Introducción
Desde su llegada a Chihuahua en 1922, los menonitas se establecieron como una comunidad agrícola autosuficiente basada en métodos tradicionales de cultivo. Sin embargo, un punto de inflexión ocurrió en la década de 1970, cuando la colectividad comenzó a adoptar tecnología agrícola moderna, debido a la necesidad de aumentar la productividad ante el crecimiento demográfico interno, la reducción de tierras disponibles y a los retos climáticos de la región. La mecanización y el uso de técnicas avanzadas de riego transformaron su economía, lo que posibilitó ampliar su producción y consolidarse como un actor clave en el sector agroindustrial de Chihuahua. Posteriormente, en los años noventa, la falta de agua y la presión sobre la tierra llevaron a este grupo a diversificarse económicamente con lo que pudo explorar nuevas áreas productivas. Su ética de trabajo y su sentido de comunidad han sido fundamentales para adaptarse y modernizarse. Las investigaciones sobre los menonitas en Chihuahua han subrayado que su cultura de trabajo en equipo ha sido esencial para su éxito económico. Han creado estrategias de producción que se basan en la cooperación y en la autosuficiencia, lo que los ha ayudado a enfrentar los desafíos económicos actuales. Además, la apropiación del espacio y la interacción con otros grupos sociales han dado lugar a un modelo de desarrollo regional que combina elementos tradicionales con nuevas formas de producción y comercio.
La diversificación económica ha llevado a los menonitas a expandirse más allá de la agricultura. Han incursionado en la industria de alimentos procesados, la manufactura y el comercio internacional. En particular, la producción de queso y la industria metalmecánica han cobrado importancia en los mercados nacionales e internacionales, lo que los ha consolidado como un actor económico relevante. Esta transformación también ha traído consigo cambios en la educación y en la capacitación, ya que las nuevas generaciones han comenzado a incorporar conocimientos de administración y de tecnología para fortalecer sus negocios. El objetivo de este artículo es analizar y documentar las actividades de desarrollo económico de la comunidad menonita en el estado de Chihuahua, enfocándose en la evolución de sus prácticas agrícolas, en la diversificación de las actividades económicas y en los efectos de estas dinámicas en su cohesión social y cultural. Se busca identificar los factores que han facilitado su integración a la economía regional y evaluar la manera en que las transformaciones han influido en su identidad cultural y en las relaciones interétnicas con la población mestiza.
La revisión bibliográfica se centra en el establecimiento de los menonitas y su influencia en la economía del estado de Chihuahua. ¿Cuál ha sido el crecimiento y la derrama económica de las actividades agroindustriales y de servicios generadas por los menonitas? ¿Cuál ha sido su expansión en el estado? ¿De qué manera se han integrado en las actividades de los municipios y de la región? ¿En qué actividades han diversificado su economía? ¿Qué papel desempeña la religión en su actividad económica? Son las interrogantes que guían esta investigación.
Metodología
El presente estudio utiliza el enfoque socioeconómico y cultural para analizar el impacto económico, social y cultural de la comunidad menonita en Chihuahua. La búsqueda de información se realizó en Google Académico, porque incluye materiales académicos y no académicos. Se utilizaron las palabras clave en español (“Menonitas” + “Chihuahua” + (“impacto económico”, “impacto social”, “cultura”, “agricultura”, “religión”, “turismo”, “campos menonitas”)) y en inglés (“Mennonites” + “Chihuahua” + (“economic impact”, “social impact”, “culture”, “agricultura”, “religion”, “tourism”, “Mennonite farms”)). Se incluyeron tesis, informes de organismos oficiales, como el del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del Gobierno de México y del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), artículos de divulgación ubicados en bases de datos indexadas nacionales e internacionales, notas periodísticas y libros publicados por la comunidad menonita (Bergen, 2017; Giesbrecht, 2018; Giesbrecht y Klassen, 2015; Penner, 2014; Schartner y Schartner, 2009). De esta forma se garantiza una óptica integral y multidisciplinaria.
El análisis se realizó considerando tres dimensiones. La económica examina la producción agrícola, la diversificación de los productos y la forma en que los menonitas contribuyen al desarrollo de la región. La social investiga su cohesión, la interacción entre mestizos y rarámuris, y el cambio de sus estructuras sociales a lo largo del tiempo. La cultural se enfoca en la identidad menonita, su conexión con la modernidad, sus prácticas religiosas y la influencia de estas en su organización económica.
En la selección de textos se descartaron los estudios que solo mencionaban a los menonitas sin profundizar en la trascendencia que han tenido en la región. También se excluyeron los que únicamente se centraban en los aspectos religiosos o lingüísticos y que no consideraban el vínculo con la economía o con la sociedad. Se dio prioridad a las investigaciones que abordaran las repercusiones económica y cultural de los menonitas en Chihuahua, que analizaran la evolución histórica de la comunidad y su diversificación económica, que exploraran la relación interétnica con otros grupos y que ofrecieran datos concretos o información relevante.
Es importante aclarar que este trabajo no se presenta como un estado del arte, sino como una recopilación de información, desde las perspectivas socioeconómica y cultural, que busca documentar los antecedentes de las actividades de desarrollo económico menonita en el estado de Chihuahua. Investigaciones anteriores han demostrado que reunir y examinar literatura de diversas fuentes facilita la comprensión profunda de los efectos económicos y sociales que producen las agrupaciones agrícolas migrantes, porque ofrecen el marco teórico para examinar su integración y su aporte al desarrollo local (Polain, Neumann, O’Driscoll y Schreiber, 2020; Bridgemon, 2012).
Antecedentes
Historia y configuración territorial de los menonitas
La mezcla de factores religiosos, políticos y económicos ha marcado la forma en que los menonitas se han organizado territorialmente a lo largo de la historia. Desde que surgieron en el siglo XVI, los menonitas, un grupo anabaptista, han defendido la idea de mantener la Iglesia y el Estado separados, así como salvaguardar el pacifismo y la vida en comunidades autosuficientes. Esta fuerte identidad los ha llevado a enfrentar persecuciones en diferentes momentos y lugares de Europa, especialmente en Suiza, Países Bajos y Alemania, lo que desencadenó sus primeras migraciones hacia Prusia en el siglo XVIII (Kraybill, 2001).
En Prusia, los menonitas formaron colectividades agrícolas bien organizadas, guiadas por un liderazgo eclesiástico y cooperativo sólido, un modelo que seguirían replicando en sus migraciones posteriores. Con la expansión del Imperio ruso bajo el mando de Catalina la Grande, se ofrecieron tierras y la exención del servicio militar a las personas, a cambio de colonizar las áreas poco pobladas. Así, en el siglo XIX, los menonitas establecieron asentamientos en Chortitza y Molotschna (Ucrania), donde perfeccionaron su sistema de autogestión agrícola y crearon sus propias instituciones educativas. Sin embargo, con el tiempo, las políticas rusas cambiaron y comenzaron a presionarlos con medidas de asimilación, lo que provocó nuevas olas de migración, especialmente hacia América del Norte (Loewen, 1993).
A finales del siglo XIX y principios del XX, miles de menonitas se mudaron a Canadá y a Estados Unidos. Ahí encontraron un ambiente más propicio para vivir según sus creencias. Sin embargo, cuando el gobierno canadiense introdujo las políticas de escolarización obligatoria en inglés, algunos grupos optaron por emigrar de nuevo, esta vez hacia México y Paraguay en la década de 1920. En México, principalmente se establecieron en los estados de Chihuahua y Durango, mientras que en Paraguay fundaron colonias en áreas remotas, como el Chaco. En ambos lugares adquirieron tierras y desarrollaron sistemas económicos y sociales que se centraban en la autosuficiencia y en el aislamiento cultural (Sawatzky, 1971).
El siglo XX fue testigo de la expansión de las comunidades menonitas hacia Bolivia, Brasil y Argentina, donde continuaron estableciendo su modelo de asentamiento rural con un enfoque cooperativo. Sin embargo, en las últimas décadas, la modernización y la globalización han traído consigo nuevos desafíos para ellos. En muchos casos, la expansión de la frontera agrícola y la necesidad de tener acceso a mercados más amplios los han llevado a tener mayor interacción con las sociedades nacionales, lo que ha provocado tensiones internas sobre la adopción de tecnologías modernas y la preservación de sus tradiciones culturales (Goossen, 2016).
A pesar de estos cambios, los menonitas han logrado mantener su identidad a través de la autogestión de sus territorios, la educación en su propio idioma y la conservación de las estructuras de liderazgo comunitario. Sus movimientos migratorios reflejan un patrón de resistencia y de adaptación, con lo que muestran una capacidad notable para reconstruir su estilo de vida en diferentes contextos geográficos y políticos.
La llegada de los menonitas a Chihuahua
Los menonitas del norte de Chihuahua forman parte de la rica historia y de la diversidad cultural de la región (Bridgemon, 2012). Viajaron desde Canadá para establecerse en San Antonio de los Arenales en 1920. En esa época, su lenguaje era desconocido para el resto de la población, se casaban únicamente con personas de su grupo y criaban a sus hijos bajo la doctrina de la Iglesia Altkolonier (Bixler-Márquez, 1988).
Los menonitas llegan a Chihuahua en 1922, cuando la economía agrícola aún no lograba recuperarse de la Revolución mexicana de 1910. Después de una serie de acuerdos con el gobierno de Álvaro Obregón, recibieron algunos indultos de las reglas mexicanas sobre la tierra, la educación, la salud y el ingreso al ejército (Dormady, 2014). Lograron adquirir cien mil hectáreas, las cuales eran terrenos en venta de la exhacienda Bustillos y las que consideraron aptas para el tipo de agricultura que habían practicado en Canadá y Rusia.
Eran 9 263 personas. De ellas, 8 025 se establecieron en lo que hoy es ciudad Cuauhtémoc; 511, en el municipio de Namiquipa y 727, en el municipio de Riva Palacio. Crearon las colonias Manitoba y la Swift Current, constituidas por 42 y 17 campos,1 respectivamente (Bautista y Sánchez, 2018). Cabe mencionar que, en aquel entonces, esos lugares carecían de agua y de energía eléctrica, por lo que tuvieron que construir molinos de viento para extraer agua (Manzanares, 2020).
A finales de 1922, aproximadamente tres mil menonitas ya se encontraban en la región de Bustillos (Aboites, 1995). Entre 1922 y 1927, la migración hacia México continuó, y algunas familias se establecieron en las colonias de Bustillos, Santa Clara y Namiquipa. Para entonces, la población menonita en esa región ascendía a cerca de diez mil personas (Pedroza, 2018b).
Los menonitas conforman un conjunto diverso, integrado por distintos grupos: Old Colony (Altkolonier), Kleine Gemeinde y Sommerfeld, cada uno con características particulares en los ámbitos religioso, socioeconómico y político-cultural (Sawatzky, 1971). Con el tiempo, en estas agrupaciones ha habido estratificación social, desarrollo económico, crecimiento y mestizaje (Pedroza, 2020).
A lo largo de la historia, las autoridades mexicanas han respetado y respaldado el marco socioeconómico y cultural de los menonitas. Aunque los menonitas se fundamentan en principios de igualdad, la diversidad de ideas y las relaciones sociales han influido en su desarrollo económico. Es común que aquellos que tienen creencias similares formen grupos más cerrados, establezcan vínculos y se reubiquen en áreas más remotas para mantener un equilibrio entre el respeto y la libertad de expresión (Flores, Arcos y Llera, 2014). A 102 años de su llegada, los menonitas se han integrado de forma activa en las dinámicas económicas, sociales y regionales de Chihuahua y participan en actividades que tienen repercusiones en varios municipios.
La familia y sus roles
La familia es un pilar fundamental de la comunidad menonita. El matrimonio es un sacramento hasta el final de los tiempos y la familia debe aprobarlo en presencia de una casamentera o un funcionario de la iglesia, que actúa como mediador (Chavira y Salinas, 2019). Los grupos más conservadoras mantienen un estilo de vida rural con normas patriarcales y una estructura jerárquica que regula la vida familiar y la comunitaria. Estos conjuntos de personas, conocidas como Darpe (que significa “campo” o “aldea”), funcionan con un sistema en el que la autoridad masculina predomina. Los hombres son los responsables de las decisiones familiares y económicas (Carl-Klassen, 2021). Los roles están claramente diferenciados: las madres enseñan a sus hijas las tareas del hogar: la cocina, la costura y la crianza, mientras que los padres instruyen a sus hijos en sus oficios. Los jóvenes trabajan fuera del hogar desde la adolescencia.
Hasta 1980, los menonitas se casaban exclusivamente entre ellos y criaban a sus hijos con los preceptos de la Iglesia Altkolonier (Redekop, 2018). Las familias se componían de entre cuatro y ocho hijos y, en algunos casos, eran catorce (Felt, Ridley, Allen y Redekop, 1990). En muchas colonias tradicionales, el acceso a la educación y al trabajo fuera del hogar sigue siendo limitado para las mujeres, y el contacto con el exterior es restringido. De esta forma se preservan las costumbres y se evita la influencia de valores externos (Martínez y Hernández, 2014). Sin embargo, las nuevas generaciones han comenzado a desafiar ciertas normas, y han impulsado una lenta transformación social en algunas comunidades (Polain et al., 2020). Según Carl-Klassen (2021), aproximadamente el 20% de los menonitas son liberales y han adoptado el matrimonio exogámico, la educación pública y la vestimenta mexicana, mientras que el 80% restante, perteneciente a la Old Colony, conserva sus costumbres tradicionales. Los hombres visten overoles y camisas de cuadros, mientras que las mujeres usan vestidos largos estampados en colores oscuros, con sombreros o pañoletas que cubren su cabeza, y son responsables de confeccionar la vestimenta de la familia.
La iglesia desempeña un papel central en la vida de las colonias menonitas. A pesar de su apego a las tradiciones, han aprendido a adaptarse a distintas culturas de aprendizaje, lo que implica ajustes en el lenguaje, las prácticas de alfabetización y la educación infantil (Crocker, 2017). En la actualidad, se desconoce la proporción exacta entre menonitas liberales y conservadores, pero la modernización ha engendrado un dualismo entre la tradición y el cambio. En este proceso, tanto hombres como mujeres han asumido roles de liderazgo, han aumentado su interacción social y han utilizado fuentes de comunicación masiva (Redekop, 2007).
Históricamente, los menonitas se han dedicado a la agricultura y a la ganadería, actividades que definieron su identidad económica y cultural. En la década de 1940, su economía se basaba en la producción agrícola a pequeña escala, empleando métodos tradicionales para el autoconsumo y la comercialización en mercados locales. Su estilo de vida austero y su fuerte sentido de comunidad los mantuvieron relativamente aislados de las transformaciones industriales de la época (Redekop, 1989). La educación, en ese entonces, estaba orientada a la enseñanza religiosa y la capacitación en oficios, como la carpintería y la agricultura, y su escolarización formal era limitada, ya que se priorizaba la transmisión de conocimientos entre ellos (Kraybill, 2001).
Al día de hoy, muchas de las agrupaciones han experimentado una transformación significativa en términos de diversificación económica y de educación. Aunque la agricultura sigue siendo fundamental en su identidad, un creciente número de menonitas ha incursionado en la industria, el comercio y la educación técnica. En México, han adoptado tecnologías agrícolas avanzadas, incluyendo el uso de maquinaria de última generación y técnicas de irrigación modernas, lo que ha incrementado su producción y competitividad en mercados nacionales e internacionales (Sawatzky, 1971).
Los campos menonitas del estado de Chihuahua
Según el Instituto de Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2024), el estado de Chihuahua está dividido en 67 municipios. La tercera parte del estado es desierto y su población es de 3 741 869 habitantes. Los grupos étnicos que se han registrado son tarahumaras, 90%; tepehuanos, 8%; guarijíos, 1% y el 1% restante pertenecen al pueblo pima, quienes habitan en la Sierra Madre Occidental, en la colindancia sureste de Sonora y sureste de Chihuahua. Por otro lado, se encuentran los menonitas, quienes son grupos migrantes de religión mormona o protestante en busca de tierras y de estar lejos de los conflictos que habían vivido. Treinta años después, tuvieron la necesidad de adquirir nuevas tierras y, en 1950, deciden desplazarse al noroeste del estado y otras entidades de México (Flores et al., 2014).
En la entidad hay 107 campos menonitas, que se concentran en 12 municipios (véase Figura 1): Ascensión, Buenaventura, Janos, Nuevo Casas Grandes, Villa Ahumada, Cuauhtémoc, Cusihuiriachi, Namiquipa, Aldama, Camargo, Julimes y Ojinaga. El crecimiento poblacional y la escasez de tierras han determinado las migraciones menonitas. La natalidad alta y la disponibilidad limitada de parcelas agrícolas provocan la presión demográfica, lo que afecta la autonomía productiva (Polain et al., 2020).

Nota: los municipios están señalados en amarillo; las colonias o campos menonitas se han señalado en azul.
Fuente: elaboración propia, Google Maps (2025).
Figura 1 Asentamientos menonitas en el estado de Chihuahua
En este contexto, la expansión menonita responde a dos valores fundamentales: la formación de familias numerosas y el arraigo a la agricultura (Polain et al., 2020). Este principio se evidencia en la migración de habitantes de Santa Rita, Riva Palacio, hacia San Luis, Argentina, motivada por la escasez de agua y por el entorno político desfavorable.
La religión también desempeña un papel importante en la configuración de la vida menonita y en su expansión territorial. Flores et al. (2014) destacan que, en su cosmovisión, el trabajo rural intensivo es un mecanismo de protección espiritual, mediante el cual se refuerzan el aislamiento y la preservación de las prácticas tradicionales (Torokvei, 2011). Este fenómeno se vincula con la resistencia cultural (Scott, 1990) y la tensión entre la tradición y la modernidad en los grupos religiosos (Diego, 2017).
Sin embargo, según Pedroza (2020), la expansión menonita en México no ha sido homogénea. Mientras algunas colonias mantienen un estilo de vida austero, sin electricidad ni tecnología moderna, otras han adoptado modelos de producción avanzados y han construido viviendas más lujosas, lo que evidencia la diferenciación económica y social entre ellas. Las diferencias son particularmente notables en Chihuahua, donde coexisten grupos tradicionalistas y otros que han integrado el desarrollo agroindustrial.
Para los menonitas, el trabajo es un pilar esencial de su identidad, y su modelo de autosuficiencia minimiza la dependencia del mercado externo (Echegaray y Muñoz, 2024), lo que los posibilita a desarrollar comunidades autogestivas. Sin embargo, hay grandes diferencias económicas y tecnológicas entre sus colonias. En Ascensión, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL, 2010), algunas de ellas, como La Salada, presentan rezago social, ya que el acceso a la electricidad y a la tecnología es reciente, lo que ha llevado a que migren novecientas personas a Campeche (Secretaría del Bienestar, 2024).
En contraste, algunas colonias han alcanzado un mayor desarrollo económico. En el municipio de Janos, El Sabinal y Buenos Aires combinan la agricultura y la ganadería; en esos lugares las mujeres tienen participación activa en el campo. La colonia Buenaventura tiene una población aproximada de 89 habitantes, servicios básicos y acceso a la tecnología. En Riva Palacio, Ojo de la Yegua y Santa Rita, habitadas por 6 000 y 1 650 personas, respectivamente, destacan por su liderazgo en agricultura y ganadería, además, porque cuentan con empresas, como LACMENO, que crean empleos y fortalecen la economía local (Llera et al., 2017).
En Namiquipa, la colonia Los Jagüeyes, fundada en 1948, ha evolucionado hacia el comercio, el turismo y la industria, desplazando progresivamente la agricultura. Mientras tanto, Cuauhtémoc se distingue por su diversidad cultural y su liderazgo en la producción de manzanas. En ese aspecto, los menonitas controlan más del 50% de la producción (Ramírez, Gutiérrez, Ochoa, Ponce y Chávez, 2024). Ahí se ubica el Corredor Comercial Manitoba, el más grande de América Latina. Lo componen 960 unidades económicas, de las cuales, el 95% están lideradas por menonitas. Ese corredor incluye la agroindustria, el comercio y el turismo, y refleja su identidad cultural en el idioma, la vestimenta y la arquitectura (Kraybill, 2001).
Este panorama evidencia la coexistencia de las comunidades tradicionalistas y las progresistas, y hace notar que la religión, el acceso a los recursos naturales y la actividad económica han influido en su evolución y diversificación.
Resultados
Multiculturalidad desde el enfoque económico
A partir de la llegada de los menonitas a San Antonio de los Arenales en 1922, hoy Cuauhtémoc, ellos experimentaron encuentros transculturales entre mestizos y rarámuris (Oseguera-Montiel, 2024). Aunque los menonitas se encuentran en doce municipios de Chihuahua, específicamente en Cuauhtémoc converge la multiculturalidad, debido a lo cual se lo conoce como el municipio de las “Tres Culturas” (Pedroza, 2018a), lugar donde se reúnen mestizos, menonitas y rarámuris. Las tres culturas se suman para dar vida a este lugar, no solo en el ámbito cultural, sino también en el económico.
Los rarámuris llegan de la Sierra Tarahumara a Cuauhtémoc en busca de oportunidades o alimento. Trabajan en las huertas o sembradíos por temporadas y algunos de ellos deciden quedarse de manera permanente en la ciudad, porque tienen la esperanza de mejorar su calidad de vida (Oseguera y Schiebeck, 2022). Al principio, fue mínima la relación de los rarámuris con los menonitas, y durante muchos años se limitó a recibir las donaciones caritativas que hacía la iglesia a diferentes comunidades rarámuris (Instituto Nacional de Antropología e Historia [INAH], s. f.).
A cien años de la llegada de los menonitas a México, la relación entre menonitas, mestizos y rarámuris ha aumentado y se ha expandido más allá de las relaciones comerciales, ya que abarcan todos los ámbitos de la vida, incluida la educación, la religión, la familia, el matrimonio, el bienestar social, la salud, la educación y el desarrollo comunitario (Carl-Klassen, 2023).
Producción agropecuaria en Chihuahua: menonitas
La cultura menonita se destaca por su destreza agrícola (Vargas y García, 2018). La agricultura ha sido y sigue siendo un pilar fundamental de subsistencia y autosuficiencia, lo que coadyuva a mantenerse y preservar su identidad a lo largo de las distintas rutas que han elegido seguir. Han aprendido diferentes estrategias y también han aprovechado los recursos (agua, suelo agrícola) disponibles para trabajar la tierra y hacer rendir los cultivos (Taylor, 2005). Los antecedentes indican que son desarrolladores natos de economías. Staples (2009) informa que la agricultura comercial menonita fue impulsora del desarrollo económico en Rusia. En 1922 incrementaron la producción de frijol y de maíz en Chihuahua cuando se dieron cuenta de que esos cultivos eran fundamentales para la dieta de la población (Vargas y García, 2018). También cultivaron lino, trigo, cebada, avena, centeno, trigo y papas (Aboites, 1995). Actualmente forman parte de diferentes sistemas agroalimentarios (véase Tabla 1), producen maíz, manzana, frijol, avena, tomate, trigo, cacahuate, sandía, chile, cebolla y algodón. Trabajan con tecnologías avanzadas, como el sistema de posicionamiento global (GPS por sus siglas en inglés), los sistemas eficientes de riego, la agricultura de precisión, la agricultura protegida para mejorar su producción y la rentabilidad (Shucksmith, 2000). También trabajan en cooperativas ubicadas en sus mismas comunidades y el jefe de campo las lidera (Sánchez, 2020). Cuando se suman a la producción, en conjunto con los mestizos, los ejidatarios y los particulares, han logrado que el estado repunte en la agricultura, la ganadería y la agroindustria (Torres-Mazuera y Appendini, 2020). Al día de hoy, los menonitas son un grupo importante del sector agrícola, ya que participan con alrededor de setecientas mil hectáreas de temporal y de riego (Quintana y Solís, 2023).
Tabla 1 Sistemas agroalimentarios en los que participan los menonitas y sus municipios.
| Municipio/producto | Leche y derivados | Maíz | Sorgo | Frijol | Hortalizas | Manzana | Algodón | Soya | Tomate | Cebolla | Chile | Avena | Trigo | Centeno |
| Ascensión | x | x | x | x | x | x | x | x | x | |||||
| Buenaventura | x | x | x | x | x | x | x | x | x | x | x | |||
| Janos | x | x | x | x | x | x | x | x | x | x | ||||
| Nuevo Casas Grandes | x | x | x | x | x | x | x | x | x | x | x | x | ||
| Villa Ahumada | x | x | x | x | x | |||||||||
| Cuauhtémoc | x | x | x | x | ||||||||||
| Cusihuiriachi | x | x | x | x | x | |||||||||
| Namiquipa | x | x | x | x | x | x | x | |||||||
| Ojinaga | x | x | x | x | x | x | ||||||||
| Aldama | ||||||||||||||
| Camargo | x | x | x | x | x | x | x | x | x | |||||
| Julimes | x | x | x | x | x | x | x | x |
Fuente: elaboración propia con datos del SIAP e INEGI (2023).
Por ejemplo, Chihuahua ocupa el primer lugar en producción nacional de alfalfa, maíz amarillo, manzana, algodón, nueces, chile y alfalfa (Quintana y Solís, 2023). Ocupa el cuarto lugar en producción de leche, es un importante productor de carne vacuna, y es el mayor exportador de carne viva de ganado del país (Terán y Guerra, 2014). El valor de su producción agrícola fue de 59 475 millardos de pesos y ocupó el quinto lugar en el país, después de Michoacán, Jalisco, Sinaloa y Sonora. Según la Secretaría de Innovación y Desarrollo Económico (2021), la manzana (8.924 millones de pesos [mdp]), el maíz (9.644 mdp), la alfalfa (8.414 mdp), el algodón (7.578 mdp), la nuez (6.308 mdp), el chile verde (2. 414 mdp) y la cebolla (2.414 mdp) son los principales productos agrícolas del estado.
Cuauhtémoc es la ciudad con el 7.4% de la producción total del estado (718 485 toneladas) (Rodríguez, 2023). Los productos más importantes incluyen maíz cereal, maíz verde forrajero, manzanas y tomates rojos. Cabe destacar que los productos agrícolas en Chihuahua requieren grandes cantidades de agua, lo que hace que la producción sea casi insostenible (Quintana y Solís, 2023).
Chihuahua es el principal productor de algodón en México. Aportó el 74% de la producción nacional de algodón hueso en 2020, según datos del SIAP, citados por Rodríguez (2021). En 2018, la producción anual de algodón en Chihuahua alcanzó 708 332 toneladas, lo que equivale al 70.2% de la producción nacional y al 73.7% del valor económico del país (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2019), cantidades que se concentran en varios municipios, incluidos Janos, Villa Ahumada, Casas Grandes, Nuevo Casas Grandes, Buenaventura y Galeana, donde la comunidad menonita es fundamental para dicho cultivo. El valor de la producción en 2018 lideró con 10 343 millones de pesos, cifra que supera a otros cultivos importantes, como la nuez (8 417 millones de pesos), la manzana (7 237 millones de pesos) y el maíz (5 192 millones de pesos) (Caldera y Páez, 2020). En 2019 se registraron 5 594 productores de algodón y se sembraron 220 000 hectáreas en México (Luján et al., 2020, p. 77).
Según el SIAP (2022), en 2022 el municipio de Janos fue el puntero en la producción de chile jalapeño con un total de 41 800 toneladas, derivadas de 1 100 hectáreas. El valor fue de 274 639 794 pesos. En segundo lugar, estuvo Ascensión, con un total de 262 650 168 toneladas, derivadas de 1 100 hectáreas.
Tabla 2 Principales cultivos anuales en los que participan los menonitas y sus municipios en Chihuahua
| Cultivo | Producción
(toneladas) |
Superficie
sembrada (has) |
Municipio productor |
| Avena forrajera | 2 168 036 | 175 665 | Cuauhtémoc, Namiquipa |
| Maíz grano amarillo | 1 643 791 | 161 069 | Cuauhtémoc |
| Maíz forrajero | 1 466 918 | 61 382 | Cuauhtémoc, Namiquipa, Buenaventura |
| Algodón | 508 400 | 126 074 | Ascensión, Janos, Casas Grandes, Nuevo Casas Grandes, Buena Ventura |
| Maíz grano blanco | 238 543 | 79 512 | Cuauhtémoc, Namiquipa, Buenaventura |
| Frijol | 71 483 | 82 825 | Namiquipa, Cuauhtémoc, Chihuahua, Riva Palacio, Guerrero, Gran Morelos, Santa Isabel y Cusihuiriachi |
Fuente: elaboración propia con datos del INEGI (2023).
Los menonitas han expandido sus actividades y le han dado valor agregado a sus productos primarios. En el renglón de la lechería, Cuauhtémoc destaca por ser una cuenca lechera equiparable a la de Delicias. Tan solo la producción de maíz, frijol y lácteos crean 19 700 empleos directos (Gobierno de México, s.f.a).
La agricultura se ha convertido en un reto, ya que la región enfrenta la escasez de agua y, en este sentido, algunos productores han diseñado estrategias para manejar el recurso, uniendo esfuerzos entre las familias o entre las comunidades para trabajar en conjunto lotes de 25 hectáreas cada una e instalar relojes de riego para 50 hectáreas y cultivar maíz amarillo (Quintana y Solís, 2023).
Sistema productivo menonita: un trabajo colaborativo
Según Allouette (2014), en Chihuahua, los menonitas lograron su desarrollo económico y social en poco tiempo. San Antonio de los Arenales, hoy Cuauhtémoc, se transformó rápidamente en un pueblo de negocios. El pilar de la economía menonita es la religión, y bajo este precepto se rigen por tres principios internos y externos tomados de la biblia. El primero critica la propiedad y el número de personas vulnerables a su alrededor. El segundo es la desconfianza para realizar actividades comerciales y ganar dinero, dado que creen en la honestidad y en el trabajo que realizan con sus propias manos. Y el tercero es el rechazo a la ganancia con dinero prestado y al robo (Fisher, 2023). El sistema de valores que inculca su religión ha sido determinante para alcanzar un desarrollo económico importante basado en el trabajo arduo, que ofrece la salvación eterna (Friesen, 2022). Las pautas anteriores posibilitan entender el sesgo que se ha creado entre los menonitas y el resto de la población, dado que tienen una misión que les permite desarrollar su estilo de vida en el sistema que han creado, sin verse o sentirse influenciados por otros grupos religiosos o culturales (Flores et al., 2014). Por lo antes expuesto, no es difícil comprender que trabajan bajo un sistema productivo colaborativo, basado en la confianza de los miembros, y la finalidad de ese sistema es conseguir ventajas competitivas que otros no pueden obtener porque trabajan de forma particular (Llera et al., 2017).
El turismo: una alternativa para obtener ingresos
El turismo contribuye de manera significativa al desarrollo y a la economía de las comunidades locales. Debido a esa razón se lo considera un catalizador económico (Asa, Tjizumaue, Campbell y Nautwima, 2022), puesto que crea empleos y reduce la migración (Wijijayanti, Agustina, Winarno, Istanti y Dharma, 2020). Además, atrae inversiones y provoca el intercambio de conocimientos y tecnología (Ionela, Constantin y Dogaru, 2015), promueve las tradiciones locales y, al mismo tiempo, posibilita experimentar y aprender sobre las costumbres y tradiciones del lugar (Garrod, Wornell y Youell, 2006). Así se refleja en las distintas comunidades menonitas que han tomado esta opción de negocio. Impulsados por la creatividad y la innovación, han decidido incursionar en actividades alternas a la agricultura, puesto que se ha convertido en un desafío, debido a las problemáticas derivadas del cambio climático; por lo tanto, han visualizado el turismo como una estrategia positiva para el desarrollo económico, social y cultural, utilizando sus elementos de identidad cultural, tradiciones y espacios naturales para transformarlos en infraestructura turística sostenible. En este sentido, han desarrollado áreas de turismo rural como es el Mirador Menonita, que ofrece a los visitantes locales, nacionales e internacionales una ventana hacia un estilo de vida diferente, lleno de tradiciones y valores comunitarios.
Según Khaustova, Udvorgeli y Chory (2022), los museos tienen el potencial de contribuir al desarrollo del turismo cuando promueven valores informativos, culturales, históricos y científicos al integrar entornos turísticos. Con esta perspectiva se funda en 2000 el Museo Menonita, en Cuauhtémoc, Chihuahua. Se inicia con la idea de celebrar el LXXV aniversario de la llegada de sus antepasados a México y aprovechar las ganancias para crear un fondo con el fin de consolidar un espacio museográfico. En la actualidad, el museo recibe anualmente alrededor de sesenta mil visitantes nacionales e internacionales, quienes tienen la oportunidad de observar la multiculturalidad de la región entre mestizos, rarámuris y menonitas (Hernández, 2024).
La gastronomía se contempla como un motivador turístico que produce la fidelización de los turistas (Berbel-Pineda, Palacios-Florencio, Ramírez-Hurtado y Santos-Roldán, 2022; Ullah et al., 2022). Su cocina es un elemento diferenciador de economía, puesto que han logrado crear platillos únicos mediante la fusión de recetas originales con ingredientes y técnicas de la región a precios accesibles. De esta forma la interculturalidad se hace presente diariamente en cada comensal que visita los diferentes restaurantes de la región. Esta actividad es una fuente de empleo muy importante para la comunidad de Cuauhtémoc y sus alrededores, zona donde se encuentra la mayor concentración de negocios de comida. Entre los productos gastronómicos más representativos se encuentran las pizzas, el queso, la panadería y la nieve.
Según Jenkins (2000), las tradiciones pueden utilizarse como recursos para facilitar el desarrollo endógeno y para conectar a los actores locales con mercados externos, debido a que actúa como un insumo económico y como una herramienta de atracción e influencia (Kobiyh, El Amri, Oulfarsi e Hilmi, 2023). Para atraer el turismo regional, en primera instancia, crean el Festival del Otoño. En él se reúnen alrededor de veinticinco mil personas y llegan a obtener una derrama económica de alrededor de diez millones de pesos. La atracción principal es el concurso de la calabaza, las mazorcas de maíz y las manzanas más grandes. Este evento se realiza en septiembre, por lo que cada año durante el ciclo de cosecha se preparan los participantes para el concurso. También, durante diciembre tiene lugar el Festival Navideño de los Campos Menonitas, en el que se programa un desfile de luces y una exposición navideña en la que las mujeres menonitas muestran sus trabajos a la comunidad y comparten sus tradiciones.
Industria lechera: negocio menonita en Chihuahua
La industria lechera es un componente esencial de la economía agrícola de la región noroeste del estado de Chihuahua y representa el 9.5% del empleo formal (Islas, 2022). La ganadería, la producción de leche y la agricultura son actividades que se han sostenido a través del tiempo y que han detonado la economía de la región, la cual aloja una gran cantidad de queserías que consumen aproximadamente el 75% de la leche que se produce (Aguilar-Amezola, Prado-Rebolledo, Hernández-Rivera y García, 2024). La principal cuenca lechera del estado está conformada por los municipios de Cuauhtémoc, Riva Palacio y Namiquipa, que producen 1.2 millones de litros diarios entre 9 500 productores que cuentan con pequeños, medianos y grandes establos (González, 2019). La industria lechera se ha enriquecido y en la actualidad los productos de las diferentes empresas se comercializan en mercados locales, estatales y nacionales e incluyen leche, crema, queso, yogur y requesón. Los principales puntos de venta son México, Puebla, Guadalajara, Monterrey, Sinaloa y Quintana Roo (Bautista y Hernández, 2021). A pesar de que existe una gran competencia en el mercado, cada productor ha logrado diferenciar su producto, y cada uno es reconocido por su exquisito sabor y calidad. Son muchas las familias que dependen de la industria y su desarrollo implica la evolución económica y social para la comunidad.
La industria metalmecánica, una nueva alternativa de negocios menonitas
A lo largo de su historia, los menonitas han utilizado la creatividad para superar las dificultades económicas y sociales, manteniendo una fuerte identidad cultural mientras adoptan innovaciones modernas para prosperar en contextos diversos (Bautista, 2022). En el estado de Chihuahua, específicamente en la región de Cuauhtémoc, el ramo de la industria metalmecánica está conformado aproximadamente por el 20% de las empresas menonitas establecidas en el corredor comercial, las cuales se dedican a la venta al mayoreo de maquinaria industrial y agropecuaria como Industrias América y Profab, que fabrican desde pequeños componentes hasta productos de gran escala, como remolques de cama baja exportados a Estados Unidos, Canadá y Alaska (Conexión Mx, 2024). En este giro se encuentran las empresas Rawmax, Metalium Industries, Horizont Trailers y Norstar, además de otras, como Maxxim Industries, que ofrecen el diseño y la fabricación de tanques de agua, tolvas para transportar arena, bases para tráileres, silos y bandas transportadoras de arena para el sector del petróleo en Estados Unidos. Aunque no se encontraron registros oficiales de las unidades producidas anualmente, los datos comerciales que destacan son las exportaciones en 2023 por la venta de remolques y semirremolques equivalentes a 317 millones de dólares estadounidenses. Los compradores son Estados Unidos (70% del producto), seguido de Nicaragua y Canadá (Gobierno de México, s.f.b). La consecuencia de esa actividad es la creación de alrededor de veinte mil empleos directos (INEGI, 2020).
El giro metalmecánico se dispersa hacia otros municipios que se han visto beneficiados económicamente. Un ejemplo es el caso de la comunidad Los Jagüeyes, donde, según datos del Gobierno de México (s.f.b), las ventas internacionales de 2023 en ese rubro fueron de 56.2 millones de dólares, las cuales crecieron un 21.9% respecto al año anterior. Los productos que se suman a este rubro son los remolques, los semirremolques, las partes de vehículos, los depósitos, las cisternas, las cubas, la fundición, el hierro o acero y los dispositivos mecánicos, entre otros. Esta actividad también se desarrolla en el municipio de Buenaventura. Ahí, en 2023 hubo ventas por 6.54 millones de dólares y Riva Palacio vendió 27.2 millones de dólares.
Desafíos actuales
Con el paso del tiempo, los menonitas en México han tenido que adaptarse a nuevas realidades legales, ya que, desde 1980, les fueron eliminados los derechos y exenciones especiales que les había otorgado el gobierno a su llegada. La modernidad los ha obligado a participar en programas sociales y en instituciones públicas, por lo que su independencia ha sido afectada y eso ha causado algunas tensiones dentro de su comunidad (Dormady, 2014). Han experimentado una creciente diversidad interna y procesos de estratificación económica, lo que ha tenido como consecuencia la mayor apertura al mercado extranjero y el surgimiento del mestizaje en sus comunidades. La inseguridad y la sobreexplotación de los recursos hídricos subterráneos en el estado han sido un factor determinante que ha provocado movimientos migratorios hacia otros países (Manzanares, 2020). El cambio climático ha impulsado la innovación y la negociación comunitaria, colocando a los menonitas como líderes económicos en la región; sin embargo, en el área agrícola se han enfrentado a conflictos derivados de la problemática del agua y de sus tratados internacionales, lo que ha provocado algunos enfrentamientos sociales (Cervantes, Sánchez y Montano, 2020). En el área de la industria quesera requieren mejorar las condiciones con sus proveedores y las redes de comercialización para maximizar su competitividad internacional. Por otro lado, se enfrentan a la vulnerabilidad comercial debido a que no cuentan con procesos técnicos y estrategias de mercado adecuadas (Cavazos, 2022).
Conclusión
La repercusión económica de la comunidad menonita en Chihuahua ha sido fundamental para el crecimiento y la diversificación de varias industrias. Desde que llegaron en 1922, los menonitas han creado un modelo productivo autosuficiente que, aunque comenzó con la agricultura, ha evolucionado con el tiempo hacia la agroindustria, la manufactura, el turismo y la industria metalmecánica.
Han establecido una red importante de producción y comercialización. Cultivan alrededor de setecientas mil hectáreas, en las que la producción de maíz, manzana, frijol, algodón y trigo es muy relevante. Son responsables de más del 50% de la producción de manzana en la entidad y tienen una fuerte presencia en la producción de leche y queso; además, crean más de 19 700 empleos directos gracias a estas actividades.
En el ámbito comercial, han desarrollado un corredor comercial de cuarenta kilómetros en Cuauhtémoc, conocido como el Corredor Comercial Manitoba, el más grande de América Latina. Este espacio alberga 960 unidades económicas, de las cuales el 95% son de propiedad menonita, y se centran en la venta de maquinaria agrícola, la agroindustria, los servicios y la producción alimentaria. Este corredor ha intensificado la economía de la región, creando empleo para mestizos, rarámuris y otros habitantes locales.
Por otro lado, han incursionado en el ramo de la industria metalmecánica. Exportan remolques, tanques y maquinaria a Estados Unidos, Canadá y Nicaragua.
El turismo también se ha convertido en una fuente de ingresos importante para la comunidad menonita. El Museo Menonita en Cuauhtémoc atrae anualmente a 60 000 visitantes, mientras que eventos como el Festival del Otoño produce un estimado de 10 millones de pesos por edición. La gastronomía menonita, con delicias como el queso, el pan y las pizzas, ha encontrado una gran aceptación en el mercado nacional, lo que coadyuva a diversificar su economía (INEGI, 2024).
A pesar de estos logros, la comunidad enfrenta la escasez de agua y la sobreexplotación de los recursos naturales, lo que ha llevado a algunos grupos a emigrar a otras regiones de México y al extranjero. Sin embargo, su capacidad de adaptación y su modelo productivo colaborativo les han permitido seguir prosperando y expandiendo sus actividades económicas. Los menonitas han logrado un equilibrio entre la tradición y la innovación y se han consolidado como un motor económico clave para Chihuahua. Su contribución al sector agroindustrial, a la manufactura, al comercio y al turismo ha tenido un efecto positivo en la región, fortaleciendo la economía local y proyectando su modelo productivo hacia mercados tanto nacionales como internacionales.










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