Introducción
La atención especial sobre la apariencia física y la figura corporal ha existido desde siempre, pero en las últimas décadas ha cobrado aún más relevancia. Al respecto, los medios de comunicación y la publicidad han ejercido una presión considerable hacia la “perfección corporal”, mediante la transmisión de modelos estéticos o cánones de belleza que son interiorizados por hombres y mujeres (Vázquez-Arévalo et al., 2015). El deseo por alcanzar esos modelos es particularmente observado en las culturas occidentales, en las que la delgadez está asociada con la aceptación y el éxito; además de una preocupación excesiva por todo lo relativo al peso corporal (Lirola et al., 2019), por lo que es promovida especialmente entre mujeres adolescentes y adultos emergentes (Arnett, 2000; Cheng et al., 2018; Larrea, 2018; Ventura, et al., 2017).
Al respecto, se afirma que hay una asociación importante entre la influencia sociocultural, la percepción de la grasa corporal, el autoconcepto físico general, así como una insatisfacción con la imagen corporal; y que esta relación desencadena la realización de conductas alimentarias no saludables con la finalidad de controlar el peso corporal (Cortez et al., 2016; Cheng et al., 2018; Ventura, et al., 2017).
Ahora bien, Slade en 1994 definió a la imagen corporal como una representación mental de la propia figura, determinada por vivencias personales y experiencias sociales multifactoriales, que incluyen factores biológicos, individuales, históricos y culturales, que crean aprendizajes que influyen en la consolidación de la percepción de la propia imagen corporal, así como de la personalidad. Cash y Pruzinsky (2002) caracterizaron a la imagen corporal considerando variables internas y externas, que están en constante interacción; por un lado, incluyen a la cognición, las emociones y los comportamientos, y por otro, a los procesos de adaptación con el medio tanto social como cultural. Vaquero et al. (2013), además de los elementos antes señalados, agregan el factor perceptual respecto al cuerpo en su totalidad o de alguna de sus partes, y con relación a las emociones, precisando el aspecto afectivo vinculado a actitudes y sentimientos frente al propio cuerpo, considerando a la satisfacción corporal como elemento relevante de estos factores. La interacción entre los factores antes señalados, puede llevar a la persona a padecer ciertas problemáticas y favorecer la aparición de conductas alimentarias de riesgo (CAR), que son comportamientos nocivos y negativos para los individuos, que surgen de las preocupaciones excesivas por el peso y la comida (Gayou-Esteva & Ribeiro-Toral, 2014). Dichas conductas tienen por objetivo controlar el peso corporal; entre ellas se considera a los atracones, el seguir dietas crónicas restrictivas, el consumo de laxantes, uso de diuréticos, el vómito auto-inducido, la realización de ayunos, entre otras (Berengüí et al., 2016).
Un caso extremo es la presencia de algún tipo de Trastorno de la Alimentación y de la Ingesta de Alimentos (TAIA); que son graves problemas de salud pública, reconocidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales ([DSM-5], Asociación Americana de Psiquiatría, 2013), y que se caracterizan por alteraciones persistentes en el consumo de alimentos, que producen una absorción inadecuada de los nutrientes, afectando la salud física y/o el funcionamiento psicosocial del individuo. Dentro de los TAIA están la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa, que tienen etiología multicausal, en los cuales uno de los factores predisponentes más importantes es la insatisfacción con la imagen corporal (Espósito, 2015).
Por otro lado, en cuanto a las relaciones de pareja, se ha reportado que en algunas personas se generan expectativas a veces poco realistas sobre el amor, el compromiso, la fidelidad, la belleza y el cuidado ofrecido a sus parejas (Claydon, et al., 2022; Momeñe, et al., 2022). Las revisiones sistemáticas han evidenciado que los TAIA están asociados con una alta prevalencia y aumento en el riesgo de violencia de pareja íntima (VPI) (p. ej. Buchanan et al., 2013; Bundock et al., 2013; Romito et al., 2016). De igual manera, diferentes investigaciones han propuesto modelos explicativos donde se integran factores como la violencia sexual, el acoso y el hostigamiento sexual para predecir aspectos corporales de las personas (p. ej. vigilancia y vergüenza corporal) (Bolívar-Suárez et al., 2022; Borinca, 2016; Davidson & Gervais, 2015; Franz et al, 2016; Gervais & Davidson, 2013).
Fernández (2008) define la VPI como la capacidad de influir en una persona y emplear el poder sobre ciertas esferas de la vida; así como las conductas que se llevan a cabo con el objetivo de dañar o controlar a la pareja (noviazgo, cohabitación o matrimonio). En el caso de la violencia de género contra la mujer, el cuerpo es posiblemente un factor generador de violencia psicológica, ya que está determinado como un objeto de deseo que debe cumplir ciertas características, y además estar dispuesto en pro del hombre, ya sea para procrear o para satisfacer el placer (Cienfuegos & Díaz-Loving, 2016).
Con relación a la presencia de VPI, Triana (2017) señala que el patriarcado mantiene diferentes formas de dominación respecto a la mujer, determinadas por una especie de violencia de género silencioso que se manifiesta en actos de daño físico, psicológico o sexual, con asimetrías constantes en las relaciones de poder y las prácticas cotidianas filiales, y que logran menoscabar la seguridad personal, el respeto por sí misma o disminuir sus capacidades físicas o mentales, así como también promover factores de riesgo y favorecer una sensación de vulnerabilidad. Momeñe et al. (2020), explican que la VPI es un problema que se intensifica conforme pasa el tiempo en la relación, y que dentro de las principales consecuencias de esta convivencia se presentan el maltrato físico y psicológico; reportando también que la población más perjudicada es la femenina, desarrollándose baja autoestima o un concepto negativo sobre sí mismas, síntomas por los que atraviesan aquellas personas que padecen un trastorno de la conducta alimentaria.
Así mismo, se afirma que la construcción personal y social de la mujer en las relaciones de pareja está determinada por conceptos establecidos principalmente en el deseo masculino; tal como lo plantea Bourdieu (2000), se trata de un criterio cultural de deseo, que abarca generalmente los procesos de adquisición de autoestima y las pautas de clasificación para belleza, edad y salud femenina. Triana (2017), señala que en este sentido se comprometen además factores centrales que afectan el crecimiento psicológico de cada persona, tales como sentimientos de minusvalía, indefensión, desesperanza, ansiedad, entre otros.
Afín a lo antes descrito, y como área de confluencia entre los conceptos previamente señalados, según Arboleda (2017), el problema de la búsqueda de belleza se enfoca en la necesidad de convertirse, en un objeto de deseo para “otro”, de satisfacer las necesidades de la pareja sentimental, con la creencia de que de esa manera se va a conseguir ser digno de amor, deseo, o que van a mejorar sus relaciones interpersonales. Martin et al. (2023), afirman que es común que las mujeres realicen prácticas de cualquier índole para favorecer el aspecto físico, aunque realmente la modificación del propio cuerpo no signifique que consecuentemente ella va a convertirse en una persona más respetada, deseada o valorada por su pareja.
Además, como ya se señaló puede presentarse una gran influencia por parte de la pareja sobre la apariencia física, aunado a las preocupaciones que esto probablemente conlleva; por lo que las decisiones respecto a la belleza dependen más de la percepción que las mujeres tienen de sí mismas en relación con su pareja sentimental, en cuanto a la necesidad de sentirse deseada y admirada (Price et al., 2020).
Por otro lado, Astrid (2023) identifica factores motivacionales, tales como el ideal de femineidad, la imagen de belleza y el atractivo; además de aspectos favorecedores, como la pareja sentimental, familiar o los medios de comunicación, que impulsan a las mujeres a realizarse procedimientos estéticos quirúrgicos. La investigación realizada por Nair y Baboo (2017) en la India, encontró que la población que más se realiza cirugías con el objetivo de mejorar la imagen corporal, son las mujeres entre los 20 y 40 años, esperando favorecer su calidad de vida y las relaciones de pareja, y cuando no logran los resultados esperados, no dudan en someterse nuevamente a cualquier procedimiento de esta índole.
Por su parte, Valdés et al., (2018), señalan que en algunos casos la relación con la pareja determina variaciones en el físico de mujeres, de la misma manera se presenta de manera sutil violencia psicológica ejercida que se relaciona con la modificación de hábitos alimentarios, realizando adaptaciones constantes a los deseos de la pareja, aunque estos resulten consecuentemente no saludables para la construcción propia del modo de relacionarse con el propio cuerpo.
Dada la relevancia del planteamiento señalado en los párrafos anteriores, en la presente investigación el objetivo consistió en evaluar y desarrollar un modelo que explique el efecto, peso y dirección de variables biológicas (edad e índice de masa corporal), psicosociales (conductas alimentarias de riesgo, violencia en la pareja íntima, tácticas de conflicto), y sociodemográficas (nivel socioeconómico), para predecir insatisfacción corporal en mujeres (ver Tabla 1). Este planteamiento se basó en la identificación de hallazgos referidos en la literatura revisada.
Tabla 1 Definición de variables.
| Variable Dependiente | Definición Conceptual | Definición Operacional |
| Insatisfacción Corporal | La insatisfacción con la imagen corporal se presenta cuando la inconformidad con el cuerpo o con alguna parte del cuerpo lleva al individuo a desarrollar conductas nocivas para su salud con la finalidad de modificar su apariencia. | Escala Visual de Siluetas para medir satisfacción/ insatisfacción corporal para mujeres. Cuestionario de la Figura Corporal (BSQ). |
| Variables Independientes | Definición Conceptual | Definición Operacional |
| Índice de Masa Corporal (IMC) | El IMC es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. | Los participantes auto reportaron medidas antropométricas de peso y estatura. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (km/m2). |
| Conductas Alimentarias de Riesgo | Aquellas manifestaciones similares en forma, pero menores en frecuencia e intensidad a las de los TAIA. | Cuestionario breve para medir conductas alimentarias de riesgo. |
| Estima Corporal | Imagen o representación final que las personas tienen sobre su cuerpo, y a la observación de su atractivo estético y sexual. | Escala de Estima Corporal. |
| Violencia en la Pareja Íntima | La violencia en la relación de pareja comprende un ejercicio de poder a través de acciones u omisiones se daña o pretende dañar, herir o controlar a aquella persona con la que se tiene o tuvo un vínculo íntimo. | Cuestionario de Violencia en la Pareja. Escala de Tácticas de Conflicto. |
| Nivel socioeconómico | Medida total económica, combinada de la preparación laboral de una persona y de la posición económica y social, basada en sus ingresos, educación y empleo. | Cuestionario de aspectos Sociodemográficos. |
Método
Población
Mujeres adultas que cohabiten en su pareja durante un año o más en la Ciudad de Pachuca de Soto, Hidalgo, México.
Participantes
La muestra fue no probabilística de tipo intencional. En total participaron N=216 mujeres con un rango de edad de 20 a 40 años (M=32.84, DE = 6.52). Dentro de los criterios de inclusión se contempló que vivieran con su pareja durante un año o más, y firmar el consentimiento informado. Mientras que los criterios de exclusión fueron que la persona presentara alguna enfermedad crónica y/o que se encontrara en tratamiento psicológico y/o tener una relación de noviazgo.
Diseño
Esta investigación tuvo un tipo de estudio transversal, correlacional predictivo, con un diseño no experimental (Clark-Carter, 1997).
Análisis estadístico
Se realizó un análisis estadístico a través del programa SPSS versión 24 y el programa EQS versión 6.1 en tres fases: primero, se realizó un análisis descriptivo, segundo se realizaron correlaciones de Pearson, por último, se estableció un modelo predictivo a través de un análisis de regresión múltiple STEPWISE.
Instrumentos
Para esta investigación se aplicó una batería que incluyó cuestionarios y escalas autoaplicables. El índice de masa corporal (IMC) se obtuvo mediante autorreporte.
Cuestionario de la Figura Corporal (BSQ). Evalúa la presencia de preocupación e insatisfacción con la imagen corporal, tiene 34 ítems directos con seis opciones de respuesta que van de nunca a siempre. Tiene un elevado coeficiente Alpha de Cronbach (α = 0.98). Elaborado por Cooper et al. (1987), y posteriormente adaptado por Vázquez et al. (2011).
Escala Visual de Siluetas para medir satisfacción/insatisfacción corporal. Está formada por nueve siluetas que cubren un continuo de peso corporal que va desde una figura muy delgada hasta una figura muy gruesa u obesa, pasando por una de peso normal. Confiabilidad por consistencia interna a través del Alpha de Cronbach de 0.75 a 0.80. Cabe señalar, que existe una versión para mujeres y otra para hombres, fue elaborada por Acosta y Gómez-Peresmitré en 2003.
Escala de Estima Corporal. Mide la apreciación por las partes y funciones del cuerpo, elaborada por Franzoi y Shields en 1984, traducida y adaptada por Jorquera et al. (2005) y posteriormente adaptada por Escoto et al. (2016). Comprende 35 ítems de tipo Likert, en donde mayores puntuaciones indican mayor aprecio por el propio cuerpo. Incluye los factores: atractivo físico y sexual y condición física y preocupación por el peso. Con un coeficiente Alpha de Cronbach entre 0.81 y 0.86.
Cuestionario Breve para Medir Conductas Alimentarias de Riesgo. Elaborado por Unikel-Santoncini et al. (2004), consta de once preguntas sobre preocupación por engordar, práctica de atracones, sensación de falta de control al comer y conductas alimentarias de tipo restrictivo (dietas, ayunos, ejercicio y uso de pastillas para bajar de peso) y purgativo (vómito auto-inducido, uso de laxantes y de diuréticos), en los tres meses previos a la aplicación del instrumento. Confiabilidad por consistencia interna a través del Alpha de Cronbach (α=0.83).
Cuestionario de Violencia en la Pareja. Es una escala tipo Likert, integrada por dos sub escalas: a) Violencia recibida por parte de la pareja, que consta de 27 ítems, Alpha de Cronbach α =0.95, con ocho ítems que están orientados a evaluar violencia psicológica y social, siete ítems a evaluar violencia física, siete ítems a evaluar violencia sexual; y, b) Violencia ejercida contra la pareja, con doce ítems, con una adecuada consistencia interna (α =0.84), cinco orientados a evaluar la violencia psicológica, siete ítems a evaluar otros tipos de violencia, tales como: social, económica, física y sexual (Cienfuegos & Díaz-Loving, 2016).
Escala de Tácticas de Conflicto. Elaborada por Strauss y Hamby en 1996 y adaptado para población mexicana por Mora et al. (2008). Consta de dos dimensiones:
a) Agresión psicológica y física, y b) Coerción sexual. Cuenta con una consistencia interna global de Alpha de Cronbach α = 0.93.
Cuestionario de Datos Sociodemográficos. Este instrumento ad hoc, indagó acerca de las variables: nivel socioeconómico, lugar de nacimiento, estado civil y nivel de escolaridad. Cabe señalar, que solo el nivel socioeconómico se consideró para la generación de los modelos.
IMC. Se obtuvo a partir del peso y talla auto-referidos, los cuales han mostrado ser medidas válidas y útiles en población mexicana (Osuna-Rámirez et al., 2006). El cálculo del IMC se realizó con la fórmula: peso (kg)/ altura (m)2, y retomada la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2000).
Procedimiento
El trabajo de campo de este estudio se realizó en tres escuelas secundarias públicas de la ciudad de Pachuca de Soto, Hidalgo, México; particularmente se informó e invitó a participar a madres de familia de los estudiantes, quienes de forma voluntaria firmaron un consentimiento (siguiendo las recomendaciones éticas señaladas por la Sociedad Mexicana de Psicología en 2010, se les explicó a las mujeres que su colaboración era voluntaria y anónima); posteriormente, en las aulas escolares con el apoyo de estudiantes de licenciatura se aplicó la batería de instrumentos,. Cabe señalar, que por medio del autorreporte se identificó el peso y talla.
Resultados
En cuanto a la descripción de la muestra, un poco más de la mitad de las mujeres participantes vivían en unión libre con su pareja (57.7%), el 28.8% con un nivel socioeconómico medio, seguido del nivel medio bajo (21.9%). Una tercera parte de las participantes (34.4%) indicaron que su nivel de escolaridad se encontraba entre secundaria y bachillerato, las demás participantes se distribuían entre los estudios de primaria y técnicos.
Por otro lado, respecto a la distribución porcentual de las categorías del IMC de acuerdo con los parámetros establecidos por la OMS (2000), se reportó que un 41.4% presentó sobrepeso, siguiéndole un 40% con normopeso, y el resto con obesidad. El análisis descriptivo de las variables contempladas (Tabla 2), arrojó entre los puntajes más altos a la variable de Estima Corporal (EC) en los factores de atractivo físico y sexual (x=3.31). En la variable VPI, se observa que las puntuaciones más elevadas se encontraron en la subescala de violencia psicológica y social (x=1.54), y física (x=1.53); en la subescala de violencia ejercida se manifestó la violencia de tipo psicológica (x=1.73). En las variables categóricas (Tabla 3) se observa que un 54.6% deseaban ser más delgadas, un 12.9% de las participantes presentaron insatisfacción corporal (IC); así mismo, un 18.5% con riesgo moderado de realizar una CAR.
Tabla 2 Datos descriptivos de las variables
| Variables | Mujeres (N= 216) | |||
| Mín. | Máx. | M | DE | |
| Estima Corporal Factor 1. Atractivo físico y sexual | 1.11 | 4.74 | 3.31 | 0.64 |
| Factor 2. Condición física y preocupación por el cuerpo | 1.00 | 5.50 | 2.10 | 0.95 |
| Tácticas de conflicto Factor 1. Agresión psicológica y física | 1.00 | 3.00 | 1.47 | 0.49 |
| Factor 2. Coerción sexual | 1.00 | 3.00 | 1.30 | 0.49 |
| Violencia en la Pareja íntima | 1.00 | 3.00 | 1.27 | 0.47 |
| Sub escala de violencia recibida Factor 1. Psicológica y social | 1.00 | 5.00 | 1.54 | 0.61 |
| Factor 2. Sexual | 1.00 | 4.29 | 1.45 | 0.57 |
| Factor 3. Económica | 1.00 | 4.40 | 1.46 | 0.65 |
| Factor 4. Física, intimidación y agresión | 1.00 | 4.57 | 1.53 | 0.64 |
| Sub escala de violencia ejercida Factor 1. Psicológica | 1.00 | 4.40 | 1.73 | 0.64 |
| Factor 2. Otro tipo de violencia (social, económica, sexual y física) | 1.00 | 4.00 | 1.43 | 0.51 |
Tabla 3 Datos descriptivos de las variables categóricas.
| Variable | F | % |
| Satisfacción/insatisfacción corporal | ||
| Factor 1. Presenta insatisfacción corporal | 187 | 12.9 |
| Factor 2. No presenta insatisfacción corporal | 28 | 86.5 |
| Conductas Alimentarias de Riesgo | ||
| Factor 1. Ausencia de riesgo | 169 | 78.2 |
| Factor 2. Riesgo moderado | 40 | 18.5 |
| Factor 3. Riesgo alto | 6 | 27 |
| Deseo ser más delgado/robusto | ||
| Factor 1. Deseo por ser más robusto (a) | 22 | 10.1 |
| Factor 2. Satisfacción | 75 | 34.7 |
| Factor 3. Deseo por ser más delgado (a) | 118 | 54.6 |
En los análisis también se realizaron correlaciones producto-momento de Pearson para todas las variables (ya que se cumplieron los requerimientos para pruebas paramétricas). Respecto a la asociación entre variables se presentaron relaciones directas entre el IMC, la edad, la insatisfacción corporal y las CAR; lo que permite afirmar que, las mujeres que tienen mayor IMC en la medida en que se incrementa la edad, pudieran tener mayor riesgo de realizar CAR, así como mayor IC (Tabla 4). De igual manera, las mujeres que tienen mayor IMC presentan menor EC. Con relación a la variable edad, se encontraron datos relevantes, a mayor edad mayor VPI, y mayor presencia de tácticas de conflicto (TC) (agresión psicológica y coerción sexual). Ahora bien, la IC está relacionada con el deseo de ser más delgada y la realización de CAR. Así mismo, las CAR se asociaron negativamente con EC, y de forma positiva con VPI y TC. Particularmente, la VPI se vincula directamente con TC.
Tabla 4 Asociación entre todas las variables en mujeres.
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | |
| IMC | 1 | .425** | .351** | .444** | .313** | -.203** | .002 | -.019 | .022 |
| Edad | 1 | -.034 | .101 | -.009 | -.041 | .173* | .223* | -.062 | |
| Satisfacción/ Insatisfacción Corporal | 1 | .230** | .626** | -.483** | .128 | .030 | .024 | ||
| Deseo ser más delgada/robusta | 1 | .214** | -.218** | .003 | .056 | -.022 | |||
| CAR | 1 | -.295** | .171* | .232** | .011 | ||||
| Estima Corporal | 1 | -.101 | -.115 | .008 | |||||
| VPI | 1 | .717** | -.033 | ||||||
| Tácticas de Conflicto | 1 | -.033 | |||||||
| Nivel Socioeconómico | 1 |
En la Figura 1 se observa el Modelo Estructural que arrojaron los datos, y que cumplió con los parámetros estipulados de Chi 2 = 7.76, P = 0.73, CFI = 1.00 RMSEA = 0.00; los factores de VPI contemplados fueron violencia sexual recibida y violencia psicológica ejercida. En cuanto a los senderos significativos, en primera instancia se observa que existe un efecto indirecto en la variable de VPI, mediada por el IMC y las CAR para predecir IC. Cabe destacar también, la presencia del sendero VPI, nivel socioeconómico y la predicción de la IC. La varianza explicada para este Modelo fue del 41%.
Discusión
El objetivo de este estudio fue considerar la presencia de VPI en un modelo predictivo de IC, además de contemplar las variables de IMC, CAR, edad y nivel socioeconómico.
La imagen corporal desde hace tiempo ha sido altamente valorada por la sociedad; en la actualidad hay estudios que denotan que la mayoría de las personas se encuentran insatisfechas con alguna parte del cuerpo, o en su totalidad, inclusive realizan conductas dañinas para la salud con la finalidad de modificar esa imagen (Bundock et al., 2013; Fitz-Patrick, 2022; Machorrinho et al., 2022; Jaconis et al., 2020; Sáez et al., 2021). La importancia de estudiar la IC radica entre otros aspectos en que ésta es contemplada como uno de los principales factores de riesgo para padecer TAIA (Grogan, 2023; Jiménez-Limas et al. 2022; Neumark-Sztainer et al., 2018). Ahora bien, los resultados de este estudio permiten afirmar que las mujeres de la muestra que tienen como característica el que padecen VPI, pueden presentan riesgo de desarrollar sintomatología asociada con los TAIA, tales como IC y CAR. Datos semejantes han sido reportados por Castellini et al. (2017), Dunkley et al. (2020), Lewis-Smith et al. (2015), entre otros.
En el mismo sentido de lo antes señalado, las relaciones directas entre el IMC, la edad, la IC, y las CAR; permite aseverar que, a mayor IMC y mayor edad se presenta mayor riesgo de realizar CAR así como IC. El IMC ha sido probado en diferentes estudios como un relevante indicador en la predicción de CAR e IC, ya que al aumentar su valor aumenta la distancia entre la figura real y la figura ideal, y en consecuencia el descontento con el propio cuerpo (Bibiloni et al., 2017; Gualdi-Russo et al., 2022; Lewer et al., 2017; Quittkat, et al., 2017). En las personas con sobrepeso u obesidad se presenta mayor probabilidad para el desarrollo de alteraciones en sus hábitos alimentarios y riesgo de TAIA (Calugi et al., 2020; Da Luz et al, 2018; House et al., 2022; Lewer et al., 2016).
Por otro lado, la variable edad mostró datos notables, revelando que a mayor edad mayor VPI. Es importante destacar que la violencia contra la mujer -especialmente ejercida por su pareja- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres (OMS, 2017). Algunos de los factores desencadenantes de la violencia de género, particularmente contra las mujeres son los criterios y valores estético-corporales relativos al cuerpo femenino y/o masculino (Bolívar-Suárez, et al., 2022; Riley et al., 2022; Stanton et al., 2022; Wallwiener, 2016).
Del mismo modo, se encontró en este estudio que a mayor IC hay menor EC, datos semejantes han encontrado diversos estudios que afirman que la evaluación desfavorable del cuerpo y el autoconcepto negativo pueden llevar a las personas a realizar esfuerzos para alcanzar lo que consideran el “cuerpo ideal” por ejemplo, realizar CAR como dietas restrictivas, ejercicio excesivo, e incluso recurrir a cirugías invasivas (Gitau et al., 2014; Jones et al., 2022; Kazeminia et al., 2023; Pedalino et al., 2022). Hay evidencia de que la estima corporal negativa es un factor de riesgo para padecer TAIA (Bohannon, 2023; Guyon, 2020; Raja, 2023). Específicamente para las mujeres, la IC está relacionada con el deseo de ser más delgada y la realización de CAR.
Otro aspecto que arrojó datos relevantes en nuestro estudio es que las CAR se asociaron negativamente con EC, y de forma positiva con VPI y TC. Bianchi et al. (2021), Nava et al. (2017), Ramos (2021) entre otros, afirman que la violencia de pareja incide en la exposición a factores de riesgo, y por lo tanto en padecer un alto nivel de vulnerabilidad para sufrir problemáticas diversas entre las que se encuentran los problemas asociados con la imagen corporal.
Ahora bien, en el Modelo desarrollado en este estudio se explica en un 41% que existe un efecto indirecto de la variable categórica de VPI, particularmente la violencia sexual y psicológica, mediada por las CAR para predecir IC, con la presencia del Nivel Socioeconómico. Los datos antes señalados son semejantes a los encontrados en diferentes estudios con población universitaria, que han mostrado también a través de modelos explicativos, que existen efectos directos e indirectos de la VPI para predecir IC (Claudat & Warren, 2014; Davidson & Gervais, 2015; Gervais & Davidson, 2013; Vartanian et al., 2016). Harned en el 2000 evidenció que, en las mujeres, -parecido a nuestros hallazgos- la violencia sexual es un antecedente para IC; así mismo, que los aspectos alimentarios son variables mediadoras para predecir IC. De manera semejante Wiseman y Moradi en 2010, encontraron que la vigilancia y la vergüenza corporal, son factores asociados con la VPI, y que estos son mediadores para predecir sintomatología asociada con TAIA; en nuestros resultados de manera interesante, las CAR fungen como variables mediadoras para predecir IC. Al respecto, Momeñe et al. (2022), afirman que los TAIA son factores de vulnerabilidad que aumentan la probabilidad de violencia de pareja. Aunque, los mecanismos que subyacen a esta relación aún no están claros.
Ahora bien, Gervais y Davidson en 2013 señalaron la interacción entre la violencia física y psicológica para explicar a la IC; en nuestra investigación, en el Modelo la violencia psicológica apareció como un factor relevante. Davidson y Gervais (2015), en un estudio con objetivos similares al nuestro, encontraron que el abuso psicológico incluye expresarles a sus parejas que “no están a la altura del atractivo de otras mujeres” y les señalan que “ningún otro hombre las querría”. Estos tipos de ataques emocionales, por lo tanto, cuando se aplican de manera continua, y que se dirigen específicamente a los cuerpos de las mujeres y a su físico, pueden dañar de manera profunda y duradera a quien lo padece. De acuerdo con nuestros resultados, la naturaleza prolongada y duradera de la VPI que pueden estar viviendo las mujeres -en particular de tipo físico y psicológico-, que incluye ataques verbales e insultos, puede proporcionar una explicación de los resultados observados en el Modelo desarrollado en nuestra investigación.
Por otro lado, nuestros hallazgos no explican de manera precisa aspectos asociados con la IC y su asociación con el IMC, en cuanto a partes del cuerpo y sus funciones, particularidades respecto a la violencia sexual y económica, así como, aspectos relacionados con variables sociodemográficas, tales como el nivel socioeconómico. Autores como Durán et al. (2013), Vaquero et al. (2013), y Soto et al. (2015), afirman que esta falta de asociación entre la IC y el IMC en mujeres, se debe a que los hombres se autoperciben más correctamente que las mujeres. No obstante, se requieren más investigaciones para confirmar esta explicación.
A manera de conclusiones, se puede afirmar que el presente estudio es un antecedente para futuras investigaciones al integrar VPI en esta población en particular. Las CAR fungieron como variables mediadoras de los efectos indirectos de violencia sexual y psicológica para predecir IC. Lo anterior concuerda con modelos realizados anteriormente (Holmes, 2022; Ware et al., 2019). Una contribución muy relevante desde una perspectiva teórica es la integración de factores asociados a la VPI, tales como la violencia física, la violencia psicológica, las TC; que han sido poco estudiadas en su asociación con la edad, el nivel socioeconómico, el IMC, y las CAR.
Los resultados de la presente investigación fundamentan la necesidad de seguir investigando a este tipo de población para el desarrollo de programas de prevención y promoción de la salud en cuanto a satisfacción con la imagen corporal. Investigaciones futuras deben centrarse en encontrar formas de empoderar a las víctimas de violencia mediante la mejora del funcionamiento interpersonal. Así mismo, a manera de conclusión se destaca cómo la VPI puede resultar un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de relaciones de pareja no saludables, donde se sufre violencia de diferentes tipos, y que además se relaciona con la realización de CAR e IC, que en un caso extremo pueden desencadenar un TAIA. Los resultados arrojados por este estudio sugieren la necesidad de incluir valoraciones específicas e intervenciones dirigidas a prevenir el establecimiento de este tipo de relaciones de pareja en los programas de tratamiento de personas que estén padeciendo un TAIA. Además de ser valiosos para considerarse en la práctica clínica, también permiten identificar factores de riesgo que deben considerarse en el desarrollo de intervenciones terapéuticas personalizadas y adecuadas para promover el establecimiento de relaciones de pareja saludables, incluso durante el noviazgo.










nueva página del texto (beta)



