En esta nueva obra, Un nuevo cambio estructural del espacio público y la política deliberativa,1 Jürgen Habermas emprende, por un lado, una serie de aclaraciones y ampliaciones sobre el modelo de política deliberativa, así como sus conceptos adyacentes -como el de consenso (Konsens), situación ideal de habla (ideale Sprechsituation) y el espacio público-político (politische Öffentlichkeit)-, a la luz de las principales críticas realizadas a su obra de 1992, Facticidad y validez (Faktizität und Geltung), en particular, desde los enfoques agonísticos de lo político. Por otro lado, Habermas analiza la cuestión fundamental en torno al impacto, en el espacio público, de los actuales procesos de digitalización de los mass media y el imperio actual de las redes sociales en las cuestiones públicas y procesos políticos, generando un interés amplio, como lo muestra la obra de Martin Seeliger y Sebastian Sevignani Ein neuer Strukturwandel der Öffentlichkeit? (¿Un nuevo cambio estructural en el espacio público?) de 2021,2 donde se incluye el texto de Habermas “Überlegungen und Hypothesen zu einem erneuten Strukturwandel der politischen Öffentlichkeit” (Reflexiones e hipótesis sobre un nuevo cambio estructural en el espacio público-político), el cual conforma el primer apartado de esta nueva obra, donde retoma el tema del espacio público-político tras 60 años de la publicación de Strukturwandel der Öffentlichkeit (Cambio estructural del espacio público), la cual fue su primera gran publicación, ésta habría de convertirse en un clásico de la investigación sobre la historia y las perspectivas teórico-prácticas de conceptos como opinión pública (öffentli- che Meinung), público-privado (öffentlich-Privat) y espacio público (Öffent- lichkeit).3
En esta obra, Habermas emprende primero la clarificación del cómo se debe comprender el proceso democrático bajo el modelo de la política deliberativa. Éste no es un ideal normativo abstracto, sino un presupuesto de la democracia en el marco del Estado de derecho (Rechtsstaat), cuyo consenso de fondo (Hintergrundkonsens) descansa en los derechos fundamentales estatalmente sancionados, contexto en el cual pueden lograrse consensos políticos fundados en procesos jurídicamente institucionalizados propios de una formación democrática de la voluntad. En el modelo de la política deliberativa, los procesos centrales de la formación democrática de la voluntad son, primero, la inclusión en el espacio público-político de todos los posibles afectados por las decisiones y, segundo, la deliberación libre que sustenta la expectativa de solucionar problemas en un marco cognitivamente correcto y sólido donde se producen resultados racionalmente aceptables. La función del espacio público-político es nutrir el debate parlamentario y visibilizar los temas críticos del mundo de la vida (Lebenswelt), actuando como un cuerpo de resonancia (Resonanzboden) de problemas sociales críticos.
El modelo de política deliberativa descansa en la idea de una comunidad democrática en la que los ciudadanos intervienen en lo público desde una perspectiva del participante bajo los principios de igualdad y libertad. Cuando esto no se cumple, se producen crisis de legitimidad institucional en el sistema político, impactando en el comportamiento cívico. Habermas observa expresiones de este síntoma en el fracaso del sistema político estadounidense en cumplir las expectativas constitucionalmente garantizadas de los ciudadanos, observándose una desintegración del ideal democrático-discursivo, malestar con el que se puede interpretar el asalto al Capitolio por parte de simpatizantes de Donald Trump el 6 de enero de 2021 y el eco aprobatorio que tuvo dentro de segmentos significativos de la población. Otra referencia es el asalto a las sedes de los poderes estatales en Brasilia, a inicios de 2023, por parte de simpatizantes de Jair Bolsonaro.
Respecto de la crítica desde los enfoques agonísticos de lo político,4 Habermas aclara que la política deliberativa se encuentra orientada hacia el acuerdo a través de la defensa más o menos racional de pretensiones de validez susceptibles de crítica, no obstante, tal proceso no debe ser malinterpretado como un pacífico evento de seminario (friedliche Seminarveranstaltung), sino que suele tomar la forma de una disputa política, con- firiendo un carácter agonal (agonaler Charakter) al proceso deliberativo: “Wer argumentiert, widerspricht” (“Quien argumenta, contradice”, p. 25, 73). El proceso democrático estaría siempre alterado por una marea de disenso (Flut von Dissens) generada por la posibilidad permanente del decir-no (Neinsagen), intrínseca a la búsqueda cooperativa de la verdad, así como de decisiones racionalmente aceptables, lo cual constituye el quid de la política deliberativa. Finalmente, Habermas acentúa dos condiciones centrales para el modelo de política deliberativa: una cultura política liberal donde pueden expresarse diferencias y un determinado grado de igualdad social que posibilita la participación ciudadana en los procesos democráticos y deliberativos. Un grado alto de desigualdad y marginación determina un importante abstencionismo y descrédito en las instituciones, tal descontento y desintegración social, producto de décadas de neoliberalismo, ha sido explotado y movilizado por movimientos populistas de derecha.
Nueva transformación estructural de la Öffentlichkeit: procesos de digitalización y ciberespacio
El tema fundamental de este título es el análisis de Habermas sobre el impacto de los medios digitales para la transformación estructural del espacio público-político. El estudio de los mass media recorre transversalmente todo su trabajo desde el inicio, siendo el más acabado el de Faktizität und Geltung; no obstante, a tres décadas de su publicación, debía ser reformulado en relación con el análisis de los mass media ante el vertiginoso desarrollo de internet y del ciberespacio después de 1995. Actualmente, Habermas observa la transformación social digital como una cesura revolucionaria en la historia del desarrollo humano equivalente a la introducción de la imprenta. Las innovaciones de las tecnologías digitales a nivel global han extendido los flujos comunicativos a una velocidad inaudita, aumentando su complejidad sistémica y diluyendo los límites espaciales y temporales globales del espacio público-político: desde las pantallas, el mundo se ha vuelto más pequeño. No obstante, Habermas enfatiza que este vertiginoso proceso también ha fortalecido una tendencia hacia la fragmentación del espacio público-político, generando una constelación de opiniones públicas en competencia.
¿Qué cualidad deliberativa tienen tales opiniones? Esto depende de si en su proceso formación (input, throughput y output) cumplen con determinados estándares funcionales. Desde el aspecto sistémico del input o entrada, las opiniones públicas se determinan por su relevancia: cuando los productores de opinión son lo suficientemente receptivos al descubrimiento de problemas que requieren de regulación. Desde el output o salida, las opiniones públicas se determinan por su efectividad: esta se genera sólo cuando las aportaciones de los productores de opinión despiertan la atención de la población. Habermas se centra en el Mediensystem responsable del throughput. Los Massenmedien construyen un espacio donde se filtran aquellos ruidos comunicativos (kommunikative Geräusche) generados por la constelación de aportaciones de los actores de la sociedad civil en los encuentros cotidianos y eventos públicos, condensando así las opiniones públicas relevantes y efectivas. La pregunta central es cómo la digitalización del Mediensystem ha transformado la forma en que los Massenmedien realizan esa función. Este proceso requiere un personal profesional que pueda condensar las opiniones públicas de la ciudadanía, desempeñando el papel de guardianes (Gatekeeper) del flujo comunicativo. Tales guardianes son los periodistas y editores que trabajan como personal calificado, que junto con las empresas que ofrecen la organización técnica y la di- fusión, constituyen la infraestructura de la Öffentlichkeit, determinando los dos parámetros centrales de la comunicación pública: tanto el alcance como la cualidad deliberativa de la oferta mediática.
En relación con ambos parámetros, Habermas observa que los estudios empíricos sobre los medios digitales muestran una gran dificultad acerca de la cualidad deliberativa frente al debate público en la era digital. Esta cualidad es un indicador ya de por sí difícil de operacionalizar en el ámbito de los procesos de decisión en las instituciones estatales, por lo que explorando esta variable, el autor considera que los datos comparativos a largo plazo, sobre la utilización de los mass media, ofrecen una pauta para deducir el nivel de reflexión (Reflexionsniveau) de las opiniones públicas, a partir de una evaluación de la calidad de la oferta de los medios masivos utilizados. Los efectos de este proceso de digitalización descansan en la forma y modo en que los usuarios utilizan las ilimitadas posibilidades de conexión ofrecidas por las Plataformas (Plattformen). Según Habermas, para la estructura de medios (Medienstruktur) del espacio público, lo específicamente nuevo en el proceso de digitalización es tal carácter de plata- forma (Plattformcharakter). Con ello, los nuevos medios se desprenden de la mediación periodística, y la relación lineal y asimétrica audiencia/emisor cambia radicalmente su forma de comunicación dominante en el espacio público hacia una estructura comunicativa igualitaria y horizontal, generando una potencial fuerza movilizadora utilizada tanto por movimientos de resistencia como de derecha. Lo fundamental es que las plataformas habitan y empoderan a cada usuario como autores independientes con los mismos derechos, ofreciendo una pizarra vacía para cualquier contenido comunicativo. Las empresas digitales no producen, seleccionan o editan los contenidos subidos por los usuarios, apareciendo para Habermas como mediadores irresponsables (unverantwortlich) frente a la contingente multiplicación y aceleración de los discursos cuyo contenido es imprevisible, teniendo consecuencias radicales para el patrón de la comunicación pública con lo que es necesaria la regulación de las plataformas para garantizar una filtración de los contenidos que atentan contra la verdad, ya que en el Rechtsstaat es un mandato constitucional asegurar que la estructura de medios posibilite tanto el carácter inclusivo del espacio público como el deliberativo del proceso de formación de la voluntad y de la opinión.
Habermas identifica varias problemáticas importantes de este proceso. Primero, considera que esta gran promesa emancipatoria se ve ahogada, al menos parcialmente, por el predominio de un ruido confuso generalizado en el anárquico y espontáneo intercambio de opiniones, en los que se producen espacios de eco (Echoräumen) fragmentados y autorreferenciales. Los síntomas de estas cámaras de eco son las movilizaciones anti-Coronavirus, así como el libre debate de toda clase de teorías de la conspiración desde grupos libertarios. Segundo, una causa del fenómeno es el declive de la función editorial de la prensa clásica, con la selección profesional y examen racional-discursivo del contenido mediante estándares cognitivos, erosionando su antigua función como guardián del discurso. Incluso en la prensa adaptada a los medios digitales, Habermas observa un acentuado proceso de desprofesionalización y despolitización, en su lógica de captar el interés del usuario digital, cada vez más disperso y con menor capacidad de atención, con contenidos dirigidos al entretenimiento. Siguiendo su análisis de 1950, Strukturwandel der Öffentlichkeit, se trata de una radicalización de la tendencia hacia la construcción de un espacio público despolitizado de carácter plebiscitario y exclamativo ahora por las vías del botón me gusta/no me gusta que circunscriben la validación del follower, cuyo ejemplo es la movilización plebiscitaria de Donald Trump hacia sus bases políticas a través de Twitter. Esto llevó a una fuerte polarización y desintegración temporal del espacio público-político, ya que el intercambio comunicativo dejó de expresarse en términos de un debate guiado por pretensiones de validez susceptibles de crítica, generando un intimista semiespacio-público (Halböffentlichkeit) donde se desvanecen los límites entre lo público y lo privado. Habermas considera a este fenómeno como parte de lo que en las actuales discusiones en el marco de las ciencias sociales y de la comunicación se ha denominado espacios públicos trastornados (disrupted public spheres).
En este proceso de digitalización, Habermas observa que la calidad discursiva generada por el desempeño del papel de autor del usuario digital no se verifica en la vorágine de opiniones desinhibidas y disonantes cristalizadas en cámaras de eco inmunizadas a la crítica y discusión racional, así como espacios dogmáticos autorreferenciales conformados por personas que piensan lo mismo, articulando auténticas islas de comunicación (Kommunikationsinseln), las cuales se elevan a un auténtico rango epistémico para los espacios públicos en competencia. De acuerdo con el autor, este fenómeno es preocupante ante el dominio y veloz difusión de Fake news, lo que impacta directamente en la calidad discursiva de las opiniones políticas articuladas en las plataformas: la acumulación de Fake news no es lo fundamental para la deformación de la percepción en el espacio público-político, sino que los usuarios han perdido la capacidad de identificarlas como tales. Finalmente, una característica esencial de los nuevos medios digitales, que se agudizará y consolidará con el desarrollo e imperio de la inteligencia artificial, es el control y filtración de la información a través de algoritmos. El análisis del big data generado por parte de inteligencias artificiales tiene como objetivo articular estrategias de marketing comercial y político a un nivel micro no visto antes, reforzando el denominado capitalismo de vigilancia (Überwachungskapitalismus).5 Se trata de una infiltración en la sociedad mediática (Mediengesellschaft) de la lógica de valorización del capital hacia el mundo de la vida mediante procesos digitales conducidos por algorítmos, lo cual tendrá profundas consecuencias sociales y políticas.










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