Introducción
La migración es un fenómeno complejo y multidimensional que actúa simultáneamente como causa y consecuencia de diversos procesos políticos, económicos, sociales y demográficos. Estos factores moldean el desarrollo tanto de las regiones que atraen como de aquellas que expulsan migrantes. En este sentido, el impacto de la migración es tan significativo que desempeña un papel determinante en la composición demográfica de los territorios involucrados (García-Amador, 2018; Cruz-Piñeiro y Acosta, 2021).
De acuerdo con datos de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM, 2024), en el año 2020 había en el mundo aproximadamente 281 millones de migrantes internacionales, es decir, el 3.6 % de los habitantes del planeta. El corredor más importante del mundo era el que transcurre entre México y Estados Unidos, por donde transitaron 10.8 millones de migrantes en el año 2023 (CONAPO, Fundación BBVA Bancomer y BBVA Research, 2023). En el caso de los migrantes internos,1 para 2020 la cifra de migrantes, tanto recientes2 como asentados,3 ascendía a 21.6 millones de mexicanos, mientras que las personas migrantes recientes representaban el 3.3 % de la población total registrada en el Censo de Población y Vivienda de 2020 (INEGI, 2021).
Los movimientos de migración interna en México son relevantes no solo por su magnitud, sino también por su impacto en la reestructuración territorial, la configuración de los mercados laborales y la atención a problemas públicos y sociales en contextos locales (Gordillo y Plassot, 2017). Por ello, realizar análisis que permitan comprender la dinámica de estos movimientos y sus causas es esencial para el diseño de políticas públicas orientadas al desarrollo. Priorizar dicho estudio resulta clave para atender desafíos inmediatos que afectan directamente el desarrollo interno, lo que contribuirá a mejorar la calidad de vida de las comunidades involucradas. Considerando este escenario, el objetivo de esta investigación es analizar la dinámica de los movimientos migratorios internos en México, así como sus causas en los periodos 1995-2000 y 2015-2020. Para ello, se utilizaron los datos de los Censos de Población y Vivienda de los años 2000 y 2020 compilados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2001, 2021), obtenidos y procesados a través de IPUMS-International, un proyecto del Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024), con el fin de comparar los cambios en los patrones y las motivaciones de la migración interna durante estos intervalos. Se realizaron cálculos de tasa de inmigración, emigración, saldo neto migratorio y prueba de hipótesis de diferencia de media.
Los principales resultados muestran una marcada concentración de inmigración interna en los estados de la república con mayor dinamismo económico, particularmente Chihuahua, Nuevo León y Coahuila. Además, en ambos periodos analizados se identifica que la principal motivación que impulsó a las personas migrantes a desplazarse fue de carácter laboral. Estos hallazgos subrayan la relevancia de fortalecer las políticas laborales y de desarrollo local en las entidades expulsoras.
La organización del artículo incluye una introducción, seguida por un apartado de revisión de literatura en el que se abordan las principales teorías migratorias usadas para el estudio y se presenta un panorama de la migración interna en México. En la sección siguiente se describen los datos y la estrategia metodología, posteriormente se presentan y discuten los resultados, y en el apartado final se desarrollan las conclusiones del artículo.
Revisión de la literatura
La sección de revisión de la literatura está dividida en dos partes. En la primera se abordan las principales teorías que han servido como base para entender el fenómeno migratorio, sus posibles determinantes y algunos de sus efectos. Entre estas teorías se incluyen la perspectiva neoclásica y el enfoque de atracción y expulsión (push and pull factors). Además, se discuten contribuciones como la nueva economía de la migración laboral (NELM por sus siglas en inglés).
En la segunda sección se presenta un panorama de la migración interna reciente en México, considerando estudios que abarcan desde la década de 1950 hasta investigaciones publicadas en 2024. Este análisis incluye la identificación de áreas de atracción y expulsión, así como la evolución de los patrones migratorios y las características socioeconómicas de las personas migrantes. Asimismo, se destacan algunos factores clave que han influido en estas dinámicas.
Las teorías de la migración
La migración es un fenómeno complejo que ha sido ampliamente estudiado (White y Lindstrom, 2005; Pérez y Santos, 2013; Rajan y Bhagat, 2023; Maharjan et al., 2024). A lo largo del tiempo, se han intentado explicar las razones que se encuentran detrás de la decisión de migrar a través de diversas teorías, entre las que destaca la teoría neoclásica de la migración por su importancia en el análisis de los patrones migratorios tanto a nivel individual como macroeconómico.
A partir del pensamiento económico neoclásico, la teoría neoclásica de la migración, basada en esos principios, sostiene que las personas migran principalmente debido a las diferencias salariales y de oportunidades económicas entre territorios. Desde esta perspectiva, la migración se interpreta como un mecanismo natural de ajuste que busca equilibrar las disparidades en el mercado laboral. Es así como las variaciones en la oferta y la demanda de trabajo entre países o regiones son los principales motores de la migración y, como consecuencia, en lugares donde existe un excedente de mano de obra y salarios bajos los trabajadores y trabajadoras se verán incentivados a moverse a lugares donde la demanda de mano de obra y los salarios sean mayores. Lo que se espera de dichos movimientos migratorios es una convergencia gradual de salarios y condiciones laborales a nivel regional o global (Lewis, 1954; Ranis y Fei, 1961; Harris y Todaro, 1970, Massey et al., 1993).
Aunque la teoría neoclásica ha sido muy importante en los trabajos sobre migración, es criticada principalmente por simplificar de manera excesiva la realidad del fenómeno migratorio al reducirlo a una motivación económico-laboral y descuidar otros factores, además de las incongruencias en las que incurre en cuanto a análisis laboral, al no considerar elementos como la discriminación, diferencias de lenguaje entre las personas migrantes o información asimétrica, factores que podrían dificultar o distorsionar el estudio del proceso migratorio (Todaro, 1969; Arango, 2003).
Aunada a esta teoría se encuentra la consideración de los factores de atracción (pull) y de expulsión de migrantes (push). La teoría pull and push plantea que las decisiones migratorias están influenciadas por una combinación de factores que impulsan a las personas a abandonar sus comunidades de origen, junto con otros que las atraen hacia un nuevo destino. Los factores de expulsión incluyen condiciones adversas como la pobreza, la violencia, el desempleo, la persecución política o religiosa y los desastres naturales, que obligan a las personas a buscar mejores oportunidades en otros lugares. Por otro lado, los factores de atracción son característicos de destinos que resultan atractivos para las personas migrantes, como la disponibilidad de empleo, mejores condiciones de vida, estabilidad política, oportunidades educativas o la posibilidad de reunificación familiar (Piore, 1979). Aunque esta teoría ha sido útil para analizar las dinámicas migratorias, también ha sido objeto de críticas. Una de las principales limitaciones que presenta es su tendencia a simplificar las decisiones migratorias al reducirlas a una dicotomía entre factores de expulsión y atracción, lo que puede simplificar la complejidad y la multidimensionalidad del fenómeno.
Por último, la nueva economía de la migración laboral (NELM) surge como una respuesta a las limitaciones de los enfoques tradicionales, como la teoría neoclásica y la teoría pull and push, para explicar los flujos migratorios. A diferencia de la primera de estas dos últimas teorías, según la cual el individuo toma decisiones basadas en la maximización de los beneficios principalmente por cuestiones laborales, la NELM concibe la migración como un fenómeno influenciado no solo por decisiones individuales, sino también por factores económicos, sociales y estructurales que afectan a los hogares y comunidades en su conjunto. Según esta perspectiva, las decisiones migratorias son tomadas de manera colectiva, tanto a nivel familiar como individual, con el objetivo de aumentar los ingresos del hogar, reducir riesgos y superar las restricciones impuestas por deficiencias en los mercados, incluyendo el laboral (Stark y Bloom, 1985; Stark, 1991).
Además, esta teoría argumenta que la migración no puede explicarse únicamente por las diferencias salariales entre países, sino por un conjunto más amplio de factores económicos y sociales entre los que se incluyen las políticas públicas, las condiciones de los mercados locales y las redes sociales que facilitan el proceso migratorio. De este modo, la migración se entiende como un fenómeno multidimensional, según el cual las personas migrantes no solo buscan mejorar sus ingresos, sino también acceder a servicios de educación y salud y a seguridad (Stark, 1991; Massey et al., 1993).
Cada una de las teorías antes mencionadas ha sido una herramienta útil para comprender ciertos aspectos de los patrones migratorios internacionales; asimismo, también pueden llevarse al plano nacional para entender los movimientos en el interior de los territorios. Sin embargo, debe considerarse que todas cuentan con limitaciones que no permiten procesar de manera exacta la complejidad del fenómeno. Por otra parte, a medida que los desafíos migratorios se vuelven más complejos, es necesario integrar todas las teorías sobre migración porque, lejos de ser excluyentes, se complementan. En esta investigación se utilizan postulados de las teorías previamente analizadas con el fin de brindar un panorama que explique el fenómeno migratorio interno y permita vislumbrar posibles patrones de movilidad.
Migración interna en México
En México existe una considerable cantidad de estudios referentes a la migración interna (Chávez, 1999; Sobrino, 2010; Pérez y Santos, 2013; Romo, Téllez y López, 2013; Varela, Ocegueda y Castillo, 2017; Cruz-Piñeiro y Acosta, 2021; Rodríguez, 2022). Estas investigaciones abordan diferentes aspectos del fenómeno, como las causas económicas y sociales que impulsan a las personas a trasladarse dentro del territorio nacional, así como las consecuencias de estos movimientos en las regiones de origen y de destino.
Históricamente, la migración interna en México ha estado marcada por desplazamientos rural-urbanos, a través de los cuales los individuos buscaban mejores oportunidades de desarrollo. En este marco, durante las décadas de 1950 y 1960 se observó un éxodo rural especialmente hacia la capital del país y otras áreas metropolitanas. Tabah y Cosío (1970) y Arizpe (1978) documentaron este proceso y analizaron las implicaciones sociales y económicas de estos desplazamientos.
Posteriormente, en las décadas de 1980 y 1990 la migración interna comenzó a mostrar señales de transformación; quedó atrás el predominio de los flujos rural-urbanos para dar paso a patrones más complejos y diversificados. Estos cambios estuvieron asociados con cuestiones económicas como las modificaciones en las estructuras económicas y la crisis. Por ejemplo, Chávez (1999) analizó cómo los desequilibrios regionales en el desarrollo económico generaron flujos migratorios hacia zonas más urbanizadas o con mayores oportunidades laborales, un resultado que contrasta con el de Pérez y Santos (2013), quienes observaron una evolución en los patrones y una mayor presencia de traslados urbano-urbanos. Por su parte, Sobrino (2010) se enfocó en las transformaciones demográficas y los patrones migratorios emergentes, y destacó el papel de las redes sociales entre los mecanismos que favorecían la migración. En una línea complementaria, Varela, Ocegueda y Castillo (2017), utilizando como fuente de información la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y modelos de múltiples variables dependientes categóricas, han presentado evidencia de la precariedad laboral como factor determinante en los patrones migratorios recientes.
En fechas actuales, Cruz-Piñeiro y Acosta (2021) han tratado los factores socioeconómicos asociados al proceso migratorio, entre los cuales han destacado la falta de oportunidades, las desigualdades regionales y la violencia. Esta última es retomada por Rodríguez (2022), quien asocia las altas tasas de emigración con los niveles de violencia que experimentan las comunidades expulsoras.
En este contexto, la migración laboral ha desempeñado un papel fundamental en la reconfiguración de los patrones migratorios. Este tipo de migración responde a las dinámicas de oferta y demanda de trabajo, y se manifiesta principalmente en desplazamientos hacia zonas con mayor concentración de actividad económica, como los corredores industriales del norte del país o las regiones turísticas del sureste (Harris y Todaro, 1970; Piore, 1979; Hjort, 2009; Acosta et al., 2006). Dentro de esta categoría destaca la migración calificada, que depende en gran medida de la capacidad de los mercados laborales para absorber estos flujos (Sobrevilla y Valdés, 2024). La migración interna de este tipo se encuentra estrechamente vinculada al intercambio económico entre regiones (García-Amador, 2018) y tiene implicaciones significativas para el desarrollo regional. Según estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2007), en ausencia de migración calificada, entidades como Chiapas y Oaxaca podrían registrar un mayor índice de desarrollo humano (IDH), mientras que otras como Querétaro presentarían niveles más bajos.
La importancia del fenómeno es tal que no solo forma parte de la agenda académica, sino que también es fundamental en los análisis de agencias estatales como el INEGI. Esta institución proporciona información clave para el estudio de la migración a través del Censo de Población y Vivienda y la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID). Hasta el momento en que se elaboró este escrito, los resultados de la ENADID 2023 revelan que aproximadamente 23.6 millones de personas nacieron en una entidad diferente a aquella en la que residían. Asimismo, las entidades con el mayor porcentaje de personas nacidas en otro estado eran Quintana Roo, Baja California y Baja California Sur, lo que refleja su importante papel como zonas de atracción migratoria, asociadas a su dinamismo económico y oportunidades laborales. En contraste, Oaxaca, Chiapas y Guerrero presentaban la menor cantidad de personas nacidas en otra entidad, situación que puede atribuirse a factores como el aislamiento geográfico, las condiciones socioeconómicas y la menor capacidad para atraer población migrante. Estos datos subrayan las profundas desigualdades regionales en el país y destacan la necesidad de diseñar políticas públicas dirigidas a promover un desarrollo equilibrado, fomentar la cohesión territorial y atender las causas estructurales de la migración interna (INEGI, 2024a).
A pesar de esta amplia base de estudios, es necesario continuar analizando la migración interna debido a su papel clave en la reestructuración territorial y en la configuración de los mercados laborales y demográficos. Además, es fundamental articular este fenómeno con las políticas públicas para garantizar un desarrollo más equitativo y sostenible, lo que podría contribuir a diseñar estrategias integrales dirigidas a atender las causas estructurales de la migración y a potenciar la cohesión social y el desarrollo nacional.
Datos y estrategia metodológica
Para llevar a cabo la investigación se utilizaron datos del 10 % de las muestras del Censo General de Población y Vivienda de 2000 y del Censo de Población y Vivienda de 2020, ambos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), obtenidas y procesadas por IPUMS-International del Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024). Los cuestionarios permiten identificar los motivos para emigrar, el lugar de nacimiento y las características socioeconómicas y demográficas individuales que afectarían la inserción en el mercado de trabajo, junto con otros datos como el estado civil, la edad, el nivel educativo y el sexo. En el Cuadro 1 se presenta una descripción detallada de las variables utilizadas en el estudio como: migrante interno reciente, inmigrante interno reciente, emigrante interno reciente y tasa de migración (CEPAL, 2023), además de otras variables relacionadas con los motivos para migrar (Fernández, Ochoa y Torres, 2021; Pintor y Cazares, 2023) (véase Cuadro 1).
Cuadro 1 Descripción de las variables usadas en el estudio
| Variable | Descripción |
|---|---|
| Migrante interno reciente | Variable dicotómica que indica si el individuo es migrante interno reciente, es decir, si cambió su lugar de residencia dentro del mismo país (diferente entidad federativa) en los cinco años previos (1=Sí; 0=No). |
| Inmigrante interno reciente | Variable dicotómica que indica si el individuo es inmigrante interno reciente, es decir, si llegó a la entidad federativa en los cinco años previos (1=Sí; 0=No). |
| Emigrante interno reciente | Variable dicotómica que indica si el individuo es emigrante interno reciente, es decir, si se fue de la entidad federativa en los cinco años previos (1=Sí; 0=No). |
| Tasa de migración | Cociente entre el saldo neto migratorio (diferencia media anual entre los inmigrantes y los emigrantes de una población) en el numerador y la población del mismo periodo en el denominador. El resultado se multiplica por mil habitantes. |
| Participación en el mercado laboral | El migrante participa en la fuerza laboral (1=Sí; 0=No). |
| Tipo de trabajo de los migrantes | Clasificación del trabajo del migrante (autoempleado, asalariado, sin paga). |
| Razones para migrar | Causas de la migración (laboral, familiar, educación, otra). |
Fuente: elaboración propia con base en INEGI (2021) y CEPAL (2023).
Para analizar los flujos migratorios con mayor precisión se emplearon los indicadores estandarizados basados en la metodología de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2023). Estos cálculos permiten cuantificar no solo la presencia de migrantes, sino también los saldos netos y las dinámicas territoriales de atracción y expulsión de la población. A continuación, se detallan las fórmulas utilizadas para estimar los componentes clave de la migración interna.
En primer lugar, es necesario establecer el total de habitantes (residentes) en un territorio determinado:
A partir de la información sobre la población total residente en un territorio, los inmigrantes pueden calcularse restando a la población residente actual la población no migrante (N nom )
Donde: N .i es el total de población residente actual en la división i. Este valor incluye tanto a los no migrantes (N ii ) como a los inmigrantes (I i ). N ii es el número de personas que no migraron y permanecieron en la división i. Al restar N ii de N .i , obtenemos el total de inmigrantes (I i ).
Por su parte, el número de emigrantes se calcula como sigue:
Los emigrantes de alguna región (E i ) son las personas que nacieron en i, pero en la actualidad residen en otra región. Se toma el total de personas nacidas en la región N i. y se le resta la población que sigue viviendo en esa misma región, también conocida como no migrante (N ii ).
La incorporación de tasas migratorias al análisis responde a la necesidad de hacer comparaciones estandarizadas entre entidades federativas, independientemente de su tamaño poblacional. Estas tasas siguen estándares internacionales (Naciones Unidas, 2017) y se calculan mediante dos enfoques complementarios: por un lado, se refleja el balance entre inmigración y emigración y, por otro, se mide la intensidad de los flujos.
La tasa de migración (TM) se calcula como el cociente entre el saldo neto migratorio (SNM) en un periodo determinado y la población estimada a la mitad del mismo periodo. En el numerador se incluyen los eventos de migración registrados en el periodo (por ejemplo, 1995-2000 y 2015-2020 respectivamente para los años estudiados), mientras que en el denominador4 se utiliza la población estimada a la mitad del periodo como una aproximación a los años persona vividos (APV), siguiendo la convención demográfica estándar (CEPAL, 2023). La fórmula se expresa de la siguiente manera:
El saldo o balance migratorio se obtiene restando los valores previos:
Además, para determinar si existen diferencias estadísticamente significativas entre la población migrante y la no migrante se realizaron pruebas de hipótesis de diferencia de medias. Este enfoque es ampliamente utilizado en estudios demográficos (White y Lindstrom, 2005), ya que permite evaluar si las disparidades observadas, por ejemplo, en educación o participación laboral, se deben a variaciones aleatorias o a patrones sistemáticos asociados al fenómeno migratorio. En este caso, bajo el supuesto de normalidad se plantea la hipótesis nula de que las medias de ambos grupos analizados son iguales y, como alternativa, que las medias son diferentes . Al desconocer los parámetros y , se obtiene el estadístico t (Anderson et al., 2008):
Si el valor del estadístico t resulta estadísticamente significativo, se puede rechazar la hipótesis nula de igualdad de medias entre grupos al respecto de la variable analizada. Esto indicaría que las diferencias observadas entre la población migrante y la no migrante no se deben a variaciones aleatorias, sino que reflejan patrones sistemáticos asociados a características estructurales propias de cada grupo.
Resultados y discusión
En la Gráfica 1 se muestra el número de inmigrantes internos recientes por entidad de residencia en México en los periodos 1995-2000 y 2015-2020. Las tasas están representadas mediante barras diferenciadas por colores: azul para el periodo 1995-2000 y naranja para el quinquenio 2015-2020. Esta gráfica permite analizar patrones de movilidad poblacional en el contexto de los desafíos económicos y sociales del país. En general, refleja cambios en la magnitud y distribución de los flujos migratorios internos en México a lo largo de dos décadas; además, permite identificar las entidades que presentan los mayores niveles de inmigración, es decir, aquellas que actúan como centros de atracción de migrantes. Los estados de la república que mantienen una dinámica de inmigración similar en ambos periodos de estudio son Zacatecas, Veracruz, Tlaxcala, Tabasco, Sonora, Sinaloa, San Luis Potosí, Nayarit, Morelos, Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Durango, Chiapas, Coahuila, Colima, Campeche y Baja California. En cambio, Chihuahua, la Ciudad de México, el Estado de México y Tamaulipas presentan una caída en la magnitud de migración en 2020 con respecto a 2000. Por su parte, Nuevo León, Puebla, Querétaro y Quintana Roo incrementaron el nivel de inmigrantes recibidos de 2000 a 2020. Estos resultados permiten observar un cambio en la configuración de la migración interna en México, de tal modo que algunas entidades han perdido atractivo como destino migratorio, posiblemente debido a las transformaciones en sus condiciones económicas, sociales o de seguridad (véase Gráfica 1).

Fuente: elaboración propia con datos de IPUMS-International, Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024).
Gráfica 1 Inmigrantes internos recientes por entidad de residencia: México, 1995-2000 y 2015-2020
La disminución de la inmigración en entidades como Chihuahua podría estar relacionada con dos factores principales: por un lado, la pérdida de dinamismo económico y, por otro, la violencia que ha afectado al estado (Rodríguez, 2022). Esto tuvo repercusiones en las decisiones de las personas migrantes internas, quienes no solo dejaron de considerar Chihuahua como un destino atractivo, sino que, en muchos casos, regresaron a sus lugares de origen en un éxodo motivado por la necesidad de huir de la violencia. Un caso similar se documenta en Tamaulipas (Rodríguez, 2021). Por el contrario, en estados como Querétaro aumentó el nivel de inmigración en parte por el asentamiento de industrias que hicieron atractivo el estado para los migrantes internos que buscaban oportunidades laborales (Pérez, 2007).
La Gráfica 2 ilustra la evolución del número de emigrantes internos recientes por entidad federativa en México durante los periodos 1995-2000 y 2015-2020. Los resultados permiten comparar los cambios en el volumen de emigrantes entre entidades federativas a lo largo del tiempo. Se observan tendencias diferenciadas: algunos estados, como Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán y Zacatecas, mantienen un volumen relativamente constante de emigrantes en ambos periodos (véase Gráfica 2).

Fuente: elaboración propia con datos de IPUMS-International, Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024).
Gráfica 2 Emigrantes internos recientes por entidad de residencia: México, 1995-2000 y 2015-2020
Otras entidades, en contraste, muestran cambios significativos en el número de emigrantes. Por ejemplo, la Ciudad de México experimentó una disminución considerable, mientras que Chiapas, Guerrero y el Estado de México registraron un aumento notable en los niveles de emigración. En términos de cantidad de emigrantes, las entidades con los niveles más altos fueron Veracruz, Estado de México, Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas y Puebla, mientras que las entidades con los niveles más bajos de emigración fueron Baja California Sur, Aguascalientes y Quintana Roo.
Los estados de la república con niveles más elevados de emigración también registraron los más altos índices de pobreza en el país. De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), Chiapas (67.4 %), Guerrero (60.4 %) y Veracruz (51.7 %) presentan niveles de pobreza que han permanecido elevados desde la primera medición de pobreza multidimensional en 2008 hasta la más reciente en 2022, superando consistentemente la media nacional (36.3 %). En contraste, la Ciudad de México, que mostró una disminución en la emigración, reportó también uno de los niveles más bajos de pobreza en el país (24 %) (CONEVAL, 2023). Por lo anterior, a pesar de los altos niveles de emigración, en la Ciudad de México estos podrían estar asociados a otros factores como el costo de la vivienda (Isunza, 2010).
En la Gráfica 3 se compara la tasa de migración reciente entre los años 19952000 y 2015-2020 para cada entidad federativa. Las tasas positivas muestran las entidades de atracción de migrantes internos recientes, mientras que las negativas muestran las de expulsión (véase Gráfica 3).

Fuente: elaboración propia con datos de IPUMS-International, Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024).
Gráfica 3 Tasa de migración reciente por entidad de residencia: México, 1995-2000 y 2015-2020
Entre las entidades con tasa de migración positiva destacan: Quintana Roo, con una de las tasas de migración más altas en ambos periodos, lo que refleja la constante atracción migratoria de este estado, aunque se nota una ligera disminución en 2020; Querétaro, que también presenta un incremento significativo entre 2000 y 2020, y Baja California Sur, que muestra un aumento en la atracción de migrantes para 2020.
Por su parte, entre las entidades con tasas migratorias negativas es importante señalar la Ciudad de México, que tuvo resultados negativos en ambos periodos, lo que sugiere una pérdida neta de población migrante reciente. Además, Zacatecas y Veracruz también presentaron tasas negativas, lo cual puede estar relacionado con el fenómeno de emigración hacia otros estados o al extranjero.
En la Figura 1, elaborada con base en los resultados del saldo neto migratorio, se identifican las entidades de expulsión (en naranja) y las de atracción (en azul) de migrantes internos recientes en el periodo 1995-2000. Este análisis permite evidenciar las desigualdades que caracterizan a las regiones expulsoras y receptoras de migrantes (véase Figura 1).

Fuente: elaboración propia con datos de IPUMS-International, Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024).
Figura 1 Entidades de expulsión y atracción de migrantes internos, 1995-2000
Las principales entidades de expulsión5 identificadas son Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Veracruz y Puebla. Estos estados de la república presentan altos niveles de pobreza basada en los ingresos, una baja diversificación económica y una fuerte dependencia de actividades primarias como la agricultura (Velasco, 2000; Boltvinik y Damián, 2001; Aguayo, 2004; Bracamontes-Nevarez y CamberosCastro, 2011). A lo anterior se suma la marginación histórica, que ha limitado el acceso de la población de estas entidades a servicios básicos como educación, salud y empleo formal, circunstancias que han favorecido las condiciones de expulsión.
Por otro lado, entre las entidades de atracción, caracterizadas por saldos migratorios positivos, destacan Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco y Quintana Roo, entre otras6. Estas regiones muestran un desarrollo económico más dinámico, impulsado por la industria manufacturera, la maquila y el comercio (Hjorth, 2009).
En la Figura 2 se muestran las entidades de expulsión7 y atracción8 de migrantes para el año 2020 (considerando los movimientos internos 2015-2020). Entre los detalles principales se observa que Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Veracruz y Puebla fueron estados expulsores. Tanto en el periodo 1995-2000 como en el periodo 2015-2020, las entidades del sur del país (Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Veracruz) fueron zonas de expulsión de migrantes internos, lo que refleja la persistencia de problemas estructurales como la pobreza, la desigualdad, el rezago educativo y la dependencia de actividades primarias. A pesar de las políticas de desarrollo que se aplicaron en esos estados durante las últimas décadas, los avances no fueron suficientes para revertir las condiciones que impulsan la migración (López, 2022), por lo que en general son las entidades del sur las que se ven más desfavorecidas a causa de los movimientos migratorios (PNUD, 2007). De acuerdo con datos del INEGI, los tres estados con menor producto interno bruto per cápita en los dos periodos analizados fueron Chiapas, Guerrero y Oaxaca, los cuales, a su vez, se identificaron como entidades expulsoras de migrantes internos (INEGI, 2022). No obstante, estos estados no presentaron las tasas de desocupación más elevadas (INEGI, 2020), lo que podría sugerir que esta migración no se encuentra necesariamente asociada a la falta de empleo, sino a la precariedad de los ingresos y a las limitadas condiciones laborales en los sectores económicos predominantes. En este contexto, la emigración podría entenderse como una estrategia de los hogares para diversificar fuentes de ingreso y mejorar su bienestar frente a entornos estructuralmente desfavorables (véase Figura 2).
Por su parte, los patrones de atracción continuaron centrados en los estados del norte del país, que han mostrado un desempeño económico más dinámico, reflejado en niveles de PIB per cápita superiores al promedio nacional y en una mayor concentración de actividades industriales, comerciales y de servicios (INEGI, 2022). Entre los cambios, destaca cómo Hidalgo, que en 2000 mostró saldos migratorios negativos (expulsión), evolucionó hacia patrones de atracción en 2020. Esto puede deberse al crecimiento de los corredores industriales y a la expansión de la mancha urbana del Valle de México, que ha generado empleos y oportunidades en las zonas periféricas (Romo, Téllez y López, 2013). Asimismo, este cambio podría estar relacionado con el auge industrial en el Bajío, especialmente en sectores como la industria automotriz, que ha impulsado el desarrollo económico regional. Por último, la Ciudad de México, que históricamente ha sido una región de atracción migratoria (Negrete, 1990), presenta saldos negativos, lo cual podría atribuirse al crecimiento económico de municipios circundantes en el Estado de México, que ha diluido parte del papel central de la capital y ha redirigido a los migrantes hacia estas áreas periféricas.
En la Gráfica 4 se presentan los principales motivos de migración interna en México, categorizados en los siguientes factores: laborales, familiares, educativos, de salud, derivados de la violencia y otros. Con información de los censos de 2000 y 2020 se recopilaron las razones por las cuales las personas migraron durante los periodos 1995-2000 y 2015-2020, respectivamente. A partir de estos datos, la gráfica presenta un desglose porcentual que permite identificar y comparar las principales causas de migración en ambos periodos, lo que contribuye a comprender cómo han cambiado los factores que impulsan a las personas a migrar en el país (véase Gráfica 4).

Fuente: elaboración propia con datos de IPUMS-International, Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024).
Gráfica 4 Motivos para migrar 1995-2000 y 2015-2020
En el año 2000, los motivos laborales dominaron con un 29.3 % de las respuestas, seguidos por los motivos familiares con un 28.9 %. Para 2020, los motivos laborales aumentaron hasta alcanzar cerca del 50 %, mientras que los familiares disminuyeron considerablemente. Otros motivos, como la violencia y la educación, mostraron incrementos notables en 2020. Los últimos resultados concuerdan con lo observado en investigaciones previas, en las cuales se contempla la violencia como un determinante de la migración interna en años recientes (Rodríguez, 2022).
La evolución de los motivos para migrar en los periodos 1995-2000 y 2015-2020 subraya la creciente importancia de las causas laborales y la emergencia de la violencia como factor migratorio. Asimismo, estos cambios evidencian la necesidad de elaborar políticas públicas que aborden tanto el desarrollo económico en regiones expulsoras, como mejoras en la seguridad y la cohesión social.
El Cuadro 2 presenta la participación en la fuerza laboral y el porcentaje de empleo, desglosado entre migrantes y no migrantes para los periodos 1995-2000 y 2015-2020. También incluye pruebas estadísticas para evaluar diferencias significativas entre ambos grupos (véase Cuadro 2).
Cuadro 2 Participación laboral por condición de migración 1995-2000 y 2015-2020
| 1995-2000 | 2015-2020 | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Variables | Migrantes | No migrantes | Estadístico t | Migrantes | No migrantes | Estadístico t |
| Participación en la fuerza laboral | 61.7 | 54.5 | 7.65* | 69.8 | 62.5 | 7.3* |
| No participa en la fuerza laboral | 38.3 | 45.5 | 30.3 | 37.5 | ||
| Empleados/1 | 98.5 | 98.7 | 3.5* | 91.0 | 88.2 | 6.45* |
/1Porcentaje de los individuos pertenecientes a la fuerza laboral que se encuentran empleados.
* Nivel de significancia al 99 %.
Fuente: elaboración propia con datos de IPUMS-International, Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024).
En el primer periodo, las personas migrantes mostraron una mayor participación en la fuerza laboral (61.7 %) en comparación con las no migrantes (54.5 %). Por su parte, en el segundo periodo esta tendencia se mantuvo, con un incremento en la participación laboral de los migrantes (69.8 %) frente a los no migrantes (62.5 %). Respecto a la proporción de individuos activos en la fuerza laboral, en el segundo periodo los migrantes presentaron un porcentaje ligeramente menor que los no migrantes. Además, en 2020 la caída del empleo fue más marcada entre los migrantes que entre los no migrantes.
Estos resultados evidencian que las personas migrantes tienen consistentemente una mayor participación laboral que las no migrantes, lo que podría atribuirse a su motivación por mejorar sus condiciones económicas en los destinos, por lo que aceptan trabajos con menor remuneración. Sin embargo, el descenso en el porcentaje de empleo entre migrantes en 2020 sugiere desafíos en la integración laboral, posiblemente debido a factores como la automatización, desigualdades regionales o impactos socioeconómicos recientes, como la pandemia de covid-19.
En el Cuadro 3 se muestra la distribución porcentual de los tipos de trabajo: 1) no remunerado, 2) asalariado y 3) autoempleo para ambos grupos estudiados (migrantes y no migrantes) en los periodos indicados; además, con el fin de corroborar la significancia estadística, se presentan los resultados del estadístico t de la prueba de hipótesis de diferencia de medias realizada a los dos grupos de análisis (véase Cuadro 3).
Cuadro 3 Tipo de trabajo por condición de migración (%), 1995-2000 y 2015-2020
| 1995-2000 | 2015-2020 | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Tipo de trabajo | Migrantes | No migrantes | Estadístico t | Migrantes | No migrantes | Estadístico t |
| Trabajo no remunerado | 2.2 | 4.7 | 4.5* | 2.1 | 3.5 | 3.57* |
| Asalariado | 80.3 | 68.5 | 1.69** | 79.6 | 71.7 | 1.3 |
| Autoempleado | 17.4 | 26.7 | 5.23* | 18.3 | 24.7 | 11.5* |
* Nivel de significancia al 99 %, ** Nivel de significancia al 90 %.
Fuente: elaboración propia con datos de IPUMS-International, Centro de Población de Minnesota (Ruggles et al., 2024).
En el año 2000, los migrantes presentaron una menor proporción de trabajos no remunerados (2.2 %) en comparación con los no migrantes (4.7 %). Este patrón se mantuvo en 2020, aunque las cifras aumentaron ligeramente para ambos grupos, alcanzando el 3.5 % para los no migrantes frente al 2.1 % de los migrantes. En este sentido, es importante considerar el momento coyuntural de la pandemia por covid-19 que se experimentó en 2020 y que pudo tener repercusiones importantes en las condiciones laborales de los individuos.
En cuanto al trabajo asalariado, en 2000 los migrantes destacaron con una mayor proporción (80.3 %) frente a los no migrantes (68.5 %). Para 2020, los resultados no fueron concluyentes al no presentarse diferencias significativas en el estadístico t. Respecto al autoempleo, en 2000 los no migrantes superaron a los migrantes, alcanzando los primeros un 26.7 % frente al 17.4 % de los segundos. En 2020 esta brecha se redujo, aunque los no migrantes continuaron liderando en esta categoría con un 24.7 % frente al 18.3 % de los migrantes.
Consideraciones finales
La dinámica de la migración interna en México ha estado moldeada por factores estructurales y coyunturales que reflejan las desigualdades regionales en términos de desarrollo económico, acceso a empleo y calidad de vida. A lo largo de las últimas dos décadas, los flujos migratorios han evidenciado una marcada concentración de los movimientos poblacionales. Para llevar a cabo este análisis, se utilizaron datos del 10 % de las muestras de los Censos de Población y Vivienda de 2000 y 2020, compilados por el INEGI y procesados a través de IPUMS-International. La metodología incluyó el cálculo de tasas de migración y la aplicación de pruebas estadísticas de diferencia de medias, lo que permitió identificar las características laborales de los migrantes internos.
Los resultados obtenidos muestran que los migrantes internos recientes presentan una mayor participación en la fuerza laboral en comparación con los no migrantes, aunque su acceso a empleos estables y bien remunerados sigue siendo un reto. Asimismo, se identificó que las entidades con mayores tasas de inmigración cuentan con economías más diversificadas y dinámicas, en contraste con aquellas con saldo migratorio negativo, donde persisten altos niveles de marginación y escasas oportunidades de empleo formal. Además, se observó un incremento en la importancia de la violencia como motivo de migración en los últimos años, lo que resalta la necesidad de elaborar políticas de seguridad y estabilidad social que complementen las estrategias de desarrollo económico.
Desde una perspectiva de política pública, los hallazgos de esta investigación reflejan la importancia de diseñar estrategias que promuevan un desarrollo más equilibrado entre las regiones. Dentro de las acciones prioritarias destacan la inversión en infraestructura y servicios básicos en zonas expulsoras, la creación de incentivos económicos para generar empleo local y la gestión sostenible del crecimiento urbano en las entidades receptoras. La evidencia sugiere que el fortalecimiento de los mercados laborales en regiones de expulsión, acompañado de una mejor planificación territorial en las zonas de atracción, puede contribuir a mitigar los efectos negativos de la migración interna y a fomentar una distribución más equitativa de las oportunidades económicas.
No obstante, los desafíos que plantea la migración interna en México requieren de un enfoque multisectorial y a largo plazo. La persistencia de disparidades regionales y la influencia de factores como el cambio climático, la inseguridad y la transformación del mercado laboral demanda políticas flexibles y basadas en evidencia que puedan adaptarse a las dinámicas emergentes. Además, la falta de datos más desagregados y actualizados sobre los flujos migratorios internos limita la capacidad de análisis y diseño de estrategias más focalizadas. Por ello, es esencial mejorar los sistemas de recolección de información y fomentar la coordinación entre distintos niveles de gobierno para abordar de manera integral los retos que la migración interna impone al desarrollo nacional.
En conclusión, la migración interna en México es un fenómeno complejo con profundas implicaciones económicas, sociales y territoriales. Si bien representa una estrategia de movilidad social para muchos individuos y familias, también evidencia los desafíos estructurales que aún enfrenta el país en términos de equidad regional y acceso a oportunidades. La implementación de políticas públicas eficaces y sostenibles es crucial para transformar la migración interna en un motor de desarrollo equilibrado y para mejorar la calidad de vida de la población en todas las regiones del país.










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