INTRODUCCIÓN
El 19 de febrero de 1830, el entonces ministro de Relaciones Exteriores de México, don Lucas Alamán, mandaba al encargado de Negocios en Francia, el Sr. Thomas Murphy (hijo),1 una carta que develaba gran parte de los intereses que todavía generaba a nivel internacional la Independencia mexicana en apenas menos de 10 años de su consumación. En la misiva se leía lo siguiente:
Se encuentra en París -y según parece en manos del Sr. Theuvet de Beauchamp-uno de los ejemplares originales y firmado del Acta de Independencia. Instruyo al Encargado para que proceda a recogerlo, por ser propiedad nacional inajenable; y para que informe acerca de las circunstancias en que salió de la República.2
El rescate de tan importante documento era una de las muchas medidas de preservación y recuperación del patrimonio que llevaría a cabo el ministro Alamán en su larga trayectoria política.3 Apenas había ocupado el puesto, en tan importante ministerio, en enero de 1830, después del golpe de estado que lanzó Anastasio Bustamante contra la presidencia de Vicente Guerrero. Con Bustamante como jefe del ejecutivo Alamán tuvo campo abierto para realizar medidas trascendentales en lo político, lo económico y lo cultural, aspecto este último poco analizado por sus biógrafos, pero al parecer en el caso del rescate del Acta de Independencia el camino fue, tortuoso y a la postre, sin ningún éxito. Por la documentación en el Archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, podemos seguir los avatares de ese reclamo y comprobar que fue un encargo incumplido con el agravante de una sustracción de un documento que era patrimonio mexicano. Por estos registros diplomáticos sabemos que para el 25 de abril de 1830 Monsieur Theubet de Beauchamp responde a Murphy: “excusándose de no poder ir a visitarlo, en virtud de sus ocupaciones” además ruega, “le escriba indicándole el asunto de qué se trata mismo que no puede imaginar” y se disculpa igualmente “de haber recibido a Tomás Murphy al pie de la escalera” (lo que nos hace suponer que fue a buscarlo directamente a su casa) pues “en ese momento estaba con prisa”.4
Las evasivas de Theubet de Beauchamp debieron sorprender al encargado de los negocios en Francia, pues el gobierno mexicano sabía que el coronel suizo había sacado del país un Acta de Independencia para hacer copias de ella y grabados con escenas de la Independencia. Desde 1829 la prensa nacional había anunciado el proyecto de un “álbum histórico”5 que se realizaría en París y ahora tenemos claro que el Acta fue llevada de manera clandestina.6 Pero era un hecho que, hasta entonces, no se habían impreso ni las copias del Acta ni los grabados con las escenas históricas. Era evidente que, los planes del coronel suizo habían cambiado al poco tiempo de llegar a la capital francesa ¿qué fue lo que pasó en apenas unos meses de su arribo a Francia para que desistiera de su proyecto original? Murphy se dio cuenta de que los planes cambiaron y escribe a Alamán otra misiva, al día siguiente, es decir el 26 de abril, en la cual sintetiza su visión y sospechas del problema:
Será difícil arrancar el documento a M. Theubet, pues ha formado con él mil proyectos de especulación. Convendría ofrecerle el pago de los costos, como aliciente para que lo devuelva. (Añade en una posdata, sin embargo) que logró por fin, hablar con Theubet quien está dispuesto a entregar el documento, de acuerdo con ciertas proposiciones que va a presentar.7
Promesas que el coronel, ahora sabemos, no va a cumplir y que solo fueron un recurso para ganar tiempo pues ya había hecho trato de venta de tan importante documento. Para el 29 de mayo de 1830, Tomás Murphy vuelve a dejar una carta que, por cierto, no se encuentra en los archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores sino en los archivos suizos y son un eslabón perdido que nos ayudaron a reconstruir la historia de esta flagrante malversación. Al aplicar cierta lógica entendemos que seguramente Theubet de Beauchamp se llevó esa carta consigo a Suiza,8 pues en ella se insistía por parte de las autoridades mexicanas y una vez más, sobre una respuesta definitiva para la devolución del Acta de Independencia. Suponemos que tal vez, esta fue la última misiva que recibió Theubet, pues para fines de mayo ya había dejado Francia para continuar sus negocios, como adelante se demostrará, con el rey de España.
El 26 de julio, por un cuñado de Beauchamp, Murphy se entera que el susodicho coronel se ha marchado supuestamente a Italia, aunque había dicho: “iría (solo) por unos días de campo”. Para el 28 de octubre, Murphy informa que se ha enterado que Theubet de Beauchamp vive ahora en el Alto Rin (probablemente Alemania) y es claro que “tiene empeño en ocultarse”. Los engaños son de alguien, que sabe no puede devolver el Acta, porque sencillamente ya la había vendido. Para el 29 de noviembre del mismo año del 30, se recurre a la esposa, la que al parecer se quedó en París, para dejarle un nuevo requerimiento, y como cómplice de cualquier deudor afirma que: “le dará la carta a su marido en cuanto éste regrese” el cual considera “llegará en fecha próxima”.9 Desde luego este supuesto regreso nunca sucedió y una nueva carta de Alamán a Murphy el 26 de enero de 1831 lo demuestra, pues en ella le instruye al encargado para que no pierda de vista el asunto; y “puesto que esta demostrada la mala fe de Theubet, la recomendación es ya que lo demande ante los tribunales. Sin embargo, en un último y desesperado intento por conseguir la devolución de tan valioso documento, también le presentan la opción de “autorizar ... para que haga facsimilares del documento e incluso comprarle algunos a buen precio”10 como era el proyecto original.
Las fuentes no dan muchos detalles de lo que sucedió después, pero suponemos que para entonces el problema se enfoca en localizar a Víctor Theubet de Beauchamp, pues ya no estaba en París ni en Italia, ni en ningún lugar otro donde se le pudiera mandar requerimientos. Las cartas posteriores de Murphy al ministro de Relaciones Exteriores, dan cuenta más bien de las investigaciones que se había hecho sobre el personaje, pues se buscaba ahora al culpable de un robo. En una misiva del 27 de abril de 1831 se retoma la información que ya se tenía de Theubet para formar un expediente, pues se sabía que el personaje había buscado a fines de 1829 un capitalista que le proporcionara 100,000 francos para hacer 12 grandes cuadros y grabados relativos a la Independencia mexicana.11 Aclaraba que el facsímil del Acta de Independencia debía de formar el primer cuadro y mencionaba que el proyecto fue desechado poco después, aunque no se señalaban los motivos de ese abandono. En el camino del presente trabajo, fue cuando encontramos estas pistas que nos permitieron armar las piezas sueltas de una investigación que tendría más visos de policiaca sin necesariamente serlo.
Como hemos dicho el “proyecto artístico” de Beauchamp fue muy conocido en México, pues él mismo lo anunció en la prensa por medio de un Prospecto que después se imprimió como folleto y en el cual se pedían suscriptores para la obra, asunto del que también se hablará adelante. Lo que sabemos es que las investigaciones detectivescas de Murphy habían dado ciertos frutos pues señala a donde apuntaban sus sospechas ya que nos dice que: “en la primavera12 de 1830, habiendo mudado de situación Theubet se marchó a España y no se ha vuelto a saber de él, aunque es posible que haya tratado de vender el documento en la península” Es evidente que para entonces las autoridades mexicanas se habían percatado del timo en el que habían caído, pues en 1830, al decir que el coronel “había mudado de situación” refieren a que se les había escapado. Por todo ello se deduce que los anteriores esfuerzos habían sido completamente inútiles y el suizo simplemente les había tomado el pelo. También ya se sospechaba que Víctor Theubet había hecho negocios con el Acta de Independencia en España y sería difícil localizarlo en ese país, por lo tanto, las baterías tenían que dirigirse a otro lado. Para el 24 de agosto de 1831 Alamán le escribe a Murphy mencionándole que “en México se sabe que siendo Theubet de Beauchamp natural del cantón de Berna, podría encontrarse en Suiza” y pide al encargado de Negocios en París que siga al pendiente. Al parecer el gobierno mexicano había desistido de recuperar el Acta, seguramente por la falta de recursos para emprender una acción judicial que implicaría buscarlo en Suiza. Recordemos que los problemas crónicos del país se acumulaban a medida que avanzaba el tiempo, lo que probablemente impidió concentrarse en este asunto.
Por esos años, México experimentaba sus primeras décadas como una nueva nación, lamentablemente había una gran cantidad de conflictos, pugnas entre líderes militares y políticos, estas luchas por el poder sumieron al país en la anarquía, lo que hacía más complejo un sistema de gobierno estable. A ello se sumaba una hacienda exhausta por los problemas internos, y con el miedo latente de una amenaza por parte de España que ya había realizado un intento de invasión en 1829 al mando del brigadier español Isidro Barradas,13 por ello, el reconocimiento que buscaba México de otras naciones, ayudaría a apaciguar un poco cualquier tipo peligro, además de suministrar los prestamos que tanta falta hacían al país.14 A pesar de todo, Lucas Alamán intentó con insistencia recuperar el Acta de Independencia, pero ahora sabemos que Víctor Theubet se había ido, efectivamente, a refugiar a su Suiza natal, pero ¿qué pasó con el Acta de Independencia?
BIOGRAFÍA DE UN PERSONAJE. UN CORONEL Y PINTOR AFICIONADO VÍCTOR THEUBET ¿APELLIDADO EN VERDAD DE BEAUCHAMP?
El destino final del Acta no será Suiza sino España, ya que nueva documentación nos permite afirmar que en el momento que el diplomático mexicano pidió su devolución, Theubet de Beauchamp ya la había vendido. Para intentar desentrañar el panorama completo y seguir los pasos que tuvo tan importante documento debemos empezar primero por preguntarnos ¿quién fue este misterioso personaje que se hacía llamar Theubet de Beauchamp? Personaje del cual no se tenía ningún dato hasta hace algunos años. El trabajo del artista suizo se conoció por la obra facsimilar: Trajes y vistas de México en la mirada de Theubet de Beauchamp15 publicada en 2010 por Sonia Lombardo de Ruiz. Esta autora descubrió el valioso álbum con todas las acuarelas de Víctor Theubet en los archivos del Palacio Real de Madrid, España. Hasta entonces, fuera de los bibliotecarios, nadie lo conocía o se le había prestado muy poca atención, ya que la obra del coronel suizo la tenían registrada como anónima, según recomendó Pascual Vallejo. Fue hasta la publicación del álbum que Theubet de Beauchamp salió de las sombras, pero únicamente por su trabajo lo cual representó un importante descubrimiento en la historia del arte mexicano. La riqueza de las acuarelas es importante por las escenas costumbristas que retratan, además de los paisajes y los tipos populares por lo demás muy escasas en el periodo de 1817 a 1828, cuando se supone fueron hechas. Sin embargo, poca atención se había dado al robo del Acta de Independencia. De hecho, Sonia Lombardo de Ruíz no resalta este episodio, ya que no tenía la documentación que ahora presentamos y tampoco pudo realizar una biografía de Theubet de Beauchamp, que ahora hemos esbozado y que nos ha llevado incluso a dudar de que tuviera este segundo apellido. En algún momento se dudó si era realmente el mismo personaje que buscábamos.
Ahora sabemos, gracias a la revisión digital en archivos de Suiza, que el nombre real del personaje era: Jean Jacques Ursanne Hermille Theubet Keller y había nacido en la ciudad de Porrentruy, Suiza, el 30 de enero de 1787, a su muerte en 1863 era conocido como el coronel Víctor Theubet.16 Se menciona en las fuentes que procedía de una importante familia de Porrentruy, que su padre fue Pierre François Xavier Theubet y su madre Marie Marguerite neé (es decir, “nacida”) Keller, quienes contrajeron matrimonio el 27 de agosto de 1783.17 Por ello, un primer misterio no resuelto en este trabajo fue desentrañar ¿de dónde salió el apellido Beauchamp? ya que en ninguno de los dos padres se encuentra. Las fuentes solo señalan que Pierre François Xavier nació el 29 de septiembre de 1754 y Marie Marguerite nació el 3 de abril de 1754,18 ambos aparentemente de religión católica, dato importante pues seguramente practicar esa religión fue uno de los factores que le permitieron a nuestro personaje entrar a la Nueva España.19 Sabemos también que el padre fue abogado del Tribunal de los Príncipes-Obispos y alcalde de Ajoie,20 así como presidente del tribunal civil de Porrentruy.21 En este primer acercamiento al personaje, nos sorprende que, en ningún documento como ya hemos dicho, aparece el apellido de Beauchamp y es claro que el segundo es Keller pues así se apellidaba la madre.
Creemos que fue al llegar a la Nueva España, arribo que Sonia Lombardo de Ruiz calcula entre 1817 y 1821 durante el gobierno del virrey Juan Ruiz de Apodaca, cuando Theubet proporcionó o inventó este segundo apellido, y desde entonces nuestro personaje siguió firmando como Beauchamp durante toda su estancia en nuestro país. Nuevamente la pregunta es ¿por qué? El nombre de Víctor tampoco se encuentra en todas las biografías y no sabemos si era otro nombre más con el cual se le bautizó o si también lo inventó en algún momento.22
Los padres de Jean Jacques tuvieron en total nueve hijos de 1786 a 1800,23 con los respectivos apellidos Theubet Keller, pero importante mención merece la hermana de Jean Jacques, Marie Jeanne Marguerite, quien se casó el 15 de agosto de 1816 con el notario Joseph Ignacio Stanislas Kohler.24 Marie Jeanne Marguerite fue administradora del hospital civil de Porrentruy y tuvo al parecer tres hijos, el primero fue Xavier nacido el 2 de julio de 1823.25 Este primer hijo fue curador de los archivos del antiguo obispado de Basilea durante 1869 a 1889, miembro de diversas sociedades, además de editor y escritor.26 Gracias a este sobrino muchos documentos de la familia Theubet Keller, incluyendo la de nuestro personaje, se conservan en el Archivo del Antiguo Obispado de Basilea en Suiza.
A través de estas fuentes y una biografía que apareció en Les arts dans le Jura de Bernois at e Bienne podemos dibujar más ampliamente la vida de Theubet, pues ahora sabemos que Jean Jacques Ursanne Hermille entró a la escuela de Fontainebleau como soldado en 1804, seguramente comprometido ya con el ejército francés de Napoleón Bonaparte. Datos que también había mencionado el propio Víctor Theubet en el periódico El Sol, cuando promovió la obra de grabados sobre la Independencia que quería realizar en París27 y que le permitieron ostentarse como “excoronel del Gran Corzo”. Ahora sabemos que fue cierto su paso por el ejército napoleónico y que fue segundo teniente, teniente, ayudante de campo del general Lacour y alcanzó el grado de capitán. Luego pasó en 1809 al Estado Mayor de la Grande Armée y se convirtió en comandante de batallón en 1813.28 También realizó las campañas de Polonia, Austria, Rusia y Francia. Dos años antes había contraído matrimonio, el 19 de abril de 1811, con Marie Anne Françoise Elgger, cuyos padres fueron Francisco y Josefa Elgger los cuales creemos eran de origen español o vivieron al menos en ese país, ya que en un documento del 14 de mayo de 1832 de la Villa de Irun dirigido a la esposa de Theubet, se menciona que ambos (Francisco y Josefa) pasaron 8 días bajo inspección y que estaban sanos y sin ninguna enfermedad sospechosa.29 Todo nos hace suponer que los padres de Marie Anne Françoise Elgger estuvieron o vivieron un tiempo en una villa en España. Es importante resaltar estos datos, pues nos permiten suponer que Theubet dominaba más de un idioma, probablemente: el alemán, por la zona suiza en que nació; el francés, por su entrada al ejército napoleónico; y el español, por estas conexiones que tuvo con su esposa. Esto sería una segunda razón, además de la religión, de poder residir en la Nueva España, lo que le otorgaría además cierto prestigio social.
Theubet y Marie Anne tuvieron tres descendientes, una niña y dos niños, todos con los apellidos Theubet Elgger. La primera en nacer fue Virgine, el 18 de noviembre de 1811 en Porrentruy, su segundo hijo fue Víctor, quien nació el 10 de noviembre de 1813 en Porrentruy o Waldshut, Baden, hoy Alemania.30 El tercer hijo se llamó Antoine y sirvió como oficial de la corte francesa en tierra española. Nació el 5 de febrero de 1815.31
El segundo en nacer fue, como hemos dicho, Víctor Theubet Elgger y merece cierta atención pues llegó a ser un artista como su padre. Sin embargo, tuvo una muerte prematura que sucedió el 10 de mayo de 1849 con apenas treinta y cinco años y pese a ello logró una brillante carrera como pintor. Asistió a la universidad de Porrentruy hasta 1829, después viajó con su padre a Aranjuez, España, para ayudar con la granja que había establecido ahí gracias a la “concesión” o premio que recibió del rey Fernando VII. Pero ante la ruina de las tierras, Víctor rápidamente sirvió como oficial en la guardia española hasta 1834. Datos también importantes pues nos demuestran que estamos hablando de las mismas personas que se mencionan en el informe de Pascual Vallejo, es decir de Theubet de Beauchamp y sus hijos. Al igual que la concesión de tierras, sabemos por este informe, que parte del compromiso que hizo Theubet de Beauchamp con el rey de España, Fernando VII, fue para que sus hijos fueran admitidos en el ejército español, aunque no se encontraron datos en los archivos militares consultados en línea. También sabemos que este hijo artista viajó posteriormente por Alemania, Francia, Italia e Inglaterra, aprendiendo los respectivos idiomas a su paso, y dedicándose de lleno al arte de la pintura, fascinándose con la técnica de la acuarela y el gouache.32 Para 1844 pintó en Londres un retrato de la reina Victoria y el 2 de febrero de 1848 la Dirección de Educación de la Comisión del Colegio de Porrentruy, anunció que tras la salida del profesor de dibujo, el Sr. Loyeux, se había acordado nombrar temporalmente a Víctor Theubet Elgger para reemplazarlo.
Sin embargo, tras regresar a su ciudad natal, Víctor enfermó y murió en 1849.34 Las fuentes también hacen referencia a su padre con el nombre de Jean Jacques, señalando que fue un pintor aficionado y que se hacía llamar “coronel Theubet”. Por esta razón suponemos que al parecer cambió o utilizó el nombre de pila de Víctor después de 1830.35 La razón quizás fue el reclamo por parte del gobierno mexicano para devolver una copia del Acta de Independencia, lo que lo llevó a refugiarse en Suiza. Lo cierto es que el nombre de Víctor representa un segundo misterio, lo mismo que su supuesta entrada a la Nueva España antes de la Independencia, es decir entre 1817 y 1821. Etapa nebulosa en la vida del personaje, pues se le pierde la pista.
Para fortuna de la investigación y gracias a la ayuda de Antoine Glaenzer, archivista de los Archives dans la République et Canton du Jura, Suiza, pudimos conseguir la copia de un retrato, que seguramente se hizo al óleo, donde aparece el coronel Theubet vestido de militar, lo que lo ubica en sus años de capitán del ejército napoleónico (figura 1). De la supuesta colonia de suizos en Veracruz en la época colonial, mencionada por Sonia Lombardo de Ruiz, no encontramos evidencias claras. En contraste hay mucha más información del proyecto francés, el cual por cierto fue un rotundo fracaso, que desde 1828 ya había iniciado la colonización en la zona de Coatzacoalcos.36 Son estas fuentes de la colonización, abundantes en la historiografía, las que nos permiten acercarnos a nuestro personaje en los momentos previos a su salida, pues en dicho proyecto sí hay evidencias de la participación de Víctor Theubet. En una carta, fechada el 22 de noviembre de 1828, que envía desde París Monsieur Laisné de Villevêque (consejero general y cuestor de la cámara de diputados en Francia) a Monsieur Chedehoux (agente de la compañía de colonización en México), se menciona a nuestro personaje a propósito de que al Sr. Laisné de Villevêque le habían avisado que el coronel suizo llegaría a la capital francesa con papeles para reclamar las tierras y en la cual se dice lo siguiente:

En su uniforme de capitán adjunto del estado mayor, condecorado con la medalla de Caballero de la Legión de Honor. Archives dans la République et Canton du Jura, Suiza (Imagen mejorada con Inteligencia Artificial).
Figura 1 Víctor Theubet, 1787-1863, lieutenant coronel.33 Ca. 1809-1813.
No he recibido esa carta, ni he oído hablar del señor Theubet de Beauchamp, coronel, portador de papeles importantes para mí. En vano el señor de Belleyme, prefecto de policía y que es mi hermano, hizo que se tomaran informaciones en París y en los puertos; pero no ha llegado. Hace solo dos días que recibí la primera y única copia del acta de concesión: el Sr. Giordan que debería haber adjuntado su poder para enajenar una parte de una empresa y formar otra por este medio. El mismo Sr. Giordan, en sus últimas cartas, mencionó que el coronel Theubet, había de haber llegado; pero no fue así, y no sé a dónde se dirigió con todos los papeles, instrucciones, documentos, etc. Aún habría necesitado el plano de la concesión, al menos aproximado, para ceder una parte a una empresa, y fijar la ubicación de la ciudad. Le escribí al Sr. Giordan, varias veces, que solo había una compañía para utilizar esta bella posición.37
No sabemos si es una nueva concesión o, más probablemente, los papeles que refrendan la antigua cesión de tierras dada por Fernando VII (si es que la hubo). Si fue así, ahora se tenía que compartir con los franceses, pero las dudas persisten ¿realmente es una concesión nueva y se perdió la anterior?, ¿el gobierno mexicano reconoció la antigua cesión de tierras?, ¿cómo se llegó a un arreglo y se hicieron compatibles los dos proyectos de colonización? Estas son algunas de las preguntas que no se han podido resolver, pues no encontramos documentos o referencias bibliográficas que avalen que Theubet de Beauchamp tuvo un proyecto anterior y que no había soltado sus derechos e intenciones de colonizar la zona de Coatzacoalcos, al menos en ese momento. Seguramente a finales de 1828 Víctor Theubet de Beauchamp estaba por llegar a París para también concretar su Prospecto de la historia de la independencia mexicana en talleres litográficos de la capital francesa además de arreglar también el asunto de la cesión de tierra en Coatzacoalcos. No sabemos si después se puso en contacto con el señor Laisné de Villevêque, pues seguramente se detuvo en Nueva York más tiempo del que tenía planeado.38 Lo cierto es que dentro de sus planes también se encontraban pasar a litografía una copia que llevaba del Acta de Independencia y venderla en grandes cantidades. Finalmente, ninguno de los proyectos se llegó a concretar por diversas razones, pero esta información nos brinda pistas para conocer la participación de este coronel, aficionado a la pintura, en la adquisición de tierras en la zona de Veracruz. En un informe anónimo que encontramos en la Revue Encyclopédique se vuelve a repetir su participación, cuando se habla de las supuestas condiciones favorables que existían para establecer migrantes en la zona:
Aquí, señor, encontrará las observaciones que me inspiraron la vista de un país que habité durante cuatro meses; Se los presento sin reservas porque es la expresión de la verdad. El señor Theubet de BEAUCHAMP, que vive en México desde hace mucho tiempo, acaba de realizar una importante adquisición, en la Concesión, para establecer allí una colonia suiza; la conducta del señor Theubet de Beauchamp demuestra que comparte mi opinión sobre este país39
Este informe seguramente se hizo en 1829, cuando Theubet de Beauchamp se había trasladado ya a París, pues al año siguiente en 1830 se encontraba en España, donde cedió los derechos de varias obras relacionadas con la Independencia de México, incluida una copia manuscrita del Acta de Independencia. La cantidad que pagó el rey Fernando VII por todo lo que llevaba debió ser importante, pues “El Deseado” se rehusaba a reconocer la separación de la que todavía llamaba la Nueva España, según el informe reservado de Pascual Vallejo.40 No debemos olvidar, por otro lado, que el ambiente que prevaleció en esos años fue de una franca intención de recuperar la antigua y más rica colonia en América. Entre julio y septiembre de 1829 se realizó, como ya hemos dicho, la expedición de Isidro Barradas en el puerto de Tampico, Tamaulipas, y en cuya escaramuza participó Antonio López de Santa Anna.41
Pero después de la venta del Acta, por los documentos de archivo ya citados, comprobamos que el misterioso coronel se refugió en Basilea y que se le perdió la pista por completo, al menos por parte de las autoridades mexicanas. Sin embargo, ahora sabemos que se dedicó a actividades comerciales (las que, por cierto, también realizó a su paso por México), entre ellas vender piezas de arte de gran valor como el retablo gótico del siglo XI del emperador Enrique II, que fue donado por el mismo soberano alemán a la catedral de Basilea42 y el cual adquirió Theubet en 1834 por 9,500 francos. Anteriormente esta valiosa pieza perteneció a la villa de Basilea y el coronel suizo la vendió en 1859 al museo de Cluney por 40,000 francos.43 El informe de Pascual Vallejo nos dice que Víctor Theubet, además de los documentos, como el Acta que vendió al rey de España, también llevó varios otros objetos de arte de los que hablaremos más adelante. Igualmente, sospechamos que varios cuadros del ascenso de Iturbide, que atribuimos a su autoría, se los vendió al héroe de Iguala cuando se convirtió en emperador.44
EL DESTINO DE UN ACTA
En cuanto al destino del Acta, otro tema destacable de esta investigación, debemos señalar dos puntos importantes. Más allá de saber cuándo llegó a nuestro país, ahora no dudamos de que Theubet de Beauchamp estuviera en México al menos durante la consumación de la Independencia y el ascenso de Iturbide. Varias de las acuarelas de su álbum se refieren a estos acontecimientos, como una vista del arco que se levantó en la calle de San Francisco a la entrada del héroe de Iguala el 27 de septiembre 1821. Igualmente se encuentran en el álbum varios retratos de personajes que acompañaron al consumador de la Independencia en su triunfante entrada, desde el marqués de Salinas45 y Epitacio Sánchez46 hasta los pajes, el macero47 y un gran número de militares de todos los rangos que formaron el ejército Trigarante.48 La coronación del primer emperador mexicano que se realizó el 22 de julio de 1822 también quedó registrada en una acuarela, lo que nos ha llevado a pensar que fue este artista quien realizó una serie de cuadros con los episodios más importantes de este personaje, como son: la entrada, la proclamación, la jura en el congreso y la coronación. Fue también el momento en que seguramente conoció a otro artista aficionado, al que además lo unía su común pertenencia al ejército napoleónico. Este personaje fue Gaëtan Souchet D’Alvimar, conocido por el nombre falso que utilizaba, Octaviano, el cual en realidad era el nombre de su hermano49 y que la historiografía sobre este periodo ha repetido de manera errónea.
Lo importante es destacar que fueron estos acercamientos para representar el ascenso de Iturbide los que seguramente le llevaron a concebir el proyecto de hacer una serie litográfica con los principales pasajes de la Independencia desde el 10 de julio de 1827, cuando lo anunció en la prensa. No sabemos qué hizo Víctor Theubet entre 1822 y 1827, la cual es otra etapa nebulosa de su vida, sin embargo, lo cierto es que en ese último año, en el periódico El Sol el artista habló sobre un prospecto para hacer ocho grabados de: “los hechos más ilustres que ocurrieron en la gloriosa guerra de Independencia ... ” y, según la noticia, “se sometía a la aprobación de S.E. el presidente (Guadalupe Victoria) y a la nación”. Los acontecimientos que se incluirían eran:
El Grito de Dolores.
La Batalla de las Cruces.
El Sitio de Cuautla.
El Congreso de Chilpancingo.
Entrevista de los generales Iturbide y Guerrero.
Entrada del ejército Trigarante en México.
Despedida de Iturbide y su embarque.
Toma de San Juan de Ulúa.50
Es importante hacer notar que se había conocido solamente el Prospecto impreso en un folleto que apareció al año siguiente en 1828 y firmado también por José Theubet de Beauchamp. El documento consta de unas cuantas páginas y se elaboró en la imprenta del correo a cargo del ciudadano José María Alva, calle segunda de San Francisco número 2. Probablemente el proyecto mereció una publicación porque contaba con el apoyo de varias instituciones que se habían suscrito a la compra del álbum, por ser además de un formato de gran tamaño y porque se había planeado que se hicieran por reconocidos litógrafos de Francia. Desde 1945, la revista Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM había publicado el documento completo, aunque sin ningún comentario51 y Sonia Lombardo de Ruíz lo retomó con anotaciones a los acontecimientos que describe52 pero en ambos casos no se revisó si hubo antecedentes. Ahora, sin embargo, gracias a la noticia del periódico El Sol, sabemos que ese proyecto había sufrido modificaciones y se había planeado desde un año antes.
En la página del periódico de 1827, apareció un desplegado que, aunque no tiene firma, se lo adjudica “la comisión permanente nombrada por la junta directiva para las funciones hechas el año último para celebrar el faustísimo16 de septiembre”53 La noticia también alentaba y aplaudía la elaboración de los grabados y su compra por instituciones del país, pues, a decir de lo que leemos, era “ ... una obra digna ciertamente de la magnánima nación mexicana, y en cuya ejecución creemos debe interesarse todo patriota verdadero que desee trasmitir a la posteridad más remota los gloriosos sucesos de 1810”.54 Pero también en el texto se criticaba la elección de los acontecimientos, que si bien no negaba fueran importantes, consideraba que no todos merecían estar incluidos y se sugería que otros fueran omitidos. Especialmente el grabado que representaba la “Despedida de Iturbide y su embarque” fue rechazado por la junta. Las razones, según se decía en el texto, eran porque se preguntaban si: “ ... debemos de llorar los extravíos de la ambición y del poder en las aciagas noches del 18 de mayo, 26 de agosto y 30 de octubre de 1822, que fueron la causa de la despedida y arrastraron el 19 de julio de 1824 al cadalso en Padilla a quien estimó en más lo rey que lo ciudadano, compongan la colección del proyecto otras acciones de virtud, gloria e inmortal valor ...”55
Se justificaba, en cambio, el levantamiento de Antonio López de Santa Anna en Veracruz,56 y el manifiesto que proclamó a la Gran Nación Mexicana en diciembre de 1822. El texto reclamaba que no se borrara esa revuelta como algunos querían, pues:
... el grito atronador del caudillo Santa Anna, que hizo pedazos el cetro del orgulloso y déspota Iturbide. El 2 de diciembre hizo retemblar el trono y caer la corona de este tirano, cuya abdicación se pretende eternizar, como si pudiera abdicar o renunciar lo que no poseía o poseía nula e ilegalmente, y como si su salida y embarque hubieran sido de propia voluntad y obrando generosamente en obsequio de la paz y libertades públicas, u obligado por la fuerza, e incapacitado de resistir al torrente de la opinión general, las provincias y el ejército libertador.57
Por estas opiniones nos percatamos de que la figura de Iturbide en 1827 había perdido el áurea de héroe de la Independencia y al contrario se había desacreditado al proclamarse emperador, gobernar de manera autoritaria y finalmente destituir al congreso.58 Su restitución tendrá que esperar algunos años. Es hasta agosto de 1838 cuando el Congreso bajo la presidencia de Anastasio Bustamante decretó que se trasladaran las cenizas a la catedral de México.59 El día 22 de agosto se hizo la exhumación de los restos de Iturbide, y fueron trasladados lentamente a la capital ante la mirada curiosa de una gran multitud que demostró su veneración y respeto.60
Es importante también hacer notar que esta anónima junta directiva sugirió, en el aviso, que se hicieran no ocho sino doce grabados, que el precio fuera de 600 o 500 pesos y que se incluyeran batallas como las de Cóporo. De ahí que no sea extraño que en el Prospecto de 1828 no aparezca ya, la “Despedida de Iturbide y su embarque”, que no sean ocho ni doce cuadros, sino trece los que se contemplan, dejando el último a “la elección de mayor número de los señores que se suscriban”. Una estrategia comercial que implementó Theubet de Beauchamp para allegarse de más suscriptores, pero que seguramente lo hizo con los cambios que sugirieron personajes de la política o la élite y que no fue fácil de conciliar. Los nuevos episodios que se incluyeron o a los que se les hizo un agregado fueron, en este orden de aparición, los siguientes:
3. Junta de Zitácuaro.
4. Sitio de Cuautla y salida de Morelos con su ejército (en este caso solo se agregó el episodio de la salida que no sabemos como lo resolvería el autor).
5. Sitio y toma de Acapulco.
6. Batalla del Palmar por el General Matamoros.
7. Sitio de Cóporo.
8 Grito de Iguala por el General Iturbide.
10. Grito de Libertad en Veracruz por el general Santa Anna.
11. El Congreso constituyente dando el Acta Federal a los pueblos.
13. Queda reservado para que su objeto sea a elección del mayor número de los señores que se suscriban.61
El precio era de 600 pesos, como antes se había sugerido y resulta interesante conocer los pasajes que se pensaban recoger, pues junto al Grito de Iguala que dio Iturbide en febrero de 1821, se encuentra el “Grito de Libertad” por Santa Anna en alusión a su levantamiento en diciembre de 1822. Se reconocía el legado de Agustín de Iturbide cuando se consumó la lucha de independencia, pero al mismo tiempo la revuelta que ocasionó su caída. También es significativo que en esta segunda lista no se incluya la entrevista entre Iturbide y Guerrero, evento que ya se conocía como el Abrazo de Acatempan y por ello nos preguntamos ¿por qué decidió suprimirse? Es probable que el Prospecto se haya publicado, después de las elecciones a la presidencia en agosto de 1828 en el cual los principales contendientes fueron Vicente Guerrero y Manuel Gómez Pedraza y fue entonces que se dio a conocer que este último había ganado las elecciones. Sin embargo, ni Guerrero ni sus seguidores reconocieron ese triunfo y el país se polarizó en una lucha que tuvo como sus puntos más álgidos la toma del fuerte de Perote por Santa Anna, la toma del puerto de Acapulco por los rebeldes Juan N. Álvarez e Isidoro Montes de Oca a favor de Guerrero (en el mes de septiembre) y el famoso Motín de la Acordada en diciembre de ese mismo año, que culmina con la toma de la presidencia por Guerrero. Junto con los dibujos, que seguramente existieron, para hacer los grabados para el álbum, no debemos olvidar que también Theubet de Beauchamp llevaba una copia del Acta de Independencia, con la cual hacer reproducciones masivas en litografías.62
Ahora sabemos que nuestro misterioso personaje salió de México probablemente antes de todos estos conflictos del país a mediados de 1828, seguramente desde la ciudad de Monterrey, pues ahí vivía, según el Padrón de los Extranjeros Registrados como Residentes de Nuevo León.63 Situación que es un misterio pues después lo encontramos en una lista de pasajeros que llegaron a Nueva York, en julio de ese año, en el barco “Lavinia”.64 Descubrimos que se registró, seguramente camino a París, con la edad de 40 años y asentó que era de nacionalidad suiza,65 por lo cual no hay duda de que es el mismo personaje, aunque en realidad ya tenía 41 años. No entendemos por qué fue a Monterrey, ni por qué después hizo una escala probable en Tampico rumbo a los Estados Unidos, cuando pudo haberse ido directamente a Francia desde Veracruz. El caso es que, como vimos, a finales de 1828 Monsieur Laisné de Villevêque, no tenía noticias de que Víctor Theubet hubiera llegado a Francia. Es hasta el siguiente año, cuando podemos comprobar su presencia en Europa, junto con el destino del Acta de Independencia y de otros objetos que llevaba a Europa. Por otra carta que Murphy envía a Alamán, en fecha posterior, sabemos lo siguiente:
Parece ser que Theubet buscaba a fines de 1829, un capitalista que le proporcionara 100, 000 frs., destinados a la confección de 12 grandes cuadros de dibujos y grabados relativos a la Independencia mexicana. El facsímil del Acta de Independencia debía formar el primer cuadro. El proyecto fue abandonado poco después. El Acta de Independencia fue reproducida por M. Datty, comerciante de estampas del Palais Royal, en 300 ejemplares que recogió Theubet. En la primavera66 de 1830, habiendo mudado su situación, Theubet se marchó a España y no se ha vuelto a saber de él, aunque es posible que halla tratado de vender el documento en la península. Estuvo en México, a recoger material para su libro, “algunos años antes” de 1829.67
Fue seguramente en ese año de 1829 cuando otro personaje del cual no conocemos más que su nombre, la Baronesa D’Erval (viuda del general francés Dupont D´Erval),68 se enteró de la reproducción de varias copias del Acta de Independencia, que no fueron 300 sino finalmente 420, y le escribió a Pascual Vallejo desde París proponiéndole la adquisición del manuscrito original. Este a su vez le propone al rey Fernando VII su adquisición. Dicho en sus palabras: “pareciéndome un deber en mi darle parte de esta propuesta, por si la consideraba digna de atención”.69 No sabemos cuáles fueron los pasos para adquirir el Acta de Independencia y otros objetos que llevaba Víctor Theubet, ni la cantidad que pagó el rey de España por todos esos objetos y documentos, pero seguramente esta fue la razón para que el proyecto con el cual tenía la intención de sacar varias copias “fuera abandonado”, según palabras de Murphy. Esto también explica por qué se menciona en los documentos que nuestro pintor aficionado: “habiendo mudado de situación se marchara a España” La fecha la podemos igualmente ubicar en la primavera de 1830 y es importante destacar que el informe de Pascual Vallejo lo firma hasta el 17 de noviembre de ese mismo año. Fue en ese lapso cuando Víctor Theubet de Beauchamp entregó al rey de España lo siguiente:70
Una Relación histórica de los últimos sucesos ocurridos en la Nueva España, extraída de los archivos del Gobierno mexicano [el documento del cual se hace mención pudiera ser el Diario de las Sesiones de la Soberana Junta Provisional Gubernativa del Imperio Mexicano].
Colección de retratos de los hombres que más han marcado en la revolución de allá, hecha por José Francisco Rodríguez [seguramente eran figuras de cera elaboradas por este artista].71
Los trajes y los arneses que están de más en uso en México.
Colección de vistas y trages de la Nueva España [que no es más que el álbum hoy conocido como: Trajes y vistas de México].72
El Panorama de México hecho por él mismo por medio de la cámara obscura.
El bosquejo de la rendición del Castillo de San Juan de Ulúa y el cuadro del Grito de Dolores.73
La piedra litográfica del facísimile del Acta de Independencia.
Los cuatrocientos veinte ejemplares del facísimile del Acta de Independencia.
El manuscrito original de la música y los ciento y cincuenta ejemplares sacados de él.
Obras de las antigüedades mexicanas [probablemente piezas prehispánicas, aunque no se especifica en el documento].
Obra intitulada Quadro histórico de la revolución de Nueva España por Carlos María de Bustamante.74
Cuatro estampas que hacen pareja, para que se pudiera elegir una y colocarla delante del diseño del quadro del grito de la independencia de Dolores que V.M. [Fernando vii] consintió antes en quedársela en su poder.
Doce docenas de abanicos con tres diseños y asuntos diferentes, adornados con paisajes de por allá [México], sin nada relativo a la revolución, pero que V.M [Fernando vii] pueda elegir comprar o dexarsélos para que saque de ellos el partido que pueda.
Por la lista podemos conocer la gran cantidad de objetos que llevó el coronel Víctor Theubet a Europa y, sobre todo, la variedad de todos ellos que nos hablan finalmente de un comerciante de objetos de arte, actividad que seguramente tuvo en México antes de su salida. Sin embargo, de algunos de estos objetos o documentos nos surgen varias dudas, pues no sabemos cuál era “el manuscrito original de música” y qué pasó con el “Panorama de la ciudad de México”, que seguramente se adelantó a similares proyectos, o fue contemporáneo del que hizo William Bullock por esas fechas.75 Panorama, por cierto, que nos hablaría también de la gran capacidad artística de nuestro personaje para realizar una vista de la ciudad que implicaba un gran conocimiento del dibujo arquitectónico y el manejo de la perspectiva. De conservarse este panorama en alguna bodega de los palacios reales de España, sería importante su análisis, para calibrar a Theubet de Beauchamp como un artista de paisaje.
Pero para el tema que nos interesa, podemos decir que de nueva cuenta corroboramos lo que ya sabíamos: cuando las autoridades mexicanas piden al coronel-artista regresar el Acta de Independencia, este ya había hecho tratos con Pascual Vallejo para firmar un contrato el cual seguramente se le dio una fuerte cantidad de dinero, obtuvo una concesión para llevar a cabo un proyecto de agricultura en Aranjuez y consiguió inscripciones en el ejército español para sus dos hijos. Pascual Vallejo firma el informe al rey Fernando VII el 17 de noviembre de 1830, justo por en fechas en que se le deja otra de las múltiples cartas de reclamación a la esposa de Theubet, y cuando él ya no estaba en París. Ella seguramente sabía en donde estaba su esposo, pero, como hemos visto, menciona que se la entregaría cuando regresara, lo cual creía que sería pronto.76
Antes de esa fecha cuatrocientas veinte copias hechas en litografía fueron quemadas por el mismo Victor Theubet y sus hijos, en secreto y en una residencia real donde vivía un infante. Pascual Vallejo señala en su informe lo siguiente:
9º. Los quatrocientos veinte ejemplares del facsímile fueron quemados en una chimenea del entresuelo del Señor Infante Don Carlos, la más próxima a la biblioteca, por Mr. Theubet ayudado de sus hijos, hallándome yo presente, sin separarme siquiera un momento, mientras duró esa operación. No ha quedado pues ninguno, a excepción de los dos que había separado y los tenía destinados para que le sirviesen de modelo a la execución de su empresa. El 1º. de ellos es el que traxo en su primer viaje detrás de una estampa de asunto muy conocido metido en un marco dorado, que propuso podría destinar a su Alteza en memoria de lo que había contribuido a las negociaciones, y á lo que dio entonces su consentimiento.77
El fragmento anterior esconde mensajes interesantes porque nos inclina a suponer que el Acta de Independencia fue sacada de México de manera clandestina ya que iba escondida en un cuadro o como dice el documento: “detrás de una estampa…metida en un marco dorado” para que no fuera detectada y que ya se había propuesto entregarla al rey de España. De ello nos surge otra pregunta: ¿cuándo se dieron cuenta las autoridades mexicanas de la ausencia del Acta de Independencia? Lucas Alamán hace mención de que “el acta fue vendida por un empleado infiel a un viajero curioso”, siendo que cuando él trabajó en el ministerio de relaciones exteriores e interiores de 1830 a 1832 intentó recuperar el Acta sin lograr conseguirlo.78 Durante 1829 no se procuró rescatar el Acta, el motivo al aparecer fue que la atención había recaído en los rumores de un intento de reconquista, por parte de España, de sus antiguas colonias, rumores que comenzaron desde inicios de 1829 y que se materializaron a finales de julio de ese año, pues las tropas invasoras desembarcaron en Tampico, como ya hemos dicho, donde se presentaron diversas victorias para el ejército mexicano, lo que fracturó la moral de la tropa de Isidro Barradas, líder de la expedición española. El 11 de septiembre de 1829 fueron derrotados totalmente, presentando el general Santa Anna la capitulación de la tropa enemiga al Secretario de Guerra y Marina ese mismo día.79
Podemos concluir que el primer ejemplar del Acta es el que llevó a Europa Theubet desde México y sabemos que dicho documento salió de París hacia las manos de Fernando VII en España dentro de un cuadro:
Se han hecho las preparaciones necesarias en el quadro destinado á contener el acta original de la independencia mexicana: en el marco por un dorador que ha trabajado algunos años en París, y lo ha reparado muy bien dejándolo como antes; y en el quadro por Theubet mismo que lo ha retocado, y ha renovado enteramente la fisionomía del retrato de V.M del mejor modo que ha sabido y podido, teniendo presente el pequeño retrato que el Señor Infante Don Carolo le prestó, para el efecto.80
Con respecto a un supuesto segundo ejemplar del Acta, creemos que es una copia que Theubet realizó. Pudo haber sido conservada o tal vez destruida, pues el informe de Vallejo dice lo siguiente:
El segundo está colocado sobre tela, y guarnecido de una media caña dorada en forma de carta geográfica. Con este hubiera podido contentar a los compradores, que hubiesen querido tener un exemplar del acta de mas duración que el de simple papel, y menos luxo y precio que el que hubiese venido iluminado y con quadro dorado. Este exemplar podrá ser quemado en mi casa á presencia suya, conservado sin embargo su adorno, que podrá servir para colocar en él una carta ó mapamundi.81
Lo cierto es que en la destrucción de las 420 copias no se corrió ningún riesgo, pues incluso se llevó la piedra litográfica para asegurarse de que no se volverían a sacar más copias. El informe menciona que: “La piedra litográfica del facsímile ha sido borrada y desgastada según lo habíamos convenido. Mas habiéndose quebrado y dividido en dos partes ...”82 Las razones de este robo y destrucción las da el propio Vallejo en este informe, pues con ello se pensaba “haber impedido que los ejemplares litografiados de él (facsímil) fuesen llevados a Nueva España a entusiasmar más y más a aquellos habitantes, ya sobrado electrizados y seducidos por las ideas revolucionarias que les han inspirado los que arrebataron a V.M. aquellos preciosos dominios”.83 Vano esfuerzo que solo significó la destrucción de las copias y el pago que se hizo a Víctor Theubet.
De la historia del Acta solo sabemos lo que dicen las fuentes y lo que deducimos de ellas pues hasta donde hay registro, existían dos actas de independencia originales, realizadas según lo que detalla el Diario de las Sesiones de la Soberana Junta Provisional Gubernativa del Imperio Mexicano, pues se puede leer en la junta del 25 de febrero de 1822 lo siguiente “Que los dos exemplares del Acta de Independencia, que como el monumento más glorioso de la Junta están colocados en cuadros y ha conservado el testero de su Salón se pasen al Soberano Congreso ...”84 Un original como sabemos fue tomado por Theubet y el otro fue moviéndose de lugar en lugar por los diversos conflictos del país, siempre en manos del poder legislativo mexicano, hasta que en 1872, la Cámara de Diputados se ubicó en el Teatro Iturbide de las calles Factor, hoy Allende y Donceles en al ciudad de México, pero a las tres de la mañana del martes 23 de marzo de 1909, un fallo eléctrico inició un incendio que destruyó el edificio y el invaluable archivo, incluyendo la única copia que se conservaba del Acta de Independencia mexicana en su país de origen, trágico hecho que lamentó el entonces presidente Porfirio Díaz.85
Empero, existe una copia del Acta de Independencia, que seguramente Theubet tradujo al francés (Anexo 1) y que guardó celosamente hasta su muerte, dicho documento consta de una foja, escrita en ambos lados y se encuentra en el Archivo del Antiguo Obispado de Basilea. La reproducción tiene en su parte final la leyenda de donde fue elaborada “hellographie de Villain rue de Serres 16 23 a París”.86 No conocemos las intenciones de Theubet sobre esta copia, tal vez la guardó como recuerdo, o para la creación de futuros negocios, pero evidentemente la consideró un documento valioso. En cuanto al Acta original que había sustraído el coronel suizo, esta estuvo en posesión del rey Fernando VII seguramente hasta su muerte, y se conservó el documento gracias a la sustracción realizada por Theubet.
El Acta de Independencia a la muerte de Fernando VII en 1833 pasó seguramente a manos de su hija y sucesora Isabel II. No sabemos cómo fue que, de manos de la reina Isabel II el Acta llegó a la propiedad de Maximiliano de Habsburgo, quien tal vez reclamó el documento para llevarlo consigo a México en 1864; sin embargo, como todos sabemos aquel efímero emperador mexicano murió fusilado en el año de 1867. A consecuencia de ello, varios de los papeles personales del monarca se perdieron o fueron a parar a manos de colaboradores cercanos entre ellos quizás la citada Acta. Durante el sitio de Querétaro, Maximiliano pidió al padre Fischer salvar su archivo. Al regresar a Europa, este pudo haber vendido el Acta, tal vez a petición de la familia del difunto emperador. Estamos conscientes que caemos en los resbaladizos terrenos de la especulación, pero el ex libris de Gabriel Sánchez en el Acta revela que estuvo por un tiempo en Madrid, España, en posesión de dicho anticuario y comerciante de libros históricos. Gabriel Sánchez terminó por venderla al bibliógrafo mexicano Joaquín García Icazbalceta en los años de 1880 a 1890. Icazbalceta guardó con celo el Acta, que pasó a sus descendientes hasta llegar a las manos de su nieto Luis García Pimentel, quien por el valor de diez mil pesos “lo cedió”, quedando como prueba una carta que él mismo dirigió al comprador del documento el 27 de octubre de 1947:87
Sr. Dn. Florencio Gavito
Hamburgo 7
Presente
Mucho te agradezco el cheque por $10,000.00, a mi orden y cargo del Banco Español Mexicano que tuviste hoy la amabilidad de mandarme en pago de la acta de independencia mexicana que te vendí. Esta acta es la del Imperio de don Agustín de Iturbide firmada por él, y por los demás signatarios que constan en ella entre ellos los que se encuentra mi antepasado el Conde de Casa de Heras Soto.88
Por fortuna Gavito Bustillo tuvo como deseo póstumo entregar el preciado documento en 1961 al presidente López Mateos; la ceremonia de entrega fue hecha por su hijo Florencio Gavito Jáuregui el 21 de noviembre de 1961. En el lugar donde se entregó el Acta de Independencia sabemos estuvieron presentes el Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz y el Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet. El documento fue sometido previamente a una serie de dictámenes para comprobar su autenticidad.89 Posteriormente el Acta ingresó al Archivo General de la Nación desde el año 2000, sin dejar constancia de su ingreso, por lo que no se sabe cómo llegó al Archivo, ya que se perdió su registro y localización desde su entrega a López Mateos hasta el año 2000, lo que dio lugar a una nueva comprobación del documento con los dictámenes previos, para verificar que se trataba de la misma Acta que fue entregada en 1961.90
Debemos recordar que para el año en que fue cedido el documento al entonces presidente de la República, el Archivo General de la Nación se encontraba instalado en tres diferentes sedes: Palacio Nacional, el antiguo Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas y la Casa Amarilla en Tacubaya. Fue hasta el traslado del patrimonio documental de la nación a la antigua Penitenciaría de México cuando finalmente este histórico documento, ingresó a la bóveda de seguridad del recinto. El Acta mide 52.9 por 71.8 cm, y posee marcas sustanciales como el ex libris de Maximiliano de Habsburgo y el sello del librero español Gabriel Sánchez.91 Sin embargo, nadie conocía hasta hoy el lugar donde estuvo resguardada el Acta desde su desaparición a principios del siglo XIX.
ASPECTOS NEBULOSOS QUE NO SE RESOLVIERON
En el recuento de esta historia que significó unir piezas como en un rompecabezas, quedaron varias de ellas sueltas, pues no las encontramos y nos impiden tener un paisaje completo. Entre ellas saber si realmente la llegada de Víctor Theubet se realizó entre 1817-1821 y, si fue así, ¿qué hizo en estos años?, ¿realmente tuvo un proyecto de colonización con suizos en Coatzacoalcos en la época colonial o es otra leyenda que inventó el artista? Pues de ese proyecto no encontramos muchas pistas, y de existir, se tendrían que buscar en el archivo de Indias de Sevilla, pues los registros de colonización de la zona se tienen hasta 1828. Tampoco sabemos qué actividades tuvo entre 1821 y 1827. Son prácticamente 10 años en los cuales tampoco sabemos qué destino tuvo su familia. tanto la esposa como los hijos. ¿estuvieron separados tanto tiempo?, ¿radicaron siempre en Europa o hubo visitas a México? Estas preguntas nos las hicimos durante toda la investigación, ya que buscamos datos en los registros de la entrada de pasajeros a México, pero no hay pistas de ellos. Por otro lado, sigue siendo un misterio el porqué usar el apellido de Beauchamp. Ninguna de las fuentes europeas anteriores a 1821 lo menciona, ¿de dónde salió ese apellido y por qué lo usó este personaje? Lo mismo sucede con el nombre “Víctor” que, de nueva cuenta, no aparece en todos los registros, especialmente en los de México, pero que hemos preferido usar por ser el último nombre más conocido. Valga señalar que para esclarecer varias de estas dudas se intentó buscar el acta de defunción del personaje y también la tumba, en lo cual no tuvimos éxito. Finalmente permanecen otras dudas, pues no sabemos cuándo fue que las autoridades mexicanas se percataron de la ausencia del Acta. Lucas Alamán señala que “fue vendida por un empleado infiel a un viajero curioso”. Ahora sabemos que el viajero curioso fue Víctor Theubet, pero ¿quién fue ese empleado infiel? Más aún, cabe la posibilidad de preguntarnos si no es que acaso en algún momento proporcionaron el Acta a Theubet. Estas dudas quizás se esclarecerán con futuras investigaciones.










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