En el marco del dossier número 41, dedicado a Michel Foucault a propósito de los cuarenta años de su fallecimiento, tuvimos la oportunidad de entrevistar a la reconocida filósofa y académica Vanessa Lemm.1 La profesora Lemm es vicerrectora adjunta de la Universidad de Greenwich y editora de la revista Nietzsche-Studien. Obtuvo su doctorado en filosofía en la New School for Social Research y ha ocupado cargos en universidades de los Estados Unidos, Alemania, Chile, Australia y el Reino Unido. Entre sus publicaciones destacan los libros Nietzsche’s Animal Philosophy: Culture, Politics, and the Animality of the Human Being (2009) y Homo Natura: Nietzsche, Philosophical Anthropology and Biopolitics (2020), ambos traducidos al castellano. También editó Michel Foucault: neoliberalismo y biopolítica (2010) y junto a Miguel Vatter The Government of Life: Foucault, Biopolitics and Neoliberalism (2014) y, más recientemente, The Viral Politics of Covid 19: Nature, Home and Planetary Health (2022).
En este intercambio, habla acerca de la vigencia del pensamiento de Foucault, en especial de la relevancia de sus reflexiones sobre el poder para pensar nuestro presente, marcado por un conjunto de crisis. También es abordada la influencia de Nietzsche sobre su obra, la utilidad del paradigma de la biopolítica para analizar fenómenos recientes como la pandemia por COVID-19 y la necesidad de explorar formas alternativas de concebir nuestra vida en común con otras especies.
Pía Romero (PR): El dossier del que forma parte esta entrevista surge de una conferencia organizada por integrantes de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, a su vez enmarcada en la Conferencia Internacional “Foucault, 40 años después”, coordinada por la Universidad Complutense de Madrid. Si uno revisa la cantidad de eventos ligados a esta convocatoria, uno no puede dejar de notar el enorme interés que sigue despertado la obra del filósofo francés. ¿A qué atribuyes la vigencia de su pensamiento? ¿Qué explica la actualidad de Foucault, a cuarenta años de su fallecimiento?
Vanessa Lemm (VL): La vigencia del pensamiento de Foucault está relacionada con dos innovaciones importantes: por un lado, una innovación metodológica relacionada con su forma de llevar a cabo investigaciones filosóficas después de la muerte de Dios, o a lo que él se refería como “arqueología” y “genealogía”. La segunda tiene que ver con el aparato conceptual creado por él a partir de su concepción relacional y heterárquica del poder. Este aparato conceptual incluye, por ejemplo, a los conceptos de poder disciplinario y poder soberano, biopoder y biopolítica, poder pastoral y gubernamentalidad. Tanto su enfoque metodológico como su “caja de herramientas” conceptuales son elementos clave de una filosofía increíblemente poderosa concebida para llevar a cabo lo que Foucault llamó una “ontología de la existencia”. Para Foucault, esta ontología no implicaba un regreso a la construcción metafísica de la realidad, sino que se refería a un comprensión crítica y transformadora de nuestro presente, que debía conducir al surgimiento de formas nuevas, más libres y transfiguradas de vida individual y colectiva.
Estas innovaciones, la metodológica y la conceptual, se deben al pensamiento de Nietzsche. Específicamente, a su perspectiva de la genealogía como una forma de historia crítica que “deconstruye” el “origen” de nuestros valores y a su tesis sobre la voluntad de poder, ejemplificada, entre otras cosas, por la relación entre las morales del amo y del esclavo.
Para Foucault, la arqueología refleja una comprensión post-metafísica de la investigación filosófica en la medida que interroga nuestro pasado histórico desplazando al ser humano en tanto sujeto trascendental del conocimiento. De este modo, el método arqueológico de Foucault pretende descubrir las reglas fundamentales subyacentes que gobiernan los discursos de una época histórica particular. Estas no son reglas gramaticales o lógicas del lenguaje, sino reglas materiales que describen y delimitan las condiciones de posibilidad del conocimiento verdadero dentro del marco de una época determinada. De acuerdo con lo anterior, la arqueología pretende revelar las discontinuidades del discurso y los quiebres históricos en el conocimiento, que demuestran la forma en que cada era está marcada por diferentes “epistemes” o “configuraciones de saber”. En la era del “Antropoceno”, en una era que pone en cuestión al excepcionalismo humano, la arqueología de Foucault continúa gozando de vigencia, ya que ofrece un método no trascendental y no lineal que toma distancia de la historiografía tradicional, que pone al sujeto humano en su centro.
De igual forma, la genealogía sirve como una crítica histórica del presente que busca revelar el origen de las normas. Siguiendo a Nietzsche, Foucault problematiza las concepciones de la historia que presuponen un origen “absoluto” del significado de conceptos y valores, ocultando las condiciones contingentes que determinaron su surgimiento y evolución. Foucault utiliza la genealogía para examinar las estructuras de poder y saber, rastreando al sujeto a lo largo de diferentes períodos de tiempo para demostrar como el poder produce diferentes tipos de subjetividades que son específicas a los distintos regímenes de saber. Por todo ello, el enfoque genealógico de Foucault continúa hoy siendo de gran utilidad para las ciencias humanas y sociales, la cual se ve más que reforzada por el surgimiento de la biotecnología y de la inteligencia artificial, que nos enfrentan con nuevas configuraciones de poder-saber y que plantean de nueva forma la cuestión de la naturaleza del ser humano.2
Hugo Tavera (HT): Profesora Lemm, en varias instancias has señalado que de entre las influencias intelectuales de Foucault destaca particularmente la de Nietzsche. ¿En qué aspectos del pensamiento de Foucault es más evidente dicha influencia? ¿La obra de Foucault sería en esencia nietzscheana respecto a qué clase de problemas o formas de análisis?
VL: Hay múltiples referencias a la filosofía de Nietzsche a lo largo de los escritos de Foucault y sería realmente muy interesante ofrecer un recuento sistemático de Nietzsche en tanto interlocutor de Foucault. Sin embargo, este no es el espacio para hacerlo por lo que me limitaré a subrayar algunos puntos. Desde mi punto de vista, Nietzsche es uno de los primeros filósofos en interrogar seriamente la naturaleza de la filosofía, la verdad y la vida tras la “muerte de Dios”, por lo que entiendo la superación de la filosofía como explicación dogmática, metafísica y totalizadora de la realidad y de lo que significa ser humano. Foucault sigue a Nietzsche en esta trayectoria filosófica precursora y experimental hacia una nueva comprensión de nuestra “condición humana”, para tomar prestado un término de Arendt.
Mientras que definitivamente hay muchas diferencias entre los dos filósofos en términos de sus estilos e incluso enfoques, su práctica filosófica se encuentra en ambos sostenida sobre una concepción relacional del poder que rompe con la perspectiva tradicional acerca de éste (y de la política), asociada estrechamente con las nociones de voluntad (poder), humana o divina, así como con las instituciones y estructuras políticas que reflejarían dicha voluntad (monarquía, democracia, etc.). Tanto Nietzsche como Foucault consideran que el poder se encuentra en “todas partes” y, posiblemente, que es “todo”. Por un lado, esto ofrece una perspectiva privilegiada para el ejercicio de una teoría crítica, ya que cuestiona la creencia de que el conocimiento o la justicia serían, de algún modo, inmunes a las estructuras de poder. Por otro lado, esto le permitió a Nietzsche y a Foucault desarrollar concepciones “afirmativas” y “relacionales” del poder, ayudándoles a distinguir el poder de la fuerza, la violencia y la dominación. Desde esta nueva perspectiva, la filosofía se convierte en una “consideración intempestiva” del presente que somete todas las pretensiones de poder unívocas, absolutas, unificadas, totales, etc. de poder (ya sean de naturaleza política, moral o religiosa) a una crítica radical. Así interpretado, el pensamiento de Nietzsche y Foucault sigue inscrito dentro de la tradición kantiana de la Ilustración: ambos plantean la pregunta “¿Qué es la Ilustración?” con el objeto de socavar y revocar formas ilegítimas de dominación en vista de una “mayor” libertad e ilustración.
Finalmente, Foucault también sigue el retorno de Nietzsche hacia la antigua Grecia cuando de lo que se trata es de encontrar ejemplos afirmativos de cómo la filosofía podía ser practicada como una forma de vida. Las conferencias de Foucault en el Collège de France sobre el “gobierno de sí y de los otros” y su noción de “cuidado de sí” se encuentran en continuidad con las reflexiones de Nietzsche acerca de la autosuperación y la filosofía en la época trágica griega. En algunos de mis escritos he argumentado que la distinción de Foucault entre el cuidado socrático y cínico de sí que sostiene su análisis de la parresía en los antiguos griegos es bastante próximo a la concepción de Nietzsche sobre la verdad como Redlichkeit (discurso franco u honesto), el cual a su vez se inscribe dentro de la tradición cínica de la vida filosófica que Foucault persigue en sus lecciones sobre el gobierno de sí y de los otros.3
HT: En tus escritos también subrayas la centralidad de la cuestión animal en el pensamiento de Nietzsche. A pesar de la ya señalada influencia de Nietzsche sobre su pensamiento, Foucault prestó una mucho menor atención a esta cuestión. Al respecto, Chrulew y Wadiwel sostienen que “la obra de Foucault sólo tiene una tenue sombra de la zoofilia de su predecesor” (2017: 4). Asimismo, no obstante su crítica al humanismo y su tesis acerca de la muerte del Hombre, Foucault no dice nada acerca de nuestras relaciones con los animales. ¿Coincides con esta apreciación crítica? ¿Fue Foucault un pensador poco atento a la cuestión animal?
VL: Me gustaría responder a esta pregunta de forma indirecta, enfocándome en los fundamentos teóricos de lo que conocemos como “estudios animales” y “estudios críticos animales”. Estas dos áreas de estudio se refieren a dos tradiciones filosóficas muy diferentes. La primera se sitúa en continuidad con la tradición liberal angloamericana y se basa en gran medida en la idea de que los animales son seres sintientes como nosotros y, por lo tanto, deben ser tratados con respeto y recibir el mismo estatus legal y moral que los seres humanos. Este enfoque de los estudios animales es muy diferente del enfoque propuesto desde la tradición continental, donde el animal representa un “otro” que descentra nuestra perspectiva sobre el mundo y arroja luz sobre el problema del antropomorfismo y los límites del conocimiento y la racionalidad.
Los estudios críticos animales “deconstruyen” el antropocentrismo y reevalúan las afirmaciones de excepcionalismo que son inherentes a las tradiciones y formas occidentales de entender lo humano y su relación con el mundo y otras formas de vida. Desde esta perspectiva, las relaciones “humano-animales” no son algo que se dé por sentado dada nuestra naturaleza sintiente compartida. Más bien, la vida animal seguirá siendo siempre extraña e inaccesible para nosotros, a pesar de nuestra dependencia radical en esta vida más que humana.
Las concepciones de Foucault sobre el poder disciplinario y soberano, así como su concepción de la biopolítica en todas sus variantes, tienen mucho que contribuir al campo de los “estudios críticos animales”, entendido como un enfoque que busca comprender las diversas dimensiones de la dominación y el poder sobre la vida y el cuerpo (animal y otro) y lo que esto significa para nuestra relación con nosotros mismos, con otros seres vivos y con el medio ambiente. En resumen, independientemente de si Foucault se haya pronunciado directamente o no sobre los animales, es un interlocutor de crucial importancia sobre todo cuando se trata de investigar críticamente nuestras relaciones con los animales o de articular una comprensión nueva acerca de los problemas asociados con la era del Antropoceno, incluido, como se mencionó anteriormente, el antropocentrismo que este mismo concepto implica.
PR: El tema del poder es uno de los aspectos centrales del pensamiento de Foucault. ¿Qué nos puedes decir acerca de este aspecto de su obra? ¿Qué pueden decirnos dichas reflexiones sobre nuestro presente convulso, marcado tanto por extinciones, desplazamientos forzados, guerras permanentes, como por los efectos de la crisis climática?
VL: Al desplazar el concepto de poder soberano y argumentar que el poder no es simplemente la restricción o la ausencia de libertad, Foucault desafió la idea de que el poder debería ser pensado como concentrado en las manos de un individuo o una institución dominante (el Estado, por ejemplo). Su idea de que el poder es capilar, omnipresente y productivo, y no meramente represivo, permitió descubrir un mundo completamente diferente de relaciones de poder que permean todas las relaciones sociales y que subyacen al funcionamiento del Estado y del capitalismo.
Las investigaciones de Foucault sobre los diferentes tipos de poder en la modernidad han orientado la crítica social durante los últimos cincuenta años. Durante los 70s y 80s, sus nociones de disciplina y de poder disciplinario ofrecieron una comprensión post-marxista del funcionamiento y propósito de las escuelas, fabricas, prisiones y hospitales en la sociedad capitalista. En los 90s y principios de los 2000s, se observa un movimiento hacia la biopolítica y el biopoder que coincidió, por un lado, con un renovado interés en la sexualidad y el género y, por el otro, en la vulnerabilidad de la vida racializada y la implementación de estados de excepción y emergencia.
El auge del neoliberalismo y los movimientos sociales antiglobalización causaron una apelación creciente al concepto de gubernamentalidad, así como referencias a los dispositivos de seguridad y securitización. Durante la pandemia de COVID-19, lo que se vio fue un renovado interés en la concepción foucaultiana acerca de la normalización y la medicalización de la sociedad. Interesantemente, con la ola actual de neofacismo y populismo de derecha, que ha revivido las fantasías de un Estado “fuerte y homogéneo” liderado por un “hombre fuerte”, muchos teóricos hablan de una fase de “regresión” respecto de la democracia liberal y aún no está del todo claro si emergerán nuevos usos de los análisis foucaultianos sobre el poder.
HT: La pandemia del COVID-19 ha sido también, por otra parte, impulsora de lo que en “Ideologies s of Contagion and Communities of Life” (Lemm, 2022) llamas un ‘resurgimiento del humanismo’. Resurgimiento que consideras problemático porque ha significado un retorno del sujeto moderno, racional, enfrentado a la naturaleza, representada como el enemigo del que hay que protegernos. ¿Qué visiones alternativas consideras que pueden oponerse a este humanismo “virulento”? ¿Resultan concebibles, en este contexto, formas otras de concebir nuestra vida en común?
VL: En el pensamiento contemporáneo, se han producido numerosos intentos de reconceptualizar la vida (humana) en comunidad con otros seres vivientes y no vivientes que socavan los principios del humanismo tradicional. Estos intentos abarcan desde los estudios críticos animales hasta los estudios críticos vegetales, desde el nuevo materialismo hasta el posthumanismo, y desde la geontología hasta los estudios planetarios. Como discursos críticos, comparten: uno, un rechazo al antropomorfismo y la jerarquía de especies, basado en la idea de un continuum entre naturaleza y cultura; dos, un rechazo del humanismo tradicional en favor de una visión transformadora y autosuperadora de lo humano; y tres, una intención normativa que busca redefinir la posibilidad de un sujeto actuante en contraste con un mero atributo de adaptación a circunstancias dadas, sin el cual estos discursos dejarían de ser un discurso crítico.4
En Ideologies of Contagion and Communities of Life dirigí la atención hacia dos ejemplos en la historia de la filosofía occidental: el Cinismo antiguo y el “homo natura” de Nietzsche, que reflejan articulaciones tempranas de los tres aspectos ya señalados, al tiempo que ofrecen una respuesta a la pregunta de cómo podría ser una vida en comunidad con otros seres vivos y cuáles serían sus principios subyacentes. Por ejemplo, los Cínicos nos invitan a modelar nuestra ética según la vida animal, mientras que Nietzsche aboga por “retraducir el ser humano a la naturaleza” como tarea clave de su filosofía y de las futuras generaciones de filósofos. Hoy, en la era de la crisis ambiental, la extinción de especies y el cambio climático, urge reconocer nuestra dependencia en la vida más que humana. Siguiendo a Esposito, la vida siempre es comunidad y nuestra tarea es proteger a las “comunidades de vida” de los dispositivos hiperinmunitarios que acaban destruyéndola.
PR: En tu libro más reciente, Homo natura: Nietzsche, Philosophical Anthropology and Biopolitics (2020), ofreces una lectura del concepto de “homo natura” de Nietzsche desde un marco biopolítico. ¿Cuáles son los aspectos centrales de esta lectura? ¿Cómo interpretas el término homo natura y cómo está relacionado con el paradigma de la biopolítica?
VL: Mi libro es, en primer lugar, una reacción al debate actual al interior de los estudios nietzscheanos sobre la cuestión del naturalismo. Este debate surge principalmente de interpretaciones alternativas del aforismo 230 de Más allá del bien y del mal, que incluye una referencia al enigmático término homo natura.5 El libro argumenta a favor de una lectura del homo natura alineada con la antropología filosófica. Específicamente, sitúo a Nietzsche como mediador entre la antropología de Kant y la tesis de Foucault sobre el “muerte del hombre”. La concepción de Nietzsche sobre la naturaleza humana se basa en distintas tradiciones literarias y filosóficas, así como en los influyentes descubrimientos realizados por Darwin. En el siglo XIX, el posicionamiento de la biología como nueva episteme juega un papel importante en el desplazamiento de la antropología literaria y filosófica desde las concepciones puramente científicas de la naturaleza humana hacia una idea de la naturaleza humana como un “todo” que excede la mera funcionalidad del cuerpo humano. Lo anterior es reflejado en el movimiento desde la Naturphilosophie (Filosofía de la naturaleza) a la Lebensphilosophie (Filosofía de la vida). Por ejemplo, el psicoanálisis existencial de Ludwig Binswanger muestra que el nuevo interés en la naturaleza humana se encuentra orientado hacia una exploración de la “historia interna de la vida”, que comienza con una investigación del cuerpo humano en tanto que atravesado por múltiples, dispares e inaccesibles fuerzas que lo constituyen. Para Binswanger, tanto Nietzsche como Freud son de los primeros en perseguir esta nueva “ciencia” del ser humano. Por lo tanto, no es sorprendente que Binswanger sea también una de las principales inspiraciones del pensamiento de Foucault sobre la vida y la existencia.
Para Nietzsche y Freud, la indagación filosófica y psicoanalítica sobre la naturaleza del ser humano es inseparable del estudio de los procesos de cultura y civilización. De nuevo, no es sorprendente que para Nietzsche y Freud estos procesos culturales y de civilización sean inseparables de las formas de poder sobre y de la vida, y es aquí donde entra en juego la concepción de la biopolítica de Foucault.










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