30 Junio 2025
Jul-Dec 2024
Dominique Boullier es profesor emérito de sociología en la universidad Sciences Po de París y fue colega y discípulo de Bruno Latour. En 2023, Boullier publicó el libro Propagations: un nouveau paradigme pour les sciences sociales (Propagaciones: un nuevo paradigma para las ciencias sociales), que por el momento no ha sido traducido al español pero que ha sido presentado en numerosas universidades de países de habla hispana. Este libro es una contribución sumamente original, interesante y significativa a la teoría sociológica que merece ser leída y tomada en cuenta, y que sintetizo de manera crítica a continuación.
Boullier nos hace ver que las propagaciones están constantemente a nuestro alrededor y que, en el contexto de la globalización y de los cambios tecnológicos, son cada vez más comunes e importantes. Fake news (noticias falsas), memes, fotos y videos compartidos por internet que se viralizan; virus respiratorios u otros que se expanden a nivel nacional e internacional; rumores que circulan rápidamente por diversos medios; innovaciones tecnológicas y modas de diverso tipo que se expanden en todo el mundo; crisis económicas que se aceleran y globalizan; desastres naturales asociados a la crisis climática global que aparecen en todos los continentes, son sólo algunos ejemplos evidentes de las propagaciones que forman parte de nuestro cotidiano.
A pesar de su importancia, las y los científicos sociales no han dedicado gran esfuerzo a crear un marco teórico-conceptual explícita y específicamente orientado a estudiar las propagaciones, laguna que Boullier busca remediar.
Sin duda, diversas propagaciones han sido analizadas en las ciencias sociales, como lo reconoce y revisa el autor, pero no se ha hecho desde una perspectiva y una teoría propias, sino a partir de los dos clásicos puntos de vista de la teoría sociológica: el punto de vista enfocado en las estructuras sociales y el punto de vista enfocado en la agencia individual o las preferencias individuales. En este sentido, Boullier subraya que el poder de agencia en la sociedad no se limita a los individuos o a las estructuras sociales. Hay que considerar también el poder de agencia de las entidades que circulan, es decir, de las propagaciones. Dicho de otra manera, las entidades que circulan tienen poder de agencia ellas mismas, más allá de los vehículos de circulación de esas entidades, como somos los seres humanos. Así, no podríamos limitarnos a estudiar estas propagaciones con perspectivas teóricas enfocadas en otras fuentes de agencia, ya sean los individuos o las estructuras sociales. Necesitaríamos, pues, una perspectiva teórica propia sobre las propagaciones, no para reemplazar a las otras dos, sino para coexistir con ellas.
Para crear una propuesta teórica sobre las propagaciones, Boullier hace un recorrido por diferentes disciplinas y subdisciplinas que han estudiado diversas entidades que circulan. Esto forma la primera y más larga parte del libro. Retoma ideas y conceptos de la epidemiología; del estudio de las innovaciones tecnológicas y su expansión; de la Historia; del evolucionismo cultural; de la cienciometría; del estudio de las crisis económicas y financieras; del estudio de la propagación de rumores; del estudio de los movimientos de masas, entre otros.
Encontramos así en su propuesta teórica de las propagaciones conceptos clave como el origen (propiedades específicas en un momento y lugar dados que permiten hacer un seguimiento de las variaciones posteriores); la trazabilidad fina; las mutaciones y las variantes (con la idea central de que pequeñas mutaciones pueden tener grandes efectos); la viralidad; los desencadenantes; los tipping points (o puntos de inflexión, que son el momento en que una curva de propagación se vuelve exponencial); los patrones de propagación; el mimetismo; y la importancia de la proximidad o vecindad en las propagaciones.
Es sorprendente que, en su larga revisión de diferentes disciplinas que han estudiado cosas que circulan, Boullier no haya prestado atención a la vasta literatura sobre las migraciones humanas. Entiendo muy bien que la teoría de las propagaciones se enfoca principalmente en entidades como los mensajes y no en seres humanos de carne y hueso, pero de todas formas los estudios sobre migraciones humanas han dejado un amplio abanico de conceptos que podrían enriquecer mucho la teoría de las propagaciones. Además, Boullier mismo reconoce, al final del libro, que las migraciones humanas pueden efectivamente estudiarse con el marco teórico de las propagaciones, al anotar que la expansión general de las migraciones es un proceso típico de las propagaciones incontrolables.
En ese abanico amplio de conceptos sobre las migraciones, podemos mencionar nociones como los encadenamientos migratorios que vinculan la migración nacional con la migración internacional; las migraciones circulares entre origen y destino; las migraciones forzadas que tienen características y ritmos específicos a diferencia de las migraciones voluntarias que tienen otras características y ritmos; las crisis migratorias, que son esos tipping points ya mencionados; los flujos migratorios mixtos en donde confluyen migrantes voluntarios y forzados; la transmutación de migrantes voluntarios en migrantes forzados al ser víctimas de delitos durante su trayecto; las diásporas a partir de las cuales pueden surgir migraciones posteriores; las redes migratorias que facilitan y expanden la migración, etcétera.
Para Boullier, la creación de este nuevo “paradigma” para las ciencias sociales no implica solamente construir un edificio conceptual. También se asocia a la posibilidad creada por las nuevas tecnologías. Antes no se podían comprobar y estudiar las propagaciones porque sólo había datos sobre grupos grandes y con periodicidad lenta (por ejemplo, cada censo o cada encuesta). Las nuevas tecnologías (plataformas por internet, redes sociales digitales, Big Data) permiten ahora una trazabilidad fina de diversas propagaciones, con alta frecuencia. El ejemplo de Twitter (o X) es clave: podemos trazar pequeños mensajes que circulan rápidamente, fácilmente, masivamente y en muchos casos sin deliberación debido al botón Retweet.
La segunda parte del libro se centra precisamente en las redes sociales digitales, con Twitter (o X) como el caso quizás más notorio y evidente de fuente de propagaciones. Boullier explica que la facilidad de propagar rápidamente y masivamente mensajes en redes sociales hace que se vuelvan pequeñas señales de alerta constantes que atraen nuestra atención, es decir, son una forma de hostigamiento mental. Además, se trata de mensajes a los que se suele responder rápida y reactivamente sin deliberación cuidadosa. Así, este ritmo rápido, esta viralidad y esta falta de deliberación se imponen a todos los debates y a todas las conversaciones públicas, contribuyendo al calentamiento mediático y a la polarización de opiniones. Todo es reacción sin reflexión, fomentando la creación de burbujas de opinión.
De esta manera, según Boullier, el espacio público cambia de naturaleza en este contexto de propagaciones debido a tres factores: 1) el ritmo rápido de las propagaciones y su repetición crean una reactividad imperiosa que no permite la deliberación cuidadosa; 2) el formato de mensajes breves contribuye al reduccionismo de problemas, que evidentemente requieren de más de 280 caracteres para abordarse; 3) el ritmo rápido y el formato corto obligan a tomar posiciones opuestas y contribuyen a la polarización, impidiendo posiciones intermedias y sutiles que requieran reflexión detenida.
En la tercera y última parte del libro, Boullier recapitula los puntos clave y reflexiona sobre seis grandes propagaciones actuales que traen consigo crisis graves y que deben ser pensadas con el marco teórico de las propagaciones para poder abordarlas desde la política pública: (1) la crisis de la salud, incluyendo las pandemias; (2) la crisis climática y los desastres naturales asociados; (3) las crisis financieras y económicas; (4) la crisis mediática de las redes sociales, incluyendo el problema de la propagación de fake news; (5) la propagación terrorista, que se asocia también al uso de redes sociales para propagar mensajes; y (6) la crisis de las drogas, con la propagación de la adicción y de redes de tráfico de estupefacientes.
Para gobernar las propagaciones, argumenta Boullier, hay dos principios importantes a tomar en cuenta. En primer lugar, es necesario equiparse de sistemas de monitoreo muy finos para identificar señales de una posible crisis de propagación. Esto no significa controlar territorios, sino más bien controlar flujos y propagaciones. En seguida, es crucial cortar las cadenas de contagio, que supone identificar con precisión los vehículos de la propagación, los medios favorables a la propagación y las propiedades de las entidades contagiosas. Por ejemplo, en el caso de la crisis de las drogas, la despenalización puede romper con el encadenamiento clientes-vendedores-ingresos-armas-comportamientos sociales peligrosos.
Los casos de propagaciones estudiados por el autor son crisis que claramente nadie desea que continúen. Sin embargo, es importante preguntarse si esta no es una visión pesimista y limitada de las propagaciones. ¿No es posible concebir también propagaciones positivas y deseables, que convenga desencadenar y alimentar? Por ejemplo, en el caso de la actual guerra en Palestina, la rapidez con la que se conocen las atrocidades que se están cometiendo en contra de las y los palestinos ha contribuido a la creación de movimientos de protesta alrededor del mundo, a su vez dependientes de las propagaciones de información en redes sociales, que pueden convertirse en una fuente de presión importante para detener esas atrocidades. Otro ejemplo es la propagación de información que acalla rápidamente fake news. Es necesario tomar un paso hacia atrás y pensar en las propagaciones de manera más general, no sólo como posibles crisis a evitar o controlar, sino también, en algunos casos, como ventanas de oportunidad a ser aprovechadas y fomentadas.
Me permito realizar un último comentario crítico concerniente a los sesgos de las técnicas y fuentes de información. Boullier observa que los sondeos de opinión, las encuestas, incluso a veces los censos y registros civiles, pueden contener sesgos, que se intentan controlar. Por ejemplo, es común que los sondeos de opinión política sean sesgados geográficamente, con una subrepresentación de zonas rurales, que se intenta controlar estadísticamente. Los datos que permiten estudiar las propagaciones también tienen sesgos, aunque Boullier no dedica el espacio adecuado para dilucidar esos sesgos.
Un punto clave es la brecha digital, que, sorprendentemente, no es mencionada en el libro. Sin duda es un tema que tiene que ver más con el punto de vista de las estructuras sociales, pero de todas formas parece ser central para entender las propagaciones. Las propagaciones en el mundo virtual no involucran a toda la población. Hay grupos que no están involucrados, o no de la misma manera o con la misma intensidad, como las y los adultos mayores, las niñas y los niños pequeños, o las personas en situación de pobreza o vulnerabilidad. Además, estas brechas digitales son diferentes según región y país. ¿Este simple hecho no afectará a las entidades circulantes, sus características y sus patrones de propagación? ¿Cómo podemos pensar la brecha digital en el marco conceptual de las propagaciones? Desafortunadamente Boullier no aborda estas y otras preguntas asociadas a las brechas digitales, que parecen cuestiones de interés evidentes.