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Península

versión impresa ISSN 1870-5766

Península vol.20 no.2 Mérida jul./dic. 2025  Epub 09-Dic-2025

https://doi.org/10.22201/cephcis.25942743e.2025.20.2.90725 

Artículos

Entre festivales y huesos. La politización de los rituales mortuorios en México1

Between Festivals and Bones. The Politicization of Mortuary Rituals in Mexico

María Fernanda Apipilhuasco Miranda2 

2 Becaria posdoctoral en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mafera.miranda@gmail.com.


Resumen

En este artículo exploro la politización de los rituales mortuorios en México del caso etnográfico de la ritualidad de limpieza de huesos en Pomuch, Campeche, a través de su patrimonialización y su divulgación masiva en el Festival de Día de Muertos, Pomuch para el Mundo. El objetivo es comprender cómo se tejen las relaciones entre la patrimonialización como un proceso en el que se vincula patrimonio, mercado y consumo, y los rituales mortuorios locales, los cuales se han ajustado políticamente a un discurso e identidad nacional sobre lo mexicano desde el periodo posrevolucionario. En el texto analizo la definición de patrimonialización y cómo ésta se vincula a un proyecto de nación con respecto a actitudes y prácticas mortuorias en México; la historia, actores y conflictos del Festival; la Declaratoria Patrimonial de la limpieza de huesos; y el impacto del Festival en las relaciones de los pomucheños con sus difuntos.

Palabras clave Día de Muertos; rituales mortuorios; patrimonialización; Pomuch

Abstract

In this article I explore the politicization of mortuary rituals in Mexico through the ethnographic case of the bone-cleaning ritual in Pomuch, Campeche, focusing on its patrimonialization and its massive dissemination in the Festival de Día de Muertos Pomuch para el Mundo. The aim is to understand the relationships between patrimonialization as a process linking heritage, market and consumption, and local mortuary rituals which have been politically adapted to a national discourse and identity of the Mexican-ess since the post-revolutionary period, are intertwined. In the text, I analyze the definition of patrimonialization and how it relates to a national project regarding mortuary attitudes and practices in Mexico; the history, actors and conflicts of the Festival; the patrimonial declaration of the bone-cleaning; and the impact of the Festival on pomucheño relations with their deceased..

Keywords Day of the Dead; mortuary rituals; patrimonialization; Pomuch

Introducción

De las múltiples prácticas mortuorias anuales, generalizadas gubernamentalmente como Día de Muertos en México desde hace más de quince años, destaca en medios periodísticos y redes sociales la limpieza de huesos en Pomuch, Campeche.3 Esta práctica se inscribe en un amplio ritual mortuorio de los pomucheños católicos, que consta de dos partes principales: la primera comienza cuando una persona fallece, hasta la exhumación del cuerpo (por lo regular al tercer año de su defunción); y la segunda sucede cuando los restos óseos exhumados se depositan en un osario (cajas rectangulares de madera que se colocan en nichos en el cementerio) y año tras año, durante el mes de octubre, los deudos los limpian y cambian de paño4 o “vestimenta” hasta su total desintegración. A esto se le llama “limpieza de huesos” (Imagen 1).

Fuente: fotografía de la autora.

Imagen 1 Limpieza de huesos de la familia Colli Euan en Pomuch, Campeche, octubre del 2023 

La limpieza de huesos fue patrimonializada por el estado de Campeche desde 2017 con la denominación “Limpieza de los santos restos, ritual funerario de la comunidad maya de Pomuch” (Poder Ejecutivo 2020a, 45-49), y es motivo de un festival anual llamado Festival de Día de Muertos, Pomuch para el Mundo. Un lugar que vive por sus muertos (Imagen 2), en el que intervienen múltiples actores, principalmente algunos pobladores de Pomuch agrupados en el colectivo Maya Kin, y personajes gubernamentales que promueven y aportan al Festival en términos logísticos, económicos, de infraestructura y publicidad. Desde el 2022, la instancia principal y coordinadora del evento es la Autoridad del Patrimonio Cultural del Estado de Campeche (APCEC);5 ésta es la encargada de visibilizar prácticas regionales como danzas, pintura, música y comida, venta de productos locales y el Paseo de los Pixanes.6 Todo esto mediado por discursos y un performance de ritualidades a los muertos enmarcados en el Janal Pixan.7 Lo anterior consolida una identidad campechana basada en una cosmovisión maya a nivel local, y peninsular a nivel regional, además de una identidad nacional de lo mexicano al ser parte de la idea de la muerte en México, establecida desde una comunidad imaginada como algo excepcional, auténtico y tradicional, que oscila entre lo mestizo y lo originario (Lomnitz 2006; Hellier-Tinoco 2011). El Festival es un insumo político importante para el gobierno actual del estado de Campeche, cuyas políticas económicas se basan en el turismo y su vínculo con el patrimonio cultural material e inmaterial.

Fuente: APCEC, 2023.

Imagen 2 Cartel publicitario 

En este marco, el presente artículo tiene el objetivo de comprender cómo se teje la patrimonialización y los rituales mortuorios locales por medio de la limpieza de huesos en Pomuch, en donde las irregularidades institucionales, los grupos de poder, los conflictos entre pomucheños sobre cómo visibilizar la ritualidad, los discursos originarios y las industrias culturales, forman parte de las dinámicas que los pobladores católicos establecen con sus difuntos; y en concordancia con Sarricolea, los grupos dirigentes “elabora[n] una comunidad imaginada basada en los ideales comunitarios de ser ‘campechano’ ” (2017, 51).

Por medio del Festival de Día de Muertos, Pomuch para el Mundo, es factible comprender la tendencia de la patrimonialización como una construcción discursiva y performativa, atravesada por instancias de poder acordes a un proyecto de nación (Sarricolea 2017) y a las políticas culturalistas sugeridas por organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), reunidas en el Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (pnud), acopladas a prácticas políticas locales de diversidad e industrias culturales (Santamarina 2013; Bendix 2013). En este sentido, la formación de valor patrimonial de una ritualidad mortuoria es una “construcción nacionalista y regionalista del patrimonio cultural de un ‘pueblo’ ” (Sarricolea 2017, 54). Esto suma al monumental trabajo de Claudio Lomnitz (2006), sobre la idea de la muerte en México, en el que analiza -por medio de la historia cultural- cómo la muerte se ha constituido en México como un símbolo de la nación desde la época posrevolucionaria, y, desde mi perspectiva, tiene su culmen en la patrimonialización de los rituales mortuorios en el siglo XXI.

El artículo se divide en cuatro apartados. En el primero expongo a qué me refiero con patrimonialización, en tanto una construcción de valor en la que intervienen una serie de agentes situados que crean, jerarquizan, distinguen y construyen el valor patrimonial de una práctica cultural con relación al consumo y el mercado (Cháves, Montenegro y Zambrano 2014; Ariño 2002; Bendix 2013; Santamarina 2013; Smith 2011); y cómo esto se vincula a un proyecto de nación con respecto a actitudes y prácticas mortuorias en México (Lomnitz 2006; Hellier-Tinoco 2011; Brandes 2000). En el segundo apartado me aboco al Festival de Día de Muertos, Pomuch para el Mundo; desde un enfoque etnográfico planteo su historia, el vínculo con la limpieza de huesos y su patrimonialización, así como los agentes y conflictos que intervienen en el Festival, como la generación de otro festival que se asume “desde el pueblo y para el pueblo”. En el tercer apartado doy cuenta de cómo se elabora la Declaratoria Patrimonial de la limpieza de huesos. Y en el último, exploro el impacto del Festival en las relaciones de los pomucheños católicos con sus muertos. Concluyo exponiendo un acercamiento a la creación del Festival como la cúspide de la politización de los rituales mortuorios en México.

Sobre la patrimonialización y la muerte patrimonializada

El Día de Muertos es una celebración anual que se realiza el 1 y 2 de noviembre en México. Consta de una ritualidad mortuoria que se presenta desde las explicaciones y publicidad del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), la Secretaría de Turismo (SECTUR) y la Secretaría de Cultura como algo ancestral, originario, milenario o como la raíz de México, esencialmente prehispánico y mestizo. En resumen, la celebración implica prácticas y creencias en las que se considera que los difuntos, o muertos, retornan a convivir con sus seres queridos, los cuales reciben a las almas con ofrendas de comida, flores, veladoras, alcohol y música, entre otras cosas. Esta creencia y prácticas se conciben desde algunos estudios académicos como algo eminentemente indígena, homogéneo y, sobre todo, como una tradición que se debe proteger y resguardar (véase Castillo 2000; Mercado y Serna 2006; Segura 1998; entre otros). Por otro lado, la difusión de las celebraciones a los difuntos -realizada por instancias públicas- sugiere que las prácticas publicitadas son indígenas porque en las imágenes aparecen personajes con indumentaria típica, se redactan enunciados en lenguas originarias -por ejemplo en maya para la región peninsular o en purépecha para Michoacán- y se recurre al uso de palabras como “tradición”, “origen”, “milenario”, “ancestral”, entre otras (Apipilhuasco 2016).

La celebración del Día de Muertos es un ítem de la identidad nacional desde la década de los años treinta (Lomnitz 2006). La idea de una relación estrecha con la muerte de rasgos familiares y juguetones a través de las ritualidades a los muertos en comunidades indígenas, a finales de octubre y principios de noviembre, se ha configurado como un elemento legítimo de la cultura mexicana desde dos aspectos relevantes: la exaltación de los vínculos entre vivos y muertos como festividad desde instituciones gubernamentales con adhesiones de desfiles, eventos gastronómicos, concursos de ofrendas o altares, exposiciones, danzas, teatro y música, entre otros; y desde su proclamación como patrimonio cultural inmaterial (PCI) de la humanidad por parte la UNESCO en el 2008 (Lomnitz 2006; Brandes 2000).8

Los eventos culturales realizados con la participación de instancias gubernamentales, vinculadas a las relaciones entre vivos y muertos de grupos o colectivos de ascendencia indígena, se han tornado elementos importantes en la construcción de identidad local y nacional. Rituales mortuorios como la fiesta de ánimas en Janitzio, Michoacán (Apipilhuasco 2016) y la limpieza de huesos de Pomuch, Campeche, son un ejemplo concreto de lo antes descrito al ser ritualidades vinculadas con el PCI regional. Aquí, los rituales salen de la esfera íntima y forman parte de lo público, y global, al ser publicitados para el consumo en el mercado turístico: en el caso de la fiesta de ánimas desde la década de los cincuenta, y en el de la limpieza de huesos a través de su implementación como patrimonio en 2017. Esto ha suscitado que los espacios y rituales mismos sean reconfigurados con nuevos agenciamientos y la articulación de apuestas simbólicas y económicas particulares (Cháves, Montenegro y Zambrano 2014).

Para comenzar, el patrimonio es una categoría en constante configuración asociada a términos como identidad, tradición, diversidad, historia, monumentos, turismo, indigeneidad, mercantilización, autenticidad, ancestralidad e industrias culturales, entre otros (García Canclini 1999; Oehmichen y De la Maza 2019; Ariño 2002; Smith 2011). Si bien, parto de lo que la UNESCO - órgano máximo del régimen patrimonial (Bendix 2013)- establece como patrimonio, en tanto el valor excepcional sobre algo -tangible o intangible- destinado a protegerse,9 me he enfocado en comprenderlo como un campo de interpretaciones, adecuaciones, tensiones, negociaciones y luchas de poder (Cháves, Montenegro y Zambrano 2014; Ariño 2002; Santamarina 2013; Bendix 2013; Smith 2011) en el que participan diversos agentes patrimoniales.10 En ese sentido, el patrimonio es una construcción de valor situada y estratégica,11 que puede ser estudiado como proceso en términos de patrimonialización (Cháves, Montenegro y Zambrano 2014), porque es aquello que evidencia la conjunción del patrimonio, mercado y consumo. Estos aspectos relacionan al patrimonio de manera explícita con las políticas públicas y de desarrollo económico, con respecto al fomento turístico y al fortalecimiento de industrias culturales.

Partiendo de un enfoque etnográfico, me centro en la patrimonialización de rituales mortuorios desde las instancias gubernamentales, quienes legitiman y construyen dichas ritualidades como bienes culturales en colaboración con demás actores, por ejemplo, los académicos, intermediarios culturales y los colectivos que “portan” o practican dicho bien, para que oficialmente formen parte del acervo cultural (material e inmaterial) de un estado, una nación o la humanidad. Asimismo, analizo cómo dicha oficialización (Declaratoria Patrimonial) se vincula con la generación de turismo y su impacto en las prácticas rituales a los muertos. En términos de régimen y escala patrimonial (Bendix 2013), en México hay dos tipos de declaratorias patrimoniales: las que obedecen a un listado estatal y las del listado federal. Una vez que un bien cultural es parte de la federación, éste tiene la posibilidad de inscribirse a la UNESCO para postular a la categoría de PCI de la humanidad, lo que genera múltiples beneficios como propaganda y, si lo requiere, apoyos económicos para su salvaguarda. Es importante destacar que gubernamentalmente las declaratorias patrimoniales tienen la finalidad de “reconocer y garantizar el derecho de propiedad de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas sobre los elementos que conforman su patrimonio cultural, sus conocimientos y expresiones culturales tradicionales, así como la propiedad intelectual colectiva respecto a dicho patrimonio” (Cámara de Diputados 2023, 1).

Como ya lo he mencionado, el Día de Muertos se tornó oficialmente patrimonio del Estado mexicano en 2008, a nivel internacional, al ser reconocido por la UNESCO. CONACULTA fue el órgano encargado de su postulación en 2001, en ella se estableció a dicha celebración bajo tres aspectos: tiene un orígen indígena -resaltando su autenticidad-, incorpora elementos del catolicismo europeo y es una práctica común para todos los mexicanos, es decir, es patrimonio nacional (Pérez 2014, 40). De esta manera, el Día de Muertos, desde instancias gubernamentales, remite a lugares y prácticas indígenas particulares, las cuales se generalizan en un discurso que establece que una de las características de lo mexicano es su “peculiar” relación con sus muertos, y se basa en la construcción y “reconocimiento de una épica, una historia y una narrativa que recupera[n] la grandeza de unas culturas indígenas del pasado” (Oehmichen y De la Maza 2019, 56). Este pasado brinda el soporte de una “esencia” que nos distingue de otras naciones, que en un sólo término crea lo “propio”.

En la mayoría de las investigaciones académicas, con respecto al Día de Muertos, la muerte se explora desde diversos ángulos: como una “relación de chanza con la propia muerte” (Barley 1995, 46); como leitmotiv del patrimonio y delimitación cultural en términos de espacios arqueológicos (Oliveros 2006); como una construcción cultural basada en una tradición mesoamericana que ha pervivido a la conquista, consolidando una férrea tradición mexicana (Mercado y Serna 2006); como encarnación de lo mexicano, a partir de la cual se construye una comunidad imaginada sobre México y lo mexicano desde el Estado posrevolucionario, con el fin de unificar un sentido de pertenencia nacional a través de las nociones de autenticidad, identidad colectiva y la amalgama del pasado indígena con el presente (Hellier-Tinoco 2011); como una invención de la tradición que se ha afianzado como un ritual político que homogeiniza la perspectiva de la muerte en México (Brandes 2000); y como mediadora entre una ideología nacionalista y la cultura indígena para la consolidación del Estado nación (Lomnitz 2006).

Dentro de esta gama de perspectivas, me sitúo en la postura de Lomnitz (2006), pues su trabajo histórico y antropológico permite comprender cómo la muerte se ha construido como un símbolo de la nación desde el México independiente hasta inicios del siglo xxi, dando cuenta del manejo social de la muerte a partir de relaciones dinámicas y de poder en las que intervienen instituciones gubernamentales, algunos aspectos de las prácticas mortuorias indígenas, el mercado, intelectuales, artistas, la prensa y el turismo. Vincular esta premisa de Lomnitz (2006) con la dinámica patrimonial del Día de Muertos, partiendo de un caso etnográfico, me permite dar cuenta del empalme entre la administración gubernamental de la muerte y las ritualidades mortuorias locales que mantienen una identidad nacional, con respecto a la muerte como símbolo de lo mexicano y la generación de una identidad local sobre lo campechano, sobre la base de lo que se concibe como creencias y prácticas mayas.

Así, propongo que la patrimonialización del Día de Muertos enfatiza la ideología nacionalista que consolidó al Estado nación con respecto a las actitudes y expectativas sobre la muerte (Lomnitz 2006), y posibilita otras dinámicas globales con respecto a posicionamientos locales y regionales, como la apuesta turística, de identidad y competitividad del estado de Campeche con el ritual de limpieza de huesos, el cual se adecúa discursivamente a un estándar sobre las celebraciones a los muertos.

El festival del “lugar que vive por sus muertos”

La villa de Pomuch es un poblado semirural12 al norte del estado de Campeche, perteneciente al municipio de Hecelchakán. Como parte del Camino Real,13 comparte con otras comunidades la forma de producción agrícola (ejidal), el bilingüismo maya-español, la cosmovisión, la organización social y la arquitectura, entre otros aspectos. El centro del poblado cuenta con un pequeño parque con kiosco, una iglesia católica, oficinas de gobierno, una cancha de fútbol, y a poca distancia se encuentra el cementerio principal a pie de camino. Pomuch ha cobrado renombre debido a la peculiaridad de su ritual de limpieza de huesos, el cual también se realiza en otras comunidades, pues forma parte de creencias y prácticas compartidas de los mayas peninsulares sobre la muerte y los difuntos. Lo que hace particular a este poblado es que un grupo de pomucheños, autodenominado grupo cultural Maya Kin, encabezado por Carlos Ucán Yam,14 ha gestionado, a través de actividades culturales y posteriormente del Festival, la propaganda turística de la limpieza de huesos como un elemento a proteger y resguardar, pues, como expone Carlos Ucán para La Jornada en 2008:

Esta costumbre se está perdiendo porque los jóvenes se niegan a acudir al cementerio a desenterrar a los muertos. El organismo [Maya Kin] preparó una semana cultural en el parque principal de Pomuch, donde se instalaron altares y un cementerio simulado. “Queremos que este rito, único en el mundo, se inscriba en la lista de herencias culturales intangibles de la humanidad, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), como la celebración del Día de Muertos”, señaló [Carlos Ucán] Yam (Lorenzo 2008).

Hay ciertas condiciones que posibilitan que en Pomuch esta ritualidad resalte más que en otras, como el tamaño de su cementerio, que las osamentas están visibles y su fácil acceso. La “pérdida”, como refiere Ucán en la nota periodística, coincide con dos fenómenos relevantes en la región: la migración15 y la movilidad religiosa.16

Carlos Ucán, junto con el exdiputado local del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ernesto Castillo,17 desempeñaron un papel clave para que la limpieza de huesos se tornara PCI del estado de Campeche en 2017, y con ello se abrieran las puertas de instancias gubernamentales a Pomuch con respecto a inversión en infraestructura y desarrollo turístico, por medio del Festival de Día de Muertos, Pomuch para el Mundo. En la actualidad, la limpieza, al igual que el Festival, tiene una amplia difusión en agencias turísticas, nacionales y extranjeras,18 que organizan y promueven recorridos para visitar el cementerio en horarios en los que posiblemente se encuentren familias limpiando los restos de sus difuntos. Los guías bilingües recurren a pobladores, sobre todo jóvenes, para que los lleven a observar e interactuar con familias y comerciantes locales (previamente pactado) en la elaboración de sus altares, dulces y pan local para su venta, entre otras prácticas propias de la celebración. Esta mediación de las y los jóvenes propicia una propina por parte del guía y comerciantes, y si tienen suerte, los turistas también les dan alguna recompensa por su carisma y explicación de lo que denominan “tradiciones ancestrales”. A este tipo de recorridos, Félix Guillermo19 lo denomina “turismo sustentable”, cuyo fin es que el turista se lleve una “experiencia real de la vida cotidiana de los pobladores” y que los pobladores obtengan alguna ganancia (entrevista, 17 de octubre del 2022).

Por tanto, no se puede hablar del Festival sin la limpieza de huesos, y no se puede comprender la visibilidad de la ritualidad sin el Festival. Para entender su patrimonialización hay que tener en cuenta el Festival y su transformación entre el 2006 y 2023, en la que intervienen pobladores de Pomuch agrupados en Maya Kin, en correlación con la carrera política de Carlos Ucán, quien funge, en términos de Briggs (1996), como un intermediario cultural.20 A su vez, no hay que perder de vista las políticas culturales, turísticas y patrimoniales en el país y el contexto político campechano que, por lo menos desde el 2017, y en el plan de gobierno del 2021-2027, se ha empeñado en posicionar a Campeche como destino turístico a través de la exaltación de la cultura maya local, en términos de patrimonio e identidad campechana.

Los Maya Kin y su festival

En el 2006 nace el grupo Maya Kin, oriundos de Pomuch. Una de sus fundadoras me compartió que Carlos Ucán propuso la idea de difundir las costumbres del pueblo a un grupo de amigos y compañeros de generación. Así, seis integrantes comenzaron a intercambiar historias que sus abuelos les contaban en el parque sobre los difuntos, utilizando una bocina pequeña: “nadie nos miraba, están locos nos decían”, relata la fundadora. La idea era “el rescate de nuestra cultura porque se estaba perdiendo”. Sin ningún tipo de apoyo, más que el individual, se reunían para poner altares y poco a poco llamar la atención:

Nos gusta bastante estar ahí [organizando el festival] […] Hoy día me siento orgullosa […] tocábamos puertas en el gobierno y nada, poco a poco fue creciendo. Más o menos por el 2015 comenzó a dar patrocinios el gobierno, pero quien realmente volteó a ver a Pomuch fue Layda [Sansores], también porque se lleva bien con Carlos [Ucán], él la ha apoyado siempre (comunicación personal con fundadora, octubre del 2023).

Desde sus inicios, Carlos Ucán gestionó las actividades entre los pobladores y las instituciones gubernamentales. Él designa a la coordinadora de la agrupación y el resto de cargos (principalmente secretarias y tesoreras). En voz de la fundadora, hoy en día son alrededor de cien integrantes (la mayoría mujeres). Muchas de las personas con las que tuve la oportunidad de charlar y entrevistar -pertenecientes a Maya Kin- invierten mucho tiempo, recursos propios y entusiasmo en la organización del Festival para brindar una buena “experiencia” a los visitantes. Por ello, se sienten orgullosos del logro que han obtenido con respecto al reconocimiento de la cultura y tradiciones en Pomuch.

Al parecer, Carlos Ucán ha tenido claro el potencial turístico de la ritualidad desde que comenzaron las actividades culturales para difundir las tradiciones. A través de los años, gestionó recursos en instituciones gubernamentales para lo que después denominaron Festival, obteniendo diversos apoyos a menor escala con proyectos como la feria itinerante del Janal Pixan en el 2011.21 Actualmente, Maya Kin organiza el Festival junto con APCEC, quien es mediadora con otras instancias gubernamentales como la Secretaría de Cultura, SECTUR, el INAH y en fechas recientes los órganos relacionados con las mejoras de infraestructura.22

Del 2021 al 2023 han realizado el Festival de Día de Muertos, Pomuch para el Mundo. Un lugar que vive por sus muertos, usando el término maya de la limpieza de huesos Cho’o Ba’ak y llevando a cabo diversas actividades enmarcadas en el Janal Pixan -transmitidas por Facebook y un canal público estatal- como danza regional, música, teatro, exposiciones de pintura, venta gastronómica, mercado regional (promocionado como Kiwik), exposición artesanal, juego de pelota regional (P’oktap’ok), representaciones y concursos de altares, así como el Paseo de los Pixanes en la Calzada de los Muertos.23 En 2022, la actual gobernadora de Campeche, Layda Sansores, participó en el Festival y en el 2023 otras autoridades del estado de Campeche estuvieron presentes en su representación. En voz de integrantes del colectivo y de la prensa regional,24 aseguran que en 2022 acudieron alrededor de ocho mil personas, cifra que disminuyó en 2023. Cabe mencionar que lo más promocionado durante la festividad es la visita al cementerio, el Paseo de los Pixanes, al igual que las representaciones y concursos de altares (Imagen 3).

Fuente: APCEC, 2023.

Imagen 3 Programa del Festival 

El otro festival

Frente al festival oficial hay otro grupo de pomucheños, entre ellos académicos, artistas y músicos que se han organizado con la finalidad de difundir de manera “diferente” la ritualidad y sus tradiciones desde “los pobladores mismos, un festival del pueblo para el pueblo”, menciona el músico pomucheño Sebastián (charla informal, 17 de octubre del 2022), pues, desde su perspectiva, la turistificación que propicia el Festival promovido por Maya Kin, ha desvirtuado la ritualidad en una suerte de folclorización y las ganancias son sólo para aquellos que ya cuentan con recursos estables o para comerciantes de otros poblados como Hecelchakán o la ciudad de Campeche, cuyos vínculos con Maya Kin les genera ventajas sobre los propios pomucheños. Este grupo ha organizado una serie de actividades culturales y comerciales alternas en su festival denominado Festival Chéen Teech Kajá’anech Tin Tuukul (sólo estás en mi pensamiento) con música de instrumentos tradicionales, poesía, literatura, mercado de productos del programa Sembrando vida, conciertos de rap, ska, reggae y en general música regional y alternativa, en castellano y lengua maya, interpretada por músicos pomucheños y de otras poblaciones de Campeche. Este festival, desde la perspectiva de los organizadores, está más enfocado en los pobladores y no en los turistas (Imagen 4). En el 2023, algunos de sus integrantes participaron en el Festival de Día de Muertos Pomuch para el Mundo, pero organizaron su propia festividad en fechas posteriores. Este grupo también gestiona recursos en la Secretaría de Cultura o instancias similares, pero son limitados y terminan resolviendo las actividades del festival desde sus bolsillos y con apoyo de los artistas invitados.

Fuente: Encuentro Cultural Pomuch, 2022.

Imagen 4 Cartel publicitario 

Con dos festivales anuales en temporada de difuntos, Pomuch es un espacio de tensiones y conflictos entre grupos, quienes también son simpatizantes o integrantes de partidos políticos opuestos, principalmente de Morena, PRI, y Movimiento Ciudadano.25 Algunos de los dirigentes principales de Maya Kin tienen cargos públicos en la APCEC, así que las disputas sobre cómo se visibiliza y fomenta la limpieza de huesos y quiénes tienen un espacio para vender en el Festival, también se convierte en una pugna de carácter político.

Ambos festivales congregan a muchas personas alrededor del cementerio que practican o no la limpieza de huesos como ritualidad y posibilitan una modificación en el lugar para recibir al turista. El Festival contribuye a que jóvenes que no tienen por costumbre acudir al cementerio a realizar la labor de la limpieza de huesos (pues no tienen familiares muertos ahí o forman parte de otras religiones), asuman el papel de guías (como lo mencioné anteriormente).

En este escenario, aunque la limpieza de huesos es el atractivo turístico principal, otras actividades como el comercio, los concursos de ofrendas, la presencia de autoridades gubernamentales y la prensa, adquieren mayor peso. Esto modifica la ritualidad y vuelve controvertida su promoción turística, dado que posee implicaciones negativas y positivas. Como lo he mencionado en otro espacio (Apipilhuasco 2024), para Lucía, pomucheña de 55 años y profesora de primaria, no es lo mismo visitar a su difunto debido a la falta de privacidad: todo el tiempo están tomando fotografías. Mientras que para Ramón, pomucheño y transportista de 30 años, la presencia de turistas es buena porque se da a conocer la costumbre y además obtienen beneficios económicos para los comerciantes y transportistas.

La declaratoria patrimonial

La APCEC fue creada por el actual gobierno de Campeche en 2022 con el objetivo de fortalecer la economía estatal por medio del desarrollo turístico. Anterior a la APCEC, el patrimonio material e inmaterial estaba a cargo del INAH y la divulgación del patrimonio se difundía por medio de la Secretarías de Cultura y Turismo. La APCEC es ahora la instancia que regula y organiza, en concordancia con el INAH, todo lo correspondiente al patrimonio y algunos aspectos culturales, así como su publicidad turística, apoyándose en el resto de las secretarías. Desde mi perspectiva, esto se debe a la apuesta del gobierno estatal con una línea política muy marcada desde el gobierno federal26 que enaltece a los pobres, a las comunidades indígenas o étnicas, a un nacionalismo basado en el mestizaje y que ha aportado económicamente a la región peninsular con un megaproyecto como el Tren Maya, cuya ruta pasa por Pomuch y tiene una parada en Hecelchakán, entre otras poblaciones de Campeche. Esto no quiere decir que sea reciente la generación de una identidad campechana basada en el mestizaje y el uso del patrimonio como destino turístico y como sentido de comunidad diferenciada de Yucatán y Quintana Roo (Sarricolea 2017), sino que hoy en día adquiere mayor peso político para al gobierno federal.

Desde las propias instituciones gubernamentales es claro el vínculo entre patrimonio, identidad local y mercado,27 aspectos construidos a partir de políticas culturales que provienen de organismos internacionales como la UNESCO y el FMI, entre otros, y constituyen parte de la agenda nacional de los países en “vías de desarrollo” propuestas por programas como el pnud con respecto a la diversidad cultural y el desarrollo sostenible, en el que el turismo sustentable de prácticas indígenas o étnicas son parte del desarrollo económico nacional. Se trata de un fenómeno de alcance global, relacionado con el patrimonio inmaterial, el cual es estudiado y analizado a profundidad, y materializado en proyectos económicos y políticos que han perpetuado las desigualdades entre países desarrollados y en vías de desarrollo (Santamarina 2013), en los que el “sur global”, entre otras regiones con diversidad cultural, entra al juego del mercado (en condiciones desiguales) por medio de la patrimonialización y turistificación, no sólo de espacios arquitectónicos y ecológicos, sino de prácticas que se consideran indígenas o étnicas.

La limpieza de huesos es referida en su Declaratoria de inscripción (Poder Ejecutivo 2020a) con todos los aspectos que caracterizan al patrimonio cultural en el sentido de ser originario, auténtico, particular y sincrético maya-español, entre otros. Tiene tres puntos relevantes: se justifica salvaguardar al ritual porque “se encuentra amenazado debido al escepticismo de las nuevas generaciones que, influenciadas por la modernidad, se han alejado de estas prácticas ancestrales” (Poder Ejecutivo 2020a, 47); la enmarcan en un contexto patrimonial en el que la ciudad de Campeche es parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad y se inscribe en el festejo del Día de Muertos en México, también Patrimonio de la Humanidad (Poder Ejecutivo 2020a, 46); y, aunque “es propio de la región maya peninsular”, se diferencia del resto de comunidades que también llevan a cabo la ritualidad, desarrollando “pequeñas representaciones”, mientras que en “la comunidad maya de Pomuch […] se mantiene la tradición hasta nuestros días con la máxima solemnidad, ejemplifica la muestra más completa de este tipo de ritualidades funerarios mayas” (Poder Ejecutivo 2020a, 47). En este sentido, la patrimonialización de la limpieza de huesos se inscribe dentro de una identidad de carácter estatal, campechana, en la que se referencia con orgullo la pertenencia al listado de la UNESCO de varias de sus expresiones de patrimonio cultural;28 esto se muestra constantemente en los discursos de funcionarios públicos del APCEC.29 A la par, legitima la intervención estatal para su “preservación” por medio del Festival y aseveran que debe ser reconocido exclusivamente como patrimonio en Pomuch, pues es ahí donde se observan los rasgos culturales elegidos para representar la “expresión completa de la cosmovisión religiosa de la región” (Poder Legislativo del Estado de Campeche 2024, 46). Aquí, cabe preguntarse quién califica como “pequeña representación” una ritualidad, o como la “más completa”, y con respecto a qué.

Lo anterior da cuenta de la subjetividad, el posicionamiento político y las dinámicas de poder en las que se construye un discurso patrimonial autorizado en un campo de luchas, que tiene como consecuencias la exclusión de patrimonios que se encuentran fuera de él (Smith 2011), y lo más grave, una versión oficial de lo que debe ser un ritual maya funerario. Este discurso es justificado mediante conferencias arqueológicas y antropológicas que advierten el “origen” y “persistencia” de la ritualidad en términos de sincretismo dentro del programa del Festival, así como dos libros publicados por el Poder Ejecutivo (2020a; 2020b) en el que se plantean los antecedentes precolombinos de la ritualidad, su sincretismo e inserción en el Janal Pixan y la práctica actual. Estos libros fundamentan la ancestralidad y pervivencia del ritual, y dan pauta al discurso autorizado para legitimar a Pomuch como el poblado excepcional de la tradición.

La Declaratoria de la limpieza de huesos no necesariamente obedece al respaldo de una comunidad con respecto de sus usos y costumbres, sino a protagonismos políticos asociados al desarrollo económico basado en el turismo. Actualmente, el Festival es una práctica capitalizada por instancias gubernamentales y reúne a diversos sectores sociales, entre los que participan agencias turísticas, comerciantes en pequeña escala y empresarios estatales.

Cabe mencionar que, aunque actualmente Carlos Ucán es el portavoz de todo lo correspondiente al Festival y la limpieza de huesos como patrimonio, dicho funcionario pomucheño ha tenido el apoyo y trabajo de una parte de la población de Pomuch, especialmente sus contemporáneos, y de los jóvenes, quienes participan activa y gustosamente en la organización del Festival, además de actividades simultáneas. Si bien es el enlace, la patrimonialización fue un esfuerzo colectivo y significativo de muchos pomucheños, realizado por más de 18 años.

Los difuntos en el Festival

Es importante señalar que, aunque el Festival no se comprenda sin la limpieza de huesos, esta actvidad no está determinada por la celebración. Es decir, las relaciones que establecen los vivos y los muertos en Pomuch, por medio de dicho ritual, no están condicionadas por su patrimonialización, sin embargo, han cobrado nuevas dinámicas, y aquellos pomucheños católicos que han apoyado su patrimonialización, lo han hecho desde un sincero sentimiento de salvaguardar aquello que consideran que se está perdiendo y que es importante mantener, no sólo en términos económicos, sino por la producción misma del ritual, es decir, los vínculos con los muertos y lo que éstos aportan en lo familiar y comunal, en tanto difuntos con capacidad de acción que protegen, mantienen y colaboran en las necesidades de los vivos (véase Apipilhuasco 2024).

Para comprender las dinámicas con los difuntos desde la limpieza de huesos, hay que referirnos al cementerio, pues aquí es donde ésta se realiza y es el fundamento del Festival. En Pomuch, la versión más extendida por los pobladores, investigadores, actores gubernamentales y la promoción turística, es que las almas o pixanes de los parientes muertos “regresan” al mundo de los vivos para “visitar” a sus parientes y gozar del festín30 que estos les tienen preparado en casa y, en términos generales, disfrutar de lo que pueden hacer en este mundo. El alma primero pasa por el cementerio, pues ahí se encuentran sus restos óseos, motivo por el cual sus deudos realizan los preparativos para recibirlos: cambiar los paños que los arropan, limpiar los restos y el espacio, pintar, llevarles flores, velas o los insumos que consideren adecuados. Para los católicos de Pomuch, las almas de sus muertos tienen cierta capacidad de hacer: como emprender el viaje del mundo-otro,31 al mundo de los vivos para comer, divertirse, bañarse, oler, estar feliz o triste e incluso enfermar a los vivos. Esto ha sido documentado desde los años noventa por Ruz (2007), hasta estudios más recientes (García 2020; Quintal et al. 2014). Lo que me interesa destacar aquí es que la primera parada de los pixanes en algunos poblados de la Península, y en específico Pomuch, es el cementerio y enfáticamente en sus restos óseos.

Las formas de enterramiento en algunos cementerios de la región del Camino Real campechano son en bóvedas o sepulturas aéreas (como en Zodzil, Poc Boc, Santa Cruz, Hecelchakán, Tenabo y Nohalal, entre otros). Actualmente, en casi todos los cementerios las bóvedas son reutilizadas, pues los cuerpos se exhuman después del tercer año debido a que los pobladores consideran que es el tiempo necesario para la disolución de la materia orgánica. Los restos son depositados en osarios, ya sea privados o del ayuntamiento. De los cementerios que visité sólo dos tienen la mayoría de sus osarios abiertos, es decir, se pueden ver los restos óseos: Pomuch y Zodzil.

Pomuch tiene tres cementerios, dos relativamente nuevos a las afueras, colindando con su vecino Zodzil, pero el principal es la sede donde se congrega una gran cantidad de sepulturas y osarios, motivo por el que se reúnen cuantiosos turistas nacionales y extranjeros entre los meses de octubre y noviembre para presenciar cómo los vecinos de la localidad limpian los restos de sus difuntos. Ahora bien, para comprender las dinámicas en el cementerio hay que tomar en cuenta que es un espacio laico, y, debido al cambio de adscripción o movilidad religiosa, muchos de los pobladores, durante las últimas seis décadas, han decidido transitar a otra religión (no católica) o han nacido en una familia no católica. Esto modifica el vínculo con las osamentas con respecto de su ritualidad, preservación y mantenimiento, pues, en su mayoría, las osamentas son consideradas como residuos o basura, ya que lo verdaderamente importante es el “alma”, la cual va directo con Dios y no hay motivo por el cual deban “liberarlas” para su visita al mundo de los vivos, ni tampoco hay que exhumar o visitar sus restos óseos, aseguran algunos pobladores pertenecientes a los diversos templos que existen en Pomuch.32

La señora Gladis, integrante de la Iglesia adventista desde que nació en la década de los sesenta, me comentó que no hay necesidad de ir al cementerio a ver los huesos o poner ofrenda porque las almas no regresan, pues están con Dios. En general, este es el discurso oficial de las personas dentro de las religiones protestantes y paraprotestantes, sin embargo, en la práctica esto varía al depender mucho de la iglesia a la que estén inscritos y su flexibilidad, o del momento de la transición en la que se encuentre esa persona.

Los pomucheños viven su religiosidad transitando de una creencia a otra, dependiendo de lo que en ese momento esté aconteciendo en sus vidas, y esto se refleja en las prácticas y creencias hacia sus muertos, cobrando diversos matices, inquietudes y decisiones. Por ejemplo, en varias ocasiones algunas personas que están transitando de una religión a otra me mencionaron la existencia de las almas en el plano del mundo de los vivos y de tener que hacerse responsables de los restos de sus muertos por “obligación”. La pomucheña Luisa, de cincuenta años, quien lleva casi dos años asistiendo al “templo con los sabadistas” (entrevista, 16 de octubre de 2022), me compartió que el alma de su suegra, recién fallecida, reventó los recipientes donde remoja el maíz una de sus nueras porque ésta decidió trabajar en su fábrica de tortillas en lugar de ir a su velorio. Al principio de nuestra charla, Luisa dudó del retorno o la existencia de las almas al mundo de los vivos, pero después de contarme varias experiencias con difuntos, concluyó afirmando que las almas existen y pueden ocasionar infortunios cuando no se les atiende.

Sin duda, el cambio de religión impacta en la relación y construcción de los difuntos, pero no es tajante, ni absoluto. Lo que parece ser una constante es el abandono de los osarios, y para algunos pobladores se debe al cambio de religión. Por ejemplo, el sepulturero oficial sostiene que:

Cuando alguien abandona un alma [no se hace cargo de la limpieza de huesos], ya estuvo, ya entras a la religión [protestantes y paraprotestantes], abandonas al cuerpo, nomás les llevan flores, veladora no, ellos son de otra religión que no usan veladora porque la veladora significa para las almas para que alumbre su camino, las flores para que sientan el aroma que tiene la flor, por eso se pone la veladora y se ponen las flores, todo así, puro así se hace acá, ir sacando a los difuntos (comunicación personal con sepulturero oficial, noviembre del 2022).

En este contexto, y sumando la migración interna de los pomucheños a otros espacios, principalmente por motivos laborales, la limpieza de huesos se percibe, por parte de pobladores católicos e integrantes de Maya Kin, como una ritualidad que se está extinguiendo. En términos generales, desde mi experiencia en trabajo de campo, esto no preocupa en demasía al resto de población católica, siempre y cuando el resto de ritualidades, vinculadas al periodo de finados, se lleven a cabo

-ofrendas para los difuntos, limpieza del cementerio, la misa católica, los rosarios, entre otros-, pues la limpieza de huesos tiene implicaciones más familiares e individuales que comunales y no hace parte fundamental de la organización social, aunque sí es relevante a nivel económico local, como cualquier otra celebración o fiesta del poblado con respecto a la venta de insumos para las ofrendas y la limpieza (velas, flores, paños nuevos, pago a sepultureros, entre otros). No obstante, la disminución de limpiezas de huesos se vuelve el elemento central para justificar la necesidad de patrimonializar el ritual para el grupo Maya Kin, bajo el argumento de que los jóvenes no quieren realizarlo por influencia de la modernidad, la cual les genera escepticismo (Poder Ejecutivo 2020a, 47). Por ello, se torna importante concientizar a la población de su importancia ancestral con charlas de expertos académicos.

Los cambios en el espacio y la ritualidad han sido paulatinos, a medida que las instituciones gubernamentales han ido aportando más recursos. Principalmente se modifica el espacio. Hoy en día el Festival tiene una logística que involucra al Cabildo de Pomuch, a las autoridades del Ayuntamiento de Hecelchakán y a las autoridades de la ciudad de Campeche, e incluye a las instancias públicas de Pomuch como las escuelas en las que se hacen representaciones de altares u ofrendas, se vende comida regional y es el espacio para albergar las conferencias. Esto implica el apoyo de los padres de familia para los insumos, que colaboren los alumnos, sean o no católicos, y la relación con otras escuelas del poblado. Es muy importante destacar la relación que se da entre la celebración y las panaderías, pues Pomuch también destaca por su pan tradicional. Hay tres panaderías principales que aportan recursos para el Festival, y son las que tienen las mayores ganancias durante el periodo de difuntos. En un sólo término, es notoria la dinámica económica de organización local y regional que implica hoy en día el esta festividad.

Por otro lado, la percepción de los pomucheños católicos que realizan la limpieza de huesos implican tres posturas: aquellos que no tienen problema porque los vean y sean entrevistados o fotografiados cuando realizan su ritual y, al respecto, las explicaciones que dan es que es una práctica ancestral, apegados al discurso oficial; hay a quienes no les gusta que los interrumpan mientras hacen su limpieza de huesos o se sienten invadidos en su intimidad, por lo que procuran ir muy temprano a realizarla, pues saben que no hay visitantes; y también hay personas que no les importa que haya visitantes, simplemente los ignoran y hacen lo suyo a la brevedad posible, sin dar explicaciones o dejarse fotografiar.

Así, el vínculo con los muertos en Pomuch tiene dinámicas diversas que no sólo atañen a la movilidad religiosa y a la migración, sino al Festival y, por ende, al turismo que acude año con año. Sin embargo, esto continúa siendo algo muy íntimo que sólo corresponde a la experiencia familiar de los sujetos, quienes oscilan entre la pérdida y el sistema de creencias y prácticas de un colectivo que los sostienen para asimilar, acomodar y ajustar la muerte en la vida. Lo que me interesa evidenciar en este espacio no es la experiencia en sí de los individuos con respecto a la muerte y sus difuntos, y las múltiples formas en las que se desarrollan en Pomuch,33 sino cómo una ritualidad que alude únicamente a un aparte de la población, al ser patrimonializada, se saca de su contexto local y se pondera como la actitud, la experiencia y la expectativa auténtica y completa de lo maya hacia los muertos.

Por lo anterior, al investigar sobre la patrimonialización de la limpieza, concuerdo con lo que Sarricolea propone en su ensayo Campeche como constructor simbólico de patrimonio cultural: “el patrimonio cultural [en la ciudad de Campeche] es seleccionado por las instancias de poder, particularmente el gobierno estatal y municipal, en un proyecto histórico oficial, donde el pueblo más que invitado a participar, es más bien obligado, pero sutilmente” (2017, 54). Esta obligatoriedad, en el caso de la ritualidad de la limpieza, está en su representación como performance en el Festival, en el que muchos pobladores (católicos y no católicos) de Pomuch participan de diferentes maneras, atendiendo las indicaciones de las voces autorizadas como Maya Kin y APCEC, como hablar de “días de muertos” o referirse al periodo de difuntos como Janal Pixan, el uso de vestimenta típica, la limpieza y mantenimiento de las fachadas “tradicionales” de la Calzada de los Muertos, la exaltación de ciertos alimentos en las ofrendas, el uso del idioma maya para referirse a la ritualidad y la realización de ofrendas colectivas, entre otros aspectos.

Conclusiones

A largo del texto, he tratado de dar cuenta de la patrimonialización del ritual de limpieza de huesos en Pomuch, como un proceso mediante el cual se construye su valor -en tanto tradición ancestral funeraria maya- desde algunos pobladores que realizan la ritualidad agrupados en Maya Kin (orientados por Carlos Ucán), instituciones gubernamentales y el turismo; en un contexto donde los rituales funerarios son legitimados por la UNESCO como un elemento constitutivo de lo mexicano, cuyo valor rebasa las fronteras nacionales para consolidarse de importancia a nivel mundial, y como tal, es capitalizado para el consumo del turismo.

El Festival ha desempeñado un papel importante en la economía de algunos sectores de la población en Pomuch y ha modificado el espacio no sólo del cementerio, sino de la zona centro del poblado; al mismo tiempo ha constituido un discurso relevante sobre la identidad pomucheña, campechana y peninsular. El auge de su Festival, auspiciado por instituciones gubernamentales en los últimos tres años, ha sido tan relevante que el entonces alcalde de Hecelchakán, José Dolores Brito Pech, dijo en una entrevista para la Jornada Maya que:

aprovecharán el impulso del Tren Maya en el municipio para lograr que Pomuch alcance el título de Pueblo Mágico, pues dijo “el turismo es el futuro económico de Campeche” […] el edil aseguró que ya hicieron los procedimientos necesarios para que Pomuch y su limpia de huesos sea considerado Pueblo Mágico, pues no sólo es observar el ritual en temporada de difuntos, sino aprovechar la historia de Pueblo Panadero además de lo atractivo con el Tren (Magaña 2023b).

En este sentido, los planes para el futuro de Pomuch y su limpieza de huesos implican su amplia difusión e inversión como espacio turístico, con la finalidad de posicionar a Campeche en la lista de los estados prioritarios para visitar.

Con lo anterior, es factible confirmar el vínculo entre la administración de la muerte y el actual soporte del Estado mexicano.34 Es decir, la selección y politización de ciertas actitudes y creencias sobre la muerte son el origen y el mantenimiento del Estado contemporáneo, actualmente enmarcado en políticas de diversidad cultural y turísticas propuestas por órganos internacionales para su competencia en un mercado global (pnud), en el que los países en vías de desarrollo ofertan sus prácticas culturales -siempre esencializadas y exóticas- bajo el término de étnico. Como lo han mostrado los Comaroff (2011), lo étnico se ha transformado en una empresa que hace patente los productos culturales de grupos diferenciados de la cultura dominante bajo el término de etnomercancías, mediante la industria de la identidad.

Las actitudes ante la muerte en México son útiles, ya no al mundo cristiano, como lo postula Lomnitz (2006), sino al mercado neoliberal. Lo interesante es que la limpieza de huesos y la percepción de ella nos permite comprender la dinámica de las relaciones con la muerte y los muertos, no sólo entre los católicos de Pomuch, sino entre los no católicos. Para los católicos esta dinámica incluye nociones precolombinas sobre la muerte y los muertos, nociones católicas y nociones de un discurso patrimonial, en términos de autenticidad e identidad, donde el mercado y el consumo son sustanciales en la economía del poblado.

De esta manera, se puede constatar que el valor patrimonial no sólo se construye desde los grupos dominantes, sino desde los pobladores mismos y sus disputas internas, los intermediarios culturales y las instituciones de gobierno, atravesadas por medios de comunicación y la publicidad de la ritualidad. Una parte de los pomucheños católicos han decidido visibilizar sus prácticas con los difuntos, dando cuenta de las tensiones y contradicciones al respecto con la conformación de dos festivales, pero siempre con la intención de contribuir a su resguardo y en pro de la economía del espacio a través de ellos. En los festivales se expone discursiva y performativamente la vida cotidiana de Campeche en términos de disputas, cosmovisión maya, gastronomía, arte, organización social y política, y, al mismo tiempo, genera un discurso identitario sobre lo que representa ser pomucheño, campechano y mexicano.

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1Este artículo es resultado de una estancia de investigación posdoctoral en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS), la cual contó con la asesoría del Dr. David de Ángel García.

3 El presente artículo está vinculado a mis investigaciones anteriores sobre ritualidades mortuorias en México (Apipilhuasco 2016; 2024), por lo que haré constantes referencias a éstas, recuperando y profundizando información.

4 Mantel o paño blanco con flores de colores pintadas o bordadas. Los diseños varían, pueden tener animales, flores y el nombre del difunto.

5 Instancia del gobierno de Campeche creada en 2022 para regular y organizar todo lo concerniente al patrimonio y actividades culturales del estado. Si bien en su página web aparece cierta información, son más activos en sus redes sociales como X (@APCECampeche), Instagram (@apcecampeche) y Facebook (Autoridad del Patrimonio Cultural del Estado de Campeche).

6 El término maya pixan se refiere al componente anímico de los difuntos, al que también se le denomina alma. El uso de términos mayas es común en las actividades culturales de las instituciones gubernamentales en la Península de Yucatán. El Paseo de los Pixanes es un desfile de catrines y catrinas, marionetas en papel maché y gente pintada en forma de esqueleto con vestimenta tradicional de la región.

7 Para Quintal et al. “se ha adoptado la denominación Janal Pixan [por parte de instituciones públicas] para aludir a estas celebraciones y ofrendas a las almas de los difuntos [en la Península de Yucatán]; sin embargo, cabe aclarar que no es común en el marco de las comunidades mayas referirse de tal manera a estos días […] No obstante, la política de 20 años de la Secretaría de Educación Pública y de las instituciones de cultura […] ha promovido la generalización de la idea de ‘días de muertos’ ” (2014, 69). Es importante destacar que el periodo de difuntos (para recibir, sostener y despedir a las almas) en la Península es más extenso, abarca desde sus preparativos y ritualidades durante los meses de octubre y todo noviembre, sin embargo se han adaptado algunos elementos para cumplir con el estereotipo de la celebración a nivel nacional como elaborar ofrendas colectivas o promover el 1 y 2 de noviembre como los únicos días relevantes.

8 Después de un largo debate, la UNESCO estableció la inmaterialidad de la cultura y su postulación como un bien patrimonializable a través de la categoría de Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad en la Convención de la Haya en 2001. Una vez establecida, los países postularon sus declaratorias en ese mismo año y México obtuvo el reconocimiento en el 2003, pero es hasta el 2008 que se inscribe en la lista representativa con el título: “Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos” (UNESCO 2024b).

9 Véase concepto de patrimonio mundial en UNESCO (2024a).

1010 Considerados por Ariño como aquellos que contribuyen a activar o desactivar bienes culturales, los cuales son “cualquier manifestación o testimonio significativo de un grupo humano” (2002, 134).

11 Para Bendix (2013), las nominaciones de patrimonio en la UNESCO pueden movilizarse para fines de desarrollo económico -principalmente turismo- y construcción de la nación.

12 Con una población total de 9 607 habitantes (INEGI 2020a).

13 El Camino Real es una región cultural con asentamientos de poblados de ascendencia maya que conecta a Campeche y Yucatán. Como ruta geográfica fue construida en la época colonial por la corona española.

14 Comunicólogo y político mexicano nacido en Pomuch, Campeche, en 1982. Desde el 2006 ha sobresalido en el área de la divulgación de la cultura y expresiones artísticas. Fue fundador del Festival en Pomuch y el primer presidente estatal del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en el 2013. Actualmente es director general de la Fundación Pablo García, en Campeche, y candidato a diputado local plurinominal por MORENA (Ucán Yam 2025).

15 Los municipios del norte de Campeche tienen flujos migratorios internos constantes debido a cuatro factores principales: para reunirse con familia en otros lugares, buscar trabajo, cambio u oferta de trabajo y estudiar (Véase INEGI 2020b). Esto implica que muchas personas no tienen la posibilidad de visitar a sus difuntos en Pomuch, pues viven en otros lugares. Sólo aquellos que viven en lugares cercanos como la ciudad de Campeche, visitan a sus parientes vivos y muertos en temporada de difuntos.

16 En Pomuch, el cambio de adscripción religiosa ha sido lento pero constante en las últimas seis décadas. Garma y Ruz (2005) han explicado la importancia de las religiones protestantes y paraprotestantes en la región maya desde la década de los setenta, y enfatizan que la tradición es constantemente negociada y adecuada para la supervivencia. En la actualidad, el 51.5 % de la población se inscribe en la religión católica, mientras que el 24.9 % han manifestado pertenecer a religiones cristianas o evangélica, y el 23.5 % dicen no pertenecer a ninguna religión (Véase INEGI 2020a).

17 Diputado local del 2015 al 2018.

18 Por ejemplo, Vanessa (2024).

19 Funcionario público que labora en la Secretaría de Turismo de Campeche y es colaborador de agencias turísticas privadas.

20 Es aquella persona que posee un conocimiento íntimo de la burocracia gubernamental, al igual que de la comunidad (Briggs 1996, 243). A través de ella el funcionario no entra directamente al poblado, sino que únicamente gestiona a través de los propios locatarios que tienen experiencia en cuestiones burocráticas, debido a que laboran o laboraron en algún puesto administrativo gubernamental.

21 Este proyecto fue financiado por el Programa de Apoyos a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) de la Secretaría de Cultura (véase Gobierno de México 2024).

22 Desde principios del 2023, el Gobierno del Estado de Campeche anunció una inversión de más de 30 millones de pesos para obras de infraestructura correspondientes a la primera etapa del proyecto “Restauración de la Parroquia y Mejoramiento de la Imagen Urbana de la Calzada de los Muertos de la Comunidad Maya de Pomuch, Hecelchakán”, el cual es coordinado por la APCEC. El trabajo se ha centrado en la rehabilitación (albañilería, señalización, herrería, jardinería, acabados, instalanción eléctrica e hidráulica, entre otros) y mejoramiento de la iglesia, el cementerio, la avenida y parque principal; todo esto con la finalidad de mejorar la imagen urbana de la comunidad (véase Gobierno del Estado de Campeche 2023a; 2023b).

23 Avenida principal, antes llamada Calle 12. Se le llamó Calzada de los Muertos desde que la limpieza de huesos fue declarada como patrimonio en el 2017. Según la información que me compartió un funcionario de la APCEC, el Paseo de los Pixanes comenzó a partir del 2018 y va desde el cementerio principal hasta una de las panaderías más importantes del poblado, cerca de la iglesia.

25 Campeche es un espacio de disputa política constante. Hay municipios, juntas municipales y ayuntamientos con partidos políticos opuestos entre sí y con el partido del Gobierno del Estado, lo que desde la perspectiva de los pobladores crea mayor desavenencia. Por ejemplo, el Gobierno del Estado está a cargo de Morena, el municipio de Hecelchakán es del PRI y la junta municipal en Pomuch es de Movimiento Ciudadano, desde el 2021 al 2024.

26 A cargo del ex presidente de México Andrés Manuel López Obrador y el partido político morena.

27 La visión de la APCEC consiste en “Salvaguardar el Patrimonio Cultural del Estado de Campeche para su transmisión y ciudadanización a las generaciones campechanas futuras, e impulsar su revalorización a nivel local, nacional e internacional, con fines tanto de desarrollo social y de competitividad económica” (APCEC 2024).

28 Campeche cuenta con dos declaratorias como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO: Ciudad Fortificada de Campeche en 1999 (UNESCO 2024c) y Antigua Ciudad Maya y bosques tropicales protegidos de Calakmul, Campeche en 2014 (UNESCO 2025).

29 Además de escuchar esto en las charlas informales que sostuve con algunos de ellos durante el Festival en el 2022 y 2023, se puede observar en las redes sociales de la institución.

30 La comida ritual del periodo de difuntos es muy importante en la región, pues genera vínculos significativos entre vivos y muertos, entre familiares y vecinos. Los alimentos preparados con condimentos como el pibipollo, el relleno negro y las bebidas a base de maíz y chocolate, son fundamentales y se deben elaborar de formas específicas porque las “almas benditas” serán las primeras en consumirlas. La comida de las ofrendas en su mayoría no son alimentos crudos, todos son preparados y sazonados con sus respectivos protocolos, a excepción de frutas como naranjas, plátanos, jícamas, entre otros. Uno de los platillos principales es el pibipollo (ampliamente difundido por las instancias gubernamentales), que es un tamal envuelto en hoja de plátano hecho a base de maíz, pollo y especias, cuya cocción se produce enterrado en la tierra con piedras calientes (al respecto, véase Quintal et al. 2014; García 2020; Ruz 2007). Los pomucheños hacen una constante relación entre los muertos y el pibipollo en términos de representación, por ello, dicho platillo no debe realizarse como ofrenda para un finado hasta pasado su cabo de año (Apipilhuasco 2024).

31 Hay distintas interpretaciones al respecto, puede ser el purgatorio, el cielo, el infierno, el inframundo o a “donde Dios los envíe” (Quintal et al. 2014).

32 Entre los que destacan testigos de Jehová, bautistas, presbiterianos, pentecostales, adventistas del séptimo día (o sabadistas), entre otros. Por lo que pude registrar, existen alrededor de quince templos con dichas denominaciones.

33 Al respecto véase Apipilhuasco (2024).

34 Para Lomnitz (2006) existe una vinculación entre administración de la muerte y el origen del Estado mexicano moderno. Lo que sugiero es que la administración de la muerte y la construcción de una idea sobre la muerte continúa brindando sustento y performando al Estado mexicano.

Recibido: 23 de Septiembre de 2024; Aprobado: 12 de Marzo de 2025

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