1. Introducción
El cambio climático se ha convertido en uno de los desafíos más urgentes de nuestra época, impulsado principalmente por el uso de combustibles fósiles (IPCC, 2023). Al ser quemados para la producción de energía, estos combustibles liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero, en particular dióxido de carbono (CO2), que contribuyen al calentamiento global. Este fenómeno no solo altera los patrones climáticos a escala mundial, sino que también repercute en los ecosistemas y en las comunidades humanas, exacerbando eventos climáticos extremos como huracanes, incendios, sequías, olas de calor e inundaciones (United Nations Development Programme, 2020).
En este contexto, la urgencia de avanzar hacia una transición energética basada en fuentes limpias y sostenibles se ha vuelto ineludible (Cassia et al., 2018; REN21, 2023). Dicho proceso implica transformar significativamente la forma en que se produce y consume la energía, alejándose de los combustibles fósiles y adoptando recursos renovables, como la energía solar y eólica. Estas fuentes renovables son fundamentales para la producción de hidrógeno verde, obtenido mediante electrólisis. A diferencia de otras variantes -hidrógeno gris, azul o turquesa- que utilizan hidrocarburos en su proceso de producción, el hidrógeno verde se presenta como una alternativa prometedora para reducir las emisiones de CO2 y promover un futuro energético sostenible (Capurso et al., 2022; Delpierre et al., 2021; Emodi et al., 2021; Hanusch y Schad, 2021; Scovell, 2022).
El hidrógeno verde ha ganado relevancia como opción energética viable gracias al incremento en la producción de energías renovables y a las mejoras tecnológicas para su implementación (Imasiku et al., 2021). Chile, entre otros países, con abundantes recursos naturales y condiciones geográficas favorables, se ha convertido en líder latinoamericano en la producción de energías renovables. El país ha apostado fuertemente por la energía eólica, aprovechando los favorables vientos en regiones como la Patagonia, y por el desarrollo del hidrógeno verde (Ministerio de Energía, 2020). Esta estrategia no solo busca mitigar el cambio climático, sino también posicionar a Chile como un actor relevante en el mercado energético global.
Los beneficios potenciales del hidrógeno verde derivado de energía eólica incluyen la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la generación de empleo y el desarrollo económico regional. Sin embargo, estas iniciativas enfrentan importantes desafíos de aceptación social (Bessette y Crawford, 2022; Cordoves-Sánchez y Vallejos-Romero, 2019; Costa Pinto et al., 2021; Maleki-Dizaji et al., 2020; Rodríguez-Segura et al., 2023; Ruddat y Sonnberger, 2019). La aceptación social, entendida como la aprobación -activa o pasiva- del público hacia nuevas tecnologías energéticas (Segreto et al., 2020), es esencial para el éxito de la transición energética y la implementación de proyectos de energías renovables, que pueden generar conflictos locales por sus impactos en el territorio (Warren et al., 2012).
Las ciencias sociales han identificado diversos factores que influyen en la aceptación social de proyectos de energías renovables. Aunque se han propuesto modelos para analizar la aceptación social de la energía eólica (Batel, 2020; Hübner et al., 2023; Wolsink, 2018) y del hidrógeno verde (Emodi et al., 2021; Gordon et al., 2024a; Scovell, 2022), la mayoría de ellos aborda estas tecnologías de forma independiente, sin considerar la interdependencia tecnológica que existe entre ambas. La producción de hidrógeno verde depende en gran medida del desarrollo de la energía eólica, ya que el hidrógeno funciona como vector energético que permite almacenar y utilizar de forma eficiente la energía generada por el viento. Ignorar esta sinergia limita la capacidad de los modelos para reflejar la realidad, pues la aceptación de una tecnología puede depender de la otra.
La integración del hidrógeno verde y la energía eólica conlleva impactos tanto positivos como negativos que exigen una perspectiva conjunta. Por un lado, el hidrógeno verde puede facilitar el almacenamiento de energía y la descarbonización de sectores difíciles de electrificar, constituyendo un componente crucial para la transición energética y la mitigación del cambio climático (López, 2022; Wyczykier, 2023). Por otro lado, el desarrollo de proyectos de hidrógeno verde puede generar impactos sociales y ambientales, especialmente en regiones ambientalmente sensibles como la Patagonia chilena (Jaña, 2024). Asimismo, la instalación de parques eólicos, indispensables para producir hidrógeno verde, puede provocar alteraciones en la flora, la fauna y los paisajes (Hernández et al., 2019).
En la región de Magallanes, Chile, se observa un ejemplo claro de los desafíos que plantea esta integración: el hidrógeno verde, generalmente aceptado de acuerdo con la literatura y los procesos de consulta previa de la Estrategia Nacional del Hidrógeno Verde, enfrenta oposición debido al uso de energía eólica para su producción (Norambuena et al., 2022). Este caso pone de manifiesto la desconexión en los modelos existentes, que no contemplan la interdependencia entre ambas tecnologías. Un enfoque integrado permitiría optimizar los beneficios, mitigar los impactos y reforzar la aceptación social mediante una planificación y regulación más eficientes (Kazimierski, 2021).
En este artículo se presenta un modelo integrado para analizar la aceptación social de la producción de hidrógeno verde a partir de energía eólica. Este enfoque, de carácter novedoso y holístico, busca evaluar de manera más completa los impactos y beneficios sociales, ambientales y económicos asociados. Abordar la aceptación social conjunta de estas tecnologías es, por tanto, esencial, ya que las políticas y estrategias energéticas integradas están alineadas con los objetivos globales de sostenibilidad y transición energética.
Un modelo que evalúe la aceptación de esta integración tecnológica se perfila como una herramienta clave para: 1) la toma de decisiones, al facilitar el desarrollo de proyectos más sólidos y socialmente aceptados; 2) capturar de manera más certera las dinámicas sociales y las tensiones que emergen cuando ambas tecnologías coexisten; 3) superar las limitaciones de los análisis aislados y anticipar posibles resistencias en contextos específicos; y 4) comprender los desafíos y oportunidades que conlleva la implementación de proyectos de energías renovables basados en tecnologías interrelacionadas.
En consecuencia, este modelo puede profundizar la discusión teórica sobre la aceptación social y los impactos socioambientales de las energías renovables, enriqueciendo el debate académico y científico. Asimismo, su aplicación práctica podría apoyar la formulación de políticas públicas que promuevan una transición energética capaz de responder de manera efectiva a la crisis socioecológica actual, a través de estrategias de implementación más inclusivas y equitativas. De esta forma, se busca que los beneficios de la transición energética se distribuyan de manera justa y que las comunidades receptoras sean consideradas y respetadas a lo largo de todo el proceso de desarrollo.
En síntesis, el modelo propuesto responde a la necesidad académica de integrar la aceptación social de la energía eólica y el hidrógeno verde, y constituye a la vez una herramienta valiosa para quienes toman decisiones de política pública y para los promotores de proyectos. Al contemplar de manera conjunta ambas tecnologías, se facilita la identificación y gestión de las complejas interacciones que surgen en la búsqueda de una transición energética sostenible.
2. Metodología
La propuesta del modelo y sus dimensiones de análisis se fundamentan inicialmente en una revisión de la literatura sobre hidrógeno verde y energía eólica, realizada en el marco del proyecto “Aceptación social e impactos socioambientales del hidrógeno verde a través de energía eólica en la región de Magallanes sur de Chile”, financiado por la Agencia Nacional de Investigación (ANID) de Chile en marzo de 2024. Este modelo integra ambas tecnologías y se basa en un amplio corpus bibliográfico que abarca tanto regiones y países desarrollados como emergentes. El objetivo de la investigación en curso es identificar las dimensiones y variables de la aceptación social que inciden en las tensiones, problemas y/o conflictos derivados de estos proyectos.
Desde 2020, Chile ha implementado su Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde, que busca posicionar al país como uno de los primeros productores y exportadores de hidrógeno verde en América Latina, con énfasis en dos regiones piloto: Antofagasta (norte) y Magallanes (sur). Aunque el foco del estudio es la Región de Magallanes, el modelo, derivado de la literatura internacional, es aplicable a distintos contextos sociales y territoriales.
En un segundo momento, se procedió a actualizar la revisión bibliográfica durante 2024. Para ello, se partió de los artículos de revisión de Rand y Hoen (2017) y Hübner (2023) para energía eólica, así como de Emodi et al. (2021), Scovell (2022), Vallejos-Romero et al. (2023) y Gordon (2024a) para hidrógeno verde. La búsqueda se llevó a cabo en las bases de datos Scopus y Web of Science (WoS), empleando las palabras clave “aceptación social” y “energía eólica”, así como “aceptación social” e “hidrógeno verde”. Posteriormente, se revisaron las citas en dichos artículos de revisión para profundizar en el análisis de la aceptación social y los impactos socioambientales en proyectos de hidrógeno verde basados en energía eólica.
Este proceso permitió consolidar un cuerpo de literatura sólido y actualizado, a partir del cual se elaboró un modelo integrado para el estudio del hidrógeno verde proveniente de energía eólica en la Región de Magallanes, que puede ser extensible a otros territorios en el norte y sur global.
3. Antecedentes teóricos
La investigación sobre la aceptación de la energía eólica ha evolucionado durante más de cuatro décadas, desarrollando diversos marcos teóricos y conceptuales (Rand y Hoen, 2017). En su primera fase (década de 1980), predominó la teoría del déficit, que atribuía la oposición ciudadana a la falta de información. En esta etapa, los estudios se centraron en comprender la resistencia social (Devine-Wright, 2005), asumiendo que la preocupación principal era la apropiación técnica de la tecnología por parte de las comunidades locales (Fournis y Fortin, 2016). Bajo esta perspectiva, la teoría NIMBY (Not In My Backyard) explicaba la oposición transfiriendo la responsabilidad a quienes protestaban (Devine-Wright, 2007).
En la segunda fase, se cuestionó la validez del modelo NIMBY y se buscó comprender la aceptación social de la energía eólica desde una óptica más amplia (Devine-Wright, 2005, 2009; Wolsink, 2000). Así, los proyectos empezaron a analizarse en relación con procesos y factores que iban más allá del ámbito local (Wüstenhagen et al., 2007). La aceptación se concibió como un fenómeno multidimensional que abarcaba la aceptación sociopolítica (opinión pública, promotores e instituciones políticas), la aceptación comunitaria (comunidad local y administración) y la aceptación de mercado (consumidores e inversores). Estudios posteriores profundizaron en cada una de estas dimensiones, subrayando la relevancia de la aceptabilidad comunitaria (Wolsink, 2007), la aceptación pública (Kasperson y Ram, 2013; Wüstenhagen et al., 2007) y la aceptación social en general (Wolsink, 2012).
En la fase actual, la investigación sobre la aceptación social de la energía eólica pone énfasis en factores sociopsicológicos y comunitarios que influyen en las percepciones, actitudes y comportamientos de oposición o aceptación (Ellis y Ferraro, 2016). Este enfoque refleja una evolución hacia una visión más completa de las variables determinantes de la aceptación social.
Por su parte, la mayoría de los estudios sobre hidrógeno verde se ha centrado en dimensiones técnicas y económicas. Sin embargo, trabajos recientes destacan los impactos sociales en aspectos como el paisaje, el valor de la propiedad, las actividades económicas y el bienestar social y psicológico (Scovell, 2022). Además, se ha observado una creciente desconfianza hacia las empresas promotoras y la percepción de procesos distributivos injustos para las comunidades y regiones receptoras. Estos factores son cruciales para comprender la aceptación o el rechazo de las comunidades hacia el hidrógeno verde, dado que un proyecto de energía renovable no solo debe ser técnicamente viable, sino también social y ambientalmente sostenible.
En este sentido, las ciencias sociales pueden desempeñar un rol esencial en la transición energética y en la reducción de impactos negativos, al analizar de forma crítica los beneficios, riesgos e implicaciones sociales de tales propuestas (Royston y Foulds, 2021; van Renssen, 2020). Aunque se cuenta con un amplio acervo científico sobre energías renovables, especialmente energía eólica, el estudio del hidrógeno verde es relativamente incipiente (Emodi et al., 2021; Hanusch y Schad, 2021). Por ello, resulta necesario seguir profundizando en este campo para garantizar que los proyectos de hidrógeno verde se implementen de manera que beneficien equitativamente a las partes interesadas y minimicen sus impactos negativos.
4. Presentación del modelo
La aceptación social es un fenómeno dinámico y multidimensional que opera en varios niveles. Por un lado, la aceptación sociopolítica alude a la aprobación de tecnologías o políticas relacionadas con la energía eólica por parte de la opinión pública, actores relevantes y representantes políticos (Sonnberger y Ruddat, 2017). A ello se suma la aceptación local, que involucra a la población y a la administración del territorio donde se ubican los proyectos (Sonnberger y Ruddat, 2017; Upham et al., 2015). Por último, la aceptación de mercado hace referencia a la actitud de consumidores, inversores y empresas (Maleki-Dizaji et al., 2020; Sonnberger y Ruddat, 2017).
El modelo propuesto se basa en una revisión exhaustiva de la literatura sobre la aceptación social del hidrógeno verde y la energía eólica (véase la sección de Metodología). A partir de esta síntesis, se integra un conjunto de factores críticos que influyen en la aceptación social de ambas tecnologías, ofreciendo una visión global adaptada a los retos actuales de la transición energética.
Este modelo pretende, en primer lugar, identificar las variables consideradas relevantes por la literatura para comprender las tensiones y conflictos que surgen en la instalación de infraestructuras energéticas. Asimismo, subraya el papel fundamental de las ciencias sociales, y en particular de la Sociología, dada la evidencia que sugiere que la aceptación social del hidrógeno verde y de la energía eólica no depende exclusivamente de factores técnicos, sino también de aspectos sociales y contextuales a diferentes escalas (nacional, regional y local) (Kasperson, 2013). Por otro lado, diversos estudios señalan que el hidrógeno verde, aunque goza de amplia aceptación general, puede generar controversia si se produce mediante fuentes energéticas -como la eólica- que suscitan desacuerdos en la comunidad (Norambuena et al., 2022).
La literatura recalca la importancia de examinar los impactos potenciales del hidrógeno verde y de considerar variables como actitudes, reacciones, opiniones (Ingaldi y Klimecka-Tatar, 2020; Flynn et al., 2013; Martin et al., 2009), conocimiento (Flynn et al., 2012; Sherry-Brennan et al., 2010; Ricci et al., 2010) y percepciones de riesgo (Emodi, 2021; Fan et al., 2020; Upham et al., 2020; Ono y Tsunemi, 2017). Si bien las percepciones generales hacia el hidrógeno verde suelen ser positivas (Glanz et al., 2021), subsisten incertidumbres sobre los impactos ecológicos y sociales a escala local (Emodi et al., 2021).
Como se ilustra en la Figura 1, nuestro modelo de aceptación social integra cuatro dimensiones (conocimiento, actitudes, justicia y confianza, normas sociales) y tres tipos de impactos (en las personas, económicos y ambientales).
4.1. Conocimiento y comunicación
En términos generales, la población suele desconocer el funcionamiento del hidrógeno verde y sus aplicaciones, como las pilas de combustible (Oltra et al., 2017). Estudios en países de altos ingresos muestran que factores sociotecnológicos influyen de manera decisiva en la aceptación social (Delucchi et al., 2014; Hwang et al., 2021). El acceso a información más completa tiende a elevar la aceptación de esta tecnología, subrayando la relevancia de la comunicación (Hienuki et al., 2019; Schmidt y Donsbach, 2016; Tarigan et al., 2012; Tarigan y Bayer, 2012). La difusión y la educación, por tanto, se tornan claves para fomentar la confianza en el hidrógeno verde y sus beneficios (Al-Amin et al., 2016; Dahncke, 1997; Glover et al., 2020; Buchner et al., 2025b). Para maximizar su impacto, la comunicación científica debe ser transparente y abarcar toda la cadena de valor (producción transporte, distribución y aplicaciones). Esto permitiría a la sociedad desarrollar un conocimiento más profundo y detallado sobre la tecnología, reduciendo la incertidumbre y corrigiendo posibles percepciones erróneas sobre los riesgos asociados (Hildebrand et al., 2024; Du et al., 2024).
Las percepciones públicas en países de Europa Oriental evidencian desconocimiento sobre los procesos de producción y los posibles aportes de esta tecnología (Ingaldi y Klimecka-Tatar, 2020), lo que genera incertidumbre y preocupación. A medida que la gente adquiere un mayor nivel de conocimiento, sus opiniones suelen volverse más favorables (Flynn et al., 2013; Martin et al., 2009). Además, la familiaridad con la tecnología, particularmente en entornos residenciales, incide en la aceptación, ya que puede modificar hábitos cotidianos (Khan et al., 2021; Lozanovski et al., 2018; Scott y Powells, 2020).
El conocimiento sobre la energía eólica es un factor determinante para su aceptación, pues influye en la percepción de riesgos, los costos y beneficios, así como en la justicia o equidad en la distribución de sus impactos, tanto positivos como negativos. En este sentido, cuanto mayor sea la información disponible, mayor tiende a ser la disposición de las comunidades a aceptar el desarrollo de nuevos parques eólicos, dado que el conocimiento actúa como un modulador de la percepción: aumenta la valoración de los posibles beneficios y reduce el temor a eventuales efectos negativos. Además, un mayor nivel de conocimiento promueve la confianza en los proyectos, reforzando así su aceptación. Por último, fomentar dicho conocimiento mediante la participación, la transparencia y la comunicación durante las fases iniciales de un proyecto contribuye a disminuir la incertidumbre y desempeña un papel fundamental en la consolidación de la aceptación de la energía eólica (le Maitre et al., 2024).
4.2. Actitudes
Las actitudes frente a la transición energética desempeñan un papel central en la aceptación social de proyectos de energía eólica e hidrógeno verde (Scovell, 2022; Upham et al., 2015). Estudios recientes indican que una actitud positiva hacia la transición energética correlaciona con un mayor respaldo a estos proyectos (Firestone et al., 2018; Hoen et al., 2019). Por el contrario, quienes cuestionan la transición energética suelen mostrar más resistencia, motivada por dudas sobre la eficiencia de las tecnologías, los costos involucrados o la desconfianza en los cambios del sistema energético (Reusswig et al., 2016). Esta oposición puede estar motivada por diversas razones, incluyendo dudas sobre la eficiencia de las tecnologías, preocupaciones sobre los costos asociados o una desconfianza general hacia los cambios en el sistema energético. Sin embargo, estudios como el de Jikiun et al. (2023) han mostrado que estas actitudes negativas tienen el potencial de convertirse en positivas cuando se vinculan los proyectos a beneficios locales claros, como la integración de la producción de hidrógeno para descarbonizar actividades cercanas, ejemplo que emerge como una estrategia efectiva para cambiar percepciones y generar apoyo, incluso en comunidades cercanas a las instalaciones eólicas.
4.3. Justicia y confianza
Esta dimensión aborda cuestiones críticas como la percepción de imposición externa de proyectos sin consulta previa ni participación comunitaria (Segreto et al., 2020; Vallejos-Romero et al., 2020). La equidad procesal se centra en la transparencia y la inclusión de la comunidad en la toma de decisiones (Kojo et al., 2022), mientras que la confianza entre actores y hacia las instituciones es determinante para la aceptación social (Gordon et al.,2024b; Leonard et al., 2022; Sovacool et al., 2022; Sonnberger y Ruddat, 2017).
La desconfianza en los mecanismos de planificación y regulación territorial puede originar movimientos de oposición, motivados por la percepción de una distribución desigual de beneficios y costos (Garrido et al., 2015). De ahí surge la justicia distributiva, referida a la percepción de los resultados y a la asignación de beneficios y costos (Hübner et al., 2023; Sonnberger y Ruddat, 2017; Walker et al., 2014), que en el contexto del hidrógeno verde se enfatiza en la necesidad de un equilibrio entre políticas y mercados (Du et al., 2024). La cohesión territorial se ve amenazada cuando las comunidades receptoras asumen costos ambientales y sociales, mientras que los beneficios económicos se concentran en actores externos (Zografos y Martinez-Alier, 2009). Por ende, un enfoque inclusivo y equitativo es fundamental para minimizar conflictos y consolidar la aceptación social (Patonia, 2025; Picchi et al., 2019; Sonnberger y Ruddat, 2017, 2018).
Las inquietudes relacionadas con la seguridad del hidrógeno verde están fuertemente ligadas a la confianza en las instituciones y en la industria. Por ejemplo, en Taiwán, la confianza en la capacidad de la industria local para cumplir estándares de seguridad se asocia con un mayor apoyo (Chen et al., 2016), mientras que en los Países Bajos, la disminución de la confianza en la ciencia y la tecnología provocó una caída significativa en la aceptación del hidrógeno entre 2008 y 2013 (Achterberg, 2014). Así, la confianza en la seguridad de las plantas y en los gestores del proyecto emerge como un predictor clave de la aceptación (Buchner et al., 2025a)
4.4. Normas sociales
Las normas sociales representan un factor importante en la aceptación de tecnologías energéticas sostenibles (Hübner et al., 2023). La percepción de las opiniones de familiares, amigos o vecinos puede influir considerablemente en la posición de un individuo frente a estas tecnologías (Karakislak et al., 2023; Read et al., 2013).
El impacto de las normas sociales en la aceptación local puede variar según el contexto cultural. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que la percepción de la opinión de otras personas relevantes en la comunidad, como los portavoces comunitarios o los líderes locales, tiene un impacto significativo en la aceptación real de los proyectos (Karakislak y Schneider, 2023). Por ejemplo, si los líderes comunitarios y figuras influyentes apoyan un proyecto de energía sostenible, es más probable que los miembros de la comunidad también lo acepten (Hübner, 2020), así como por la cobertura mediática y el debate público (Sokoloski et al., 2018).
4.5. Impactos en los seres humanos
El ruido de los aerogeneradores y los cambios en el paisaje constituyen preocupaciones clave (Frantál et al., 2023; Pasqualetti y Stremke, 2018). Antes de la instalación de las infraestructuras, muchas personas temen molestias acústicas y riesgos para la salud (Maleki-Dizaji et al., 2020). Asimismo, el impacto visual y la alteración del paisaje pueden afectar la identidad y el apego al lugar (Devine-Wright, 2010). No obstante estas preocupaciones iniciales, algunos estudios sugieren que las expectativas negativas no siempre se cumplen una vez que los aerogeneradores están operativos. Es decir, las molestias acústicas y visuales pueden ser menores de lo que se temía inicialmente, y las comunidades pueden adaptarse con el tiempo a la presencia de estas infraestructuras. Es por ello, que las experiencias con tecnologías, como estaciones de carga de hidrógeno o vehículos de hidrógeno, pueden mejorar la confianza de las personas (Hildebrand et al., 2024).
4.6. Impactos económicos
La construcción de infraestructuras eólicas e instalaciones para la producción de hidrógeno verde puede modificar el valor de las propiedades, la oferta laboral y los modelos de uso del suelo (Baxter et al., 2013; Frantál et al., 2023; Sonnberger y Ruddat, 2017). A su vez, puede afectar a actividades económicas tradicionales como la agricultura y el turismo, generando tensiones con las comunidades locales (Bidwell, 2013; Hoen et al., 2019; Hübner, 2020; Leiren et al., 2020; Rand y Hoen, 2017).
4.7. Impactos ambientales
Estos proyectos pueden producir alteraciones en los paisajes naturales, la biodiversidad y el uso de recursos hídricos (Enserink et al., 2022; Picchi et al., 2019; Smith y Dwyer, 2016; Vlami et al., 2020; Voigt, 2021). Aunque el desarrollo de energía eólica e hidrógeno verde reduce las emisiones de gases de efecto invernadero a escala global, a nivel local surgen preocupaciones en torno a la fauna y al paisaje. En consecuencia, los efectos sobre la naturaleza y la calidad de vida de las comunidades siguen siendo un foco de debate.
5. Conclusiones
El modelo presentado en este artículo constituye una aportación novedosa al estudio de la aceptación social de las energías renovables, al integrar de forma explícita la relación entre el hidrógeno verde y la energía eólica. A diferencia de investigaciones previas que abordan cada tecnología de manera independiente, este enfoque ofrece una visión comprehensiva que refleja las complejidades y tensiones inherentes a la coexistencia de ambas en un mismo territorio.
Este marco no solo proporciona una perspectiva más completa de los factores que inciden en la aceptación social de proyectos energéticos, sino que también sirve como una herramienta práctica para los actores involucrados en la transición energética. Tanto las entidades públicas como privadas pueden emplearlo para anticipar y gestionar de manera más eficaz las percepciones y actitudes de las comunidades locales, facilitando así la implementación de proyectos de hidrógeno verde derivados de energía eólica.
Asimismo, el modelo podría contribuir a mejorar la gobernanza territorial al ofrecer un marco que permita identificar y abordar las inquietudes de la población de manera más justa y participativa. Al analizar de forma conjunta variables como el conocimiento, las actitudes, las normas sociales, la confianza, la justicia y los impactos percibidos, se facilita la creación de estrategias más efectivas para el fomento de energías renovables, asegurando un desarrollo sostenible y equitativo en las áreas receptoras.
En el contexto de América Latina, caracterizado por importantes brechas sociales y económicas, la aceptación social de nuevas tecnologías energéticas exige un enfoque inclusivo y participativo. Es imprescindible que la planificación y la ejecución de proyectos involucren a las comunidades desde etapas tempranas, promoviendo la transparencia y el diálogo para reducir la conflictividad y garantizar que los beneficios de la transición energética se repartan de manera equitativa.
En suma, la principal contribución de este modelo radica en su capacidad para articular las múltiples dimensiones que configuran la aceptación social del hidrógeno verde y la energía eólica. Su adopción permite un avance más sólido en la transición energética, con una mayor sensibilidad y adaptación a las realidades sociales y territoriales en las que se desarrollan estos proyectos.










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