Introducción
Una etnia es una comunidad de personas que comparte un conjunto de rasgos socioculturales y afinidades raciales. Cada grupo étnico posee sistemas sociales, económicos y políticos únicos, conformando un panorama diverso del mundo en que vivimos. Por su parte, la cultura es la base de toda etnia, pues engloba conocimientos, lenguas, tradiciones, costumbres, artes, danzas y formas de gobierno que definen la identidad de personas o grupos sociales, lo cual se transmite de generación en generación (Gold, 2023; Sheikh & Gillani, 2023).
La cultura y la identidad son fundamentales para las personas; no obstante, la migración ha contribuido a la extinción cultural de las identidades de los pueblos indígenas al limitar oportunidades para desarrollarse sin desprenderse de su ideología, tradiciones y costumbres (Patchineelam & Van Eerd, 2022).
Históricamente, los humanos se han desplazado de un territorio a otro por diversas razones, por ejemplo, en búsqueda de alimento, vestimenta y vivienda. Además, otras condiciones como guerras, masacres, catástrofes naturales y hostigamientos han influido en la migración voluntaria o forzada de grupos poblacionales (Bhugra et al., 2022). Como resultado de esto, la adaptación a nuevas creencias religiosas, sociopolíticas, culturales y condiciones demográficas del lugar de destino expone la personalidad, competencias y aspectos psicosociales de los migrantes (Gutiérrez et al., 2020; Patchineelam & Van Eerd, 2022).
América Latina destaca de las demás regiones por su diversidad de etnias, se estima que en 2018 existían 522 pueblos indígenas, de los cuales el 87% pertenecían a México, Colombia, Guatemala, Bolivia y Perú (Del Popolo, 2017). A nivel global, México sobresale como uno de los 10 países con mayor variedad cultural y lingüística que aportan sus pueblos originarios; no obstante, como resultado de largos procesos históricos, estos ocupan posiciones de rezago en indicadores socioeconómicos.
Al interior de México, el estado de Sonora, ubicado en la zona norte, se caracteriza por una gran variedad de culturas regionales, entre las que se encuentran etnias originarias como los Cucapá, Mayo, Yaqui, Guarijíos, Seris, Pimas y O´odham. Sin embargo, se ha registrado que las etnias más antiguas como los O'odham o Pápagos están desapareciendo (Camacho, 2021; Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, 2023; Priego & Esteve, 2017; Romero-Contreras & García-Cedillo, 2023).
Los antiguos O’odham eran un grupo étnico ubicado en el noroeste de México y en la zona fronteriza con Arizona, Estados Unidos, conformados por tres tribus: los Hia´ched O'odham, los Tohono O'odham y los Akimel O'odham. Los Hia´ched Odham, conocidos como “las personas de la arena”, se ubicaban en el noroeste, desplazándose con frecuencia en el desierto de Altar; los Tohono O'odham, conocidos como “gente del desierto”, se ubicaban en el sur de Altar y practicaban la agricultura, la caza y la recolección de flora; y los Akimel O'odham, conocidos como “gente de Río”, se asentaban en el noroeste, sobre la zona del río Gila, en el actual suroeste de Arizona (Castillo, 2012; Černý, 2022; Pauketat, 2023).
Los Tohono O’odham han sido catalogados como cazadores recolectores debido a su constante movimiento estacional, ya que durante el verano se solían trasladarse a las planicies para practicar agricultura (maíz, frijol, etc.) y caza (vendado y jabalí), mientras que en invierno lo hacían en otros lugares, asegurando su supervivencia (Gentry et al., 2019; Paz, 2014). Debido a la gran variedad sociocultural de los pueblos O´odham, los misioneros españoles llamaron “Pimas” a los grupos localizados en los ríos Gila y Salado, mientras que a los procedentes de otras partes del desierto los llamaron “Pápagos”. De esta manera, el área total que abarca desde el noroeste de Sonora hasta el suroeste de Arizona surgió como territorio tradicional de las tres tribus O´odham (Castillo, 2012; Stokes & Gregory, 2020).
Después del tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 y la venta de la Mesilla en 1853, el territorio tradicional O´odham fue separado por la frontera internacional entre México y Estados Unidos. México entregó a Estados Unidos más de la mitad de su territorio, lo que resultó en la división de la región cultural O’odham en dos zonas: una ubicada en el noroeste de Sonora (Pápagos) y otra en el suroeste de Arizona (Tohono O´odham Nation). Este tratado tuvo repercusiones socioculturales que impactaron al grupo étnico (Madsen, 2023; Paz, 2014).
En Sonora, los Pápagos son un grupo extremadamente vulnerable y continúan viviendo en condiciones precarias; su territorio ha sufrido una drástica reducción a lo largo del tiempo. Según datos del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, en 2015 solo quedaban 440 Pápagos en México, distribuidos en Jalisco, Chihuahua y Sonora, siendo este último el estado con la mayor parte de la población. Adicionalmente, la lengua Pápago se encuentra en una situación de “extinción acelerada” con menos de 20 hablantes registrados, todos mayores de 60 años (Camacho, 2021; Madsen, 2023; Paz, 2014).
En México, la población pápago (Tohono O’odham) registró un descenso cercano al 40% en la primera mitad del siglo XX, parte de ello se asocia con la salida de jóvenes desde el noroeste de Sonora en municipios de Caborca, Pitiquito y Sonoyta hacia distritos de la Tohono O’odham Nation en Arizona, como Sells, San Xavier y Gila Bend (Acosta, 2001; Castillo, 2012). En el censo 2020, la Tohono O’odham Nation registró 9561 habitantes (Maricopa Association of Governments [MAG], 2021; NAAIR, University of Arizona, 2024). Estos desplazamientos han implicado transformaciones en prácticas culturales y organización social (Castillo, 2012).
Este proceso de aculturación fue una estrategia de supervivencia más que un desarrollo histórico, resultando en la diferenciación entre Pápagos y Tohono O'odham, incluyendo la pérdida del idioma original y su sustitución por inglés y español, dificultando la comunicación y deteriorando el legado cultural (Madsen, 2023; Paz, 2014).
La identidad étnica y la aculturación psicológica representan constructos centrales para comprender los procesos de pertenencia y adaptación en contextos interculturales. La primera se vincula con la afirmación positiva y el sentido de pertenencia hacia el grupo de origen, mientras que la segunda se relaciona con el mantenimiento de la lengua materna y la preservación de los vínculos sociales con la comunidad étnica. Diversas investigaciones recientes han demostrado que la afirmación étnica con el grupo, así como la pertenencia y compromiso con el grupo, funcionan como factores protectores frente a la discriminación y se asocian con un mayor bienestar socioemocional en poblaciones indígenas y migrantes (Schwebel et al., 2019). De igual manera, el uso de la lengua materna y la relación social con el grupo étnico se reconocen como ejes fundamentales de la aculturación, favoreciendo tanto la resiliencia cultural como la integración en nuevos contextos socioculturales (Berry, 2006).
Aculturación psicológica
Históricamente, las comunidades étnicas han experimentado cambios en el lenguaje, cultura, costumbres y relaciones intergrupales, influenciados por el grado de aculturación alcanzado en la nueva cultura (Arenas & Urzúa, 2016; Berry, 2022). La aculturación psicológica es un proceso dinámico donde dos grupos independientes en contacto continuo adquieren nuevos patrones psicológicos y culturales, dependiendo de la relación de poder que se establezca (Berry, 2019; Varela, 2005).
Diversas investigaciones han abordado el fenómeno de la aculturación. Por ejemplo, Redfield et al. (1936) señalaron que los cambios en los patrones culturales están relacionados con el contacto directo y constante entre culturas. Por su parte, Gordon (1964) propone un modelo unidimensional en el cual define la aculturación como un proceso continuo mediante el cual se produce un cambio o renuncia de la identidad cultural original en favor de la adopción de la cultura acogida.
Además, Graves (1967) diferencia aculturación grupal de aculturación psicológica. Esta última se refiere al proceso mediante el cual el contacto constante entre dos o más culturas facilita una adaptación psicosocial, lo que implica el reconocimiento y la asimilación de una nueva cultura, provocando alteraciones particulares en las actitudes, conductas, formas de vida, valores y sentido de identidad. A partir de esta perspectiva, Berry (1997) desarrolló el modelo de aculturación, afirmando que el proceso de aculturación se basa en el grado en que las personas participan simultáneamente en la cultura de la nueva sociedad, mientras mantiene su identidad cultural de origen. El modelo sugiere que el intercambio de patrones culturales puede enriquecer la experiencia cultural (Berry, 2022).
Diversos estudios han destacado que la aculturación implica un proceso complejo que abarca tanto la cultura de origen como la cultura receptora. Este proceso conlleva variaciones en las prácticas culturales, creencias e identidades culturales de los individuos, así como de las comunidades. En este sentido, el proceso de aculturación y el intercambio cultural pueden provocar transformaciones y diferenciaciones en diversos grupos, además de cambios estructurales en los ámbitos sociopolítico y económico de los países involucrados (Ramírez, 2017; Szabó & Ward, 2022).
Identidad étnica
La identidad étnica es un constructo complejo que ha sido objeto de estudio en diversas disciplinas como la psicología, la sociología y la antropología. Según Umaña-Taylor et al. (2004), la identidad étnica se define como el sentido de pertenencia a un grupo étnico específico que se construye a través de la interacción social y la experiencia personal. Este sentido de identidad no es estático; por el contrario, evoluciona con el tiempo y se ve influenciado por factores como el contexto social, la historia familiar y las experiencias de discriminación o aceptación. Así, la identidad étnica puede ofrecer un sentido de comunidad y apoyo, pero también puede convertirse en una fuente de conflicto interno, particularmente en contextos en los que hay una fuerte presión para asimilarse a la cultura dominante. En línea con esta idea, Umaña-Taylor et al. (2004) subrayan que la identidad étnica es un constructo multifacético que incluye aspectos como el sentido de compromiso con el grupo y la exploración de la pertenencia, lo que sugiere que la identidad étnica no debe reducirse a una simple etiqueta de autoidentificación, sino que implica una construcción más dinámica y compleja.
Phinney (2003) ha sido una figura clave en la conceptualización de la identidad étnica, y sostiene que este constructo es más que una simple etiqueta de identificación. Argumenta que los cambios psicológicos que experimentan los individuos influyen en sus actitudes, comportamientos sociales e identidad cultural, esta última se refiere al conjunto de actitudes, creencias y valores compartidos por los miembros de un grupo cultural que orientan las acciones tanto de individuos como de grupos sociales.
Dentro del proceso de aculturación, la identidad étnica desempeña un papel fundamental compuesta en dos dimensiones: la identidad étnica de origen y la identidad étnica de acogida. La identidad étnica de origen se refiere a la conciencia de pertenecer a una comunidad étnica específica junto con los valores, creencias y sentimientos que la caracterizan en contextos interculturales. Este proceso puede generar interacciones entre comunidades, donde una influye sobre la otra, o bien, donde ambas pueden preservar sus características culturales distintivas. Por otro lado, la identidad étnica de acogida es el resultado de un proceso de adaptación cultural en el que los migrantes o minorías étnicas desarrollan una nueva identidad que integra elementos de su cultura original con los de la sociedad receptora, a través de la asimilación, integración o adaptación en un contexto plural y dinámico (Ramírez, 2017; Szabó & Ward, 2022).
A partir de lo expuesto, el presente estudio tiene como objetivo analizar desde una perspectiva cualitativa los procesos de identidad étnica y aculturación psicológica del grupo originario O'odham “Pápagos” en el estado de Sonora. A través de este enfoque, se busca comprender cómo los miembros de esta comunidad negocian y mantienen su identidad cultural en un contexto de interacción intercultural y cambio social.
Materiales y métodos
Se realizaron 12 entrevistas con integrantes de la etnia Pápago (ocho mujeres y cuatro hombres), originarios de las localidades Sonoyta, Peñazco, Caborca y Quitovac, del estado de Sonora, México. La edad de los participantes osciló entre los 18 y los 90 años, con una media de 63 años (DE = 20). En cuanto al estado civil, cuatro están casados, cuatro en unión libre, dos solteros, uno divorciado y uno viudo. Respecto al nivel de escolaridad, un participante no tuvo acceso a estudios formales, dos cursaron la educación primaria, uno la secundaria, cinco la preparatoria y tres la universidad. En relación con la ocupación, tres se dedicaban a la actividad agrícola, tres al comercio, dos a la docencia, uno al servicio público en el gobierno y tres al trabajo doméstico. En lo referente al uso de la lengua, 10 participantes manifestaron hablar el idioma Tohono O’odham y dos no. Finalmente, seis señalaron contar con acceso a servicios de salud a través de IMSS Bienestar, uno en el ISSSTE y cinco no tenían acceso a este servicio (Tabla 1).
Tabla 1 Características sociodemográficas de los participantes del estudio (n = 12).
| Variable | n (%) | Variable | n (%) |
| Sexo | Estado civil | ||
| Mujeres | 8(66.66) | Casado(a) | 4(33.33) |
| Hombres | 4(33.33) | Unión libre | 4(33.33) |
| Edad | Soltero | 2(16.66) | |
| 18 a 39 años | 2(16.66) | Divorciado | 1(8.33) |
| 31 a 49 años | 3(25.0) | Viudo | 1(8.33) |
| 41 a 59 años | 2(16.66) | ||
| 60 y más | 5(50.0) | ||
| Nivel de escolaridad | Ocupación | ||
| No estudio | 1(8.33) | ||
| Primaria | 2(16.66) | Jornalero agrícola | 3(25.0) |
| Secundaria | 1(8.33) | Comerciante | 3(25.0) |
| Preparatoria | 5(41.66) | Docente | 2(16.66) |
| Universidad | 3(25.0) | Empleado de gobierno | 1(8.33) |
| Habla la lengua | Trabajo doméstico | 3(25.0) | |
| Sí | 10(83.33) | Servicio médico | |
| No | 2(16.66) | IMSS Bienestar | 6(50.0) |
| Lugar de origen | ISSSTE | 1(8.33) | |
| Quitovac | 3(25.0) | Sin derechohabiencia | 5(41.66) |
| Sonoyta | 3(25.0) | ||
| Caborca | 3(25.0) | ||
| Peñazco | 3(25.0) |
Fuente: Elaboración propia.
El contacto inicial con los posibles participantes se realizó a través de una mujer líder de la comunidad de Quitovac, Sonora, reconocida como autoridad moral dentro de la etnia y hablante de la lengua Tohono O’odham (también conocida como pápago). Previo a la aplicación de las entrevistas, se solicitó su colaboración en calidad de intérprete y mediadora cultural, con el objetivo de asegurar que la explicación del propósito del estudio, los procedimientos y los derechos de los participantes fuera transmitida en su lengua materna de manera clara y comprensible. Es importante mencionar que la intérprete estuvo presente en el momento de la obtención del consentimiento informado, incluso desde antes de iniciar cualquier registro de datos, explicando de forma detallada los alcances de la participación y resolviendo las dudas planteadas por los participantes. Una vez confirmada la comprensión del objetivo, los participantes otorgaron su consentimiento libre y voluntario, lo cual garantizó el respeto a sus derechos y a sus prácticas culturales durante todo el proceso de investigación.
El estudio se enmarcó en una metodología cualitativa con un enfoque interpretativo basado en el interaccionismo simbólico. Se empleó el método de estudio de casos para examinar a profundidad las experiencias individuales y contextuales. Así mismo, la recolección de datos se realizó mediante entrevistas en profundidad, las cuales fueron previamente piloteadas para garantizar su efectividad. El pilotaje se realizó utilizando el guion de entrevista, aplicado a integrantes de la población indígena triqui del Poblado Miguel Alemán, en Hermosillo, Sonora, durante los meses de noviembre y diciembre de 2023. Se eligió esta comunidad por la similitud de sus condiciones socioculturales e identidad indígena con la población objetivo del estudio, lo que permitió evaluar la pertinencia y comprensión de los reactivos en un contexto equivalente. Esta fase tuvo como propósito identificar la pertinencia, claridad y coherencia de las preguntas antes de su aplicación definitiva.
Es necesario resaltar que en la versión inicial el guion estaba conformado por 26 preguntas; sin embargo, a partir del pilotaje se detectaron diversos aspectos susceptibles de mejora. En particular, se identificaron preguntas cuya redacción generaba confusión en las y los participantes, así como reactivos redundantes que no aportaban información adicional. Con base en estas observaciones, se realizaron ajustes orientados a simplificar la redacción, eliminar redundancias y asegurar que las preguntas fueran cultural y lingüísticamente comprensibles para la población participante. Como resultado de este proceso de depuración, el guion de entrevista se redujo a 15 preguntas, constituyéndose así en la versión final que fue utilizada en la etapa de recolección de datos del estudio.
El guion de entrevista en profundidad fue diseñado para abordar las siguientes dimensiones de análisis: a) afirmación étnica con el grupo, b) pertenencia y compromiso con el grupo, c) uso de la lengua y d) relación social con el grupo étnico. Las dos primeras dimensiones se vinculan con el constructo de identidad étnica, mientras que las dos últimas se enmarcan en el constructo de aculturación psicológica. Las entrevistas se llevaron a cabo durante el mes de enero y febrero de 2024 tras obtener el consentimiento informado de los participantes, en conformidad con las normativas éticas estipuladas por la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud. Cada entrevista tuvo una duración aproximada de 50 minutos por individuo.
Análisis de datos
El material obtenido de las entrevistas fue transcrito y organizado utilizando un procesador de textos; posteriormente, se asignaron códigos a las respuestas de los entrevistados clasificándolas. Para el análisis de los datos se empleó el software Atlas.Ti versión 9 para Windows 28, el cual facilitó la identificación y la interpretación de frases, expresiones y significados atribuidos por los participantes a su estilo de vida. Este proceso permitió identificar de manera sistemática las categorías y subcategorías emergentes a partir de los testimonios de los participantes.
Del análisis emergieron dos grandes categorías centrales: la identidad étnica y la aculturación psicológica. La identidad étnica se expresa a través de la pertenencia y el compromiso con el grupo, lo cual se manifiesta en el compromiso comunitario durante festividades religiosas y tradicionales, así como en la participación activa en rituales y danzas propias de la cultura. Por su parte, la afirmación étnica con el grupo se sostiene en la memoria colectiva y en la transmisión intergeneracional, elementos que fortalecen la continuidad de las prácticas y saberes. Por otro lado, la aculturación psicológica se refleja en la relación social con el grupo étnico, que incluye tanto la adaptación a costumbres externas como la preferencia por mantener la convivencia intracomunitaria. De igual modo, el uso de la lengua aparece como un aspecto fundamental, ya que puede funcionar simultáneamente como barrera de comunicación con el exterior y como un símbolo de pertenencia dentro de la comunidad.
El proceso de codificación y análisis de datos se llevó a cabo siguiendo el procedimiento de Strauss & Corbin (2002), que permitió desarrollar categorías y subcategorías mediante el uso de muestreo teórico, saturación teórica y codificación. El muestreo teórico se utilizó para comprobar el marco teórico y no para verificar hipótesis; la saturación teórica determinó el punto final del muestreo, y la codificación teórica se empleó para interpretar y categorizar los datos.
Se aplicó la codificación abierta para conceptualizar los datos, categorizándolos en función de categorías emergentes y ajustando las nuevas categorías a las existentes. Las expresiones en el texto se clasificaron según sus unidades de significado (palabras individuales, secuencias de palabras), asignando anotaciones y conceptos (códigos). Posteriormente, la codificación axial permitió filtrar las categorías surgidas, reorganizando la información para crear nuevas relaciones entre los conceptos y conectar subcategorías con categorías principales. Finalmente, se realizó la codificación selectiva para identificar una categoría central, alrededor de la cual se integraron y agruparon el resto de las categorías. Se elaboró una matriz condicional/causal para establecer relaciones, implicaciones, condiciones y consecuencias tanto a nivel micro como macro del objeto de estudio.
Para resguardar la identidad de las personas entrevistadas, se utilizó una etiqueta para identificar a los participantes, la cual fue asignada de la siguiente forma: Participante # (o P#), seguida de sexo/género, edad y localidad/estado; por ejemplo: Participante 1, hombre, 35 años, Sonoyta, Sonora. Esta nomenclatura se empleó en todos los fragmentos presentados y evita abreviaturas crípticas, manteniendo la confidencialidad y anonimato.
Resultados
A continuación, se presentan algunas evocaciones de las personas de origen étnico Pápagos, agrupadas en dos categorías generales derivadas de los testimonios: aculturación psicológica e identidad étnica. Al inicio de este manuscrito fue recuperada la definición conceptual de “aculturación psicológica” identificada como un proceso dinámico de una persona o comunidad en donde dos grupos independientes están en contacto continuo y directo, lo que propicia la adquisición de nuevos patrones psicológicos y culturales por parte de uno o los dos grupos, dependiendo de la relación de poder que se establezca. En este sentido, de acuerdo con los resultados del estudio, se generaron dos categorías emergentes (lengua como símbolo de pertenencia y lengua como barrera de comunicación).
Lengua como símbolo de pertenencia
El uso de la lengua en la comunidad Pápago constituye un ejemplo claro de cómo el lenguaje se convierte en un símbolo de pertenencia y en un medio esencial para la negociación de la identidad dentro del proceso de aculturación psicológica. De acuerdo con los testimonios, la lengua no solo cumple una función comunicativa, sino que representa un marcador cultural que reafirma la identidad colectiva y diferencia a los Pápagos de otros grupos.
Desde la perspectiva del interaccionismo simbólico, el lenguaje adquiere un valor social y cultural que va más allá de transmitir información; se trata de una herramienta cargada de significados que son compartidos y resignificados en las interacciones cotidianas. En este sentido, los relatos destacan cómo hablar la lengua materna fortalece los lazos de pertenencia, al mismo tiempo que actúa como un vehículo simbólico para la transmisión de valores, tradiciones y memoria histórica.
La lengua es reconocida como un elemento que permite mantener la cohesión interna y que delimita fronteras identitarias frente a otros grupos. Su uso cotidiano se entiende como una práctica de resistencia cultural y una forma de preservar la herencia étnica frente a los procesos de aculturación. Así, mantener viva la lengua constituye una forma de reafirmación identitaria que otorga seguridad, sentido de pertenencia y legitimidad cultural dentro de la comunidad Pápago. Como lo señala el siguiente testimonio: “Mi abuela dice que mientras hable nuestra lengua no olvidaré quién soy… En la escuela hablo español, en casa seguimos como nos enseñaron... Al escucharla siento hogar y memoria de los que se fueron; no quiero que se pierda” (Participante 11, mujer, 20 años, Quitovac, Sonora).
Lengua como barrera de comunicación
De acuerdo con los testimonios de los entrevistados, se identificó que el uso de la lengua Pápago, aunque constituye un símbolo de identidad y pertenencia, también representa una barrera significativa cuando los miembros de la comunidad interactúan con personas externas. La lengua materna, al carecer de un reconocimiento oficial en los espacios institucionales, limita en ocasiones la posibilidad de acceso a servicios, apoyos gubernamentales y oportunidades sociales, lo que obliga a los hablantes a recurrir a una lengua secundaria, principalmente el español para ser comprendidos. Esta situación se hace evidente en las dificultades relatadas por los participantes al momento de solicitar ayuda o apoyo fuera de su comunidad, donde la falta de entendimiento genera sentimientos de exclusión y desigualdad, tal como lo expresa un informante: “Es difícil la vida sin apoyo; la siembra no da sin agua. En oficinas casi no ayudan y en el hospital no nos atienden rápido; no nos entienden por nuestro dialecto, debemos aprender español” (Participante 5, hombre, 45 años, Quitovac, Sonora)
Al mismo tiempo, para otros participantes, el uso exclusivo de la lengua Pápago refuerza un sentido de pertenencia que se vuelve aún más notorio frente a la incomprensión externa, como señala una entrevistada: “Yo me siento una indígena Pápago porque mis orígenes los llevo en el corazón, mi comunidad aquí me conoce y yo los conozco… aquí nací, aquí crecí, yo solo hablo Pápago con mi grupo” (Participante 12, mujer, 35 años, Sonoyta, Sonora).
De esta manera, la lengua aparece como un elemento ambivalente: por un lado, símbolo de identidad y cohesión comunitaria; y por otro, un obstáculo que limita la interacción y la inclusión en contextos más amplios, generando tensiones entre la preservación cultural y la necesidad de comunicación intercultural.
Adaptación a costumbres externas
En el marco del concepto de aculturación psicológica, la adaptación a costumbres externas constituye un proceso clave mediante el cual los miembros de la comunidad Pápago integran, negocian o resignifican prácticas culturales provenientes de otros grupos con los que mantienen contacto continuo. Esta adaptación no implica necesariamente una pérdida total de la identidad propia, sino una forma de ajuste dinámico en la que los individuos buscan mantener el equilibrio entre sus tradiciones y las exigencias sociales, económicas o educativas del entorno mayoritario.
Los testimonios de los participantes evidencian que esta adaptación se manifiesta en la vida cotidiana como el uso de vestimenta occidental, la participación en celebraciones ajenas o la incorporación de alimentos no tradicionales, como en escenarios más amplios, donde el dominio del español resulta indispensable para acceder a educación, empleo y servicios institucionales. Dichas prácticas reflejan cómo la aculturación psicológica se materializa en un intercambio constante entre la preservación de la herencia cultural y la incorporación de nuevos patrones culturales que permiten la supervivencia y la inserción en contextos externos. A este respecto, la adaptación a costumbres externas se presenta como una estrategia de resiliencia cultural: los Pápagos logran ajustarse a nuevas prácticas sin desprenderse completamente de su cosmovisión, resignificando los elementos adoptados de tal manera que no representen una amenaza directa a su identidad étnica, sino que contribuyan a su permanencia en un contexto multicultural, tal como se presenta en el siguiente testimonio: “Aprendí a bailar en fiestas mestizas, pero llevo nuestras canciones. A veces usamos ropa de fuera; en ceremonias vestimos como nuestros abuelos. No olvidamos lo nuestro, convivimos con lo de afuera para salir adelante” (Participante 8, hombre, 38 años, Puerto Peñasco, Sonora).
Preferencia por la convivencia intracomunitaria
La preferencia por la convivencia intracomunitaria constituye una expresión clara de la identidad étnica en la comunidad Pápago, pues refleja la importancia que los individuos otorgan a mantener vínculos estrechos con quienes comparten su lengua, costumbres y modos de vida. Este proceso no solo fortalece la pertenencia y el compromiso con el grupo, sino que también actúa como un mecanismo de protección frente a la influencia cultural externa al garantizar un espacio de seguridad simbólica donde se reproducen y transmiten valores, prácticas y memorias colectivas.
En los testimonios, se observa que la convivencia con personas externas a la comunidad es aceptada y, en algunos casos, valorada como una oportunidad de aprendizaje y contacto con otras costumbres; sin embargo, se destaca una preferencia marcada por mantener relaciones más cercanas dentro del grupo donde se percibe igualdad, confianza y un sentido de continuidad cultural, tal como menciona un participante: “Nosotros en mi pueblo convivimos con mucha gente, pero no todos son de aquí… a veces nos adaptamos a otras costumbres, pero está bien porque conocemos otras costumbres y otras personas” (Participante 5, hombre, 45 años, Puerto Peñasco, Sonora).
Este testimonio ilustra cómo la interacción intercultural es reconocida como parte de la vida cotidiana, aunque se experimenta desde una posición de adaptación selectiva que no sustituye las prácticas propias. Por otro lado, otro testimonio enfatiza la cohesión interna como un valor prioritario: “A mí me gusta más convivir con los de mi comunidad porque somos iguales, nos entendemos… en las fiestas y en la iglesia estamos con nuestras familias y hacemos lo mismo, convivo con mi familia y la de mi esposo” (Participante 12, mujer, 35 años, Caborca, Sonora).
Esta afirmación subraya que la convivencia intracomunitaria se asocia a un sentimiento de igualdad y reciprocidad, en el que las prácticas compartidas consolidan la identidad colectiva y refuerzan los lazos de solidaridad.
Memoria colectiva
La memoria colectiva se constituye como un eje fundamental en la preservación de la identidad cultural de la comunidad Pápago. No se trata únicamente de un recuerdo compartido del pasado, sino de un proceso activo mediante el cual se transmiten saberes, valores, narrativas y prácticas que otorgan sentido a la vida comunitaria en el presente. A través de la oralidad, los rituales, las festividades y la práctica cotidiana, los miembros de la comunidad reafirman su pertenencia a un grupo histórico que trasciende generaciones.
En este proceso, la transmisión de conocimientos no es solo un acto de enseñanza formal, también es una interacción simbólica cargada de significados que fortalece los vínculos sociales. Enseñar a los hijos las tradiciones heredadas de los ancestros desde la lengua hasta las prácticas agrícolas, las danzas o los relatos míticos, constituye un ejercicio de construcción identitaria que refuerza la solidaridad y garantiza la continuidad cultural frente a la influencia de contextos externos. La memoria colectiva, en este sentido, funciona como una forma de resistencia cultural y un espacio de cohesión que asegura que los símbolos, las costumbres y los relatos se mantengan vivos en la experiencia cotidiana. Este testimonio lo presenta: “Mi madre me enseñó a recolectar hierbas del desierto y a vivir con lo que ofrece. Ahora enseño a mis hijos: pitahayas, semillas, raíces y miel de mezquite. Estas historias y costumbres nos unen; no deben olvidarse” (Participante 7, mujer, 52 años, Sonoyta, Sonora).
Transmisión intergeneracional
La transmisión intergeneracional constituye un eje central en la preservación de la identidad étnica, ya que, a través de actos simbólicos como relatar los orígenes de los Pápagos, recordar las enseñanzas de los abuelos o enseñar las costumbres cotidianas, se mantiene viva la memoria cultural. Estos procesos no solo refuerzan la cohesión comunitaria, también permiten que los miembros más jóvenes comprendan y valoren su herencia. Dentro de esta categoría, la afirmación étnica se entiende como el proceso mediante el cual los individuos expresan y manifiestan conscientemente su identidad dentro de un grupo étnico. Dicho acto implica reafirmar las prácticas culturales, lingüísticas y tradicionales que definen al pueblo, reconociendo y valorando las costumbres y símbolos que constituyen su herencia.
Los siguientes testimonios reflejan cómo, a través de la transmisión intergeneracional, se recrea y fortalece el sentido de pertenencia:
“Nos reunimos con quienes comparten nuestras costumbres pápagas; así nos entendemos, hablamos y cocinamos. En las celebraciones hacemos todo con otras familias y enseño a mis hijos, para que aquello que cuidaron nuestros ancestros no se pierda…” (Participante 8, mujer, 40 años, Quitovac, Sonora).
“Cuando estoy con mis hijos les platico lo que mi abuelo me contó… a veces cantamos con mis tías, así me enseñaron a mí… Me gusta que mi hijo conozca nuestras raíces y que no se olviden” (Participante 6, hombre, 45 años, Caborca, Sonora).
La afirmación étnica se construye a través de interacciones cotidianas y simbólicas que refuerzan la identidad colectiva, la transmisión de tradiciones, rituales, relatos y costumbres. No solo implica una preservación de símbolos culturales, sino la creación activa de significados compartidos que mantienen viva la conexión con el grupo y la historia. Los testimonios analizados muestran cómo, al compartir y enseñar estas tradiciones dentro del núcleo familiar y en la comunidad, los individuos participan en la reafirmación continua de su identidad étnica, un proceso dinámico y negociado a través de las interacciones sociales y culturales.
Compromiso comunitario en festividades religiosas y tradicionales
El compromiso comunitario en festividades religiosas y tradicionales se refieren al profundo sentido de integración y lealtad que un individuo experimenta hacia su grupo cultural. Este aspecto implica una identificación significativa con el grupo y una disposición activa a contribuir y participar en la vida comunitaria. En este contexto, la pertinencia y el compromiso con los miembros del grupo se manifiesta a través de las festividades organizadas por el grupo originario.
Actualmente, los Pápagos continúan celebrando la ceremonia “Vi'ikita” y el “khuijin”, o cacería anual del venado, entre otras celebraciones relacionadas con el calendario ritual cristiano. La celebración más significativa es la “Vi'ikita”, un ritual que se celebra el último día de junio y que consiste en pedir lluvia a través de una procesión por el pueblo de Quitovac, donde los actores que participan en el ritual reciben ofrendas de las familias Pápagos y el baile dura toda la noche en el recinto ceremonial donde se realiza una representación mítico-teatral:
“Me gustan mis raíces; me siento comprometido con mi pueblo. Platico con mi gente y celebramos en grande: San Francisco, Semana Santa, la Asunción y Día de Muertos” (Participante 6, hombre, 45 años, Puerto Peñasco, Sonora).
“Cuando hacemos la danza, participo y llevo a mi hija para que aprenda. Conservamos ‘la novaita’, ‘las ramitas’ y ‘el sahuaro’; la fiesta del Vi’ikita es la más importante para nosotros” (Participante 12, mujer, 35 años, Sonoyta, Sonora).
En el caso de los testimonios presentados anteriormente, se observa cómo los participantes describen las festividades como eventos culturales y como espacios cargados de valor simbólico. El acto de participar en la ceremonia “Vi'ikita” o en las danzas tradicionales, como “la novaita” o “las ramitas”, no solo implica una repetición de costumbres sino una forma de conectarse profundamente con su identidad cultural y con otros miembros de la comunidad. Estos rituales y celebraciones se convierten en un medio a través del cual los individuos refuerzan su sentido de pertenencia, al mismo tiempo que transmiten y preservan sus tradiciones a las nuevas generaciones.
Participación activa en rituales y danzas tradicionales
La participación activa en rituales y danzas tradicionales constituye un elemento central en la vida cultural de la comunidad Pápago, pues responde a un sentido de celebración o entretenimiento y cumple una función identitaria y cohesiva. Estos rituales representan actos preformativos en los que se actualizan las memorias colectivas, se transmiten valores ancestrales y se reafirma el sentido de pertenencia al grupo. Desde el interaccionismo simbólico, dichas prácticas son entendidas como interacciones cargadas de significados, donde cada gesto, canto, danza u ofrenda refuerza la construcción de un “nosotros” colectivo.
En este marco, la fiesta del Vi’ikita, considerada como la más importante para la comunidad, es un claro ejemplo de cómo ciertos rituales adquieren un papel protagónico en la construcción de la identidad grupal. La preparación, el rol de los actores principales, las ofrendas y la interacción a través del baile son expresiones de una identidad vivida que fortalece la cohesión interna. Estos espacios rituales se convierten en escenarios donde se negocian las tensiones entre tradición y modernidad, preservando la continuidad cultural frente a los procesos de aculturación.
La participación activa, por tanto, no es un acto individual ni aislado, es una forma de conexión comunitaria que reafirma el vínculo con la memoria ancestral y con las generaciones futuras. Estas prácticas permiten que los miembros de la comunidad experimenten un sentido de continuidad histórica, asegurando que la identidad Pápago se mantenga vigente a pesar de las transformaciones externas. Así se muestra en la siguiente cita: “En el Vi’ikita no estoy sola: siento a mi pueblo, a mis abuelos y a quienes se fueron. Cada danza afirma que seguimos vivos como comunidad y que nuestra tradición perdura” (Participante 9, mujer, 40 años, Caborca, Sonora).
A continuación, la Figura 1 presenta la red semántica construida a partir de las categorías y subcategorías emergentes de los testimonios de los participantes. En ella se observa que la identidad étnica y la aculturación psicológica se configuran como los ejes centrales de su experiencia. La identidad étnica integra elementos relacionados con la pertenencia, el compromiso comunitario, la memoria colectiva y la transmisión intergeneracional, mientras que la aculturación psicológica se manifiesta en la relación social y en el uso de la lengua, los cuales pueden actuar como espacios de cohesión o de tensión frente a costumbres externas.
Discusión
El presente estudio de carácter cualitativo se centró en analizar los significados de la identidad étnica y la aculturación psicológica del grupo originario “Pápagos” del norte de Sonora, México, considerando los significados que estos adquieren en su contexto sociocultural y la interpretación de lo que los sujetos expresan, hacen o piensan acerca de sus características socioculturales (McMillan & Schumacher 2005; Sandín, 2003).
La aculturación psicológica, definida como el proceso dinámico en el que dos grupos independientes están en contacto continuo y directo propiciando la adquisición de nuevos patrones psicológicos y culturales, ha sido ampliamente estudiada en diferentes contextos. Por ejemplo, Berry (1997) propone un modelo bidimensional de aculturación que incluye la adopción de la cultura dominante y la preservación de la cultura original. En este contexto, los testimonios de los entrevistados Pápagos resaltan la importancia del uso de la lengua materna y las relaciones sociales con otros grupos como ejes fundamentales del proceso de aculturación.
El uso de la lengua materna como un elemento central de la identidad cultural y de la resistencia a la homogeneización lingüística es un tema recurrente en estudios sobre minorías étnicas. Fishman (1999) argumenta que la lengua es una herramienta crucial para la cohesión y la continuidad cultural. Los testimonios Pápagos refuerza esta noción indicando que la lengua sirve como refugio de pertinencia cultural frente a la presión de adoptar una lengua secundaria para interactuar con el mundo exterior. Este hallazgo coincide con lo reportado en previas investigaciones que afirman que el uso de las lenguas indígenas es esencial para mantener su identidad cultural y facilitar la comunicación dentro de sus comunidades. No obstante, la necesidad de interactuar con la sociedad en general, incluida la búsqueda de apoyo gubernamental, a menudo requiere el uso del español, lo que genera desafíos y una sensación de desconexión cuando no se comprende la lengua materna (Flores-De la Cruz et al., 2022; Maisiri, 2020).
Asimismo, la relación social con el grupo étnico es una dimensión clave en la aculturación psicológica, ya que puede influir en la identidad, apoyo social, normas culturales y bienestar general del individuo durante este proceso, alineándose con estudios previos. La teoría de la identidad social de Tajfel & Turner (1986) sugiere que la interacción con otros grupos puede influir en la manera en que los individuos mantienen o modifican sus creencias y comportamientos culturales. Los testimonios Pápagos destacan la convivencia con personas ajenas a su comunidad, lo que les permite adaptarse a nuevas costumbres sin perder su identidad cultural. Esto es consistente con previas investigaciones, que reportan que el proceso de aculturación es transformador para los individuos, implicando el ajuste a un nuevo entorno cultural con un enfoque en las relaciones sociales dentro de los grupos étnicos (Bornstein et al., 2019; Yetim, 2024). Estas perspectivas evolutivas culturales sugieren que mecanismos como la conformidad, el sesgo de prestigio y la transmisión vertical influyen en la manera en que los miembros de los grupos minoritarios y mayoritarios se aculturan, lo que lleva a la formación de equilibrios culturales que dan forma a la dinámica poblacional a largo plazo (Weinreich, 2020).
La identidad étnica se explora a través de dos ejes: afirmación étnica y pertinencia y compromiso con el grupo. La afirmación étnica, definida como la manifestación consciente y continua de la identidad cultural, es un aspecto crucial para la preservación de las tradiciones y costumbres de los grupos étnicos. Los testimonios de los entrevistados Pápagos reflejan claramente estos procesos a través de la reunión con otros miembros de la misma cultura y la transmisión de conocimientos y tradiciones a los hijos.
Los individuos no solo preservan y fortalecen su identidad étnica, sino que también aseguran la continuidad de su herencia cultural para futuras generaciones. Este proceso de enseñanza y aprendizaje intergeneracional es esencial para mantener viva la memoria colectiva y las prácticas culturales de los Pápagos, promoviendo un sentido de pertinencia y orgullo de sus raíces. Investigaciones previas respaldan este hallazgo, indicando que la afirmación étnica desempeña un papel crucial en la preservación cultural. Al reforzar la conexión de los individuos con su identidad y herencia étnica, se contribuye al mantenimiento de la singularidad e integridad cultural (Shakurova, 2020); además, la afirmación étnica puede llevar a los individuos a defender importantes valores y tradiciones culturales que son esenciales para el desarrollo y la preservación de la identidad etnocultural (Aliskhanova et al., 2023).
La pertinencia y el compromiso con el grupo étnico que implican un profundo sentido de integración y lealtad hacia la comunidad, se manifiestan en una serie de prácticas culturales y festividades como la ceremonia de “Vi´ikita”, las cuales preservan su identidad cultural y fortalecen la cohesión social, asegurando la transmisión de sus tradiciones a futuras generaciones. Esto es congruente con previas investigaciones que reportan que la identidad étnica juega un papel importante en la configuración de la conexión de uno con sus raíces y personas, especialmente a través de la participación en festivales culturales y tradiciones que fortalecen este vínculo (Chung & Lim, 2016).
Participar en festivales locales, como el festival Vi´ikita, juega un papel crucial en la preservación de las costumbres y tradiciones dentro de las comunidades (Keliyan, 2023). Estas fiestas son importantes para preservar la identidad cultural y transmitir danzas tradicionales, como “la novaita”, “las ramitas” y “el sahuaro”, a las generaciones más jóvenes (Homolja, 2019; Naipinit et al., 2013).
Es necesario enfatizar que la afirmación étnica puede fortalecer la pertenencia al grupo al proporcionar una base sólida de identidad y orgullo cultural; a su vez, un fuerte sentido de pertinencia y compromiso con el grupo puede fomentar una mayor afirmación de la identidad étnica, ya que el individuo se siente más motivado a mantener y promover sus tradiciones y valores. Juntos, estos ejes contribuyen a una experiencia enriquecedora y robusta de identidad étnica, en la que los individuos no solo reconocen y valoran su herencia cultural, sino que también participan activamente en la vida de su comunidad (Jabbar & Jaf, 2023; Johnson et al., 2023). Al comparar estos resultados con otras investigaciones, se observan patrones similares en el proceso de aculturación y la preservación de la identidad étnica; no obstante, las diferencias contextuales y culturales específicas de los Pápagos proporcionan una visión única de cómo estas dinámicas se desarrollan en esta comunidad en particular. Por ejemplo, mientras que el uso de la lengua y las relaciones sociales son elementos comunes en el proceso de aculturación, la manera en la que los Pápagos integran estas prácticas en su vida diaria refleja una adaptación especifica a su entorno social.
Conclusiones
Estos hallazgos aportan una valiosa comprensión de cómo las comunidades indígenas negocian su identidad cultual en contextos multiculturales en la actualidad. El contacto constante con otras culturas ha impulsado procesos de mestizaje que han transformado profundamente a la comunidad O´odham “Pápagos”. Este contacto ha promovido un modelo de desarrollo que ha generado cambios significativos en los patrones de residencia, interrupciones en las prácticas ceremoniales, pérdida de la lengua materna y, en algunos casos, una dilución de la identidad étnica, cambios que han dado lugar a procesos de aculturación y mestizaje dentro del grupo étnico Pápago.
Por lo anterior, la implementación de políticas públicas destinadas a apoyar a la comunidad de los Pápagos en Sonora es de vital importancia para frenar la migración hacia la reserva de Arizona y preservar su identidad cultural. Estas políticas deben centrarse en mejorar sus condiciones de vida, ofreciendo acceso a servicios básicos, educación y oportunidades económicas que respeten y valoren sus tradiciones y formas de vida ancestrales. La aculturación psicológica, debe ser abordada de manera que fortalezca el sentido de pertenencia y orgullo en su herencia cultural. Al crear un entorno favorable y respetuoso de su identidad se reduce la necesidad de emigrar, permitiendo que los Pápagos mantengan su cohesión social y cultura, evitando la pérdida de sus costumbres. Por lo tanto, es esencial que las políticas públicas no solo atiendan las necesidades materiales, sino que promuevan la dignidad y el reconocimiento de los Pápagos como una parte integral y valiosa de la sociedad sonorense.
Asimismo, se subraya la importancia de considerar tanto el uso de la lengua como las relaciones sociales para una compresión integral de la aculturación psicológica y la identidad étnica. La lengua materna emerge como un medio de comunicación y como un refugio cultural que preserva la identidad frente a los procesos de homogeneización cultural. Además, las relaciones sociales, tanto dentro como fuera del grupo étnico, juegan un papel crucial en la adaptación a nuevas influencias culturales sin perder la esencia cultural propia.
Este estudio presenta limitaciones inherentes a su metodología cualitativa, por ejemplo, aunque esta metodología permite una compresión profunda de los fenómenos investigados, no facilita la cuantificación de las experiencias ni la generalización de los hallazgos. Un desafío adicional es la dependencia del traductor durante las entrevistas, lo que podría haber influido en la precisión de la interpretación de las respuestas, además de que la subjetividad del investigador podría haber introducido sesgos en la interpretación de los datos. No obstante, la investigación proporciona una base sólida para futuras investigaciones y la formulación de políticas orientadas a apoyar la preservación cultural y la integración de comunidades indígenas en contextos multiculturales. Al entender la interrelación entre lengua y relaciones sociales en la construcción de la identidad étnica, se puede desarrollar estrategias más efectivas para fomentar la resiliencia cultural y la cohesión social de las comunidades indígenas. De esta manera, se contribuye a una sociedad más inclusiva y respetuosa de la diversidad cultural.










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