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Revista de El Colegio de San Luis

versión On-line ISSN 2007-8846versión impresa ISSN 1665-899X

Revista Col. San Luis vol.13 no.24 San Luis Potosí ene./dic. 2023  Epub 27-Ene-2025

https://doi.org/10.21696/rcsl132420231475 

Artículos

El origen de la leyenda sobre un pacto con el diablo en Alto Lucero, Veracruz. Análisis desde la mirada psicodinámica

The Origin of the Legend about a Pact with the Devil in Alto Lucero, Veracruz. Analysis from the Psychodynamic Perspective

Rafael M. Contreras Pérez* 
http://orcid.org/0000-0002-6960-6583

* Centro de Integración Juvenil, Universidad Veracruzana. Correo electrónico: rafaelomiguelo82@hotmail.com


Resumen

Este artículo presenta el rescate y la interpretación de la leyenda de Julián, el Gavilán, originada a principios del siglo XX, en el México posrevolucionario, que relata las fantasías creadas por el imaginario social del pueblo de Alto Lucero, Veracruz (México). Dicha leyenda explica la vida y muerte de Julián, a quien la comunidad acusó de pactar con el diablo. Él vestía de negro y frecuentaba el panteón por las noches. En esa época resultaba extraño que existieran personas dedicadas a borrar a aquellos que estorbaran para los fines personales. Cuenta la leyenda que Julián tuvo un pacto con el diablo para que lo protegiera en su camino y en su trabajo de sicario. Es así que el objetivo de este trabajo es interpretar el origen de dicha leyenda desde la perspectiva psicodinámica.

Palabras clave: pacto con el diablo; personalidad antisocial; leyenda; psicoanálisis

Abstract

This research gives an insight from the psychodynamic approach, trying to find a sense of the fantasies from the social imaginary, after the emergency of a legend from Alto Lucero’s town, it is about the death of a man who drew a door at the cliffs of the cemetery; Julian who was dressing in black and often went to the graveyard at night, going away from society, his nickname was “el Gavilan” “the hawk” whose job was to be a hitman, remembering that at the beginning and in the middle of the last century of a post revolutionary Mexico and in one provincial environment, it was not strange at all to find people whose job was to wipe out to those who interfere with personal interests. One of these characters was Julian the hawk, who allegedly had a pact with the devil to protect him in his way and job, already violent.

Keywords: Pact with the Devil; antisocial personality; legend; psychoanalysis

Introducción

La más bella astucia del diablo es persuadirnos de que no existe. CHARLES BAUDELAIRE

El análisis de la historia brinda la posibilidad de acceder a la comprensión de las acciones del sujeto, su genealogía y lenguaje, los cuales constituyen las bases para la construcción de las ideologías de los pueblos y la cultura de estos. El psicoanálisis y los estudios sociales permiten vislumbrar un engranaje ideológico que promete seguir un rastro y elaborar los posibles sentidos.

En el campo de lo clínico y lo psicoanalítico se encuentran algunas referencias que aportan luz para la comprensión de la psicosis, que en muchas ocasiones tienen una similitud con las posesiones demoniacas: comportamientos incomprensibles, escabrosos y oscuros, pero propios del ser humano.

En los estudios sociales se utiliza el término metapsicología, propuesto por Freud (1915), para referirse a la analogía y a la construcción teórica que asemejan la dinámica social con la dinámica psíquica. Por ello, en este trabajo, la palabra psicodinámica alude a las fuerzas que pueden interactuar (defensas, conflictos, pulsiones, deseos, represión, etcétera) como analogía de la dinámica interna en referencia a lo social, desde lo teórico y no clínico.

Goodman (1996) explica la relación de similitud entre la posesión demoniaca y el desdoblamiento de la personalidad múltiple; argumenta que ambas necesitan de ciertas condiciones para que se presente dicho estado. La posesión requiere de una serie de rituales, fantasías y deseos por parte del sujeto, así como la incorporación de un espíritu extraño que genera un comportamiento irreconocible (solo puede poseerse a aquel que cree en la posesión). Del mismo modo, en la personalidad múltiple (una variante de las psicosis) se requiere de un disparador que posibilite el desdoblamiento de la estructura en otra distinta a la que utiliza el sujeto, un evento catalizador para la escisión. Goodman (1996) considera que las características mostradas por los sujetos poseídos pueden tener una equivalencia en los trastornos psicológicos de algunos pacientes esquizofrénicos y con tendencias psicóticas, quienes, en muchos casos, también muestran fantasías y obsesiones religiosas.

Aragno (2014) alude a la tendencia humana a la separación de las fuerzas del bien y del mal. A lo largo de la historia, lo demoniaco se ha presentado de la mano con lo sagrado, con lo cual se crea una dualidad de la mayoría de mitos, leyendas y fantasías. Aragno (2014) menciona que, para la teoría psicoanalítica freudiana, se postula una dualidad en la que a la par de una pulsión de vida se encuentra una de muerte. Del tal modo que la generación del Eros presenta también el Tánatos. Esta característica del aparato psíquico, de su funcionamiento, se basa en la introyección y proyección de objetos reteniendo los positivos y expulsando los negativos para sostener una fantasía de escisión, como lo menciona Klein (2009).

Arango (2014) plantea que algunos sujetos con una estructura con mayor tendencia a la psicosis hacen un uso excesivo de mecanismos propios de la esquizofrenia y el narcisismo, lo que provocará una pérdida en la capacidad de integración del objeto. Por lo tanto, expulsar en el “otro” (sea una persona o una alucinación) todas aquellas características negativas, agresivas, punitivas y de desprecio le causan gran terror, debido a que las proyecciones escindidas del sujeto las relacionará con apariciones, presencias fantasmales o demoniacas.

También Nominé (2016) hace uso del psicoanálisis para explicar una tendencia psíquica humana que mantiene el Eros y el Tánatos; el primero, encargado de la unificación de las pulsiones; el segundo, con una determinación a separar y aquietar la dinámica interna. Señala que las pulsiones agresivas del sujeto se proyectan en las acciones que desea realizar, pero que estas, a su vez, chocan con la barrera represiva y superyoica, la cual prohíbe su descarga. Esta energía libidinal, que se queda atrapada en el superyó, lo vuelve más agresivo y castigador contra el propio yo. Esta situación puede encontrarse en los sujetos que perciben una voz con un tono castigador, agresivo. Esta característica doble o antagónica del psiquismo humano se percibe y se proyecta en la cultura, donde Dios y lo divino son referencia de perfección y de bondad.

Es así como surge una dicotomía en la que el diablo es una figura necesaria para proyectar todo aquello que es agresivo, la maldad, lo impulsivo. Se requiere del diablo para conservar a Dios intacto. Dicho de otra manera, es necesario un culpable para que el superyó no se vuelque agresivo contra el propio yo, para evitar el castigo y la voz superyoica castigadora. Es preferible un “otro” sujeto u objeto que debe ser castigado, para así saciar el fantasma de una representación agresiva y destructiva (Nominé, 2016).

En este mismo sentido, Orozco (2009) establece una relación de sinonimia entre la sombra (como parte de los fenómenos naturales) y su implicación en el psiquismo humano. Este autor comprende la sombra como una extensión del yo, una proyección de lo propio reconocible, pero, al mismo tiempo, incapaz de retornar en el lenguaje. Por lo tanto, la existencia de la sombra depende de la existencia del sujeto y del significante social cultural que se le asigne. Orozco (2009) menciona la relación de la sombra y lo sombrío (perteneciente a una carga fantasmática o espectral). En esta relación, el sujeto no reconoce en el fantasma rasgos proyectados de su propia persona debido a la forclusión que ha sufrido, el contenido considerado ahora como una representación intolerable, cuya aparición ocasiona terror al sujeto a causa de la imposibilidad de reconocimiento de la sombra como una extensión del propio yo.

Desde el psicoanálisis, Salamanca (2013) asocia la figura de Dios y el diablo con la imagen paterna infantil. Esta figura, que en el complejo de Edipo ejerce la ley e instaura el superyó, se proyecta en la moral, en las normas y en la religión. De tal forma que la figura paterna, manifestada en los tótems de las culturas antiguas, se encuentra escindida como una característica de las sociedades neuróticas, destacando los atributos elevados, lo puro, lo bueno para Dios y todo aquello rechazado y prohibido para el diablo, lo que denota la neurosis y la perversión como cualidad humana.

La escisión muestra que aquellos atributos positivos elevados de Dios (padre) son una meta que alcanzar para los propios hijos. Una identificación ideal de aquellos preceptos de la aspiración humana. Pero también encontramos que las características de la figura del diablo representan la propia proyección de la rivalidad, los sentimientos y deseos del hijo.

La agresión, la hostilidad y el castigo pueden identificarse como el temor paterno de la castración (la figura de ley). El demonio es una condensación de la figura de autoridad, odiada y temida, pero asimismo es una proyección de los deseos incestuosos, agresivos, del propio hijo hacia su padre. De tal forma que el demonio ofrece aquello que se desea tener o saber, objetos que caen regularmente en lo oculto, lo desconocido y lo placentero. Salamanca (2013) propone que la unificación del objeto no solo se limita a la imposición de la ley del padre, sino se extiende a la seducción como una de las funciones paternas.

Lo que no se comprende del pasado tiende a repetirse

En numerosas ocasiones se ha podido vislumbrar que aquellas conductas y comportamientos que exhiben un tinte patológico son heredadas, ya sea como familia o como sociedad. Basta con volver la mirada para descubrir que estos elementos proceden de nuestro pasado, de herencias culturales que nos llevan a repetir de manera inconsciente un gran número de ideologías con un sentido desconocido, y que, sin embargo, se repiten.

Es así que conocer nuestra historia brinda la posibilidad de ganar terreno a lo inconsciente, a la ignorancia y, sobre todo, a las deformaciones, los artificios ideológicos que se suceden de generación en generación. La posibilidad de conocer un sentido oculto de las leyendas y la mitología no las destierra, sino que las ancla con mucha más fuerza a las construcciones teóricas y permite su trasmisión de manera más clara y, en la medida de lo posible, más consciente.

Uno de los temas que nos intriga como seres humanos es la muerte. El fin de la existencia genera emoción y duda. Una de las características humanas es cuestionarse e intentar desenmarañar una situación que nos rebasa. La angustia que surge al pensar sobre el fin de la vida nos llena de incertidumbre. Lo único que ayuda a mitigar la sensación de vacío y la soledad es el regocijarse bajo el amparo de una deidad que no solo nos proteja, sino que también nos ofrezca la fantasía de algo más grande que nosotros mismos: el más allá. La deidad, su omnipresencia, su panóptico, su perdón y su castigo incitan la institución de las sociedades y de las religiones. A cambio de una obediencia ciega, las religiones ofrecen identidad, identificación, amor filial y, en la mayoría de los casos, un pase directo a la vida eterna.

Lo mencionado por Freud en Tótem y tabú, por Malinowski en Magia ciencia y religión, por Frazer en La rama dorada y por Eliade en Lo sagrado y lo profano fundamenta que la cultura sustenta su comportamiento, sus tradiciones y su moral en creencias ideológicas y su estructuración social. Es probable que desde que hay registros sociales el ser humano ha funcionado psíquicamente de modo similar a lo que es hoy en día y esto nos hace considerar que la necesidad de descargar las pulsiones y, ante esto, la represión permite la emergencia de la fantasía, la alucinación y, de manera más sofisticada, la subjetividad, lo cual hace posible cimentar un pensamiento y trasmitirlo social y generacionalmente. Lo subjetivo se mantuvo a través del tiempo, evolucionó, se complejizó hasta perder sus orígenes, pero mantiene su función intacta: fantasear la posibilidad de suplir o, en palabras de Bleichmar (2006), de saciar la falta.

Los seres humanos justifican su pensamiento en la ideología, la moral y la justicia. Sin embargo, conceptos como el bien y mal cambian a lo largo del tiempo del mismo modo que sus expresiones. Por poner un ejemplo, el dios adoptado en la cultura mexicana es occidental, importado, europeo con lejanas raíces semitas y judaicas. El Dios católico no dejó posibilidad a lo mesoamericano, pero sí permeó en la posibilidad de una gama de santos, fieles y devotos, que realizan lo necesario para alcanzar aquella promesa de amor y de vida eterna.

A pesar de lo extraño que pudiera parecer, la presencia del diablo y de los demonios es una forma de sustentar la existencia divina, del más allá y del cumplimiento de las normas e instituciones. Historias sobre fantasmas y espectros, pactos demoniacos y tentaciones justifican su existencia no solo por la época, sino por la necesidad que cubren para la cultura como contrapunto y recordatorio. Lo ominoso debe encontrarse muy cerca para no olvidarlo.

Este análisis trae a cuenta la historia de un pueblo en la Sierra Madre Oriental veracruzana, pobremente comunicado para principios del siglo XX. Es en este pueblo donde surgió una historia, un hecho fantástico, que, más allá de verdadero, impactó de tal manera en el imaginario social que a décadas de distancia se ha mantenido como leyenda en la población.

En este artículo se presenta una interpretación desde una mirada psicodinámica de una leyenda desarrollada en el pueblo de Alto Lucero, Veracruz (México). Se muestra uno de los varios sentidos o lecturas que hacen posible la comprensión de parte del funcionamiento psicosocial de la cultura.

Pregunta de investigación

¿Cuál es uno de los posibles sentidos de la utilización de la mirada psicoanalítica en la interpretación de una leyenda sobre el pacto con el diablo en el pueblo de Alto Lucero, Veracruz, mediante los principios establecidos en la metapsicología y comprendiéndola desde la analogía de la dinámica psíquica?

Objetivo general

Interpretar el origen de una leyenda sobre un pacto con el diablo en el pueblo de Alto Lucero, Veracruz, desde la perspectiva psicodinámica.

Objetivos específicos

  • Recuperar de la lengua oral la leyenda sobre un pacto con el diablo en el pueblo de Alto Lucero, Veracruz.

  • Recopilar los escritos biográficos del personaje para interpretar la leyenda utilizando la teoría y el método psicoanalíticos.

  • Incluir las perspectivas históricas que dan contexto a los fragmentos seleccionados de la leyenda.

  • Analizar desde la teoría clínica qué brinda sentido a cada uno de los fragmentos seleccionados.

Método

Tipo de estudio/diseño

Este trabajo es de corte cualitativo; utiliza herramientas de distintas áreas como la interpretación y el método psicoanalítico, así como algunos procedimientos que son propios de lo etnográfico. Se usó la entrevista para la recolección de los datos y el análisis de contenido para el texto biográfico.

La estrategia propuesta tiene la finalidad de acceder a los relatos de historias de otro tiempo; trata de seguir una línea en busca de indicios que conduzcan a una comprensión de lo sucedido. Se trata del método de investigación que se basa en aquellas peculiaridades que sobresalen entre las características generales de un objeto de estudio, en este caso, las características sintomáticas que pudieran encontrarse en la narración de un sujeto (Ginzburg, 1999).

Este andamiaje metodológico posibilita el acceso al campo y la recolección de la información para analizar e interpretar los datos mediante una serie de constructos teóricos desde una perspectiva psicoanalítica.

Participantes, recolección de los datos, instrumentos, consentimiento informado

Para la recolección de la información se utilizó la entrevista en profundidad con el encargado de la casa de cultura y cronista del pueblo con la finalidad de recoger la mayor cantidad posible de datos actuales para la reconstrucción de la leyenda. Se recurrió también a la compilación Clamores y atisbos. Acercamientos paralelos a Alto Lucero, hecha por Cándido Eugenio Aguilar, en la que se describe, a manera de redacción biográfica, la historia de Julián. Finalmente, se utilizó un consentimiento informado basado en la Application Form del Cambridge Psychology Research Ethics Committee (2019), manteniendo el uso ético de los datos.

Contexto

Alto Lucero, Veracruz, como muchos otros pueblos de México, se conformó como un asentamiento procedente de la migración española. Esta colonización ocurrió de manera abrupta tras una serie de invitaciones posteriores a 1827, principalmente a las provincias ibéricas, que tenían el objetivo de regular el poblamiento, aprovechamiento y repartición de tierras a grupos de personas dedicadas a la agricultura, a través del ingreso de los colonos europeos, blancos y católicos (Martínez, 2010). Este asentamiento, ubicado en la Sierra Madre Oriental, por muchos años se mantuvo alejado y con poca comunicación hasta mediados del siglo XX, lo cual permitió mantener rasgos físicos, comportamientos, ideologías y aun palabras características del lugar. Hasta hoy, la población se distingue por su giro en la agricultura y la ganadería.

Procedimiento

Las entrevistas se llevaron cabo en la casa de cultura del pueblo con ayuda del informante clave (encargado de la misma casa); se grabaron y transcribieron para complementar y comprender el texto biográfico de Julián. Se utilizó este material como pilar central del análisis, a través de la estrategia de triangulación entre el discurso y texto, las categorías y la interpretación teórica. Finalmente, este análisis dio pie al apartado de discusiones y conclusiones.

Categorías de análisis

En el cuadro 1 se mencionan las categorías analíticas y las subcategorías de estas (división en elementos recolectados en la historia y en las entrevistas sobre la leyenda), así como las unidades que sirven de guía para el análisis de los datos.

Cuadro 1 Categorías de análisis 

Categoría Definición conceptual Subcategoría Unidad de análisis
Leyenda La leyenda es el resultado de la trasmisión oral, centrada en el contexto donde se narra una historia mítica o fabulosa de un hecho pasado (Asse, 2015). Personaje Descripción física y psicológica del protagonista.
Situaciones Descripción del lugar donde sucedieron los hechos.
Trama Descripción de la historia
Rito Descripción de acciones repetitivas.
Diablo Es la contraparte del concepto cristiano. Organizado jerárquicamente desde el líder (Lucifer) hacia los demonios, quienes tienen el objetivo de hacer tentar a los hombres y renunciar a Dios (Cohn, 1987). Demonio Presenta un cuerpo etéreo, cambia de forma a voluntad. Personajes oscuros o negros, son o usan animales, comportamiento “bizarro”, sexual agresivo y seductor.
Pacto Desde la perspectiva jurídica, un pacto es un acuerdo obligatorio de voluntades (Cabanellas, 1993). Compromisos establecidos Descripción de la propuesta, los beneficios y el tiempo.
Convicción de cumplimiento Descripción del formalismo para la conformidad de las partes.
Accesorios y cláusulas Descripción de los apartados que componen el acuerdo.
Contenido latente Conjunto de significaciones a las que conduce el análisis de una producción del inconsciente (Lapanche, 2004). Narración Simbolismos.
Significantes.
Imaginarios sociales.

Fuente: elaboración propia a partir de las bases teóricas de este trabajo.

La leyenda de Julián el Gavilán1

Lo más difícil no es matar, lo más difícil es esconderse. JULIÁN CASTILLO

Julián Castillo Cervantes nació en agosto de 1913 en Alto Lucero, Veracruz. Fue hijo de Bartolo Castillo Salas y de una joven de Abazal. La información sobre su madre no es muy clara, una versión dice que murió al parirlo y que [el padre] al quedar viudo se alojó con su hermana Celestina; ella se encargó de criar a Julián.

Bartolo se volvió a casar con una viuda y luego se fue a la ciudad de México. La otra versión dice que la mamá sobrevivió al parto y que vivieron juntos como familia; en las dos versiones están de acuerdo en que don Bartolo Castillo le daba muy mala vida a la mamá de Julián; la primera dice que desde siempre, la segunda que desde el embarazo.

Entre las versiones que existen versan que Julián le tenía rencor a su papá por el trato dado a su mamá; la primera versión indica que Julián se enteró por alguien del trato a su madre y que además experimentó en carne propia el maltrato; la segunda versión señala que Julián fue testigo de los excesos de su padre con su madre. Julián me contó, ya grande de edad, que su infancia fue solitaria y que como desde los 13 años empezó a probar alcohol y dar muestras de niño violento; su primer trabajo fue en el campo haciendo diferentes actividades en las tierras de sus tíos y parientes.

Cuando iba a cumplir 17 años pasó algo que le cambió la vida. Era como el año de 1930, en aquel entonces el agua no llegaba hasta las casas, se acarreaba con cubetas en llaves colocadas en las calles. Julián quiso ayudar a una muchacha que acudía a recoger agua con una cubeta; dicen que ella era mayor que él y que un hombre celoso por el acercamiento de Julián lo regañó; el hombre era un soldado, se llamaba Efrén Pinto Rivadeneira, de unos 40 años, guardaespaldas y sobrino del médico Joaquín Rivadeneira, un general zapatista de mucho respeto avecindado en Alto Lucero.

Al otro día, Julián volvió a acompañar a la muchacha. El soldado que la quería se molestó porque Julián no le había hecho caso y lo apaleó. Julián se recuperó hasta los ocho días. Buscó al soldado, lo agarró a traición con una manopla hecha de tubo de media; al golpearlo lo dejó desmayado y se fue como si nada.

A la mañana siguiente, Julián estaba en el terreno de sus familiares los Castillo, preparándose para dirigirse a Pacheco, una tierra de riego muy rica en caña, mango, maderas, aguacate y panela, a unos ocho kilómetros de Alto Lucero, a la que se llegaba caminando en unas dos horas y media. Tenía el oficio de almuercero y aguador: transportaba el montón de morrales de comida para sus parientes, después se quedaba con ellos a darle a la faena. Estaba apurado desgranando maíz para darle de comer al macho cuando notó que Efrén Pinto Rivadeneira salió de la nada con ganas de venganza. Julián no tuvo tiempo ni de voltear, solo sintió el abrazo de oso apretándolo; Efrén le dijo “Aquí te vas a morir”.

Julián no podía verlo y aún tenía la mazorca en la mano. Sus pies se mecieron en el aire como si fueran pies de títere. Efrén bufaba endemoniado. Julián cargaba siempre un puñal entre sus partes nobles para evitar que se lo encontraron los policías. El puñal era una punta chiquita que estaba oxidada. Al estar ocupado en derribarlo, Efrén no se dio cuenta cuando Julián soltó la mazorca y se metió la mano en el pantalón; le tiró un puntazo hacia atrás, por encima de su propio hombro, rozando su oído. Efrén recibió el piquete entre la aorta y la manzana de Adán. Los brazos que apretaban a Julián se aflojaron y Efrén cayó completito; unos dicen que ya llegó muerto al suelo, otros que murió por el golpe que se llevó en el tepetate, otros más que porque se desangró.

El general Joaquín Rivadeneira acudió a levantar a su sobrino. Como Efrén no era originario de Alto Lucero llevaron su cuerpo a la cárcel, no sabemos si para velarlo o para hacer los trámites por el asesinato. Al anochecer capturaron a Julián por “pacheco”, lo llevaron a la cárcel y fue encerrado en el mismo lugar donde estaba el muerto; sus tíos le arrimaron de cenar. Adentro sucedió algo que sigue espantando a la gente cuando lo cuentan: Julián se arrimó al muerto lo acomodó bien enfrente de él como si fuera una mesa, puso la cena encima de su cuerpo y cenó como en un restaurante. Las personas que lo vieron dicen que le hablaba al muerto como si este lo escuchara: “Te dije que al Gavilán nadie le pega, no entendiste. Estuvieras ahorita comiendo tortillas”. A Julián querían llevarlo al tutelar para menores, pero al otro día ya no estaba en la celda. Nadie supo qué pasó; hay tres versiones sobre su desaparición: los policías lo dejaron salir, el mismo general le permitió huir o que fue algo de otro mundo.

Julián me contó que huyó al puerto de Veracruz, pero no cómo salió de la celda. En Veracruz cumplió los 18 años. Descargaba barcos para vivir. Tiempo después un húngaro lo empleó en un circo y se lo llevó para el pueblo de Tlacolula, donde aprovechó la ocasión para visitar en la cárcel a su amigo preso Zamudio Salas Salas […]. Le gustaba decir que en el circo aprendió la suerte de malabarista, trapecista, mago, domador de fieras […]. De todas las habilidades la que mayor orgullo le provocaba y a lo mejor una de las que más usó fue lo que él llamaba el mentalismo, palabras con la que englobaba: telequinesia, telepatía, hipnotismo y parapsicología. Cuando tocaba este tema repetía que todos esos poderes se los enseñó un mentalista húngaro al que llamaba “El Padre”.

A los 23, me dijo que dejó el circo para meterse al cuartel superior. Desconozco qué tipo de cuartel era, si policía o militar […]. No le importaba que le dieran una placa y el uniforme, lo que más le importaba ir a aprender a manejar todo tipo de armas cortas. Eso fue lo que lo motivó a meterse en el cuartel, como si presintiera que las iba utilizar en el futuro. Cuando aprendió todo lo que quería, desertó. En el cuartel, en el circo, o en los dos, no lo sabemos, pudo haber aprendido artes marciales, porque él aseguraba ser cinta negra primer dan. Unos amigos y yo estando dentro de la escuela cuando éramos niños lo vimos defender a alguien indefenso en la calle, con los movimientos propios de un karateca; también los habitantes de Alto Lucero lo vieron practicar katas, por lo que no faltaron los que dijeron que estaba loco. Otro hábito que pudo haber desarrollado en el circo o en el cuartel fue su gusto por la marihuana, hábito que lo acompañó gran parte de su vida.

Julián regresó a los 25 años a Alto Lucero, lo hizo a media noche vestido de mujer, para pasar desapercibido; pero en el pueblo se enteró de que había una recompensa de 3 500 pesos a quien le quitara la vida al general Rivadeneira. Ofrecen mucho dinero por su cabeza, y sin él, podría vivir como antes y no andar huyendo.

Julián no lo dudó […] lo estaba esperando, mientras salía de casa de su amante, se echó a tierra, a la orilla de una vereda para agarrarlo de frente; a pocos metros se colocaron en dos flancos los tiradores adicionales, por si Rivadeneira venía acompañado o alcanzaba responder. Al escuchar el ruido de la puerta, de un golpe, Julián se puso de rodillas, levantó la Súper 38 y le vació toda la retrocarga. Era el 28 de diciembre de 1938.

A Julián no le gustaba que lo siguieran ni que lo anduvieran espiando, por lo que, para evitar que los perros lo olfatearan, realizaba dos previsiones: la primera consistía en voltearse el cinturón al revés y en ocasiones tomaba un puño de tierra con la mano izquierda; él me explicó que con eso se evitaba que los perros ladren; la segunda consistió en untarse en el pantalón manteca de perro destemplada; se supone que el olor provoca que el perro se le enloquezca del olfato y no pudiera rastrear. Para eso hay que matar primero un perro, al que se le levanta la piel para quitarle la grasa que tiene debajo. La grasa obtenida se pone dentro de un recipiente a la lumbre directa hasta que se derrite; el líquido se vacía en un frasco y se guarda. En alguna ocasión, un señor humilde que pasaba con un burrito y dos rejas de manzanas lo vio; el perro que acompañaba al señor le ladró a Julián y se vio obligado a matar a los dos, solo el burro se fue andando, solito […].

Ya viviendo en Alto Lucero y dedicándose al oficio de pistolero, Julián se enteraba de sus misiones a través de personas del pueblo. Él pasaba casi diario por dos tiendas muy conocidas; los dueños sabían a qué se refería Julián cuando les preguntaba “¿No hay un negocio para mí?”.

En sus negocios, Julián solicitaba que el 50 por ciento del pago que se le entregara por adelantado en esa primera entrevista o en una segunda. Otra condición era que el día en que iba a realizar el trabajo pedía ver antes el otro 50 por ciento. “Enséñame el dinero o te vas tú primero”. Si no se lo mostraba, podía llegar hasta matarlos, porque, para él, eso era una muestra de que lo querían engañar.

En muchas ocasiones le ofrecieron trabajar para algunos terratenientes, pero nunca aceptó; le desagradaba la idea de tener jefe, porque no le gustaba que le impusieran acciones y personas con quien tratar, además pensaba que entre pistoleros es muy fácil que surgiera la agresión mutua por el celo de la superioridad.

También contaba que cayó en la cárcel muchas veces. La mayoría de los encierros no duraron, por tratarse de cosas que él calificaba como insignificantes como riñas, robo, posesión de pistolas, insultos a la autoridad y maltrato a mujeres. En Almolonga estuvo en el calabozo que Manuel Parra había dispuesto para los que les gustaba meterse en líos; en Tlacotalpan le dejó la boca como tulipán a una que traía de mujer y por eso lo detuvieron; en Alto Lucero le encerraron varias veces por diferentes razones.

En alguna ocasión cayó preso por ejecutar a tres funcionarios en una casa de juegos. Solo recuerda que sacó el revólver y se echó a los tres en segundos, luego gritó a todos los presentes: “El que se mueva se muere”, y salió caminando para atrás. De pronto ya no supo de sí; al despertar estaba en un hospital esposado de pies y manos a la cama, acostado en un colchón de arena. Había recibido un balazo calibre 22, nunca supo si fue un policía o un guardaespaldas. La bala se incrustó en la cadera y la columna; Julián declaró que el balazo fue una carga para toda su vida porque tuvieron que ponerle una placa de metal.

En esa ocasión, para planear su fuga, una noche tomó un diente de ajo, lo frotó con sus manos hasta ponerlo muy caliente, con un palillo de dientes le hizo un orificio en medio, por ahí pasó un hilo como de 20 centímetros, con el que lo amarró, y se lo introdujo en el ano, tan profundo como más pudo; Julián dijo que así se puede provocar una calentura espantosa que te hace delirar. Pero él conservó la lucidez debido a que usó sus poderes de mentalista. Llamó al celador para decirle que tenía mucha temperatura, el celador llamó a otro de seguridad y los de seguridad lo llevaron a primeros auxilios; lo trasladaron a un hospital de emergencia. Al amanecer, sacó el diente de ajo y la temperatura se cortó; el doctor se sorprendió al ver a Julián, y este lo tomó por el cuello y lo asfixió. Tomó su vestimenta y en plena mañana salió por la puerta principal vestido de doctor frente a los guardias y el personal del hospital. Julián traía una frase en la boca: “Lo más difícil no es matar, lo más difícil es esconderse”.

Otro negocio que en un tiempo le dejó dinero a Julián fue sorprender a los pasajeros de tren. Julián siempre dijo que eso para él no era un ilícito, pues iba hipnotizado a las personas con las que viajaba, les pedía sus objetos de valor y ellas voluntariamente se los daban. “Yo no los robo, yo les pido y ellos me lo dan, yo no tengo la culpa que me hagan caso”. Aseguraba que podía hacerse rico de Veracruz a México o en el trayecto inverso. También afirmaba que en ocasiones le entró al asalto a mano armada en terminales de tren y autobuses; alguna vez asaltó a un americano que estaba en el baño, le pidió la chamarra y, como no se la quiso dar, lo mató.

También se decía que tenía la capacidad de curar a las personas, ya sea de dolores en los dientes, de diabetes, colesterol; recomendaba consumir licuados de cebolla y leche para no envejecer y bañarse todos los días con agua fría.

En el pueblo, Julián representaba lo peor de las fuerzas oscuras, alguien nos platicó, muy convencido de que era nahual porque lo vio convertirse en zopilote y unirse a una parvada con la que voló frente al barranco del panteón. Esta persona jura que vio cómo aterrizó y que antes de tocar tierra regresó a su forma humana para seguir caminando como si nada. Otros afirman que la muerte se aparecía con cabello largo en la entrada del cementerio después de las seis de la tarde; nadie se asomaba ni por error. Julián era el único que pasaba a esas horas por ahí. La gente pensaba que tenía algún arreglo con ella; es más, hasta dicen que él era la misma muerte. Cuentan que una vez alguien le disparó con una 38, pero que la muerte siguió danzando como calavera; ningún tiro le hizo nada, y si le dieron, pues no se puede matar a la muerte.

Otros creen que Julián tenía un pacto con Satanás. Una de las personas que le gustaba acercarse a Julián para platicar afirma que Julián aceptó en una ocasión lo del pacto, incluso le confió que tenía en su poder una foto de Satanás. Hay gente que recuerda que Julián se aparecía en cualquier lugar como fantasma y desaparecía de la misma manera. Julián confirmaba que tenía una manera de volverse fantasma; conseguía grasa de algún muerto reciente, la freía, esperaba a que se enfriara un poco y hacia una vela con ella, y con la sábana que se envolvía el cuerpo hacia la mecha, y al prenderla se convertía en el muerto del que había tomado la grasa, pudiendo aparecer y desaparecer como si fuera un fantasma; algo tenía la misa de la iglesia que le impedía la transformación si coincidían a la misma hora.

Cerca del final de su vida, Julián contaba que se acercaba el día en que tendría una lucha final con Satán; para quedar libre del pacto decía: “Yo estoy condenado y no tengo salvación”. En sus últimos días, a sus 65 años, Julián conservaba una costumbre que había realizado desde hace algún tiempo: caminaba por el bordo del panteón sin camisa, con un pañuelo rojo en el cuello y una maletita donde cargaba libros, dejando descubierto su torso rojo como una brasa, siempre de siete de la mañana a cinco de la tarde. Pero no caminaba, hacía estiramientos y katas de karate sobre un muro angosto, alternándolo con la lectura. En la mochila cargaba varios libros. Se metía en una de las cuevas que había en el desfiladero y se pasaban las horas solo con su alma. Alguna vez noté que traía un libro de karate y que tenía un sapo enorme amarrado en una esquina. Los del pueblo lo consideraban loco, sobre todo los más jóvenes que no conocían a fondo su historia, pero los que sabían muy bien quién era, de maléfico y satánico no lo bajaban.

El día de su muerte en 1978 le dijo a la señora que le daba de comer: “Si a las 12 no regreso es porque algo grande pasó”. Y no regresó, yo creo que ya presentía. Alguien avisó que estaba tirado en el barranco; fue una caída como de 20 metros o más, su cuerpo quedó todo arañado, parecía como si lo hubieran apuñalado. El dueño del terreno donde estaba la cueva en la que Julián se metía piensa que le dio un paro cardiaco y luego rodó; otros creen que Dios por fin lo castigó; unos más, que algún extraño vino de fuera, contratado para cobrar venganza de una deuda pasada. Pero yo no puedo olvidar las palabras que alguna vez dijo sobre la lucha final que tendría con Satanás. Si la lucha fuera cierta, entonces perdió y no tuvo otra opción más que pagar lo pactado. Solo tres o cuatro lo acompañaron en el panteón. Su tumba es la única que está colocada en dirección contra las demás.

Análisis de los datos

La teoría de los instintos es, por así decirlo, nuestra mitología. Los instintos son entidades míticas, magníficas en su indefinición. En nuestro trabajo no podemos ignorarlas ni por un momento, si bien nunca estamos seguros de comprenderlas con claridad. SIGMUND FREUD

De los primeros temas que deben resaltarse es la desilusión ante la expectativa. La narración oral nos transmite una historia fantasmagórica, de ultratumba, con un trasfondo místico en el que intervienen una figura oscura, sombría, un pacto y una puerta como si se tratase de un portal al inframundo, así como un personaje inexplicable. De todo ello, pareciera que lo único que podríamos brindar es un sentido hacia la personalidad y el comportamiento del protagonista. Pero a partir de ello, resulta conveniente cuestionarse ¿cómo se generó un mito en la población a través de una leyenda sobre un pacto diabólico que termina en muerte y en olvido?

Al parecer, se retomaron solo algunas particularidades de la vida del personaje y se generó una nueva historia basada en la fantasía, el folclor y la religión. De acuerdo con May (1992), la memoria necesita al mito, depende básicamente del mito, ya que algunos hechos ocurren en nuestra mente, en la realidad o en la fantasía; los formamos en la memoria, moldeándolos como barro, y al poco tiempo se convierten en mitos. Ya deformados y recreados se mantienen en la memoria como guías para situaciones futuras y similares. El mito no dice mucho sobre la historia literal del sujeto que lo posee, pero sí brinda información de las personas que lo recuerdan. Las personas reelaboran los hechos, lo configuran, les añaden una nota de color aquí y unos cuantos detalles allá (May, 1992).

Es así como se puede comprender que a mediados de siglo pasado en una población de provincia centrada en la religión fuera posible suponer que una figura como la de Julián fuera ideal para hacer uso de la proyección. Según Bion (2015), las pulsiones que son intolerables para nuestro aparato psíquico deben ser expulsadas y colocadas en algún recipiente que las contenga para así salvarnos del objeto malo y persecutorio.

Una población basada en la religión judeocristiana, en la que la culpa desempeñaba un papel fundamental, es probable que necesitara un culpable que encajara en todos aquellos deseos reprimidos y prohibidos como la sexualidad y la agresión. Además, era necesario alguien que atestiguara el hecho: la existencia de lo satánico. De este modo, se justifican las prácticas de la salvación.

El surgimiento de esta leyenda que retoma algunas particularidades históricas también traslada la conciencia, los anhelos, deseos, temores y demás contenido psíquico reprimido inconsciente y arcaico (May, 1992). Tal es la función regresiva del mito.

Psicopatología del personaje

En la historia de Julián se describen comportamientos antisociales, pero no psicóticos, ya que no sufría delirios y alucinaciones notorios. En la descripción se revela la soledad y experiencias paranoides de estar en un mundo donde todos estaban al acecho con intenciones de matarlo. Su aislamiento extremo y la naturaleza inflexible de un mundo amurallado muestran la casi total ausencia de una investidura afectiva con otras personas.

Se puede percibir una personalidad con características antisociales, que el sujeto no socializaba, ya que carecía de la motivación y la capacidad de afiliación; solo mostraba algunas alianzas para sacar provecho de ellas. Justo estas características de un individuo que actúa de manera aislada son más frecuentemente relacionadas con la violencia y el asesinato. Al pasar de los años, con estos rasgos distintivos, solo quedaba elegir trabajos, esposas y amigos que apoyaran su estilo de vida antisocial, reforzando la conducta psicopática.

En el desarrollo de una personalidad antisocial en la juventud y adultez es necesario encontrar ciertos rasgos característicos de la personalidad disocial en la infancia y la adolescencia. Dichos rasgos se enfocan principalmente en el ejercicio de la violencia, el maltrato, el robo, la mentira y la destrucción de objetos. Aunque no existe una fórmula de la dinámica familiar para el desarrollo antisocial, sí es posible suponer que por alguna situación no pueden establecerse los límites de la represión primaria y, por lo tanto, la forma de establecer relaciones afectivas con los demás queda marcada por la indiferenciación del otro como un objeto, una cosa sin valor, por el sujeto.

Kernberg (2004) menciona que una característica en los niños disociales es la agresión intencional sobre mascotas o animales generando dolor y disfrutando de manera sádica. Sus relaciones sociales y de amistad se desarrollan con mucha dificultad, y utilizan su encanto social y superficial para obtener oportunidades de explotar y manipular a los demás. Un niño que no estableció una represión primaria en los primeros años de su vida desarrollará muy probablemente una estructura superyoica ambivalente, en la que la moral solo tiene sentido para ser manipulada. Así, la incapacidad para establecer relaciones de objeto da pie a identificaciones adhesivas, es decir, temporales y a conveniencia (Kernberg, 2004).

En la historia de Julián puede notarse que se refiere a sí mismo como un niño solitario, que empezó a probar el alcohol y a tener comportamientos violentos desde muy temprano. Por ejemplo, a los 17 años mató a un hombre, hecho que cambiaría su vida de ahí en adelante. Necesitaríamos más datos de la historia de Julián para poder ligar el diagnóstico de la personalidad disocial en la infancia; pero se cuenta, al menos, con la narración de los hechos e historias de asaltos, muertes, homicidios que él describió. Asimismo, es notoria una incapacidad para socializar con las personas, establecer una familia, así como un estilo de vida considerado como extraño ante las normas sociales del lugar y de la época.

Mito y rito

En 1978, en un pequeño poblado provincial ocurrió la muerte de Julián. Fue encontrado semidesnudo en una barranca, en la pared del acantilado; junto al fallecido se había dibujado en la arcilla una figura que emulaba una puerta. En la cima se encuentra el cementerio municipal.

Así inició la fantasía sobre la muerte de dicho sujeto. Las especulaciones sobre su destino están asociadas con la conducta antisocial que había llevado, la carga libidinal que se generó a través del imaginario colectivo. Las narraciones y anécdotas sobre el muerto forjaron una historia posiblemente llena de alteraciones, pero que justifican la moral social y el pensamiento religioso. La muerte, el escenario y las marcas en la pared dan inicio tanto al despliegue de la interpretación y a la fantasía como a la explicación de las características de su muerte y las acciones que realizaba en vida.

A finales de su vida, Julián se había ganado la investidura de ser oscuro. A su alrededor giraba una serie de historias fantásticas relacionadas, en gran medida, con la brujería, la muerte, el diablo. Como Julián tenía una rutina para el cementerio y las cuevas que se encontraban cerca, cabe suponer que las personas comenzaron a asociar tales actividades con ritos diabólicos.

Eliade (1997) explica que el rito está compuesto por fases y cada acción del rito es una actividad simbólica que representa la conexión entre una conducta o comportamiento con una representación mágica. El mito, en cambio, contiene la parte inexistente, intangible, que en muchas ocasiones no tiene una representación en la realidad. Sin embargo, promete el cumplimiento de un anhelo, mitigar la angustia, muchas veces relacionada con la vejez, la enfermedad y la muerte, ya sea del cosmos, de la cosecha o del ser humano (Eliade, 1997).

Las actividades repetitivas de Julián fueron consideradas por la población como un rito satánico. El desconocimiento de las acciones que él realizó ligadas a su pasado fue cargado de un simbolismo popular por las características morales del personaje y por la predilección de este por los lugares solitarios. Incluso, el hecho de presentarse como poseedor de secretos sobrenaturales y artes ocultas produjo entre los pobladores un impacto hipnotizante, muy parecido al espectáculo circense.

Julián se encuentra inscrito en una cosmovisión que moldea la ideología y el comportamiento de las personas en su contexto (incluso después de su muerte). A pesar de explicar su personalidad desde lo antisocial, puede entenderse por qué sus conductas pueden interpretarse desde los simbolismos culturales.

El mito va más allá de la leyenda de Julián; está inscrito en la ideología cristiano-católica, en la que las acciones de los seres humanos serán juzgadas al morir. Desde esta perspectiva, si se realizan buenas acciones, el alma pasará por diferentes estratos hasta ascender al Reino de los Cielos, con la promesa de la vida eterna. Sin embargo, para aquellos que tuvieron conductas contrarias a los valores cristianos, el juicio se inclinará hacia el castigo eterno. El infierno, el diablo y los demonios son lo opuesto al mítico paraíso celestial. Aquel que pacte con algún demonio o entidad a cambio de beneficios será castigado con el tormento eterno. Su alma formará parte de los miles y miles de gritos y suplicios.

El pacto de Julián

Un pacto con el diablo puede describirse como un relato fantástico que sintetiza el encuentro entre un ser humano y un ente maligno en unas circunstancias mágicas, que finaliza con la salvación o la condena del personaje. Este suceso tiene lugar en una dinámica de diálogo con un sentido hermenéutico. Uno de los mayores ejemplos literarios que lo describen se encuentran en Fausto, de Goethe

Ortiz (2014) menciona que las características estructurales del pacto son, en primera, que el hombre no es un ser común, sino un transgresor (que ejerce la violencia o el poder, que quebranta o viola lo deseable socialmente), y, en segunda, que no es un ser humano y siempre intentará ocultar, engañar, hablar entre líneas. Se describen típicamente dos tipos de pactos: uno explícito y otro implícito. El primero de ellos es un contrato escrito, firmado por las partes; es la continuación de un ritual complejo, ya sea de algún comportamiento criminal, obsceno o sacrílego. El segundo, en cambio, es un diálogo con palabras claras; expresa el convenio y el intercambio del alma humana por la ayuda o protección del demonio. Las fórmulas pueden variar en su enunciación y estilo estructural, pero en el fondo existe un intercambio comercial, un tipo de trueque, que se resume en un encuentro entre dos desconocidos que se aproximan uno al otro y siempre uno de estos necesita lo que el otro posee.

En la transacción se establecen los términos y las condiciones: una de las partes solicita el alma humana y la otra pide bienes, que pueden ser, por lo general, materiales, físicos, mundanos (pasión, riquezas, poder). Finalmente, no es extraño que, al finalizar el tiempo del contrato, el hombre esté esperando la oportunidad de zafarse utilizando algunos recursos o ayuda de alguna entidad divina; de no ser así, conlleva un trágico final, en el que el demonio se lleva su alma y termina condenado (Ortiz, 2014).

El tipo de muerte que tuvo Julián y el lugar en que murió son algunos de los factores principales que indujeron en la población el desarrollo de la fantasía. Otras interpretaciones se habrían formulado si hubiera aparecido muerto en su cama, asesinado, de viejo, o en otro lugar. Sin embargo, su muerte desencadenó un efecto que solo puede entenderse a posteriori. Su comportamiento solitario, antisocial, vestir constantemente de negro, utilizar el panteón como un lugar personal, sus historias relacionadas con los muertos, su manera de engañar a las personas y demás son elementos que, al unirse en el imaginario social de las personas, hacen posible concebir que su muerte, bajo una puerta en la barranca del panteón, tuvo que ver con algo satánico. En una población religiosa, aquellos que representan las pulsiones prohibidas son comparados con lo diabólico.

¿Qué recibía Julián a cambio? Como ya se ha mencionado, todo pacto implica un intercambio. Ser sicario genera no solo la fantasía paranoica de retaliación, sino también, muy probablemente, una desestructura psíquica, debido a las situaciones y eventos traumáticos a los que el sujeto fue expuesto. La inicial necesidad de protección mediante conjuros, amuletos o el apadrinamiento satánico y, en otro momento, acercarse a la vejez y a la inevitable percepción de la propia muerte pudieron experimentarse como angustia. Posiblemente, la tranquilidad pretendida la halló en un espacio solitario, leyendo, reflexionando, rezando; buscando la redención.

La figura del padre

En la teoría psicoanalítica se tiende a relacionar la figura diabólica como una deformación onírica de la figura del padre. Sin embargo, en el personaje analizado, el supuesto pacto con el diablo surge posteriormente a partir del imaginario social. No se tiene un registro ni se cuenta con la fantasía alucinatoria del propio sujeto para realizar la interpretación. En relación con la figura paterna, tenemos escasos datos que indiquen fundamentalmente su ausencia, agresión y su estilo de crianza autoritaria. Por lo tanto, tampoco se cuentan con los elementos suficientes para deducir el impacto de estos hechos en la infancia de Julián.

Los registros con los que se cuenta, la descripción del comportamiento, las actuaciones, las transgresiones de Julián muestran el posible funcionamiento superyoico, el estilo moral, el ideal del yo en función de su personalidad antisocial, al margen de una sociedad rural. Este superyó ambivalente, con una clara escases de culpa y una inestabilidad esquizoide, con una posible tendencia paranoica y agresiva, sin capacidad de contención, con un temor a la retaliación, conformó una personalidad disociada entre lo permisivo del robo y el asesinato y una fantasía persecutoria con necesidad de reparación, posiblemente sin éxito.

En el caso de los varones, psicodinámicamente la estructuración edípica se instaura en relación con la castración, por lo que la identificación con el padre incluye también la introyección de la ley paterna. Esto significa que los niños obedecen las reglas no solo por el cumplimiento, sino para evitar la retaliación (Freud, 1924). Por consecuencia, la estructuración que se manifiesta en el comportamiento de Julián y su asociación con lo diabólico son también una referencia a la flexibilidad moral, la falta de la culpa. Las fantasías paranoicas de persecución reafirman no solo la ausencia de la figura paterna, sino también la introyección de un ser violento, amenazante y ominoso.

Discusiones

La muerte propia fue para el hombre primordial sin duda tan inimaginable e irreal como lo es hoy para cada uno de nosotros. SIGMUND FREUD

La concepción del diablo en la cultura occidental se ha modificado a la par de la sociedad. Desde las antiguas religiones, dicha figura se muestra como una contraparte de Dios y se expresa en tentaciones que irrumpen la moral, que promueven crímenes y conductas inauditas; pasando por siglo xiv, cuando el terror por lo diabólico se expresó en sus detalladas descripciones del infierno, los pecados, así como en la clasificación de los diferentes tipos de demonios; hasta mediados del siglo XVIII, con el surgimiento de nuevas formas de pensamiento a partir del desarrollo de la filosofía y sus aportaciones sobre el ser, sobre la existencia y muerte de Dios.

También la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis, la literatura y las sociedades secretas marcaron la pauta para nuevas concepciones de las posesiones demoniacas como sinónimo de enfermedad mental. Ya para el siglo XX, el cine y la mercadotécnica conceptualizaron al demonio como signo de maldad y causante de todas las dolencias y dificultades humanas, las guerras, la escasez y la maldad humana (Soto, 2001).

La leyenda sobre la muerte de Julián y su relación con el pacto diabólico es un ejemplo de enlace entre la visión religiosa y una explicación teórica con sentido en la salud mental, que, para esta última, nos lleva a suponer que se requiere de una personalidad particular para que se genere una historia relevante en torno a la vida o muerte de dicho sujeto. En este caso, la vida previa del personaje fue elemento crucial para el desarrollo de especulaciones y fantasías que se fueron conformando en el imaginario social de la población y que ayudaron a desarrollar una fantasía. Así, el comportamiento obsesivo y ritualista del sujeto y, en especial, la muerte de este dieron pie para el auge de una serie de ideas que se entrelazaron hasta conformar una especie de historia fantasmagórica.

A pesar de la imposibilidad de la existencia de un pacto con el diablo, se crea una expectativa personal, así como la búsqueda de los indicios de algún elemento sobrenatural en el relato. Como seres humanos, tenemos la necesidad encontrar algún contrapunto, aunque sea oscuro y lúgubre, que indique la existencia de algún lugar más allá de la vida y la conciencia. La sola posibilidad de un pacto y la aparición de una entidad demoniaca, a pesar del terror que esta infunde, mitigan un poco la angustia por la propia muerte.

La historia sucede en Julián posiblemente por varios puntos y cargas libidinales; estaba sujeto a un oficio que va de la mano con el asesinato, la muerte, el robo y la transgresión, pero a la vez tenía ciertas ideas que se encontraban opuestas a la moral y a la religión, la relación con los muertos y la brujería, situación por la que se le atribuyen ciertos comportamientos antisociales y, al mismo tiempo, paranormales.

La generación de la leyenda sobre el pacto con el diablo, la puerta del inframundo y la relación de Julián con esta entidad demoniaca se han ido deformando con el tiempo y, al parecer, cada vez se alejan más de los registros históricos y hechos apegados a la realidad. Sin embargo, el surgimiento de la leyenda en un pueblo sobre un hombre que pactó con el diablo tiene una importancia fundamental, puesto que su sentido se transmite hacia lo inconsciente, de la mano del imaginario social, como un constante recordatorio de la moral católica, del castigo por su transgresión y de la retaliación por la conducta antisocial.

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Recibido: 13 de Julio de 2022; Revisado: 24 de Octubre de 2022; Revisado: 04 de Noviembre de 2022

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