En recuerdo de J. C. Chiaramonte, humor crítico y lucidez persistente1.
"Las interpretaciones marxistas de la historia latinoamericana dejan] como balance el sentimiento mortífero y melancólico de haber liquidado el sentido de un trabajo duro y difícil, de haber ahogado en un charco de hojas toda la potencia y la complejidad de los procesos históricos" (Assadourian, 1964/2020).
Coordenadas
Para Assadourian, el interés por el debate alrededor de los "modos de producción" fue relativamente ajeno en su escritura de la historia económica, debido a dos razones esenciales, a saber: la primera, su temprano alejamiento del marxismo retórico en el emplazamiento que hizo del discurso de Leonardo Paso, el dirigente comunista que en un fallido intento de persuasión histórica sobre la debilidad histórica de la burguesía, pretendió fundamentar la pertinencia de la revolución democrático-burguesa en Río de la Plata2; segundo, por su temprano acercamiento a la investigación empírica , gracias la influencia de Ceferino Garzón Maceda, que le marcó otro derrotero de reflexión, orientando su voluntad política a un auténtico esfuerzo por construir una narrativa histórica, a partir de la investigación empírica.
Estos dos criterios nos permitirán comprender el recorrido historiográfico que media entre la crítica a Paso, publicada por Assadourian en la revista Pasado y Presente en 1964, y la crítica, asimismo política, a la visión de André Gunder Frank sobre la historicidad de la revolución latinoamericana y el capitalismo temprano publicada primero en Chile, en los Cuadernos de la Realidad Nacional (Assadourian, 1971)3, y dos años más tarde a solicitud de José Aricó, en Cuadernos de Pasado y Presente (Assadourian, 1973a), en mayo de 1973, meses antes de su salida de Chile a consecuencia del golpe militar.4
Se trata de un doble recorrido profesional y político: por una parte, de la construcción de un conocimiento histórico de los procesos locales que vincularon a la Córdoba colonial con la economía-mundo, a través de la trata de esclavos, y con la producción económica dominante la minería potosina, que le encaminó a su construcción histórica sobre el espacio colonial y sus mecanismos de organización espacial de las economías indo/europeas; por otra parte, su militancia política en Pasado y Presente, el "grupo de referencia" dirigido por José "Pancho" Aricó, quien le apartó de la ortodoxia comunista y lo inscribió en un colectivo de reflexión teórica empeñado en revitalizar el pensamiento marxista, con un amplio espectro de tendencias contemporáneas, particularmente en diálogo con el marxismo italiano.
... Pancho [Aricó] leía a dos, tres, cuatro, cinco [marxistas italianos] que conocía muy bien, y no sé mucho de esto porque no estoy versado en ese conocimiento, que tenía él, que tenía [Juan Carlos] Portantiero y otra gente, mientras a ellos les interesaba ese problema --el de los modos de producción--, y dedicaban todo su tiempo [a eso], a mí me interesaba el problema de la cría y venta de mulas, y entonces dedicaba todo mi tiempo, o la mayor parte de mi tiempo, al archivo de notarios, expedientes judiciales, entonces son formaciones diferentes. El que sabía era Pancho [Aricó], sobre ese tema --los modos de producción--: ¡Pancho [no] sabía un carajo sobre las mulas! (Assadourian, 2023).5
Debe advertirse que la retórica del marxismo académico, empeñado en comprender por conceptos la ausencia de descripciones históricas, no figuraron en la escritura de Assadourian: sus referencias a Marx son analíticas, no citas de autoridad que respaldaran sus hipótesis. Puede decirse que, salvo porque sus preocupaciones estaban expuestas en una prosa crítica, que combinaba el lenguaje de época con la construcción de categorías analíticas, la reverencia a Marx estaba prácticamente ausente.
Por tanto, se hace más difícil encontrar una persistencia del uso del concepto de modo de producción, que sobre las formas históricas de producción y circulación en la economía americana. Su crítica al capitalismo está, precisamente, en el análisis de las formas de apropiación y transferencia de renta indígena a la economía europea, en el espacio mismo de la producción económicamente dominante, lo que llamó la mercancía dinero. Dicho de otra manera, en los trabajos de Assadourian no hay el mínimo intento de aplicar la teoría de los modos de producción a la realidad histórica americana.6
El contexto del autor: de la economía colonial a la crítica de la epistemología marxista de la historia
Un examen de su trayectoria académica, primero en Córdoba y más tarde en Chile, quizá pueda ayudarnos a explicar la formación de un pensamiento histórico en su contexto personal: el privilegio de investigar con un salario en el Instituto de Estudios Americanistas, de la Universidad Nacional de Córdoba entre 1961 y 1967, como él mismo lo evoca, con gratitud, al referirse a ese momento liminar de su formación:
Mis propuestas sobre el sistema de la economía colonial y su mercado interior surgen de las investigaciones hechas en el Archivo Histórico de Córdoba, entre 1962 y 1966. Siendo yo todavía estudiante, el doctor Ceferino Garzón Maceda, deseando formarme como historiador, me nombró colaborador del Instituto que él dirigía señalándome dos líneas de investigación. La primera era la lectura de los historiadores americanos y europeos que él apreciaba. La segundo consistía en realizar un trabajo sobre la economía regional de Córdoba, para lo cual debía ir todos los días al archivo a fichar actas notariales de los siglos xvi y xviii. Varios intentos míos por escapar de este último y rutinario trabajo fueron sofocados, siempre, por las razones y la autoridad de Garzón Maceda. ... Esos cinco años fueron decisivos para mi formación; si mis análisis llegaban a poseer alguna virtud, ello se debe al apoyo, al empeño y a las generosas enseñanzas de Garzón Maceda.7
Como resultado del trabajo realizado en archivos cordobeses, se graduó con la tesis "El tráfico de esclavos en Córdoba según los libros protocolares del Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, 1588-1610", aprobada en abril de 1964. En marzo de 1967 inició sus estudios de posgrado, por recomendación de Garzón Maceda y mediación de Mario Góngora, en la Maestría en Historia Americana en el Centro de Investigaciones de Historia Americana de la Universidad de Chile.8 Allí se habría de graduar, en agosto de 1970, con la tesis "Conquista, sociedad y crecimiento económico en el espacio colonial argentino", ya siendo profesor de planta de la Universidad Católica de Chile, en el Instituto de Historia, donde tendría una cercana relación intelectual con Álvaro Jara y Rolando Mellafe, conociendo los trabajos de John Murra, decisivos para su orientación hacia la etnohistoria andina.
Sus primeros ensayos, publicados en Córdoba, dan cuenta de su acucioso trabajo de archivo sobre la internación de esclavos y la importancia de la mano de obra forzada en la producción de la minería, agricultura y cría en un amplio espacio del mercado en formación (Assadourian, 1965, 1966). En 1979 escribiría el primer texto en el que discutiría el pequeño problema de la historia colonial sobre la espacialidad del complejo minero del Alto Perú, simbolizado por el cerro de Potosí y Lima, como polos de crecimiento que crearon efectos de arrastre sobre el conjunto de la economía colonial, como "crecimiento regional polarizado" (Assadourian, 1970).9
Desde ese momento puede advertirse un esfuerzo por conceptualizar la experiencia americana de inserción a la economía-mundo, en los siglos xvi-xvii, distinguiendo la centralidad de la producción de la minería y el complejo articulador del mercado y las estructuras de dominación política, atendiendo un análisis sistemático de los procesos de trabajo y producción, así como a fuentes de época que acompañó en un extenso apéndice documental. Fue, a la vez que una nueva formulación sobre el radio del espacio económico colonial, un novedoso trabajo sobre fuentes notariales y epistolares, analizadas densa y diacrónicamente (Assadourian, 1972a).
Dos textos más serían una importante contribución de Assadourian a la comprensión de la organización económica espacial, en ese momento en diálogo con los geógrafos y especialistas en planeación regional, "Integración y desintegración regional en el espacio colonial. Un enfoque histórico" (Assadourian, 1972a) 10 y "Sobre un elemento de la economía colonial: producción y circulación de mercancías en el interior de un conjunto regional" (Assadourian, 1973b).11 Ambos trabajos son esenciales para entender la propuesta de Assadourian sobre el carácter complejo de las economías regionales, articuladas a la producción económica dominante del espacio colonial, la plata, pero también para refutar el carácter puramente extractivo de la economía colonial, su pretendida naturaleza capitalista temprana y su lineal conexión con la economía mundo.
La reflexión de mayor alcance, en términos de comprender la transición y sujeción de la economía indígena a la colonial, vino más tarde en su trabajo sobre la mita minera en el texto La producción de la mercancía dinero (Assadourian, 1979). De hecho, su idea del espacio económico colonial supuso un cambio de óptica espacio-temporal, que rompe con las historiografías que acotaban anacrónicamente la espacialidad nacional contemporánea con la colonial; así entonces, el espacio estaba determinado por la producción económica dominante, sus conexiones mercantiles y articulaciones en términos de relaciones de producción. En opinión de S. Palomeque (1994):
En este artículo, que debería haber sido un libro, Assadourian estudia la transición de la sociedad indígena a la conformación del nuevo sistema económico colonial, integrando circulación, producción, relaciones de producción y la articulación entre la sociedad indígena transformada con la nueva sociedad mercantil. Ya no estamos frente al problema del 'mercado interno colonial vs mercado externo', ni a la conformación y dinámica de economías regionales con distintas especializaciones productivas, lo nuevo es un gran modelo que marca las principales tendencias y permite integrar un conjunto de preguntas, pensar de una forma distinta y compleja el funcionamiento económico del antiguo espacio peruano. Modelo para el siglo xvi y xvii, con sustento en el concreto histórico, que sirve para 'echarlo a navegar' hacia la desestructuración del siglo xviii y el origen de los estados nacionales. Un instrumento invalorable de trabajo (p. 14).
Es, en este tenor, una crítica implícita, rigurosamente histórica, a la retórica del marxismo académico de esos años.
Una pausa en esta trayectoria crítica de su historiografía consiste en la síntesis didáctica que hizo de la Conquista, a invitación de Tulio Halperin Dongui, para el manual de Historia Argentina. De la conquista a la independencia (Assadourian, 1972b), en compañía de G. Beato y J.C. Chiaramonte, que sigue siendo un texto de amplio uso en la enseñanza universitaria argentina. Entre otros aspectos, resulta interesante observar que hay un esfuerzo por poner en clave narrativa la complejidad de problemas que en modelo monográfico ya había explorado Assadourian, así como el diálogo que ejercita con la historiografía francesa (F. Braudel, P. Chaunu, P. Vilar), alemana (R. Konetzke), norteamericana (S. Cook y W. Borah), mexicana (S. Zavala, M. León Portilla), argentina (C. Garzón Maceda, A. Salas), y, principalmente, chilena (M. Góngora, A. Jara, R. Mellafe).
La escena académica chilena, en la que se produjo una suerte de renovación historiográfica y un debate político cotidiano durante el gobierno de la Unidad Popular, fue el contexto ambiental de la crítica a las tesis de A. Gunder Frank y una parte significativa de la izquierda intelectual latinoamericana.
En esta experiencia radical, Assadourian no estaría ausente tanto en términos académicos como políticos. En el primer caso, impulsando un conocimiento crítico frente a la historiografía marxista convencional, en la Universidad Católica de Chile y, por otro lado, en su cercana relación con Miguel Enríquez, dirigente del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), que le valió su primer exilio estrictamente político.
A la experiencia militante de la derrota política chilena siguió la repatriación a la Argentina y más tarde el exilio, marcada por la tragedia política y familiar del golpe militar, que acarreó el secuestro y muerte de sus hermanas, Aru y Amanda, a quienes dedica un "largo adiós" en El sistema de la economía colonial. Una escritura dolorosa, en un texto luminoso.12
Exilio académico, desencuentro teórico y el debate sobre los modos de producción
Dejar la Argentina, para refugiarse en México, vino precedido de una experiencia académica de doble signo. Por una parte, la presentación de su importante trabajo "La producción de la renta en la esfera de la encomienda", aún inédito, en el XLI Congreso Internacional de Americanistas, celebrado en México en 1974, en el marco de las actividades desplegadas por la Comisión de Historia Económica de CLACSO, encabezada por Enrique Florescano (1978). Después, su participación en el Congreso de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe (ADHILAC), con su apelación crítica al marxismo académico, en el texto "El problema de la práctica teórica en la producción marxista" (Assadourian, 1994/2020), que cayó en un vacío de escucha, pero que anticipaba los fundamentos de la crítica a la historiografía marxista académica.13 Su exilio académico, en El Colegio de México, inició en agosto de 1975, como el "historiador marxista" del Centro de Estudios Económicos, "en donde hallé todo lo que era necesario para recobrar la voluntad de seguir trabajando" (Assadourian, 1983, p. 18).
Un año más tarde, ya instalado en México, habría de presentar su esencial trabajo "La producción de la mercancía dinero en la formación del interno colonial", en el XLII Congreso de Internacional de Americanistas, en París, publicado más tarde por Enrique Florescano, adquiriendo una valoración general para discutir los procesos de transición colonial y formación de una economía mercantil en el espacio indígena altoperuano y americano (Florescano, 1979).
Por otra parte, el debate mexicano sobre los modos de producción estaba, en ese momento, instalado en la discusión política y a la vez teórica en la revista Historia y Sociedad, dirigida por Enrique Semo y Roger Bartra.14 El primero, había publicado en 1973 su relevante libro Historia del capitalismo en México. Los orígenes, 1521-1763, en donde proponía un modelo singular de formación económico-social, mediante estructuras articuladoras de los modos de producción –despotismo tributario, feudalismo y capitalismo embrionario–, "que se hallan indisolublemente enlazados", y donde cada estructura metafórica, la república de indios y la república de españoles, "forma un conjunto orgánico bien definido y distinto" (Semo, 1973).15
Siendo una obra de síntesis, constituyó una referencia para la discusión sobre el futuro del capitalismo y la naturaleza de sus orígenes; por tanto, también se inscribía en un debate político desde el pensamiento marxista orgánico al Partido Comunista Mexicano, en un proceso de renovación teórica y política.16 Para Semo (1973), la crítica a la versión estalinista de la sucesión de modos de producción estaba en núcleo de interpretar la formación económico social mexicana, como una articulación específica de los modos de producción. Sostenía "[e]l intento de someter a la historia de cada país a la camisa de fuerza del esquema de los cinco modos de producción que se suceden cronológicamente, originándose cada sistema en las entrañas de la anterior y siguiendo el ciclo consabido de eclosión, auge, decadencia y desaparición, es totalmente estéril" (p. 19).
Tras la publicación del libro de Semo, con el ambiente intelectual que aquel había propiciado, se publicaron en la revista Historia y Sociedad (Bartra y Semo, 1975) algunas ponencias discutidas en el XLI Congreso de Internacional de Americanistas de 1974, en un simposio titulado "Modos de producción en América Latina", organizado por Roger Bartra y presidido por Pierre Vilar, donde se discutieron "aspectos teóricos" (P. Beuaucage, A. Cueva), sobre el "modo de producción asiático" (R. Bartra), los "modos de producción coloniales" (C.F.S. Cardoso, J.C. Chiaramonte), la transición al capitalismo (M. Kossok, S. de la Peña, E. Semo) y la "articulación de los modos de producción en las sociedades agrarias".17
La contribución más notable, que acercaba la discusión habida en Sudamérica con la versión dominante en México correspondió, en ese momento, al trabajo de José Carlos Chiaramonte (1975), "El problema del tipo histórico de sociedad: crítica de sus supuestos", en el que colocaba en una suerte de "vacío teórico" la discusión de todos los demás, al juzgar que la falsedad de los supuestos sobre el carácter de la formación económico-social colonial cuestionaba la legitimidad del argumento teórico de la "existencia de un modo de producción dominante en esas colonias". Para ello, Chiaramonte hizo un análisis de la génesis historiográfica del debate, revisó la analogía conceptual para la narrativa histórica y se detuvo en el examen de los supuestos teóricos, de Marx a Althusser, del marxismo soviético a la crítica gramsciana, inscritos en otra tradición intelectual.
Una suerte de desencuentro de lecturas del marxismo, temporalidades de la investigación y momento político del debate, se advierten en el subtexto del trabajo de Chiaramonte, lo que nos permite advertir esa diferencia de pauta de comprensión y trayectoria de una misma discusión, en diferentes claves. Así lo recuerda:
En ese simposio se escucharon los más variados disparates sobre los modos de producción existentes en la historia latinoamericana. Recuerdo entre ellos los descriptos por un prestigioso arqueólogo, unos doce modos de producción que iban desde el "modo de producción tropical", prehistórico, hasta no recuerdo cuál de tiempos recientes. Esto fue tan notorio que, por un lado, motivó el disgusto de Ángel Palerm --ex tanquista del Quinto Regimiento, a quien John Murra veneraba como su capitán ("Ángel es mi capitán. Lo que él me diga yo lo hago", me dijo una vez), pero denostado por quienes pertenecían al Partido Comunista-- y por otro, movió a Pierre Vilar, alarmado por lo que había escuchado, a convocar a una reunión de los que consideraba marxistas, reunión efectuada en el subsuelo del Museo Antropología, para plantear esta cuestión: si era conveniente que todos los marxistas se reunieran en un mismo simposio o si convenía que se distribuyeran en distintos simposios. Como yo ya dudaba del carácter de mi marxismo, recuerdo que me senté en la periferia, algo distante, y que no pude dejar de sonreír por algo que sonaba como una táctica de infiltración (Chiaramonte, 2022).18
La anécdota apunta a una cuestión esencial: el debate era fundamentalmente político y las coordenadas de la discusión teórica se veían alteradas por la pertinencia del contexto, y no en de la "impertinencia", como sugirió Chiaramonte, de sugerir otra dirección del debate sobre los modos de producción.
El problema de la investigación empírica y la aspiración teórica
Otra clave de la divergencia entre los marxistas latinoamericanos se situaba en su posición frente al discurso histórico, ya fueran convocados por la "teoría correcta", la creatividad conceptual o el rigor de la investigación. Lo anterior implicaba definirse por estrategias narrativas que correspondieran a la exposición de la investigación concreta, más cercana al marxismo crítico de Assadourian, o bien atender primordialmente a las categorías del pensamiento marxista ortodoxo, que reclamaba la "versión correcta" de la teoría de los modos de producción. Una doble escala del pensamiento, como lo consignará Marx en su doble discurso metodológico –el de investigación versus exposición–, que para ese momento suponía un divorcio de concepciones sobre la escritura de una historiografía marxista.
Esquemáticamente, se podría dividir entre aquellos que privilegiaron la exposición conceptual frente a los que eligieron el camino de la investigación empírica, para construir conceptos de explicación del proceso histórico latinoamericano. El punto de fuga era, desde luego, la investigación en fuentes de época y su comprensión crítica, en términos de una narrativa de problemas históricos con aspiración teórica. Ambos puntos de vista tenían sus consideraciones que validaban su decisión, pero que respondían esencialmente a tradiciones intelectuales divergentes.
Si consideramos la obra de Semo como la más influyente en el contexto historiográfico marxista mexicano, la narrativa atendía a un ejercicio de reflexión teórica acompañada de una narrativa analítica sobre fuerzas productivas, formas de sujeción tributaria, la circulación y la economía-mundo, la compulsión sobre el trabajo y el "sistema en movimiento", donde despliega su concepción del capitalismo preindustrial versus el "capitalismo embrionario". Prácticamente no hay fuentes de archivo, sino la recurrencia a testimonios de cronistas y colecciones documentales impresas, ya fuese porque había sido escrita en su exilio berlinés, o bien porque se partía de otro criterio de oportunidad, como lo reflexionó años más tarde en una valiosa entrevista:19
Nosotros los marxistas hicimos a veces poco trabajo de archivo, aun cuando hay excepciones notables. Yo no me niego al trabajo de archivo, pero hay que ver para qué y cómo. Cuando yo escribí sobre haciendas y dirigí trabajos sobre haciendas, hicimos trabajo de archivo indudablemente, cuando escribimos trabajos sobre casos particulares, igual hicimos. Pero yo creo que la historia tomada como totalidad y a largo plazo, tiene que usar en buena parte otras fuentes, porque, por ejemplo, las limitaciones de archivo surgen con toda claridad si tú crees poder hacer historia contemporánea exclusivamente con base en archivo. ... No usamos muchas fuentes primarias porque escribimos grandes historias, es decir, de periodos completos, y el interés principal era mostrar la valía de una teoría de interpretación como tal, y que otros la agarrarán (Avella, 2020).
Con esa distancia teórica frente al archivo, la escritura de la historia apelaba a una narrativa conceptual de largo plazo, inspirada en los modos de producción, inscrita en un proyecto señaladamente político, e ideológico, que permeaba el contexto de la escritura.
El contraste de apreciación era notorio con Assadourian, ya que éste estaba precisamente en las antípodas de esta concepción, porque para este el punto de partida se situaba en la investigación empírica, con "aspiración teórica".20
Mi mirada sobre las mulas tenía que ver con un problema que era la caracterización que se tenía de la economía colonial, frente a la manga de estupideces y cosas que se decían al respecto, no solamente por la historiografía marxista sino también por otras historiografías. Ese tipo de discusiones que había, no me servían ... si haces la investigación empírica salvo, salvo que la quieras proyectar, esa investigación, a niveles teóricos en la teoría marxista, los modos de producción, entonces necesitas enfrentarla, coincidir o no ... . Las investigaciones mías no se limitaron a lo concreto solamente, sino que tienen y se fundan en *una aspiración teórica* [énfasis añadido], dada por las teorías existentes: no rompes con esa posibilidad, la enriqueces o planteas los problemas que hay que enfrentar, resolver o discutir (Assadourian, 2023)
El archivo, entonces, aparece en el argumento de Assadourian (1974/2020) como el momento de producción de significados que reclama reflexión, y desde allí la "producción del documento" histórico, dota de sentido a la escritura de una narrativa histórica teóricamente crítica y empíricamente sólida. Pero para ello se debe entender que el espacio de "producción del documento", en el cual intervienen varias operaciones que consisten en "la rigurosa valoración de las fuentes para distinguir el concreto", el "diseño del modelo" y "la combinatoria indispensable de fuentes para verificar sus elementos" son dificultades específicamente del historiador (p. 850).
Por otra parte, en el lugar de "resonancia del problema" se aprecia la ausencia de una rigurosa investigación propia que obliga a que el historiador acuda al "saber prestado" de la "producción histórica factual" que implica lo mismo al revisionismo, a la visión liberal o a una "nueva escuela", que comparten un empirismo de raíz idealista. La ruptura con ello devine, precisamente, de la posibilidad de crear un concreto histórico que sea resultado de una rigurosa investigación empírica (p. 850).
El alegato de nuestro autor remite, por tanto, al punto de superación de una triple falencia: concederle a la historia factual la "categoría de conocimiento en sí"; modelar las explicaciones "con una constelación de datos que se abstraen de una sola fuente: la normativa jurídica", y "tomar conciencia interpretativa del concreto, al solicitar a la producción factual la luz que lo transparenta" (p. 851).
La práctica teórica y la crítica política del momento contextual
Las razones de la crítica de Assadourian (1974/2020) se inscriben en el momento y circunstancia de una historiografía marxista en proceso de academización, y que a nuestro parecer se articulan a partir de cuatro niveles fundamentales, a saber:
El sentido de la crítica en el que se preguntaba sobre "el trabajo y el papel del historiador en nuestro inmenso territorio latinoamericano enlazado por sus procesos y sus movimientos del pasado y por un común destino de liberación a cumplir", que son claramente aquellos que dependen de una agenda de pertinencia política y de activismo intelectual;
El propósito de la crítica: encaminada a "constituir el trabajo histórico marxista como una constante y progresiva producción de conocimiento real", entendido como la reconstrucción de lo concreto-histórico, mediante un amplio y sistemático trabajo de investigación empírica, acompañado de una jerarquía de problemas teóricos;
El momento del marxismo: que como pensamiento crítico tiene un "carácter esencialmente oscilatorio", donde los "periodos estáticos" se advierten en una "teoría sacralizada" y los dinámicos por la "teoría en movimiento progresivo", y;
La aceleración del pensamiento: considerado cuando el "contacto móvil con los concretos de la abstracción que se traducen en práctica teórica y la investigación empírica, produce escritura teórica, nuevos conocimientos", que supone una renovación del conocimiento y un desafío a la teoría cristalizada (pp. 838-843).
En correspondencia a esa tetralogía de concepciones, el historiador se entusiasma por el momento que se vivía en los años de 1970, considerados como el de un "movimiento progresivo" de la teoría y del "concreto social", que cuestionaba a la teoría convencional para describir las trayectorias del proceso histórico, apelando a que la investigación histórica hiciera relevante el pasado como aspiración de futuro.
La crítica a la visión de André Gunder Frank se entiende, entonces, en la discusión sobre la temporalidad de futuro que inspira la investigación histórica, más allá de los argumentos empíricos con que describió su divergencia. En sus palabras:
¿Cuál era la teoría de la dependencia? Obvio que en nuestro desarrollo estamos dependientes en función de la "subalternización" a ciertas economías dominantes, o polos de desarrollo dominantes que producen esto, obvio... [la dependencia fue] una interpretación, digamos, más prestigiosa de dos o, tres décadas, sin duda. Tiene un cimiento histórico de "la gran siete". La dependencia, sea cual sea el modelo que tú utilices, bueno o malo, es una realidad. Ahora, el meollo es el proceso histórico, nada menos, y ello te va a llevar después a conclusiones donde vas a coincidir, en última instancia, con los dependentistas, independentistas... Pero la crítica a Gunder Frank tiene dos aspectos: uno, el aspecto de la aceptación, de las formulaciones iniciales de Gunder Frank, que no son de Gunder Frank, sino que desde la realidad, de la actualidad, de la cuestión política, ... ¿no? Hay una aceptación. La crítica a Gunder Frank es, más que nada, la crítica a esto que estamos viendo ahora: ¿cómo se lleva a cabo esta estructura de la dependencia en la actualidad?, ¿cuál es el proceso histórico? Frente a este proceso histórico, de cómo se llega o cómo se rompe la dependencia, en un tercer nivel también más importante, ¿pero qué tenemos como superación de esto?, ¿el socialismo de la Unión Soviética?, ¿[el] de Fidel Castro u otra? Yo creo que hay otra expresión presente del socialismo, de tales y cuales características... Entonces, se va para atrás para darle un justificativo teórico, de gran envergadura... (Assadourian, 2023).
Y es aquí donde convergen tres aspectos relevantes de la conciencia de Assadourian sobre la teoría marxista, el trabajo de historiador y el valor de la crítica política para comprender las trayectorias de futuro. En ese sentido, se entiende el problema de las escalas temporales de la "escritura teórica" sobre los modos de producción, como desafíos de observación y elaboración que se esquematizan en tres temporalidades fundamentales:
Los "tiempos históricos", que refieren a la coexistencia de ciclos sobrepuestos, concurrencia de temporalidades que producen distintos "cambios de cualidad", una interdependencia de los tiempos "que obran, sin deliberación ni cálculo, en un solo tiempo estructurante" (Assadourian, 1974/2020, pp. 845).
La "visibilidad" metafórica del tiempo expresado en la escala de observación de la dinámica del tiempo, donde el económico se expresa como determinado/determinante del tiempo coyuntural y el ciclo corto.
La noción de continuidad/ruptura que dispuso a los marxistas a considerar los niveles de cortes temporales, donde la totalidad orgánica mantiene su continuidad y los cortes parciales derivan en un cambio radical.
Desde esta perspectiva, la interpretación marxista de la historia implica un dispositivo teórico que reclama un asidero empírico propio, esto es, un conocimiento elaborado desde la matriz del pensamiento de época, los testimonios cuantitativos sobre tendencias espacio-temporales de la organización de los mercados, las formas de dominación y apropiación de renta, su circulación en amplios espacios ordenados a una dinámica de polos de crecimiento dinámicos, móviles y cíclicos, que determinan la naturaleza endógena de los procesos históricos.21
La teoría estaría, en estos términos implicada en la investigación empírica y sometida a la producción de conocimiento empírico. La pregunta salta, entonces:
La historiografía marxista. ¿Cuál?, ¿la hecha ya, empantanada, en esa cosa?, ¿o la historiografía marxista que había que hacer? ¿La última? Tú, como historiador, te empiezas a dar cuenta cuando haces el análisis concreto, cuando con una nueva concepción vas a las fuentes, al archivo, analizas esta región, analizas esta formación mayor, que es lo que han dicho al respecto los historiadores anteriores y lo que tú estás viendo, ¿o no? (Assadourian, 2023)
De esta manera, para Assadourian (1974/2020), la recuperación de la escritura teórica pasa por una búsqueda de formación interdisciplinaria y la "frecuencia del impulso para aumentar el conocimiento de la obra de Marx y sobre los textos y los debates que originan las lecturas actuales de aquél", en tanto producción de pensamiento, pero también enfatiza que no hay otro sendero de salida a la trampa de la especulación puramente teórica que "tener la convicción y el ánimo para traducirlo en el archivo … : experimentar la reflexión teórica inscripta en la pesquisa cotidiana" (p. 849).
Anexo
Sobre el debate teórico de los modos de producción y la influencia del marxismo italiano
… Pancho [Aricó] leía a dos, tres, cuatro, cinco [marxistas italianos] que conocía muy bien, y no sé mucho de esto porque no estoy versado en ese conocimiento, que tenía él, que tenía [Juan Carlos] Portantiero y otra gente, mientras a ellos les interesaba ese problema –el de los modos de producción–, y dedicaban todo su tiempo a mí me interesaba el problema de la cría y venta de mulas, y entonces dedicaba todo mi tiempo, o la mayor parte de mi tiempo, al archivo de notarios, expedientes judiciales, entonces son formaciones diferentes. El que sabía era Pancho [Aricó], sobre ese tema –los modos de producción–: ¡Pancho sabía un carajo sobre las mulas!
La cría y venta mulas: desafíos de la investigación empírica y el problema de la caracterización del sistema de la economía colonial
Mi mirada sobre las mulas tenía que ver con un problema, que era la caracterización que se tenía de la economía colonial, frente a la manga de estupideces y cosas que se decían al respecto, no solamente por la historiografía marxista sino también por otras historiografías. Ese tipo de discusiones que había no me servían, o no te van a servir a ti también, si haces la investigación empírica salvo, salvo que la quieras proyectar, esa investigación, a niveles teóricos en la teoría marxista, los modos de producción, entonces necesitas enfrentarla, coincidir o no.
El que tenía una formación relativamente buena sobre marxismo, los modos de producción, esto, lo otro, y que dedicaba todos los días seis, ocho horas, al trabajo del archivo para este tipo de problemas es este que está hablando en este momento, no recuerdo más. El que intentó hacer algo, porque tenía una formación marxista y una militancia política marxista, pero al mismo tiempo iba a las fuentes, tenía una formación buena, muy buena, de antropólogo era [John] Murra, y aquí en México no recuerdo quién, o no hubo nadie…
Hacer la historia desde la investigación empírica
Si, pero cuando tú has seguido una historia, o haces un análisis histórico, siempre vas a tener un modelo de referencia y te tienes que meter, entonces, con cómo se define, cómo se llama, estos modelos y la cuestión … pero te encuentras con un problema, con sistemas concretos que no entran dentro del modelo formulado, como puede ser el del sistema colonial, justamente, o el de economías regionales o espacios más grandes, en Europa o Asia, que tampoco corresponden a la formulación de los modelos que trabajamos, que eran los del marxismo fundamentalmente o de la historiografía clásica ¿no?
El problema histórico de la "dependencia" y la crítica a la llamada teoría de la dependencia
¿Cuál era la teoría de la dependencia? Obvio que en nuestro desarrollo estamos dependientes en función de su "subalternización" a ciertas economías dominantes, o polos de desarrollo dominantes que producen esto … obvio. Como una interpretación, digamos, más prestigiosa de dos o, tres décadas, sin duda. Tiene un cimiento histórico de "la gran siete".
La dependencia, sea cual sea el modelo que tú utilices, bueno o malo, es una realidad. Ahora, el meollo es el proceso histórico, nada menos, y ello te va a llevar después a conclusiones donde vas a coincidir, en última instancia, con los dependentistas, independentistas…
Pero la crítica a Gunder Frank tiene dos aspectos: uno, el aspecto de la aceptación, de las formulaciones iniciales de Gunder Frank, que no son de Gunder Frank, sino que desde la realidad, de la actualidad, de la cuestión política, … ¿no? Hay una aceptación. La crítica a Gunder Frank es, más que nada, la crítica a esto que estamos viendo ahora: ¿cómo se lleva a cabo esta estructura de la dependencia en la actualidad?, ¿cuál es el proceso histórico?
Frente a este proceso histórico, de cómo se llega o cómo se rompe la dependencia, en un tercer nivel también más importante ¿pero que tenemos como superación de esto?, ¿el socialismo de la Unión Soviética?, ¿[el] de Fidel Castro u otra? Yo creo que hay otra expresión presente del socialismo, de tal y cuales características… Entonces, se va para atrás para darle un justificativo teórico, de gran envergadura…
“Toda esa discusión tiene repercusiones, como la cuestión de la caída del Muro [de Berlín], los problemas que hubo con el XX Congreso [del Partido Comunista de la Unión Soviética] y toda la cuestión… y con la disidencia y la ruptura entre los PC [partidos comunistas] nacionales, locales, en Francia, en Italia; también en México lo hubo, en Argentina, en todas partes…
La historiografía marxista: lo que había por hacer
La historiografía marxista. ¿Cuál?, ¿la hecha ya, empantanada, en esa cosa?, ¿o la historiografía marxista que había que hacer? ¿La última? Tú, como historiador, te empiezas a dar cuenta cuando haces el análisis concreto, cuando con una nueva concepción vas a las fuentes, al archivo, analizas esta región, analizas esta formación mayor, que es lo que han dicho al respecto los historiadores anteriores y lo que tú estás viendo ¿o no?
Las investigaciones mías no se limitaron a lo concreto solamente, sino que tienen y se fundan en una aspiración teórica, dada por las teorías existentes: no rompes con esa posibilidad, la enriqueces o planteas los problemas que hay que enfrentar, resolver o discutir, Pero termina siendo una tarea imposible, porque es jodido y no todas las cabezas son buenas, y yo pude, cosa que no tienen muchos, o casi ninguno, que eso que tu planteas que es lo que hay que hacer es lo que me daba de comer a mí, porque resulta que a mí me daba de comer por ir al archivo y no por dar clase, mientras que lo que les da de comer a muchos es dar clases, atender a los alumnos. Pedirles que, al mismo tiempo, vayan al archivo todos los días a trabajar cinco, o siete horas, es como mucho ¿no? Dejemos de hablar de mí…










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