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Tzintzun. Revista de estudios históricos

versión On-line ISSN 2007-963Xversión impresa ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  no.81 Michoacán ene./jun. 2025  Epub 25-Abr-2025

https://doi.org/10.35830/treh.vi81.1815 

Reseñas

Sobre ALMARZA, Ángel Rafael y Marco Antonio LANDAVAZO (Editores), Imaginando las independencias hispanoamericanas. Memorias, relatos e historias, 1810-1840, Madrid, Sílex Ultramar, 2021

1Instituto Universitario del Centro de México

ALMARZA, Ángel Rafael; LANDAVAZO, Marco Antonio. Imaginando las independencias hispanoamericanas. Memorias, relatos e historias, 1810-1840. 2021. Sílex Ultrama, Madrid: 348p.


El poder del lenguaje es algo de lo que se habla mucho hoy en día. Las palabras son y han sido herramientas de poder y esto lo conocen muy bien el derecho y la historia; el primero utiliza las palabras para la creación de las leyes y la segunda para la narración de pasado. La historia tiene un carácter “artificio”, es decir, creativo en su sentido discursivo lo que nos lleva hacia una discusión más historiográfica en cuánto a reflexionar lo que se dice del hecho o de los hechos históricos narrados.

En esta obra Imaginando las independencias hispanoamericanas. Memorias, relatos e historias, 1810-1840 se examinan las independencias hispanoamericanas en un sentido historiográfico. Los procesos de independencia que se vivieron en distintos territorios durante el siglo XIX tuvieron la particularidad de ser narrados casi inmediatamente por quienes, además de presenciarlos, los protagonizaron. Se escribió sobre un pasado reciente, al tratar de narrar un tiempo postrevolucionario, con las dificultades metodológicas que se puedan señalar en una lectura contemporánea.

Los relatores y protagonistas, es decir, los actores de estos procesos se preocuparon por justificar y legitimar la gesta independentista y la viabilidad republicana luego de procesos revolucionarios casi simultáneos como los que se vivieron en Hispanoamérica y, por supuesto, también argumentaron su propia participación y perspectiva. Se podría decir que existe un consenso historiográfico en cuanto a esta idea y de que, en efecto, se llevó a cabo una caracterización de los primeros relatos históricos nacionales y de sus personajes que fueron retratados como héroes o villanos.

El libro viene a mostrar de manera novedosa que a pesar de que existe esta evidencia historiográfica respecto a la interpretación de los primeros autores y relatos que refirieron las independencias hispanoamericanas las fuentes están lejos de agotarse, así como los análisis de estas y los puntos de encuentro y desencuentro que arrojan en este intrincado proceso histórico que compartieron los territorios hispanoamericanos. La gran aportación de este libro es la revisión de las independencias hispanoamericanas a partir de la perspectiva de la “invención histórica”, es decir, de las ideas e imaginarios que se construyeron a partir de lo que se dijo de este proceso político, social y cultural que buscó justificarse a sí mismo en aras de establecer un nuevo orden con la organización y la paz que se esperaban con las instituciones modernas y republicanas.

Hubo muchas maneras de llevar a cabo esta justificación, pero también existieron testimonios que discreparon y que así lo dejaron ver en sus obras. El libro nos presenta aproximaciones acertadas, originales y creativas en cuanto a las obras que dejaron aquellos actores y autores de primera mano de los acontecimientos. Estas propuestas oscilan entre los diferentes elementos que se pueden analizar a partir del relato escrito sobre las independencias hispanoamericanas, como las memorias de los actores protagonistas, la aparición de una historiografía oficial e incluso de aquellos discursos que no fueron ni historia oficial ni relato histórico, pero que permitieron una cohesión identitaria y cultural. Además, se contrasta lo que sí se dijo con lo que no al identificar las omisiones y silencios que deliberadamente se hicieron respecto a los procesos independentistas, especialmente en su parte violenta o conservadora del régimen anterior.

Se aborda de igual manera el tema de las tensiones existentes entre memoria e historia, así como de los centenarios y los revisionismos que esta relación ocasiona. Y, finalmente, quizá el mayor desafío en cuanto a referir que las ideas y los conceptos que se desarrollaron a partir de este proceso nos hablan de un tiempo nuevo, al menos, de manera retórica; que cada territorio trazó un antes y un después en su proceso revolucionario independentista y que sus actores letrados refirieron en distintos formatos escritos convencidos de la necesidad de trazar una historia nacional que, como ya se dijo, justificara las acciones pasadas, pero que, al mismo tiempo, convenciera al público lector de que un futuro asentado en el progreso y la estabilidad era posible en la vía republicana y que con otros elementos como el derecho y la educación se garantizaba una porvenir próspero y feliz.

En este sentido de justificación el trabajo de Froilán Ramos Rodríguez se centra en cómo se presentan los procesos emancipadores discursivamente con la distinción del otro y en la aparición de símbolos concretos que reafirman a los procesos históricos y a sus héroes en las memorias patriotas de los chilenos. También Xiomara Avendaño Rojas realiza un ejercicio similar al bosquejar la idea de “progreso” en la obra de Alejandro Marure, en donde quizá se resume la visión moderna-ilustrada que empapó a estos nuevos sujetos letrados en Hispanoamérica al ver en las instituciones políticas, en la producción agrícola, en las vías de comunicación, en la ciencia y en la educación, lo que era el “progreso”, especialmente, para los territorios de Centroamérica.

En cuanto a la historiografía oficial lo cierto es que esta apareció luego de la gesta revolucionaria en diferentes momentos dependiendo del territorio. Herib Caballero Campos hace una precisión, por demás interesante, al referir la contribución de los extranjeros como autores fundamentales de crónicas y memorias para la historia de Paraguay. En general se piensa que los encargados de escribir una historiografía oficial fueron los protagonistas, casi siempre originarios de los territorios hispanoamericanos, pero este estudio recuerda que hubo excepciones y que en un sentido amplio todos los testimonios fueron importantes incluidos aquellos que tuvieron una mirada de “fuera” y “dentro” al mismo tiempo en los procesos de independencia.

Continuando con las excepciones está el interesantísimo caso que presenta Tomás Sansón Corbo al referir cómo los protagonistas de los procesos revolucionarios tuvieron claro que había que explicar y justificar sus actos por medio de discursos, símbolos e imágenes, pero el autor se enfoca en las representaciones performativas utilizadas para cumplir este objetivo, es decir, la poesía, la danza y el teatro y cómo, en Uruguay, estas cobraron una gran relevancia porque, a diferencia de otros actores letrados y patriotas de otros territorios, el dilema de escribir sobre un pasado tan reciente fue resuelto en este caso con la poesía afirmando que la representación del pasado inmediato sólo podía ser a través de ella.

Así los clásicos grecolatinos, por ejemplo, fueron rescatados en sus aspectos poético y retórico. Lo cual resulta sugestivo especialmente hoy en día cuando al historiador le ha dado por interesarse en periodos cada vez más recientes ya que justamente la mirada histórica, aquella que permite la distinción entre pasado, presente y futuro, se desdibuja con facilidad cuando intentamos hablar de pasados tan cercanos que prácticamente se están viviendo todavía y el hecho de que un momento tan crítico como el vivido luego de una revolución independentista se haya echado mano de la poesía, para no solo referir sino de igual manera incentivar la identidad y la unión es, sin duda, brillante, ya que las expresiones performativas permitieron llegar a un público amplio con un discurso fluido, sencillo y convincente que alimentaba la opinión pública.

Continuando con el aspecto de la opinión pública, se encuentra también un acercamiento desde la imprenta y las traducciones en el trabajo de Esther Aillon Soria quien ilustra con su análisis cómo el trabajo realizado por Vicente Riva Pazos, un mestizo que se dedicó a la traducción e impresión de textos a lenguas indígenas, contribuyó a informar a este sector social y hacerlo parte del debate político en un contexto que pasaba de la comunicación oral a la impresa. Lo cual resalta el papel tan importante que jugó la opinión pública ya que era lo que permitía el debate sobre el régimen político a construir.

Hasta ahora se han resumido aproximaciones que parten de examinar lo que se dijo, pero en cuanto a lo que no están los trabajos de Marco Antonio Landavazo, Inés Quintero y Andrea Rodríguez Tapia. El primero se concentra en cómo la violencia pasó de ser un problema político, al inicio de la gesta independentista, a un problema histórico al final de esta, ya que se tenía que integrar a la memoria del mismo proceso y cómo, para algunos casos, se recurrió al silencio o a la omisión definitiva de episodios cuestionables, dolorosos y sangrientos que fueron un desafío para la justificación histórica y moral que se requería fundamentar en el esbozo del triunfo independentista que además estaba apoyada en una retórica antigachupina.

Retomando esta última parte de la lógica antiespañola que acompañó el discurso legitimador de los procesos independentistas existió, por supuesto, la minimización, prácticamente condena, de los relatos realistas. Para el caso de Venezuela, Quintero señala que el relato sobre la independencia estaba polarizado. Se descartó la historiografía que hacía una apología de la Corona y señala que ha sido hasta fechas recientes en las que se ha rescatado la variedad de testimonios que existen puesto que esta narrativa alcanzó los relatos del siglo XIX y XX.

Este fenómeno de comportamiento no es del todo extraño puesto que se buscó también la exaltación del republicanismo y esto ocurrió en otros territorios en los cuales de igual manera los primeros relatos trazaron una historia nacional que influiría hasta bien entrado el siglo XX. De igual manera ha sido en décadas recientes en las que un revisionismo intelectual e historiográfico ha llevado a encontrar más coincidencias que diferencias entre los sujetos políticos y letrados de la época que fueron referidos como realistas o conservadores y liberales o republicanos, cuando lo cierto es que todos compartieron un espacio retórico en común en sus lecturas, en sus prácticas políticas e incluso en su escritura. Esos sujetos si bien mantuvieron sus diferencias en cuanto al orden político a seguir luego de una revolución, más tarde llegaron a un consenso general, algunos a regañadientes, que apelaba a la vía republicana.

En este sentido, y para terminar con esta sección, la aportación de Rodríguez Tapia radica justamente en el análisis de la otra perspectiva, aquella que buscaba ir en contra del cambio, con los textos de Mariano Torrente y José Manuel de Vadillo, los cuales tenían como finalidad justificar o promover la idea de reconquistar América continental, ya que se debatió si esta era una situación temporal o algo irreversible que debía asumirse. La autora acierta al concluir que directa o indirectamente estas reflexiones, y tensiones, contribuyeron a la creación de un discurso nacional.

En un aspecto más teórico el libro también recoge reflexiones que versan sobre las tensiones entre historia y memoria con los trabajos de Alejandro Morea, Marco Antonio Landavazo y Ángel Rafael Almarza. El primero examina el Ejército Auxiliar de Perú en las memorias de sus miembros, pero de bandos opuestos. Morea utiliza y teoriza el uso de las memorias y autobiografías para el estudio histórico y concluye que el objetivo de este ejército fue propagar las ideas revolucionarias en un contexto de enfrentamiento, que no era ni por derechos dinásticos ni por diferencias religiosas sino por principios políticos o, como el autor lo describe, en el marco de una guerra nueva, una guerra moderna; en el sentido de un conflicto guiado por las ideas.

Respecto a la importancia de las ideas, en conjunto Landavazo y Almarza hablan sobre la labor de propaganda que existió en cuanto a la gesta independentista. Enumeran y puntualizan varios elementos en este proceso tan intrincado entre memoria, propaganda e historia, ya que cobró un carácter inaugural en donde la prensa y los autores de las primeras historias de independencia en Hispanoamérica relataron los sucesos políticos y militares con el objetivo de legitimar la lucha emancipadora. En este proceso existió una caracterización de los actores políticos, incluyendo en más de un caso a los propios autores de estos relatos históricos.

Se hablaba al inicio de la necesidad de inaugurar un tiempo nuevo luego de las independencias hispanoamericanas y esto se vio reflejado en los diversos textos que dieron pauta a las primeras historias nacionales, pero también en una práctica cívico-religiosa reciente al comenzar a conmemorar a los héroes de la gesta independentista. En este sentido, respecto a la conmemoración, Rolando Rojas analiza para el caso de Perú cómo fue que hasta la “Generación del centenario” inició la nacionalización de la independencia y el rescate de testimonios para revisar las posturas republicanas y antirrepublicanas.

Por último, cierro con el texto de Ángel Rafael Almarza y Miguel Ángel Urrego quienes analizan la invención de Colombia como idea, concepto y significado. La república de Colombia se analiza de manera fragmentada desde el origen del nombre, el pasado colombiano como experiencia, especialmente la disolución ocurrida entre 1829 y 1831, la independencia como un nuevo origen hasta la estrategia política y militar para concluir la guerra de independencia.

Es en este texto donde me parece que se resume la parte más desafiante del libro en general y de los artículos que lo componen puesto que cada uno es justamente un ejercicio de análisis, asociación y contraste entre ideas, conceptos y significados que se pueden ubicar en fuentes escritas sí, pero también en los distintos espacios de experiencias. Estas nuevas experiencias estuvieron alimentadas por la construcción de un imaginario, en el sentido de invención histórica, de las independencias hispanoamericanas que rebasó el plano escrito y que llegó a la realidad concreta por medio de distintas prácticas políticas y culturales como la conmemoración, la propaganda, la escritura de la historia, la prensa, la traducción, la omisión, la opinión pública, los procesos institucionales, las imágenes y los símbolos.

En suma, el libro muestra que la reflexión sobre las independencias hispanoamericanas sigue vigente en un contexto republicano contemporáneo en el cual, por un lado, estas experiencias se han reinventado para nuestro presente y, por otro, la aproximación, es decir, el acercamiento metodológico a este proceso desde las ópticas política, intelectual y cultural, permite relacionar y comparar a los sujetos y a los testimonios de los distintos territorios hispanoamericanos que vivieron la gesta independentista.

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