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CONfines de relaciones internacionales y ciencia política

versión impresa ISSN 1870-3569

CONfines relacion. internaci. ciencia política vol.20 no.38 Monterrey ene./may. 2024  Epub 07-Abr-2025

https://doi.org/10.46530/cf.vi38/cnfns.n38.p1-8 

Presentación

La Política Exterior de China en la Era de Xi Jinping

Daniel Lemus-Delgado1 

Andrés Borquez2 

1Tecnológico de Monterrey

2Universidad de Chile e Investigador del Núcleo Milenio ICLAC


El ascenso de China está reconfigurando el actual orden internacional (Huang, 2021). Este hecho tiene sus orígenes en el proceso de reforma y apertura que China inició tibiamente en diciembre de 1978 (Wang, 2019), que se aceleró con su ingreso a la Organización Mundial de Comercio en el año 2001 (Hopewell, 2015), y un programa modernizador que le permitió pasar de una economía cerrada y altamente planificada, inspirada en el modelo soviético, a una economía orientada al mercado y altamente vinculada con los mercados internacionales en la que la atracción de la Inversión Extranjera Directa jugó un rol fundamental (Fang, 2019). Los años dorados de la globalización económica fueron también la época que le permitió a la dirigencia política contar con una plataforma ideal para impulsar y consolidar un modelo económico basado en “un socialismo con características chinas” (Borquez, 2016). Entre otros hitos histórico, el programa modernizador permitió sacar de la pobreza a más de 700 000 000 de chinos (Dillon, 2018).

Paralelamente, el crecimiento económico experimentado desde entonces le posibilitó a China obtener una mayor relevancia en los asuntos internacionales. Así, el incremento de sus capacidades no solo le permitió transformarse en un país protagonista del sistema internacional actual sino también, paso a paso, empezar a moldearse conforme a su propia visión paradigmática del rol que debía desempeñar en el mundo. En pocas palabras, la mayor injerencia china en los asuntos internacionales ha sido proporcional a su consolidación como potencia económica de primer orden.

Paradójicamente, contrario a la gran estrategia del gobierno de proyectar una imagen de un ascenso pacífico que no significara una amenaza a la comunidad internacional (Buzan, 2014), China se encuentra hoy en día en una encrucijada. Desde la segunda administración del presidente Obama (Warren y Bartley, 2020), China fue vista como la principal amenaza, con matices distintos, a largo plazo para la hegemonía estadounidense (Loke, 2019). Por lo tanto, las diferencias y desencuentros entre ambos países han llevado a un estado de tensión creciente en múltiples sectores, cuyo caso más notable actualmente es obtener ventajas definitivas en la carrera por la supremacía tecnológica en campos como la inteligencia artificial y la tecnología cuántica (Haiyong, 2019). Ante esta situación, ciertos autores, como Goldstein (2020) proponen que nos encontramos en la antesala de una época que recuerda a los tiempos de la Guerra Fría.

Más allá de la imagen de potencia mundial que hoy en día puede proyectar el país asiático, el principal reto se encuentra en que, a pesar de los innegables avances en múltiples sectores, aún no ha consolidado un modelo de desarrollo económico que le permita escapar de la trampa de ingreso medio (Glawe y Wagner, 2020). Es decir, garantizar que el nivel de ingresos alcanzado gracias a las ventajas adquiridas en el período de la globalización económica, que le permitió incorporarse exitosamente a los mercados internacionales como la “fábrica del mundo”, le confieran no quedarse estancado en un nivel de renta media, con los problemas inherentes a lospaíses que se quedan “atrapados” en estas circunstancias.

China aún necesita de un entorno internacional estable que favorezca el multilateralismo y garantice el libre comercio para continuar con su desarrollo. A la vez, se requiere que su dirigencia lleve a cabo una hábil gestión de su política exterior para defender sus intereses vitales en la arena internacional, sin que ello ponga en riesgo la posibilidad de consolidar un entorno internacional favorable para su crecimiento económico. Sin embargo, el mundo se encuentra en un proceso de “desglobalización” (Ramírez Montañez y Sarmiento Suárez, 2020) y muchos países, principalmente los Estados Unidos y miembros de la Unión Europea, se muestran cada vez más hostiles respecto al avance de China y profundamente recelosos sobre sus “verdaderas intenciones”.

A la par, la política exterior china ha experimentado una transformación gradual en cuanto a la manera de proyectar sus intereses en el escenario internacional. En las primeras fases del programa de modernización económica, el presidente Deng Xiaoping lanzó la doctrina de 24 caracteres que proponía una política exterior de bajo perfil que instruía a los líderes a que China “nunca aspirara al liderazgo” (Keith, 2017). Esta situación ha cambiado notablemente con la llegada de Xi Jinping al poder. A partir del 2012, la política exterior china ha dado un giro importante (Poh y Li, 2017), se ha mostrado más confidente, ha alcanzado mayor protagonismo, ha desafiado a ciertas instituciones internacionales y fundado otras, ha consolidado nuevas alianzas, ha propuesto nuevos modelos de gobernanza mundial y ha impulsado nuevas formas de cooperación internacional para el desarrollo. Si bien los cinco principios de coexistencia pacífica han enmarcado su política exterior desde la época maoísta (Odgaard, 2013), la intensidad, enfoque y alcance de estos principios varían conforme al momento histórico del desarrollo chino.

Bajo esta perspectiva, comprender la actual política exterior de China implica adoptar una visión que contemple su evolución, la relación mutuamente constitutiva con las bases del crecimiento económico, la conformación bajo la orientación del actual pensamiento de Xi y, más importante aún, su vínculo como medio de legitimidad política del Partido Comunista. Este pensamiento, conocido también como la doctrina de Xi en política exterior, fue presentado bajo la frase “El Pensamiento de Xi Jinping sobre la diplomacia en la Nueva Era” en el 2017 (Zhang, 2019). Un año más tarde, el concepto se agregó a la constitución como un valor central que impulsa las relaciones internacionales chinas. Sin embargo, la doctrina de Xi Jinping también refiere los pensamientos colectivos incorporados en sus comentarios, escritos e instrucciones publicados por el Estado chino. Esta doctrina incorpora la visión sinocéntrica de las relaciones internacionales, la cual cuenta con profundas raíces históricas. Por otro lado, este pensamiento puede ser entendido también como una nueva versión de sinocentrismo, uno diseñado para el siglo XXI. Oficialmente, la doctrina de Xi tiene tres elementos constitutivos, estos son: el “gran rejuvenecimiento de la nación china”, la “comunidad de destino común de la humanidad” y “las nuevas y mayores contribuciones de China a la humanidad” (Nathan y Zhang, 2022). Estos tres elementos engloban una idea más profunda y trascendente que constituye el fundamento del pensamiento de Xi: restaurar la “misión” del Partido Comunista y adaptarla a la “nueva era”, es decir, a las nuevas realidades del siglo XXI. En última instancia, esta tarea consiste en que China sea una “nación socialista moderna” en el 2035 y, cuando China celebre el centenario del triunfo de la revolución comunista en 2049, sea una gran potencia “fuerte y próspera” (Garrick y Bennett, 2018).

Más allá de implementar una política exterior que responda a los desafíos coyunturales del momento, defienda los principios innegociables como la cuestión de una sola China y la eventual reunificación de Taiwán, restaure el prestigio internacional y permita consolidarse como un actor relevante en los asuntos internacionales, la política exterior, en el fondo, tiene sentido en la medida en que favorece la legitimidad política del Partido Comunista (Lemus-Delgado, 2022). La política exterior debe contribuir a mostrar al mundo y a los propios ciudadanos chinos que la fórmula de un socialismo con características propias es el mejor camino para la humanidad. Esta es la clave más importante para entender la política exterior.

A diferencia de lo que muchas veces se sostiene desde Occidente sobre que la política exterior no tiene como objetivo supremo que China se convierta en la nueva superpotencia mundial. Si China llegara a ser un nuevo hegemon, sería el resultado y no la causa de lo que la élite gobernante busca para las siguientes. Esta búsqueda aspira a que China sea un país altamente desarrollado, siendo esta la ambición del Partido Comunista. En esta tarea el Partido se juega su legitimidad política, su permanencia en el poder y aún más, su trascendencia histórica. Una mala lectura de estas aspiraciones podría llevar a los países occidentales, particularmente los EE. UU. a una colisión con China. La interpretación de que China busca ser hegemon para dominar el mundo es el resultado de un error de cálculo al mirar la política exterior de China, como resultado de nuestra propia incapacidad de mirar “hacia adentro” las dinámicas del Estado chino, sus propios desafíos al interior del país, sus contradicciones y limitaciones. Este error de cálculo podría traer las peores consecuencias para China y el resto del mundo si en el afán de contenerlo se presiona a tal punto que se pase de verse como un competidor y se considere cada vez más una amenaza.

Desde ese punto de partida, este dossier temático permite contribuir con cuatro aproximaciones a las múltiples aristas de la política exterior del gobierno chino y su impacto internacional. El primer artículo, escrito por Carlos Cerda Dueñas, propone analizar uno de los elementos centrales de la diplomacia de China en la era de Xi, las nuevas y mayores contribuciones de China a la humanidad. Para ello, Cerda Dueñas analiza el rol fundamental de China y las acciones asumidas para contribuir a un desarrollo global. Desde esta perspectiva, se analiza la Iniciativa para el Desarrollo Global, haciendo énfasis en que esta iniciativa se ha sustentado en una amplia narrativa de apropiación sobre el tema del desarrollo y, particularmente, de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además, la aportación de Cerda Dueñas destaca los progresos y las dudas que ha generado su implementación para determinar el papel que está desempeñando como herramienta de política exterior china.

Particularmente, Cerda Dueñas propone que son múltiples los objetivos para impulsar esta iniciativa por parte del gobierno chino, entre los que destaca el aparecer como un aliado de la comunidad internacional en un esfuerzo patrocinado por las Naciones Unidas relacionado con los Objetivos del Desarrollo Sostenible, asociar las diferentes iniciativas desplegadas en la administración de Xi, particularmente la Iniciativa con la Agenda 2030, reduciendo recelos y obteniendo visibilidad a través proyectos considerados complementarios y fomentar el enfoque chino sobre la defensa de sus propios conceptos de desarrollo. Como lo demuestra el artículo de Carlos Dueñas, la Iniciativa para el Desarrollo Global es un ejemplo de la posible complementariedad de acciones tanto de países occidentales como de China para encontrar soluciones conjuntas a problemas comunes y que las relaciones entre Occidente y China no tienen que encaminarse irremediablemente a la confrontación.

En concordancia con la idea de que la política exterior china es el resultado de una transformación de las últimas décadas, que busca proyectar ahora la imagen de un país no solamente protagonista del escenario internacional sino también corresponsable del destino compartido por la humanidad en que China debe jugar un rol activo para construir un futuro promisorio y benéfico, Sebastián Schultz analiza su compromiso por alcanzar el máximo de emisiones de carbono antes de 2030 y la neutralidad de carbono para 2060. En este sentido, Schulz analiza los objetivos y alcances de esos anuncios, enfatizando la intención del gobierno chino de presentarse como un líder global en materia ambiental y como portavoz de los países emergentes en este tema. Asimismo, Schultz evidencia la manera en que estos objetivos son la continuidad de una política de Estado en materia medioambiental iniciada en la década de 1990 y que ha estado en sintonía con el ascenso del protagonismo internacional de China.

Al mismo tiempo, el trabajo muestra cómo la política exterior de China se despliega de distintas maneras en forma flexible respecto a la imagen que proyecta. Al respecto, Schultz evidencia que el anuncio chino que establece metas concretas en materia de neutralidad del carbono, no lo desliga de su autoproclamación como parte del Sur global ni abandona las reivindicaciones históricas de los países desarrollados, ya que el gobierno chino continúa afirmando que estos deben encabezar la transición hacia energías limpias facilitando el financiamiento y tecnología para los países en desarrollo. Esta aproximación refleja la aproximación actual de la política exterior sustentada en el pensamiento de Xi.

La tercera contribución de esta sección temática es la elaborada por Stella Justo, quien enfatiza el segundo pilar de la doctrina de Xi: “comunidad de destino común de la humanidad”. Esta noción entiende que todos los seres humanos comparten un destino común y deben colaborar para abordar los desafíos globales como la pobreza y el cambio climático. La comunidad de destino común subraya la interdependencia y la responsabilidad compartida de proteger los recursos para las generaciones futuras. En esta configuración, Stella Juste invita, mediante la revisión del caso de la estrategia de vinculación de multinivel de China en América Latina, a revisar las principales interacciones sobre el desarrollo de energías limpias a nivel subnacional entre Argentina y China.

La autora sostiene que ambos países parten de la línea de base de poseer un interés complementario en el desarrollo de acciones a favor de la transición energética. Para medir este interés se adentra en la revisión exhaustiva de los proyectos energéticos que se registran en las provincias argentinas en relación con actores chinos desde el establecimiento del Acuerdo de Asociación Estratégica Integral en 2014 hasta 2023. Entre los casos de estudio se distinguen dos tipos: 1) las iniciativas de producción de energías renovables (eólica, solar, hidroeléctrica y nuclear), y 2) las iniciativas de producción de litio destinada a la confección de baterías como medio de almacenamiento. Su principal resultado muestra que el interés mutuo se canaliza mediante el establecimiento de agendas de trabajo con actores binacionales en diversas temáticas sobresaliendo las iniciativas de producción de energías renovables y litio. Las agendas son operacionalizadas por actividades de paradiplomacia, lideradas por las mismas provincias y en coordinación con el Estado federal. Si bien los proyectos han ido avanzando en alcanzar el objetivo general, se detectan desafíos relacionados con la escasa transferencia de tecnología y know how hacia los actores locales en Argentina. En este sentido, el modelo de vinculación que prevalece se basa principalmente una dependencia al capital enfocado en el proceso extractivo, pero con bajo nivel de desarrollo local y nacional.

Finalmente, este dossier presenta la contribución de Esteban Poole Fuller y Peng Jianrong, quienes ponen énfasis en cómo la mayor participación de China en la economía y gobernanza global ha ido abriendo espacios de cooperación con Centroamérica, una región históricamente cercana a los Estados Unidos. En este sentido, este último artículo hace referencia al principio de la doctrina de Xi “el gran rejuvenecimiento de la nación china”: Como se comentó anteriormente, esta noción se refiere a la aspiración del presidente chino de restaurar la antigua grandeza de China como una de las tantas formas para garantizar la legitimidad del Partido Comunista. El término refleja una de las aspiraciones recientes de la política exterior: el deseo de China de convertirse en una potencia global influyente en todos los aspectos, desde la economía hasta la política y la cultura.

Poole Fuller y Peng Jianrong se centran en el caso de El Salvador y su realineamiento de la política exterior hacia China, en desmedro de sus relaciones históricas con los EE.UU. Los autores exploran las dinámicas detrás de este acercamiento hacia Beijing en un contexto de rivalidad estratégica entre ambas potencias. Los autores resaltan que esta reorientación resulta especialmente significativa en tanto que ha sido liderada por el presidente Bukele, caracterizado como un populista de derecha que políticamente es crítico con los regímenes de izquierda. Dicha dimensión exige mayor análisis, en tanto tendría implicancias importantes para el estudio de los probables alineamientos de los actores políticos latinoamericanos frente a la rivalidad estratégica sinoestadounidense. Poole Fuller y Peng Jianrong demuestran que la trayectoria actual de la política exterior salvadoreña contribuiría a deteriorar la percepción, extendida desde el período de la Guerra Fría, de que existiría un alineamiento a priori entre Washington y los sectores políticos de derecha latinoamericanos, al menos con los republicanos norteamericanos. Por otro lado, este caso refleja cómo China ha ido posicionándose como una potencia en América Latina, estrechando relaciones con diferentes países yendo más allá de los asuntos político-ideológicos de los gobiernos de turno.

En conjunto, los artículos de esta sección temáticas son una invitación a pensar la relación entre las bases ideológicas en el diseño e implementación de la política de china en la era de Xi y la percepción sobre el ascenso de China. Una relación que es mutuamente constitutiva. Como lo evidencian los autores que contribuyen en este dossier, es un tema que, por su importancia y trascendencia histórica, debe ser visto no solamente como un asunto de interés exclusivo de un grupo de especialistas del área. Más allá de la curiosidad intelectual que generan estos asuntos, es una invitación a ampliar nuestros conocimientos, propiciar el debate y generar discusiones que nos permitan obtener una comprensión del mundo más robusta y una explicación más sólida de sus transformaciones e implicaciones, ya que la política exterior de China en la era de Xi Jinping impacta profundamente al mundo entero, incluyendo nuestra región latinoamericana.

REFERENCIAS

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