantes eran asalariados, seguidos de aquellos con ocupaciones independientes, como comerciantes y servicios al público, que representaron 36.5% (19), eran amas de casa 15% (8), mientras que los desempleados representaron 1.9% (1) (Tabla 1).
Tabla 1: Características sociodemográficas (N = 80).
| Con signo de digito-presión N = 52 n (%) |
Sin signo de digito-presión N = 28 n (%) |
|
|---|---|---|
| Edad (años)* | 48.9 [46-53.75] | 46.5 [43-51.57] |
| Sexo | ||
| Masculino | 14 (26.9) | 9 (32.1) |
| Femenino | 38 (73.1) | 19 (67.9) |
| Escolaridad | ||
| Analfabeta | 2 (3.8) | 6 (21.4) |
| Primaria | 19 (36.5) | 9 (32.1) |
| Secundaria | 22 (42.4) | 4 (14.3) |
| Preparatoria | 5 (9.6) | 4 (14.3) |
| Licenciatura | 4 (7.7) | 4 (14.3) |
| Postgrado | 0 (0.0) | 1 (3.6) |
| Ocupación | ||
| Asalariado | 24 (46.2) | 15 (53.6) |
| Independiente | 19 (36.5) | 6 (21.4) |
| Ama de casa | 8 (15.4) | 7 (25.0) |
| Desempleado | 1 (1.9) | 0 (0.0) |
* Mediana [rango intercuartílico].
En el grupo de pacientes con osteoartritis de rodilla, el signo de digito-presión estuvo presente en 59.6% (31) de los casos y ausente en 40.4% (21). En contraste, en el grupo de pacientes sin osteoartritis de rodilla, sólo 35.7% (10) presentó este signo, mientras que en 60.6% (18) estuvo ausente. El análisis inferencial reveló una asociación estadísticamente significativa entre la presencia del signo de digito-presión y osteoartritis de rodilla, con χ2 de 4.161, p = 0.041, OR de 2.65, lo que indica que la presencia del signo de digito-presión aumenta en 2.65 veces la probabilidad de tener OA de rodilla (Tabla 2).
Tabla 2: Signo de digito-presión y osteoartritis de rodilla.
| Signo de digito-presión | χ 2 | p* | OR [IC95%] | ||
|---|---|---|---|---|---|
| Presente n (%) |
Ausente n (%) |
||||
| Con osteoartritis | 31 (59.6) | 21 (40.4) | 4.16 | 0.041 | 2.657 [1.027-6.877] |
| Sin osteoartritis | 10 (35.7) | 18 (60.6) | |||
* Prueba de χ2.
OR = odds ratio. IC95% = intervalo de confianza de 95%.
Discusión
Con relación a la edad de diagnóstico de osteoartritis de rodilla, los hallazgos de esta investigación muestran que el promedio fue 48 años. Estos resultados contrastan con un estudio previo realizado por Macías-Hernández, que investigó la prevalencia de la osteoartritis de rodilla en una población urbana de México y utilizó criterios clínicos, encontrando una edad promedio de 57 años. Este cambio en la edad promedio de diagnóstico puede atribuirse al aumento de la expectativa de vida y al diagnóstico temprano de la enfermedad, lo que implica que las personas viven más tiempo con limitaciones y discapacidades relacionadas con la osteoartritis de rodilla.20
En este estudio predominaron las pacientes del sexo femenino, lo cual concuerda con el estudio de Espinoza-Morales, que también encontró una mayor prevalencia de osteoartritis de rodilla en mujeres. Este hallazgo podría relacionarse con varios factores, uno a tomar en cuenta es que 52% de la población mexicana corresponde a este sexo, además de ser el grupo que más demanda atención medica en los diferentes servicios de salud; otros factores que se pueden considerar son el aumento de peso, mayor masa corporal, alteraciones metabólicas asociadas a menopausia y a disminución de la densidad ósea.21
A pesar de que existe suficiente información donde se plantean los criterios de diagnóstico para OA de rodilla, hasta el momento no existe evidencia bibliográfica que respalde la presencia del signo de digito-presión como un criterio a considerar para tal fin; sin embargo, esta investigación demostró una asociación estadísticamente significativa, lo cual plantea un área de oportunidad en el conocimiento enfocado al diagnóstico de osteoartritis de rodilla, particularmente en primer nivel de atención donde generalmente se tiene el primer contacto con el paciente.22
Es importante destacar que este estudio se realizó en una población mexicana, lo que podría generar interés en su aplicación en diferentes regiones para obtener conclusiones más completas y sentar las bases para futuros análisis estadísticos.
Entre las fortalezas de este estudio se encuentra la utilización de la palpación como una técnica de exploración clínica, que resulta ser una fuente de información clave y que se puede efectuar en un tiempo aproximado de un minuto, sin requerimientos especiales de preparación o indicaciones previas por parte del paciente y una mínima utilización de insumos durante la realización de la técnica; sin embargo, sí es necesario un adiestramiento por personal capacitado en la técnica.
Lo anterior abre una línea de investigación para establecer la sensibilidad y especificidad del signo de digito-presión comparado con los estándares actuales y, en un segundo momento, poder integrarlo como un criterio de diagnóstico temprano.










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