1. Introducción
Este artículo presenta la interacción de especialistas con conocimientos en arqueología, geomorfología, estratigrafía y sedimentología. Es un intento por comprender cómo se relacionaron los humanos y el ambiente en el sector de uso público del Parque Nacional Sierra de las Quijadas, provincia de San Luis, Argentina (Figura 1).
La investigación geoarqueológica en ese lugar ofrece un valioso ejemplo del rol que tuvieron, y aún hoy tienen, los cauces efímeros para las comunidades de los paisajes áridos y semiáridos en torno a la Diagonal Árida Sudamericana a lo largo de toda su trayectoria histórica de ocupación. Más aún, los resultados que se presentan y discuten son plausibles de comparación con proyectos multidisciplinarios similares que se desarrollan en espacios con déficit hídricos y condiciones geoambientales similares de múltiples latitudes.
Los enfoques tradicionales para evaluar el registro arqueológico implican una combinación de extensas prospecciones con la excavación de yacimientos estratificados. Esa composición de metodologías es la más aplicada en Argentina. Esto es así aun cuando no se ajusta con precisión a todas las áreas y cronologías, principalmente aquellas en donde los sitios superficiales dominan el conjunto de evidencias materiales. En los sectores áridos y semiáridos, mayoritarios en el oeste del país, los yacimientos suelen responder a fenómenos acumulativos fuertemente ligados a las condiciones hidroecológicas, ambientales y geomorfológicas, tanto actuales como pasadas. En esos contextos, los estudios geomorfológicos son una herramienta valiosa para la interpretación de yacimientos arqueológicos que se encuentran en constante proceso de erosión, transporte y entierro (Gómez y Magnin, 2008; Moreiras et al., 2013; Sampietro-Vattuone et al., 2016; Storchi Lobos, 2019; Zárate, 2016).
El Parque Nacional Sierra de las Quijadas (en adelante PNSQ) se ubica en -32° 28’S y -60° 02’O, en el borde de la Diagonal Árida Sudamericana (Bruniard, 1982). Está en el ecotono de las provincias fitogeográficas del Monte y Chaco Árido (Oyarzábal et al., 2008). Fue creado en la década de los noventa del siglo XX a partir de una Ley del Congreso de la Nación, la cual ratifica el acuerdo entre la Provincia de San Luis y el Estado Nacional.
En su proyecto de creación se puso como objetivo “Conservar la diversidad ambiental de la región con sus recursos culturales y naturales, una muestra representativa del ecotono entre las provincias biogeográficas del Monte y del Chaco; y ambientes de gran belleza escénica para el uso y goce de los visitantes” (HCNA, 1991). La Comunidad Huarpe de Guanacache, cuyos territorios están al oeste del Parque, está en un proceso de reemergencia. En ese camino se generó un litigio contra el PNSQ por la restitución de tierras ancestrales en su jurisdicción (Calderón, 2022).
Un principio de solución sobre la cuestión permitió iniciar, en el año 2022, tareas sistemáticas en el interior del Parque a partir del acuerdo con todas las partes. Con excepción de nuestro actual proyecto, los estudios arqueológicos se resumen a las tareas realizadas por el personal de la Administración de Parques Nacionales (en adelante APN). Los mismos fueron realizados, inicialmente, en el marco de la confección de una Línea de Base de Recursos Culturales inicial (APN, 2006). La continuidad se dio a partir de las recomendaciones provenientes de la misma. En general, los esfuerzos estuvieron concentrados en la conservación y monitoreo de los recursos originalmente identificados.
Los trabajos realizados por la APN permitieron obtener dos fechados radiocarbónicos procedentes del hornillo N°6 del yacimiento Hualtarán 1, cuya antigüedad es cercana a los 1000 AP en ambos casos (Molinari, 2000). En los paisajes que rodean al PNSQ, con mayor desarrollo en los estudios, los datos sugieren una historia de ocupación algo más profunda, que abarca al menos la segunda mitad del Holoceno tardío (Gogorza et al., 2021; Heider, 2020, 2022; Ojeda et al., 2021).
El estudio geoarqueológico que presentamos tiene como objetivo aportar información novedosa para comprender la ocupación del sector de uso público del PNSQ, de aproximadamente 25 km2.
En este trabajo, describimos e interpretamos la geomorfología local y la relacionamos con la ocupación humana. El análisis concluye con un estudio de caso a micro-escala, entendido como un sólido ejemplo de aplicación para la ocupación de espacios áridos y semiáridos de múltiples latitudes.
2. Descripción del área de estudio y sus antecedentes
El PNSQ está en el noroeste de la provincia de San Luis, a 100 km de la ciudad capital homónima. El territorio que lo rodea es uno de los menos densamente poblados de San Luis, en particular, y del centro de Argentina en general. El último Censo Nacional (INDEC, 2021) verificó un índice de población de 0.4 hab/km2. Numerosos espacios anecúmenes son interrumpidos por puestos aislados y conjuntos de viviendas en El Forzudo y El Retamo (Mendoza) o San Antonio, El Valle, Tres Lomas, Santa Rita y La Tranca (San Luis). En este último lugar tiene su territorio la Comunidad Huarpe de Guanacache.
La distancia significativa desde la provincia de San Luis a la zona litoral del Océano Atlántico crea un clima continental con modificaciones impuestas por el relieve existente, especialmente las diferencias altitudinales asociadas a las elevaciones serranas (Gez, 1939; Capitanelli y Zamorano, 1972).
En términos generales está posicionada en la transición que existe entre la zona semiárida occidental de la llanura chaco-pampeana y el ambiente árido pedemontano distal de cordillera, coincidente con el borde oriental de la Diagonal Árida Sudamericana. El clima es continental semiárido a árido. Los registros pluviométricos de los últimos 50 años para el área que rodea al PNSQ muestran una precipitación media anual de 450 mm en el este y 240 mm en el oeste. Las lluvias son marcadamente estivales, con más del 65% concentradas entre noviembre y febrero (Hijmans et al., 2005; SMN, 2023). Es común observar eventos torrenciales, con una media anual máxima de 149 mm/h para el periodo 1961-2023 (REM, 2023; SMN, 2023). Las temperaturas oscilan entre 18 °C y 31 °C en verano, y entre 4 °C a 17 °C durante el invierno. La temperatura media anual es de 17 °C. Las mínimas absolutas pueden alcanzar los -10°C, mientras que las máximas se aproximan a los 45°C.
En general, la zona es ventosa, aunque no existen datos específicos para la zona de estudio. Como consecuencia del régimen de precipitaciones y temperatura, Peña-Zubiate y d’Hiriart (2009) concluyeron que la evapotranspiración y el balance hídrico son negativos durante todo el año.
Según Capitanelli y Zamorano (1972), el área que rodea al PNSQ pertenece a territorio fitogeográfico del Dominio Chaqueño y, dentro de éste, al distrito Chaqueño-Serrano. Más recientemente, Oyarzábal et al. (2018) caracterizaron esta comarca como Bosque Xerófilo con Aspidosperma (“quebrachoblanco”) en transición a la estepa. Peña Zubiate y d’Hiriart (2009) reportaron que la vegetación típica está representada por una estepa arbustiva dominada por especies del género Larrea y Mimozyganthus, así como por arbustos enanos de los géneros Gahamia y Atriplex. La diversidad faunística es alta, aunque muchos de sus componentes han sufrido una fuerte reducción en sus poblaciones provocada por la intervención antrópica. Entre los mamíferos representativos hay dos especies de pecaríes, el labiado (Tayassu pecari) y el de collar (Tayassu tajacu). El guanaco (Lama guanicoe) actualmente sólo cuenta con relictos poblacionales en el PNSQ y la sierra de El Gigante. El ñandú (Rhea americana) es el ave de mayor tamaño, aunque su presencia se verifica mayormente en las extensas pampas de la cuenca del Río Desaguadero/Salado, al este del área de estudio (Karlin et al., 1994).
En el oeste de San Luis, fuera de las elevaciones serranas, el paisaje típico es el de llanura levemente ondulada (Irigoyen, 1981). Los positivos morfológicos de Guayaguas, Cantantal, Quijadas, El Gigante, Cerrillada de las Cabras y Cerro Varela, Charlone y Sierra del Tala fueron nomenclados como “Serranías Occidentales”. González Díaz (1981) denominó como “Depresión Occidental” al oeste y el noroeste de la cuenca del río Desaguadero-Salado. Por su parte, la “Depresión Longitudinal Central” es la depresión tectónica que existe en las Sierras de San Luis y las Serranías Occidentales. Allí, Candia-Halupczok (2015) y Ojeda et al. (2021) realizaron descripciones de la geomorfología y las secuencias estratigráficas de arroyos caracterizándolos como cauces efímeros discontinuos (sensuBull, 1997). González Díaz (1981) reconoció rasgos morfológicos propios de estos ambientes como abanicos aluviales, además de dos niveles de pedimentos desarrollados sobre sedimentos cretácicos y “terciarios” cerca de la localidad de La Chañarienta. Los mismos fueron posteriormente incluidos en el trabajo de Costa et al. (1999). Canalis (1993) identificó cursos efímeros con un diseño radial centrípeto, con sectores que presentan dendríticos, rectangulares e incluso enrejados.
En el piedemonte proximal de la Sierra de las Quijadas, Candia-Halupczok (2015) reconoce abanicos aluviales y depósitos de sistemas fluviales trenzados, originados por la erosión del Grupo El Gigante (Flores, 1969) durante el Cuaternario. El río Desaguadero/Salado es el único curso hídrico destacado, en la actualidad es de carácter temporario, con una alimentación principal asociada a las lluvias locales. Los importantes caudales alóctonos que provenían del deshielo a través de ríos cordilleranos disminuyeron notoriamente a partir del siglo pasado, con valores medidos en la Estación hidrométrica de Arco del Desaguadero, durante el año 2010 de sólo 2.3 m3/s (SNIH, 2013). Esta merma se atribuye tanto a factores antrópicos (construcción de embalses en la cuenca alta) como naturales por la menor disponibilidad de nieve en la cordillera (Ojeda et al., 2013). Basada en el sistema Soil Taxonomy (USDA, 1975), los suelos corresponden principalmente a los órdenes Aridisoles y Entisoles (Peña-Zubiate y d’Hiriart, 2009). En ellos predominan texturas franco arenosas a franco limosas con bajo contenido de materia orgánica (sólo cercano al 1%).
En una mirada de mayor detalle es posible caracterizar a la sierra que da nombre al Parque como consecuencia de un plegamiento y fallamiento de rocas mesozoicas, en consonancia con los episodios tectónicos en curso relativos a la orogenia andina (Costa et al., 1999; Gardini et al., 2006). Las rocas sedimentarias plegadas son del Cretácico y corresponden principalmente a los sedimentos continentales del Grupo El Gigante y la Formación Lagarcito (Flores, 1969). Esa estructura tectónica dio lugar a un braquianticlinal asimétrico (Gardini et al., 2006), con un flanco suave y extendido hacia el este, el cual forma el fondo de una depresión tectónica. Sobre esta superficie estructural, se depositaron sedimentos neógenos y cuaternarios que formaron un piedemonte con una pendiente menor a los 5% en el este (Figura 2). En el flanco oriental de esa estructura se reconoció un paisaje de cuesta junto con remanentes típicos de esos ambientes, como son los abanicos aluviales y pedimentos (González Díaz, 1981; Ramonell et al., 1992; Costa et al., 1999). El relieve de la cuesta está dominado por conglomerados de la Formación San Roque, propia del Neógeno (Flores, 1969). Presenta un buzamiento suave a moderado hacia el este y una estratificación gruesa.

Figura 2 Vista del Arroyo Hualtarán, de fondo la Sierra de las Quijadas. Las flechas negras indican las estructuras tradicionales utilizadas por los criollos para cosechar agua (represas).
Los estudios arqueológicos iniciales para el oeste y norte de San Luis son propios de la primera mitad del siglo XX (Gez, 1916; Outes, 1926; Vignati, 1928). Tenían un carácter puramente descriptivo y dieron cuenta de materiales líticos y estructuras de tierra cocida, denominadas alternativamente fogones, hornillos, tinajas o botijas (Greslebin, 1928; Heider y Curtoni, 2016).
Hace un lustro se retomaron los estudios en la región, mientras que en el PNSQ se cuenta con el permiso de investigación desde agosto del año 2022. La generalidad que los primeros europeos y criollos le impusieron al paisaje, nombrándola como Travesía, no se corresponde con su uso en el pasado prehispánico, e incluso en momentos de contacto hispano-indígena. Los resultados obtenidos, aunque preliminares, permitieron la identificación de numerosos sitios con hornillos, material lítico y escasos fragmentos cerámicos (Ávila Navas, 2018; Heider, 2022). La resolución cronológica es débil, con tres fechados que generan una señal concentrada a finales del Holoceno (Heider, 2022).
La presencia de sitios en torno a represas o puestos, así como el tránsito de ganado vacuno y caprino, son factores que se evidenciaron como promotores de procesos postdeposicionales relevantes en la región. Aun así, es posible afirmar que todos los recursos líticos muestran una combinación de estrategias expeditivas y conservadas (Nelson, 1991) dependiendo de la distancia que existe a las fuentes potenciales identificadas en una escala regional (Heider, 2022; Ávila Navas, 2023).
Específicamente los hornillos, entendidos como un rasgo destacado del registro, son parte de estudios multidisciplinarios y experimentales pendientes a determinar su funcionalidad. Este se desarrolla a partir de una propuesta del equipo relacionada con la cosecha de agua en contextos donde el recurso hídrico fue crítico en la toma de decisiones (Heider, 2020, 2022).
3. Materiales y métodos
Las investigaciones arqueológicas implicaron una combinación de metodologías características del trabajo geoarqueológico (Waters, 1992) y de la Arqueología Distribucional (Ebert, 1992).
Las prospecciones se planificaron a través del programa QGIS 3.4©, utilizando imágenes de satélite y mapas digitales. Cada prospección implicó diferentes estrategias de acceso, diseñándose como etapas complementarias. La primera incursión buscó identificar yacimientos y reconocer el paisaje desde una estrategia clásica u oportunista (Aldenderfer, 1998). La segunda consistió en un muestreo probabilístico estratificado (Renfrew y Bahn, 1998) a partir de transectas longitudinales y muestreos diferenciales en sectores y yacimientos representativos.
Adicionalmente, se realizaron relevamientos en sectores considerados no prioritarios, cercanos o alejados de los sitios que se identificaban en cada campaña. Entre ellos se incluyeron parches de monte, sectores de barrancas y obras civiles (puestos, corrales, represas y caminos). Los trabajos de campo fueron realizados por un mínimo de dos personas y un máximo de seis, entre los que se encontraban alternadamente integrantes de comunidades originarias, referentes locales, miembros del proyecto de investigación y personal de la APN.
La combinación de estrategias mencionada tuvo como finalidad optimizar las probabilidades de detección de la mayor cantidad y diversidad de sitios arqueológicos posibles. Los hallazgos aislados no son incluidos en esta publicación.
Finalmente, no se incorporan las coordenadas específicas de los sitios por expresa solicitud de las comunidades locales. Los mismos están disponibles para los investigadores interesados en la Dirección Regional Centro de APN.
Las unidades geomorfológicas se delimitaron a partir de la interpretación de imágenes satelitales de alta resolución espacial proporcionadas por Google Earth©. Adicionalmente se utilizaron imágenes de sombreado artificial generadas a partir de Modelos Digitales de Elevación (MDE) disponibles en línea en el sitio del Instituto Geográfico Nacional (2023) (MDAr v2.0). Los mismos cuentan con una resolución espacial de 30 m y 2 ±4 m de resolución vertical. Este MDE también se utilizó para obtener datos morfométricos como pendiente y elevaciones relativas. La digitalización y el tratamiento general de los datos de las imágenes se procesaron mediante el Sistema de Información Geográfica QGIS 3.32©.
La litología de las unidades geomorfológicas se caracterizó mediante perfiles estratigráficos levantados en las paredes de depósitos aluviales asociados a los cursos efímeros. Las muestras de rocas y sedimentos recolectadas en el campo fueron descritas y procesadas en el laboratorio de suelos del Departamento de Geología de la Universidad Nacional de San Luis, Argentina. El objetivo fue determinar sus características granulométricas. El procedimiento estándar aplicado para esta determinación fue el ASTM-D422. Las fracciones gruesa y de grava se analizaron por tamizado, con la separación granulométrica mecánica en seco realizada con ASTM E11 N° 10 (2 mm), 18 (1 mm), 35 (0.5 mm), 60 (0.250 mm), 120 (0.125 mm), 230 (0.063 mm) y 270 (0.053 mm). Estas aperturas de malla corresponden al límite de la escala de Udden-Wentworth. Para las partículas más finas se utilizó el método del hidrómetro de Bouyoucos. El porcentaje de CaCO3 se determinó por método gasométrico en un calcímetro tipo Scheibler.
4. Resultados
4.1. PROCESOS GEOMORFOLÓGICOS, AMBIENTALES Y CULTURALES
Los procesos dominantes en el área son la acción erosiva y agradacional asociada a la escorrentía superficial efímera producto de las lluvias estacionales.
En el sector occidental se destaca la presencia de una amplia depresión, de carácter erosiva (Figura 3: DEA) con desniveles de más de 200 m. La misma fue generada por la erosión fluvial del sector central y el flanco oriental de la estructura plegada de Sierra de las Quijadas, mayormente en depósitos arenosos mesozoicos. En esos conglomerados de metamorfitas predominan las cuarcitas, actualmente disponibles en superficie. La ladera serrana occidental (Figura 3: LAO) se desarrolla hacia el este, sobre capas geológicas cuyo buzamiento es del 4 a 13 %. La escorrentía superficial efímera erosionó esas capas constituidas, en su mayor parte, por sedimentos gruesos correspondientes a los conglomerados de la Fm. La Cruz (Flores, 1969). Esto permitió el desarrollo de un sistema de canales de alta densidad con diseño general subdendrítico.

Figura 3 Mapa geomorfológico del sector estudiado. Los círculos blancos representan yacimientos
arqueológicos. Las líneas punteadas azules son cauces efímeros
principales.
Glosario: (AAL) Abanicos aluviales; (DEA)
Depresión Erosiva; (LAO) Ladera accidental; (LYD) Piedemonte
oriental Sierra de las Quijadas; (RCU) Relieve de cuestas; (ZEE)
Superficie de erosión subhorizontales; (ZEL) Superficie de erosión
en la Fm. Lagarcito; (P) Ubicación del perfil presentado en este
trabajo; (A-A’ y B-B’) perfiles topográficos.
Sin embargo, los colectores principales que desembocan en la base de la ladera muestran diseños de alta sinuosidad (meandriformes). Luego de ese punto, la pendiente disminuye a valores próximos al 1.5%, lo cual genera un cambio topográfico que favoreció la expansión lateral de los flujos de crecida. Eso generó una pérdida de velocidad y depositación de la carga sedimentaria en el piedemonte. A unos 3 km al este de la base de la ladera se presentan elevaciones asociadas a relieves de cuestas (Figura 3: RCU) en conglomerados y areniscas de la Fm. San Roque (Flores, 1969).
Más del 70% de la superficie del área de estudio está compuesta por depósitos aluviales (Figura 3: AAL). Los mismos están constituidos por conglomerados que van desde gravas gruesas a finas hasta arenas conglomerádicas, son de coloración dominante grisácea y provienen de la erosión de los depósitos de la Fm. La Cruz (Flores, 1969). Pueden alcanzar espesores máximos de 10 m y forman una superficie irregular debido a la presencia de canales menores que lo erosionan. Forman sistemas de lomadas con crestas suavemente redondeadas.
Esta unidad se reconoce en las imágenes Google Earth© por su coloración grisácea y una textura fotogeológica moteada debido a la presencia de arbustos y árboles. Este manto aluvial, que genéticamente correspondería a abanicos aluviales, se depositó como respuesta al último pulso de elevación serrana, probablemente al principio del Cuaternario. Los depósitos cubrieron prácticamente toda la superficie preexistente desarrollado sobre capas de areniscas finas y limolitas de coloración rojiza de la Fm. Lagarcito (Flores, 1969). La erosión de los depósitos aluviales fue consecuencias del mismo tipo de cursos que previamente los depositaron.
Esto desmanteló parte de amplios sectores y generó extensas zonas caracterizadas por superficies de coloración rojiza, notoriamente horizontales o muy escasamente inclinadas, localizadas entre los depósitos conglomerádicos grises (Figura 3: ZEE). Estas se integran a partir de depósitos moderadamente consolidados, de textura dominante areno-limosas con gravas subordinadas. Las superficies de escaso relieve se presentan desprovistas de vegetación debido a la intensa actividad erosiva canalizada y laminar. Su coloración se debe mayormente a la erosión del substrato, constituido por los depósitos finos infrayacentes de la Fm. Lagarcito (Flores, 1969).
La diferencia altimétrica entre la superficie de los depósitos de abanicos aluviales (AAL) y los sectores donde estos han sido removilizados (ZEE) pueden ser de unos 6 m en los sectores proximales a la ladera serrana (LAO; Figura 3: perfil topográfico). Sin embargo, este grado de encajamiento no siempre es tan importante ni evidente.
Los sistemas de surcos, cárcavas y arroyos son numerosos, forman patrones mayormente distributarios siguiendo la suave pendiente general al este. Su funcionalidad principal queda restringida básicamente al momento de escorrentía durante las lluvias estacionales, cuando se pueden generar cárcavas y arroyos con anchos variables entre 5 y 30 m, así como profundidades máximas de 4 m.
En este punto es necesario destacar la intensa acción de la erosión laminar sobre la superficie de los depósitos aluviales, evidenciada por la presencia de vegetación o fragmentos rocosos en pedestal. Tanto en el norte como al sur del sector previamente descrito se observan áreas de erosión relativamente pequeñas y de coloración rojiza (Figura 3: ZEL), asociadas a canales efímeros actuales. Estas se interpretan como el inicio de la actividad erosiva de desmantelamiento de los conglomerados que forman los depósitos de abanicos aluviales y desarrollan posteriormente planicies de peladales rojizas, similares a la que dominan el PNSQ en su sector de ingreso.
La erosión y removilización durante el Holoceno, tanto de los depósitos de abanicos aluviales como aquellos de la Fm. Lagarcito, cubrió con sedimentos las zonas previamente erosionadas en los depósitos aluviales. La secuencia estratigráfica de estos depósitos es visible en las barrancas de cárcavas y arroyos del faldeo oriental de las Serranías Occidentales de San Luis y que abarcan el espacio temporal del Pleistoceno tardío-Holoceno. En el arroyo sin nombre (Figura 2) se realizó un estudio sedimentológico y estratigráfico inicial, su objetivo fue relacionarlo con las secuencias conocidas a escala regional (Tabla 1).
Tabla 1 Fracción granulométrica expresada en milímetros a partir de Hidrómetro de Boyoucus. Las unidades están presentadas de techo a piso.
| Fracción granulométrica (mm). Hidrómetro de Boyoucus | |||||||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| ≥ 2 | 1 | 0.5 | 0.25 | 0.125 | 0.0625 | 0.032 | 0.016 | 0.008 | 0.004 | < 0.004 | |
| Unidades | Gravas | Arenas | Limos | Arcillas | |||||||
| A | 0.7 | 2.5 | 3 | 3.9 | 6.2 | 16.5 | 6 | 20 | 15.5 | 4 | 22 |
| B | 6.5 | 0.1 | 0.1 | 0.1 | 0.2 | 0.9 | 49 | 6.5 | 4.6 | 16.6 | 15.5 |
| C | 37.8 | 5.2 | 6.6 | 9.6 | 7.2 | 8.7 | 6 | 7 | 7 | 2 | 3 |
En el perfil estratigráfico se identificaron 4 subunidades cuyas características sedimentológicas permitieron una caracterización detallada de la sucesión aflorante (Figura 4). La unidad superior “A” corresponde al horizonte orgánico de superficie y está compuesta por limos arcillosos y arenas muy finas. Infrayace la unidad “B” donde predominan limos arcillosos con grava fina dispersa, cuyas características permiten su correlación con la Formación El Chimborazo (Ojeda et al., 2021). Subyace la unidad “C” constituida mayormente por gravas arenosas algo limosas, cuyas características son similares a la Unidad Innominada identificada en los perfiles ubicados al este del PNSQ. Finalmente, en la base del perfil y correspondientes a la Unidad “D” se observan gravas arenosas propias de la Formación Alto Grande.

Figura 4 Erosión laminar en el yacimiento Hualtáran 1. La flecha negra indica uno de los 12 hornillos actualmente visibles en superficie.
La secuencia presentada no cuenta con resultados disponibles más allá de los presentados. Sin embargo, los estudios previamente realizados en la región cuentan con suficiente información para caracterizar paleoclimáticamente el sector de interés dentro de PNSQ. La Fm. Alto Grande es vinculada a las condiciones climáticas del Último Máximo Glacial del Pleistoceno tardío, considerando, además, que infrayace a depósitos loessoides de la Fm. Barranquita que contienen paleomamíferos de la Edad Mamífero Lujanense y dataciones radiocarbónicas de ca. 12.000 años AP. La suprayacente Unidad Innominada en la región (Ojeda et al. 2021) probablemente se desarrolla durante el Holoceno medio considerando los aportes procedentes de las condiciones climáticas correspondientes al Óptimo Cálido del Holoceno Medio (Hypsitermal).
Las unidades deposicionales cercanas a la superficie, que abarcan el Holoceno tardío final, o sea, los últimos 1500 años AP, corresponden a la Fm. El Chimborazo (Ojeda et al. 2021) cuya datación es ca. 1700 años AP y en consecuencia se vincula con el Óptimo Cálido Medieval o Anomalía Climática Medieval, en las que ya se describieron evidencias arqueológicas en el Arroyo Los Hornos, ubicado al oriente del área en estudio. La unidad superficial del área corresponde a un horizonte orgánico, pero que en el entorno tiene representación saltuaria considerando la dominancia de los depósitos arenosos de origen aluvial y eólico.
Los cambios abruptos en el paisaje actual, dentro de los sitios arqueológicos, se relacionan con la acción humana.
En la Figura 5 se observa a Daniel Figueroa (APN) parado al lado de un hornillo actualmente expuesto y perteneciente al sitio fechado en un milenio de antigüedad. En la parte frontal de la imagen hay un algarrobo hachado para la producción de carbón en tiempos históricos. La diferencia en el nivel es de más de 50 cm, mayormente consecuencia de la profundización de la cárcava -vegetada-, luego de que se realizara una intervención para mejorar un camino histórico que permitió el ingreso de vehículos para turistas.

Figura 5 Erosión laminar en el yacimiento Hualtáran 1. La flecha negra indica uno de los 12 hornillos actualmente visibles en superficie.
Una vez presentado el entorno físico ¿la visibilidad arqueológica es una limitante para identificar yacimientos? ¿Qué factores degradan y modifican el registro local? ¿Dónde están los sitios? ¿Cuáles son las materialidades disponibles y qué permiten proponer respecto a la funcionalidad de los sitios?
La visibilidad arqueológica en los espacios poco vegetados y las superficies erosionadas dentro de los cauces (ZEE) es de muy buena a excelente. En el sector alto de la sierra (DEA), donde están las canteras arqueológicas, también existe una muy buena visibilidad general y, en menor medida, espacios con vegetación densa que disminuyen el tránsito, aunque no la posibilidad de identificar artefactos arqueológicos en la superficie.
Una situación similar ocurre en las lomadas del piedemonte (AAL), así como en la sierra y las quebradas. Allí la vegetación arbustiva es relativamente abundante, aunque con muy baja presencia del estrato herbáceo. Con lo cual no hay limitantes considerables para el registro de materiales. Es posible afirmar, entonces, que la visibilidad no es un factor limitante para la identificación de yacimientos en el sector estudiado (Figura 6).

Figura 6 (A)Ejemplo de cantera arqueológica en el mirador del Potrero de la Aguada; (B) fogón de piedra aún estructurado en el límite en el sur del yacimiento Hualtarán 1; (C) Hornillo en el sitio El Cachilote 2; (D) Experimento 1 del estudio tafonómico en desarrollo.
Las laderas serranas (LAO) y los depósitos de abanicos aluviales (AAL) constituyen más del 75% del paisaje analizado. Allí el impacto de la erosión hídrica y eólica es bajo, se observan pocos espacios con enterramiento de materiales por acumulación de polvo. En contraposición, la erosión hídrica es el principal factor de alteración del registro en los cauces (ZEE). En ese sector del paisaje está la mayor concentración de sitios en el piedemonte. Los estudios de taxonomía lítica (Figura 6) fueron planificados y ejecutados desde la llegada al PNSQ. Los datos obtenidos son aún escasos para aportar conclusiones sólidas, además de no ser objetivo específico de este trabajo. No obstante, una primera observación permite proponer escaso movimiento lateral de los materiales. Las piezas grandes no se movieron durante la temporada de lluvias estivales, mientras que las piezas pequeñas se movieron menos de 2 mm. A partir de esa observación se considera válido retomar lo presentado por Fanning et al. (2009) en geoformas similares, en las cuales observan que el flujo de agua favorece la exposición sin producir notorios movimientos laterales del material. Los artefactos se movilizan sobre una superficie común a medida que esta se pierde por erosión hídrica laminar, pero sin distanciarse del lugar donde fueron desechados o abandonados. Ejemplos notorios en este sentido ofrecen los fogones de piedra, analizados recientemente en una tesis de licenciatura (Ávila Navas, 2023), visibles en los paisajes locales aún “armados” cuando están lejos de las cárcavas (Figura 6).
Los parches de vegetación en las lomadas son utilizados por animales para consumo y sombra. En el tránsito para acceder a los mismos atraviesan algunos yacimientos en los que se observan fracturas por pisoteo de restos cerámicos, óseos y piezas líticas pequeñas. Sin embargo, la incidencia de los caminos es mínima en cuanto a la superficie afectada, situación que reduce la probabilidad de alta afectación al registro.
Los animales cavadores dejaron rastros en los pocos hornillos que se excavaron durante la campaña de invierno 2023. No se observaron piezas fracturadas por shock término, aunque la profundización de los estudios puede mostrar una mínima incidencia de las mismas.
El registro arqueológico identificado es claro, aún en esta etapa inicial de trabajo (Tabla 2, material suplementario). En los sectores altos del oeste se identificaron 34 sitios definidos como canteras-taller (Figura 3, corte A-A’). El tamaño de las mismas, su distribución, la densidad de piezas y las características tecnológicas observadas permitieron definir a ese espacio como el área de canteras Mirador del Potrero (Heider, 2023).
Tabla 2 Composición general de los sitios identificados en el área de interés del Parque Nacional Sierra de las Quijadas. Glosario: U.A. (ubicación aproximada); C.G. (contexto geomorfológico); Lat. (Latitud); Longitud (Long.); LT. (lítico); CR. (cerámico); HR. (hornillos); FG. (fogón de piedra); Ti. Si. (tipo de sitio); E.C. (estado de conservación); Mir. del Potrero (Mirador del Potrero); Queb. de Aravena (Quebracho de Aravena); ZEE (Superficie de erosión subhorizontales); P. (presente); A. (ausente); B.R. (base residencial); C.T. (cantera taller); Pie. (Piedemonte Hualtarán 1). Los datos presentados carecen de precisión geodésica (en minutos y segundos) a solicitud de las comunidades originarias con las que interactuamos durante la campaña.
| Sitio | U.A. | C. G. | Material Arqueológico | Ti. Si. | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Latitud | Longitud | LT | CR | HR | FG | |||
| Hualtarán 1 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | P. | P. | P. | B.R. |
| Hualtarán 2 | ZEE | -32.5 | -67.2 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 3 | ZEE | -32.5 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 4 | ZEE | -32.5 | -67.2 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 5 | ZEE | -32.6 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 6 | ZEE | -32.6 | -69.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 7 | ZEE | -32.6 | -67 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 8 | ZEE | -32.6 | -67 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 9 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | P. | P. | B.R. |
| Hualtarán 10 | ZEE | -32.7 | -67 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 11 | ZEE | -32.7 | -67 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 12 | ZEE | -32.6 | -67.1 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 13 | ZEE | -32.7 | -67.1 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 14 | ZEE | -32.5 | -67.2 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 15 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 16 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | P. | A. | B.R. |
| Hualtarán 17 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 18 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 19 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 20 | ZEE | -32.5 | -66.9 | P. | P. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 21 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | P. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 22 | ZEE | -32.5 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 23 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | P. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 24 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | P. | A. | B.R. |
| Hualtarán 25 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 26 | ZEE | -32.4 | -68.9 | P. | A. | A. | P. | B.R. |
| Hualtarán 27 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 28 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | P. | B.R. |
| Hualtarán 29 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | P. | A. | A. | B.R. |
| Hualtarán 30 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | P. | B.R. |
| Hualtarán 31 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | P. | B.R. |
| Mir. del Potrero 1 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 2 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 3 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 4 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 5 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 6 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 7 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 8 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 9 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 10 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 11 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 12 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 13 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 14 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 15 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 16 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 17 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 18 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 19 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 20 | DEA | -32.5 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 21 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 22 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 23 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 24 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 25 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 26 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 27 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 28 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 29 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 30 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 31 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 32 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 33 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Mir. del Potrero 34 | DEA | -32.4 | -67 | P. | A. | A. | A. | C.T. |
| Queb. de Aravena | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Camino de Rosi 1 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Camino de Rosi 2 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| Camino de Rosi 3 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | A. | A. | A. | B.R. |
| El Cachilote 1 | ZEE | -32.3 | -66.9 | P. | P. | A. | P. | B.R. |
| El Cachilote 2 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | P. | P. | P. | B.R. |
| El Cachilote 3 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | P. | P. | P. | B.R. |
| Pie. Hualtarán 1 | ZEE | -32.4 | -66.9 | P. | P. | P. | P. | B.R. |
En todos los casos individualizados se observaron grandes concentraciones de cuarcitas procedentes de la Fm. La Cruz (Flores, 1969). Estas tienen colores variados, con predominio del blanco y el violeta. La calidad para la talla es muy buena a excelente.
En el registro se observan lascas de diferentes tamaños y etapas de manufactura, núcleos, nódulos testeados y, en menor medida, instrumentos formatizados. Es notoria la presencia de nódulos testeados y núcleos de pocos lascados formatizados en clastos que tienen pesos de hasta 15 kg. Muchas de las lascas primarias y secundarias (Aschero, 1975; 1983), propias de las etapas iniciales de manufactura, tienen tamaños grandes o muy grandes. Los núcleos tienen formas variadas y no están agotados. En ninguna de las canteras taller se identificaron fogones, hornillos o cerámica. Más aún, casi toda la materialidad corresponde a instrumentos y ecofactos de la cuarcita local.
En los cauces el panorama es opuesto al expresado para el área de canteras Mirador del Potrero. Los recursos líticos incluyen rocas distintas a la cuarcita, como calcedonia, cuarzo y granitos. Los tamaños de las piezas son variados, incluyendo lascas de retoque y piezas en avanzado estado de formatización. Puntas de proyectil, raspadores, raederas y cuchillos forman parte con recurrencia del registro observado (Heider, 2023). Los núcleos tienen múltiples lascados, aun cuando no se encuentran agotados en la mayor parte de los casos. Otros elementos destacan en el registro y lo distinguen de las canteras: fogones de piedra, hornillos, conanas (i.e. artefactos de molienda pasivos), manos de moler, hachas y tiestos de cerámica.
Diversos autores validan la suposición de que los sitios con esas materialidades corresponden a bases residenciales, campamentos base o espacios internodales de uso recurrente (Ots et al., 2016; Chiavazza et al., 2021; Ávila Navas, 2023).
Desde nuestro proyecto de investigación se propuso incluso que los hornillos de tierra cocida son rasgos ligados a la cosecha y almacenamiento de agua en las bases residenciales, utilizadas mayormente en la temporada estival, dentro de la cual se concentran la mayor parte de las lluvias (Heider, 2020; Ojeda, et al., 2021).
5. Discusión y consideraciones finales
Entender patrones de uso del espacio requiere prestar atención tanto a la resolución cronológica como a la distribución de los yacimientos, las materialidades y el marco geomorfológico en el que son identificados. Sin embargo, no siempre los proyectos de investigación cuentan con un conjunto de datos abundante y completo.
En los trabajos comenzados dentro del PNSQ se priorizó la generación de una línea de base de recursos culturales para el sector de uso público. Esto relegó la posibilidad de disponer de una resolución cronológica detallada, con lo cual, el inicio de las ocupaciones en el sector del piedemonte oriental se mantiene en los ca. 1000 AP aportados por Molinari (2000). En las canteras de la sierra la situación es aún más compleja. La falta de material factible de ser datado y la forma en que se generan este tipo de sitios, a partir de palimpsestos con múltiples reutilizaciones, dificultan la posibilidad de identificar eventos individuales.
Los estudios geoarqueológicos y distribucionales se tornan, en consecuencia, imprescindibles al momento de generar datos e interpretarlos. En la sierra (DEA) no hay evidencias de perturbación notoria del registro. En el piedemonte (ZEE) los artefactos de piedra, tiestos cerámicos, fogones y hornillos quedan expuestos como consecuencia de la erosión hídrica. Las diferencias de nivel determinan la capacidad de movimiento de los materiales.
Como nos informan Fanning y Holdaway (2001), los artefactos de piedra y los fogones se tornan visibles a medida que los sedimentos finos son eliminados por el flujo superficial no concentrado. En pendientes con más de dos grados el flujo también puede mover artefactos pequeños, con dimensiones inferiores a los 20 mm. El movimiento lateral es poco perceptible entre los artefactos más grandes. Solo los puntos del paisaje que concentran el flujo de agua (barrancas y canales) pueden realmente desplazar todos los artefactos. La situación descripta por los autores se observa con claridad en el PNSQ. Con lo cual se puede afirmar, al menos en esta etapa, que los yacimientos identificados reflejan el uso del espacio, aún ante un registro de naturaleza promediada propia de los contextos arqueológicos superficiales.
El uso del espacio en el PNSQ tiene una distribución de yacimientos sencilla de presentar. Las canteras-taller de cuarcitas están en la parte alta de la sierra (Figura 3: corte A-A’), en los puntos donde hay depósitos secundarios accesibles (Nami, 1992). Allí se realizaron actividades de testeo, canteo y las primeras etapas de elaboración de artefactos (Heider, 2023). No hay evidencias de instalaciones de molienda, fogones u otros artefactos que equipan lugares (Kuhn, 1994).
Los habitantes actuales de la región tampoco viven en lo alto de la sierra, ni lo hacían sus antepasados cercanos. La “Posta del Cuyum” ofrece alimentos y bebidas a los visitantes del Parque, fue realizada en el interior del área de canteras. El funcionamiento del parador depende del transporte de agua con camiones cisterna que “suben” el agua desde el bajo. Hasta que se profundicen los estudios es válido imaginar, para el pasado arqueológico, una combinación entre los desplazamientos de personas, o grupos pequeños, para aprovisionarse de rocas con propósitos especiales (Gould, 1978) y/o la obtención durante la ejecución de distintas tareas de subsistencia básicas (Binford, 1979).
Antes de la existencia del PNSQ las comunidades locales accedían al valle interior de la Sierra de las Quijadas (denominado Potrero de la Aguada), para cazar guanacos y juntar o arriar vacas. Aún son visibles cimientos de pequeños campamentos temporarios ubicados en el comienzo de las quebradas, al este del potrero (Heider, 2023). Los mismos se solapan con sitios arqueológicos con evidencias que, a priori, se asumen como prehispánicas (Figura 3: corte A-A’).
En el piedemonte se concentra otro tipo de sitios, variados en sus materialidades, similares a los caracterizados como bases residenciales en la región (Chiavazza et al., 2021; Heider, 2022; Ávila Navas, 2023). Otra vez, el patrón actual del uso del territorio se reitera y superpone con el pasado. Los yacimientos y la infraestructura actual están en el interior de las cuencas (Figura 3, corte B-B’).
Los cauces efímeros e intermitentes desempeñan las mismas funciones hidrológicas y ecológicas que los perennes (i.e transportar agua, nutrientes y sedimentos). Como mencionan Levick et al. (2008), esas geoformas proporcionan conexiones hidrológicas paisajísticas; disipan la energía de la corriente para reducir la erosión y mejorar la calidad del agua superficial y subsuperficial; transportan, almacenan y depositan sedimentos para contribuir a las llanuras aluviales; son hábitat de vida silvestre y corredores de migración; favorecen a las comunidades vegetales en las riberas y proporcionan servicios a la fauna (forraje, cobertura, nidificación y corredores de desplazamiento).
Las ventajas mencionadas eran, sin duda, bien conocidas por los grupos humanos que habitaban los paisajes áridos y semiáridos. Grupos humanos de múltiples latitudes con climas áridos y semiáridos concentraron la ocupación dentro de los cauces efímeros e intermitentes.
Una revisión aleatoria permite observar que en un importante número de trabajos arqueológicos en las cuencas del sudoeste de Estados Unidos identifican ese patrón. Por ejemplo, en Queen Creek (Arizona, Estados Unidos) se documentaron asentamientos con cronologías que van desde cazadores recolectores a los pueblos Hohokam y Salado (Schaafsma y Countryman, 2018; Woodson, 2016). Estudios similares al sur de Sleeping Ute Mountain (Colorado, Estados Unidos) indican la presencia de corrientes efímeras utilizadas como centros de asentamiento periódicos con riego por inundación entre 1400 y 700 AP (Huckleberry y Billman, 1998; Billman, 2003). En extremos opuestos del planeta se reitera el patrón.
El yacimiento de Qurayyah (Tabuk, Arabia Saudí) fue descrito como un gran oasis ocupado desde principios del Holoceno. La geomorfología local permitió a los humanos estructurar su paisaje y desarrollar estrategias de gestión del agua en wadis (Hüneburg et al., 2019). La gestión de las escorrentías fue clave para la subsistencia en los entornos áridos de Marmarica (noroeste de Egipto). En ese territorio, Vetter y Rieger (2019) demuestran cómo la respuesta a largo plazo de los habitantes locales estuvo fuertemente ligada a la comprensión y adaptación de las geoformas capaces de colectar agua en los cortos periodos de lluvia.
La prominencia de los cauces asociados a evidencias humanas en el piedemonte del PNSQ es similar a las presentadas en el párrafo previo para otras latitudes. El fenómeno se repite en el área que rodea al Parque (Heider, 2020; Ávila Navas, 2023). A escala regional el patrón de movilidad y uso del espacio estuvo fuertemente ligado a la disponibilidad de agua en los últimos dos milenios, incluso hasta fines del siglo XVIII (Chiavazza et al., 2021). Las condiciones paleoclimáticas parecen estar ligadas a este fenómeno. Las barrancas muestran procesos edáficos relacionados con la Anomalía Climática Medieval, previamente identificada en otros sectores del área a partir de estudios estratigráficos y sedimentológicos (Ojeda et al., 2021). La cronología detallada mediante variaciones seculares del campo magnético terrestre al este de Sierra de las Quijadas apoya las conclusiones previas (Gogorza et al., 2021). Las cronologías arqueológicas se inician o tienen un pico en ese momento (Chiavazza et al., 2021; Heider, 2022).
La geomorfología es clave para entender el uso residencial de las tierras semiáridas en los momentos de cambios ambientales identificados. Todos los cauces efímeros tienen una secuencia repetitiva de tres tramos principales: afluentes de cabecera, arroyo principal y el tramo de abanico aluvial (Bull, 1997). En este último, la pérdida del flujo canalizado es completa y la dinámica hidrológica dominante es el flujo laminar. Allí están las represas antiguas más eficientes en cosechar agua de la escorrentía (Magliano et al., 2019), las viviendas, los corrales, las chacras para cultivar a partir de riego por inundación y los yacimientos arqueológicos con hornillos.
Lo presentado para el sector de uso público de PNSQ repite un patrón de uso del espacio ya identificado, lo consolida. El desafío que se presenta es similar al que tienen todos los equipos que trabajan en este tipo de ambientes, en cualquier latitud del planeta. En los desiertos los riesgos son reales y concretos. Habitarlos y transitarlos requiere de conocimientos hidroecológicos acumulados y transmitidos por generaciones (Veth, 2005). Las comunidades ocuparon el espacio de modo flexible en espacios donde el agua es un recurso crítico en la toma de decisiones.
La agenda de trabajo futura es de base geoarqueológica. Necesitamos ajustar los modelos climático-hidrológicos en los cauces efímeros, ello nos permitirá identificar las sutiles diferencias que sin duda existen en las temporalidades y cronologías en los yacimientos del sector de uso público del PNSQ en particular y La Travesía en general.










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