Introducción
El malestar psicológico y el abuso de sustancias son fenómenos psicosociales complejos que impactan negativamente la salud, tanto de la población en general como de los estudiantes. El malestar psicológico se define como una condición caracterizada por elevados niveles de angustia emocional y la presencia de sintomatología de ansiedad y depresión. Sus manifestaciones incluyen signos emocionales, cognitivos y/o conductuales, y puede estar asociado a trastornos psicológicos o surgir como una respuesta ante situaciones estresantes (Franzoi et al., 2023; McGinty et al., 2020).
La relevancia del malestar psicológico en la salud pública ha impulsado un creciente interés por parte de la comunidad científica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que el 5 % de la población total de adultos en el mundo sufre depresión y que el 4 % padece ansiedad. Estas dos condiciones forman parte de las principales causas de discapacidad laboral y suicidio en el mundo (OMS, 2023a; OMS, 2023b). El malestar psicológico también se asocia con una mayor vulnerabilidad y riesgo de padecer problemas de salud física, como enfermedades cardiovasculares, trastornos gastrointestinales y compromiso del sistema inmunológico (Bertelli et al., 2022). De igual manera, los trastornos del sueño (como insomnio o hipersomnia) son frecuentes en individuos con malestar psicológico, y la falta de sueño adecuado puede tener consecuencias significativas en la energía de la persona y en su estado de ánimo (Yuksel et al., 2021).
En consecuencia, el malestar psicológico puede afectar el funcionamiento diario de un individuo, interfiriendo en su capacidad para llevar a cabo tareas cotidianas, cumplir con responsabilidades y mantener relaciones sociales. En contextos académicos o laborales, se manifiesta como una dificultad para concentrarse en tareas exigentes, lo que suele resultar en una disminución del rendimiento (Parent-Lamarche y Hallée, 2023).
En las dimensiones cognitivas y emocionales, la presencia crónica del malestar psicológico conlleva un sufrimiento constante, acompañado de sentimientos de desesperanza, desesperación y pérdida del interés en actividades placenteras. Esto no solo perjudica la calidad de vida, sino que también incrementa significativamente el riesgo de ideación y conducta suicida (Twenge et al., 2019). Adicionalmente, debido a las afectaciones asociadas, la capacidad cognitiva también puede verse afectada, lo que ocasiona dificultades en la focalización y mantenimiento de la atención, la toma de decisiones y una mayor propensión a la impulsividad (McKewen et al., 2019).
En este sentido, el malestar psicológico persistente es un factor de riesgo y un indicador clave del deterioro de la salud mental. Puede desencadenar o agravar síntomas, o incluso el desarrollo completo de algún trastorno mental, como la depresión, ansiedad, trastornos alimenticios, de abuso o dependencia de sustancias (Kilic et al., 2021).
Por otra parte, el abuso de sustancias constituye una problemática de salud a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud estima que 205 millones de personas en el mundo consumen drogas ilícitas y que esto representa un incremento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y metabólicas, así como de muerte por sobredosis y suicidio (OMS, 2019). Además, el abuso de sustancias incrementa significativamente el riesgo de padecer sobredosis, especialmente cuando se tiene deficiente control de impulsos y desarrollo de tolerancia a la sustancia. Esta última se refiere a la necesidad de consumir dosis cada vez mayores para obtener los mismos efectos que las ocasiones anteriores. La sobredosis, por su parte, se produce cuando la cantidad de sustancia psicoactiva ingerida excede la capacidad del cuerpo para metabolizarla de manera segura; esto puede ser fatal y representa un problema de salud pública en diversos países (Garofoli, 2020).
El trastorno por abuso de sustancias es una condición psiquiátrica marcada por un patrón conductual de consumo excesivo de sustancias psicoactivas, y que se relaciona con un desajuste psicosocial, lo que resulta en consecuencias adversas para el individuo y su entorno (Lanza et al., 2020). El abuso excesivo o crónico de sustancias acarrea graves repercusiones para la salud física. Afecta órganos como el hígado, el sistema cardiovascular, los pulmones y el sistema nervioso central, lo que puede generar o agravar enfermedades hepáticas, cardiovasculares, respiratorias y neurológicas (Pérez-Gómez et al., 2020). También está asociado con la desregulación emocional, el desajuste psicosocial y un elevado riesgo de padecer trastornos psiquiátricos, como la ansiedad, depresión y trastornos psicóticos (De Berardis et al., 2020) y perjudica las funciones ejecutivas de carácter cognitivo. Esto da lugar a dificultades en la focalización y mantenimiento de la atención, la memoria y toma de decisiones. Dichos efectos inciden negativamente en la capacidad de trabajar y realizar tareas cotidianas (Pichini et al., 2020).
En ocasiones, el consumo de sustancias sirve como un mecanismo de afrontamiento ante situaciones desafiantes. Sin embargo, esto exacerba los problemas psicológicos preexistentes y crea un ciclo vicioso en el que los patrones de abuso de sustancias y sus consecuencias negativas se perpetúan (Saladino et al., 2021). Existen consecuencias sociales que es posible observar en algunos casos de personas con trastorno por abuso de sustancias: por ejemplo, arrestos por delitos relacionados con drogas, pérdida de relaciones interpersonales, falta de confianza, problemas de comunicación y pérdida de empleo o expulsión de un programa educativo debido al bajo rendimiento o absentismo (Sekar y Bhuvaneswari, 2023).
De manera general, los trastornos por abuso de sustancias comprometen y condicionan económicamente a los sistemas de salud, a los servicios de asistencia social y a la fuerza laboral de la sociedad. Los costos derivados del tratamiento médico, la atención de emergencia, la rehabilitación y la pérdida de productividad laboral imponen una carga en este sentido (Taufique et al., 2023). Asimismo, el tratamiento y la rehabilitación plantean desafíos para las familias o cuidadores. Para lograr una recuperación integral, es necesario el involucramiento de las redes de apoyo, complementado con el tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, incluyendo el trabajo en grupos de apoyo (Franco et al., 2021).
En este contexto, resulta crucial destacar que la vulnerabilidad de los estudiantes a experimentar malestar psicológico y a caer en el abuso de sustancias puede explicarse por una combinación de factores psicológicos, sociales y ambientales. El contexto estudiantil coincide con un período de significativo desarrollo evolutivo y psicosocial, caracterizado por múltiples transiciones. Estas abarcan desde la infancia hasta la adultez temprana, etapas que pueden estar acompañadas con cambios de distinta índole, como hormonales, de estilo de vida y la adquisición de nuevas responsabilidades (Valente y Crescenzi-Lanna, 2022).
Diversas investigaciones reportan una alta incidencia de malestar psicológico en estudiantes, particularmente, en términos de sintomatología de ansiedad, depresión y riesgo suicida (Franzoi et al., 2021; Granieri et al., 2022). Más específicamente, los estudiantes a menudo enfrentan el manejo del rendimiento académico, las labores del hogar, la mudanza, una mayor autonomía; además, experimentan situaciones sociales que, en ocasiones, pueden ser desafiantes para el individuo y, por consiguiente, propiciar estrés y contribuir al malestar psicológico. También, la influencia de los compañeros, el uso inadecuado de redes sociales y la presión social en entornos escolares se han señalado como factores relevantes en la aparición de malestar psicológico y abuso de sustancias (Herrero et al., 2022; Messina et al., 2021).
Los estudiantes con predisposición al malestar psicológico y abuso de sustancias afrontan el riesgo de entrar en un ciclo de retroalimentación negativa, donde el consumo de sustancias puede proporcionar alivio temporal al malestar. No obstante, a largo plazo, puede contribuir a la exacerbación de los problemas psicológicos y de las condiciones psicosociales que en principio han generado o agravado el malestar psicológico (Castaldelli-Maia et al., 2019).
Si bien la producción científica en términos de resultados originales y estudios de caso sobre el malestar psicológico y el abuso de sustancias es vasta, se ha detectado una carencia de revisiones sistemáticas que, entre 1993 y 2023, aborden específicamente la articulación entre ambos fenómenos en un contexto estudiantil. Por lo tanto, la presente revisión sistemática se propuso analizar los aportes de la literatura científica al entendimiento de la relación entre el malestar psicológico y el abuso de sustancias en estudiantes.
Metodología
La revisión sistemática se realizó de acuerdo con la metodología de la declaración PRISMA (por sus siglas en inglés, Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), que aporta las pautas para la búsqueda, el procesamiento y reporte de revisiones sistemáticas (Moher et al., 2009).
Proceso de búsqueda
La búsqueda se realizó en las bases de datos de Scopus y Web of Science, donde se empleó la siguiente terminología de búsqueda en inglés: (“psychological distress”) AND (“substance abuse”) AND (student). Para Scopus, se buscaron los términos empleados en título, resumen y palabras clave. En Web of Science, la búsqueda se restringió al campo "tópico" (que incluye título, autor y palabras clave). En ambas bases de datos, se aplicó un filtro para incluir únicamente artículos científicos.
Criterios de inclusión y exclusión
Se consideraron investigaciones originales cuantitativas y cualitativas, de cualquier organización, que abordaran la relación entre el malestar psicológico y el abuso de sustancias, específicamente en el contexto académico. Se limitaron los artículos al inglés y español, y a aquellos publicados entre 1993 y 2023. Como criterios de exclusión, se descartaron los trabajos sin texto completo disponible, aquellos que no reportaron resultados originales o que eran exclusivamente teóricos, así como los que presentaban estudios de caso o disertaciones.
Evaluación de la calidad
Para emplear una evaluación crítica y determinar la calidad de los estudios considerados en la presente investigación, se emplearon los 20 componentes propuestos en la herramienta AXIS (Downes et al., 2016), con énfasis particular en las secciones de método y resultados. Los aspectos evaluados incluyeron la relación entre las variables de interés (malestar psicológico y abuso de sustancias) en estudiantes, la claridad de los objetivos y su concordancia con el diseño de la investigación, la justificación del tamaño de la muestra y la definición del marco muestral, la descripción de los instrumentos empleados para extraer datos, la significancia estadística, la declaración adecuada de los datos básicos, el análisis del sesgo por la ausencia de respuesta, la consistencia de los resultados y su congruencia con los métodos propuestos.
Resultados
Se localizaron un total de 108 registros, de los cuales, 30 eran duplicados que no fueron tomados en cuenta. Posteriormente, se excluyeron 37 debido a no contar con acceso al documento completo, 12 porque no se centraban en la relación del malestar psicológico con el abuso de sustancias, 5 porque no presentaban resultados originales y 2 porque no contaban con una muestra de estudiantes. Quedando un total de 22 artículos que fueron analizados, tal como se puede apreciar en la Figura 1.

Nota. Elaboración propia a partir de Moher et al. (2009).
Figura 1 Diagrama de flujo de la búsqueda de artículos (¨[“psychological distress”] AND [“substance abuse”] AND [student])
De las 22 publicaciones seleccionadas, todas cumplen con la mayoría de los criterios de evaluación de la herramienta AXIS, exhibiendo consistencia metodológica y congruencia en sus resultados, aunque se identificaron limitaciones en el proceso de selección de la muestra.
En cuanto al diseño de investigación, 20 emplearon un enfoque cuantitativo y transversal, mientras que dos utilizaron un diseño cuantitativo y longitudinal. Los resultados obtenidos abarcan desde un alcance correlacional hasta explicativo.
Respecto a la procedencia de las muestras de estudiantes (correspondientes a diferentes etapas del ciclo vital), 12 investigaciones fueron realizadas en Estados Unidos (EE. UU.). La distribución del resto de los estudios fue la siguiente: 1 en México, 1 en Brasil, 1 en Botsuana, 1 en Corea, 1 en Jamaica, República Dominicana y Trinidad y Tobago, 1 en Jordania, 1 en Colombia, Salvador, Nicaragua, Jamaica, Panamá y Uruguay, y 1 en Malasia. En la Tabla 1 se muestra la información.
Tabla 1 Artículos incluidos en la síntesis cualitativa
| Base de datos | Autoría/año de publicación | País | Variables estudiadas | Diseño de la investigación | Muestra |
| WOS | Rivera-Ledesma et al. (2013) | México | Malestar psicológico, género y conductas riesgosas. | Cuantitativo, transversal. | 466 |
| WOS | Meehan et al. (2013) | EUA | Autorregulación, externalización, malestar psicológico y uso de sustancias. | Cuantitativo, transversal. | 236 |
| WOS | Dangel et al. (2018) | EUA | El perdón, el uso de sustancias, síntomas depresivos y desesperanza. | Cuantitativo, transversal. | 577 |
| WOS | Masri et al. (2019) | Jordania | Bienestar, salud mental, malestar psicológico y consumo de alcohol. | Cuantitativo, transversal. | 479 |
| WOS | Marx y Sloan (2003) | EUA | Trauma, consumo de alcohol, malestar psicológico. | Cuantitativo, transversal. | 600 |
| WOS | Sanders-Phillips et al. (2014) | EUA | Discriminación percibida, uso de drogas y malestar psicológico. | Cuantitativo, transversal. | 567 |
| WOS | Olashore et al. (2018) | Botsuana | Uso de sustancias, malestar psicológico y datos sociodemográficos. | Cuantitativo, transversal. | 401 |
| WOS | Weyandt et al. (2009) | EUA | Uso de estimulantes y variables psicológicas. | Cuantitativo, transversal. | 390 |
| WOS | Juon et al. (1994) | Corea | Suicidio, depresión, malestar psicológico, uso de sustancias. | Cuantitativo, transversal. | 9886 |
| WOS | Ponnet et al. (2015) | EUA | Performance académico, malestar psicológico y uso de estimulantes. | Cuantitativo, transversal. | 3589 |
| WOS | Peltzer y Pengpid (2022) | República Dominicana, Jamaica y Trinidad y Tobago | Uso de poslisustancias, datos sociodemográficos y malestar psicológico. | Cuantitativo, transversal. | 6269 |
| WOS | Raveendranathan et al. (2020) | India | Género, consumo de alcohol y malestar psicológico. | Cuantitativo, transversal. | 5442 |
| WOS | Longman-Mills et al. (2013) | Colombia, Salvador, Nicaragua, Jamaica, Panamá y Uruguay | Maltrato, consumo de alcohol y cannabis, malestar psicológico. | Cuantitativo, transversal. | 2294 |
| WOS | Dennhardt y Murphy (2011) | EUA | Depresión, tolerancia y problemas con el alcohol. | Cuantitativo, transversal. | 206 |
| WOS | Camargo Júnior et al. (2023) | Brasil | Depresión y uso de sustancias. | Cuantitativo, transversal. | 1271 |
| WOS | Rom et al. (2023) | Malasia | Impacto psicológico, malestar psicológico, ajuste psicosocial. | Cuantitativo, transversal. | 603 |
| SCOPUS | Dangel et al. (2018) | EUA | Dolor psicológico, malestar psicológico y uso de sustancias. | Cuantitativo, transversal. | 463 |
| SCOPUS | Beato-Fernández et al. (2007) | EUA | Género, malestar psicológico, uso de sustancias e ingesta. | Cuantitativo, longitudinal de 2 años. | 1076 |
| SCOPUS | Sirri et al. (2015) | EUA | Hipocondriasis, malestar psicológico y comportamiento. | Cuantitativo, transversal. | 948 |
| SCOPUS | Griffin et al. (2001) | EUA | Competencias, uso de sustancias y bienestar psicológico. | Cuantitativo, longitudinal de 3 años. | 849 |
| SCOPUS | Coogan et al. (1998) | EUA | Consumo de tabaco, factores psicológicos. | Cuantitativo, transversal. | 4884 |
| SCOPUS | Gates y Odar Stough (2022) | EUA | Consumo nocivo de alcohol y comida, factores de riesgo. | Cuantitativo, transversal. | 207 |
Discusión
El objetivo planteado para esta revisión sistemática fue analizar la relación entre el malestar psicológico y el abuso de sustancias en estudiantes. Los estudios identificados contribuyen al conocimiento científico con evidencia empírica; sin embargo, exhiben limitaciones metodológicas relativas a la representatividad de la muestra, lo que podría sesgar la interpretación de sus resultados. Por ejemplo, la investigación de Rivera-Ledesma et al. (2013) demostró que las estudiantes con mayor malestar psicológico informan un consumo más elevado de drogas, tabaco y alcohol, además de involucrarse más en escenarios donde se combina el consumo con actividad sexual, a diferencia de los estudiantes varones. Cabe destacar que los hombres con actividad sexual ocasional refieren un mayor malestar psicológico en comparación con aquellos sin esta conducta.
En línea con lo anterior, un estudio de Dangel et al. (2018) arrojó hallazgos interesantes con respecto al perdón. Se observó que los factores de “el perdón de uno mismo” y “el perdón de situaciones incontrolables” se asociaron con niveles más bajos de malestar psicológico y, por ende, una menor incidencia de abuso de sustancias. Por el contrario, el factor de “el perdón de los demás” se relacionó con mayores niveles de malestar psicológico y un incremento en los problemas de abuso de sustancias. Los síntomas depresivos asociados al malestar psicológico, a excepción de la desesperanza, fungen como mediadores y explican la conexión entre el perdón y el abuso de sustancias.
Complementariamente, una investigación en Jordania reveló que el 2 % del total de una muestra de estudiantes de medicina había sido diagnosticado con una enfermedad mental antes de iniciar sus estudios, cifra que ascendía a un 11 % durante su formación. Entre los factores que contribuyen al malestar psicológico, el 68 % de los estudiantes señaló dificultades financieras y el 52% mencionó tener dificultades con las relaciones íntimas. Además, 8 % reportó consumo problemático de alcohol y otro 8 % indicó el uso de medicación. La sobrecarga académica, la competencia entre pares y la presión por el éxito se identificaron como estresores que pueden propiciar deserción, abuso de sustancias y otras condiciones adversas para la salud mental (Masri et al., 2019).
Consistente con lo anterior, el estudio de Sanders-Phillips et al. (2014) evidenció diferencias de género: las estudiantes mujeres exhibieron más síntomas depresivos que los hombres, mientras que ellos reportaron mayor consumo de sustancias que las mujeres. Los análisis correlacionales indicaron que la discriminación racial percibida se asocia con síntomas depresivos que, a su vez, estos presentaron una asociación con un mayor consumo de alcohol y marihuana en el último mes. El estudio concluye que las vivencias de discriminación racial y desigualdad social en estudiantes están ligadas a elevados niveles de malestar psicológico y abuso de sustancias.
De modo similar, en una investigación realizada en Bostuana, los resultados denotaron que el alcohol fue la sustancia psicoactiva más consumida entre estudiantes, quienes iniciaban su uso entre los 15 y 18 años. El consumo actual de alcohol, estimulantes de tipo anfetamínico y benzodiazepinas mostró una asociación significativa con el malestar psicológico. Además, se observó una correlación negativa y significativa entre la ausencia de un amigo consumidor de drogas y la reducción en el consumo de sustancias (Olashore et al., 2018).
Por su parte, Weyandt et al. (2009) destacaron que el 7.5 % de su muestra de estudiantes refirió haber usado estimulantes no recetados en los últimos 30 días, mientras que el 60 % conocía a estudiantes que abusaban de estimulantes; y el 50% declaró que estos eran fáciles de conseguir sin receta en el campus. Los análisis correlacionales confirmaron una asociación significativa entre el uso de estimulantes y el grado de malestar psicológico.
De igual modo, una investigación realizada en Corea demostró, con un análisis de regresión logística múltiple, que la depresión fue el predictor más significativo en el acontecimiento de conductas suicidas. Por otro lado, el estrés académico, el malestar psicológico, la hostilidad y el uso de sustancias son otros factores significativamente asociados con las conductas suicidas. Por tanto, se infiere que la identificación temprana de factores de riesgo, como el malestar psicológico y el consumo de sustancias que inciden en las conductas suicidas, puede ser clave para reducir la probabilidad de suicidio en estudiantes (Juon et al., 1994). Adicionalmente, una investigación llevada a cabo con estudiantes de la India utilizó un análisis de regresión logística multivariante para mostrar que las mujeres que consumían alcohol, en comparación con las no usuarias, que tenían residencia urbana y que consumían tabaco, tenían mayor malestar psicológico y mayores pensamientos suicidas (Raveendranathan et al., 2020).
De forma similar, el trabajo de Ponnet et al. (2015) muestra que las tendencias hacia procrastinar, el malestar psicológico y el abuso de sustancias se vinculan con la intención de los estudiantes de consumir estimulantes.
A su vez, el análisis de regresión logística multinomial del estudio de Peltzer y Pengpid (2022) demostró que las asociaciones estadísticas entre los adolescentes que actualmente consumen polisustancias se concentra en los adolescentes de sexo masculino mayores de 15 a 18 años que presentan tabaquismo pasivo y alto malestar psicológico. Los autores concluyen que el ausentismo escolar y el uso de tabaco por parte de los cuidadores se relaciona con el uso actual de múltiples sustancias, mientras que los adolescentes con menor malestar psicológico y con una percepción de apoyo parental tenían menos probabilidades de usar una o varias sustancias.
En consonancia, el trabajo de Dennhardt y Murphy (2011), a través de un análisis de regresión, denota que el nivel de consumo de alcohol, la depresión y la tolerancia a la angustia se asociaron con problemas relacionados al consumo de alcohol entre los estudiantes afroamericanos. Por otro lado, los síntomas de depresión se vincularon con problemas de abuso de alcohol entre los estudiantes europeo-americanos. Se concluye que los síntomas depresivos del malestar psicológico se relacionan con el aumento de consumo de alcohol, independientemente del origen étnico.
Al respecto, en una investigación con estudiantes brasileños, los resultados de los análisis de regresión logística multivariada arrojaron que el uso reciente de sustancias ilícitas se asoció con la depresión. En los modelos ajustados, el patrón de consumo de tabaco moderado o alto, y el consumo de alcohol y sustancias ilícitas se asociaron con mayores niveles de malestar psicológico en la dimensión de la depresión (Camargo Júnior et al., 2023). Otra publicación que obtuvo resultados similares es la de Dangel et al. (2018), donde se muestra que la escala de dolor psicológico -particularmente la dimensión de malestar psicológico que abarca depresión y desesperanza- se correlacionó significativamente con el uso de sustancias.
Asimismo, en un estudio longitudinal de dos años de proceso, con una muestra de 500 estudiantes hombres y 576 estudiantes mujeres, se analizó la influencia del malestar psicológico en el consumo de sustancias. Los resultados mostraron que, aun controlando los problemas iniciales de uso de sustancias, el malestar psicológico predijo futuros problemas de consumo en los hombres (Beato-Fernández et al., 2007). En esta misma línea de evidencia, una investigación con estudiantes adolescentes fumadores en Connecticut reveló que, en todos los grados, los fumadores recurrentes informaron consistentemente altos niveles de malestar psicológico (Coogan et al., 1998).
En un contexto similar, la investigación de Sirri et al. (2015), que incorporó variables de control mediadoras, demostró que existen asociaciones significativas entre las respuestas hipocondríacas, niveles altos de malestar psicológico, disminución del bienestar, el uso de sustancias ilícitas, inactividad física y la falta de sueño. En la misma tesitura, el trabajo de Gates y Odar Stough (2022) indicó que los adolescentes con experiencias traumáticas infantiles y mayor malestar psicológico (incluyendo síntomas de ansiedad generalizada y depresión) se vincularon significativamente con el abuso de alcohol.
Contrariamente, algunas investigaciones presentan resultados que difieren de la hipótesis correlacional entre el malestar psicológico y el abuso de sustancias. Estos estudios enfatizan la influencia de otras variables como factores de riesgo y factores protectores que podrían tener impacto en el malestar psicológico y en las conductas de abuso de sustancias. Por ejemplo, Meehan et al. (2013) señalan que los estudiantes adolescentes con baja autorregulación de impulsos se relacionan con un mayor riesgo para problemas impulsivos y antisociales como el abuso de sustancias y agresiones. Es importante mencionar que esta publicación presenta limitaciones en su diseño metodológico al no garantizar una muestra representativa; no se cumple con un nivel de confianza del 95 % y un margen de error del 5 %. Por ello, sus resultados no son generalizables a la población objetivo. Esto compromete la validez externa del estudio y limita su capacidad para informar decisiones basadas en evidencia.
El malestar psicológico, además, explica la externalización problemática, con repercusiones en la agresión. No obstante, en el trabajo antes mencionado, el malestar psicológico no presentó correlaciones significativas con el abuso de sustancias. Por ende, se concluye que, si bien hay indicios de que la autorregulación de impulsos y el malestar psicológico juegan un papel importante en la consolidación del ajuste psicosocial, se recomienda tener mesura en la interpretación de los resultados y su posible replicabilidad.
Cabe añadir que el estudio de Marx y Sloan (2003) reveló que los estudiantes con antecedentes de abuso sexual infantil reportaron mayor malestar psicológico y síntomas de estrés postraumático. A pesar de las diferencias reportadas entre los grupos con respecto estas variables, no se detectaron variaciones significativas en el consumo de alcohol entre los grupos. Igualmente, en una investigación con 2294 estudiantes latinoamericanos, los resultados sugirieron que la experiencia de maltrato se asoció con un mayor consumo de alcohol y cannabis. Aun así, no se encontró evidencia del impacto del malestar psicológico en el consumo de sustancias (Longman-Mills et al., 2013).
En el mismo tenor, en el trabajo de Rom et al. (2023) con una muestra de 603 estudiantes de Malasia, se registró que el estilo de afrontamiento más común ante el malestar psicológico fue la religión y el menos común el abuso de sustancias. También, en un estudio longitudinal de 3 años, con una muestra de 849 estudiantes, se concluyó que el bienestar mental mediaba completamente la relación entre la competencia temprana y el uso posterior de sustancias, a diferencia del malestar psicológico. Por último, la investigación de Griffin et al. (2001) demostró que los estudiantes con habilidades de competencia experimentaron un mayor bienestar a largo plazo lo que, a su vez, anticipó un menor consumo de sustancias en el futuro.
Conclusiones
La presente investigación buscó enriquecer el conocimiento sobre la relación entre el malestar psicológico y el abuso de sustancias en estudiantes mediante una revisión sistemática de literatura científica con resultados originales. Al profundizar en el análisis de la literatura, se encontró que algunas investigaciones emplean variables y términos asociados al malestar psicológico que también explican las conductas de abuso de sustancias; esto debe considerarse como un elemento relevante para lograr un entendimiento más completo del abuso de sustancias en estudiantes.
Es notorio que la mayoría de las publicaciones encontradas presentan un diseño de investigación cuantitativo y transversal, lo cual es comprensible dadas las circunstancias psicométricas favorables para la medición del malestar psicológico y el abuso de sustancias en un momento específico. No obstante, se sugiere la implementación de métodos alternativos y complementarios de carácter cualitativo. Estos reforzarán la profundidad del análisis de las variables implicadas, ofreciendo una visión más contextualizada de las condiciones subjetivas de la vida estudiantil a un nivel individual, familiar, escolar y comunitario.
A grandes rasgos, la mayoría de las investigaciones sobre la relación entre malestar psicológico y abuso de sustancias en estudiantes respaldan la hipótesis de que, a mayor malestar psicológico, mayor abuso de sustancias. Sin embargo, también hay publicaciones que no encontraron resultados significativos en torno a esa hipótesis, aunque sus resultados están orientados con una tendencia similar, es decir, hacia una condición sana de salud mental. Específicamente, un alto ajuste psicosocial, la presencia de bienestar mental y la ausencia de amistades que consuman sustancias se asocian con bajos niveles de abuso. En consecuencia, es importante contemplar también, para futuras investigaciones y planeación de intervenciones, este enfoque que se centra más en los factores protectores que en los factores de riesgo.
Finalmente, es importante destacar que, en mayor medida, las investigaciones revisadas han sido realizadas en Estados Unidos, lo que podría vincularse con la prevalencia de violencia en algunos de sus centros educativos. Aun así, los resultados obtenidos, sin importar el país del estudio, ofrecen una valiosa explicación de los fenómenos conductuales en estudiantes y pueden ofrecer sustento científico y orientación metodológica para la implementación de estrategias que busquen reducir los problemas conductuales relacionados con el malestar psicológico y el abuso de sustancias en estudiantes.










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