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Intersticios sociales

versión On-line ISSN 2007-4964

Intersticios sociales  no.29 Zapopan mar. 2025  Epub 05-Mayo-2025

https://doi.org/10.55555/is.29.604 

Reflexión teórica

La crítica de la política económica: hacia un trazo histórico no sacrificial

Criticism of economic policy: towards a non-sacrificial historical path

Agustín R. Vázquez Garcíaa 
http://orcid.org/0000-0002-9236-2759

a Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, SNII I. Doctor en Economía por la Universidad Autónoma Metropolitana. Correo electrónico: avazquez@correo.xoc.uam.mx.


Resumen

Este artículo expone que las instancias hegémonicas de la política económica consideran a las crisis como choques exógenos. Ello genera criterios de intervención que mantienen incólume la organización de la esfera económica con el correlato de la persistencia del sacrificio de las condiciones de vida de la mayoría de la población y del hábitat. La alternativa consiste en pensar en términos de causalidad acumulativa circular para destituir la primacía de la esfera económica en la constitución de lo social y delinear el trazo histórico no sacrifical.

Palabras clave: crisis; política económica; sacrificio; causalidad

Abstract

This article exposes that the hegemonic bodies of economic policy consider crises as exogenous shocks. This generates intervention criteria that keep the organization of the economic sphere intact with the correlation of the persistence of the sacrifice of the living conditions of the majority of the population and the habitat. The alternative consists of thinking in terms of circular cumulative causality, which implies dethroning the primacy of the economic sphere in the constitution of the social to delineate the non-sacrificial historical trace.

Keywords: crises; economic policy; sacrifice; causality

Introducción

La política económica como subdisciplina de la ciencia económica se debate entre la intervención gubernamental hidraúlica y la gobernanza neoliberal. La primera se caracteriza por alcanzar objetivos vía instrumentos pensados para un escenario determinístico,1 mientras la gobernanza interviene con reglas que comunican la persistencia de las decisiones gubernamentales para estabilizar las expectativas de los agentes.2

Esa diferencia profunda apuntala la conformación de corrientes de pensamiento macroeconómico, no obstante, comparte la pretensión científica de amurallar la esfera de la economía del resto de esferas constitutivas de lo social, hecho que impide encontrar la génesis de la política económica y evita, entonces, la crítica a las condiciones de reproducción de la esfera económica en interacción con el desenvolmiento de aquellas otras esferas -la política, los ecosistemas y la cultura- en las que participa el ser humano para lograr su reproducción, que en conjunto, expresan la condición antropológica.

Este artículo propone contribuir a la crítica de la política económica pensada desde lo constitutivo de lo social. Para lograrlo se recupera el discurso sobre las causas de la crisis de las instancias de política económica -como el Fondo Monetario Internacional (FMI)- y uno de los principales planteamientos de la escritora María Zambrano expuesto en el libro Persona y democracia,3 quien a la luz de los sucesos que marcaron la historia de la humanidad en el siglo XX, propuso como horizonte de la humanidad el trazo histórico no sacrificial. Si bien dicha propuesta resulta lejana, adquiere notable vigencia -y urgencia- ante la repetición de la crisis económica, las guerras que acontecen en distintas partes del mundo, el retorno de las pandemias con la reaparición de enfermedades transmisibles y el por venir green swan como impronta del cambio climático global, hechos que validan la policrisis identificada por Morin y Kern.4

En dicha estructuración de lo social el saber de los economistas resulta significativo para la formación de un régimen de veracidad. El discurso sobre las crisis es un aspecto constitutivo crucial,5 identificable en el tratamiento que hacen ciertas instancias de la hegemonía contemporánea que asocian las crisis con puras causas exógenas.6 Incluso, la gran crisis financiera de 2008 suscitada por la creación de instrumentos financieros que anularon la formación de diversidad de expectativas de los agentes fue tratada de esa manera al negar las instancias de política económica la existencia de la falacia de la composición, considerada la enseñanza fundamental de la Gran Depresión del 29.7

La principal implicación de atribuir el origen de las crisis a causas exógenas es la ausencia de reformas de gran calado al interior de la organización de la esfera económica. Muestra de ello es que desde aquella primera gran crisis del siglo xxi hasta nuestros días persiste el gran tamaño de las corporaciones financieras con los enormes costos sociales8 que acarrea, estando entonces suspendida la política antitrust.9

La misma apreciación resulta visible con la crisis pandémica. La solución clínica a corto plazo, la vacunación masiva, resultó bloqueada por la propiedad intelectual (patentes) y el poder de mercado ejercido por las corporaciones de la rama farmaceútica, causando la distribución desigual de las vacunas entre las naciones y clases sociales.10

Por ende, concebir el surgimiento de las crisis por causas exógenas impide que su resolución sea pensada a la altura de un evento-acontecimiento.11 Las crisis dejan de pensarse como un hecho a conjurar. Ello impide gestar una nueva interrelación de las esferas que constituyen lo social, manteniendo subordinado las decisiones de la política contemporánea y el ritmo de los ecosistemas a la lógica del capital.

En antagonismo a tal postura hegemónica, el pensamiento crítico perfila la construcción del mundo pospandemia no sacrificial vía la reorganización de la esfera de la economía. Es un acto que representa la suspensión de la primacía de la esfera económica respecto a las demás esferas que participan en la constitución de lo social, proyectando entonces un equilibrio antropológico distinto.12

El artículo está organizado en cuatro secciones. La primera presenta la idea del sacrificio como resultado del funcionamiento del sistema económico. Este aspecto en la segunda sección es vinculado a un hecho estructural del capitalismo neoliberal, a saber: la concentración de la estructura productiva, condición que perfila una intervención gubernamental de rescate de las corporaciones empresariales durante las crisis que desemboca en el sacrificio de las condiciones de vida de la mayoría de la población. La tercera sección presenta un argumento del enfoque ecosistémico que justifica la transición socioeconómica y ecológica vehiculado por la destitución de la primacía de la economía en la organización social. El artículo finaliza con comentarios finales.

La posición manejada en el artículo, si bien es razonada en términos de la política económica al discutir y discurrir sobre su génesis y a contraluz para identificar las acciones que generen un trazo histórico no sacrificial, su inspiración también proviene de lo político13 con incidencia crítica en la organización de la esfera de la economía y de la política general.14

En correspondencia a tal acto de lo político y de la política general, encontramos ciertas prácticas sociales que contribuyen a superar la condición humana colocada bajo la sombra del mercado.15 Son las acciones de la resistencia social organizada las que antagonizan a la postura de la clase gobernante de México, cuyo actual titular del Poder Ejecutivo16 proclama que una región (Sur de México) sólo existe cuando hay inversión capitalista, cuando se promueven los mercados capitalistas con integración global, al tiempo que niega los efectos destructivos sobre el orden ecológico y social presentes y futuros que resultan de la industria de energías fósiles, estando en la misma ruta de la política de desarrollo guiada por los megaproyectos, mientras legitima al neoliberalismo como eje de gobierno.

El capitalismo y el sacrificio

La doctrina del liberalismo identifica toda intervención estatal como una fuente generadora de dependencia de la sociedad civil hacia el Estado. Se piensa que esto crea una relación paternalista que impide el abandono de la infancia por parte de la sociedad civil.17 Esta representación metáforica, vuelta norma de la experiencia de la libertad de la humanidad, concita a colocar al individuo en la competencia del mercado. De manera irrestricta establece la reproducción biológica y social por el criterio del intercambio mercantil.

Esa idea que funge como criterio dominante para organizar el orden social al interior del orden económico, desde principios de la década de los ochenta del siglo pasado condujó al mercado financiero a la cima de la jerarquía de los mercados.18 El resultado ha sido la acumulación de deudas en el sector privado y público que resultan en las crisis económicas, así como la persistente destrucción ambiental al extenderse e intensificarse el ciclo de reproducción de la economía capitalista.

La inflación de activos financieros, de la cual la historia económica anticipa su reversión en deflación,19 incrementa la deuda pública al rescatar a las grandes corporaciones empresariales, acción estatal justificada con el lema acuñado por el economista Ben Bernanke durante su gestión como director de la fed (Sistema de Reserva Federal) en el momento álgido de la crisis del 2008: too big to fail (demasiado grande para dejar quebrar). Se desprende de esa postura la lógica del sacrificio compartido,20 a la vez que naturaliza la intervención gubernamental en esa dirección para así despolitizar el razonamiento sobre el funcionamiento de la economía y sus efectos, entre ellos, la creciente desigualdad económica y social.21

Desde la noción de gubernamentalidad, el capitalismo neoliberal ha generado una forma de integración social individualizada que desplaza a la lucha sindical y a la ciudadanía activa.22 El mercado financiero resulta entonces creador de los principales indicadores de la “salud” del funcionamiento de la economía: el grado de endeudamiento de gobiernos, empresas y hogares; la norma de equilibrio macroeconómico representada por la meta inflacionaria y el equilibrio fiscal primario; a la vez que las agencias calificadoras internacionales funcionan como censores disciplinarios de los gobiernos nacionales.

Respecto a la reciente emergencia sanitaria, resultado de un virus vuelto pandemia, en el discurso de los tomadores de decisiones de las instancias supranacionales que definen la política económica, la directora de investigación del FMI (Fondo Monetario Internacional), Gita Gopinath, lo expresa como un súper choque exógeno.23 Con ello son negados los hallazgos empíricos que correlacionan la contaminación ambiental y la actividad económica, el aumento de enfermedades crónico-degenerativas durante la fase expansiva del ciclo económico encontrado para ciertos países,24 el aumento de la mortalidad de los países del exbloque socialista al transitar al capitalismo25 y los efectos identificados por Ivan Illich como contraproductividad de la vida cotidiana a causa de la organización de la modernidad capitalista.26

La principal consecuencia de exponer a la crisis económica resultado de un súper choque exógeno es eximir al orden económico capitalista de los efectos que provoca en los demás órdenes constituyentes de lo social (el político, el ambiental, el doméstico), y de manera similar, desde ese razonamiento, la violencia de género, el ascenso de la tasa de crímenes y los feminicidios son producto de la anormal conducta individual y no así causados por la violencia estructural.

Ese discurso, a semejanza de la cosmología, desplaza de la esfera pública otros contenidos ideológicos y de comprensión científica, lo cual significa que lo hegemónico desecha otras explicaciones de las condiciones de reproduccción social y sus efectos, como el sacrificio. Si bien el vínculo del capitalismo con el sacrificio no es reciente, su carácter y función social no está reconocida de manera plena por las ciencias sociales. No obstante, la palabra sacrificio es emitida en los discursos de los hacedores de política económica y de los gobernantes.

Esa palabra se encuentra presente en los términos de intervención del Estado en el entramado social. Basta pensar en el discurso de superación del populismo latinoamericano producido a principios de la década de los ochenta del siglo xx que dio lugar a la economía política de la austeridad27 o la crisis de 2008 que en la Unión Europea derivó en el aumento de la deuda social, presente desde la adopción de la moneda única.28

Si bien la primera de las crisis antes mencionadas surge de una política económica keynesiana, mientras en la segunda la financiarizacion neoliberal es la lógica rectora, en ambos casos la fuente de la crisis es considerada externa al funcionamiento de las leyes del mercado capitalista, ya sea porque el gobierno desplaza al sector privado de la creación y asignación de la riqueza ejerciendo un carácter populista que no reconoce los efectos negativos de expandir la masa monetaria y la restricción de la balanza de pagos29 o por la desmesurada acción y ausencia de regulación de los mercados aprovechada por ciertos actores del sistema financiero que generó la consigna “salvar al capitalismo de los capitalistas”,30 la crisis económica no es atribuible al funcionamiento del mercado capitalista.

En ambos escenarios destaca la delimitación entre lo endógeno y exógeno de la esfera económica, lo que revela la ideología intrínseca que subyace en el manejo de la macroeconomía y, sobre todo, el carácter precientífico de la formulación de modelos macroeconómicos.31

Por eso, desde el paradigma dominante, los problemas más apremiantes de la humanidad no atraviesan por la transformación del funcionamiento del campo económico, en cuanto a su resolución programática. De ahí la persistencia de la propuesta de creación de más mercados como solución a la crisis, destacando el tratamiento de la crisis de mayor magnitud en la actualidad: la crisis ambiental, pensada su solución por el director del Banco Internacional de Pagos (BIS), Agustín Carstens, con la incorporación del índice de emisión de contaminantes en los activos de las empresas para que adopten con celeridad la transición energética.32

En contraposición a la postura de las instancias hegemónicas de la política económica, reconocer la bidireccionalidad de las causas y efectos entre las distintas esferas sociales implica razonar en términos de causalidad acumulativa circular. Esto desestabiliza la distinción entre lo exógeno y endógeno, y coloca a la teoría económica como parte de la teoría social.33 En otras palabras, la esfera económica es pensada como un sistema abierto34 que resulta expuesta a la democracia deliberativa y la planificación democrática.35 Además, el tratamiento del tiempo que se encuentra en la dinámica de funcionamiento del circuito del capitalismo y su predominio sobre el tiempo de los ecosistemas resulta impugnado.36

Esto mismo, desde el plano epistemológico, implica desplazar la noción del tiempo mecánico que se encuentra presente en los modelos del paradigma dominante y exponer entonces al fenómeno económico de manera compleja y evolutiva para construir un análisis de economía histórica.37

La globalización neoliberal como producción de concentración

La historia intelectual del pensamiento contemporáneo registra una profunda mutación conceptual al interior de la doctrina del liberalismo con la reformulación radical hecha por los economistas y juristas de la escuela de Chicago sobre la concepción del mercado, el desempleo, las fuentes del crecimiento económico y el sujeto visto como capital humano.38

Un aspecto nodal de ese cambio estructural es el rol conferido a la figura política de la modernidad: el Estado, cuya acción en la fase neoliberal está dominada por la promoción del territorio nacional para garantizar las mejores condiciones de rentabilidad de las empresas capitalistas, colocando a los estados nacionales en permanente competencia para la atracción de capitales al territorio nacional.39

Esa competencia ha intensificado los flujos de capitales en su dimensión real y financiera, desplazando el estilo de intervención fordista/keynesiana para dejar que las leyes del mercado se realicen libre de interferencias del Estado y de las corporaciones sindicales, rehabilitando el dogma de la doctrina liberal que figura al mercado como instancia de regulación social con la suficiente fuerza endógena para corregir los desequilibrios. El correlato de ello ha sido entonces interpretar las crisis como resultado de fallas institucionales o fallas microeconómicas, sea por la insuficiente penetración del homo economicus en el sustrato de la sociedad o por las insuficientes reformas promercado. Más lógica del capital es la postura normativa emanada.

El mercado que genera y resulta de la interdependencia sectorial y espacial, vía la inversión extranjera directa y los flujos de capitales, además de una esfera productiva fragmentada que ha estimulado el comercio internacional intra-industrial,40 suscita el desacoplamiento entre el crecimiento de la participación en el mercado mundial y el crecimiento del pib nacional. La participación de un país en la globalización resulta ser una variable explicativa y significativa del incremento de la desigualdad del ingreso y de la riqueza observada durante la actual fase neoliberal.41

Esto se ha acentuado con la nueva división internacional del trabajo que no desembocó en la figuración de un mercado con competencia perfecta, sino en la significativa concentración de la producción y el dinero en las grandes corporaciones, hecho validado en el incremento del mark up observado durante el periodo neoliberal, tanto en los países desarrollados como emergentes.42

Este aspecto resulta diáfano al observar la actual inflación mundial que es propagada en esa estructura oligopólica donde las corporaciones definen la dirección del flujo de bienes y servicios, y del dinero, signando el curso de las condiciones de reproducción social de millones de habitantes del planeta. Por ende, el poder económico es determinante crucial del ejercicio de poder en cada una de las esferas constitutivas de lo social. En particular, las decisiones tomadas dese ahí son definitorio del curso de reproducción de los ecosistemas, cuya destrucción establece la condición de escasez absoluta de insumos para la producción de mercancías que se vive en la actualidad.

A partir de este hecho es plausible encontrar una explicación estructural de la crisis de la política. La acción regulativa neoliberal desplaza la protección social para expandir la responsabilidad individual, lo cual encumbra la acción ordenadora definida por la lógica del capital como predominio de la reproducción social,43 aunque de manera paradójica destaca el rescate de las grandes corporaciones que se ha convertido en parte de la normalidad, con el correlato de reproducir la impotencia de lo político al no gestarse la reorganización de lo económico después de la crisis.44

El tratamiento del ciclo en la globalización neoliberal

El neoliberalismo que ha producido un creciente grado de interdependencia sectorial y espacial confiere una dimensión transnacional a la producción, comercialización, financiamiento y a la formación del precio de la mayoría de las mercancías, al tiempo que globaliza los choques que acentúan la limitada capacidad de la política económica nacional.

El ciclo económico, que en el siglo xix debe su principal conceptualización a la obra del renombrado economista Jean Baptiste Say, considerado el padre de una ley que inspira aquella norma de política económica, “dejar hacer, dejar pasar”, deriva la postura de intervención gubernamental mínima en la asignación del mercado.

Esa concepción sobre el sistema económico presupone una enorme capacidad para su reestablecimiento cuando se suscitan choques catalogados como transitorios,45 sean provenientes del exterior, como las manchas solares, que inciden en la formación de las expectativas de los agentes que responden modificando la oferta de cultivos básicos, o vía la variación de los precios de mercado.46 Los precios se figuran suficientes para la distribución eficiente de los recursos, y, sobre todo, como fuente de estabilidad. Adquiere desde este razonamiento legitimidad la norma de expansión del mercado, y se piensa un mecanismo impersonal que distribuye el poder entre los miembros de la sociedad, al tiempo que sustituye la democracia de los antiguos como organizador de lo social y que reduce el valor de la libertad a lo individual.

Los clásicos del capitalismo destacaron que la interdependencia sectorial que involucra la expansión del mercado y convierte a la estructura económica en un cluster, contiene como criterio de la crisis a la interrupción del flujo de mercancías y dinero a nivel intersectorial;47 es decir, la parálisis de la producción al interior de una rama, dado que hay interdependencia sectorial, anuncia la crisis; la interrupción de liquidez monetaria anuncia la crisis.

Sin embargo, la creciente interdependencia, analizada desde la morfología social, añade al problema de la crisis la existencia del gigantismo.48 Es plausible llevar esta idea formulada por Kohr49 para exponer al tamaño de las naciones como causa de los conflictos a la comprensión del funcionamiento mismo del mercado. En la medida en que la globalización contemporánea amplifica su alcance espacial, la magnitud de recursos de la intervención gubernamental para estabilizar el funcionamiento de la economía resulta también magnificada.

El tamaño de las corporaciones es una baza estratégica que posibilita adoptar conductas de riesgo moral.50 Es decir, esa conducta trae consigo la anticipación por parte de las corporaciones empresariales que los gobiernos nacionales participarán de su rescate para evitar el desabasto y la escasez de bienes en los anaqueles de los centros comerciales, así como la falta de liquidez en el sistema de pagos.

Respecto a los rescates que han ocurrido durante el capitalismo neoliberal, si bien parece keynesiana la medida al activar la expansión del gasto gubernamental, el canal de inyección es dirigido hacia los principales nodos de la red mundial ocupados por las corporaciones. Por eso las corporaciones financieras destacan en el rescate, ya que su posición en el entramado de la lógica del capital vía el sistema de pago resulta fundamental. Por ende, la posición que ocupan en el circuito económico las convierte en receptor de liquidez. Salvar a los bancos, entonces, evita la interrupción del sistema de pagos, lo cual garantiza certidumbre en las decisiones de las empresas productoras de mercancías.

Esta explicación contiene cierta ironía, ya que el síndrome del ablandamiento de la restricción presupuestaria que hizo fenecer al socialismo realmente existente está ahora presente en el neoliberalismo con la intervención de rescate a empresas industriales y financieras.51 Si en el socialismo nunca fue aplicada esa medida para la clase trabajadora,52 en el capitalismo es activado para rescatar a las grandes empresas, cuyo ajuste macroeconómico desemboca en el deterioro de las condiciones de vida de la población trabajadora que se reproduce con represión salarial y una reducida dotación de derechos sociales.

Esta condición donde la clase trabajadora latinoamericana de manera histórica carece de protección social,53 sin duda hace repensar si el retorno a la normalidad al finalizar el COVID-19 es la condición de vida ideal,54 ya que la normalidad del régimen neoliberal significa para el sector popular la ausencia de futuro, acompañada del estigma de ser una clase peligrosa,55 hecho validado con el incremento de la tasa de encarcelamiento en la democracia de los Estados Unidos de Norteamérica. Por ende, el régimen de macroeconomía (neo)liberal, que tiene como uno de sus principales criterios de éxito a la cifra óptima -tasa de desempleo no aceleradora de la inflación (NAIRU)- es logrado con el sacrificio de la libertad de aquella población excedente.56

Así, el pago del síndrome del ablandamiento de la restricción presupuestaria en el sistema capitalista que recae en el Estado, en los contribuyentes fiscales y en las futuras generaciones provee un nuevo significado a la política fiscal y monetaria, puesto que ambas están configuradas y articuladas para sostener a las empresas gigantes, las cuales de manera automática son rescatadas, así que, conscientes de su importancia, por lo que representan para el sistema en su conjunto, tienden a adoptar conductas de riesgo moral.57

Esto explica que el gigantismo formado en el capitalismo neoliberal y sus efectos no haya conducido a la reducción del tamaño de las empresas del sector real y financiero. Hay una ausencia de aprendizaje que se demuestra en la permanente concentración del sistema financiero mundial, a pesar del costo de su rescate durante la crisis de 2008 y por la persistente inoperancia de la ley antitrust.58

Lo que hay en lugar de esa ley es el criterio de eficiencia aplicado por organismos de regulación sectorial, descentralizados y autónomos al poder ejecutivo, cuya actuación está guiada por la maximización del excedente del consumidor para impedir el uso de poder en la fijación de precios por parte de las grandes empresas.

Más allá de analizar si es efectivo o no ese principio de regulación de la competencia, dicha regulación no conjura los choques en la economía, tampoco las crisis, ni aquella es una medida que evita el rescate a las grandes empresas. Por el contrario, el gigantismo de las empresas es el paisaje de la reproducción social en su conjunto. Así, evitar el colapso del abasto de bienes y servicios, inyectando liquidez a esas empresas y también al sistema financiero cuando el choque surge ahí, activa como piloto automático la intervención gubernamental en aras del rescate de las grandes empresas que produce la gigantomanía, que para Kohr

aparece como nuestro principal problema económico, [y] también tiende a ser nuestro principal problema político, por lo que la solución no es una mayor unificación, sino la restauración de un sistema económico de pequeñas celulas, en la que todos los problemas se vean reducidos a proporciones en las cuales pueden ser solucionados por todo el mundo, y no solo por genios, que además pueden no estar siempre disponibles.59

La política económica neoliberal exhibe a la austeridad como expresión de socialización de los costos del rescate. En principio recae en las finanzas del Estado, para después recaer en los contribuyentes, conduciendo al funcionamiento del sector de salud pública con excesos de demanda por falta de personal e infraestructura, como da cuenta la actual pandemia. Y, por supuesto, la infraestructura del sector privado, que se rige por la generación de ganancias, no resuelve el problema por la condición de precariedad y represión salarial que padece la mayoría de la sociedad.

Esto también está reflejado en la evolución del gasto público como proporción del pib en rubros como la educación, la seguridad social y la vivienda, cuyas cifras reflejan que la política social del neoliberalismo es una política asistencialista y no una encauzada a suprimir de manera definitiva la pobreza, de ahí que nuevos movimientos sociales posicionen la solidaridad por fuera del Estado como un principio articulador.60

Si en el siglo XIX, la vertiente dominante consideraba que la intervención gubernamental para deshacer el ciclo resultaba innecesaria, esa misma tradición no lo piensa así ahora. Solo que ahora actúa subordinada a la condición estructural definida por la alta concentración de la actividad económica de las grandes corporaciones. La inyección de dinero inicia su propagación al interior de esas unidades productivas, convierte al dinero público inyectado al sector privado en una expresión de la privatización del poder público, a lo que debe añadirse la inestabilidad resultado de la transición epidemiológica y del cambio climático global, donde los efectos de este último escenario, considerado la próxima crisis, ha sido bautizada como la aparición de un cisne verde.

Esta expresión publicitada por el actual director del Banco Internacional de Pagos reitera que no es el funcionamiento del mercado capitalista el responsable de la crisis ambiental. Es algo externo a la esfera económica la causa de la crisis. Por otro lado, la lectura crítica reconoce la ocurrencia simultánea de las crisis: pandemias, cambio climático y recesión económica, resultado de la interrelación dinámica de las esferas constitutivas de lo social, desprendiendo como política económica coherente abatir la primacía de la esfera económica en la constitución de lo social.

Destituyendo la primacía de la economía

La transición epidemiológica es caracterizada por la modificación de los patrones de mortalidad de enfermedades transmisibles a no transmisibles.61 Sin embargo, con la pandemia por covid-19 de nueva cuenta adquieren relevancia las enfermedades transmisibles asociadas a los estilos de vida y a la expansión capitalista que destruyen el ciclo propio de los ecosistemas, agravando entonces los riesgos de las enfermedades zoonóticas,62 además de que ciertas clases de urbanización detonan esas enfermedades.63

El enfoque ecosistémico explica la inestablidad global debido a la primacía de un subsistema uniforme: las finanzas, cuya expansión le impone sus condiciones a un supersistema como el biológico, caracterizado por su diversidad.64 Si para los primeros economistas, la expansión del mercado es un proyecto político de desconcetración del poder, con el correlato de la variación de los precios como regulador suficiente para resolver el desequilibrio y las crisis,65 el enfoque ecosistémico identifica esa expansión como debilidad para responder a los choques debido a la pérdida de diversidad de lo social.

Esa predominancia del campo económico en la reproducción socio-natural vuelve inestable la reproducción del sistema en su conjunto. Surge un efecto boomerang cuando los ecosistemas, al perder diversidad, resultado de las decisiones económicas guiadas por la ganancia, traerán efectos paralizantes de la esfera de la economía en momentos posteriores de la flecha del tiempo, lo que resulta visible en la frecuencia e intensidad de los ciclos de la naturaleza que generan efectos destructivos de la actividad económica en su conjunto. Reconocer ese efecto implica razonar en términos de la causalidad acumulativa circular.

En ese sentido, la crisis por la pandemia global revela el estrecho vínculo entre la salud pública y la economía. Aquellos hallazgos empíricos en apariencia contraintuitivos adquieren relevancia, como que en ciertos países durante la fase de expansión del ciclo de la economía se incrementa la población con enfermedades crónico-degenerativas, mientras durante la fase recesiva se reduce su número.66 Resulta, entonces, de vital importancia la protección social, cuya ausencia, en el caso de los países del exbloque socialista, en su tránsito al capitalismo por la medida de austeridad, suscitó un incremento de la tasa de mortalidad sin precedentes en la historia de esos países.67

En ese sentido, si la intervención del Estado no prosigue el criterio de formación de diversidad, si no actúa en sentido contrario a las decisiones tomadas en el sector privado, dicha intervención no sólo contribuye a la profundización de la recesión, elevando los costos sociales, sino que también incide en la tasa de mortalidad.

Sin embargo, la actual pandemia es concebida por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como un superchoque exógeno. De manera semejante en un documento de la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE), donde si bien la economía es pensada como sistema abierto, la generación de medidas de resilencia como solución68 cancela la búsqueda de reorganización de la esfera económica.

En otras palabras, para las instancias hegemónicas de la formulación de la política económica, el COVID-19, el cambio climático global, resultan fenómenos ajenos al funcionamiento del campo de la economía. Éstos no son causados por la organización de la esfera económica, de ahí que sea plausible vincular la interpretación de la exogeneidad de las crisis como una expresión de la lógica de la inmunidad que caracteriza al neoliberalismo69 y pensar en esa postura del tratamiento de las crisis como uno más de los factores coercitivos que en América Latina explican que las crisis económicas no resulten en crisis del bloque social dominante.70

Estamos en presencia de al menos dos lecturas sobre las crisis recientes: una que posiciona el carácter de causalidad acumulativa circular y otra que lo identifica como exógeno. Ambas desprenden fundamentos de política económica distintos. La primera aspira a suprimir la vulnerabilidad, mientras la segunda, a disminuirla con medidas activadas ex- post- su ocurrencia, sin impugnar la política económica neoliberal, es decir, eximiendo al código de la esfera económica como causante de la policrisis.

Esto mismo puede ser visto en el terreno de la discusión de la salud pública. El crecimiento de enfermedades crónico degenerativas, muy relevante en el caso mexicano, desde la posición de exogeneidad ha sido tratada recurriendo al fundamento del paternalismo libertario (soft), cuya intervención sólo tiene por objetivo alterar las preferencias individuales catalogadas como irracionales, sea porque el agente está dominado por la adicción o porque posee poca información respecto a los efectos que genera el consumo de ciertos productos.71 En cambio, la posición de interrelación de los órdenes donde se reconoce la causalidad acumulativa circular conlleva a la resolución del problema eliminando la oferta de aquellos bienes que con fundamento científico alteren la salud de la población. Es decir, retomando el ejemplo favorito del paternalismo libertario (soft), no se trata de hacer desaparecer la sal de la mesa para desincentivar su consumo, sino sustituir su presencia en el mercado, medida que promueve la vía campesina, la agroecología, plausible si se desglobaliza la producción y el mercado de alimentos.

Desde esta otra posición, la salud resulta entonces en un derecho humano fundamental, sobre todo cuando la pandemia ha visibilizado los grados de vulnerabilidad entre los diferentes estratos de la población, reflejo de aquella desigualdad económica, política y social producida en la normalidad. La pérdida de diversidad intersubsistemas, la ausencia de diversidad en el mercado financiero y la política económica de la austeridad como fuente de reactivación de la economía explican que la crisis sea parte de la normalidad. Esto genera la inestabilidad de la reproducción del sistema en varios niveles, y mantiene los distintos grados de vulnerabilidad entre la población.

Si bien lo deseable es asumir la noción de causalidad acumulativa circular que de manera interpretativa provoca un análisis de interdependencia entre las esferas, la postura de tratar a la crisis como un choque exógeno por las instancias hegemónicas de la intervención en el campo económico recrea aquella experiencia del crack financiero de la década pasada. Esto es, traslada los costos de la crisis pandémica hacia las mayorías, aunque en apariencia resulten apoyados los hogares. Por eso la importancia de repensar a profundidad las finanzas y el Estado,72 y el sistema monetario internacional, ya que si bien en los Estados Unidos se ha desplegado un montante monetario substancial durante las diversas crisis, el canal de inyección monetaria está condicionado por la reproducción social figurada en el neoliberalismo.73

Comentarios finales

La conceptualización sobre el origen de la pandemia y las crisis importa. Los economistas que definen la política económica posicionan la exogeneidad. De esa manera, la clase hegemónica resulta favorecida porque los costos de la intervención gubernamental resultan socializados, y las políticas públicas inspiradas en el paternalismo libertario con aplicabilidad en temas nodales de la regulación del comportamiento de la población, como la salud pública, resultan funcionales con el criterio del equilibrio de las finanzas públicas, suponiendo que aquella política es efectiva sobre los indicadores de la salud pública.

El horizonte de la política emanada de la postura de exogeneidad, entonces, aspira a construir un sistema con resiliencia, donde la actual estructura neoliberal caracterizada por una estructura productiva y monetaria/financiera concentrada resulta intocable. De esa manera, persiste el poder estructural de las grandes corporaciones sobre el campo social, y prosigue la fuente de inestabilidad asociada con la expansión del mercado en los otros subsistemas y esferas sociales distinguidas por su mayor diversidad. La principal implicación de este hecho es que en automático obliga a direccionar la intervención del gobierno en el salvamento de los nodos de mayor importancia, ocupados por las grandes corporaciones en esa retícula de la esfera económica global.

En cambio, si el origen del virus y su conversión en pandemia, así como el cambio climático global, resultan causados por el código constituyente de la esfera económica -la acumulación de capital, fuente además de la morfología social caracterizada por el gigantismo de las corporaciones que involucra el flujo de bienes y dinero junto con el consumo de energías fósiles que destruye los ecosistemas-, el marco alternativo razona lo social en términos de la causalidad acumulativa circular. La intervención derivada consiste en desconcentrar la producción y el intercambio, desmercantilizar los servicios de salud y anular la predominancia del dinero-capital en la interrelación de los órdenes de lo social. La puntualización de medidas que sean ejecutadas en esa dirección representan una transición socioecológica y socioeconómica que se piensa suprimen el sacrificio socioambiental, donde el trazo histórico no sacrificial, retomando a Moreiras, la persona y no el sistema es divinizado.74

La práctica social asociada al cumplimiento de esa postura posibilita superar la crisis de la esfera de la política signada por la democracia representativa liberal, que ejerce una política restringida que nada resuelve, y más bien como se ha expuesto, absuelve al poder económico. En ese sentido, la política generalizada es la del trazo histórico no sacrificial, porque impugna la primacía de la esfera económica en la constitución social y genera un nuevo equilibrio antropológico.75

Resulta relevante para la discusión futura exponer los respectivos usos de la memoria o hechos históricos en ambas posturas de política económica, la sacrificial y no sacrificial, la que asocia las crisis a causas exógenas y aquella que razona con causación acumulativa circular. Basta decir, por el momento, que es plausible encontrar este trazo histórico no sacrificial en la práctica contemporánea de movimientos sociales, en particular, los pueblos originarios organizados en la defensa del territorio ante la política económica del Estado-capital76. Además, dicha práctica revela la importancia de organización por fuera de los partidos políticos, la no toma del poder estatal, la superación de aquella postura reduccionista que identifica como sujeto revolucionario al obrero, trascendiendo la hegemonía como eje de la articulación política, sin buscar recuperar la soberanía estatal, actos que en conjunto proyectan la acción colectiva poshegemónica al impugnar la normalidad capitalista, ya que, como se ha expuesto, el discurso hegemónico sobre la crisis cataloga a todas las crisis como exógenas a la esfera económica, incluso las que se manifiestan en términos de su propia nomenclatura.

Por ende, aquellas acciones de la resistencia expresan la auténtica definición del pueblo planteada por Foucault:77 las y los que se niegan a ser población, ya que dicha práctica está encaminada a desarreglar todo el sistema, a lo que agregamos para construir un trazo histórico no sacrificial de los vivos y de los que están por nacer y en memoria de aquellos que lucharon por la emancipación.

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3María Zambrano, Persona y democracia (Madrid: Alianza Editorial, 2019).

4Edgar Morin y Anne B. Kern, Homeland Earth: A Manifesto for the New Millenium. Advances in Systems Theory, Complexity, and the Human Sciences (Cresskill, n.j: Hampton Press, 1999).

5Stèphane Longuet y Jaime Marques-Pereira, “Discours de la crise, crise du discours”, Économie et Institutions, núm. 22 (2015).

6William Hynes, Igor Linkov y Ben Trump, “A systemic resilience approach to dealing with Covid-19 and future shocks”, New Approaches to Economic Challenges (NAEC)(OECD, 2020).

7Jan Kregel, “Diversidad y uniformidad en la teoría económica como una explicación de la reciente crisis económica”, en Economía monetaria de la producción. Dinero, inestabilidad y crisis (México: DGAPA-Facultad de Economía, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2015).

8Stefanos Ionnoi, Dariusz Wojcik y Gary Dimsky, “Too-Big to fail. Why Megabanks Have Not Become Smaller Since the Global Financial Crises?”, Review of Political Economy 31, núm. 3 (2019).

9Darren Bush, “Too big to fail: the role of antitrust in distressed industries”, Antritrust Law Journal 77, núm. 7 (2010).

10Agustín R Vázquez, “La negación de la comunidad antes y durante la poli-crisis. Un diagnóstico inspirado en Karl Polanyi”, en Diversas manifestaciones de la crisis económica y alternativas de solución, coord. por Roberto S. Diego, René Rivera y Gloria Baca (México: UAM-X, 2023).

11Ana Carrasco-Conde, “Blow up. Evento, acontecimiento, crisis”, en Normalidad de la crisis/crisis de la normalidad, ed. por Luciana Cadahia y Gonzalo Velasco (Buenos Aires: Editorial Katz, 2012).

12Antonio Campillo, El concepto de lo político en la sociedad global (Barcelona: Editorial Herder, 2008).

13Jacques Rancière, El método de la igualdad: conversaciones con Laurent Jean Pierre y Dork Zabunyan (Buenos Aires: Nueva Visión: 2014)

14Campillo, El concepto.

15Arturo Anguiano, “Mundialización, regionalización y crisis del estado-nación”, Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, núm. 25 (2007).

16“AMLO inaugura la refinería de Dos Bocas, entre aplausos a Slim, ICA y a su gabinete”, La-Lista Newsletter, 1 de julio 2022.

17Janos Kornai, De Marx al libre mercado (México: Editorial Vuelta, 1992).

18Elmar Altvater y Brigit Mahnkopf, Las limitaciones de la globalización (México: Siglo XXI, 2002).

19Carlos Marichal, Las grandes crisis financieras. Una perspectiva global, 1873-2008 (México: DEBATE, 2010).

20Wendy Brown, El pueblo sin atributos (Barcelona: Editorial Malpaso, 2017).

21Luis Enrique Alonso y Carlos Jesús Fernández Rodríguez, “Debemos aplacar a los mercados: el espacio del sacrificio en la crisis financiera actual”, Vínculos de Historia, núm. 2 (2013); Carlos Mendoza, “La teología decolonial en México: desde abajo y desde el reverso de la religión sacrificial”, Utopía y Praxis Latinoamericana 25, núm. 91 (2020).

22Brown, El pueblo.

23Dora Villanueva, “FMI estima desplome de 6.6% en economía mexicana”, La Jornada, 14 de abril 2020, https://www.jornada.com.mx/noticia/2020/04/14/economia/fmi-estima-desplome-de-6-6-en-economia-mexicana-4751.

24José Tapia Granados, “La mejora de la salud durante las crisis económicas: un fenómeno contraintuitivo”, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 113 (2011).

25David Stuckler y Sanjuy Basu, Por qué la austeridad mata (México: Editorial Taurus, 2013).

26Humberto Beck, Otra modernidad es posible. El pensamiento de Iván Illich (Barcelona: Editorial Malpaso, 2019).

27Brian Snowdown, “Politics and the Business Cycle”, The Political Quarterly 68, núm. 3 (1997).

28Bruno Théret, “Por un federalismo monetario europeo. De la moneda única a la moneda común y monedas subsidiarias nacionales”, en El síntoma griego: postdemocracia, guerra monetaria y resistencia social en la Europa de hoy (Madrid: Errata Naturae, 2013).

29Rudiger Dornbusch y Sebastian Edwards, Macroeconomía del populismo en América Latina (México: Fondo de Cultura Económica, 1992)

30Raghuram Rajan y Luigi Zingales, Saving capitalism from the capitalists (Nueva York: The Group Publishing Crown, 2013).

31Axel Leijonhufvud, “Ideology and analysis in macroeconomics”, en Macroeconomic Instability and Coordination, Selected Essays of Axel Leijonhufvud (Londres: Edward Elgar, 2000).

32“¿Qué es el cisne verde del que advierte Agustín Carstens?”, La-Lista Newsletter, 7 de mayo de 2022.

33Gunnar Myrdal, Teoría económica y regiones subdesarrolladas (México: Fondo de Cultura Económica, 1964).

34William Kapp, “El carácter de sistema abierto de la economía y sus implicaciones”, en De la Economía Ambiental a la Economía Ecológica, comp. por F. Aguilera Klink y V. Alcántara (Barcelona: Fuhem e Icaria, 1994).

35Daniel Bensaid, Marx Intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica (Argentina: Editorial Herramienta, 2005).

36Andri W Stahel, “Time contradictions of capitalism”, Capitalism, Nature, Socialism 10, núm. 1 (1999).

37Francisco Louça, “Time in Economics: The Poverty of Simplicity”, Estudos de Economia 56-57, núm. 4 (1997).

38Michel Foucault, El nacimiento de la biopolítica (México: Fondo de Cultura Económica, 2007).

39Joachim Hirsch, Globalización, Capital y Estado (México: UAM-X, 2001).

40Kenneth Reinert, An introduction to international economics: new perspectives on the world economy (Inglaterra: Cambridge University Press, 2012).

41Arjun Jayadev, “Capital account openness and the labour share of income”, Cambridge Journal of Economics 31, núm. 3 (2007).

42Federico Diez, Daniel Leigh, y Suchanan Tambunlertchai, Global market power and its macroeconomic implications [papel de trabajo WP/18/137] (Washington, DC: International Monetary Fund, 2018).

43Foucault, El nacimiento.

44Carrasco-Conde, “Blow up”.

45Joseph Persky, “Says’s Law, Marxian Crisis Theory and The Interconnectedness of the Capitalist Economy”, Review of Political Economy 30, núm. 3 (2018).

46Phillip Mirowski, “Macroeconomic Instability and the ‘Natural’ Processes in Early Neoclassical Economics”, The Journal of Economic History lxiv, núm. 2 (1984).

47Persky, “Says’s Law”.

48Roberto Ochoa, Muerte del Leviatán (México: Editorial Jus, 2009).

49Leopold Kohr, Breakdowns of nations (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1957).

50Janos Kornai, “The soft budget constraint and financial global crises”, Financial Times, 15 de agosto de 2009.

51Kornai, “The soft”.

52Mehrdad Vahabi, “Soft Budget Constraints and Predatory States”, Review of Radical Political Economy 44, núm. 4 (2012).

53Para el caso mexicano, véase Enrique Valencia, “México: desafios del estancamiento (estabilizador) económico y social”, en Tres Miradas al México de Hoy, ed. por Alberto Aziz Nassif, Enrique Valencia Lomelí y Jorge Alonso (México: Universidad de Guadalajara-Ciesas-Cátedra Internacional Jorge Alonso, 2020).

54Ilán Bizberg, “La normalidad era el problema”, en Alerta global. Políticas, movimientos sociales y futuros en disputa en tiempos de pandemia, ed. por Breno Fringel y Geoffrey Players (Argentina: CLACSO, 2020).

55César Giraldo, La política social contemporánea: un paradigma en crisis (Bogotá: Facultad de Economía-Universidad Nacional de Colombia, 2018).

56Ruth Wilson Gilmore, Golden Gulag. Prisons, surplus, crises and opposition in globalizing California (University of California Press, 2017).

57Kornai, “The soft”.

58Bush, “Too Big”.

59Kohr, Breakdowns, 152.

60Jorge Sola, “La reconstrucción de la solidaridad en un contexto neoliberal: doble movimiento y apoyo mutuo tras el 15M (y más allá)”, Encrucijadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales 21, núm. 3 (2021).

61Abdel R Omran, “The Epidemiologic Transition: A Theory of the Epidemiology of Population Change”, The Milbank Quarterly 83, núm. 4 (2005).

62Mark Everard et al., “The role of ecosystems in mitigation and management of Covid-19 and other zoonoses”, Environmental Science & Policy 111 (2020).

63Tong Wu et al., “Economic growth, urbanization, globalization, and the risks of emerging infectious diseases in China: A review”, Ambio 46 (2016).

64Dominique Dron, Ecosystems and financial regulation (Institut Veblen pour les Réformes Économiques, octubre 2015).

65Albert Hirschman, Las pasiones y los intereses (México: Fondo de Cultura Económica, 2014).

66Tapia-Granados, “La mejora”.

67Stuckler y Basu, La austeridad.

68Hynes, Linkov y Trump, “A systemic”.

69Zeliha Dişci, “From politics for life to politics against life: ‘immunity’ as modern logic of politics”, Journal for Cultural Research 27, núm. 1 (2023).

70Manuela Mahecha Alzate, “A theoretical framework to study accumulation regimes and crises in Colombia”, Cuadernos de Economía 43, núm. 91 (2023).

71Richard Thaler y Carl Sunstein, “Libertarian Paternalism”, American Economic Review 93, núm. 2 (2003).

72María Emilia Val y Leandro Navarro, “Pandemia y globalización. Algunas ideas para pensar las finanzas en el contexto actual”, Revista Márgenes (2020), http://margenes.unsam.edu.ar/ahora/pandemia-y-globalizacion-algunas-ideas-para-pensar-las-finanzas-en-el-contexto-actual/

73Katherine A. Moos, “Coronavirus Fiscal Policy in the United States: Lessons from Feminist Political Economy”, Feminist Economics 27, núm. 1-2 (2021).

74Alberto Moreiras, “El último dios: Zambrano y el paso de la historia”, en María Zambrano: los años de Roma (1953-1964). [Congreso Internacional conmemorativo del centenario del nacimiento de María Zambrano, celebrado los días 15 y 16 de diciembre en Roma] (España: Centro Virtual Cervantes, 2004).

75Campillo, El concepto.

76Mendoza, “La teología”.

77Gonzalo Velasco, “Crisis de la construcción social de la normalidad capitalista”, en Normalidad de la crisis/crisis de la normalidad, ed. por Luciana Cadahia y Gonzalo Velasco (Buenos Aires: Editorial Katz, 2012).

Recibido: 30 de Junio de 2023; Aprobado: 21 de Mayo de 2024

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