-Tía, léeme el libro-. Me dice mi sobrina de dos años, mientras me entrega un libro que le he leído infinidad de veces.1
-Solette, ahorita que coma. Acabo de llegar del trabajo y tengo hambre- le digo.
-No tía, primero léeme- Insiste.
-Sol, tengo hambre.
-No, tía. Primero el libro.
-¿Es que tú crees que sólo sirvo para leer?
-Sí, tía.
-Ja, ja, ja- me río y le pregunto -¿por qué te gusta tanto ese libro?
-Ay, tía, porque la muñeca se parece a mí… es negrita, así como yo- me respondió, como si su respuesta fuera obvia.
Este momento con mi sobrinita, a la que solíamos leerle desde que estaba en el vientre materno y ama los libros tanto como yo, me regresó a mi infancia y a reconocer que en todos los libros que leí en esa etapa, nunca vi un personaje que se pareciera a mí. Asimismo, me hizo replantear el trabajo que llevaba realizando desde hacía 12 años como promotora y animadora de lectura y escritura en Colombia, Brasil, Chile y México.
En toda mi vida laboral en torno a la literatura, siempre estuve rodeada de personas afrodescendientes a las que intentaba inculcar el hábito de leer por placer, pero nunca me había planteado la necesidad de presentarles libros que les permitieran referenciarse dentro de la historia y los personajes. Ese 2017, el año en que Solette me interpela, yo me desempeñaba como directora de la Megabiblioteca Juan José Nieto, nombrada así en honor al único presidente afrodescendiente que ha tenido Colombia (1804-1866), y cuyo retrato fue enviado a París para aclarar su tono de piel y “afinar” sus facciones. Un proceso de blanqueamiento que durante años borró su tez negra de la historia de la política nacional.
Después de la conversación con mi sobrina, pensé y relaboré las actividades que se realizarían en la megabiblioteca en torno a la literatura; seguí promoviendo la lectura y la escritura de literatura infantil y juvenil, pero comencé a implementar talleres y otras actividades que pusieran en interacción a los asistentes con los libros que tenían personajes afro, tanto en sus ilustraciones como en sus historias. Esto con el fin de que niñas y niños pudieran reconocerse en el texto literario y me ayudaran a responder algunas preguntas que, desde la respuesta de Solette, revoloteaban en mi cabeza: ¿por qué es tan importante para las infancias verse reflejadas en el texto literario? ¿Es posible que las infancias afrodescendientes se interesen más en los libros si encuentran personajes que los representen? ¿Pueden los libros con representaciones de afrodescendientes contribuir a dar elementos de apropiación hacia la construcción identitaria de las infancias afro?
A través de la Red de Bibliotecas Nacionales, expuse al Ministerio de Cultura de Colombia la necesidad de libros con representaciones afrodescendientes y busqué colaboración con organismos internacionales para seguir promoviendo la lectura de estos libros y autores. Algunos organismos, como la Organización Internacional de las Migraciones, el Área Cultural del Banco de la República, la Cooperación Española, entre otros, se hicieron mis aliados y empezamos a hacer un trabajo en grande en el Educador, la comunidad afrodescendiente en donde estaba ubicada la Megabiblioteca.
El trabajo que estábamos haciendo llamó la atención de todo el país, y en 2017 el gobierno de Colombia, a través de la Dirección de Asuntos para Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras del Ministerio del Interior, me reconoció en la categoría “Líderes que Educan” por el aporte a las comunidades afrocolombianas a través de metodologías de enseñanza aterrizadas a los contextos y territorios. Estos métodos, según reza la condecoración, fomentaron el autorreconocimiento de estas poblaciones, permitieron la apropiación de textos y la creación de hábitos lectores; la promoción de la historia de la diáspora tanto a nivel nacional como internacional.
Ese mismo año, en el marco de las actividades del Mes de la Herencia Africana que realizamos en la Megabiblioteca, moderé el Conversatorio “Diáspora y memoria”. En dicho evento participaron la Dra. María Elisa Velázquez, Presidenta del Comité Científico Internacional la Ruta del esclavo, y coordinadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en México, junto con el Dr. Darío Henao, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, en Colombia.
En un diálogo informal que establecimos minutos antes del conversatorio, la doctora María Eliza, después de conocer las actividades que realizábamos en la Megabiblioteca, me dijo que en México había muy poca investigación sobre poblaciones afrodescendientes y mucho menos sobre las infancias. Además, me comentó sobre las becas Conacyt, programa del que carece Colombia, y cuya ausencia imposibilita que muchos colombianos podamos acceder a la educación superior a nivel de posgrado.
La información dada por la Dra. Eliza, unida a mi interés en dimensionar el poder del discurso literario en la formación del individuo y en la construcción de referentes a partir de las representaciones estéticas que la ficcionalidad crea, me hizo buscar la posibilidad de estudios en México. Oportunidad que se me presentó en la especialización en Promoción a la Lectura de la Universidad Veracruzana y me llevó a arribar al país en el año de 2018.
Me titulé con la tesis “Literatura infantil con representaciones afro: Promoción lectora y construcción identitaria”. Los resultados de esta investigación arrojaron que los participantes de los talleres, al reconocerse como afrodescendientes en el interior de cada historia, hacían interpretaciones en relación con su entorno, lo que incrementó su interés en la lectura y contribuyó al reconocimiento identitario (Meléndez, 2019).
Al término de esta investigación, como un ejercicio crítico y reflexivo, analicé mi proyecto y noté que era necesaria la realización de otra investigación en torno a qué elementos dentro de la literatura contribuyen a esta apropiación identitaria, o si en esta mediación entre libro-niño existían otros elementos, procesos o factores externos decisivos en esta apropiación. Por tal razón, decidí presentarme en la maestría en Estudios de la Cultura y la Comunicación en la misma universidad e hice la tesis “Niñas afromexicanas y literatura infantil/juvenil. Entre apropiaciones y representaciones en contextos de exclusión”.
El abordaje de esta tesis me enfrentó a distintas problemáticas en torno a género, desigualdad social, discriminación, invisibilización y pobreza extrema, en las que se ven sumergidas las infancias afrodescendientes en los distintos contextos en los que se desenvuelven, pero sobre todo en el contexto educativo. Situaciones que me hicieron pensar y repensar la manera de cómo seguir visibilizando y aportando a su estudio, pues en México, a pesar de que existen algunos estudios que buscan visibilizar y reivindicar al pueblo afromexicano, los referentes a esta franja poblacional son escasos; lo que acentúa el desconocimiento de la información específica de su situación. Debido a lo anterior, y motivada por mi directora de tesis de maestría, la Dra. Celia del Palacio, me presenté al doctorado en Educación de la Universidad de Guadalajara, en el que me encuentro actualmente realizando la tesis “Los mecanismos y las estrategias de les estudiantes, racializades para responder a las discriminaciones étnico-raciales de las que son víctimas en los entornos educativos de México”.
Como puede evidenciarse en las líneas anteriores, este deseo de trabajar y teorizar sobre las infancias afrodescendientes y racializadas está atravesado por mi experiencia personal y laboral. Vivencias que me han enfrentado a mi propia realidad y a mi emocionalidad, motivándome a mirar desde otros puntos de vista y, siguiendo a Alexander (2000), a observar lo empírico como una posibilidad de ingresar al mundo de la teoría misma, no desde lo ya establecido sino desde abordajes nuevos y fascinantes.
Empero, si bien la experiencia es fundamental dentro de la práctica investigativa, desde un ejercicio de autocrítica y tomando como base el texto de López Coira (1992), sobresale en mí cierto temor sobre los factores de mi ecuación personal que pudieran intervenir en mi investigación. Este recelo se debe a la existencia de implicaciones de las experiencias culturales y personales que me atraviesan como mujer afrodescendiente. Considero que la no atención de éstas podría llevar a entorpecer, confundir o estancar el proceso de investigación, impidiendo ver con claridad las problemáticas implícitas y explícitas que rodean a sus protagonistas. Razón por la que sé que debo tener mucho cuidado y establecer una fuerte vigilancia epistemológica para escoger teorías y conceptos que respondan a las exigencias del problema estudiado, y no a reforzar los supuestos o prejuicios derivados de las experiencias personales propias, como parte de un grupo étnico vulnerado.









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