Introducción
Tras la firma del Tratado de Versalles y la conformación de la Sociedad de las Naciones (SDN), se generaron una serie de instancias dedicadas a la Cooperación Intelectual. Aunque cada una tuvo su especificidad y temporalidad compartían el objetivo general de generar un “desarme moral de los pueblos”. Así, y a diferencia de la comisión dedicada al desarme material y a otras encargadas de observar la reconstrucción económica tras la Primera Guerra Mundial, la que atendía lo moral, tenía ciertas características. La primera era la composición de sus miembros. Se trataba de científicos, educadores, artistas, escritores e intelectuales, que se dieron a la tarea a través de participar en comités, subcomités, comisiones nacionales y diversos congresos para desarrollar numerosos debates, propuestas y proyectos para crear una conciencia de paz. Para ello se crearon tres instancias: el Comité Internacional de Cooperación Intelectual (CICI) se fundó en Ginebra en 1922, en París inició sus labores el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual (IICI) en 1926 y dos años más tarde se instaló en Roma el Instituto Internacional de Cine Educativo (IICE). De estas se ha estudiado más las dos primeras que la última. El porqué de esta ausencia de estudios está asociado a la falta de documentación. Como veremos más adelante, cuando iniciaron las tensiones entre Italia y la SDN en 1935 por la cuestión de Etiopía, el contacto casi se extinguió, por lo que sus archivos y materiales permanecieron en Roma y se perdieron durante la guerra.1 Lo que se conserva es aquello que durante su existencia fue enviado a Ginebra o París.
No es extraño entonces que es en un momento reciente que el tema volvió a ser revisitado por los investigadores. El trabajo de Christel Taillibert (1999) puso en la palestra nuevamente este estudio, y otros que siguieron en donde profundizó en el tema.2 Posteriormente, hubo avances parciales al estudiar la participación de tal o cual país (principalmente España, México y Chile) o de actores específicos.3 De estos textos me interesa especialmente el de Camila Gatica (2022) dedicado a Chile, porque su trabajo pone el acento en dos aspectos que sirven de puntapié inicial a este trabajo. El primero está relacionado al énfasis que pone la autora en el cine como “acción civilizadora” en un mundo donde las personas querían ver el mundo (y verse a través de él). Si bien esta expectativa inició desde la Primera Guerra Mundial fue en el período de entre guerra cuando alcanzó un interés especial al convertirse en una herramienta de una diplomacia cultural. El segundo es que planteó la importancia que jugó la chilena Gabriela Mistral como representante de Chile y de América Latina en el Instituto de Roma. Su capacidad para entender (y apoyar) el poder del cine educativo en las aulas, la convirtió en un mediador cultural natural. Sin embargo, el trabajo de Gatica apunta más al estudio del Instituto creado en Chile que al de Roma por lo que la presencia de Mistral no es la prioritaria en su estudio.4 El objetivo de este trabajo es, por tanto, profundizar en este camino al estudiar con mayor detalle la participación de Mistral en el Instituto de Roma. Es evidente que los antecedentes que tenía Mistral en el Instituto de Cooperación Intelectual de París fueron de utilidad no solo para ganarse un nombre sino también como una persona que, dadas sus numerosas redes de contactos, se convertía en una mediadora de la cooperación intelectual a nivel internacional. Además, sus dotes como escritora le eran de gran utilidad para desempeñarse como una propagandista, que a través de sus artículos difundía ideas y noticias de lo acontecido n Europa para el público (principalmente) latinoamericano. Por esto, es necesario que la temporalidad que abarcamos en este trabajo inicie en 1926 cuando llega a Paris y no en 1928 cuando se traslada a Roma.
Partimos de la idea inicial de que Mistral utilizó indistintamente sus redes intelectuales en el Instituto de París y de Roma, porque en ambos partía del conocimiento de América Latina, tanto de las personas que serían útiles para intercambiar (información, libros, películas, favores…). En el caso del cine educativo, además, se sumaba su interés en los niños y su educación, así como el de mostrar al mundo a través de la sensibilidad de la imagen, las bellezas de su paisaje natural y humano.
De todas las facetas que se han estudiado sobre Mistral (como poeta, maestra, ganadora del premio nobel, entre otros), la diplomática sigue siendo, por mucho, la menos investigada.5 Por ello, este trabajo aporta una faceta más de ese rompecabezas que es su labor en esta diplomacia cultural desplegada por la cooperación intelectual. Gracias al rico acervo documental de cartas de esta autora, es posible entender esta participación desde una perspectiva más humana, una que matice lo árido y duro de los expedientes oficiales de la SDN. Esto no lo convierte en un estudio biográfico, aunque retoma de él la necesidad de entender las prácticas de una persona. Esta dimensión se complementa con el concepto de agencia, el cual proviene de la de la corriente constructivista de la sociología, pero es útil como préstamo para la historia. Permite entender por qué el potencial de la acción de un actor constituye un poder en cuanto su conducta se encuentra ligado a otras acciones que le dan sentido porque es parte de complejidad mayor. Así, la agencia se centra en la capacidad de interactuar y condicionarse con otros dentro de una red.6 En este caso, permite plantear que en esta pequeña trama veremos la agencia de Mistral dentro de una red mayor compuesta por agentes de la Cooperación Intelectual. Para realizar esta labor se menciona a otros personajes, del cual, posiblemente el de mayor relevancia para este período y labor, fue el de la mexicana Palma Guillén. Sin embargo, este trabajo no profundiza ni en su relación de una intensa amistad,7 ni en la labor de la mexicana en el Instituto, aunque da pinceladas que permiten un estudio posterior.
La consejera de París y Roma
Gabriela Mistral8 y Palma Guillén9 llegaron a Paris a inicios de 1926 para que la chilena se integrarse al Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, donde se haría cargo de la sección letras hispanoamericanas, labor para la cual contaba con la ayuda de Guillén y otras personas.10 Ambas habían emprendido un viaje anterior a Europa en 1924 pagado por el gobierno mexicano, en el cual posiblemente conoció a Bergson, director del Instituto de París, por lo que no es extraño que, al poco tiempo de regresar al continente americano Mistral recibió una invitación formal para incorporarse. Ellos contaban con que la chilena tenía la competencia y seguramente, la colaboración de muchos latinoamericanos.11
Aunque incorporada de lleno a la labor del Instituto, Mistral no residió en París sino en el sur de Francia y la costa mediterránea de Italia, desde donde viaja con frecuencia a la capital francesa para las reuniones. En estos viajes frecuenta a la colonia de hispanoamericanos que residen ahí: Gonzalo Zaldumbide, Baldomero Sanín Cano, Alfonso reyes, Francisco y Ventura García Calderón, Manuel Ugarte, Mariano Brull, Alcides Arguedas, Teresa de la Parra, Jorge Carrera Andrade, Andrés Iduarte. Conoce además a reconocidos europeos: Madame Curie, Paul Valery, André Gide, Miguel de Unamuno, George Duhamel, Maeterlinck, Romain Rolland, Ada Negri. A algunos los conoce porque trabajan juntos en el Instituto, y a otros por ser parte de la intelectualidad latinoamericana que vive en París.12
Este círculo se convierte en la geografía humana de sus espacios de sociabilidad intelectual, uno en el que, puede transitarse sin problema entre la bohemia de escritores y los deberes diplomáticos. Sin embargo, la labor en el Instituto no le permitió tener una seguridad económica. En 1927, y después de cierta presión al respecto, fue nombrada representante de Chile ante el Instituto ocupando el lugar vacante que había dejado el chileno Edwards Bello. Participó también en el Comité de Artes y Letras, al promover junto a su amigo Alfonso Reyes la publicación de una colección iberoamericana.13 Para ambas labores, Mistral contó con el apoyo de Palma Guillén.14
Poco después, las actividades de Mistral en materia de cooperación intelectual se incrementaron considerablemente cuando fue llamada a trabajar al Instituto de Roma. Esta creación fue una propuesta que conjugaba varios intereses. Por una parte, el intento de Italia por alcanzar la experiencia de otros países, que como la URSS, Francia y Alemania habían desarrollado un cine al servicio de la enseñanza (o cine didáctico). Estos tres países habían realizado acciones importantes para consolidar un área dedicada al cine educativo desde la década anterior a través de la creación de centros y la realización de congresos.15
Por la otra, desde 1924 en la SDN se propuso crear una instancia dedicada al cine dentro de la órbita de Cooperación Intelectual. En octubre de 1926 se realizó en París un Congreso Internacional de Cine, donde se resolvió que era necesario conformar una Comisión Permanente de Cine Educativo y de Educación Social. A este le siguió en Basilea la primera Conferencia Europea del cine para la enseñanza (abril 1927), donde se avanzó en el cine como medio en la enseñanza, la necesidad de crear una Cámara Europea del cine educativo y de editar una revista especializada. En este, la delegación italiana encabezados por Luciano de Feo, defendió su posición sobre lo que debía ser el cine para la educación. El italiano era el director desde 1924 del Instituto Nacional L‘Unione Cinematográfica Educativa, el que pronto se convirtió en un organismo público que dependía de Benito Mussolini. Dado este marcado interés no es extraño que pocos meses después del encuentro en Suiza, Italia presentara una propuesta a la SDN para crear un Instituto especializado en Roma.16
El Consejo de la SDN aprobó la propuesta de Italia el 28 de septiembre de 1927, por lo que el gobierno rápidamente se puso en marcha para crear un borrador y discutir en Roma el estatuto orgánico que aclaraba su funcionamiento y garantizaba que el gobierno italiano financiaría al Instituto, pero que la SDN mantendría el control de sus actividades. El documento firmado por el mismo Mussolini mantenía el statu quo, por lo que era una propuesta difícil de rechazar.17
La inauguración del Instituto se realizó el 5 de noviembre de 1928 en la Villa Falconieri en Frascati (cercano a Roma).18 Fue una ceremonia solemne a la que asistió el rey, Víctor Manuel III, el Ducce y numerosas autoridades italianas.
Aunque no existen fotos que lo atestigüe, creemos que Mistral asistió porque poco tiempo antes recibió una carta en la que se le informaba que el Consejo de la SDN, en su reunión del 26 de septiembre de 1928, decidió pedirle que fuera parte del Consejo de Administración. Para que entendiera la importancia del ofrecimiento adjuntan a la carta el estatuto del Instituto, así como una lista de las personalidades invitadas a ser parte de su Consejo. En espera de que fuera posible aceptar la nominación, la invitaban a participar de la primera sesión del consejo que tendría lugar en Roma el 4 de noviembre de ese año (con los gastos de viaje pagados).19 Mistral respondió desde la ciudad de Marsella (en con hoja membretada de la embajada de Ecuador en esa ciudad), agradeciendo la distinción al nombrarla, aceptando por la estima que tiene hacia las labores de la SDN, así como “por el interés que todavía tengo por la educación de la juventud, aunque he abandonado la docencia”.20
El Instituto tuvo desde su origen un sello nacionalista pese a ser parte del organismo internacional.21 Alfredo Rocco fue durante casi toda la vida del instituto el presidente del Consejo de Administración mientras que, Luciano de Feo (1894-1974) fue de manera casi permanente el director del IICE.22 Aunque este último era un reconocido fascista, cuido que la imagen del Instituto mantuviera la neutralidad que se suponía debía tener como miembro de un organismo internacional dedicado a fomentar la paz. Cuando visitó España para el Congreso Hispanoamericano de Cinematografía en 1931, críticos españoles alertaron de que se trataba de una “emboscada fascista”, pero en su conferencia de Feo habló en términos internacionalistas haciendo un llamado a la paz.23
Entre ambos italianos lidereaban las demás instancias administrativas del Instituto: el consejo de administración el comité ejecutivo permanente y la comisión de finanzas. El primero estaba compuesto por el presidente y 16 miembros designados por el consejo de la Sociedad de Naciones. Siete miembros debían de ser al mismo tiempo miembros de la Comisión Internacional y seis miembros de los subcomités. Debían renovarse cada 5 años y reunirse al menos una vez al año para reportar al consejo de la SDN, último órgano de control del Instituto. La principal responsabilidad del consejo de administración era determinar el programa general de trabajo del instituto y ver de qué manera se lo llevaba a la práctica. Su director fue designado por el consejo de administración por 7 años y su elección recaía en su calificación en el área. El IICE se planteó una agenda amplia, pero en la práctica se limitó a encontrar acuerdos sobre producción e intercambio de filmes educativos, por lo cual trabajó en estrecho contacto con el comité internacional de bienestar del niño de la Sociedad de Naciones, con la sección de salud de esta y la Oficina Internacional de Trabajo.24
El Consejo de Administración al cual se integró Mistral estuvo conformado en los primeros años por el alemán Hans Curlis (director del Instituto de investigaciones culturales de Berlín), Henry Focillón (Universidad de París y miembro del CICI), Hanking G.T. (inspector real del Ministerio Británico de Instrucción Pública), Vernon Kellogg (presidente del Consejo Nacional de investigaciones de los Estados Unidos), Ragnar Knoph (Facultad de derecho de la Universidad de Oslo), Hugo Kruss (Director de la Biblioteca del Estado de Berlín), Louis Lumiére (miembro del Instituto de Francia), Carl Milliken (Secretario General de la Motion Picture Producers & Distributors Inc, Estados Unidos), Gilbert Murray (Presidente del CICI), Inazo Nitobe (miembro de la Academia Imperial Japonesa, Senador), R.P. Paranypye (antiguo Ministro de Educación en Bombay, miembro del Consejo del Secretario de Estado de la India), Gonzague de Reynold (Universidad de Berna, Miembro del CICI), y Pedro Sangro y Ros de Olano (Marqués de Guad-el-jelu, profesor de Legislación del trabajo en la Escuela Social de Madrid). A esto se sumaba presidente Alfredo Rocco, y quien el secretario general de la SDN, el presidente del Instituto Internacional de Agricultura, el director del Oficina Internacional del Trabajo y el director del Instituto Internacional de Cooperación Intelectual (París). Como asistentes se encontraba el secretario del Instituto, el rumano George Oprescu y el director de este, Luciano de Feo.
Se trataba de hombres vinculados estrechamente a la educación (por ser universitarios o representantes de secretarías de gobierno), predominantemente europeos: alemanes, franceses, ingleses, un suizo (más que por su nacionalidad por ser miembro del CICI) y un noruego. No europeos solo se invitaron a muy pocos. Los estadounidenses son un caso especial, tanto porque este país no fue miembro de la SDN, pero sí de Cooperación Intelectual, como por el hecho de que fueron los únicos que optaron por combinar a un académico con un empresario de la industria fílmica. El otro representante de esta industria era el francés Luis Lumiére, experto en cine y fotografía. La presencia del representante japonés y el hindú son tanto académicos como políticos, miembros o ex miembros del gobierno. Así, el nombramiento más extraño era el de Gabriela Mistral, no solo por ser la única mujer, o por ser la única latinoamericana, sino porque se la presenta sin una filiación con alguna institución académica o como representante de Chile. En los primeros números de la Revista aparece mencionada como Prof. Gabriela Mistral. En el segundo año de la publicación, agregan “profesora y mujer de letras” y años más tarde como ex directora del liceo de señoritas de Santiago. En los reportes del consejo del Instituto aparece como “autora” y “ex directora del colegio de señoritas”. Esta formación y antecedentes proveniente de las letras y la educación le otorgaban un lugar en esta diplomacia informal que se practicaba en las agencias de cooperación intelectual.25
Desde un inicio el Consejo tenía que abordar varias cuestiones. En sus primeras sesiones (en las que Mistral participó), se discutió el reglamento general y administrativo que regiría en el Instituto. Cuando se discutían las frases que reconocerían como el objetivo del Instituto y por tanto del cine educativo, Mistral propuso que se agregara “las palabras para asegurar el mejor conocimiento mutuo de los pueblos”. Al parecer esto le preocupaba, porque, aunque no quiso dar el nombre del país que lo hizo, mencionó que se había utilizado el cine para mostrar que las “condiciones higiénicas de otro país eran deplorables”. Por ello, considera necesario agregar al artículo 2 del Instituto un párrafo que estipule que lo que se busca es “inspirarnos en el objetivo humanitario y moral que persigue la SDN”, esto es, de mejorar el entendimiento a través del conocimiento, no de la crítica. A los pocos días en las siguientes sesiones de esta etapa formativa del Instituto, Mistral agregó la necesidad de delimitar las secciones en las que se distribuiría el trabajo del Instituto. Se pregunta si se debería separar la educación industrial de la profesional, y propuso crear una comisión dedicada a la protección de la infancia (en la que ella estaría posteriormente).26
Desde el inicio de sus labores el 1 de diciembre de 1929, el Instituto comenzó a recopilar información acerca de los filmes y las instituciones dedicadas al cine educativo, para lo cual lanzo una encuesta que debía de ser llenada por los países miembros al Instituto de París. Poco después comparó los aspectos legales relacionados a esta cinematografía, así como las regulaciones de censura que existían en los diferentes países, para lo cual lanzó una segunda encuesta y encargó la preparación de un proyecto para abolir los derechos aduanales que tenían los filmes educativos. 27
Estableció vínculo con otras instancias dentro y fuera de la SDN y publicó la Revista Internacional de Cinematografía Educativa, publicación mensual que inicio en julio de 1929 en cuatro idiomas. Para promover estas iniciativas y una mayor lectura de la publicación (porque para diciembre de 1929 tenía 500 suscriptores), de Feo realizó un viaje por Paris, Berlín, Estados Unidos, y luego por Inglaterra y España. Era necesario abolir los impuestos de aduana para que este tipo de películas pudiera circular, pero para ello era necesario superar varios obstáculos: definir que era una película educativa y que no, hacer y convencer a los países de firmar un convenio para abolir los impuestos. Debían llegar a un acuerdo sobre el significado de lo “recreativo” para distinguirlo de lo “teatral” asumiendo que su especificidad era el de contribuir “al progreso moral e intelectual”, idea amplia en la cual no todos los países necesariamente interpretarían lo mismo.28
El 29 de marzo de 1930 se realizó una segunda inauguración del Instituto en la Villa Torlonia, separada de la residencia privada de la familia Mussolini (también en Roma). 29 En esta nueva sede, la cual gracias a una donación de la compañía General Electric y Zeiss Ikon se acondiciono un salón de la villa como sala para proyectar películas sonoras. A esto se agregó una hemeroteca y una biblioteca donde ordenar el numeroso material que se recibía. Al tener dos sedes se instaló la dirección y los servicios técnicos del Instituto en la villa Falconieri, mientras que los servicios administrativos quedaban en la Villa Torlonia. Esta última se convirtió poco después en la sede operativa, siendo abandonada Villa Falconieri.30
La biblioteca en Villa Tortolia contenía una gran cantidad de material que se ponía a consulta de cualquier interesado en el tema. A un año de su fundación, esta había recibido 644 revistas, 98 periódicos, 742 publicaciones. Las revistas cinematográficas son un total de 254, y se dedican a temas varios dentro del cine. Los principales países de donde provienen las publicaciones hemerográficas son de Alemania, Inglaterra, Argentina, Austria, Australia, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dinamarca, Egipto, Ecuador, España, Estonia, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, (La India inglés, y la holandesa), Italia, Japón, México, Noruega, Perú, Polonia, Portugal, Rumania, Rusia, El Salvador, Suecia, Suiza, Checoslovaquia y Uruguay. La biblioteca también contaba con numerosos libros, monografías enviadas al instituto.31
La propagandista para América Latina
Otra manera de cumplir con sus labores en el Instituto fue la participación en la Revista. En el tercer número, Mistral público un extenso estudio sobre el filme documental en Hispanoamérica, el cual de manera poética inicia con afirmaciones poéticas pero categóricas: “América es un gran vasto paisaje”, un “verdadero festín panorámico”. En el resto del texto, describe la riqueza del paisaje para advertir a la industria del cine, que existe una “zona virgen” aun por ser descubierta tras la cámara, una “en donde todo es aún nuevo y lleno de belleza y misterio de la infancia del mundo”. Como maestra de niños que fue, criticó lo inerte del mapa geográfico al decir “este mapa pedante y patético va a ponerse entero a vivir en el cine, ofrecedor de paisajes vivientes”. Ampliando su crítica afirma,
Yo creo que el cine documental verificará nuestra incorporación definitiva en la mente europea, y que será superior como fuerza informática a toda propaganda escrita, trivial casi siempre o estropeada por la exageración. El dirá nuestras excelencias sin necesidad de hipérbole y sin posibilidad de mentirillas.
Esto sería una “forma orgánica de enseñar”, una que superaría las descripciones de los viajeros (Humbolt, Reclus, Denis, Brunhes), las que están solo en libros de especialidad “que no podrán alcanzar a las masas”. Por esto es por lo que considera al Instituto de Cine Educativo un instrumento valioso:
podrá hacer en nuestro favor lo que no ha realizado institución europea alguna, en el sentido de excitar a las empresas a la divulgación gráfica de nuestro continente; en el de articulas los trabajos ya logrados y darles unidad, y en el de purificar, con el solo incremento del cine geográfico e histórico de índole documental, la plaga del cine imbécil o perverso que anega nuestros mercados. No necesitará para lo último combatir a ninguna empresa explícitamente; bastará con que informe a los pueblos de América respecto del material disponible en películas con asunto nuestro, con panorama, costumbres e historia nuestra. Los pueblos iberoamericanos harán la selección por sí mismos.
La nota al pie de este artículo donde presentan a Mistral es interesante. Por una parte, dicen poco de ella, que es una escritora, poeta y educadora de gran autoridad y reputación en América Latina. Por la otra, reconoce que el artículo que escribe es de verdadera importancia al expresar uno de los propósitos fundamentales: hacer del filme documental un instrumento poderoso. Por ello, le agradecen que haya subrayado la importancia de la Revista y del Instituto, comprometiéndose a que estaban ocupados en que el cine documental tuviera nuevos horizontes.32
En un número posterior, en una nota al pie de página de un artículo dedicado al filme sobre la expedición en Etiopía, citan este artículo de Mistral, recomendando su lectura para entender como este tipo de filmes son indudablemente uno de los más finos que pueden utilizarse para generar interés en el público en general y para educación. En otra nota, mencionan a Mistral como su “excelente colaboradora y consejera”, y recuerdan que señaló el futuro del cine documental como un medio de divulgación. Aprovechan para recordar que el Instituto se esforzaba por hacer circular cada vez más el cine documental al considerarlo “un testimonio verdadero e irrefutable de una época”. Por ello, su labor era sustantiva: recuperar este género fílmico implicaba sacarlo del recuerdo y hacerlo accesible a los niños del presente.33
Pese a esta representación valiosa de la labor de Mistral, la chilena sólo público un artículo más en esta Revista. Titulado “La bella durmiente del bosque”, versión libre y poética del cuento de Perrault. Del texto original (que consta solo de cinco o seis páginas), Mistral se permitió hacer algunos arreglos pensando en un guion cinematográfico e incorpora su capacidad poética para narrar el viejo cuento escrito en el siglo XVII. Para ello realizó un trabajo minucioso al dividirlo en partes y en escenas.34
Aparentemente Mistral estuvo involucrada también en el “comité procinematografía hispanoamericana”, integrado por los representantes en Roma de países de habla hispana. España estaba a la cabeza y buscaría estrechar la colaboración con otros países. Con el fin de establecer una mejor comunicación entre el Instituto y estos países a fin de que puedan responder las encuestas que se envían, se difundan las películas que se hacen en sus países, lograr que los intelectuales publiquen artículos en la revista en la edición en español, así como las ediciones en otros idiomas puedan dar cuenta en sus noticias de las actividades sobre el cine educativo en sus países. Por último, y no menos ambicioso, se proponía establece una colaboración para preparar listas de obras literarias a fin de que el Instituto las presentase ante casas productoras de cine.35
Desconocemos si este proyecto tuvo resultados. Sabemos en cambio que entre 1930 y 1932 Mistral viajó a Estados Unidos para dar cursos y conferencias, país donde estuvo por casi dos años, mientras mantuvo como otra fuente de ingresos sus publicaciones en numerosas revistas y periódicos del continente. Durante este tiempo viajó a otros países del continente americano y regreso a Europa al año siguiente, por lo que el Instituto le solicitó que nombrara a alguien que la reemplazara en las reuniones del consejo de administración.36
La distancia no impedía a Gabriela seguir haciendo propaganda a favor de las labores del Instituto. Por ello, Palma Guillén escribió a su nombre al secretario de la CICI en Ginebra, para solicitar información que le servirían para redactar artículos sobre la SDN para dos importantes periódicos neoyorkinos The Herlad Tribune . The Sun. Guillén aclaraba que Mistral redactaría “según que se quiera dar a la información alcance oficial o no” (subrayado). En respuesta, el secretario general le sugiere que es mejor que esa información se la de la comisión de Cooperación Intelectual de Estados Unidos, dándole el nombre y la dirección en Washington de su secretario, el Dr. Thompson, quien es la persona más calificada para esto. Otra opción en Nueva York es Stephen Duggan del Instituto Internacional de educación, quien es parte de dicha comisión nacional. Aprovecha la carta para comunicarle que el día anterior escribió una carta a Mistral y esta fue enviada a la legación de Chile en Roma, pero como les parece que Guillén es un medio más directo para comunicarse con la chilena y dado que esta carta es de gran importancia para ella, le enviaran una copia solicitándole se la reenvíe.37
El papel de mediación de Palma parecía incomodar a la mexicana. Por ello, tras recibir una carta de Oprescu con información para el artículo que esperaba escribir Mistral, Guillén le respondió diciéndole que ya se los había remitido, pero dándole la dirección del Bernard Collage de la Universidad de Columbia para que puedan escribirle directamente. Pese a esto, poco después Mistral escribe al secretario del CICI para agradecerle la información y para decirle que en caso de que ella no este de regreso en Europa para la próxima sesión del Instituto de Roma, nombra como suplente a Palma Guillén, a quien presenta como una profesora de la Universidad de México y da su dirección en Italia (Casella 53, Santa Margarita Ligue).38
El tema de la suplencia continuaba en debate. Oprescu, en su calidad de secretario de la CICI escribió al director del Instituto en Roma, Luciano de Feo, para comentarle que Mistral no quería dejar el Consejo de Administración. Por lo tanto, no podría realizarse el cambio que habían conversado anteriormente: que Mistral tuviera un lugar en el subcomité de expertos para la enseñanza de los jóvenes de la SDN y que en su lugar fuera ocupado por la señora Galagher-Parks. El plan no salió como se pensaba porque Mistral decidió designar como su reemplazo a Palma Guillén.39.La mexicana aprovechó su participación en la reunión del consejo del 8 de octubre de 1930, para hacer una crítica sutil al destacar el importante papel que tendría el Instituto como si no se limitara a indicar las películas que existen sobre tal o cual tema, sino a realizar una buena propaganda.40
Pese a esta labor de suplencia y a la experiencia que evidente obtuvo tanto de haber ayudado a Mistral en su labor del Instituto de Roma, los documentos oficiales entre la SDN y México sobre el Instituto en Italia no mencionan a Palma Guillén.41 De hecho, Martínez de Alva es el encargado de enviar a México los documentos que remiten del Instituto del Cine y un cuestionario que solicitaba el Instituto de París.42 Esta experiencia empero le permitió gozar no solo de una capacidad en idiomas sino también en los organismos internacionales y las redes intelectuales europeas. No es extraño entonces que su ingreso a la diplomacia se dio poco después al ser nombrada ministro Plenipotenciario de México en Colombia.43
En abril de 1932 Mistral es nombrada cónsul particular de elección en Nápoles (su primer cargo, otorgado por el presidente). Regreso a Europa recogió a Yin Yin, sobrino que criaba con Palma Guillén y se trasladó al sur de Italia para asumir el cargo, pero no se quedó mucho tiempo dado que el gobierno italiano no aceptó sus credenciales (al parecer porque era mujer, pero ella sospechaba que era porque tenía ideas contrarias al régimen). Durante esta breve estadía en Italia, participó de una reunión del Instituto en Roma. En ella, como parte del comité de protección a la infancia, expuso junto a la señora Martínez-Sierra sobre la psicología de los niños. Las mujeres afirmaron que a estos no les interesa “lo que los adultos inventan para entretenerlos, sino que son más bien sensibles a las ideas que les interesan a los propios adultos. La vida natural, las escenas documentales, las escenas de caza o de viajes seguramente tendrán una acogida favorable. Por eso hacen un llamado al Instituto para que contribuyera en este sentido y no en “crear una literatura cinematográfica vacía y artificial”. En la misma reunión anotó también que era necesario como medida para aumentar la interacción con América Latina que las cartas que emite el Instituto no solamente sean entregadas a las secretarias de relaciones exteriores sino a sociedades científicas, profesores y escritores, medida que se aplica por el Instituto de París.44
En 1933 entones, desairada, regresa a Puerto Rico y a Estados Unidos por seis meses para dar cursos y conferencias, regresando a Europa en julio de ese año al ser nombrada cónsul en Madrid, donde reside y trabaja hasta que decide abandonar rápidamente para trasladarse a Portugal en noviembre de 1935 tras recibir una crítica dura por parte de la prensa.45
Durante el tiempo que residió en Madrid, se mantuvo en el Consejo del Instituto participando a distancia. Las siguientes cartas entre Mistral y las autoridades del Instituto de Roma datan de 1933 por lo que suponemos que Guillén siguió supliéndola y que su ausencia no afectó su vínculo con el Instituto de Roma puesto que fue reelecta para el cargo que ocupaba en el consejo directivo del IICE. Mistral le aclara a Alfredo Rocco que se enteró tarde porque la carta en la que le notificaban fue enviada a Puerto Rico. Mistral le expresa su alegría de esta distinción. Le comenta que acaba de asumir en Madrid como cónsul, lo que significa un avance en su carrera diplomática. Aprovecha para recordarle lo mucho que lamenta de las dificultades que tuvo cuando fue nombrada cónsul en Nápoles. Por este evento es que en cada país europeo en el que ha vivido ella mantiene el sentimiento de que es una exiliada de Italia, país al que empero ama profundamente:
Although this position means a step-in advance in my consular work, I shall always regret the official difficulties which prevented my remaining as consul of Naples and because in any European country that I may live, I shall always feel the sensation of an exiled from Italy, country which I deeply love.
Pese a este sentimiento de exiliada de Italia, Mistral se ponía a a su disposicion para servir a la labor del Instituto en cualquier momento. Estaba planeando asistir a las sesiones del comité y podría seguir ayudando a través de la propaganda, por lo que se pone a su disposición para establcer relciones entre universidades italianas y algún país en America del Sur.46
El mismo día escribió al director del Instituto, Luciano de Feo, porque se acababa de enterar que el presidente Alfredo Rocco propuso su reelección como miembro del Instituto. Le mostró su alegría de que le hayan permitido continuar con este “bello trabajo” cerca de él. Comenta que estaba iniciando su trabajo como cónsul en Madrid, pero su gobierno le ha dado el privilegio de poder ausentarse en cualquier momento si es necesario, por lo que planea asistir más puntualmente a las sesiones del Instituto. Le comenta que mientras estuvo en Puerto Rico no pudo escribirle extensamente como hubiera querido porque el clima tropical le generó problemas de salud. Ahora comienza a sentirse mejor por lo que retoma el trabajo. Entre las cosas que piensa escribir es un artículo de propaganda a favor del instituto, el cual será enviado a la prensa latinoamericana. Le pide que le escriba a esta nueva dirección en Madrid y por si viaja a Madrid con gusto lo recibe en casa del consulado. También si requiere alguna información de España, con gusto la consigue. 47
En respuesta a ambas cartas, de Feo agradece la propaganda que pueda realizar a favor del Instituto en América Latina.48 Pocos días después vuelve a escribirle para solicitar en nombre del presidente Rocco que participe en una conferencia que se realizaría en Ginebra el 4 de octubre de ese año en la SDN. El objetivo del Instituto es que se tome la decisión definitiva de redactar un borrador de convención para la abolición de las tarifas aduanales en los filmes reconocidos por el Instituto como de carácter educativo. Le aclara que durante años se ha estudiado esta propuesta y ahora parece haber apoyo de productores y distribuidores. Como un miembro reconocido del comité directivo confían en que su participación sería muy importante, por lo que esperan que su gobierno le de las facilidades para asistir. 49 La Conferencia se reunió en Ginebra y los representantes de los países discutieron un borrador de convención en el que estuvieran todos de acuerdo. Los debates no solo abordaron el tema impositivo, o cuestiones técnicas (como el sonido y la reproducción), sino también dejaron al descubierto que aún para 1933, la diferencia entre los países sobre el cine educativo seguía siendo muy amplio, al existir países como Venezuela que no realizaban cine nacional (educativo o no) y otros que estaban mucho más especializados como Francia. Así, y para no profundizar la brecha, la definición de cine de carácter educativo se utilizaba para plantear en general los filmes que buscan trasmitir conocimiento, de preferencia a través de principios didácticos para su uso en la enseñanza de todos los grados, pero también filmes que permitan la vulgarización de la ciencia o aquellos relacionados a la higiene que tienen por objetivo mejorar los problemas sociales. Al fin y al cabo, el interés final era “la comprensión mutua de los pueblos” para favorecer el “desarme moral”, por lo que los filmes eran “particularmente eficaces para el progreso físico, intelectual y moral”.50
Mistral no pudo viajar, por lo que Rocco escribió para comentarle que en la anterior sesión del consejo de administración (reunida en Roma el 29 y 30 de noviembre de 1933) se ocupó del comité consultivo y técnico, adoptando una resolución para reorganizar su funcionamiento y composición, para que existiera una mayor colaboración entre el comité y el consejo de administración. Se consideró que los miembros del comité pudieran ser invitados también a formar parte del consejo de administración. Esta medida fue consultada al Consejo del SDN, el que señaló que no había inconveniente al no contravenir el estatuto orgánico. Para integrar dicho Comité se realizar una lista con nombres de personas que se consideren para integrarla. A diferencia de la composición del Consejo anterior donde había solo dos miembros de la industria del cine, en la propuesta de este comité técnico se consideraba a representantes de los grupos de productores de filmes de los países miembros (y no miembros) de la SDN. Entre los nombres enviados no se encontraba ningún latinoamericano, sino cinco nombres de presidentes de sindicatos cinematográficos o asociaciones de productores de nacionalidad francesa, italiana, alemana, estadounidense y un británica. A este grupo aparentemente se sumaría un japonés. Si los colegas del consejo de administración veían bien esta propuesta el presidente del Instituto procedería a la designación.51
Al mes siguiente el Instituto tuvo su gran momento internacional, al desarrollar en Roma un Congreso Internacional del Cine de Educación y de Enseñanza (abril de 1934). En él se puso fin a las controversias de orden pedagógico al adoptar las comisiones conclusiones específicas que proyectaban elaborar nuevo material fílmico que atendiera las preocupaciones científicas (como una enciclopedia médico-quirúrgica) y profesionales (cuestiones de prevención de accidentes, higiene, solidaridad, etc.). Sirvió también para presionar a los gobiernos a adoptar la convención para aseguraran el libre intercambio de los materiales y recomendó que la censura se realizara por comisiones técnicas especializadas para observar que éstos tuvieran un mensaje objetivo que impidiera herir susceptibilidades entre los pueblos. 52 En el participaron numerosos representantes oficiales de numerosos países y los reportes (publicados posteriormente), constituyeron un referente del cine educativo a nivel mundial, legitimando la “vocación internacional” del Instituto.53
Las discusiones y el contexto político hicieron que tras ese evento el Instituto se preocupara más por el cine en general que por el cine educativo, giro que se evidencia en el origen del festival de cine de Venecia (inició en 1932 y 1934 porque era bianual) y del cambio que se produjo en la Revista del cine educativo a la revista Intercine (1934-1935). El festival en especial fue un éxito para el Instituto y para el régimen fascista porque aumento el prestigio de Italia en las redes internacionales, ganando reputación y propaganda.54
Pese a ser invitada al Congreso en Roma, Mistral no viajó. En su lugar se nombró delegado a Richard Barnard.55 Sin embargo si participó de la reunión del Consejo que se convocó para el 25 de junio de ese año en Roma, donde se discutirían varios temas: el ejercicio financiero, la dedicada a la organización administrativa, la dedicada a la revista que publicaba al instituto, así como cuestiones de cursos de cine escolar.56 En ella, al discutir sobre las relaciones del Instituto con las organizaciones y administraciones nacionales, Mistral subrayo “la necesidad de ayuda y de programas definidos” para los comités nacionales creados en América Latina, comités que hasta ahora han tenido una actividad “dispersa”. Propone estudiar la posibilidad de que envíen informes anuales al Instituto y que estos comités tengan una composición más amplia, donde además de profesores, escritores y periodistas, participen “representantes de la educación popular”. En otro debate de la misma sesión, enfatiza que la enseñanza sobre el uso del cine “debería basarse en el trabajo práctico en clase y en el uso concreto de la película”.57
Los viajes de Mistral a Roma fueron menos frecuentes, manteniendo su participación a través de la correspondencia con Luciano de Feo, quien le escribe extensas cartas en las que detalla la situación del Instituto, la que para 1934 era ya delicada. En una le detalla las dificultades económicas que estaba pasando el Instituto pese a que el gobierno italiano ha dado además de las 600, 000 libras previstas por el estatuto como subvención, otras 400,000 liras como subvención extraordinaria. Por ello se echó mano de los fondos de reserva del Instituto, pero no fue suficiente. Además, por la crisis económica mundial, el gobierno italiano anunció que reducirá la subvención a solo 300,000 liras y la extraordinaria pasará a ser voluntaria en función de las posibilidades. Esta reducción los ha llevado revisar a fondo y hacer una propuesta con el director del Instituto para el siguiente año (1935), la cual adjunta para que Mistral dé su opinión. La propuesta implicaba una reducción de 140 mil libras, y una reducción del 10 por ciento de todos los funcionarios (por lo que se realizarían nuevos contratos a partir del 1 de enero de 1935).58
Otro problema a solucionar para lo que le pedía su ayauda, era la situación de la Revista en su versión en español. En confianza el comentó que los datos que envió el embajador de España en Roma eran alarmantes y llevarían a cancelarla por su “absoluta inferioridad” con respecto a las otras versiones. Solicita a Mistral que los ayude para ponerla en condiciones y poder continuar con su publicación, para lo que le dan absoluta libertad de realizar las modificaciones que considere oportunas.59 La revista duró pocos meses más, por lo que es posible que Mistral no haya realizado ningún cambio. Su actuación se dirigió a la propaganda del Instituto y del cinema educativo en general. Para ello, de Feo le envió un escrito a fin de que utilice sus contactos en periódicos o le solicita nombres de a quien pudieran contactarse para ello.60
Pese a los intentos por mantener a flote al Instituto, el período de 1935 a 1937 fue complicado: la SDN decretó sanciones contra Italia por la invasión de Abisina (octubre de 1935), las que concluyeron cuando terminó la ocupación, por lo que se levantaron las sanciones entre junio y julio de 1936, pero la firma del Tratado de Amistad entre este país y Alemania (en octubre de ese año), terminaron con el retiro de Italia de la SDN en 1937. Durante este período las únicas cartas que recibe Mistral son las del director, de Feo, quien le escribe como “consejera y amiga” para decirle que estaba por viajar como voluntario a África Oriental para cumplir con lo que entendió era su deber como ciudadano y soldado, por lo que antes de irse dejó el trabajo del Instituto bien encauzado. Esperaba que su ausencia no fuera larga para regresar a trabajar con entusiasmo al Instituto. Efectivamente, de Feo regresó a Roma para diciembre de ese año por estar convaleciente tras enfermar en África. Le comenta a Mistral que espera volver a África oriental lo más pronto que le sea posible para continuar. Le agradece de “todo corazón” las palabras que expresó Mistral en una carta en la que le ofrecía ayuda, la que agradece por su “buena amistad” pero le asegura que está bien. Aprovechó para comentarle que se enteró que la chilena también había estado enferma y espera que se recupere en su nuevo destino diplomático.61
Tras el cambio, el Instituto continuo sus labores. El nuevo presidente (interino), G. Palucci di Calboli Barone, fue presentado oficialmente por medio de una carta de la SDN, quien poco después se contactó con Mistral para enviarle el presupuesto del Instituto del año siguiente años (1936). 62
La siguiente comunicación fue en 1937, cuando de Feo se encuentra nuevamente en Roma a cargo de la dirección del Instituto. Le comenta que no existe una fecha para una próxima reunión del Consejo Administrativo, pero que, pero seguramente tendrá lugar antes del invierno. Mientras tanto, el Instituto tiene una vida activa preparando un “vasto programa de nuevos trabajos” que serían desarrollados en años siguientes años, el cual se pondrá a discusión del consejo de administración. 63 Unos meses después le envía como miembro del consejo una serie de breves reportes que serán discutidos cuando se reúnan (uno de carácter financiero, otro sobre cuestiones del personal).64
Mistral regresó a Europa en ese año al ser nombrada cónsul en Niza, lo que le permitió estar más cerca de los Institutos de Cooperación (tanto del de París como el de Roma). Dado la poca labor del Instituto dedicado al cine, se concentró en las actividades realizadas en París, donde participó del Congreso Internacional de Comisiones Nacionales de Cooperación Intelectual, y al mismo tiempo, se afianzó en el Comité de Artes y Letras, tras ser nombrada en septiembre de 1936 como miembro permanente del Consejo.65 Es por ello que en una de las últimas reuniones del Instituto de Roma, realizada en diciembre de 1937, Mistral fue reemplazada por la señora Johow.66 En enero de 1938 la SDN avisa a sus miembros que el gobierno italiano se retira de la organización, tras lo cual los funcionarios y empleados italianos renunciaron a sus cargos, salvo Luciano de Feo, quien tuvo que permanecer una temporada más (a solicitud del gobierno italiano) para liquidar al personal y cerrar el Instituto. Por su parte los países signatarios de la Convención (aquella por la que tanto discutieron a inicios de los 30’s), acordaron dejar en manos del CICI la ratificación pendiente de muchos países, proceso que se detuvo al iniciar la Segunda Guerra Mundial.67 Era evidente que para el régimen fascista no existía ya un interés por legitimar su gobierno frente al organismo internacional, por lo que las funciones que antes tenía el Instituto de Cine fueron reabsorbidas tras su desaparición por el Instituto LUCE .68
Conclusión
Es difícil concluir preguntándose si la labor de Mistral en el Instituto fue destacada. Sus publicaciones en la Revista fueron pocas, su participación presencial en el Consejo de Administración también (dado sus viajes y cambios a inicios de la década de 1930). Sin embargo, su presencia legitimo la labor del Instituto ante los ojos de otros latinoamericanos que veían siempre con sospecha las labores de los Institutos de Cooperación Intelectual. Más que nombrar cantidad de reuniones, o de observaciones incluidas en las Actas del Consejo, consideramos que el papel de Mistral fue relevante por su carácter legitimador. Como educadora, escritora y propagandista, la chilena otorgaba el cariz de especialista. Al mismo tiempo por ser la única mujer y la única que representaba a América Latina brindaba ese exotismo con el que Europa miraba a esas otras culturas. Posiblemente los funcionarios del Instituto lo entendían así y por ello la Revista citó su artículo y también por ello pese a no asistir a las reuniones, fue reelegida en su puesto. Una vez más el valor de Mistral tenía que ver con su posición como mediadora entre Europa y América Latina, más que como chilena.
Esto abonó al internacionalismo que tanto preocupó a la SDN en la época. Los que participaron del Instituto de Roma tenían presente que la enseñanza tenía el compromiso de cambiar en la mente de los más jóvenes la idea que se tenía sobre la paz mundial al intentar disminuir la belicosidad propia de los nacionalismos. Mistral lo tenía muy en claro y cada vez que pudo, lo recordaba a sus colegas, al igual que sutilmente cuestionaba el eurocentrismo que prevalecía en las organizaciones de cooperación intelectual y la necesidad de mirar la realidad (tan distinta) de América Latina.
Se puede afirmar que el Instituto de Roma fue un agente importante del “internacionalismo educativo” de entreguerras, ese que estaba convencido de que la colaboración internacional e intelectual de un número significativo de personas y grupos, marcaría un cambio significativo en el campo educativo. Uno en el que la educación, la escuela, la pedagogía y los programas forman parte de un espacio creador de identidades, el cual sigue siendo prerrogativa de los Estados (con su imbricada tensión entre nacionalismo e internacionalismo).69
Si bien este ideal guio a todas las instancias de cooperación intelectual, el Instituto de París y el Comité de Ginebra se encargaron de otros aspectos educativos, como la fue la revisión de los manuales escolares de historia, se puede pensar la experiencia de estas instancias de cooperación como una “diplomacia de influencias”.70
Creemos que Mistral tenía claro esto, por lo que apuntó siempre a la infancia y a la educación (una vez más en su carrera), en la búsqueda de una solución ante la crisis internacional reinante en el período. No es extraño entonces que para Mistral el cine educativo tenía un sentido especial. En un recado escrito en Madrid (entre 1933 y 1935 aproximadamente), hizo una crítica dura al supuesto cine educativo que empero sigue siendo comercial. Este recado lo escribe tras asistir a ver la película sobre las anécdotas de la vida de Schubert titulada “vuelvan mis canciones”, la cual llevaba un récord de asistencia en tres meses tras su estreno. En él, descarga su rabia contra ese colectivo que no reacciona ante lo que ve en la pantalla. Cuestiona a esa clase media poco informada que se acerca de manera superficial al cine por ser el arte de moda. El público que observó en esa función, que lloraba por el pobre artista sin sentir su vida, ese público al que identifica con el “burgués-masa” al que critica por ser superficial, por acercarse al arte por moda y no verdadero interés, por compadecerse de un pobre lejano en el tiempo y no por el que tiene al lado. Ese “burgués-masa” llora sin sentir la vida de artistas le repugna e irrita:
Aquello que no le mueve, ni le coge, ni se le prende, es el músico vivo, que tiene nombre y a veces casa en su propia ciudad; el pobre hombre que hace unas clases y las cobra, que sino las hace se crea deudas y que si es un ser de pidores se muere de anemia o de unas tisis que son hambre, en una pocilga digna de un porquerizo.71
El repudio expresado no hizo más que afirmar su defensa del cine documental, aquel que la movió a trabajar en el Instituto de Roma por ser visto como un vehículo privilegiado de la modernidad, uno que involucraba al sistema educativo en un sentido global, internacional. Ser maestra, amar a los niños, admirar lo bello de una imagen, trasmitir un mensaje, eran formas que no le eran ajenas a Mistral sino propias.
Así, más que una evaluación de sus aportes (que siempre son sutiles pero significativos en el ámbito de las representaciones), con este estudio de caso se espera aportar al debate de la historia internacional, al considerar específicamente dos dimensiones que, como giros interpretativos, ayudan a enriquecerla: el de la historia de las emociones y el de las mujeres en la diplomacia. Del primero nos interesa detectar ciertas expresiones emocionales permite cuestionarse la existencia de comunidades emocionales en un momento histórico determinado. A través de las prácticas comunicativas (palabras y lenguaje) puestos en texto o en artefactos verbales y visuales, estas emociones pueden ser accesibles. Esto es relevante para entender su peso en las relaciones internacionales, porque “las emociones sustentan la forma y funcionamiento de las comunidades políticas”.72
El enfocarnos en las experiencias, además, nos permite relacionarlo con la historia de las mujeres en la diplomacia. La nueva historia diplomática se pregunta por los y las agentes que vivieron y al hacerlo, dieron un sentido a lo internacional. En este caso, es necesario seguir indagando sobre la agencia de estas mujeres, más profesionales, que ingresaron al servicio exterior nacional después de haber jugado un papel en los organismos internacionales. Los saberes que ellas tenían fueron importantes para abrirse paso. Por eso es importante profundizar en la “agencia de las mujeres” o la “agencia femenina”, analizando sus trayectorias diplomáticas como mediadoras, sin perder de vista las experiencias y vivencias, donde las “agendas personales” incluyen aspectos poco estudiados.73
En el caso específico de las mujeres en la SDN, su estudio sigue siendo un campo fértil, porque en ellas puede observarse como mediadoras entre lo internacional y lo nacional (gobierno, universidades, y organizaciones locales) así como puede verse cómo utilizaron el espacio ganado en el organismo internacional de Cooperación intelectual para vincularlo con organizaciones internacionales femeninas.74










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