Siempre se debe celebrar la aparición de una nueva obra sobre la historia de la península coreana. Pero en este caso, Setenta años de la guerra de Corea. El armisticio y las complejidades geopolíticas de un conflicto inconcluso, nos provoca un mayor entusiasmo debido a dos importantes factores. El primero, que este libro nace en América Latina. Con su lengua, sus miradas y sus saberes. Acostumbrados a una larga dependencia de los autores anglosajones, esta obra es un pilar más que nos ayudará a saltar la valla de la simple observancia.
En segundo lugar, y con gran relevancia, este libro ha sido construido con el aporte de un grupo de jóvenes que, sin lugar al error, prometen ser la vanguardia de los estudios coreanos en nuestra región. Todo ello bajo la guía del gran pionero en los estudios sobre Asia en América Latina, el profesor Alfredo Romero Castilla, y del gran coreanólogo mexicano, profesor Juan Felipe López Aymes.
La guerra de Corea, uno de los hechos más trágicos de la humanidad, ha sido relegada a la invisibilidad histórica producto del dominio eurocéntrico en el relato de la historia mundial. Sus batallas y sus muertos no fueron importantes para los grandes manuales y pasó a ocupar un pequeño rincón en el maremágnum de los recuerdos de la llamada “Guerra Fría”. Sin embargo, este hecho reviste una importancia geoestratégica y política de gran magnitud. Tan grande es su valor histórico que, al momento de escribir estas líneas, todavía no llegó a su fin. Y aunque no trazan las balas, ni estallan las bombas, en el aire de toda la península se respira el olor de una guerra que fue fratricida, brutal y, hasta cierto punto, inútil.
Resulta muy gratificante que esta obra rescate, este acontecimiento, de un olvido obligado por las visiones eurocéntricas y nos proponga abordar un análisis profundo y complejo sobre las causas y las consecuencias de dicha guerra y el sinsentido de una paz demorada por más de setenta años.
El libro posee una estructura muy amena. Integrado por tres capítulos de alta densidad cualitativa y cuantitativa, en torno a las fuentes y los análisis, estructura un complejo entramado de hechos históricos que nos ayudarán a construir este gran rompecabezas de la historia coreana.
El primer capítulo, titulado “Temas transversales en la conformación del statu quo: el conflicto armado y sus secuelas”, nos presenta los componentes históricos que derivaron en este nudo gordiano en clave coreana. Mirando hacia el pasado y preguntando desde el presente, esta capítulo inicial plantea preguntas centrales sobre los hechos que ―en la lógica banal― se presentan como inconexos y distantes. Para el caso, el programa nuclear norcoreano, que ha querido siempre ser interpretado desde el paroxismo mediático, en esta sección, se describe como una de las consecuencias principales de la guerra de Corea y la lectura histórica que de ella realiza la élite dirigente norcoreana.
También se analiza el fetiche de la unificación. Un tema que despierta pasiones por posibilidades prontas o remotas de una vuelta a la nación única y que, desde 1948, sigue tan lejos como el horizonte en el mar. Cabe destacar que se nutre este análisis con la incorporación de un completo estudio sobre las sanciones que se han impuesto a la República Popular Democrática de Corea (rpdc o Corea del Norte) desde las potencias occidentales en busca de la desnuclearización norcoreana.
El capítulo segundo, “Los protagonistas: Corea del Norte y Corea del Sur como agentes de su destino”, pone la lupa en dos de los actores principales de este drama. Corea del Sur y Corea del Norte. Una de las virtudes de este apartado es que no se arroga el rol de juez de la historia sino que trata de complejizar de forma serena y sustentada qué sucede a ambos lados del paralelo de los 38°. Resulta muy interesante y necesario que ―por ejemplo― no se recurra a rótulos sensacionalistas para describir a la rpdc. Ha sido un ejercicio muy amplio de la prensa occidental querer mostrar a los norcoreanos (y, principalmente, a su dirigencia) como un conjunto de lunáticos que solo pretenden destruir el mundo con sus armas nucleares.
Asimismo, se suma ―para un mejor análisis del porqué de este conflicto irresuelto― un recorrido sobre las acciones y reacciones que desde Corea del Sur se tienen frente a su némesis del norte. Y es que sin unir todos los cabos de cómo han sido las políticas hacia la rpdc por parte de los diferentes gobiernos surcoreanos a lo largo de estos setenta años de historia no podremos comprender los avances y retrocesos en la búsqueda de la paz.
Por último, el tercer capítulo, “Las potencias y sus preferencias”, nos permite comprender la dimensión global del conflicto coreano. En este aspecto, el rol desempeñado por Estados Unidos, Rusia (como heredero principal de la urss), China y Japón en el desarrollo de esta trama histórica es primordial. Cada uno con sus intereses geopolíticos ha contribuido a mantener el statu quo y la inestabilidad en la península. Más allá de los decorados discursos sobre la paz y la solución del conflicto que pregonan estas potencias, subyace un cálculo ―muchas veces mezquino― sobre los beneficios que cada una defiende. En este apartado, nos queda claro el rol que ha desempeñado y desempeña cada una de estas naciones en la escena coreana.
Así, escapando al enciclopedismo decimonónico, Setenta años de la guerra de Corea… nos propone incluir a todos los actores de este drama. Y es que la guerra de Corea no fue ―en su totalidad― ni una guerra civil ni una guerra mundial. Lo primero, lo demuestra la participación de las potencias mundiales y regionales en el conflicto, incluidas las Naciones Unidas. Lo segundo, lo refutan los enfrentamientos y lucha de clases que fueron cimentando una presión política y social desde mediados del siglo XIX en la propia península, atravesada ―como diría el ilustre profesor Romero Castilla― de encrucijadas históricas que abarrotaron el polvorín que explotó en 1950.
La precariedad con la cual se sostuvo (y sostiene) la paz en la península coreana nos pone ante una especie de “empate trágico” que ve transcurrir las décadas, con avances y retrocesos, para luego quedar empantanada, al igual que lo sucedido durante la guerra en el campo de batalla.
Retomando la visión general de la obra, debemos mencionar otras dos grandes ventajas que nos brinda. La primera es su abordaje de larga duración. Lejos del paroxismo que a veces impone la amnesia de la “moda” por lo breve, este libro nos presenta una relación extendida en el tiempo histórico que nos permite comprender de forma mucho más clara lo sucedido. No se queda en la fotografía, sino que nos invita a ver la película.
En segundo lugar, es la primera vez que existe ―en español― un trabajo integral para poder comprender un fenómeno complejo y cuyas articulaciones van más allá de la península coreana. En definitiva, se trata de conjurar el mito bajo la luz de la investigación y la acumulación de saberes.
No cabe duda de que el surgimiento de este libro nos llama a replantearnos nuestra visión sobre la guerra de Corea, aunque muchos y muchas deberán rescatarla ―previamente― del universo de los hechos olvidados de la historia oficial y hegemónica. Aquí no hay guerras “olvidadas”, sino guerras “borradas”.
Asimismo, Setenta años de la guerra de Corea… no escapa a nombrar a las cosas por su nombre. Es decir, nos ayuda a despojarnos de las ideas simples o binarias en torno a la guerra y sus consecuencias. No reduce el análisis a ver solo culpables e inocentes. En este caso, es muy gratificante que se sume al relato el rol que desempeñaron las tensiones internas que brotaron en la península coreana desde mediados del siglo XIX.
En relación con lo anterior, y como ya se mencionó, es muy loable que se incluya un exhaustivo análisis sobre el programa nuclear norcoreano. Aunque muchas veces represente una zona minada de polémica y preconceptos, abordar este hecho nos brinda la posibilidad de comprender la dimensión del problema y los alcances de la dinámica desatada tantos años atrás.
En definitiva, la guerra y la paz coreana atraviesan toda la obra bajo la guía de un análisis sustancioso que interpela sobre muchos de los mitos que han poblado el desarrollo histórico de esta región del planeta. Las condiciones exógenas que desde hace décadas fueron acosando a esta nación en la búsqueda de su incorporación al sistema capitalista mundial. Es por ello que resulta de vital importancia que se incorpore el rol que desempeñaron cada una de las potencias mundiales y países vecinos en las circunstancias que rodearon la escena del drama coreano. También, lo endógeno cobra su fuerza porque nada es lineal en el desarrollo de la historia. No hay determinismo que valga a la hora de interpretar a las sociedades humanas y sus conflictos. Por eso, también se debe poner la lupa ―como muy bien lo hace este libro― en los vaivenes y trances surgidos fronteras adentro. Los coreanos y coreanas han forjado su historia con tragedias y glorias que son propias de toda nación en el trance hacia la modernización (no me atrevo a decir modernidad, ya que este es solo un hecho europeo).
Además, por si esto fuera poco, Setenta años de la guerra de Corea… nos habla de la paz y la reunificación. Ambas palabras ―muchas veces― se asemejan al mito griego sobre Ícaro; cuanto más se acercan a su concreción, se van derritiendo al calor de los intereses geopolíticos y geoestratégicos de los poderosos del mundo. Sin embargo, gracias a este tipo de análisis e insistencia de los debates históricos ―en torno a estas palabras y deseos― se puede pensar que no todo está dicho sobre la península coreana. Todavía (y por suerte) queda mucho por decir.
Finalmente, se pueden recordar las palabras del profesor José Luis León Manríquez (2009, p. 11), cuando advertía ―hace más de una década― sobre la “comentrocracia” que existía en torno a los relatos y al análisis de la historia coreana. Esta obra, entonces, nos ayuda a espantar a comentaristas y atraer a los especialistas que nos pueden brindar una mirada amplia, seria y fundamentada. Con la publicación de este libro se concretará un nuevo avance hacia la posibilidad de conocer y entender a una de las sociedades más interesantes de la humanidad. Junto a la traducción al español del libro de Bruce Cumings, El lugar de Corea en el sol (2004), y la famosa publicación del Colegio de México, Historia mínima de Corea (2010), Setenta años de la guerra de Corea. El armisticio y las complejidades geopolíticas de un conflicto inconcluso se trasformará en una fuente indispensable para todo aquel interesado en la península coreana.









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