Introducción
Durante las últimas dos décadas la complejidad que caracteriza a la migración de retorno tiene mayor visibilidad en la dinámica de los flujos migratorios, al mismo tiempo que ha sido objeto de estudio en diversas investigaciones (King, 2024; Masferrer, 2021; Rivera, 2019; Levine, Núñez y Verea, 2016). En México algunos de los temas que dominan los estudios referentes a la migración de retorno se centran en: i) las discusiones y análisis del retorno a la luz de las teorías para explicar este proceso, ii) la clasificación de los motivos, las formas o los tipos de retorno y iii) la reinserción laboral y sociocultural de los migrantes en sus comunidades de origen (Solís, 2018).
Diversos factores funcionan como catalizadores de la migración de retorno, entre ellos están las crisis y sus impactos, el endurecimiento de las políticas migratorias de los países receptores, las presiones familiares y el desempleo. Estos elementos ponen de manifiesto algunas problemáticas como la existencia de una desconexión entre proyectos migrantes y políticas públicas integrales (origen-destino), la fluctuación en el envío de remesas, el auge de discursos alarmistas sobre el retorno o los movimientos masivos de población, y los desafíos en la reintegración económica y social en los lugares de origen (CEPAL y OIM, 2010).
Cada vez con mayor énfasis el gobierno estadunidense ha aplicado medidas en materia de control migratorio, con remoción y retorno de extranjeros que se encuentran en el interior o que intentan ingresar a su territorio, considerando la base de inadmisibilidad y la deportación. México es el país con mayor número de personas expulsadas desde los Estados Unidos; por ejemplo, durante el periodo 2009-2019 el porcentaje de mexicanos llegó a representar 80 por ciento del total de los eventos registrados. Dentro de esta dinámica es notorio que descendieron los casos de retorno que se relacionan con el ingreso de nuevos migrantes, mientras que los incidentes de remoción (referidos a inmigrantes establecidos en los Estados Unidos) aumentaron (U. S. Department of Homeland Security, 2019).
Es posible que el incremento en la cantidad de retornados provenientes de los Estados Unidos responda a las medidas de endurecimiento en la contratación laboral y restricciones adicionales aplicadas en el mercado laboral a extranjeros, así como a las campañas de mayor seguridad en la frontera, incluyendo la construcción del muro fronterizo. Dichas medidas funcionan como elementos de contención migratoria, desincentivando las decisiones de migración en los países de origen. Aunque desde hace décadas una de las prioridades de la política migratoria estadunidense es la protección de las fronteras, en años recientes el resguardo al interior de su territorio tomó mayor relevancia, lo que modificó los patrones de integración y estabilidad de los migrantes (Gandini, Lozano-Ascencio y Gaspar, 2015).
La movilidad de retorno es un proceso complejo con múltiples dinámicas que pueden llegar a generar problemáticas e impactar en diversos niveles de la sociedad (individual, familiar y comunitario) y de la gestión pública (local, subnacional, nacional e internacional) (Gandini, Lozano-Ascencio y Gaspar, 2015; García y Del Valle, 2016; Masferrer, 2021; Larios, 2024). Cuando este fenómeno ocurre de manera masiva puede representar una carga considerable para la comunidad receptora y para sus familias. De manera adicional, el retorno de personas migrantes interrumpe el flujo de remesas internacionales, lo que genera nuevas vulnerabilidades sobre la educación, la atención de la salud y el acceso a la vivienda (Fonseca, Hart y Klink, 2015).
Cuando los migrantes regresan a su lugar de origen tienen que reajustarse a una nueva realidad económica y social, así generan cambios que se impulsan por una influencia innovadora limitada, los conocimientos adquiridos y la movilidad de recursos; de tal suerte que, si el reajuste no logra cierto grado de reintegración, los migrantes retornados tienden a emigrar nuevamente (Cassarino, 2004; Mestries, 2015). Entre los determinantes en el proceso de esta reintegración se pueden encontrar diversos factores como: las habilidades adquiridas, el capital financiero, la capacidad de invertir, convertirse en un actor del cambio (innovación), el área de asentamiento (rural o urbano), las relaciones de poder local, las tradiciones y los valores (Cassarino, 2004).
Desde una perspectiva internacional y macroeconómica, Martin (2014) sugiere como determinantes de la migración el reclutamiento, las remesas y el retorno, siendo puntos clave que tienen efectos no uniformes sobre las diferencias económicas en diversos países asiáticos y en México. Por otra parte, Ramírez y Aguado (2013) plantearon un modelo con datos nacionales para profundizar el análisis de los determinantes de la migración laboral del retorno en México. Estos autores consideraron en su modelo factores sociodemográficos, económicos y contextuales como elementos que inciden en la decisión de retornar de las personas migrantes.
El retorno de los migrantes y sus familias debe traducirse en “una mayor atención a las localidades expulsoras que tradicionalmente han dependido de las remesas como parte fundamental de sus ingresos y en asegurar que existan las condiciones para su inclusión en las instituciones de salud, educación y vivienda, así como garantizar su acceso a los mercados regionales” (Ramírez y Aguado, 2013, p. 188).
Ante la complejidad de la dinámica en el proceso de retorno es “necesario contar con más información sobre los factores que contribuyen a una acertada reintegración, y por ende a su sostenibilidad” (Fonseca, Hart y Klink, 2015, p. 13). En este contexto, y con el objetivo de contribuir a identificar aquellos atributos que inciden en la reintegración de los migrantes retornados a sus lugares de origen, el presente estudio se centra en examinar en qué medida influyen los rasgos personales, familiares y el contexto local sobre la reintegración económica y social de los migrantes retornados de Mariscala de Juárez, un municipio rural que se ubica en la región de la Mixteca oaxaqueña.
Para lograr nuestro objetivo, y debido a la falta de información sobre migración de retorno a nivel local, fue necesario aplicar una encuesta en las localidades que integran el municipio de Mariscala de Juárez. Dicha encuesta nos permitió recolectar información sobre las percepciones de los migrantes retornados, diversas características demográficas, aspectos relacionados con su experiencia migratoria y laboral, características de sus relaciones familiares y sociales, cuestiones referentes a su estado de salud y su pertenencia a programas sociales.
La reintegración involucra factores interrelacionados que influyen en acrecentar o disminuir las probabilidades de éxito de los migrantes retornados y con ello garantizar una mayor estabilidad económica y social. La reinstalación en el origen es multifactorial debido a que ocurre en diversos contextos, grupos poblacionales, dinámicas locales y procesos e instituciones que interactúan en las comunidades de origen (Cruz y Cuecuecha, 2018). De esta forma, podemos afirmar que existe una variedad de dimensiones que definen los patrones de reintegración, todas ellas vinculadas con distintos factores que se proyectan desde el individuo hacia la sociedad (Rivera, 2013; García y Del Valle, 2016; Masferrer, 2021).
Un retorno exitoso implica poder incorporarse de nuevo a la comunidad de origen, readaptándose a múltiples dimensiones, entre ellas la social y la económica. Dada su experiencia migratoria, las personas migrantes retornadas adquirieron ciertos conocimientos y habilidades que les permiten reajustarse o no a un nuevo modo de vida. Como parte de los factores que influyen en la readaptación del retornado al ámbito local se encuentran los siguientes: contar con proyectos definidos, las circunstancias involucradas durante el regreso, las dificultades del contexto, el capital acumulado para impulsar iniciativas, las relaciones sociales (individuales y familiares) y el entorno institucional (Cassarino, 2004).
De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la reintegración es “un proceso que permite a las personas restablecer los vínculos económicos, sociales y psicosociales necesarios para valerse por sus propios medios y preservar su subsistencia, dignidad e inclusión en la vida cívica” (Sironi, Bauloz and Emmanuel, 2019, p. 176). La OIM propone los siguientes conceptos como componentes de la reintegración: i) la reintegración económica, proceso a través del cual las personas retornadas se reincorporan a la vida económica de su país de origen, y tienen la capacidad de ganarse la vida por sí solos, y ii) la reintegración social, implica el acceso de los migrantes a la infraestructura y servicios públicos de su país de origen en ámbitos como salud, educación, vivienda, justicia y protección social (Sironi, Bauloz and Emmanuel, 2019). La reinserción de una persona migrante en las estructuras sociales de su país de origen “incluye tanto el desarrollo de una red personal (amigos, familiares, vecinos) y el desarrollo de las estructuras de la sociedad civil (asociaciones, grupos de autoayuda y otras organizaciones)” (Sironi, Bauloz and Emmanuel, 2019, p. 177).
Este artículo contribuye a la discusión sobre la migración de retorno del sureste mexicano, en particular de localidades ubicadas en la región de la Mixteca oaxaqueña. El estudio brinda elementos que permiten identificar patrones de la reintegración en esta región y presenta el perfil sociodemográfico de los retornados, así como propone recomendaciones de políticas públicas locales. Nuestra investigación es de corte cuantitativo y emplea modelos de regresión logística para identificar aquellos factores que favorecen la reinserción económica y social de las personas retornadas a su lugar de origen.
Además de la introducción, el artículo se divide en cuatro secciones. En la primera se describen aspectos contextuales de la migración de retorno en el municipio de estudio y cómo este se sitúa dentro de contextos más agregados. En la segunda sección se expone la ruta metodológica seguida en la investigación: datos, métodos y descripción de las variables empleadas en los modelos estimados. En la tercera se presentan los resultados y sus implicaciones. Finalmente en la cuarta sección se presentan las conclusiones.
Antecedentes contextuales
México forma parte del corredor más importante de los flujos migratorios internacionales, encabezado por el principal polo de atracción: los Estados Unidos. El territorio mexicano es el último eslabón de una región tradicionalmente expulsora de migrantes, integrada por países de Centroamérica y Sudamérica. En años recientes México se convirtió en una nación donde concurren diversos movimientos poblacionales que se desplazan en distintas direcciones, transformándose en un país de tránsito, destino y retorno (Pardinas, 2008; Gandini, Lozano-Ascencio y Gaspar, 2015; Canales y Rojas, 2018).
Los cambios del fenómeno migratorio en México no ocurrieron de manera uniforme a lo largo del tiempo ni en todo su territorio, lo que ha llevado a los especialistas a identificar cuatro regiones migratorias: norte, tradicional, sur-sureste y centro (Durand y Massey, 2009; Masferrer, 2021). En los últimos años la dinámica del retorno en estas regiones se transformó y diversificó, evidenciando tendencias como el aumento del regreso de personas con estancias prolongadas en los Estados Unidos, el incremento de menores acompañantes con nacionalidad estadunidense y la intensificación de la movilidad humana facilitada por redes transnacionales familiares. En la actualidad prácticamente en todos los municipios del territorio mexicano se tiene presencia de personas que han vivido en los Estados Unidos (Masferrer, 2021).
Con base en información proporcionada por la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas (2024),1 en los últimos diez años el retorno en la región sur-sureste aumentó, dicha región engloba a las entidades con el mayor número de mexicanos retornados: Chiapas (1), Guerrero (2), Oaxaca (4) y Veracruz (7); mientras que en la región tradicional se encuentran los estados de Guanajuato (3), Michoacán (5) y, en menor medida, Jalisco (9), Zacatecas no aparece dentro de los primeros diez lugares. Por su parte, en la región centro resaltan los estados de Puebla (6) y el Estado de México (8).
El estado de Oaxaca2 ha sido reconocido como una entidad federativa emergente dentro de los flujos migratorios hacia los Estados Unidos y respecto a la migración de retorno. En territorio oaxaqueño los migrantes retornados se encuentran dispersos tanto en pequeñas ciudades como en poblaciones que están en proceso de transición rural urbana, así como en municipios rurales donde el retorno migratorio ha mostrado un incremento significativo en los últimos años (Masferrer, 2021; Larios, 2024).
Los estudios sobre el retorno en Oaxaca han abordado diferentes escalas geográficas y territoriales. Algunos analizan el estado en su conjunto para ofrecer un panorama general, con un creciente interés por identificar problemáticas y conjuntar elementos para la formulación de políticas públicas a través de un enfoque integral del desarrollo local y humano. Asimismo, estos estudios buscan explicar y caracterizar las regiones migratorias dentro del estado (García y Del Valle, 2016; Reyes de la Cruz, Alvarado Juárez y Reyes Alavez, 2017; Larios, 2018).
Entre las regiones oaxaqueñas que han sido objeto de estudio se encuentran los Valles Centrales y la Costa Chica, donde el retorno se asocia con la convivencia escolar de jóvenes, la conversión religiosa, la identificación de fuentes de ingreso, y con variables de capital humano y social que contribuyen al bienestar familiar en las comunidades (Alvarado, 2019; Quecha, 2014; Reyes y Gijón, 2018). Por otro lado, en la región Mixteca, la investigación de Larios (2024) se enfoca en evaluar la gestión migratoria de gobiernos municipales y analizar las estrategias de reintegración de personas migrantes retornadas. Por su parte, otras investigaciones delimitaron su análisis a comunidades con una fuerte identidad rural tomando en cuenta aspectos culturales y étnicos. En este sentido, se han estudiado poblaciones zapotecas, mixes, jóvenes ayuujk, afrodescendientes, entre otros (Alvarado, 2019; Jiménez, 2015; Jiménez, 2016). Del mismo modo, algunos estudios adoptan una perspectiva centrada en la demarcación territorial municipal (Salas, 2013).
En el estado de Oaxaca la migración internacional se intensificó debido a los fuertes lazos y las sólidas redes de migrantes que posibilitan la llegada continua de personas a los Estados Unidos (López, 2015). La migración contribuye a la mejora de algunos aspectos en los municipios expulsores, así como en la vida cotidiana y las prácticas sociales de los migrantes (Reyes de la Cruz, Alvarado Juárez y Reyes Alavez, 2017).
Según datos oficiales, en 2020 Mariscala de Juárez contaba con una población total de 3,739 personas, equivalente a 0.09 por ciento de la población estatal. De ese total 1,787 eran hombres y 1,952 mujeres. El 29 por ciento de la población tenía entre cero y quince años de edad, 57 por ciento se encontraba en edad productiva (15 a 65 años) y solo 14 por ciento superaba los 65 años (INEGI, 2020). La Figura 1 muestra la tendencia poblacional del municipio, donde se observa una disminución considerable de la población entre 1990 y 2000; mientras que en 2010 se registró un aumento de 157 personas en la población total. Considerando la Encuesta Intercensal 2015, la población en el municipio disminuyó 1.24 por ciento del total en cinco años, sin embargo, en 2020 se registró un crecimiento de 6.7 por ciento.

Fuente: elaboración propia con base en INEGI, Censo de población y vivienda 1990, 2000, 2010 y 2020, y Encuesta intercensal 2015.
Figura 1 Tendencia del total de la población en Mariscala del año 1990 al 2020
Desde hace más de una década el municipio muestra un alto grado de pobreza (CONEVAL, 2010), lo que hace que su población sea más vulnerable a los procesos de migración y retorno. Esto se debe a que el entorno económico no ofrece suficientes oportunidades para generar ingresos que permitan cubrir las necesidades básicas. Entre los principales problemas que requieren atención destacan la pobreza extrema, el bajo nivel educativo y la precariedad de los ingresos (PNUD, 2014).
La pobreza es una condición de vida que limita la satisfacción de necesidades básicas e imposibilita la plena integración social y económica. Actualmente en Mariscala existe una presión creciente sobre la base socioeconómica, como consecuencia de la demanda de trabajo por parte de la población joven que necesita emplearse e integrarse a la dinámica económica local, incluso es muy probable que esta situación persista en los próximos años (INEGI, 2020). En este contexto, las remesas y la migración funcionan como válvulas de escape, lo que permite mitigar los efectos de la precariedad económica en los lugares de origen de los migrantes (Mora-Rivera y Morales, 2018; Canales, 2006).
En Mariscala 65 por ciento de la población de 15 años o más tiene una educación básica incompleta, lo que indica que poco más de la mitad de la población solo cuenta con educación primaria o secundaria. El Índice de Desarrollo Humano reafirma esta situación, evidenciando que existe una mayor cobertura en salud, pero el ámbito de la adquisición de conocimiento es limitado (PNUD, 2014). Cuando las condiciones de vida son precarias, las personas priorizan la obtención de un ingreso sobre la continuidad en su formación escolar.
De acuerdo con Cerón y Larios (2020), desde finales de la década de 1950, los habitantes de Mariscala de Juárez salen de la demarcación en busca de mejores oportunidades, pero fue a partir de la década de 1990 cuando el flujo migratorio comenzó a crecer de manera constante hasta 2010, año en el que ocurre una caída considerable en la migración. En cuanto a la migración de retorno, se identifican dos períodos con incremento sostenido en el número de migrantes que regresan a la comunidad. El primero abarca seis años, de 2002 a 2008, mientras que el segundo intervalo se extiende de 2009 hasta 2012, año en que se alcanza el punto máximo de retorno (Cerón y Larios, 2020).
Método, datos y variables
La ruta metodológica
Con base en los cuestionarios aplicados por el Colegio de la Frontera Norte (2017); Módulo sobre Capacitación y Reinserción Laboral EMIF Norte, y el INEGI (2014), se diseñó un instrumento para la recolección de información a nivel municipal, al que se le denominó Encuesta sobre Migración de Retorno y Reintegración Económica y Social (EMIRR). Esta encuesta se aplicó en Mariscala de Juárez, Oaxaca, del 24 de marzo al 30 de abril de 2018, en tres localidades que conforman el municipio: Mariscala, Guadalupe la Huertilla y el Fraile.3
Para la unidad de análisis se optó por estimar una muestra, se consideró como universo que 25 por ciento de la población del municipio podría ser migrante de retorno, lo que equivale a 872 personas. Esta cifra se obtuvo a partir del total de habitantes registrados en la Encuesta Intercensal 2015 que reportó una población de 3,486 personas residiendo en el municipio. Para la estimación de la muestra se utilizó la siguiente formula:
Dónde:
n es el tamaño de la muestra.
N representa el tamaño de la población (872).
σ es la desviación estándar de la población, con un valor de 0.3.
Z es el valor del nivel de confianza. Considerando que 95 por ciento de confianza equivale a 1.96.
Con base en la fórmula anterior se determinó que la muestra total de encuestas debía ser de 119. No obstante, se levantaron 124 encuestas considerando la posibilidad de que alrededor de cuatro por ciento de ellas pudiera contener problemas de información. Todos los migrantes de retorno encuestados tuvieron a Estados Unidos como destino, contaron con experiencia laboral en este país y posteriormente se reincorporaron a su comunidad de origen.
Dado que no existen datos previos sobre esta población y debido a la complejidad que representa su movilidad, se utilizó un muestreo no probabilístico denominado cadena o bola de nieve.4 Para facilitar la identificación de personas en condición de retorno se detectaron lazos familiares y de amistad. Asimismo, se complementó la búsqueda mediante el uso de redes sociales como Facebook para contactar a conocidos y obtener referencias sobre migrantes retornados.
La encuesta fue codificada con el propósito de generar una base de datos que permitiera realizar análisis estadísticos y modelos econométricos. La EMIRR se estructuró en seis apartados, en los cuales se registraron: i) las principales características demográficas de los migrantes retornados, ii) la experiencia migratoria en dos fases; el inicio de la migración y el retorno como etapa que completa un ciclo migratorio, iii) la estancia laboral en los Estados Unidos, iv) la reintegración económica y social en la comunidad de origen, v) la reintegración social y las relaciones familiares, y vi) la participación en programas sociales y de salud. Las respuestas de los reactivos fueron codificadas y ordenadas con base en el número de folio asignado a cada migrante registrado. En total se estructuraron 178 respuestas distribuidas en 30 preguntas.
Construcción del modelo econométrico para identificar los determinantes de la reinserción económica y social del migrante retornado
Considerando los datos recabados por la EMIRR, se proponen dos modelos de regresión logística para identificar aquellos factores que influyen en la probabilidad de que: i) los migrantes con ciertas características logren una reinserción económica favorable a través del emprendimiento de un negocio, y ii) los migrantes logren su reinserción social al ser beneficiarios de algún programa gubernamental. En ambos procesos intervienen diversos factores, entre ellos:
La edad
Influye en la estructura y dinámica de una comunidad, ya que determina la participación de los individuos en distintos ámbitos. En el contexto económico la edad condiciona el acceso al empleo, la estabilidad laboral y las oportunidades de emprendimiento, mientras que en el ámbito social incide en la integración comunitaria, las redes de apoyo y la capacidad de adaptación a cambios socioculturales. Estar dentro de una edad productiva, como etapa de vida, permite un mayor aprovechamiento de las capacidades individuales. Por ejemplo, es más probable que una persona de entre 25 y 50 años decida emprender un negocio para mantener a su familia.
El sexo (género)
El ser hombre o mujer puede ser una variable que impacta de manera diferenciada la posibilidad de iniciar un negocio, debido a factores socioculturales y económicos; así mismo, posibilita el ingreso a distintos programas sociales diferenciados por este atributo.
El estado civil
Esta variable influye en las responsabilidades económicas del individuo. Estar casado implica mayores dependientes económicos y la necesidad de generar un ingreso para solventar los gastos de la familia, mientras que estar soltero puede implicar menores obligaciones financieras.
La escolaridad
El nivel educativo facilita el aprendizaje, la adquisición de conocimientos y el desarrollo de habilidades, lo que contribuye a una mejor administración de un negocio.
El dominio del idioma inglés
La capacidad de hablar inglés puede reflejar un espíritu emprendedor, una disposición para aprender cosas nuevas, enfrentar nuevos retos y alcanzar objetivos. Esta habilidad lingüística es particularmente relevante en municipios con vocación turística.
El tiempo como migrante (experiencia migratoria)
La duración de la estancia en Estados Unidos influye en la integración del migrante, incluso más si han sido muchos años de permanencia en el exterior. Aquellos que tuvieron una estadía con largos períodos en el extranjero suelen adoptar un estilo de vida con expectativas de acceso a servicios básicos en su hogar.
La tenencia de documentos migratorios (el estatus legal)
Disponer de documentación que garantice la movilidad entre el país de origen y el de destino facilita la migración circular. Este proceso no solo permite el tránsito regular de los retornados, sino que también les proporciona acceso a diversos recursos que pueden favorecer su reintegración. En particular, contar con un estatus legal regularizado les otorga una ventaja para establecerse y desarrollar iniciativas empresariales, contribuyendo al crecimiento económico tanto a nivel individual como comunitario.
Tiempo transcurrido desde el retorno
Los años que una persona permanece en la comunidad después de su experiencia migratoria pueden indicar el grado de estabilidad y solidez en su proceso de reintegración. Si la experiencia migratoria cumplió con sus expectativas u objetivos es probable que el migrante considere que concluyó su ciclo migratorio; de lo contrario, podría optar por comenzar una nueva experiencia migratoria.
La capacitación
La participación en cursos de formación puede incrementar las oportunidades de emprendimiento. Los conocimientos adquiridos en estos programas pueden aplicarse en actividades económicas que generen ingresos y favorezcan la estabilidad del migrante retornado.
La certificación
Las personas que poseen algún certificado que avale sus conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes, pueden confirmar con más facilidad que cumplen con ciertos requisitos que podrían contribuir al momento de emprender nuevos retos.
La intención de regresar a Estados Unidos
La expectativa de una nueva migración puede influir en la decisión de establecer un negocio en la comunidad de origen.
Los ahorros al momento del retorno
Contar con recursos económicos al regresar al país de origen puede ser un factor determinante en la posibilidad de emprender.
Los hijos con nacionalidad estadunidense
La presencia de hijos con nacionalidad estadunidense puede afectar las decisiones económicas, sociales y de arraigo de los migrantes retornados.
El modelo de regresión logística binario (Logit) “no solo permite determinar el nivel de asociación entre las variables de análisis respecto al evento que se quiere investigar, sino que además permite estimar el peso específico de cada categoría, controlado por el resto de las variables incluidas en el análisis” (Ramírez y Aguado, 2013, p. 185). En los modelos logísticos estimados la variable dependiente corresponde al éxito que los migrantes retornados manifestaron en su reintegración a la comunidad de origen. A continuación se explican los dos modelos econométricos implementados en la investigación. 5
Modelo 1: regresión logística (reintegración económica)
Para identificar la reintegración económica en la localidad de origen, se emplea una variable dicotómica que toma el valor de 1 si los migrantes retornados señalaron incorporarse a las actividades económicas de su comunidad, gracias a la puesta en marcha de un negocio propio, y 0 si regresaron por razones personales o de otro tipo. En este caso las variables independientes incluidas en el análisis son: edad, sexo, estado civil, escolaridad, nivel de dominio del idioma inglés, experiencia migratoria, tenencia de documentos migratorios, número de años desde su regreso y haber recibido cursos de capacitación laboral.
En una regresión logística, a la variable dependiente se le aplica una transformación del siguiente tipo: Ln (p/q), donde:
p = probabilidad de regresar a su comunidad y haber instalado un negocio propio.
q = (1 - p) = probabilidad de regresar a México y no haber iniciado algún negocio.
Sobre esta base la ecuación de la primera regresión logística se representa de la siguiente forma:
Modelo 2: regresión logística (reintegración social)
Para identificar la reintegración social, se emplea una variable dicotómica que toma el valor de 1 si los migrantes retornados indicaron incorporarse a la vida social de su comunidad al ser beneficiarios de algún programa gubernamental, y 0 si regresaron y no son incorporados en algún programa. En este caso las variables independientes incluidas son: edad, sexo, estado civil, nivel de escolaridad básica (primaria y secundaria), los años como migrante (experiencia migratoria), los años desde su retorno, si los migrantes cuentan con algún certificado, la expectativa de regresar a los Estados Unidos, los ahorros y tener hijos con nacionalidad estadunidense.
En esta segunda regresión logística, a la variable dependiente nuevamente se le aplica una transformación del siguiente tipo: Ln (p/q), donde:
p = probabilidad de regresar a su comunidad y ser beneficiario de algún programa gubernamental.
q = (1 - p) = probabilidad de regresar a México y no ser beneficiario de algún programa.
Sobre esta base, la segunda ecuación de regresión logística se representa de la siguiente forma:
En cada ecuación los parámetros ßi corresponden a estimaciones del efecto de cada variable independiente sobre el logaritmo de la razón de probabilidades de éxito y fracaso (odds ratio). De esta forma, el factor e(ßi) correspondería al efecto de la variable i sobre la razón de probabilidades entre éxito o fracaso. Un valor positivo de ßi corresponde a un valor de e(ßi) mayor que la unidad, lo que indica que esa categoría en particular tiene un efecto positivo sobre la razón de probabilidades y, por tanto, sobre la probabilidad de éxito; a saber retornar y reintegrarse de alguna forma económica y social.
Resultados
Migración de retorno y perfil sociodemográfico de los migrantes en Mariscala
Los retornados en Mariscala de Juárez se integran a la dinámica migratoria del estado de Oaxaca. En 2015 la proporción de hombres retornados en la entidad fue de 73.3 por ciento superando la de las mujeres, que representaron 26.7 por ciento. En cuanto a la distribución por edad, aproximadamente 50 por ciento de los migrantes retornados se encuentran en una edad joven y productiva. Se observa un aumento considerable en el grupo de edad que oscila entre los 40 y los 64 años, con una proporción de 30 por ciento. En términos educativos, 80 por ciento de las personas retornadas poseen un nivel de escolaridad inferior a los nueve años de educación básica. Además, alrededor de 72 por ciento de los retornados oaxaqueños están casados o viven en unión libre (Masferrer, 2021).
La migración de retorno en Mariscala sigue una tendencia similar a la estatal, el municipio presenta mayoritariamente una composición masculina, ya que las mujeres representan solo 20 por ciento de la muestra. En la Tabla 1 se sintetiza el perfil de los migrantes que regresaron a este municipio. Se aprecia que 76.62 por ciento de los retornados forma parte fundamental del núcleo familiar, es decir, tiene esposa(o) o pareja. El 80.64 por ciento de los encuestados es jefe del hogar. En relación con el nivel educativo, la mayoría de las personas que regresan a su comunidad tras una experiencia migratoria cuentan únicamente con estudios de educación básica (primaria y secundaria).
Tabla 1 Perfil de las personas migrantes de Mariscala de Juárez
| Características | Total | Características | Total |
|---|---|---|---|
| N | 124 | N | 124 |
| Género | 100% | Estado civil | 100% |
| Hombre | 80.64 | Casado | 63.87 |
| Mujer | 19.36 | Soltero | 12.10 |
| Grupos de edad | 100% | Unión libre | 12.90 |
| 21-30 | 14.51 | Separado | 7.26 |
| 31-40 | 33.06 | Divorciado | 2.26 |
| 41-50 | 29.84 | Viudo | 1.61 |
| 51-60 | 11.29 | Nivel de escolaridad | 100% |
| 61-70 | 4.83 | Primaria (De 0 a 6 años) | 50.79 |
| 71-80 | 4.83 | Secundaria (7 a 9 años) | 30.65 |
| 81-90 | 1.61 | Bachillerato (10 a 12 años) | 16.12 |
| Jefe de familia/esposa | 80.64 | Profesional (más de 13 años) | 2.42 |
| Otro | 19.36 | Documentos para cruzar a EE.UU. | 100% |
| Preparación del regreso | 100% | No | 86.29 |
| No pensaba en el retorno | 35.48 | Si | 13.71 |
| Ahorrar | 34.67 | Comprensión del idioma inglés | 100% |
| Invertir en propiedades | 16.13 | De muy bien a bien | 3.21 |
| Invertir en un negocio | 9.68 | Regular | 17.74 |
| Otra acción | 4.04 | De mal a muy mal | 79.02 |
Fuente: elaboración propia con base en EMIRR, 2018.
Más de 75 por ciento de la población de retorno del municipio se concentra en edades potencialmente productivas y en pleno uso de sus capacidades, comprendidas entre los 21 y los 50 años, con un promedio de edad de 43.73 años. El grupo etario con mayor porcentaje de migrantes de retorno corresponde a quienes tienen entre 31 y 40 años. Con respecto a la condición y comprensión del idioma del país a donde emigraron, solo ocho por ciento de los retornados sabe escribir en inglés; respecto a la comunicación verbal, 0.80 por ciento lo habla muy bien, 2.41 por ciento lo habla bien, 17.74 por ciento lo maneja de manera regular, 16.93 por ciento tiene dificultades para expresarse en inglés y 62.12 por ciento presenta un nivel muy bajo de comprensión, limitándose al uso de algunas palabras básicas. Adicionalmente, 60.48 por ciento de los retornados afirmó haber necesitado aprender inglés, mientras que 39.51 por ciento declaró que no fue necesario aprender el idioma, debido a que sus interacciones sociales se daban mayormente con personas que hablaban español o que contaban con un intérprete en el ámbito laboral.
El tiempo promedio de permanencia en los Estados Unidos entre los retornados fue de 6.33 años. En términos específicos, 12.9 por ciento de ellos residió en el extranjero por algunos meses (menos de un año), 17.74 por ciento permaneció entre uno y dos años, 14.51 por ciento entre tres y cuatro años, 16.13 por ciento estuvo entre cinco y seis años, 12.09 por ciento entre siete y ocho años, y el 26 por ciento restante vivió en el país vecino del norte por más de nueve años. En lo que respecta a la tenencia de documentos migratorios, los datos de la EMIRR indican que 86.29 por ciento de las personas encuestadas no contaban con algún tipo de documento que les permitiera ingresar, trabajar o residir legalmente en Estados Unidos, lo que evidencia el carácter predominantemente indocumentado de la migración en este municipio. Sumado a ello, una de cada doce personas (ocho por ciento) va a Estados Unidos contratado, mientras que tres por ciento tiene permiso para trabajar, 1.6 por ciento es ciudadano estadunidense y menos de uno por ciento tiene permiso para residir (0.8 por ciento).
En cuanto a la frecuencia con la que los migrantes fueron y regresaron, 67.74 por ciento de los retornados vivió el proceso migratorio de manera circular, viajando a Estados Unidos entre una y dos veces. El 20.16 por ciento experimentó este proceso entre tres y cinco veces, y solamente 12.09 por ciento ingresó a dicho país en más de seis ocasiones. Los migrantes que cruzaron la frontera más de seis veces no solo corresponden a quienes cuentan con documentación que les permite ingresar y salir de manera legal, sino también a personas que, por varios años, han cruzado de forma indocumentada, y que año con año atestiguaron los cambios en el endurecimiento de las políticas migratorias y del incremento en las dificultades para cruzar la frontera.
Aproximadamente 65 por ciento de los encuestados manifestó la intención de regresar algún día a Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades, independientemente de contar o no con documentos de estancia legal en ese país. Entre quienes tienen hijos con nacionalidad estadunidense se expresa un interés particular en regularizar su estatus migratorio.
Los principales motivos que los migrantes señalaron para su regreso a la comunidad de origen incluyen la reunificación familiar, el cuidado de un familiar enfermo, el aburrimiento o el hastío en el extranjero. La deportación y la finalización de contratos laborales representan dos razones contrapuestas en el retorno migratorio. Por un lado, los deportados se ven forzados a regresar a la comunidad de origen, cerrando un ciclo migratorio frecuentemente en condiciones de precariedad y sin los recursos necesarios para su reintegración. Por otro lado, los contratados de manera temporal en el extranjero se convierten en migrantes circulares, alternando períodos de empleo en el exterior con estancias en su comunidad de origen. La reintegración de estos migrantes dependerá del uso que se haga de los recursos acumulados y de las oportunidades generadas durante su estancia en Estados Unidos.
En términos generales los proyectos migratorios de los retornados suelen ser de corto plazo. Cuando la familia nuclear permanece en México, el cumplimiento de objetivos laborales y económicos pasa a un segundo plano. El común denominador entre los motivos de regreso es la familia, lo que indica la existencia de fuertes lazos de pertenencia hacia la comunidad. Una vez que el retornado llega, después de un tiempo en el exterior, recurre al capital social con el que cuenta la familia para tratar de reincorporarse al ámbito laboral y social.
La principal acción que realizaron los migrantes para preparar su regreso a la comunidad desde Estados Unidos fue ahorrar (34.67 por ciento), no obstante, 35.48 por ciento de los retornados no pensó en el regreso. Algunos invirtieron en propiedades y solo 9.67 por ciento tuvo en mente invertir en algún negocio. Al igual que en Ameca y Tepatitlán, Jalisco, se evidencia un alto porcentaje de retornados que regresa sin tener un plan de trabajo, por lo que es posible que la decisión de establecer un negocio surja en México (Arroyo y Berumen, 2002).
La mayoría de los migrantes presentan una limitada capacidad de ahorro e inversión debido a que sus ingresos obtenidos en Estados Unidos se destinan principalmente a la vivienda y manutención de la familia (Arroyo y Berumen, 2002). El impacto del ahorro varía según su uso: cuando se emplea en el consumo del hogar, su efecto es temporal y finito; en cambio, si se canaliza hacia la inversión, podría ser más redituable. En gran parte de los casos, las decisiones sobre el proceso del retorno están motivadas por razones familiares y la atención de las necesidades esenciales, por lo que se deja de lado la racionalidad económica.
El bajo nivel de inversión que realizan las personas retornadas sobre negocios o emprendimientos podría deberse a que no tienen la formación ni los conocimientos requeridos para impulsar empresas e invertir. También se podría relacionar con su perfil educativo caracterizado por un bajo grado de escolaridad, generalmente hasta la educación básica (nueve años de estudios). Partir del origen sin tener una experiencia laboral previa tiene implicaciones para la mayoría de los retornados que deciden formar parte de los circuitos migratorios. En muchos casos, su principal motivo para migrar o retornar no se relaciona con impulsar un negocio o emprendimiento. La estancia en Estados Unidos puede proporcionar experiencia laboral y capacitación, aunque frecuentemente en sectores con poca cualificación, como el ámbito restaurantero, la agroindustria, la construcción, los servicios, la manufactura, etc. Además, es probable que los conocimientos adquiridos en estas áreas no se alineen con las oportunidades de empleo o integración laboral en su lugar de origen.
Algunos migrantes retornados adquirieron habilidades y conocimientos sobre el manejo de negocios en su estadía en el extranjero, en parte gracias a la movilidad interna para ocupar varios puestos dentro de una empresa, sin embargo, al retornar al terruño aún requieren fortalecer su formación laboral en aspectos clave como la orientación financiera, el asesoramiento de inversiones aplicables a un negocio y la creación de empresas. Es fundamental reconocer que no todos los migrantes poseen un espíritu emprendedor.
En nuestro caso de estudio, el objetivo de la migración se concentra principalmente en tener una casa propia y la manutención de la familia. Son escasas las experiencias migratorias que tienen como objetivo el emprendimiento de un negocio. Además de que el círculo vicioso en la reproducción de la migración tiene bastante fuerza derivado de las relaciones transnacionales familiares existentes (Canales y Montiel, 2004).
Otro factor importante sobre la poca existencia de migrantes que invierten en negocios productivos es el contexto del lugar de origen y sus condiciones de reintegración. Los problemas estructurales, como la pobreza o el desempleo, persisten sin superarse ni atenderse de manera efectiva por las instituciones públicas, es seguro que los retornados se vuelven a enfrentar a las mismas condiciones que impulsaron y motivaron su salida de la comunidad. Sumado a esto, los mercados locales no se inducen hacia la producción endógena, y el potencial de inversión, incluyendo las remesas, pierde impacto cuando el capital económico se desvía hacia las ciudades, derivado del consumo de bienes no producidos en la comunidad (Canales y Montiel, 2004). Como consecuencia, los negocios emergentes suelen ser de baja productividad y tienen un efecto multiplicador reducido, ya que no se conectan a las cadenas de valor y operan dentro de un mercado interno debilitado. Hace falta que las instituciones públicas promuevan la dinamización de la economía local, a través del fomento al emprendimiento, el impulso de la innovación, el fortalecimiento de las redes de colaboración y la promoción de la cultura empresarial. Además, es fundamental no olvidarse de aquellas personas que buscan laborar sin autoemplearse.
Ser migrante: aprendizajes y retos al volver
Ser migrante significa dejar la comunidad de origen para ir a otro lugar o país. En el caso de México, la migración hacia Estados Unidos es una alternativa gracias a la cual las personas enfrentan su situación de vulnerabilidad y necesidad económica. Migrar se convierte en una opción para vivir en mejores condiciones, así como un intento para generar oportunidades en la búsqueda de un mejor futuro (Canales, 2006; García, 2008).
En este estudio de caso, el fenómeno migratorio transcurre en dos contextos interconectados por la percepción de quienes retornan: uno rural (el pueblo, la localidad de origen) y otro urbano (la ciudad). Cada vez que los migrantes se desplazan entre estos entornos, experimentan cambios que se intensifican con el tiempo. Dichos cambios requieren que los recién llegados modifiquen su comportamiento, readaptándose a nuevas generaciones, circunstancias, estilos de vida, ideas, costumbres y normas.
El ser migrante implica salir de la comunidad para buscar mejores oportunidades, ya sea de manera individual o grupal (junto con la familia), también puede ser partir a la aventura para vivir una experiencia contada; perseverar con emociones encontradas de nostalgia y tristeza al enfrentarse a un lugar desconocido y dejar a la familia con el propósito de salir adelante.
Derivado de su estadía en Estados Unidos, los migrantes adoptaron nuevas prácticas y habilidades laborales. No obstante, cuando regresan a su comunidad de origen, deben enfrentar un proceso de reintegración tanto económico como social, adaptándose a los cambios circunstanciales existentes. Cuanto mayor sea el tiempo de permanencia en el extranjero, mayor será la dificultad para readaptarse al entorno local. Una de las primeras acciones de reintegración social es volver y reencontrarse con la familia, y una acción de reinserción económica es encontrar un empleo o emprender un negocio.
Al ser encuestados los migrantes retornados hicieron un recuento de su experiencia migratoria, lo que los llevó a reconstruir el ciclo de su travesía. Revivieron sus vivencias desde el momento en que dejaron su comunidad de origen, la trayectoria hasta llegar a su destino, su permanencia en Estados Unidos y finalmente su regreso. Este ejercicio permitió identificar dos situaciones del ser migrante de retorno:
Una situación de vulnerabilidad: en esta dimensión los retornados recuerdan los peligros que enfrentaron al cruzar la frontera, siendo conscientes de que estaban fuera de la ley. También rememoraron los desafíos derivados del racismo, la discriminación y la percepción negativa que algunas personas tenían de ellos. Además, experimentaron una condición de desventaja debido a la barrera del idioma, incluso algunos de ellos desarrollaron un sentimiento de reclusión y falta de libertad.
Una situación de oportunidad: a pesar de las dificultades, las personas retornadas destacaron los beneficios de haber migrado, especialmente en el ámbito económico. La posibilidad de acceder a un mercado laboral con mayores oportunidades de empleo y mejores ingresos, aunado al poder adquisitivo del dólar, les permitió no solo cubrir sus necesidades en los Estados Unidos, sino también mejorar su calidad de vida y brindar apoyo a sus familias en México, lo que propició periodos de prosperidad. En este sentido, señalaron algunas ventajas, entre ellas la estabilidad económica, la disponibilidad de empleo y la percepción de salarios más altos en comparación con su país de origen.
Las personas migrantes que retornan a su comunidad de origen enfrentan una tercera situación, inversa a las anteriores, ya que deben reintegrarse a una base económica local con oportunidades laborales limitadas. El progreso en este contexto de origen requiere un mayor esfuerzo, pues los ingresos ganados mediante arduas jornadas de trabajo suelen no ser suficientes. Asimismo, el bienestar y las condiciones de vida cambian drásticamente, mientras que la calidad y exigencia que se requiere en los trabajos disminuye. Aunque el sentimiento de reclusión desaparece con el retorno, el ingreso se reduce considerablemente. Para estos migrantes regresar a su comunidad significa volver a empezar y enfrentar múltiples retos.
Durante su estancia en Estados Unidos, la mayoría de los retornados contemplaban la posibilidad de regresar voluntariamente, aunque algunos fueron forzados a hacerlo. La planeación del regreso implica hacer los preparativos y las gestiones necesarias que permitan dar continuidad a sus proyectos de vida en su lugar de origen. Por tanto, representan acciones pensadas con anticipación con el fin de cumplir algún propósito u objetivo, destinando recursos financieros y de organización.
La decisión de los migrantes para regresar estuvo determinada por diversos factores, entre ellos: los ciclos agrícolas de plantación y cosecha, la enfermedad o el fallecimiento de un familiar, el retorno de otro familiar o de algún amigo, la presión o los acuerdos familiares desde México o en los Estados Unidos, la falta de empleo y de documentos legales, así como el cumplimiento de los objetivos propuestos. No siempre es posible planificar de manera racional el retorno, ya que en algunos casos se trata de un imprevisto, una acción no deseada o una situación adversa ajena a su voluntad los obliga a hacerlo.
El mayor aprendizaje que se adquiere durante la experiencia migratoria se vincula al estilo de vida estadunidense. Los migrantes retornados logran percibir un mayor sentido del orden, apropiándose de una cultura distinta, conocimientos, experiencias y habilidades laborales adicionales. Muchos de ellos salen de su comunidad de origen por primera vez y, al migrar, descubren una nueva forma de vida que les ayuda a desenvolverse mejor. Además, algunos migrantes parten a una edad temprana en busca de su primera oportunidad de trabajo.
La experiencia migratoria les brinda la oportunidad de aprender a trabajar, administrar el dinero, valorar las oportunidades y las situaciones, hacer mejor las cosas (con mayor atención y calidad) e incluso hay un cambio en la actitud ante las responsabilidades adquiridas y al hacerse cargo de sí mismos. De igual manera, y con el tiempo, se observa una disminución considerable del machismo, además de una mayor disposición a respetar normas sociales y reglas de tránsito.
Los migrantes que piensan en regresar a su comunidad de origen enfrentan un dilema constante, pues desean estar en dos lugares a la vez. Por un lado, el arraigo a su comunidad y el vínculo con su familia les hace querer retornar; sin embargo, su localidad no les ofrece las oportunidades necesarias para progresar. Por el otro, el estilo de vida estadunidense les proporciona mayores ventajas económicas, pero no pueden disfrutar del acompañamiento de su familia ni de libertad plena.
Al momento de regresar, los migrantes son conscientes de que vuelven a un entorno desafiante y deben enfrentar distintos retos. En el ámbito laboral la búsqueda de empleo resulta complicada, en el entorno familiar puede existir una indiferencia por parte de sus familiares; lo que genera una sensación de extrañeza en su propia casa, por lo que tienen que reconstruir los lazos afectivos que tenían antes de partir. Desde el punto de vista económico, los salarios son bajos y no alcanzan para cubrir los gastos del hogar. La diferencia salarial con Estados Unidos es uno de los incentivos más fuertes para volver a pensar en emigrar.
En el contexto social los migrantes enfrentan el reto de restablecer vínculos dentro de la comunidad, adaptándose a nuevas generaciones de personas que les resultan desconocidas y asumiendo la educación de sus hijos, especialmente de aquellos niños y niñas con nacionalidad estadunidense. Otros retos incluyen problemas relacionados con la salud, el cambio de alimentación, el clima y la exposición a la delincuencia (robo de pertenencias, fraude en la ruta de regreso y extorsiones en el lugar de origen).
Los migrantes que manifestaron no haber tenido algún reto es porque estuvieron poco tiempo en el extranjero o tenían una fuente de ingresos segura derivada de ser migrantes circulares, como residentes o ciudadanos de Estados Unidos, contando con ahorros propios y, posiblemente, una doble pensión ante su doble nacionalidad, o bien los migrantes se reintegran al negocio familiar, que inclusive ya tenía antes de partir. Algunos de los migrantes que regresan se dedican al campo de forma plena o complementaria, otros se proponen no volver a ser campesinos y se integran al comercio. Para los retornados enfrentar este tipo de retos implica responder a los cambios de situación existentes en la búsqueda de lograr la estabilidad en todo sentido.
Hacia la reintegración económica de los migrantes y sus determinantes
La reintegración económica sucede cuando los migrantes regresan a su lugar de origen y reconstruyen su forma de vida mediante ciertas estrategias relacionadas con la obtención de ingresos, se reincorporan al ámbito laboral auxiliados por sus conocimientos, capacidades, experiencias, medios materiales e inmateriales, inversiones, ahorros, uso de remesas, financiamientos y emprendimientos. Los retornados buscan un sustento económico, ya sea autoempleándose o buscando percibir un salario, con el propósito de satisfacer sus necesidades y solventar los gastos del hogar.
Durante su estancia en Estados Unidos los migrantes se desempeñaron en distintas actividades económicas, lo que les permitió adquirir nuevas habilidades laborales. Según datos recabados por la EMIRR, 31.45 por ciento trabajó en algún restaurante; 20.16 por ciento se ocupó en el sector agropecuario, desempeñándose como: agricultor, recolector y empacador de manzana, en el cuidado de animales, en granjas de pollos y en el manejo de maquinaria agrícola o algún sistema de riego, 16.93 por ciento laboró en el ámbito de la construcción, 15.32 por ciento se dedicó a otros servicios como la jardinería, babysitting, hotelería, tortillería y empleado en alguna bodega, 7.25 por ciento laboró en alguna fábrica (procesadora, cartón, cosméticos, aislamiento, ensambladora), 6.45 por ciento participó en la elaboración de manufacturas, incluyendo los rubros de la carpintería y lo relacionado con el manejo de la madera, así como la industria textil, finalmente 3.22 por ciento trabajó en algún servicio doméstico o de transporte.
Los aprendizajes adquiridos por los migrantes durante su estancia en Estados Unidos no siempre pueden ser utilizados de forma directa para el impulso de una actividad productiva o el establecimiento de un negocio en el lugar de origen. Esto se debe a que las condiciones pueden ser diferentes en cuanto a niveles de exigencia, formas de organización, métodos y técnicas de producción. Sin embargo, la formación práctica obtenida representa un potencial humano al adquirir y desarrollar habilidades personales, como el dominio de algún oficio o una especialización, así como una mayor responsabilidad y disposición para el trabajo (Arroyo y Berumen, 2002).
La experiencia transnacional adquirida en los mercados laborales internacionales, en particular en Estados Unidos, puede resultar de utilidad para los migrantes cuando regresan y se reincorporan al ámbito económico, ya que les sirve como fuente de información y elemento adicional para la apertura de negocios familiares, les da cuentas sobre la distinción en la calidad de vida entre el lugar de destino y origen, visualizando la realización de hacerla posible en el terruño mediante un emprendimiento, y potencializa las habilidades, no solo en las actividades en las que se insertan, sino en otro tipo de labores que permiten diversificar sus fuentes de ingreso.
Sería ideal que antes de partir los migrantes recibieran capacitación en su lugar de origen, con el propósito de promover y aplicar en ambos lados de la frontera los conocimientos y la tecnificación adquirida, principalmente en el área de la agricultura y el campo.
Entre los migrantes encuestados en Mariscala, 41.12 por ciento afirmó haber recibido alguna capacitación que les resultó útil para trabajar. De este porcentaje, la mitad obtuvo formación en la empresa donde trabajó, 19.60 por ciento fue a través de un programa de gobierno, 17.64 por ciento pagó un curso por su cuenta y 3.92 por ciento adquirió conocimientos en una institución educativa.
En cuanto al tipo de formación recibida, 56.86 por ciento de los encuestados señaló que aprendió sobre el manejo de materiales, herramientas, equipo o maquinaria, particularmente la que se relaciona con actividades de un restaurante (cocina y/o preparación de alimentos), diversos oficios (carpintería, electricidad y albañilería), la agroindustria (manejo de tractores, material para fumigar plantas, montacargas, empacamiento y granja de pollos), la hotelería (limpieza y mantenimiento), la construcción y la manufactura textil.
De los migrantes de retorno encuestados, 20.16 por ciento manifestó interés en recibir capacitación en algún oficio como plomería, electricidad o albañilería. Un 16.13 por ciento expresó su deseo de aprender computación e inglés, mientras que 12.1 por ciento mostró interés en fortalecer sus habilidades en la agricultura y la ganadería. Este último grupo destacó la importancia de obtener asesoría para generar productos de calidad en el campo, el manejo de tecnología, el mejoramiento y la selección de semillas, el cuidado del ganado a través de un curso básico de veterinaria y la producción de leche y quesos.
Por otro lado, 11.3 por ciento expresó interés en adquirir habilidades sobre la reparación de maquinaria o equipo automotriz, agrícola e industrial. Un 8.87 por ciento manifestó el deseo de participar en algún curso para emprendedores que los capacite en planeación, gestión y administración de negocios. Del mismo modo, 7.26 por ciento prefirió ampliar sus capacidades en gastronomía o elaboración de alimentos. Un 6.45 por ciento indicó que le gustaría, de forma general, aprender sobre el manejo de herramientas, equipo o alguna maquinaria. El 4.03 por ciento deseaba generar habilidades en relación con la construcción o la arquitectura, mientras que 3.22 por ciento mostró interés en la formación como cultora de belleza o costurera y a 1.61 por ciento le gustaría saber sobre aspectos administrativos y contables. En contraste, 3.22 por ciento señaló no tener interés en recibir capacitación.
Al momento de regresar de Estados Unidos, 47.58 por ciento de los entrevistados buscó un empleo a través de familiares o amigos. Por su parte, 39.51 por ciento optó por autoemplearse desempeñándose principalmente en el sector agrícola y ganadero, otros se reincorporaron a un negocio propio o familiar, en menor medida algunos migrantes se incorporaron al sector del trasporte de pasajeros y a diversos oficios como la carpintería o la albañilería. Asimismo, 6.45 por ciento dejó de trabajar, mientras que 1.61 por ciento restante buscó empleo a través del gobierno municipal, donde fueron contratados como policías, veladores, choferes de tractor y conserjes.
De los migrantes encuestados, 69.35 por ciento consideró emprender un negocio al momento de regresar, empero, solamente 37.9 por ciento de ellos logró ponerlo. El tipo de negocio que impulsan los migrantes retornados se refiere a una tienda de abarrotes, la venta de ropa, una ferretería o una dulcería (40.42 por ciento), la preparación de alimentos; como algún restaurante, fonda o comida rápida (19.15 por ciento), la producción y venta de productos agropecuarios (8.51 por ciento) y otros negocios como purificadoras de agua, carnicerías, la comercialización de refacciones y la venta de alimento para animales, donde se incluye el forraje (31.91 por ciento).
Del total de migrantes que establecieron un negocio en la comunidad, 60 por ciento contaba con experiencia previa sobre el manejo de este tipo de proyectos. En cuanto a los conocimientos que poseían al momento de iniciar su negocio, 40.42 por ciento tenía nociones técnicas, mientras que 42.55 por ciento poseía conocimientos administrativos. Del mismo modo, 29.78 por ciento recibió algún tipo de apoyo o asesoría, 44.68 por ciento tuvo acceso a equipo o maquinaria, 72.34 por ciento contaba con el local o la instalación, y 97.87 por ciento disponía de dinero y ahorros como parte de su iniciativa para impulsar su negocio.
El capital requerido por los migrantes retornados para financiar sus negocios puede verse reflejado en los recursos con los que contaban al momento de su establecimiento, siendo requerida una inversión máxima de 300 mil pesos aproximadamente. La financiación de estos negocios se realizó a través de una o varias fuentes de forma complementaria. Considerando el total de encuestados, las principales fuentes de financiamiento fueron: i) 93.61 por ciento utilizó el capital y ahorros propios derivado de las remesas enviadas durante su experiencia migratoria, ii) 31.91 por ciento solicitó un préstamo a una institución crediticia (caja de ahorro o casa de empeño), iii) 23.4 por ciento obtuvo financiamiento mediante algún socio o familiar, iv) 12.76 por ciento recurrió a préstamos entre conocidos en Estados Unidos o vendió algún bien o propiedad, y v) 6.38 por ciento solicitó un préstamo bancario, un crédito de gobierno u otro tipo de financiamiento.
Pensando en el regreso y la reintegración, el ahorro es una de las principales estrategias económicas que realizan los retornados. Aproximadamente 80 por ciento de los migrantes contaba con ahorros al momento de regresar desde Estados Unidos. De estos fondos, alrededor de 40 por ciento fue invertido en algún negocio y 60 por ciento se destinó al consumo del hogar.
En cuanto a su integración en actividades económicas, los retornados se incorporan primordialmente al comercio y al sector primario (agricultura y ganadería), seguidos por actividades en servicios y transporte. Además de buscar una fuente de ingresos mediante sus actividades laborales, muchos migrantes retornados aprovechan la agricultura como una estrategia de autoconsumo y abastecimiento alimentario.
Como parte del proceso de reintegración económica, el envío y uso de remesas también constituye un factor relevante a considerar. Al igual que en otras partes del mundo como Marruecos (García, 2007), las remesas enviadas a Mariscala de Juárez se destinan principalmente a la vivienda, ya sea para la construcción, su mejoramiento o la adquisición de un terreno (61.29 por ciento). En un porcentaje significativamente menor, las remesas fueron utilizadas para el sostenimiento de la familia (20.96 por ciento), cubriendo algunos gastos del hogar como alimentación y salud, 4.84 por ciento de los encuestados manifestó haberlas ahorrado, en el mismo porcentaje expresaron no haber enviado dinero, ya sea debido a que no les fue bien en el ámbito laboral o porque dentro de sus planes no contemplaban el regreso. Fue mínimo el uso de las remesas para la educación, la compra de animales y tierras agrícolas o la adquisición de un vehículo. Esto refleja una tendencia de los migrantes a priorizar las necesidades inmediatas del hogar (vivienda, alimentación y salud), en lugar de invertir en factores que impulsan la productividad económica.
Estos hallazgos coinciden con estudios previos realizados en comunidades de la región migratoria tradicional de México (Jalisco, Zacatecas y Guanajuato). Diversos autores señalan que las remesas se destinan fundamentalmente a la manutención familiar, el sostenimiento del hogar, la satisfacción de necesidades básicas y la adquisición de bienes y servicios. Asimismo, se emplean en la compra, ampliación o remodelación de la vivienda, y el pago de deudas (Arroyo y Berumen, 2002; Canales, 2005; Orozco, 2007).
La evidencia en los estados de mayor tradición migratoria indica que son pocos los migrantes retornados que invierten en negocios productivos. Las remesas que se destinan a las actividades directamente productivas son limitadas en volumen y proporción. Inclusive si se compara con otros países como Guatemala, Honduras, El Salvador y Ecuador, México es el país con menor inversión empresarial derivada de este flujo de recursos (Arroyo y Berumen, 2002; Canales y Montiel, 2004; Canales, 2006).
Los efectos multiplicadores de las remesas se ven sustancialmente reducidos cuando la mayoría de estos recursos se destinan a gastos poco productivos como fiestas, satisfacer necesidades primordiales y gastos suntuarios, así los pagos de asuntos improductivos predominan sobre los proyectos de inversión que estos recursos pueden financiar. El consumo de bienes y servicios no se sustenta con la producción de la propia comunidad, por tanto, los efectos multiplicadores se filtran hacia las zonas urbanas (Canales y Montiel, 2004).
La recepción de remesas no solo sostiene necesidades esenciales de los migrantes y sus familias, sino que también funciona como un incentivo para la movilidad laboral. Agregado a ello, estas transferencias generan compromisos transnacionales, lo que constituye mecanismos para la reproducción y mantenimiento de las relaciones sociales, culturales y simbólicas. Como flujos económicos, las remesas posibilitan el sustento material para la construcción de redes familiares extensas. Junto al flujo monetario, también se transmiten valores familiares como la reciprocidad, la solidaridad y la responsabilidad (Canales, 2005).
Reintegración económica: los resultados del modelo econométrico Logit
En la Tabla 2 se presentan los resultados del modelo de regresión logística binomial que identifica los principales atributos de reinserción económica. La variable de reincorporación económica empleada es el emprendimiento de un negocio propio. En este se puede observar que únicamente seis de las nueve variables incluidas en el modelo resultaron estadísticamente significativas: sexo, estado civil, escolaridad, dominio del idioma inglés, el estatus legal (o tenencia de documentos migratorios) y los años desde su regreso. Con respecto a la variable sexo, dado que su signo es negativo y significativo, podemos sugerir que las mujeres tienen mayor probabilidad de que, a su regreso, inicien su propio negocio como medio de reintegración en las actividades económicas de la localidad.
Tabla 2 Determinantes de la reintegración económica de los migrantes de retorno en Mariscala de Juárez, Oaxaca
| Variables independientes | Coeficiente | Estadístico z | |
|---|---|---|---|
| Edad | 0.0579 | 0.54 | |
| Edad al cuadrado | -0.0008 | -0.74 | |
| Sexo (hombre = 1) | -1.7326 | -2.73*** | |
| Estado Civil (casado = 1) | 1.0543 | 1.91* | |
| Años de escolaridad | 0.1651 | 1.86* | |
| Habla inglés | 1.1888 | 2.27** | |
| Años como migrante | 0.0276 | 0.61 | |
| Estatus legal en EE.UU. | 1.2949 | 2.37** | |
| Años desde su regreso | 0.0512 | 1.67* | |
| Curso de capacitación | 0.5472 | 1.17 | |
| Expectativas cumplidas | 0.2506 | 0.31 | |
| Constante | -4.2135 | -1.57 | |
| Número de observaciones | 124 | ||
| Log-likelihood | -251.19 | ||
| Chi2 del Modelo | 112.27 | ||
| Prob > chi2 | 0.0000 | ||
| Pseudo R2 | 0.1596 |
Fuente: elaboración propia con base en la EMIRR, 2018.
***, **, *: significativos al uno por ciento, cinco por ciento y diez por ciento, respectivamente.
La literatura sobre los determinantes de la migración señala que las mujeres tienen mayores posibilidades e incentivos para retornar a su lugar de origen, ya sea por cuestiones familiares o de reintegración social, lo anterior se refleja en la mayor probabilidad de establecer un negocio por el hecho mismo de no ser solo migrante de retorno, sino de pertenecer al género femenino (Massey, 2017).
Por otro lado, el modelo muestra que las variables que influyen de manera positiva y significativa en la probabilidad de que los migrantes de retorno en Mariscala de Juárez emprendan un negocio son: el estado civil, los años de escolaridad, el dominio del idioma inglés, la posesión de documentos migratorios necesarios para laborar en los Estados Unidos y el número de años desde su regreso.
La interpretación respecto a la escolaridad sugiere que, a mayores niveles de escolaridad, se incrementa la probabilidad de que un migrante que regresó de Estados Unidos ponga un negocio propio y, por tanto, sea capaz de reactivar sus actividades económicas en su lugar de origen. Dicho resultado podría sustentarse en el hecho de que los migrantes con mayores niveles de capital humano presentan mejores condiciones de competitividad, que favorecen una inserción económica con mayores ventajas y, por ende, con menores probabilidades de quedar fuera de una de las actividades generadoras de ingresos locales.
Sin duda, el estar casado tiene un efecto positivo, en virtud de que contar con una familia obliga al retornado a desempeñar actividades para elevar el ingreso familiar. Hablar inglés genera un mayor impacto en la reintegración al poner un negocio, pues se tiene ese espíritu emprendedor de iniciativa y aprendizaje continuo, por ejemplo, si el municipio tuviese vocación turística, este atributo adquiere una relevancia considerable para la atención de visitantes internacionales.
Si el estatus legal en Estados Unidos permite a los retornados mayor movilidad entre su lugar de origen y el país vecino del norte, entonces ayuda a que se impulse aun más la generación de negocios propios, quizás esto podría explicarse en parte por la adquisición de conocimientos técnicos y habilidades empresariales (know-how) durante su estancia en el extranjero, lo que genera expectativas sobre la posibilidad de implementar nuevas tecnologías o innovaciones en sus emprendimientos. Finalmente, el coeficiente positivo de la variable años desde su regreso implica que mientras mayor es el tiempo que los retornados tienen en su lugar de origen, mayor es la probabilidad de reintegrarse a las actividades económicas locales gracias a la posibilidad de establecer un negocio propio en virtud del anhelo de contar con algo más estable, motivado quizás por su experiencia vivida en el país del norte.
Hacia la reintegración social de los migrantes y sus determinantes
En el proceso de la reintegración social como parte de la movilidad humana y el retorno, las personas migrantes pueden tener o no la capacidad para reincorporarse y adaptarse a su lugar de origen, lo cual los lleva a asimilar e interiorizar los modos de vida. Este proceso puede observarse desde distintos ámbitos socializantes dentro de la colectividad. Algunos estudios presentan los procesos de reinserción social y cultural con el objetivo de analizar los retos y condiciones que presentan las familias (García y Burgueños, 2018), exploran el retorno y la reinserción social como resultado de la articulación y dinámica de mercados de trabajo globales (Rivera, 2013) y estudian la integración social de menores desde el ámbito escolar (Rentería, Rocha y Rodríguez, 2017).
Sobre nuestro estudio de caso, en la reintegración social se retoma un fuerte componente familiar para conocer la constitución del hogar, los parentescos, las redes transnacionales, los servicios requeridos y los programas gubernamentales de los que son beneficiarios los retornados, ello se vincula con algunas características sociodemográficas de los migrantes.
Según los resultados de la encuesta, 96 por ciento de los migrantes que retornaron a su comunidad de origen reafirmó tener al menos un familiar cercano que se fue a vivir o trabajar a Estados Unidos. En cuanto al parentesco, 68.54 por ciento tiene hermanos en dicho país, 80.64 por ciento cuenta con sobrinos, tíos o primos, y 20 por ciento indicó que sus hijos aún se encuentran en la Unión Americana. Asimismo, 4.83 por ciento señaló que su esposa permanece en Estados Unidos, mientras que otro 4.83 por ciento reportó que sus padres continúan en ese país.
En este mismo sentido, 25 por ciento de los migrantes retornados tiene hijos nacidos en Estados Unidos. Al pensar en un esquema de movilidad circular, esta circunstancia podría posibilitar la regularización de la estancia migratoria para los padres y la doble nacionalidad para los hijos. La presencia de familiares en Estados Unidos fortalece las redes transnacionales y favorece la reincidencia migratoria.
En los hogares de los migrantes retornados el número promedio de habitantes es de 4.52 personas. El 42.74 por ciento de los encuestados afirmó que solo una persona trabaja para el sustento del hogar, por otro lado, 47.45 por ciento señaló que dos miembros de la familia contribuyen económicamente. En lo que respecta a los servicios de salud, la mayor proporción de ellos (90 por ciento) indicó tener un estado de salud bueno o regular. El 60 por ciento de los retornados recibió algún servicio médico durante su estancia en Estados Unidos, ya sea por accidentes laborales, intervenciones quirúrgicas o por alumbramiento. Una vez establecidos en la comunidad de origen, 83.06 por ciento contó con Seguro Popular, 9.67 por ciento no está afiliado a ningún servicio de salud, 4.83 por ciento dispone del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y 2.42 por ciento está registrado en el Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS). Es limitado el conocimiento sobre los programas gubernamentales de salud dirigidos a personas migrantes: solo 1.61 por ciento conoce la Ventanilla de Salud, 13.7 por ciento ha escuchado sobre Vete sano, regresa sano, y apenas 2.41 por ciento está familiarizado con la Asistencia a Repatriados Enfermos.
Con relación a los programas sociales, 54 por ciento de los retornados es beneficiario directo o tienen algún familiar que recibe apoyo gubernamental. El 31.45 por ciento fue beneficiario de Prospera, mientras que 30.64 por ciento recibía la Pensión para Adultos Mayores. En promedio las familias recibían 854 pesos por concepto de apoyos gubernamentales, en un intervalo que va de los 280 a los dos mil pesos por hogar. De los 124 retornados encuestados, más de 90 por ciento conoce los programas como tienda Diconsa, Pensión para Adultos Mayores “65 o más”, Prospera y Seguro Popular. No obstante, resulta preocupante que menos de siete por ciento de los encuestados conocían o habían escuchado hablar del Programa 3x1 para migrantes y del Fondo de Apoyo para Migrantes (FAM).
Reintegración social: los resultados del modelo econométrico Logit
En relación con los resultados del modelo econométrico que explican la reintegración social, en la Tabla 3 se presentan los resultados del modelo de regresión logística binomial estimado, donde la variable dependiente de reintegración social empleada es la pertenencia o no a un programa social. En este se puede observar que únicamente tres de las variables incluidas en el modelo resultaron estadísticamente significativas: años como migrante, años desde su regreso a la comunidad y contar con un certificado escolar.
Tabla 3 Determinantes de la reintegración social de los migrantes de retorno en Mariscala de Juárez, Oaxaca
| Variables independientes | Coeficiente | Estadístico z | |
|---|---|---|---|
| Edad | -0.0105 | -0.51 | |
| Sexo (hombre = 1) | -0.3122 | -0.53 | |
| Estado Civil (casado = 1) | -0.6607 | -1.39 | |
| Años de escolaridad | -0.0631 | -0.12 | |
| Años como migrante | 0.8420 | 2.19** | |
| Años desde su regreso a la comunidad | 0.0511 | 1.82* | |
| Cuenta con certificado | -0.7788 | 1.87* | |
| Expectativa de regresar a EE.UU. | -0.1369 | -0.31 | |
| Ahorros | 0.3235 | 0.62 | |
| Hijos estadunidenses | 0.0252 | 0.05 | |
| Constante | 0.5935 | 0.54 | |
| Observaciones | 124 | ||
| Log-likelihood | -157.41 | ||
| Chi2 del Modelo | 123.41 | ||
| Prob > chi2 | 0.0000 | ||
| Pseudo R2 | 0.1265 |
Fuente: elaboración propia con base en la EMIRR, 2018.
***, **, *: significativos al 1 por ciento, 5 por ciento y 10 por ciento, respectivamente.
La variable de años como migrante presenta un signo positivo y significativo, lo cual indica que mientras los migrantes permanezcan durante un menor tiempo en el extranjero, tendrán una mínima pérdida de los vínculos sociales con la comunidad y, por lo tanto, al regresar tendrán mayores posibilidades de ser parte de algún programa gubernamental.
Por otro lado, el modelo muestra que la variable de los años desde su regreso a la comunidad influye de manera positiva en la probabilidad de ser beneficiario de algún programa gubernamental. Esto se debe a que con el tiempo los migrantes fortalecen sus relaciones sociales, se enteran sobre las posibles oportunidades o apoyos que oferta el gobierno. Una posible interpretación en relación con el certificado de estudios, y dado su parámetro negativo, es que los migrantes sin certificado tienen una mayor probabilidad de tener más éxito en la reintegración a los programas gubernamentales, en virtud de que son más vulnerables y, en consecuencia, susceptibles de ser apoyados por el gobierno.
A pesar de que la variable relacionada con las expectativas de regresar a Estados Unidos no fue significativa, sí tiene el signo esperado, indica que aquellos migrantes que mantienen la ilusión de regresar a Estados Unidos tienen menos probabilidad de involucrarse en actividades sociales en su localidad.
La medición de la reintegración social podría depender de la definición empleada, en nuestro caso, de que los retornados sean beneficiados por algún programa de gobierno, lo que implica tener una red familiar, social y de información. Sin embargo, los distintos apoyos gubernamentales se convirtieron en universales, por lo que las condiciones locales, en este caso, pasan a tener menos importancia como se observa en los resultados del modelo. Ser beneficiario de algún programa público para la integración social es una aproximación importante, ya que implica volver a tener identidad. En este sentido, tener actualizados y en orden los documentos oficiales, como la credencial de elector (INE), el acta de nacimiento y la Clave Única de Registro de Población (CURP) resulta fundamental para garantizar el acceso a los programas públicos y facilitar la reintegración de los migrantes a su comunidad de origen.
Conclusiones
Este artículo contribuye a los estudios sobre migración de retorno desde una perspectiva local, refleja una realidad diversa que enfrentan las personas migrantes en su reintegración económica y social. En la actualidad los movimientos poblacionales continúan reconfigurándose debido a los múltiples cambios en los patrones migratorios nacionales e internacionales. El lugar de origen adquiere relevancia para comprender las causas que suscitan la migración, ya que persisten problemas como la pobreza, la carencia de empleo, la limitada fluidez económica, el acceso insuficiente a una buena alimentación, la deserción escolar de niños y jóvenes, así como la pérdida de identidad y la desintegración familiar. Además, desde hace algunos años el cultivo de la tierra ya no asegura las condiciones de sobrevivencia mínimas, inclusive la creciente manifestación de la violencia e inseguridad se adhiere a los problemas sociales existentes. Estos asuntos públicos son parte de un contexto local cotidiano, que adquieren mayor preponderancia ante las trayectorias, los retos humanitarios y políticos que deben enfrentar los gobiernos para confrontar el fenómeno complejo y multicausal que representa la movilidad humana.
Con frecuencia se sobrestima el discurso gubernamental, aquel que se trata acerca de los impactos y el potencial de las remesas familiares como instrumento de financiamiento para proyectos productivos y como detonante del desarrollo regional, en ausencia de política pública para cumplir dichos objetivos. El desafío del desarrollo consiste en habilitar el contexto mediante el cual las remesas puedan desempeñar un papel transformador, pues aún está pendiente encontrar de qué manera las políticas públicas habilitan un efecto de vinculación de las remesas, para que estas impacten de modo efectivo sobre su absorción en la economía local. Una vez que se conozca la forma en que opera la base productiva, la intervención de las políticas puede colaborar para mitigar las deficiencias o la debilidad de la economía.
Los programas que han sido dirigidos a los retornados, como el 3x1 para migrantes y el FAM, presentan una falta de enfoque sobre las comunidades en Oaxaca y en México, ya que se evidencia la existencia de una desconexión entre proyectos migrantes y las políticas públicas integrales. Entre algunos elementos a considerar en el diseño hipotético de acciones gubernamentales para incentivar la inversión productiva (de las remesas)6 y la reintegración económica y social, se proponen los siguientes:
Fomento y apoyo al espíritu emprendedor (micro, pequeña y mediana empresa), a través de la provisión de información y financiamiento que respalde el proceso de emprendimiento y la consolidación del negocio. Esto incluiría la generación de habilidades emprendedoras y la creación de alianzas que apoyen la actividad productiva.
Apoyo financiero conforme a los perfiles, los proyectos a impulsar y las trayectorias de los retornados.
Ampliación de la capacidad de invertir, donde el capital humano se encargue de organizar el capital financiero, social y de conocimiento, aprovechando las habilidades laborales, las relaciones institucionales y el capital privado que se acumuló en la experiencia migratoria.
Fortalecer el conocimiento y potencializar las habilidades adquiridas en las trayectorias de vida de los retornados, mediante capacitación, talleres, artes, oficios y adiestramiento en actividades específicas para el aumento de la productividad. Es indispensable el reconocimiento de las experiencias laborales, sobre todo en aquellas áreas donde haya transferencia de tecnologías, por ejemplo, la gastronomía, la agricultura y la ganadería.
Propiciar la creación de un sistema productivo local. Este sistema debe incorporar empresas interconectadas e instituciones relacionadas por su cercanía geográfica, con el propósito de maximizar el impacto de la producción local, mejorar la gestión de los bienes y servicios públicos e integrar el conocimiento para promover el bienestar de la comunidad. Se debe fomentar la incursión de productos endógenos de origen regional y agroindustriales.
Orientar las inversiones hacia proyectos rentables que incorporen tecnología e innovación, y reciban apoyo en la comercialización o mediante el crédito.
Promoción de la creación y mejoramiento de la infraestructura física y social pública, con el propósito de que los lugares de origen sean más atractivos para los proyectos productivos e inversión.
Rediseño de estrategias de supervivencia familiar hacia proyectos productivos de mayor impacto, donde la inversión no se filtre hacia ciudades medias, sino que permanezca en la comunidad como parte de la producción endógena y el fortalecimiento del mercado local.
El objetivo principal de esta investigación fue analizar los factores determinantes de reintegración social y económica de los migrantes retornados a Mariscala de Juárez. Para ello se llevó a cabo trabajo de campo con el propósito de recolectar información cuantitativa referente a la percepción y experiencia de los migrantes, lo que permitió generar bases de datos y matrices de información a través de la EMIRR. A partir de la información recolectada se elaboraron dos modelos econométricos que explican la reintegración económica y social de los migrantes retornados en su municipio de origen. Los resultados obtenidos sugieren que:
Las mujeres tienen una mayor probabilidad de que al regresar a la comunidad inicien su propio negocio como medio de reintegración económica.
Hablar inglés (capacidad), estar casado (estado civil), el estatus legal en los Estados Unidos (documentos migratorios necesarios para laborar) y los altos niveles de educación (años de escolaridad) son factores que determinan de forma conjunta la reintegración económica de los migrantes en la comunidad, a través del establecimiento de un negocio.
No contar con algún certificado, una permanencia menor en el extranjero como migrante y los años desde su regreso son factores determinantes en la reintegración social del retornado, ya que incrementan la probabilidad de ser parte o beneficiario de algún programa gubernamental.
Otro hallazgo relevante de este estudio es la construcción particular del perfil migrante de este municipio con las siguientes características: se trata de un grupo poblacional conformado mayormente por hombres, sin embargo, el género femenino tiene cada vez mayor presencia en los flujos migratorios. El 75 por ciento de los migrantes retornados tiene responsabilidades familiares al estar casados o al vivir en unión libre. Este mismo porcentaje se encuentra en edad productiva, entre 21 y 50 años, y en pleno uso de sus capacidades laborales. El 80 por ciento de los retornados posee educación básica, menor a los nueve años, y 80 por ciento de los migrantes usó sus remesas para construir su casa y ayudar a su familia, que en consecuencia mejoró en cierto grado las condiciones de vida.
Los motivos por los cuales los migrantes regresan a la comunidad están íntimamente relacionados con la familia. Ahorrar es la principal acción que realizan los migrantes pensando en su regreso. Una vez establecidos en la comunidad, la principal necesidad que buscan atender es garantizar un ingreso, es decir, asegurar un trabajo. El 40 por ciento de los retornados recurrió al autoempleo. El 60 por ciento de los familiares de los migrantes encuestados recibe algún tipo de apoyo gubernamental, como los programas de Prospera y Pensión para Adultos Mayores, esto indica que existe atención pública a las familias con miembros migrantes. Sin embargo, los migrantes no dependen exclusivamente de esos apoyos, es de esperarse que ello genere círculos virtuosos en el mediano plazo.
Los retornados encuentran ocupación principalmente dentro del sector comercio, en el sector primario, como agricultores y ganaderos, también se integran al sector servicios y de transporte, al ámbito de la construcción y una pequeña proporción es empleada en el sector gubernamental (municipal). Aproximadamente diez por ciento de la población retornada no trabaja por estar desempleada, ser ama de casa, vivir de sus ahorros, de la jubilación o de las remesas. En su experiencia migratoria los retornados incrementaron sus habilidades laborales y modificaron sus actitudes. Adquirieron aprendizajes asimilados a partir del estilo de vida estadunidense, lo que transformó su capital humano. De hecho, y como parte de la problemática a la que se enfrentan los migrantes al momento de regresar a su comunidad, al iniciar esta investigación se supuso que no encontrarían ocupación en el mercado formal, que no tendrían opciones de autoempleo y opciones adicionales en sus fuentes de ingresos; sin embargo, los resultados obtenidos en la investigación mostraron una realidad distinta y no tan adversa.
Los migrantes están conscientes de que al regresar deben ocuparse de inmediato de generar un ingreso, siendo esta su principal necesidad al intentar reestablecerse, ya que los ahorros generados resultan finitos. Se enfrentan a una realidad caracterizada por la escasez de empleo, bajos salarios y, aunque trabajen arduamente, la entrada de dinero a su hogar podría ser mucho menor en comparación con los ingresos que obtenían en Estados Unidos. Es necesario seguir incentivando ese pequeño incremento del capital humano para detonar las competencias laborales y la creatividad de los retornados, ya que los trabajos que desempeñan son de baja jerarquía. La experiencia migratoria, al considerar el ámbito de inserción laboral en el extranjero (Estados Unidos), favorece la integración de los migrantes a algunos sectores de la economía: comercio y servicios, agropecuario (agricultura y ganadería), construcción y transporte.
Una vez que los migrantes llegan a la comunidad de origen inician una serie de acciones que les permiten reintegrarse: reactivan los lazos familiares y de amistades para conseguir empleo, exploran sus propias formas de autoempleo con una inversión en algún negocio (tienda, alimentos, producción y venta de productos agropecuarios), buscan trabajo en alguna empresa o en el sector gubernamental local, y 6.45 por ciento de los retornados ya no necesitó trabajar. Si se considera el giro de las unidades económicas existentes en la comunidad, es muy probable que los migrantes que establecen un negocio se reincorporen al comercio, a los servicios de alojamiento, a la preparación de alimentos y bebidas, y a la industria manufacturera.
Los resultados que se alcanzaron en esta investigación deben ser vistos con cierta precaución, pues es un estudio de caso que no pretende hacer una generalización del fenómeno bajo análisis. Sin embargo, abre un abanico de posibilidades para futuras líneas de investigación relacionadas con discusiones conceptuales sobre dónde comienza y acaba el retorno, la reintegración en sus diversas dimensiones, el desarrollo, las políticas públicas y el entorno socio productivo (realidad económica local) en los municipios con un alto grado de intensidad migratoria y que experimentan altos volúmenes de migrantes de retorno.










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