Introducción
El comportamiento alimentario (CA) hace referencia a todos los aspectos de la conducta vinculados con la elección y consumo de alimentos. Esto incluye la selección, frecuencia y cantidad de las comidas, formas de preparación y formas de consumo que se encuentran condicionadas por factores sociales, culturales y psicológicos, entre otros (López-Espinoza et al., 2018). Por otro lado, la conducta alimentaria se refiere a patrones específicos de comportamiento alimentario que pueden estar relacionados con la salud física y mental de las personas (Guertin et al., 2019). Las conductas alimentarias pueden clasificarse en conductas alimentarias cotidianas (CAC) y conductas alimentarias de riesgo (CAR) (Díaz et al., 2019).
Las CAC son conductas que no representan un riesgo para la salud en forma aislada, son un reflejo de los procesos individuales y sociales que influyen en la relación de los individuos con la comida. Pueden ser influenciadas por factores como la cultura, el entorno social, la disponibilidad de alimentos, las creencias personales, los conocimientos nutricionales, las preferencias alimentarias y las necesidades individuales. Ejemplos de CAC son comer más rápido o más lento en comparación a los demás, comer viendo televisión y seleccionar bebidas azucaradas (Saldaña, 2010). Por su parte, las CAR son conductas desadaptativas que han sido tradicionalmente vinculadas a trastornos de la conducta alimentaria (TCA) pero que pueden estar presentes en población no clínica (De la Riva et al., 2020). Algunas CAR son la preocupación por engordar, episodios de atracones, falta de control al comer y conductas restrictivas como el seguimiento de dietas (Saldaña, 2010).
Las CAR se presentan con menor frecuencia e intensidad que las CAC y generalmente se desarrollan durante la adolescencia (Kurz et al., 2015; Ramírez Díaz et al., 2021). Si bien, el estudio de las CAR se ha orientado preferentemente hacia las mujeres, la literatura ha documentado su presencia en hombres desde edades tempranas (Carper y Orloff, 2006). Es importante resaltar que se han reportado diferencias entre hombres y mujeres respecto de CAR particulares, si bien, las CAR pueden estar presentes en ambos sexos, no son ejecutadas con la misma frecuencia. En este sentido, hombres tienden con mayor regularidad que las mujeres a comer hasta sentirse totalmente saciados, presentar episodios de atracones y molestarse con mayor facilidad cuando racionan su comida. Por su parte, mujeres reportaron con mayor regularidad comer para calmar la ansiedad y sentirse hambrientas todo el tiempo (Oda-Montecinos et al., 2015). En estudiantes universitarios se observó que la prevalencia de conductas alimentarias de alto riesgo es mayor en mujeres (16,9%) que en hombres (8,7%) hecho que se mantiene en conductas alimentarias de riesgo moderado, 33,8% y 25,6% respectivamente.
Adicionalmente, una mayor presencia de CAR se asoció positivamente con mayor presencia de sintomatologia ansiosa, depresiva y estrés (Escandón-Nagel et al., 2021).
Por otra parte, comparaciones de CAR entre población migrante y residente ha evidenciado que migrantes tienen un riesgo significativamente mayor de consumir alimentos solos por sentir vergüenza de la cantidad y velocidad con que lo hacen y enojarse frente al racionamiento de alimentos que no migrantes (Hun et al., 2020).
Las CAR han sido asociadas a la insatisfacción corporal producto de presiones sociales y culturales del entorno respecto de cuerpos idealizados (Cruzat-Mandich et al., 2016). En adolescentes se reportó que la insatisfacción corporal puede conducir a conductas de riesgo para la salud, como dietas severas, el ejercicio extremo y el uso de sustancias para modificar la imagen corporal (Garrusi et al., 2013; Rodgers et al., 2021). En forma similar el Índice de Masa Corporal (IMC) influiría sobre el desarrollo de CAR encontrándose una tendencia en adolescentes y jóvenes de ambos sexos a presentar mayor porcentaje de CAR a medida que incrementa el IMC (Franco-Paredes et al., 2017; García-Vázquez et al., 2020).
Si bien, las CAR pueden tener un impacto significativo sobre la salud física y mental de las personas, pudiendo llevar a una baja autoestima (Unikel Santoncini et al., 2015), insatisfacción corporal (Grilo et al., 2020), ansiedad (Nagata et al., 2018), depresión (Braquehais et al., 2020) y otros problemas de salud, la evidencia en Chile respecto de las CAR es limitada. Por lo tanto, es importante estudiar las CAR para comprender mejor los factores que las impulsan y desarrollar estrategias para prevenir y tratar los trastornos alimentarios y otros problemas de salud relacionados con la alimentación.
Si bien, tanto CAC como CAR están presentes en ambos sexos, no se presentan con la misma frecuencia e intensidad en ambos grupos, en este sentido, existen conductas mayormente ejecutadas por hombres y conductas mayormente ejecutadas por mujeres. Tener claridad de que tipos de CAC y CAR son ejecutadas con mayor frecuencia por hombres y cuáles por mujeres contribuiría a una comprensión más específica, además de un mayor potencial para el desarrollo de intervenciones alimentarias y nutricionales direccionadas y especializadas.
En consideración a lo anteriormente expuesto la pregunta de investigación propuesta es ¿existen diferencias en la frecuencia de conductas alimentarias cotidianas y de riesgo entre hombres y mujeres residentes en el norte y centro de Chile? En esta misma línea, el objetivo de la presente investigación fue comparar conductas alimentarias cotidianas y de riesgo entre hombres y mujeres en el norte y centro de Chile. La hipótesis que sustentó esta investigación sostiene que mujeres presentan con mayor frecuencia CAR que hombres. Por el contrario, las CAC son mayormente ejecutadas por hombres.
Método
Participantes
Estudio de corte cuantitativo, no experimental, descriptivo y comparativo. La muestra total estuvo compuesta por 910 participantes de nacionalidad chilena. De los cuales 364 (40,0%) fueron hombres y 546 (60,0%) fueron mujeres. Los participantes residían en tres regiones del país: Arica y Parinacota, Antofagasta y Metropolitana. La edad promedio de los participantes fue de 35,2 años. Los criterios de inclusión fueron ser mayor de edad, autonomía para responder la batería de cuestionarios y no estar clínicamente diagnosticado con alguna psicopatología. Los datos fueron recolectados entre marzo y octubre de 2019. Para más antecedentes sociodemográficos, ver tabla 1.
Tabla 1. Antecedentes sociodemográficos de la muestra total y por sexo
| Hombres | Mujeres | Total | |
|---|---|---|---|
| Edad (M - DE) | 34,5 - 13,9 | 35,8 - 14,4 | 35,2 - 14,1 |
| Rango de edad | 18 - 79 | 18 - 85 | 18 - 85 |
| Ciudad de residencia (%) | |||
| Antofagasta | 49,1 | 48,0 | 48,8 |
| Arica y Parinacota | 27,5 | 26,9 | 27,0 |
| Metropolitana | 23,4 | 25,1 | 24,2 |
| Ingres me o económico (%) | |||
| Menos de M$100 | 2,8 | 5,6 | 4,5 |
| Entre 100 y 300 | 19,6 | 14,4 | 16,3 |
| Entre 300 y 600 | 23,3 | 33,0 | 29,1 |
| Entre 600 y 1.000 | 27,6 | 22,9 | 24,7 |
| Entre 1000 y 1500 | 12,8 | 15,5 | 14,4 |
| Más de 1500 | 13,9 | 8,6 | 10,8 |
| Nivel de estudios (%) | |||
| Sin estudio o básica incompleta | 2,5 | 1,5 | 1,9 |
| Primarios | 8,7 | 6,7 | 7,4 |
| Secundarios | 19,9 | 30,7 | 26,6 |
| Técnico incompleto | 12,9 | 7,8 | 9,8 |
| Técnico completo | 23,3 | 18,7 | 20,4 |
| Universitarios incompletos | 17,4 | 20,9 | 19,6 |
| Universitarios completos | 13,5 | 10,7 | 11,8 |
| Postgrado | 1,7 | 3,1 | 2,5 |
Instrumentos
Se utilizó la subescala de conductas alimentarias cotidianas y de riesgo de la versión adaptada a formato de cuestionario de autoreporte de la entrevista estructurada E-TONA (Saldaña, 2010), desarrollada para evaluar componentes conductuales de hábitos alimentarios, conductas sedentarias y de riesgo, actividad física y antecedentes de salud. Cabe destacar que la versión utilizada en el presente estudio ha sido utilizada en población adulta chilena (Oda-Montecino et al., 2018). El formato de respuestas de los ítems fue dicotómico y cada una de las conductas tanto cotidianas como de riesgo fueron evaluadas individualmente.
Procedimiento.
Esta investigación fue revisada y aprobada por el Comité de Ética Científica de la Universidad Católica del Norte bajo la resolución 002b-2020. El reclutamiento de los participantes se realizó mediante un muestreo no probabilístico, intencionado combinado con la técnica de bola de nieve (Johnson, 2014). Los participantes provenían de las zonas norte y centro del país. La batería de cuestionarios se distribuyó físicamente, el acceso a la muestra estuvo dado por invitaciones a través de redes sociales e invitación presencial a participar en el estudio. Cabe destacar que, una vez aceptada la participación y antes de completar los cuestionarios, los participantes debían firmar dos copias del consentimiento informado, una quedó como respaldo para los investigadores y la otra, para los participantes. No existieron conflictos de interés de ninguna naturaleza.
Análisis estadísticos
Los datos fueron analizados por medio del programa estadístico IBM SPSS v.24. Se efectuaron análisis descriptivos a través de la distribución de frecuencias. Para observar si existían asociaciones significativas en función de ser hombre o mujer, se utilizó la prueba Chi Cuadrada de Pearson, que permite conocer la asociación entre variables de tipo categóricas. Además, se evaluaron los Odss Ratio (OR) para conocer si existe más riesgo de ejecutar una de las conductas para algún género.
Resultados
En la tabla 1 se describen antecedentes sociodemográficos de la muestra. El promedio de edad de los participantes fue de 34,5 años, la mayoría de los participantes residía en la ciudad de Antofagasta, seguido por Arica y Parinacota y finalmente, la región Metropolitana. Respecto del ingreso económico la mayor proporción de los participantes tiene un ingreso de entre M$300 y M$600. Respecto del nivel educacional la mayor proporción cuenta con estudios secundarios.
En la tabla 2 se describen conductas alimentarias cotidianas entre hombres y mujeres. Destaca entre los resultados que las mujeres tienden mayormente a comer mientras ven la tv. Por su parte, los hombres mayormente tienden a repetir el plato y llenarlo.
Tabla 2. Presencia de conductas alimentarias cotidianas en hombres y mujeres y odds ratios
| Hombres | Mujeres | χ2 | OR (IC 95%) | |||
|---|---|---|---|---|---|---|
| n | Si % | n | Si % | |||
| Come rápido en comparación a los demás | 169 | 46,7 | 244 | 44,8 | ,571 | 1,080 (,827 - 1,410) |
| Come lento en comparación a los demás | 113 | 31,4 | 201 | 36,8 | ,093 | ,785 (,592 - 1,042) |
| Elige colaciones hipercalóricas | 87 | 24,1 | 163 | 29,9 | ,055 | ,744 (,550 - 1,007) |
| Selecciona bebidas azucaradas | 157 | 43,3 | 198 | 36,3 | ,036 | 1,336 (1,018 - 1,752) |
| Come con frecuencia comida rápida | 108 | 29,8 | 152 | 27,8 | ,515 | 1,102 (,822 - 1,477) |
| Come mientras ve TV | 176 | 48,6 | 308 | 56,7 | ,017 | ,722 (,553 - ,943) |
| Repite plato | 84 | 23,1 | 78 | 14,3 | ,001 | 1,803 (1,280 - 2,538) |
| Limpia los platos (no deja restos de comida) | 157 | 43,3 | 196 | 35,9 | ,026 | 1,361 (1,037 - 1,785) |
| Se llena mucho los platos | 93 | 25,7 | 98 | 17,9 | ,005 | 1,580 (1,146 - 2,180) |
| Mastica pocas veces los alimentos | 123 | 34,0 | 206 | 37,8 | ,241 | ,847 (,641 - 1,118) |
| Se llena mucho la boca en cada bocado | 84 | 23,3 | 87 | 15,9 | ,005 | 1,606 (1,149 - 2,244) |
| Traga todo antes de comer otro bocado. | 271 | 75,1 | 420 | 77,1 | ,490 | ,896 (,657 - 1,223) |
| Come o bebe mientras camina por la calle | 142 | 39,4 | 207 | 38,0 | ,658 | 1,064 (,809 - 1,398) |
En la tabla 3 se describe la presencia de conductas alimentarias de riesgo entre hombres y mujeres y el riesgo relativo. Se destaca que mujeres tienen el doble de probabilidad de comer para calmar la ansiedad y los hombres mayor probabilidad de enojarse cuando racionan o restringen su comida.
Tabla 3. Presencia de conductas alimentarias de riesgo en hombres y mujeres y odds ratios
| Hombres | Mujeres | χ2 | OR (IC 95%) | |||
|---|---|---|---|---|---|---|
| n | Si % | n | Si % | |||
| Come grandes cantidades de comida | 119 | 32,8 | 146 | 26,7 | ,050 | 1,336 (1,000 - 1,785) |
| Se da atracones de comida | 78 | 21,6 | 132 | 24,4 | ,331 | ,854 (,621 - 1,174) |
| Se siente hambriento/a todo el tiempo | 70 | 19,3 | 127 | 23,3 | ,154 | ,788 (,568 - 1,094) |
| Esconde comida | 32 | 8,9 | 41 | 7,5 | ,463 | 1,198 (,739 - 1,941) |
| Come para calmar la ansiedad | 88 | 24,2 | 222 | 40,7 | ,000 | ,467 (,348 - ,627) |
| Se enoja cuando le racionan las comidas | 45 | 12,4 | 43 | 7,9 | ,023 | 1,661 (1,068 - 2,581) |
| Compra su propia comida además de la del hogar | 155 | 42,8 | 195 | 35,6 | ,033 | 1,344 (1,024 - 1,764) |
| Come solo porque siente vergüenza por la cantidad o velocidad con que lo hace | 27 | 7,4 | 27 | 4,9 | ,119 | 1,545 (,890 - 2,679) |
| Come hasta sentirse totalmente lleno/a | 177 | 49,0 | 260 | 47,7 | ,696 | 1,054 (,808 - 1,376) |
Discusión
El objetivo de este estudio fue comparar conductas alimentarias cotidianas y de riesgo entre hombres y mujeres residentes en el norte y centro de Chile. La hipótesis que sustentó esta investigación sostiene que mujeres presentan con mayor frecuencia CAR que hombres. Por el contrario, las CAC son mayormente ejecutadas por hombres.
Respecto a la hipótesis de la presente investigación, se sostiene parcialmente dado que tanto para CAR como CAC fueron los hombres los cuáles las ejecutan con mayor frecuencia. En este contexto es especialmente interesante la mayor frecuencia de CAR en hombres dado que la evidencia en este aspecto no es concluyente, donde previamente se ha evidenciado mayor prevalencia en mujeres (Escandón-Nagel et al., 2021)
Respecto de las CAC, los principales hallazgos se orientan a que los hombres ejecutan con mayor regularidad 8 de las 13 conductas evaluadas. En esta línea, hombres tuvieron mayor frecuencia en servir excesiva comida al plato, repetir el plato y seleccionar bebidas azucaradas que mujeres. Si bien las CAC en forma aislada no representan un riesgo para la salud el aumento de su frecuencia e intensidad si podría serlo, donde la sobre ingesta de alimentos y la selección de bebidas azucaradas sostenida en el tiempo se asocia a mayor riesgo de obesidad, diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas (Global Burden of Disease Diet Collaborators, 2019; Zheng et al., 2015). En esta línea, que hombres ejecutaran con mayor frecuencia conductas vinculadas a un mayor volumen de consumo de alimentos podría estar dado a una mayor desinhibición respecto de restricciones alimentarias, considerando que mujeres tienen una mayor presión social de género respecto del consumo restrictivo de alimentos como mecanismo para mantener o modificar su imagen corporal (Cruzat-Mandich et al., 2016)
Respecto de las CAC mayormente reportadas por mujeres destaca que más de la mitad de las reportó consumir alimentos mientras ve televisión, esta conducta en particular ha sido asociada a un mayor consumo de calorías y mayor apetito luego de comer (Braude y Stevenson, 2014), además de la preferencia de alimentos no saludables por sobre los saludables (Lori y Birch, 2006). Un mayor tiempo de exposición a la televisión ha sido vinculado a mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 2, enfermedad cardiovascular y mortalidad por todas las causas (Ding et al., 2014).
Por otra parte, de las 9 CAR evaluadas los hombres presentaron mayor frecuencia respecto de las mujeres en 6 de ellas, destacan el consumo de grandes cantidades de comida, molestarse cuando se le racionan los alimentos y comer solo por sentir vergüenza de la cantidad o velocidad con que lo hace. En este sentido, el consumo de grandes cantidades de comida ha sido asociado significativamente a un mayor IMC, mayores niveles de estrés y alimentación emocional (Abu et al., 2020). Respecto a la vergüenza por comer se ha relacionado con trastornos de la conducta alimentaria y a dificultades para la adquisición de hábitos alimentarios saludables (Blythin et al., 2018), en este sentido se propone que la autocompasión es un elemento clave en la reducción de la vergüenza por comer (Braun et al., 2016).
De acuerdo a las CAR mayormente reportadas por mujeres, tienen el doble de probabilidad de comer para calmar la ansiedad, además, de darse atracones de comida y sentirse hambrientas todo el tiempo. En este sentido, el consumo de alimentos para calmar la ansiedad puede estar a la base del atracón como método de regulación emocional, asociándose a un ciclo de emociones negativas y un aumento en la frecuencia e intensidad de CAR (De Young et al., 2013). Cabe mencionar que los atracones se han asociado significativamente con sintomatología ansiosa y depresiva (Mason et al., 2018), además, de mayor impulsividad y alimentación emocional (Prunell-Castañé et al., 2021). Respecto de la sensación de hambre continua se ha reportado que personas con baja capacidad de respuesta frente a estímulos del entorno (Pettijohn y Ahmed, 2012). Del mismo modo, una mayor sensación de hambre se asocia a una disminución en el control cognitivo, por lo que una mayor sensación de hambre puede afectar negativamente la capacidad de una persona para tomar decisiones alimentarias saludables (Higgs y Spetter, 2018).
La mayor frecuencia de la relación entre estas tres CAR en mujeres por sobre hombres podría estar dada inicialmente por restricciones alimentarias. En este sentido, consumir menos alimentos influiría en sentirse hambrientas todo el tiempo, favoreciendo el desarrollo de sintomatología ansiosa y posteriormente atracones de comida como método compensatorio para disminuir el hambre y la ansiedad. Por su parte, como hombres tienden a consumir alimentos en volúmenes excesivos, serían menos propensos a sentir hambre y entrar en este tipo particular de CAR.
La capacidad de un individuo para regular sus emociones es un factor importante en la prevención y el tratamiento de CAR y trastornos de la conducta alimentaria. La mejora de las habilidades de regulación emocional puede disminuir la intensidad de las CAR y puede ser una estrategia efectiva para promover hábitos alimentarios saludables y prevenir efectos negativos sobre la salud física y mental de las personas (Shriver et al., 2020).
Conclusión
La CAR de comer hasta sentirse totalmente saciado fue la más frecuente en ambos sexos. Sin embargo, hay diferencias en otras CAR entre hombres y mujeres. Por ejemplo, las mujeres tienen casi el doble de riesgo de comer para calmar la ansiedad que los hombres. A pesar de esto, los hombres reportaron una mayor frecuencia de CAR en general. Es importante considerar que si bien, tanto CAC como CAR están presentes en hombres y mujeres, existen diferencias significativas en la frecuencia de conductas específicas. En este sentido, conocer estas diferencias ayuda a la especificación del estudio del comportamiento alimentario, al mismo tiempo, en que entrega mayores antecedentes para el potencial desarrollo de intervenciones alimentarias y nutricionales especializadas.










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