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Tzintzun. Revista de estudios históricos

versión On-line ISSN 2007-963Xversión impresa ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  no.81 Michoacán ene./jun. 2025  Epub 25-Abr-2025

https://doi.org/10.35830/treh.vi81.1808 

Artículos

En las fronteras de la fe. Pensamiento e imaginario conservador en la revista católica La Esperanza de los Ángeles, California (1930)

At the borders of faith. Conservative thought and imaginary in the catholic magazine La Esperanza de los Angeles, California (1930)

Aux frontières de la foi. Pensée conservative et imaginaire dans le magazine catholique La Esperanza de los Angeles, Californie (1930)

Marcelo Javier Sánchez Delgado1 
http://orcid.org/0000-0002-7697-3699

1Universidad de Chile Becario Senior Fellowship CALAS


Resumen

El artículo revisa el nacimiento de la revista católica La Esperanza de Los Ángeles, California, en 1930, su primer año de publicación, tomando como perspectiva central de análisis el imaginario civilizatorio y conservador. La Esperanza es significativa ya que se trata de una publicación en lengua castellana, patrocinada por la congregación claretiana, editada en Estados Unidos y dirigida a la comunidad mexicana radicada en ese país. Este trabajo analiza en particular el antiliberalismo, los temas misionales en clave civilizatoria y racista y la disciplina moral impuesta a la mujer.

Palabras clave Comunidad Mexicana en Estados Unidos; Revista Católica La Esperanza; Misiones

Abstract

The paper reviews the birth of the Catholic magazine La Esperanza in Los Angeles, California, in 1930, its first year of publication, taking the civilizing and conservative imaginary as the central perspective of analysis. La Esperanza is significant since it is a Spanish publication, sponsored by the Claretian Congregation. It was published in the United States and addressed to the Mexican community living in that country. This work analyzes, in particular, antiliberalism, missionary themes in a civilizing and racist key, and attention to the discipline that women should seek.

Keywords Mexican Community in the United States; Catholic Magazine La Esperanza ; Missions

Résumé

L’article passe en revue la naissance du magazine catholique La Esperanza à Los Angeles, Californie, en 1930, sa première année de publication, en prenant l’imaginaire civilisateur et conservateur comme perspective centrale d’analyse. La Esperanza est significative puisqu’il s’agit d’une publication en espagnol, parrainée par la Congrégation Clarétaine, publiée aux États-Unis et adressée à la communauté mexicaine vivant dans ce pays. Ce travail examine plus particulièrement l’antilibéralisme qui imprègne ses pages, les thématiques missionnaires abordées sous un angle civilisateur et empreint de racisme, ainsi que l’accent mis sur la discipline morale imposée aux femmes.

Mots clés Communauté Mexicaine aux États-Unis; Revue Catholique La Esperanza; Missions

INTRODUCCIÓN

Muchos años antes de la Revolución Mexicana, fue la propia dinámica racista de las políticas migratorias estadounidenses la que abrió paso a la migración mexicana a ese país. En efecto, tras la ley de exclusión de migración china a Estados Unidos, promulgada en 1882, México se transformó en proveedor de mano de obra para distintas áreas de la economía estadounidense.1 Al comenzar el siglo XX, ese flujo de trabajadores temporales y de migrantes se incrementó por nuevas necesidades de mano de obra para la agricultura estadounidense y luego por efecto de la Revolución Mexicana. Los estudios sobre migración mexicana a Estados Unidos señalan que alrededor de alrededor de 500.000 mexicanos ingresaron a Estados Unidos en la década de1920.2 Las necesidades de la industria bélica en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial y la reactivación económica que siguió a su final, dieron nuevos impulsos a la migración mexicana. A mediados de la década de 1920 la política estadounidense se volvió más restrictiva con la migración y para la década de 1930, la Gran Depresión dio impulso a una política activa de deportación de mexicanos y mexicanas.

Este breve contexto nos pone frente a unos procesos relacionados con la migración, como son los de la formación y consolidación de una comunidad mexicana residente en Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX y el desarrollo de una cultura de frontera con poderosos flujos de intercambio comercial, cultural y humano en torno a California y Baja California. A grandes rasgos, se trata de un movimiento migratorio y cultural significativo, ya que, si en 1910 cerca de 200.000 mil personas de origen mexicano vivían en Estados Unidos, para 1930 esa comunidad ya alcanzaba a cerca de un millón y medio de personas.3 En este contexto, este trabajo se enfoca en una publicación católica surgida en 1929 en la ciudad de Los Ángeles, California, especialmente destinada a la comunidad mexicana en Estados Unidos. Esta publicación estaba patrocinada por la congregación claretiana, nombre con que se conoce a la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, fundada por el canonizado clérigo catalán Antonio María Claret, el 16 de julio de 1849.

Así, la publicación de esta revista reúne varias dimensiones comunicativas. Expresa, por una parte, las preocupaciones misionales civilizatorias de la congregación claretiana alrededor del mundo. Por otra parte, interpela directamente a los mexicanos y mexicanas residentes en Estados Unidos, con especial atención a la comunidad mexicana católica californiana, apelando a sus nostalgias, al interés por la patria y por las luchas que la dirigencia católica consideraba imprescindibles para el futuro de México. Es una revista editada en Estados Unidos y que, en su carácter magazinesco, también dio cabida a temas propios de las modernizaciones del momento: la admiración por la aviación, los dirigibles, las exploraciones, la industria, los récords deportivos, entre otros. En esa misma dirección, la revista daba un espacio relevante a la política mundial a través de notas y reportajes fotográficos a la diplomacia mundial, la política estadounidense y el devenir de las casas reales europeas. Finalmente, la revista también daba atención destacada a la devoción mariana y a la defensa del catolicismo. Aunque siempre dentro de la ideología de “la buena Prensa católica”, que explicaremos más adelante, la revista La Esperanza es un objeto en permanente tensión, dado su carácter magazinesco que le permite ir de un tema a otro sin solución de continuidad. Así, este trabajo inscribe su aporte particular en un campo historiográfico mayor que ha sido uno de los grandes temas de la historiografía del periodo posrevolucionario, como es el de las relaciones políticas y culturales entre posrevolución e Iglesia Católica a ambos lados de la frontera. Los autores y autoras que abordan tanto los momentos agudos de conflicto violento como las transformaciones más sutiles en la política y la cultura han dado forma a una vasto campo de conocimiento histórico que resulta imposible resumir aquí y el que destacan aportes de inicios de los años 2000 como el articulo sinóptico de Adrian Bantjes y el libro Género, poder y política en el México posrevolucionario de Gabriela Cano, Mary Kay Vaughan y Jocelyn Olcott, así como otros aportes de reciente aparición en el que cabe mencionar los trabajos de Ricardo Álvarez Pimentel, Matthew Buttler, Ben Fallaw, Marta Eugenia García Ugarte, Kristina Boylan y Julia Young, entre otros. Desde el análisis de algunos aspectos que consideramos relevantes de La Esperanza, este trabajo aspira a constituir un aporte particular, preciso, claro y discreto a este campo de estudios, sin otra pretensión que abrir y analizar preliminarmente nuevas fuentes y propuestas para un tema en pleno desarrollo. Hasta donde nuestro conocimiento alcanza se trata de una fuente que no ha sido tematizada previamente y que merece atención historiográfica y crítica.

La Esperanza es una revista de dimensiones transnacionales, cruzada por intereses y mensajes no siempre armónicos, que ofrece un acceso privilegiado a un imaginario con el que se esperaba moldear y dirigir la vida de la comunidad católica californiana residente en Estados Unidos. Por cierto, resulta difícil, si no imposible, evaluar la recepción y apropiación de esta agenda, aunque puede decirse sin riesgo que la revista fue significativa para dicha comunidad, ya que la respaldó con suscripciones y avisaje publicitario por veinticinco años, hasta su fin en 1955.

En la variopinta oferta comunicacional de revista La Esperanza este trabajo se enfoca en algunos aspectos particulares de este imaginario conservador. El trabajo se detiene en las cuestiones el pensamiento antiliberal, las preocupaciones religiosas y civilizatorias que lindan con el racismo y en las normas de conducta para la mujer; temas que consideramos legítimamente relevantes para caracterizar el imaginario conservador católico. El trabajo inicia con una caracterización del proyecto editorial de La Esperanza y de las secciones estables de la revista, luego se aborda una breve visión del pensamiento conservador católico y la ideología de la “Buena Prensa”, para continuar con un análisis temático en el corpus de números que constituyen el primer año de publicación, 1930. Finalmente, presentamos algunas conclusiones y aperturas sobre los resultados de esta investigación.

“ARMA NO MENOS DIVINA Y DE GRAN ALCANCE, MODERNÍSIMA Y DE RESULTADOS INFALIBLES: LO HABÉIS ADIVINADO, ES LA PLUMA”

A las armas tradicionales de un misionero católico, como la predicación a los infieles, la revista La Esperanza esperaba sumar las armas modernas de la prensa ilustrada. La empresa se juzgaba también necesaria por “la escasez lamentable de prensa católica entre los de habla española en esta nación”.4 La publicación estaba especialmente dirigida a los mexicanos y mexicanas que ya estaban establecidos en Los Ángeles, Estados Unidos, y a ellos se esperaba hablarles en “la encantadora lengua de Cervantes”.5 Así, el programa básico de La Esperanza compartía los valores del hispanismo: religión católica y lengua castellana como los grandes valores articuladores de la vida social.

El titular de la autorización emitida por Monseñor Cawley, obispo de la diócesis de Los Ángeles y San Diego, era el sacerdote Manuel Milagro, director del Seminario claretiano ubicado en Compton, California. Desde los primeros pasos en 1849 la congregación claretiana mostró una gran energía en la tarea misional y hacia finales del siglo XIX ya tenía presencia en toda España, Francia, Italia, Argel, Guinea Ecuatorial, Chile y México.6 En las primeras décadas del siglo XX se da la gran expansión de la obra misionera claretiana con su asentamiento en varios países de Europa, China, Oceanía, Colombia, Panamá y la continuidad de su obra misional en África. Era una obra misional imbuida de un sentido civilizador y con un centro neurálgico en España, desde donde se reclutaba la mayoría de sus miembros. Recordemos, por otra parte, la importancia y fluidez de las relaciones entre la jerarquía eclesiástica católica mexicana y la norteamericana, dado que Estados Unidos se convirtió en un lugar de refugio de muchos sacerdotes mexicanos, que incluso establecieron allí su residencia permanente.

La relación de los claretianos con la Revolución Mexicana estuvo marcada por la tensión y la tragedia, etapa que incluye un mártir beatificado, el padre Andrés Solá, ejecutado en forma sumaria por las autoridades del gobierno mexicano el 25 de abril de 1927. Este hecho nos remite a un marco mayor de violencias civiles y religiosas surgidas en el proceso posrevolucionario. En el plano ideológico la ruptura revolucionaria transformó el debate decimonónico entre liberales proclives a la secularización y los conservadores, en otro más radical entre revolucionarios y reaccionarios, como señala Beatriz Urías Horcasitas.7 Según Enrique Guerra Manzo, en las décadas de 1920 y 1930 en México se asiste a la confrontación de dos fanatismos por la conquista de las masas8 y no sería hasta 1938 que se alcanzaría algún grado de entendimiento entre el Estado y la Iglesia Católica. El periodo de mayor violencia de esta confrontación se conoce como La Cristiada, una guerra de guerrillas entre 1926 y 1929,9 periodo en que se inscribe el martirio del padre claretiano Andrés Sola.

En este contexto resulta posible comprender algunas claves generales sobre la orientación que tuvo La Esperanza. Los misioneros claretianos tenían derecho a sentirse especialmente tocados por la violencia posrevolucionaria, pero más allá de eso resentían especialmente del liberalismo, por su efecto secularizador y como matriz que había permitido el surgimiento del socialismo y del comunismo. Una parte importante de la dirigencia católica y de la elite conservadora católica en España y América Latina buscó refugio y proyecto de futuro en el hispanismo, una doctrina que perseguía restablecer y renovar las coordenadas centrales de un idealizado imperio español, como un centro civilizador espiritual católico, bien anclado en la autoridad religiosa, la familia, roles de género tradicionales, las tradiciones hispanas y la lengua castellana. Justamente, los pensadores católicos mexicanos criticaban a la revolución, entre otros aspectos, por “la erosión de la moral y las costumbres tradicionales que afectaban particularmente a las mujeres, y la desarticulación de una estructura familiar profundamente arraigada en la sociedad mexicana”.10 En tanto comunidad misionera de raíces españolas, los claretianos y La Esperanza se acogieron a esta visión política de la religión, al tiempo que miraban con simpatía los movimientos fascistas y el liderazgo orgánico y autoritario de un “gran hombre”.

Volviendo a nuestra revista, su propuesta fundamental declaraba que “LA ESPERANZA tratará asuntos: religiosos marianos, misionales, etc., polémicos, sociológicos, artísticos, poéticos, musicales, etc., literarios, recreativos, de información de todo género y estará profusamente ilustrada”.11 Las secciones estables se consolidaron casi todas ellas desde el primer número. La revista presentaba siempre una portada ilustrada con algún tema religioso como la Virgen María o una postal fotográfica de algún templo importante de España o México, el Papa o alguna autoridad religiosa del mundo claretiano o de la Iglesia Católica de Estados Unidos (figura 1). Una “Sección Mariana” solía abrir cada número. Luego se presentaban noticias desde las misiones claretianas en el “Mundo Misionero”. Otra sección estable eran las noticias relacionadas con la Parroquia de Nuestra. Sra. La Reina de los Ángeles, la “Sección Parroquial”. Otra sección estaba constituida por noticias de todo tipo sobre México, cuya viñeta era una cinta en la que se leía “Virgen de Guadalupe ruega” y luego en palabras titulares “Por México”. Otra sección estable eran las noticias internacionales de la política, deportes y espectáculos recogidas en “Por el mundo”. A estas secciones se agregaron muy pronto otras que alcanzaron continuidad, como las dos páginas centrales con fotografías de personalidades y eventos de interés mundial, que se integró, según los registros disponibles, desde el número 6, publicado el 9 de febrero de 1930 en adelante y que se llamó “Mundo Gráfico”. La sección musical, de aparición inestable, se transformó luego en una “Página Musical” estable, ubicada hacia el final de cada número. Algunas secciones tenían aparición discontinua, como las dedicadas a los pasatiempos infantiles, adivinanzas y novelas por entrega. Independientemente de las secciones y más allá de la profusión fotográfica de las páginas centrales de “Mundo Gráfico”, La Esperanza insertaba fotografías de personajes y eventos con su respectivo pie de lectura en cualquier página de la revista, muchas veces sin mayor contexto que la misma foto. Además, la revistaba contaba con espacio para el avisaje comercial.

Figura 1 Portadas de La Esperanza, 3 de noviembre de 1929 y 14 de septiembre, 19 de octubre y 14 diciembre de 1930. 

Junto a estas coordenadas ideológicas básicas y la descripción de las secciones, importa también entender La Esperanza dentro de un contexto mayor conocido como la iniciativa católica por “la Buena Prensa”. Si bien algunos autores hacen retroceder la idea de una Buena Prensa católica a inicios del siglo XIX, el fortalecimiento de este proyecto de intervención católica en el debate público y con una de las “armas modernísimas”, para seguir con las ideas de La Esperanza, que eran propias del liberalismo como la prensa periódica, se dio a partir del último tercio del siglo XIX y hasta cierto punto mantiene su vigencia hasta nuestros días.12 El historiador chileno Manuel Loyola propone llamar al movimiento autodenominado por los católicos como Buena Prensa, una “prensa eclesial de masas”,13 ya que el objetivo de esta prensa ya no era la curia o la elite, sino comunidades propias de una cultura de masas y, agregamos nosotros, desde las primeras décadas del siglo XX con hábitos de consumo propios de la industria cultural moderna. En su definición propia, la Buena Prensa importa un carácter moral, una superioridad respecto de una prensa otra. Binariamente pensando, se opone a la mala prensa, formada por todo ese vasto mundo de productos impresos que según la moral y la religión católica promovían el ateísmo, la desmesura, el ataque a todas las formas de autoridad –especialmente la religiosa–, el liberalismo, el socialismo, la sensualidad, la desestabilización de la familia, entre otros males que producían las malas lecturas, la mala prensa. En palabras de La Esperanza, la preocupación por la cultura impresa era deficiente ya que muchos autores publicados “se declaran abiertamente por la doctrina liberal en materia de costumbres y prácticas religiosas. ¡Recurso bien flaco ciertamente!”.14 Lo importante de la Buena Prensa era que fuera católica, religiosa, moral.

Junto a este proyecto católico por la Buena Prensa, otra dimensión que fortalece esta revista es la renovación experimentada por el celo misionero católico en las primeras décadas del siglo XX. Si bien no se trata estrictamente de una revista misional, el ánimo civilizador alienta en las páginas de La Esperanzacon especial intensidad, como explicaremos y demostraremos más adelante.

NOSTALGIAS MEXICANAS

Como hemos adelantado, el destinatario preferente de La Esperanza era la comunidad mexicana residente en Los Ángeles, California. Según la revista, la comunidad mexicana tenía una misión designada por la Providencia para Estados Unidos y proponía que “el pueblo mexicano ha invadido los Estados del Sur y con ellos todo el país de Norte América para propagar y difundir la devoción y amor a la Madre de Dios”.15 Efectivamente, la devoción mariana ocupará un lugar relevante en la revista y a través de ella, pensaban los dirigentes católicos, los mexicanos y mexicanas podrían conservar una parte importante de su identidad. La Esperanza no era ajena a la política y al fenómeno migratorio y se propuso ser un puente con la patria, ya que se esperaba ser “una promesa de unión y de concordia para los mexicanos” y “llevar a cabo una labor intensamente fraternal” en la que “no podía faltar en ella una sección dedicada exclusivamente a la Nación Mexicana”.16

La revista se financiaba por dos vías, la suscripción –prácticamente obligatoria para los católicos como apoyo a la Buena Prensa– y el avisaje publicitario. En esta última sección se puede dar una mirada a la vida de la comunidad mexicana en Los Ángeles y su nostalgia por las costumbres y comidas nacionales, a la que se ofrecían una “Casa Funeraria Mexicana Católica”,17 “Lonches para Trabajadores” y “Comidas Netamente Mexicanas”,18 la posibilidad de escuchar “programas en español, por la estación KMPC de Beverly Hills,19 deleitarse con “antojitos al estilo del terruño”,20 tener a mano “Hierbas y medicinas mexicanas” recetadas por un “Químico Farmacéutico titulado en México”,21 acudir a la “Farmacia Pacho Botica Mexicana”,22 vestirse en una “sastrería netamente mexicana”,23 ofertas de la joyería “La Azteca”24 y música, discos y partituras para disfrutar de un “repertorio musical mexicano” en la única “Casa mexicana de música mexicana para los mexicanos”.25 También se ofrecían servicios en los que se aseguraba respeto y consideración al mexicano, como el que promocionaba el Union State Bank de Chicago: “El Banco en que los mexicanos son mejor tratados y más bien atendidos y donde encuentran las mejores facilidades para enviar dinero a México”.26 Esta pequeña muestra de los avisos que apelaban a la identidad y la nostalgia, nos ofrece una mirada a la vida cotidiana de la comunidad mexicana en California en la década de 1930, ya que nos habla de necesidades como el acceso al ritual funerario católico en un país de tradición protestante, servicios bancarios que los respeten y consideren, así como el acceso a los sabores y productos que ya no eran de fácil acceso, sino que se habían convertido en “antojitos al estilo del terruño”.

Detalles y eventos de todo tipo podían servir a La Esperanza para exaltación de una “raza mexicana”, que nunca se definía concretamente, pero que se entendía claramente como aquella que ponía en alto los valores hispanos y católicos. La visita de un equipo mexicano de fútbol universitario, incluso en la derrota frente al equipo del Occidental College de Los Ángeles, era exaltada porque “mantuvieron muy alto el prestigio de la raza por su valor e hidalguía”.27 Al cumplir un año de publicación La Esperanza celebró la construcción de la Escuela Parroquial de San Antonio, Texas, la que calificó como un orgulloso monumento en “pro de la Raza Mexicana”,28 debido en gran medida a la congregación claretiana que “¡Tanto es el interés que se han tomado siempre por la esclarecida raza mexicana!”.29 Por otra parte, los riesgos de degeneración llamaban a una actitud alerta para que los mexicanos no tuvieran que “resignarnos estoicamente a la inferioridad del sino, dando la sensación de una raza caduca y soñolienta”.30 Ya sea como distinción o peligro, la raza estaba siempre presente.

ANTILIBERALISMO E HISPANISMO

En las páginas de La Esperanza alienta un profundo temor por el curso moral y espiritual del liberalismo, así como por las tendencias propias de la secularización. Se trataría de los “tres monstruos (…) la ignorancia religiosa moderna, la ciencia sin Dios y el libertinaje sin freno y sin ley”.31 La ciencia sin Dios era fundamentalmente el darwinismo y la evolución, ya que implicaban un ataque directo a las ideas sobre creación de origen divino y al lugar de la especie humana en el cosmos. Para La Esperanza “los ateos de la ciencia” apenas podían encontrar terreno firme ya que:

[…] primero afirman, y luego buscan desalados entre los pueblos más abyectos, alguno que no crea en Dios, lo que no se ha logrado todavía encontrar, y se meten en los bosques tropicales, para dar con el tipo del mono que en su parecido con el hombre pueda ofrecer sostén a la evolución de las especies, que ni aun así llegarían a probarnos. ¡Pasmaos! ¡Qué saber! ¡qué ciencia! ¡qué lógica la de esos sabios! ¡Contra la afirmación constante de los hombres y de los siglos, contra la sentencia unánime de los sabios y de la Iglesia, no poder aducir el testimonio de un pueblo ni el tipo perfecto de un mono siquiera! ¡Este es tu apoyo oh pobre diablo! que piensas no necesitar de la Religión, porque tienes llenas las trojes de grano o de artículos de comercio tus tiendas.32

En el ámbito político, la “sociedad atea” también participaba del panorama general de desastre ya que en ella “las más densas tinieblas sobre la propiedad y el capital oscurecen siempre el horizonte de una sociedad sin Dios; y el fin más desastroso ha sido el resultado de los principios socialistas, pervertidos en su genuino significado por una mente descarriada y un corazón ambicioso”.33

Así, en un derrotero de degeneración y decadencia, el liberalismo había conducido al socialismo, en un contexto que además promovía la ciencia sin dios, la amenaza al capital y la propiedad. En oposición a este proyecto del mal, La Esperanza promovía un orden religioso y moral en cuyo centro estaba la Iglesia y los fieles, mientras que en el plano estrictamente político se decantaba por la idea de un hombre fuerte y visionario, un idealista dispuesto a la acción; en otras palabras, por alguna forma de dictadura nacional católica o directamente por el fascismo. El hombre fuerte, el visionario dispuesto a la acción, podía ser un “átomo perdido en el infinito del conglomerado social”, pero, según La Esperanza estaba provisto de “una fuerza latente poderosa, y dotado está de una atracción tan simpática y cohesiva: que todos a él se arriman y a sus órdenes se colocan, convirtiéndose él entonces en una palanca de fuerzas vitales, que de todos se sirve y a todos los encumbra, verificando el milagro del engrandecimiento de los pueblos”. ¿A quiénes se podía nombrar como buenos ejemplos de estas personalidades? “Napoleón, Mussolini, Primo de Rivera, todos los santos: son gallardos botones de muestra”.34

Esta admiración por el gran hombre como articulador de una política de organicismo social queda en evidencia al constatar la continuidad de la presencia de Benito Mussolini en las páginas de la revista, siempre con un tono de admiración. En la sección “Mundo Gráfico” se muestra el proceso de construcción del “FORO MUSSOLINI, parcialmente terminado, [que] será el más grande del mundo”35 y en el mismo número vemos al Duce condecorando a la viuda de un capitán de ejército.36 El matrimonio de su hija con el conde Ciano es abordado con fotografías y la mención a que “El dictador prohibió todos los regalos públicos a la novia”.37 Tras un terremoto, se reporta su acción humanitaria y de buen gobierno: “El premier Mussolini, en el círculo, ha tomado inmediatamente todas las medidas necesarias para salvar la zona afectada por el terremoto en Italia”.38 Su porte bélico inigualable es destacado: “El Premier Mussolini (...) marcha a la cabeza de las tropas con su aire marcial característico que sus soldados tratan de imitarle”;39 al tiempo que su permanencia en el poder es celebrada como acontecimiento mundial: “En el mismo balcón del Palacio Venecia, desde el cual, hace diez años, pronunció un discurso que se oyó en todo el mundo, el premier Benito Mussolini aparece durante la celebración del décimo aniversario de la marcha sobre Roma”.40 Tampoco faltaron alusiones a su carácter amable y cercano, como en la escena fotografiada cuando “el Duce visitó los alrededores de Florencia, dijo un chiste a los campesinos, que éstos celebraron con carcajadas”41 . Por su parte, a fines de al año 1930, la aparición de Hitler y su plana mayor nacionalsocialista en la política alemana son mostrados con neutralidad, aunque bajo la denominación de “partido fascista alemán”, lo que en el contexto de La Esperanza resulta algo más bien positivo.42

Una forma particular de autoritarismo y racismo presente en La Esperanza está dada por el Hispanismo, que ya describimos en sus contornos ideológicos básicos. Así, podemos encontrar en sus páginas declaraciones de admiración por la “Gran Raza” que trajeron a estas tierras las tres carabelas de Colón, “una gran raza sin fronteras espirituales”, unificadora de “una sola patria sin fronteras territoriales”, con potencial necesario para una utopía futura de la confederación de naciones hispanoamericanas, en que “todas irán regidas por su legítimo jefe y gobernadas por leyes propias, y acatando toda una suprema autoridad arbitral. Conservando cada una sus fronteras territoriales, nos miraremos como hermanos y de casa, sin extranjerías, sin odios, ni rencores. Formaremos la gran confederación de la humanidad, y empuñaremos la hegemonía del mundo en todos los órdenes de cosas. ¡Será el triunfo definitivo de la raza!”.43 Al rescatar el hispanismo se aprecian dos espacios. Por una parte, la utopía organicista católica en que los diferentes organismos y corporaciones son arbitrados por la suprema autoridad de la religión encarnada en la Iglesia Católica. Por otra parte, se trataría de un empeño por definir la mexicanidad, o la Raza Mexicana, en “referencia a una herencia cultural enraizada en la conquista y la colonización [que] permitía contraponer un mestizaje dominado por lo criollo a un mestizaje dominado por lo indígena y lo prehispánico”.44

EMPRESA MISIONAL Y CIVILIZADORA EN LA ESPERANZA

Como ya se comentó, La Esperanza no es en sentido estricto una revista misional; sin embargo, dada su administración por parte de la congregación claretiana, el mundo misional tiene en ella una presencia importante. De la extensa presencia de los claretianos en el contexto misional, la revista dio especial importancia a la presencia en China, Guinea Ecuatorial, Colombia y Panamá, con abundante material testimonial y fotográfico.45 David Díaz Baiges sugiere que trabajar historiográficamente con estos soportes impresos tiene importancia para comprender las formas en que se construía el ideario occidental cristiano frente a los otros que vivían en las periferias geográficas y simbólicas de la civilización.46 El ánimo misionero en La Esperanza se inscribe en la ideología de la misión civilizadora de la cultura occidental que acompañó las empresas coloniales europeas desde la segunda mitad del siglo XIX. Lo que encontramos en esta revista es una versión proyectada al siglo XX de la pesada “carga del hombre blanco”;47 es decir, una pesada y riesgosa responsabilidad civilizadora en relación con quienes comparten la doble marca de infieles y salvajes. Los testimonios misionales suelen referirse a “nuestros indígenas”, frente a los cuales tenían la responsabilidad de desarrollar las instituciones con una “completa organización y desarrollo [que] es nuestro ideal, porque tiene que ser y porque esa es la voluntad de la Iglesia, a cuya realización trabajan los pueblos cultos de Europa, que se preocupan de la redención espiritual de los pueblos”.48

En este contexto, los misioneros y misioneras son vistos como parte de una vanguardia civilizadora, sometida a riesgos y desventuras sin número. Allí va el misionero, “emprende largas jornadas, cruza los mares en frágiles navecillas, vadea las corrientes de los ríos en donde el caimán acecha a su víctima, traspasa montes y cordilleras, penetra en la espesura de las selvas donde tienen su guarida el reptil ponzoñoso, el león, el tigre y el leopardo, y con pie ensangrentado por la maleza del camino sigue sin desmayo en busca de un corazón más en que prender la llama del amor a Jesús”.49 Frente a los fatuos de la vida moderna y sus afanes, los misioneros y misioneras van en la avanzada del lado de la luz: “vestidos de sayal, lo han abandonado todo, lo han dado todo, no viven para sí, viven para los demás. Aquellas mujeres, de rostro sereno y mirar tranquilo, dulces y amables, son las hijas de la caridad cristiana. Los que las siguen, formando legión, son los heridos que han curado; los enfermos que han cuidado; los niños que han recogido; los ancianos que viven en sus asilos”.50

La literatura especializada en la historia misional ha caracterizado a la primera mitad del siglo XX como un momento en que se vive un segundo impulso misionero, también llamado el renacer de las misiones y que fue un fenómeno a escala mundial. El impulso misional se ve alentado por la conciencia de un mundo extenso, conquistable, accesible no sin dificultades; cartografiado, sí, pero no necesariamente evangelizado. La amplitud del desafío y de la oportunidad que se abría al evangelio era enorme. El cronista de La Esperanza presentaba cifras de prueba en base a un contexto mundial “Unos 1895 millones de hombres lo pueblan [al mundo], de los cuales solamente 300 millones pertenecen a la Iglesia verdadera; de los restantes, más de 1053 millones son todavía infieles o paganos, quedando los otros millones distribuidos entre judíos, herejes, cismáticos e irreligiosos”,51 y luego llamaba a orar en por la conversión de los infieles de China, Japón, Indochina, Indostán, Persia, Turquía, África, Oceanía. Ante los ojos de la pasión misionera lo que se desplegaba era el mundo y una geografía humana a la que se debía salvar y civilizar.

Aunque se trataba de una campaña esencialmente religiosa, el esfuerzo misional estaba conectado con las fuerzas de la modernidad a través de la tecnología y la ciencia. Por una parte, el mundo moderno ponía herramientas modernas en sus manos, como el cine y la prensa, para fortalecer su trabajo. Por otra, el misionero mismo era un agente científico que cartografiaba, registraba, hacía etnología y fotografiaba mientras evangelizaba. Sobre este aspecto tecnológico y científico, La Esperanza comunicó a sus lectores un esfuerzo de los misioneros norteamericanos del Verbo Divino Simon Buick y Pedro Bell “para dirigirse hacia las Indias Orientales Holandesas, con el fin particular de impresionar películas cinematográficas de misiones católicas, con miras a modernizar e intensificar la propaganda misional”.52 Los mencionados eran graduados del Instituto de Cinematografía de Nueva York y llevaban más cinco años preparando la expedición misional y cinematográfica. Junto al esfuerzo por modernizar la propaganda misional, el proyecto de los padres también era visto como la continuidad natural de la “la tradición científica del Instituto de la Sociedad del Verbo Divino”. En ese sentido, señalaba La esperanza que:

Por medio de afanosos descubrimientos y preservando cuidadosamente para la posteridad las huellas y pruebas de una civilización exótica tan perfectamente desarrollada como la de cualquier raza oriental, los Padres Buick y Bell están haciendo lo que sus hermanos de hábito vienen llevando a cabo con la raza, casi desaparecida, de los Pigmeos en el África, con el hombre anterior a la edad de piedra de la Tierra del Fuego y las tribus llamadas del Orang-Outan de Malaca y Sumatra.53

Así, a través del cine, la etnología quedaba unida a la misión cristiana, siguiendo una tradición misional de largo aliento en la que primaba una perspectiva de superioridad racial en relación con los pueblos considerados primitivos.

Otra crónica de La Esperanza desarrolló aún más la perspectiva científica al interior del misionalismo, señalando que prácticamente “no hay construcción alguna científica que por su propio honor, no levante alguno de sus más vistosos pabellones a costa y en el recinto de la Misiología cristiana”.54 El cronista alegaba que tras los fundamentos filosóficos y teológicos “del monumental edificio científico misional”,55 se ponían bloques “de Psicología, Etnografía, Filología, y Glotología, Geografía, Medicina, Historia eclesiástica y profana, etc.”.56 Citando fuentes del campo misional el cronista señalaba que, entre otros temas fundamentales para la ciencia, las misiones estaban contribuyendo a “la historia de las religiones, el estudio de la mentalidad primitiva, la noción de Dios en las razas primitivas”, “la Etnología comparada como fuente del conocimiento histórico del desarrollo de la idea de Dios en los pueblos” y “la contribución de las Misiones en pro de la cultura de las razas bárbaras”.57

Como se desprende de los ejemplos anteriores, la perspectiva civilizadora estaba saturada de racismo. Si bien se rescataban valores de las razas indígenas, estas eran siempre inferiores a la europea y los pueblos no occidentales aparecen por definición como parte de un mundo primitivo, salvaje, bárbaro, cuyo registro es urgente en vistas a su desaparición. Por cierto, la misión cristiana fue un elemento clave en el desarrollo de la etnología y la antropología del siglo XX y compartía con estas disciplinas unas bases racistas ancladas en la antropología positivista de la segunda mitad del siglo XIX.58 Algo similar puede decirse del impulso civilizador anclado en la superioridad europea y que en La Esperanza no muestra fisuras o dudas tras la conmoción de la sociedad occidental en la Primera Guerra Mundial. Volvamos a subrayar que la congregación claretiana tenía un espíritu misional superlativo y se sentía continuadora de la obra de “España, la madre de grandes naciones, que ha sido la primera en civilizar y cristianizar”.59 Su obra misionera quedó plasmada en La Esperanza en un recuento de dimensiones globales. Primera misión exitosa en Argel, establecida en 1869. Una segunda misión africana en la Guinea continental e insular española, establecida en 1883 “en medio de razas salvajes”.60 Una misión en la región colombiana del Chocó, iniciada en 1908, la que se realizaba “por selvas impenetrables, de clima cálido, malsano y enervante, sin caminos, ni vía alguna de comunicación”.61 Esta crónica daba cuenta de la administración de miles de bautismos, matrimonios, ritos funerarios; cientos de parroquias, escuelas, hospitales e industrias fundadas y millones de kilómetros cuadrados de extensión integrados a la iglesia y a la civilización. Tanto “en las selvas chocoanas lo mismo que en las ecuatoriales del África Occidental nuestros Misioneros han trabajado incansables en la apertura de caminos, en la construcción de aguas potables, etc., etc., yendo siempre en primera fila en todo cuanto reza con el progreso y adelantamiento no solo moral sino también industrial y económico de los pueblos”,62 señalaba La Esperanza.

El mundo misional representado en la revista parece estar siempre en un proceso de construcción del otro. Un soporte habitual de esta mentalidad es la fotografía misional, relativamente bien estudiada en distintos contextos.63 De hecho, sabemos que la fotografía fue un denominador común de la prensa misional y que llegó a tener un cierto carácter indispensable, ya que como ha señalado Díaz Baiges, a través de ellas el lector podía observar “en directo” la naturaleza y los habitantes con que tenían que luchar los misioneros e incluso acceder al testimonio de su transformación de salvajes a civilizados. En el caso de La Esperanza podemos encontrar una multitud de imágenes con sus respectivos pies de lectura, en los que se induce esa perspectiva. Ante una joven indígena de la región de San Blas, Panamá, vestida a la usanza de su etnia (figura 2) se afirma que “en breve abrazará la religión católica”, aludiendo a que pronto abandonará la apariencia propia de la barbarie.64 Algo similar ocurre con la imagen de mujeres de la isla de Narganá (figura 3), que se describen como “aún no catequizadas, que ostentan el tabique nasal perforado, (aun en las niñas). Las mujeres catequizadas ya no se perforan el tabique nasal y viven como gente civilizada”.65 Otra imagen llevaba una lectura en esta misma dirección “Las Chinas Católicas no venden a sus hijos”.66

Otra cara distinta de la misión civilizadora misional es la labor educativa realizada alrededor del mundo, sobre la que se puede criticar directamente lo siguiente: se trata casi siempre de rescatar al indígena, extirpándole lo indígena, provocando lo que Matthew Lange ha denominado un genocidio cultural.67 La crónica de La Esperanza entregó números colosales de esta tarea educativa:

Las escuelas de oraciones suben a 20,247, con un total de 500,983 alumnos. Las escuelas primarias rebasan la cifra de 20,878 y su número de alumnos asciende a 1.123,397. Las escuelas de oficios son 462, con 19,964 matriculados. Las escuelas superiores no bajan de 1,018, contando 153.748 discípulos. Las Universidades son 8 y 4,732 los que frecuentan sus aulas. Todo ello nos da un coeficiente de 42.613 centros de cultura sostenidos por los Misioneros, a los que corresponde 1.802.824 alumnos. Labor admirable.68

Figuras 2 y 3 “Espíritu Misionero”, La Esperanza, 12 de enero y 11 de mayo de 1930, pp. 32 y 424. 

DISCIPLINAR A LA MUJER

Uno de los aspectos más sensibles y preocupantes para la dirigencia católica en las primeras décadas del siglo XX fue observar la forma en que las mujeres adquirían nuevos roles y diversificaban el ámbito de sus posibilidades de realización. Su preocupación principal estaba en torno a lo que se juzgaba como efectos perniciosos para la institución familiar cuando las mujeres tomaban un camino diferente al de madres y esposas, que se suponían condicionado tanto por la sana moral como por la naturaleza y sancionado como un deber por la religión. Así, los esfuerzos por demostrar el carácter malvado de ciertos aspectos de la vida moderna, en contraste con el carácter bondadoso de lo que dictaminaba la moral católica, abundan en la revista.

La Esperanza estaba indudablemente comprometida con esta cruzada de disciplinamiento de la mujer. Si en un film se mostrara la visión radiante y feliz de la humanidad, ahí encontraríamos, según la revista, a “las doncellas castas, las mujeres honestas, las madres sacrificadas, las casadas perfectas”.69 En contraste con este programa básico para la mujer basado en castidad, matrimonio y maternidad, el programa moderno surgido al amparo de la Revolución Mexicana no podía sino ser el de un destino trágico, malvado. El cuento “Escuela sin Dios” es ilustrativo en este sentido y aporta alguna información relevante para comprender las formas de sociabilidad laica surgidas en las elites mexicanas. El cuento relata las trayectorias paralelas de dos primas, Consuelo y Julia, ambas criadas en un ambiente católico, del que Julia se separa cuando su familia asciende socialmente por su adhesión al programa revolucionario. Desencantado de la Iglesia Católica, el padre de Julia la matricula “en un colegio protestante, y después en una academia de ideas avanzadas” y así “como lo deseaban los papás, la hija se formó en los troqueles del “libre pensamiento”. Pasados unos años las primas vuelven a encontrarse y Julia, que ha tenido la educación laica, comenta a su prima que:

Yo voy adelantando mucho; sé matemáticas, música, pintura, taquigrafía, física y química, botánica y geología. El “sport” me encanta; ya ves como dirijo yo misma mi “Cadillac”. En los concursos de natación obtuve los primeros premios. Ahora estoy aprendiendo esgrima y muy pronto seré protagonista de una emocionante “film.” Voy al cine, al “Dancing”, las tandas de la Condesa, los “meetings” bolcheviques y las tenidas de espiritismo. Sobre todo soy un “espíritu fuerte”. No me importan escrúpulos de conciencia, no paro un pie en los templos que parecen ruina de estupidez, fanatismo e ignominias.70

Julia está en lo alto de la sociedad posrevolucionaria y disfruta de un modo de vida al parecer tan consumista como politizado y dentro del que el espiritismo ha tomado el lugar de la religión católica, reducida a ruina. Al cumplir los 30 años, Consuelo era esposa y madre “de tres niños simpáticos y robustos que eran la delicia del hogar. Luis, su esposo, la adoraba. Vivían gozando de una tranquilidad envidiable”; Julia, en cambio, estaba sumida en la catástrofe, engañada, sola y sin poder soportar lo que describe en una carta a su prima como “esta vida sin creencias y sin esperanzas; esta vida réproba de escepticismo y de mutuos engaños”. Finalmente, Julia sucumbirá al mal “yo me iré con el diablo”,71 le confiesa a su prima, y se suicida. El personaje de Julia aparece ante el lector como la “mujer nueva”, que vive de acuerdo a un mundo cultural laico y moderno, atenta a modas y formas de sociabilidad que nada tienen que ver con la figura subordinada, casta, silenciosa, maternal del ideario católico e hispanista. Como ha señalado el mismo Guerra Manzo, son estas nuevas formas de sociabilidad, finalmente, las que tendrían en vilo a la iglesia con el correr del siglo: “más bien serían las modas, los medios de comunicación, el cine, teatro, bailes y música, las principales fuentes secularizadoras que a partir de la década de 1940 mantendrían a la Iglesia muy preocupada”.72 Así, más allá del melodrama didáctico, resulta interesante como el cuento releva los eventos de moda para la nueva sociabilidad posrevolucionaria: los deportes, el cine, los autos, las reuniones políticas, el espiritismo.

El ideal de comportamiento femenino alentado por La Esperanza apuntaba hacia una vida de recogimiento, sacrificios, devoción. Por ejemplo: en “La joven virtuosa”, un clásico ramillete de mandamientos, se ofrecen normas adecuadas; la joven virtuosa “frecuenta los sacramentos”, “practica el sacrificio y la mortificación”, “no consiente intimidades con los jóvenes por buenos que sean”, “no lee jamás libros malos, novelas pasionales ni folletos peligrosos” y “se conoce por su sencillez en el hablar y en el vestir”.73 La aversión a las modas “incitantes y lascivas” era especialmente recomendada ya que “conviene que las mujeres se vistan de un modo sencillo y decente, y que sus mejores adornos sean el pudor y la modestia. Devotas del demonio son cuantas visten según la moda escandalosa, y no solamente faltan ellas, sino también los padres o esposos que lo permiten”.74 Cediendo a los encantos de la moda “la mujer se convierte en embajadora y emisaria de Satanás. Se sirve de ella para trasladar a la calle, a la plaza pública, y a la vida corriente, la inmoralidad e inmundicia que corrompen el teatro, la novela, el cine y el trato social”.75 En cada pliegue de tela que revelaba la carne, estaba el mismo demonio.

Finalmente, junto a la moda, el cine, la novelas, el espiritismo, el librepensamiento, los deportes y otros males de la ciudad moderna, otra gran amenaza para el rol tradicional de las mujeres los constituía la posibilidad de llevar una vida autónoma; es decir, la misma idea de modernidad en la que sujetos y sujetas pueden luchar por su anhelos y auto construirse. La fábula presentada a este respecto resulta amarga. Su título es “Victoria es libre” y presenta la historia de Victoria, una mujer parte del servicio doméstico de una acomodada familia tradicional, a quien una vecina le incita “¿Cuánto ganas? Qué poco ganas. Eres una esclava, careces de libertad. No puedes ir ai teatro, ni al cine, ni a ... Es ridícula esa toca, ese delantal. Tú necesitas ganar más, mucho más; vestir mejor, sentir el placer de tu libertad, de disponer de tí”. Victoria hace suyas tales ideas y busca empleo en una notaría en la ciudad, en la que “pasaba el día dándole al teclado” y “hasta el sitio que ocupaba estaba expuesto a todas las corrientes de aire”. El sueldo del mes era tan solo de cien pesetas y al final “eso le costaba la pensión: mal alimentada y peor vestida. Antaño no era así: sus vestidos de lana le abrigaban bien y eran regalo de su ama. Comía abundante y nada le costaba la comida. Al final del mes podía ahorrar su soldada. En cambio ahora… ¡Libertad, libertad querida!”.76 El cuento, en este final triste, ponía en alto el servicio doméstico y como algo humillante el salario por un trabajo profesional.

AMERICAN WAY OF LIFE

Como hemos visto, La Esperanza se había impuesto, entre otras, la misión de atender a la comunidad católica mexicana en Los Ángeles, California. Los editores de la revista asumían que entre las formas más apropiadas de atender a esa comunidad estaban el culto mariano, el cultivo de una identidad y de una raza mexicana, los valores de la familia tradicional, el disciplinamiento de las mujeres y la defensa de la religión frente a los ataques liberales y secularizadores. Todo ese conjunto entraba en armónica relación con la propaganda sobre las misiones claretianas en China, África y América Latina. Sin embargo, la revista prometió desde su primer número que estaría “profusamente ilustrada”. La paradoja esencial de esta singular revista queda de manifiesto al analizar como un discurso paralelo y con su propia coherencia el abundante material gráfico que contiene. Si bien es cierto que nunca faltaron en el corpus revisado las imágenes de templos y parroquias de la geografía mexicana, ilustraciones piadosas de la Virgen María, la crucifixión de Jesús, el Sagrado Corazón y los retratos del Papa y prelados ilustres, el material gráfico sobre los desafíos, bondades y retos estimulantes del american way of life tiene un peso enorme.

Se trata de una contingente vasto de material, imposible de resumir aquí, en el que alienta la fascinación por la tecnología, la industria, la modernización de las comunicaciones, los eventos masivos, los récords de todo tipo, las exploraciones y las hazañas personales. En especial, la revista despliega un interés por las promesas futuristas albergadas en los dirigibles y la aviación civil. Y todo ello protagonizado hombres y mujeres estadounidenses o europeos y en espacios urbanos de Estados Unidos y Europa. Allí, sugerimos, al mexicano y mexicana no le cabían sino la admiración y la maravilla, si es que no un sentimiento de inferioridad. Por otra parte, se trata de un canto de amor a la ciudad, la ciencia, la individualidad heroica que no ensambla de manera armónica con el mensaje conservador relativo a los roles de género, la familia y la política. Veamos algunos ejemplos seleccionados, insisto, dentro de un corpus que por sí mismo requeriría un tratamiento de otras dimensiones y que escapa a las posibilidades de un artículo.

La posibilidad de que las mujeres emprendieran desafíos personales e incluso rompieran récords se refiere en la fotografía de Juanita Ann Rowell “quien trabajará de establecer un nuevo récord de salto en paracaídas para mujeres”77 y en la hazaña de “Mademoiselle Lena Bernstein, quien batió el récord de permanencia en el aire, durante un vuelo sola, estableciendo una nueva marca muy difícil de alcanzar, de más de 35 horas”.78 Las mujeres jóvenes también son destacadas en el ámbito de las hazañas, como “Miss Francés Rees, de 18 años, después de aterrizar en su salto en paracaídas desde 14.800 pies, intentando batir el récord mundial femenino (...) Este ha sido el quinto intento de Miss Rees en un año” (figura 4).79 También se destaca a la heroína popular de la aviación “La Srta. Amelia Earhart, una mujer voladora del atlántico y poseedora del récord de velocidad aérea para mujeres, llega a Long Beach, California, a prepararse para la competencia del vuelo nacional para mujeres”.80

Son mujeres que viajan solas, desafían los límites del tiempo y del espacio y viven en el gran mundo, como “Lady Mary Heath, notable aviadora irlandesa, retratada a bordo del vapor Amsterdam al embarcarse para París, en donde permanecerá durante algún tiempo”.81 Otras mujeres se destacan por logros intelectuales, como “La señorita Estela Agramonte, la primera mujer de Cuba que tiene una cátedra en la Universidad. Enseña Historia de Cuba en la Universidad de La Habana”.82 También hay espacio para la belleza y el espectáculo, como en la fotografía publicada de “Marquita Nicholi, elegida por la Asociación de Rancheros como la vaquera más hermosa, llega a caballo desde Alburquerque a Nueva York, cubriendo las 1.200 millas en 77 días, con un término medio de 35 millas diarias. Allá la espera un premio de $5.000 dollars”.83 Cómo resulta evidente, esta celebración de la individualidad, independencia y arrojo femeninos resulta totalmente contraria a la promoción de una figura femenina que rechaza la moda, todo lo moderno, los teatros y cines y se consagra a la vida familiar y doméstica en su rol de cuidadora y piadosa administradora doméstica.

En el caso de los aviadores y sus hazañas trasatlánticas, los ejemplos pueden alcanzar un centenar de reportes en el periodo revisado para este trabajo. En ellos, junto al valor y la técnica, aparecen las colosales dimensiones urbanas y de la sociedad de masas (figura 4), como en la nota sobre un evento en Chicago, en el que “Mientras los aeroplanos desfilaban formados en el aire, un desfile monstruoso recorrió las calles de Chicago el día 23 de agosto, con motivo de la inauguración de las carreras aéreas”.84 Las hazañas masculinas en la aviación incluyen los vuelos trasatlánticos y conexiones impensadas como Roma-Tokio. El dirigible, en la cúspide de su popularidad, es fotografiado en múltiples oportunidades y en escenarios urbanos espectaculares como en la foto del número 44 de la revista, que muestra como “El gigantesco dirigible americano, “Los Ángeles”, se mece majestuosamente sobre los rascacielos de Nueva York, acompañado de dos pequeños globos de la Marina” (figura 5).85 Lo que La Esperanza muestra a través de este relato construido con cientos de fotografías en el curso de un año, es un relato de modernidad, progreso, ruptura con los límites espaciales y geográficos tradicionales impuestos a la naturaleza humana. Es una puesta en escena de un proyecto prometeico, secular, basado en el poder de la ciencia y la tecnología, a través del cual hombres y mujeres rompen los “récords” y saltan desde altitudes inconmensurables, conectan continentes, se sumergen en multitudes urbanas y re afirman la voluntad y la creatividad humana, actividades que no parecen armónicas con las prescripciones higiénicas de la misma revista, que recomendaba “No codiciarás la vida de la ciudad porque enerva el cuerpo e inquieta el espíritu”.86

Figura 4 “Alrededor del mundo”, La Esperanza, 14 de septiembre de 1930, p. 866. 

Figura 5 “Mundo gráfico”, La Esperanza, 2 de noviembre de 1930, pp. 1028-1029. 

CONCLUSIONES

Como publicación semanal dirigida especialmente a la comunidad católica mexicana residente en Los Ángeles, California, La Esperanza presenta particularidades que importa destacar. En primer lugar, resalta su carácter transnacional. Dedicada a atender una comunidad en diáspora en Estados Unidos, se intenta afirmar a través de la revista la identidad mexicana, el idioma castellano y los valores morales y civilizatorios de la Iglesia Católica. Ello en un país protestante, de lengua inglesa y con una relación llena de tensiones y problemas con el vecino al sur del Río Grande. La comunidad mexicana, si bien no tiene su propia voz dentro de la revista, aparece en las formas en que se le propone vivir y consumir. Puede contar con funerales católicos, comer añorando el terruño, sociabilizar gracias a la música mexicana y mantener en cada uno de estos posibles actos una continuidad con la patria, o según La Esperanza, con la Raza Mexicana. En el aspecto religioso, la devoción mariana aparece como el elemento más significativo de la religiosidad católica mexicana. Por otra parte, la experiencia de la Iglesia Católica desde la irrupción del liberalismo en el siglo XIX y las tensiones en el México posrevolucionario, nutren un pensamiento político antiliberal, que termina por decantarse por el fascismo y el hispanismo, ideologías en las que alienta la idea de un hombre fuerte en torno al cual la sociedad puede volver constituirse como un gran organismo social, idealmente regulado por la autoridad moral de la Iglesia Católica. Consideremos también lo señalado por Beatriz Urías Horcasitas en el sentido de que “el conservadurismo hispanófilo mexicano no fue una corriente homogénea” y tomando su propuesta lo que La Esperanza expresa es un sector, diferente a otros que tendían algunos puentes con el liberalismo, que ella llama la “ortodoxia católica antiliberal, antimoderna”.87 Otro pilar de La Esperanza es el proyecto misional civilizatorio, a cuya propaganda la revista dedica una parte importante de su contenido. Si bien no podemos, ni corresponde al propósito de este artículo, juzgar las misiones en sus resultados o en forma retrospectiva, si es posible dejar constancia del racismo en el que se enmarca la representación de las misiones, dando continuidad a la idea de una responsabilidad por parte de los pueblos cultos y avanzados –los europeos– por civilizar y redimir a los pueblos primitivos y salvajes. La importancia del modelamiento del comportamiento de las mujeres en la recuperación y fortalecimiento de una sociedad organizada en torno a los valores de la religión católica era considerada fundamental. Los esfuerzos de La Esperanza en torno a este proyecto son importantes y apuntan en las dos direcciones, tanto hacia el valor de la madre y esposa virtuosa, como en la tragedia demoníaca de la mujer moderna, como demuestra este trabajo. Por otra parte, la visión de una mujer heroica y moderna se ofrecía constantemente a la comunidad lectora, instalando una contradicción entre imágenes y discurso impreso.

Este complejo horizonte temático estaba inscrito en el formato magazinesco de la revista, que acogía en cualquier lugar de su contenido, fotografías y textos que transmitían el embriagador curso de la modernización a través de las hazañas de la aviación, el milagro técnico de los dirigibles, el afán prometeico de hombres y mujeres por ir más lejos, más rápido y más alto, creando un contra discurso visual que ponía en tensión el contenido programático de la publicación. La Esperanza tuvo una vigencia de 25 años y con este trabajo esperamos poner en valor, con todas sus tensiones y particularidades, el primer tramo de su existencia, intentando ofrecer a la comunidad historiográfica y a los mexicanistas un aporte particular y discreto a lo que es un ya un vasto campo temático y disciplinar. Junto con el análisis temático, esperamos que este trabajo nos permita repensar las formas actuales de la crisis. Pensando historiográficamente sobre esta revista católica estadounidense dedicada a la comunidad mexicana en California, es posible rescatar algunas reflexiones sobre los fenómenos migratorios y sus historias de larga duración, las comunidades en diáspora y su vida cotidiana, las formas del pensamiento católico conservador, la genealogía de los cuestionamientos a los roles de género en el patriarcado, las tensiones entre diferentes horizontes de expectativa y relatos de futuro en tiempos de crisis, entre otros temas.

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Notas

2El mismo ALARCÓN presenta un gráfico que da cuenta de este dato, véase “U.S. Immigration Policy”, p. 194. También Fernando Alanís da una visión sobre el marco legal de la migración y repatriación en la Constitución de 1917. ALANIS, “La Constitución de 1917”, pp. 205-227, Para una visión sintética y de conjunto sobre el tema, véase también DURÁN, Historia mínima de la migración México-Estados Unidos.

4“A nuestros lectores”, La Esperanza, 3 de noviembre de 1929, p. 3.

5“A nuestros lectores”, La Esperanza, 3 de noviembre de 1929, p. 3.

6Datos de la crónica oficial de la congregación en www.claret.org.

11“La Esperanza”, La Esperanza, 3 noviembre de 1929, contraportada.

12El historiador chileno Manuel Loyola señala que el período de vigencia de la “Buena Prensa” abarca desde inicios del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. En su trabajo hay una excelente explicación genealógica sobre secularización, liberalismo y “Buena Prensa” en el contexto europeo y español, LOYOLA, “La Iglesia Católica de Chile”.

14PI, ENRIQUE, “Glosas Pedagógicas”, La Esperanza, 19 de octubre de 1930, p. 970.

15“Sección Mariana”, La Esperanza, 3 de noviembre de 1929, p. 6.

16“Por México”, La Esperanza, 3 de noviembre de 1929, p. 15.

17“Álvarez y Moore”, La Esperanza, 23 de noviembre de 1930, p. 1098.

18“Arizona Restaurant”, La Esperanza, 7 de diciembre de 1930, p. 1158.

19“Programas en español todos los días”, La Esperanza, 14 de diciembre de 1930, p. 1170.

20“Plaza Café”, La Esperanza, 14 de diciembre de 1930, p. 1170.

21“Farmacia Ruiz”, La Esperanza, 14 de diciembre de 1930, p. 1176.

22“Farmacia Pacho”, La Esperanza, 21 de diciembre de 1930, contraportada sin número de página.

23“López hermanos”, La Esperanza, 21 de diciembre de 1930, p. 1194.

24“La Azteca”, La Esperanza, 23 de marzo de 1930, p. 273.

25“Repertorio, mexicano”, La Esperanza, 2 de marzo de 1930, p. 201.

26“Union State Bank”, La Esperanza, 28 de diciembre de 1930, p. 1234.

27“Los deportistas de la Universidad de México”, La Esperanza, 19 de octubre de 1930, p. 986.

28“En pro de la Raza mexicana”, La Esperanza, 28 de diciembre de 1930, p. 1227.

29“En pro de la Raza mexicana”, La Esperanza, 28 de diciembre de 1930, p. 1227.

30“16 de Septiembre”, La Esperanza, 14 de septiembre de 1930, p. 849.

31“Una Estatua”, La Esperanza, 9 de marzo de 1930, p. 220.

32PI, ENRIQUE, “Para qué necesito la religión”, La Esperanza, 20 de abril de 1930, p. 349.

33“La religión y el obrero”, La Esperanza, 6 de julio de 1930, p. 613.

34“A ser grandes!”, La Esperanza, 26 de octubre de 1930, p. 1012.

35“El foro Mussolini”, La Esperanza, 27 de abril de 1930, p. 381

36“Benito Mussolini, Premier de Italia”, La Esperanza, 27 de abril de 1930, p. 382.

37“La hija del Duce contrae matrimonio”, La Esperanza, 11 de mayo de 1930, p 434.

38“EL Premier Mussolini”, La Esperanza, 10 de agosto de 1930, p. 744.

39“Mussolini arrastra nuevamente el sable”, La Esperanza, 12 de octubre de 1930, p. 964.

40“En el mismo balcón del Palacio Venecia”, La Esperanza, 30 de noviembre de 1930, p. 1132.

41“El Duce visitó los alrededores de Florencia”, La Esperanza, 15 de junio de 1930, p. 556.

42“El estado mayor del partido fascista de Alemania”, 9 de noviembre de 1930, p. 1053.

43“12 de Octubre!”, La Esperanza, 12 de octubre de 1930, p. 945.

45Sobre la instalación de la congregación claretiana en Colombia existe una interesante crónica referida al Municipio de Pereira en Colombia: VARGAS MORALES, Los misioneros claretianos.

47La carga del hombre blanco, en su original “The wihte’s man burden”, es un poema del Rudyard Kipling ampliamente citado como ejemplo de una ideología civilizadora europea relativa a “servir” a “naciones tumultuosas y salvajes; Vuestros recién conquistados y descontentos pueblos, Mitad demonios y mitad niños”.

48“El primer sacerdote indígena de San Fernando Poo”, La Esperanza, 5 de enero de 1930, p. 23.

49“El misionero”, La Esperanza, 23 de marzo de 1930, p. 255.

50“Cuadro de cine”, La Esperanza, 12 de enero de 1930, p. 45.

51“La mies de las almas”, La Esperanza, 31 de agosto de 1930, p. 807.

52“Modernizando la propaganda misional”, La Esperanza, 30 de marzo de 1930, p. 279

53“Modernizando la propaganda misional”, La Esperanza, 30 de marzo de 1930, p. 280.

54“El campo misional”, La Esperanza, 3 de agosto de 1930, p. 711.

55“El campo misional”, La Esperanza, 3 de agosto de 1930, p. 712.

56“El campo misional”, La Esperanza, 3 de agosto de 1930, p. 712.

57“El campo misional”, La Esperanza, 3 de agosto de 1930, p. 712.

58Para una visión de las tendencias positivistas cargadas de racismo resulta informativo el trabajo de DÍAZ POLANCO, El Nacimiento de la antropología.

59“El Primer sacerdote indígena de Fernando de Poo”, La Esperanza, 5 de enero de 1930, p. 8.

60“La congregación de misioneros hijos del I. Corazón de María y las misiones”, La Esperanza, 19 de octubre de 1930, p. 975.

61“La congregación de misioneros hijos del I. Corazón de María y las misiones”, La Esperanza, 19 de octubre de 1930, p. 976.

62“La congregación de misioneros hijos del I. Corazón de María y las misiones”, La Esperanza, 19 de octubre de 1930, p. 976.

63Para el caso chileno es especialmente interesante el trabajo de PALMA, Fotografías de Martin Gusinde.

64“El grabado representa a una joven indígena habitante de la Isla de San Blas”, La Esperanza, 12 de enero de 1930, p. 32.

65“Unas mujeres de la Isla Narganá”, La Esperanza, 11 de mayo de 1930, p. 424.

66“Las Chinas Católicas no venden a sus hijos”, La Esperanza, 22 de junio de 1930, p. 567.

67LANGE, Matar al otro, p. 161. El mismo Lange discute ampliamente los efectos de las misiones, ya sean protestantes o católicas en la génesis de la violencia étnica del siglo XX.

68“Las obras del misionero”, La Esperanza, 2 de noviembre de 1930, p. 1024.

69“Cuadro de Cine”, La Esperanza, 12 de enero de 1930, p. 45.

70“Escuela sin Dios”, La Esperanza, 9 de febrero de 1930, p. 131.

71“Escuela sin Dios”, La Esperanza, 9 de febrero de 1930, p. 132.

73“La joven virtuosa”, La Esperanza, 16 de marzo de 1930, p. 230.

74“Modas incitantes y lascivas”, La Esperanza, 25 de mayo de 1930, p. 484.

75“Modas incitantes y lascivas”, La Esperanza, 25 de mayo de 1930, p. 484.

76“Victoria es libre”, La Esperanza, 23 de noviembre de 1930, p. 1108.

77“Juanita Ann Rowell, de Washington”, La Esperanza, 3 de agosto de 1930, p. 723.

78“Mademoiselle Lena Bernstein”, La Esperanza, 25 de mayo de 1930, p. 486.

79“Miss Francés Rees”, La Esperanza, 25 de mayo de 1930, p. 483.

80“La Srta. Amelia Earhart”, La Esperanza, 17 de agosto de 1930, p. 757.

81“Lady Mary Heath”, La Esperanza, 31 de agosto de 1930, p. 819.

82“La señorita Estela Agramonte”, La Esperanza, 12 de octubre de 1930, p. 957.

83“Marquita Nicholi”, La Esperanza, 21 de diciembre de 1930, p. 1193.

84“Las carreras aéreas de Chicago”, La Esperanza, 14 de septiembre de 1930, p. 864.

85“El gigantesco dirigible americano”, La Esperanza, 2 de noviembre de 1930, p. 1028.

86“Decálogo de la higiene”, La Esperanza, 14 de septiembre de 1930, p. 862.

Recibido: 15 de Mayo de 2023; Aprobado: 22 de Junio de 2023

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