INTRODUCCIÓN
Mario Payeras (1940-1995) fue una figura central en el transcurso de la frustrada “Revolución guatemalteca”. Es decir, de los acontecimientos que implicaron a distintas asociaciones armadas durante las décadas de los setenta y los ochenta. Su involucramiento permitió que sistematizara planteamientos, producto de su formación teórica y experiencia, que lo definieron como un combatiente en las armas y en las ideas. Sus posicionamientos se forjaron en un periplo que lo llevó durante su juventud por la selva mexicana, los bosques del Este europeo, Alemania Oriental, la ciénega de la Cuba revolucionaria y de vuelta al selvático paisaje guatemalteco. Se trató de un trayecto que se construyó en la periferia revolucionaria de la Guerra Fría global; se inscribió primero en la dicotomía Este-Oeste, configurada por la oposición entre socialismo y capitalismo, y posteriormente, en la Norte-Sur, que antagonizó a las sociedades económicamente atrasadas con la dominante, es decir, con la de Estados Unidos. La primera división se dio en una escala que involucró a múltiples naciones mientras que la segunda, desde un discurso antiimperialista, focalizó la reacción hacia una sola nación. El énfasis analítico en la dimensión ideológica de ambas confrontaciones no elude el aporte de novedosas investigaciones históricas que han demostrado que los espacios periféricos del llamado Tercer Mundo fueron el eje de la actividad de la Guerra Fría y no un escenario de la bipolaridad, por lo que es preciso nombrar la existencia de una Guerra Fría Latinoamericana.1 En este escrito, sin embargo, se insiste en la discrepancia ideológica de los actores cuya operación fue una reducción irreconciliable del enfrentamiento global.
Para dar cuenta de la relación entre los viajes de Payeras y el desarrollo de sus posicionamientos, el artículo reconstruye las cualidades de los escenarios que transitó. No se trata de una biografía, sino del trazado de sus viajes por los espacios más significativos en el ala revolucionaria y el peso de estos en la conformación de su trayectoria. De esta forma, el artículo propone una aproximación desde la microhistoria global, esto es, un análisis de Payeras como un sujeto móvil cuyo itinerario permite observar el cruce de múltiples conexiones entre sitios, personas e ideas.2 La argumentación combina la mirada macro de la Guerra Fría y la micro de las vivencias de Payeras, un personaje que no perteneció a la elite y al mismo tiempo fue una figura cosmopolita y particular de la periferia revolucionaria.3
El texto se encuentra dividido en cinco apartados. El primero, corresponde a un sucinto esbozo del personaje y su obra para exponer los elementos básicos de los que parte el análisis. El segundo, tercero, cuarto y quinto reconstruyen las condiciones que posibilitaron el paso de Payeras por México, Europa del Este, Alemania Oriental, Cuba y su regreso a Guatemala.
Con respecto a las fuentes, esta investigación se sustenta en tres registros principales: la obra publicada por Payeras, parte de su documentación personal albergada en el Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica en Antigua, Guatemala y el Centro Académico de la Memoria de Nuestra América de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, así como una entrevista realizada a Arturo Anguiano.
PERFIL DE UN REVOLUCIONARIO Y SU OBRA
Mario Payeras nació en 1940 en Chimaltenango, Guatemala. Siendo bisnieto de una indígena, solía describirse como un ladino. Vivió su infancia en el inicio de la “Revolución de octubre” (un proceso que, impulsado por el gobierno de Juan José Arévalo, electo en 1944, buscó desmontar el Estado oligárquico mediante la democratización de la sociedad). En la adolescencia Payeras comenzó su politización, cuando el entorno en que creció colapsó con el golpe al gobierno democráticamente electo de Jacobo Árbenz en 1954, hecho del cual comentaría muchos años después: “vivo la tragedia de la democracia y la asumo como mía”.4
Después de graduarse como maestro de educación primaria, en 1959 ingresó a la Universidad de San Carlos para estudiar filosofía, sitio en el que por vez primera se vinculó a una agrupación de izquierda: el sector juvenil del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), a saber, la vertiente comunista. Al año siguiente comenzó su itinerario periférico, primero en México, luego en Europa del Este para después regresar a Guatemala, Cuba y otra vez a México. Su compromiso militante se reafirmó en 1972 cuando tomó parte del núcleo fundador del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), organización a la que perteneció como combatiente clandestino hasta 1984. Consecuencia de sus viajes y su participación en el EGP, el guatemalteco tomó contacto con distintas lenguas como el alemán, italiano, rumano, francés, maya, quiché, chuj y kanjobal. El aprendizaje de éstos últimos le previno de la valía de la tradición oral para el conocimiento de la realidad guatemalteca.5 Tras su separación del EGP, liderando a un grupo de combatientes, Payeras y su compañera sentimental Yolanda Colom (a quien conoció en la guerrilla) decidieron exiliarse en México.6 Desde este país, Payeras incentivó la creación de Octubre Revolucionario, con la meta inicial de aglutinar al núcleo desprendido del EGP, lo que logró formalizarse en 1987. Se trató de una formación clandestina de filiación marxista dedicada a reflexionar e impulsar una perspectiva revolucionaria para Guatemala, cuyo eje central fue el carácter de clase y un programa de liberación nacional y democrática que priorizó la dimensión agraria y étnica.7 Los últimos años de la vida de Payeras transcurrieron entre la Ciudad de México y San Cristóbal de las Casas. Murió en enero de 1995 de un infarto.
Payeras escribió sobre diversos temas. En el aspecto militar legó dos testimonios invaluables: Los días de la selva (1981) y El trueno en la ciudad: Episodios de la lucha armada urbana de 1981 en Guatemala (1986).8 Ambos, resultado de la descripción y balance que hizo sobre su actividad clandestina como miembro del EGP. Sus escritos de diagnóstico sobre la situación política guatemalteca de la década de los ochenta se dieron a conocer en 1991 en el volumen Los fusiles de octubre.9 En el ámbito literario destacan la serie de cuentos reunidos bajo los títulos El mundo como flor y como invento (1987) y Tzútz. Al Este de la flora apacible publicado póstumamente en 2010;10 en ellos explora dimensiones que no remiten al estatuto de la memoria en el sentido de lo que Jean Franco denominó la “historia mancillada”, asociada a los regímenes de terror.11 En el ejercicio editorial sobresalen sus contribuciones a la revista Compañero. Órgano informativo internacional del Ejército Guerrillero de los Pobres (publicada en español y que contó con algunas ediciones traducidas al inglés), Opinión Política, Otra Guatemala y la creación en 1994 de Jaguar-Venado: Revista guatemalteca de cultura y política cuyo objetivo fue el de contribuir a la democratización de su país.12 En contraste con una generación precedente cuya producción escritural antecedió a la adquisición de un compromiso político, Payeras se convirtió en escritor solo después de vivir la actividad armada. Evocando el título de la conocida obra de Claudia Gilman puede decirse que para Payeras primero fue el fusil y después la pluma.13
La obra de Payeras ha provocado recepciones en variados campos del conocimiento. La mayor parte de las aproximaciones han resaltado el lugar del testimonio y la memoria como fuentes para la problematización del estudio de la guerra en Guatemala. En esta línea de análisis se cuenta con estudios desde la filosofía de la historia, como es el caso del trabajo de Sergio Tischler, cuya lectura de Payeras se fundamenta con el instrumental conceptual de Walter Benjamin.14 Otro trabajo significativo es el de Irma López Tiol quien fusiona la lectura de los textos testimoniales con la experiencia vital de Payeras. Además de ello, López remarca las descripciones del guatemalteco sobre el comportamiento de la flora y la fauna en los cuentos agrupados en El mundo como flor y como invento. La investigadora enfatiza que este ejercicio es fruto de las numerosas visitas que el autor realizó por distintos zoológicos en el mundo, destacando la evocación del elefante del Kilimanjaro que observó en Berlín o el enorme albatros en La Habana, así como sus visitas semanales al de Tuxtla Gutiérrez en México.15 En años recientes, la figura de Payeras también ha sido motivo de originales investigaciones de tesis.16
Payeras era un conocedor de la naturaleza en libertad y cautiverio. Vale la pena recordar las palabras de la escritora Elena Poniatowska, quien durante un homenaje realizado en junio de 1989 en el Palacio de Bellas lo caracterizó como “un jaguar amarillo, bajito y delgado, curtido por el sol y por los vientos, flexible como un lazo de tender ropa y atento siempre a los aleccionadores ruidos de la selva.”17
ENTRE LA SELVA DE ASFALTO Y EL HURACÁN EN EL CARIBE: MÉXICO
México ocupó un lugar destacado en la vida de Payeras y su itinerario periférico. Según refiere el currículum, por él preparado, fue en la Ciudad de México donde dio continuidad a sus estudios de filosofía18 y estableció contacto con intelectuales ubicados en el amplio espectro de la izquierda, como Arturo Anguiano, Elena Poniatowska, Eraclio Zepeda y Alberto Híjar. La presencia de guatemaltecos en México fue una constante, pues desde el golpe en contra del gobierno de Árbenz muchos viajaron para salvaguardar su vida. Evidencia de ello es el mural “Gloriosa victoria” pintado por Diego Rivera a propósito de la conspiración contra la democracia guatemalteca, en aquella aciaga década marcada por el anticomunismo. Tanto el Partido Comunista Mexicano (PCM) como el Partido Obrero Campesino Mexicano colocaron sus redes de colaboración para ayudar a los exiliados del país centroamericano.19 México se convirtió en refugio para un número significativo de expulsados de aquel país, durante distintos momentos del siglo XX.20 Fueron emblemáticas la presencia del escritor Luis Cardoza y Aragón, del líder comunista José Manuel Fortuny y de la intelectual feminista Alaide Foppa. Esta última desapareció en Guatemala cuando en 1980 viajó para buscar a uno de sus hijos, vinculado al EGP.
Sobre el primer contacto de Payeras con México en 1960, es necesario explicar dos cuestiones. Primero, que México era en aquel momento un lugar de confluencias globales en apoyo de la Revolución cubana. Segundo, que el marxismo jugaba un rol académico importante. Esto quiere decir que, tanto en la política de izquierdas como en el desarrollo intelectual, Payeras atestiguó un espacio frondoso.
Tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959, las izquierdas de toda la región activaron su respaldo. En el caso de México destacó la intensa labor del expresidente Lázaro Cárdenas, quien se alistó a la defensa de la Revolución e integró a sus contactos en el Movimiento Mundial por la Paz (una organización protosoviética). Ello dio como resultado la convocatoria y realización de la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz en abril de 1961. Dicha reunión marcó un triángulo en el que Cuba, México y Guatemala quedaron conectados a raíz de la coyuntura regional. Además de ello, la presencia de la revolución triunfante resonó en la memoria de la caída del gobierno democrático de Guatemala en 1954, recordando que la amenaza estadounidense era latente. En la declaración final de la Conferencia, repetidamente se mencionó el caso guatemalteco como ejemplo del peligro del intervencionismo, la antidemocracia y el anticomunismo. A la Conferencia, realizada en la Ciudad de México y complementada con giras por algunas otras zonas -como Michoacán, tierra donde Cárdenas mantenía influencia- asistieron representantes guatemaltecos, tanto de colectivos estudiantiles, como sindicales y de mujeres. Eric Zolov ha demostrado que la figura más representativa a nivel regional en el período 1959-1962 no fue Fidel Castro, sino Cárdenas, pues aportó su prestigio político en favor de la causa cubana, convirtiéndose en el centro de los ataques por parte de los medios de comunicación.21 El momento cúspide del ímpetu del viejo general mexicano en la defensa de Cuba, fue su disposición a viajar rumbo a la isla durante la invasión de Bahía de Cochinos. El entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, lo persuadió de no arriesgar su vida.
El triángulo político entre Guatemala, Cuba y México se consolidó en la solidaridad revolucionaria y la contrainsurgencia cuando el gobierno guatemalteco -en acuerdo con los Estados Unidos- dio auspicio al entrenamiento de mercenarios para combatir a la Revolución cubana. Esto generó la molestia de jóvenes oficiales de las fuerzas armadas guatemaltecas que se rebelaron en noviembre de 1960, dando nacimiento al Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR-13) y en 1962 a las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), ambas, portadoras de un renovado discurso antiimperialista. La actividad de estas primeras organizaciones guerrilleras, producto inmediato de la Revolución cubana, en confluencia con los malestares internos, tuvo como efecto el exilio de dirigentes hacia México.22 Este país fungió como una base de los esfuerzos antidictatoriales de los revolucionarios guatemaltecos, entablándose un primer contacto con la dirigencia cubana; se trató de un marco transnacional característico de la Guerra Fría latinoamericana.23
En su estancia en México, el joven Payeras fue coetáneo a estos acontecimientos. En lo formal, reanudó sus estudios de filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), entonces el centro académico más importante para el estudio de esta disciplina en el país. Aunque Payeras solía hablar poco de sí, algunas pistas sobre su estancia en México refieren al ambiente intelectual que encontró y permiten habilitar la hipótesis sobre el tipo de marxismo del que abrevó.
Tanto en su currículum como en su correspondencia con la traductora al japonés de Los días de la selva,24 Payeras rememoró los nombres de quienes fueron sus principales profesores: Eduardo Nicol, Adolfo Sánchez Vázquez, Wenceslao Roces y Paula Gómez Alonzo. Salvo Nicol, que era un académico sin adscripción política, los restantes nombres se enlazan directamente a la progresiva presencia del marxismo en las aulas universitarias. Anteriormente, el marxismo era una corriente vinculada fundamentalmente al PCM o a los exilios alemán y español. Sánchez Vázquez fue un erudito filósofo que desarrolló el marxismo en una clave humanista -hasta entonces un paradigma con fuerte presencia en Europa Occidental- que colocó a los manuscritos juveniles de Marx en el centro de reflexión y vocación estética. Por su parte, Roces, otro exiliado comunista español, fue un consolidado traductor de las obras de filósofos como G. F. Hegel, Karl Marx y Friedrich Engels, entre muchos otros. Aunque su producción escrita no fue abundante, se consolidó como una figura clave de la recepción de Marx y del marxismo a partir de su trabajo como traductor, actividad que combinó con el dictado de clases de derecho romano. Gómez Alonzo fue otra destacada intelectual que abrió espacios para pensar la dimensión ética en su relación con el marxismo.25 Además de ello, sobresalió en su activismo a favor de la Revolución china como presidenta de la Sociedad Mexicana de Amistad con China, lo que la convirtió en una profusa difusora de las ideas de Mao-Tse-Tung.
Años después, Payeras recordó su tiempo en México como una experiencia que posteriormente le permitió profundizar en la instancia ecológica como un eje fundamental para el desarrollo del marxismo. En este sentido apuntó que habitar la Ciudad de México era encontrarse en el:
Antiparaíso del monóxido de carbono, el óxido de azufre, del ozono y otros gases que destrozan las vías respiratorias, los ojos, el alma. Cada día sorteaba Amazonas de coches para cruzar las calles y un cansancio infinito se apoderó de mí. La hermosa ciudad cultural y monumental de otros tiempos quedó soterrada bajo el humo. Vivía en la más extensa mancha de concreto y asfalto que existe sobre la tierra.26
No es, por supuesto, la única rememoración de México. Payeras vinculó sus vivencias con la naturaleza. Ejemplo de ello es la evocación de una gaviota dando vueltas en el Cofre de Perote, en Jalapa, sitio en el que escuchó una fantasía orquestal con pájaros fosforescentes que lo llevó a sentenciar que Jalapa era una ciudad propicia para las evocaciones.27 En su memoria, Oaxaca ocupó un sitio especial por ser el lugar donde a mediados de la década de los ochenta se reunió a mirar el paso del cometa Halley junto a una tejedora guatemalteca exiliada, a quien buscó con la finalidad de retener la imagen del fenómeno astronómico en un telar.28
Además del asfalto, el smog y la vida natural, es claro que México significó para Payeras y otros guatemaltecos la posibilidad de dar continuidad a sus esfuerzos de organización; fue espacio para la rearticulación, hogar en el exilio, lugar de integración y amistad. Por ello, no fue casual que buena parte del movimiento guerrillero se tramara en este país.
EL BOSQUE ASEDIADO: EUROPA DEL ESTE Y LEIPZIG
El itinerario periférico de Payeras se ubicó en un primer momento en el entramado Este y Oeste, es decir, en la dicotomía entre capitalismo y socialismo. Debido a que este conflicto dominó la escena global durante buena parte del siglo XX, no resulta extraño que el recorrido posterior a México se diera con dirección a los países de Europa del Este, también conocidos como regímenes políticos de “Democracia popular”. Un eufemismo semántico utilizado para marcar una relativa distancia con los soviéticos. Entre 1963 y 1964, Payeras inició un camino que lo llevó de Ámsterdam a París y en adelante hacia Praga, Bucarest y Budapest, siendo su destino final la ciudad de Leipzig, en la entonces República Democrática Alemana (RDA).
Yolanda Colom indica que el viaje de Payeras por el viejo continente fue apoyado por una beca que le otorgó la Universidad de San Carlos.29 Es probable que esto tuviera relación con las redes internacionales de la izquierda guatemalteca pues éstas permitieron el desplazamiento de otros militantes hacia el mundo socialista, como fue el caso de Otto René Castillo; así, la vivencia de Payeras no fue un hecho excepcional sino uno correspondiente a los flujos de la época. Payeras inició una estadía en Rumania, un país que a pesar de quedar bajo la “órbita soviética”, fue, en muchos sentidos, un enigma. Se trató de un sitio con cierta independencia frente a la Unión Soviética (en no pocas ocasiones en contradicción) y con el que los vínculos latinoamericanos fueron más bien débiles y poco claros, aunque existentes. La estancia en Bucarest dejó a Payeras con el aprendizaje de nociones del lenguaje y con una experiencia personal aún más significativa: el encuentro con el literato Miguel Ángel Asturias, con quien trabó amistad en aquella ciudad. Asturias era un asiduo visitante de Rumania desde la década de los veinte, al parecer enamorado del sistema de balnearios de aquel país y también de la poesía (de la cual hizo una selección y traducción al español que se publicó). La residencia habitual de Asturias en Europa (en Francia e Italia) le permitió desplazarse fácilmente y mantener vínculos importantes, incluyendo, por supuesto, las altas esferas de la cultura y la política rumanas. Cuando Payeras conoció a Asturias, este realizaba una estancia larga en el país, a la que llegó acompañado de Pablo Neruda y Rafael Albertí. De aquella larga visita surgió el libro Rumania, su nueva imagen, publicado en México en 1964.30
Payeras dejó un testimonio sobre este encuentro en un texto titulado “Miguel Ángel Asturias. Retrato de Bucarest”, en el que alertó al lector de no estar seguro de que la efigie que guardó de su primer encuentro con el escritor fuera la de la realidad o la que imaginó cuando tuvo la certeza de que iba a conocerlo.31 En cualquier caso, la reminiscencia de aquel momento fue trascendente, pues fue una afirmación de la categoría de la única voz crítica de Guatemala que se escuchaba internacionalmente: la de Asturias. Si bien, éste cambió su posición frente a los gobiernos guatemaltecos, aceptando años después ocupar la embajada de Francia. Queda claro entonces que tanto Asturias como Payeras supieron navegar en el conflicto entre Este y Oeste, pero a diferencia del premiado escritor, Payeras se quedó ideológicamente del lado Este.
El itinerario de Payeras entre 1963 y 1968, año en que regresó a México, fue cimentado a partir de su conocimiento de la realidad del socialismo estatal, predominante en Europa del Este. Muchos años después, en un documento que dedicó a la reflexión sobre el derrumbe de los regímenes políticos de aquella zona, diseccionó, país por país, sociedad por sociedad, el significado de los vientos de cambio. A diferencia de otros estudiosos, para Payeras aquellas sociedades no eran solo satélites de la Unión Soviética, sino naciones con dinámicas propias. Este conocimiento del Este europeo fue particularmente evidente en el caso alemán, joya de los experimentos socialistas, al que Payeras concibió en 1988 como el del nacimiento de “una flor en hierro viejo”.32 Con esta imagen se refirió a los procesos de transición democrática que acontecieron en la sociedad más industrializada del socialismo. A los ojos de muchos militantes de la izquierda latinoamericana, Alemania era el logro más significativo de la estela de sociedades nacidas después de la derrota del fascismo, pues además de contar con el mayor índice de producción industrial, mantenía el vínculo más fuerte con la historia del socialismo. Era la tierra de Marx, Engels, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, así como del desarrollo de posturas que resistieron a la dictadura de Adolf Hitler. La construcción de una sociedad socialista triunfante en Alemania fue sinónimo de que las teorías de Marx eran válidas no sólo para el mundo periférico y campesino sino también para las zonas de alto desarrollo cultural e industrial. Que el socialismo se construyese en tierras alemanas se interpretó como signo de su cultura y su procedencia obrera.
La estancia en Leipzig como estudiante de la Karl Marx Universität es uno de los episodios de los que menos información existe sobre la vida de Payeras. Él apenas se refiere tímidamente a la ciudad y a su forma de funcionamiento, destacando la visita a una taberna.33 Además de que estudió el alemán, no dejó indicaciones más precisas de los cursos o profesores con los que se involucró. Sobre aquellos días en la vida de Payeras, Adolfo Gilly escribió que “puede suponerse que sus estudios filosóficos hayan sufrido, en su momento, la influencia de la escuela de pensamiento de la RDA, tributaria de la escuela soviética”,34 afirmación que va en sintonía con la interpretación anticomunista contemporánea que enfatiza el lugar de la universidad alemana como un mero instrumento de propaganda de un régimen pretendidamente policiaco.35
Pese a estas circunstancias, la comprensión del paso de Payeras por tierras alemanas puede ampliarse considerando dos tramas contextuales que exceden su propio itinerario. En primer lugar resta por puntualizar la raigambre de las relaciones entre la RDA y América Latina, pues solamente se han presentado esbozos.36 No obstante, es de destacarse que aquél vínculo tuvo momentos significativos en el entrelazamiento de procesos políticos, como los que involucraron a los cubanos en su aventura africana o a los chilenos en su exilio después del golpe de 1973.37 En segundo lugar se requiere detallar el lugar intelectual que tuvo la RDA en procesos educativos, ya que salvo en el caso de los estudiantes chilenos apoyados por los lazos creados entre el grupo de historiadores latinoamericanistas alrededor de Manfred Kossok, hay pocos indicios sobre las discusiones en el ámbito universitario.38
Es preciso subrayar que, si bien no se cuenta con datos pormenorizados sobre la actividad académica de Payeras en Leipzig, sí es posible intuir que algo conoció de los movimientos de renovación que pretendían construir alternativas democráticas dentro del socialismo alemán. Esto debido a que en el ámbito intelectual se discutían autores polémicos como Robert Havermman, filósofo y científico abocado al estudio de la dialéctica; Rudolf Bahro, constructor de la oposición filosófica más relevante en aquellos años; y el ecologista Wolfgang Harich, que plasmó sus ideas años después en la significativa obra Comunismo sin crecimiento. Esto es trascendente debido a que la estela intelectual que Payeras siguió tuvo similitud con los desarrollos teóricos de estos personajes, tanto en la vena materialista de estudio de la naturaleza, como en la posición ecologista que los dos últimos expresaron. Vale la pena remarcar que la Karl Marx Universität se asentó en Leipzig una ciudad industrial que, pese a estar acorralada por el smog, era considerada un centro intelectual principal desde el cual se impulsó la agenda reformista que cuestionó al grupo gobernante. En la RDA y su contraparte Occidental se tramaron los movimientos ecologistas más significativos del centro europeo, posición que Payeras adaptó con originalidad para el caso guatemalteco. Quizá por ello, cuando realizó la evaluación de la caída de los regímenes de aquel espacio político, señaló: “no es posible pensar el desastre ambiental provocado en Europa del Este por la torpe industrialización y el productivismo que caracterizó al afán burocrático por imitar la opulencia burguesa, sin relacionarlo con la visión del progreso, de la necesidad y de la libertad.”39
Payeras apuntó que en Leipzig mantuvo correspondencia con Asturias y en alguna ocasión se encontró con él. Aquella reunión, informó, fue la última comunicación que tuvo con el afamado escritor, de quien se distanció, como tantos otros de su generación, cuando aceptó la embajada de Guatemala ubicada en París. A pesar de ser crítico con la decisión de Asturias, que legitimó al gobierno en turno, Payeras insistió en que “se equivocan quienes piensan que nos lo pueden arrebatar, dedicándole homenajes y monumentos oficiales”,40 haciendo referencia al vínculo entre el literato y el movimiento revolucionario. El alejamiento con Asturias, dio paso a que Payeras comentara sobre la determinación de partir hacia otras latitudes: “después de Leipzig no volvimos a verlo. Yo tomé los caminos del sureste (...) para vivir en la realidad y comprender que no hay mayor alegría que transformarla”.41
Así, la experiencia del Este europeo dejó en Payeras la convicción de que la geopolítica del momento se definía entre Este y Oeste.42 Y le convenció de la importancia cultural del viejo continente. Años más tarde, en el marco de los debates por el v Centenario del Encuentro de dos Mundos en 1992, señaló en una entrevista que había que ver a Europa como la concatenación de grandes culturas y como pueblos hermanos: “Europa también es la revolución bolchevique, también es la revolución francesa, Europa también es la guerra civil española y la República, Europa también es Cervantes, es Juan Ramón Jiménez, es Picasso, es toda esa cultura que se ha producido y que ha sido para nosotros una referencia también fundamental.”43
LA CIÉNEGA DE LA REVOLUCIÓN: CUBA
Después de que Payeras dejó Alemania, según su dicho, pasó al sur con la intención de vivir decididamente para transformar la realidad. De acuerdo a su currículum visitó Cuba, la Unión Soviética, Corea del Norte, Italia, Bélgica y finalmente, como solía ser para todo revolucionario guatemalteco, México.44 De este itinerario es oportuno detenerse en Cuba, lugar donde se tramó una parte sustancial del proyecto del EGP. La isla permitió a Payeras transitar una nueva geografía de la Guerra Fría global, en la que gradualmente abandonó la noción de confrontación Este-Oeste por la de Norte-Sur.
Payeras estuvo por primera vez en Cuba en 1968, lugar y momento decisivos para el destino del movimiento guatemalteco. Es adecuado recordar que en enero de 1966 en la ciudad de La Habana tuvo lugar la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, un hito en la organización de las fuerzas revolucionarias a nivel global dentro del entramado periférico de la Guerra Fría, que en América Latina se expresó en dictaduras y revoluciones.45 Delegados de todo el mundo participaron en ella, estrechando los vínculos entre lo que hoy algunos denominan el Sur Global. Como propone Anne Garland Mahler, la también conocida como Tricontinental fue el fermento de un cambio discursivo, que colocó el tema de la “raza” en comunión con el radicalismo revolucionario y la solidaridad transnacional.46 En la esfera de la Tricontinental la evaluación de la experiencia guatemalteca fue un tema candente. Fidel Castro criticó duramente la influencia trotskista que fermentó en algunas de las organizaciones guerrilleras de principios de la década de los sesenta.47 Adolfo Gilly, entonces militante del trotskismo, en su versión “posadista” defendió -desde las páginas de la revista estadounidense Monthly Review- el programa de las guerrillas, al tiempo que criticó a Castro y señaló que la Tricontinental había sido una reunión sin “gloria y programa”.48 Lo cierto es que en La Habana se decidió un cambio de táctica de los movimientos revolucionarios guatemaltecos que asumieron la formación de nuevos grupos armados, cambiando la geografía de la acción.
Las discusiones en Cuba a propósito de Guatemala, encontraron espacio de expresión en la revista Pensamiento Crítico, publicación con un fuerte compromiso con la estrategia guerrillera continental. En el número del 15 de abril de 1968 se abrió un intenso debate en sus páginas bajo la consigna “Guatemala vencer o morir”.49 Así, en las plumas de Orlando Fernández, Julio del Valle y Aura Marina Arriola, se realizó una reflexión crítica de los errores y límites de la guerrilla, con particular énfasis en la actuación del PGT. La inclusión de los discursos y textos de Luis Turcios Lima y Yon Sosa, connotados dirigentes guerrilleros, acompañaron este balance de la primera oleada armada. Igualmente se incluyeron documentos de las far y una declaración del comandante César Montes. Se trató de un momento álgido en las discusiones, que culminó una larga etapa de aprendizaje guerrillero en la montaña, así como un proceso de autocrítica sobre las equivocaciones. Con esta discusión -que Payeras conoció, si bien no tomó parte de ella-50 se cerró el ciclo de las primeras guerrillas guatemaltecas.51 Dando paso al nacimiento de otras formaciones armadas, como lo fueron el EGP, la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA) y un cambio en la orientación de las FAR y del PGT. El proceso iniciado en La Habana concluyó en 1982 con la fundación de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), un espacio de convergencia para los distintos grupos que fue posible a instancias del posicionamiento cubano por la unidad en la lucha.52
La praxis posterior de Payeras muestra una fuerte influencia de esta discusión. De ello ha quedado constancia en fragmentos significativos, pero dispersos. Por ejemplo, Julio Pinto Soria se ha esforzado por hacer converger la vida de Payeras con la del Che Guevara, mostrándolos como dos encarnaciones de revolucionarios íntegros,53 que además adoptaron perspectivas compartidas. Una muestra de la simpatía de Payeras por la estrategia cubana es lo dicho a Marta Harnecker durante una entrevista publicada en Punto Final. En ella, Payeras refiere la experiencia cubana señalando que, al igual que la guatemalteca, inició en condiciones desventajosas: “la vida demostró que en esencia el camino era correcto, aunque circunstancialmente los planes hayan debido de ser modificados”.54 De igual forma, en los documentos del EGP la impronta guevarista es notoria: “el emblema de la Organización es la efigie, en negro, del comandante Ernesto Guevara, con las siglas del EGP en pie. La bandera también tiene nuestro emblema y abajo la consigna: HASTA LA VICTORIA SIEMPRE”.55 No se olvide que para el EGP el carácter de la revolución era agrario, anticapitalista y antiimperialista.
Las actividades y responsabilidades en el EGP no impidieron a Payeras retornar a Cuba en 1978, luego de lo cual se le otorgó en 1980 el galardón de Casa de las Américas por Los días de la selva (si bien no pudo estar presente físicamente durante la premiación). A pesar de eso, el vínculo con la isla durante el decenio de los años ochenta ya no fue tan amistoso. Payeras decidió abandonar al EGP en 1984 y le comunicó su postura a Manuel Piñeiro “Barba Roja”, encargado del Departamento de América del Comité Central del Partido Comunista Cubano, un hombre leyenda en los círculos revolucionarios de la región. En una misiva fechada el 4 de julio de 1984, Payeras le expuso al cubano las razones de su salida junto con la de un grupo de combatientes de la organización, que pueden ser sintetizadas en las siguientes líneas: “La etapa que se cierra deja como una de sus conclusiones los límites históricos a que ha llegado el tipo de organización político-militar que encabezó las luchas de estos años. Ahora se abre una nueva etapa, en la cual el movimiento revolucionario pondrá a prueba su capacidad de aprender y de remozarse cualitativamente”.56 Esta carta corrobora lo dicho por otros autores a propósito de la importancia de Cuba para el movimiento guerrillero guatemalteco.57 Además, resulta notorio que para Payeras fuera crucial dejar constancia de las valoraciones que lo llevaron a cambiar su perspectiva sobre los medios de lucha y la necesidad de replantear la estrategia armada. El vínculo de Payeras con Cuba fue omnipresente desde mediados de la década de los sesenta y se tornó fundamental durante sus años en la selva en el decenio de los setenta. Aunque existió una ruptura con la perspectiva guerrillera, Payeras sostuvo hasta sus últimos momentos que la isla era digna de ser protegida, pues simbolizaba lo mejor de las aspiraciones revolucionarias.
LA LATITUD DE LA SELVA: GUATEMALA
El estudio de las izquierdas en Guatemala se encuentra en construcción, particularmente en lo que respecta a sus vínculos durante la Guerra Fría,58 período en que la figura de Payeras ocupó un lugar significativo, no sólo por sus características individuales, sino también por el aporte filosófico y testimonial que produjo. A su regreso a Guatemala, su itinerario por la periferia global revolucionaria lo corroboró como un combatiente del fusil y la pluma. Se señalan a continuación elementos destacados de su trayectoria como guerrillero urbano y campesino, y como crítico del mundo unipolar desde una concepción ecológica.
Su faceta guerrillera es la más conocida. El conflicto interno en Guatemala hizo parte de una constelación de insurrecciones en la zona centroamericana, aceleradas en la segunda mitad de la década de los setenta. Un punto nodal fue el quiebre del orden político en Nicaragua que en 1979 tras una prolongada crisis amplió las expectativas de transformación social en otros lugares, particularmente en El Salvador y en Guatemala. El EGP inició su actividad en 1972 y las acciones armadas en 1975. La gesta en Guatemala es un tema complejo, los estudios contemporáneos han dado cuenta de la diversidad de experiencias, según el momento y el territorio, así como la pluralidad de sujetos que llevaron a cabo la lucha armada, tratando con ello de exorcizar la visión de que la sociedad guatemalteca estaba entre dos fuegos en una condición inerme. Investigaciones recientes restauran la agencia en distintos sectores de la sociedad.59 Payeras sistematizó una parte de estas vivencias en tres obras fundamentales: Los días de la selva, El trueno en la ciudad: Episodios de la lucha armada urbana de 1981 en Guatemala y Los fusiles de octubre.60
El análisis de Payeras corresponde a cambios, contradicciones y conflictos de la época. Si hasta la década de los ochenta la confrontación primordial aconteció en la dupla Este-Oeste, con el ascenso de Ronald Reagan y la crisis del socialismo, una nueva alineación se tramó en la dicotomía Norte-Sur. Payeras fue consciente de esta transformación y en la década de los noventa apuntó que Guatemala se encontraba marcada por el carácter periférico y arcaico del capitalismo, así como por el subdesarrollo económico. Según su análisis, el capitalismo no era desarrollado debido a la perpetuación de un modelo económico que no fortalecía el mercado interno, no modernizaba el conjunto de la economía y se sustentaba en inversiones, préstamos y políticas económicas ligadas al capital extranjero y la banca internacional.61 Payeras constató que Guatemala vivió un combate cruzado con los conflictos de la Guerra Fría, aún cuando también se produjeron nuevas situaciones en el enfrentamiento global.
En Los días de la selva retrató, entre otras situaciones, la vivencia cotidiana, el encuentro con los pobladores indígenas y el ajusticiamiento de terratenientes. Su perspectiva describe de manera vívida la cotidianidad de los guerrilleros en la construcción de bases populares dentro de un territorio alejado de las urbes capitalistas, poblado por interlocutores acostumbrados al paso agrícola del tiempo.62 En cambio, en El trueno en la ciudad: Episodios de la lucha armada urbana de 1981 en Guatemala revivió los momentos de la acelerada etapa citadina en la movilización guerrillera.63 Con un tono más crítico, es notorio que el testimonio corresponde a la fase de ruptura con el EGP. Finalmente, en Los fusiles de octubre legó una reflexión teórico-política sobre las condiciones por las cuales llegó a la conclusión de que el ciclo guerrillero se había agotado bajo aquel formato.64 Desde el balance expuesto en dicha obra, el enemigo había logrado su objetivo al modificar la relación de fuerzas en el campo y en aprender de los métodos y movimientos de los grupos armados en su operación capitalina. Es fundamental aclarar que, aunque Payeras fue un combatiente guerrillero, estuvo lejos de ser un militarista. Sus vivencias le permitieron ser un crítico de las concepciones foquistas, a las que adjudicó una mala interpretación del fenómeno cubano y asumió la necesidad de cambiar de táctica según las condiciones sociales del campo popular y las operaciones del enemigo; de acuerdo a su entendimiento, el cambio de estrategia no significaba una derrota.65
Cabe destacar que al igual que otras organizaciones guerrilleras, como la ORPA, en el EGP y en la pluma de Payeras la perspectiva étnica comenzó a ser considerada en los planteamientos estratégicos.66 n la época de auge del movimiento, el EGP brindó incipientes elementos para la construcción teórica e histórica sobre el rol del indio guerrillero. Más allá del tono propagandístico que asumieron los textos a este respecto, el ánimo se sintetizó en la pregunta “¿qué ha ido transformando al callado sembrador de maíz en un decidido combatiente guerrillero?”.67 Indagaciones de los últimos años han demostrado la validez de esta perspectiva que reconoce la agencia de una heterogénea población indígena.68 Payeras, como combatiente guerrillero apuntaló la idea de la “patria multinacional” y de la “complejidad” del mundo indígena, vinculando las dimensiones productivas y culturales.69 Su salida del EGP no amainó su reflexión en esta dirección, pues asumió a partir de la experiencia de la revolución nicaragüense en la zona de la mosquita, la necesidad de desarrollar la noción de autonomía.70 Como lo recuerda Arturo Anguiano, Payeras mantuvo un diálogo sobre este punto con el antropólogo Héctor Díaz Polanco.71
Por lo hasta aquí dicho, es claro que Payeras no sólo fue un revolucionario con las armas, sino también con las ideas. A lo largo de su densa obra marcó con originalidad una perspectiva ambiental. Esto lo llevó a leer su experiencia guerrillera fijándose no sólo en los elementos más conocidos de este tipo de luchas. En su entrevista con Harnecker, enunció que tan importante era aprender: “a seguir huellas, vadear ríos y construir balsas, como reconocer y combatir las ideas erróneas que sobreviven en nosotros y nos llevan a obrar torcido; tan importante era amar las bandadas de loros y la amarilla flor del tamborillo en febrero, como aprender a querer de verdad a nuestros compañeros”.72 La perspectiva ambiental permeó su noción como combatiente en la selva y como responsable de la preparación de materiales de formación política. Desde un uso amplio de la metáfora, Payeras comparó el fortalecimiento del EGP con el crecimiento de las ceibas, los árboles más grandes en territorio guatemalteco. Para él, al igual que toda ceiba que ha comenzado por ser una semilla, las organizaciones como el EGP también inician siendo solo un puñado de revolucionarios.73 Al paso del tiempo, las ceibas crecen nutridas por el sol, el agua y los alimentos de la tierra, mientras que las organizaciones crecen porque se alimentan de los hombres y mujeres del pueblo. En este punto, el proceso de reclutamiento era central pues de ello dependía la fortificación de la organización, y como parte del trabajo político era esencial ganar la confianza, el pensamiento y el corazón de los nuevos revolucionarios, servidores del pueblo.74
La perspectiva ambiental no se contuvo en los márgenes de los testimonios o reflexiones metafóricas, pues se ramificó hacia un discurso que hoy llamaríamos de ecología política. Su visión, asumió que el capitalismo, como civilización, se apoyaba en una idea de progreso como sinónimo de la eliminación sistemática del trabajo físico a expensas del ambiente. De esta forma, para el guatemalteco, el único camino para resolver la cuestión del deterioro ambiental, se encontraba en modificar la relación con la naturaleza y su permanente devastación transformando el concepto y práctica de la civilización. La temática del medio ambiente, afirmaba Payeras, debía entenderse como un eje integrador y totalizador de la visión de futuro. Para él lo ambiental no se reducía a la protección y reconstrucción forestal y animal (aunque éstos eran indispensables) sino a la relación entre la sociedad y naturaleza, es decir, de la manera en que una sociedad democrática, o no capitalista, lograría aprovechar y relacionarse con la naturaleza.75 En última instancia la cultura humanista y ambientalista para Payeras era anticapitalista.
APUNTES FINALES: UN ÚLTIMO POSICIONAMIENTO, ENTRE LA PAZ Y LA DEMOCRACIA
Es importante enfatizar que las ideas de Payeras no sólo se articularon en el carácter periférico de su itinerario, su actividad guerrillera o su disposición ecológica, pues hacia el cierre de su vida también se incorporó la discusión por la paz y la democracia. En el contexto de las negociaciones de paz del año de 1994, Payeras llamó a la URNG a firmar los acuerdos que dieran fin al conflicto armado. Su proposición se sustentó en dos puntos medulares. Por un lado, afirmó que los factores estratégicos favorables que se habían construido a lo largo de una década de lucha en los frentes guerrilleros (durante el decenio de los años setenta) y entre la solidaridad con la oposición antidictatorial, habían sido devastados por la contrainsurgencia y por los cambios en el mundo;76 lo que dibujaba un contexto de sumo adverso. Por otro lado, invitó a la URNG a considerar que, si de verdad deseaba servir a su pueblo, en sus manos estaba la posibilidad de firmar la paz y dar fin a una guerra que no representaba ya ningún camino de emancipación ni entrañaba esperanzas de cambio. Concluyó que, si bien la paz por sí sola no resolvería todas las necesidades de los guatemaltecos, era la precondición para luchar por todo lo restante, para lo cual, decía, sobraba en el pueblo cabeza y corazón.77
En el auge de las negociaciones de paz y de la reconstrucción guatemalteca, Payeras criticó el uso del término “nueva izquierda” por ser una forma de exclusión de los dirigentes y combatientes de la URNG y, por tanto, la creación de un nuevo sectarismo. Además de ello, apuntó que el propio concepto de izquierda era erróneo en tanto que era difuso, porque en su perspectiva la política no era asunto de posiciones espaciales. Propuso entonces optar por la denominación de revolucionario, para quien no temiera a definirse como tal, o bien referirse a la designación de los sujetos acorde a la ideología política que profesaran.78 En lugar de la noción de “nueva izquierda”, Payeras sostuvo que la política de alianzas debía resumirse en un movimiento cívico que lograse abarcar a todos aquellos partidos, organizaciones e individuos que coincidieran en el propósito de democratizar a Guatemala, entendiendo por esto, no la simple libertad de agrupación política sino llevar la democracia a convertirse en el programa social básico para garantizar la convivencia pacífica de trabajadores y empresarios, de mayas y no mayas, de gentes de diversos credos, de mujeres y hombres, de humanos y naturaleza.79
Consciente de que las condiciones de lucha habían cambiado y lejos se encontraban las pugnas de 1970 y la Guerra Fría, el horizonte de Payeras se enfiló en otra dirección. De una parte, en la lógica de la separación Norte y Sur, a través del examen del carácter periférico del capitalismo en Guatemala y, de otra, en la necesidad de la construcción democrática y la conquista popular de la paz que se presentó como el camino para la salvaguarda de los derechos humanos y la vida. La Guerra Fría global, como escala macro se agotó y con ella sus articulaciones periféricas. En cambio, la escala micro del revolucionario Payeras se movió hacia nuevos espacios globales de confrontación.










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